FIRMAS: Luis María Anson, Isabel San Sebastián, Raúl del Pozo, Gabriel Tortella, Alfonso López Borgoñoz
LA TRASTIENDA ISABEL SAN SEBASTIÁN
Tiempo de refundación
HASTA AQUÍ hemos llegado. Esto no da más de sí. La única virtud de esta crisis atroz que nos azota es que ha terminado de derrumbar el decorado que tapaba nuestras vergüenzas para dejar al descubierto un modelo agotado, insos-tenible e irracional. Hoy es evidente que o refundamos esta Nación o nos hundimos con ella. No hay medias tintas posibles.
Claro que Rajoy gestionará mejor que Zapatero (cuyo nivel de incompetencia no tiene parangón en la historia reciente); que De Guindos sería un responsable de Economía mucho más eficiente que Salgado y que Aguirre preside la Comunidad de Madrid con un balance de resultados ciertamente superior al de Montilla en Cataluña. Nadie discute que Rubalcaba es mejor ministro que Aído. Pero la cuestión no es ésa. El problema trasciende ampliamente la coyuntura para adentrarse en la estructura; una estructura que ni nos sirve ni podemos permitirnos.
España ha adquirido en 30 años los hábitos de una millonaria decadente y caprichosa, siendo tradicionalmente pobre, acostumbrada a sufrir y curtida en una brega secular. Los valores que hicieron posible el milagro de la Transición y la incorporación a la Unión Europea (trabajo, ahorro, generosidad, ejemplaridad, reconciliación, austeridad) han sido suplantados por sus respectivas antítesis, que sólo ahora -¡a la fuerza ahorcan!- revelan su bárbaro potencial destructivo. Esta es hoy la patria del pelotazo, del despilfarro, de la corrupción, de los listos que no buscan servir a nadie sino encontrar un buen pesebre en el que abrevar, a ser posible de por vida; de los rencorosos, de los resentidos, de los mediocres, de los pelotas, de los correveidiles.
La administración pública sufre de elefantiasis aguda, con el agravante de que la hinchazón afecta al nivel local, autonómico y estatal. Las organizaciones sindicales y patronales se han funcionarializado en el peor sentido del término. La democracia está pervertida desde la base por un sistema cerrado de partidos cuyo apetito de poder es insaciable y requiere, para alimentarse, de unos feudos territoriales hipertrofiados hasta el absurdo. La presión fiscal indispensable para pagar semejante dispendio raya la confiscación y llama a gritos al fraude. La Justicia es rehén de una casta política que todo lo quiere, todo lo acapara y lleva tiempo confundiendo representar con suplantar la voluntad ciudadana. El liderazgo brilla por su ausencia. La Constitución es un muerto viviente que nadie se atreve a enterrar.
Pero esto se acaba. Se ha acabado ya. Lo trágico es que no hay ni un síntoma, ni un nombre, ni unas siglas que inviten realmente a la esperanza.
CANELA FINA
luis MARÍA ANSON
Zapatero tiene una ocurrencia
- MIRA, Bibiana, he tenido una ocurrencia.
- Estupendo, presidente, la verdad es que vivimos de tus ocurrencias.
- Por eso te he pedido que vengas a Moncloa. Para explicarte lo que se me ha ocurrido.
- Tú me dirás, presidente.
- Se van a enterar estos europeos de quién es Zapatero. El nuevo Gobierno británico conservador, y para más inri liberal, ha suprimido el automóvil individual a los ministros. Yo voy a proponer que a partir del 1 de julio todos los ministros os desplacéis en taxi. Se acabaron los coches.
- ¿Las vicepresidentas y el vicepresidente también?
- También, Bibiana, también. Sólo María Teresa podrá disponer de un smart para sus visitas al modisto. Estos europeos van a saber quién es Zapatero cuando se decide por la austeridad. A mí a austero no me gana nadie.
- ¿Y los secretarios de Estado, los directores generales, los subdirectores generales, los jefes de departamento, porque aquí todo el mundo tiene coche oficial?
- A los secretarios de Estado y a los directores generales les voy a proporcionar bicicletas. Así aprovecharán el carril que está haciendo Gallardón. Los demás que se desplacen andando o en metro.
- Magnífico, presidente. Esta ocurrencia tuya te va a dar más popularidad todavía de la que ya tienes.
- Así lo espero. Porque yo no cambio. Lo que cambian son las circunstancias y yo me adapto a ellas.
- ¿Y qué harás con los 5.842 coches, más o menos, de los que dispone la Administración en Madrid, qué con los 6.432 chóferes, qué con los 1.621 escoltas?
- Es muy fácil, Bibiana. Los coches los sacamos a subasta y con ese dinero pagaremos los cuartos de baño digitales que María Teresa ha instalado en su palacio monclovita, que está adosado al mío. A los chóferes y a los escoltas les mantengo el puesto de trabajo y el sueldo, porque yo no recorto los derechos sociales a nadie. Faltaría más. Menudo soy yo, que he iluminado al mundo con el faro de la Alianza de las Civilizaciones. Les haré a todos asesores míos, asesores de Presidencia. Y por cierto, antes muerto que rebajar un euro del presupuesto para potenciar la Alianza de las Civilizaciones.
- ¿Y las comunidades autónomas? ¿Y los ayuntamientos?
- En el decreto que voy a proponer el viernes, los presidentes de las comunidades autónomas se desplazarán en taxi, igual que los ministros de mi Gobierno; los consejeros, en bicicleta, y los demás cargos a pie o en transporte público. Los alcaldes de ciudades con más de 100.000 habitantes tendrán derecho a taxi; los de menos de 100.000 habitantes, a bicicleta. Ninguno a coche oficial. Se terminó el despilfarro.
- Albricias, presidente, cada día te admiro más.
- Y más que me vas a admirar cuando te diga que se terminaron también los viajes gratis total, incluso para Carod Rovira, salvo que vuelva a Israel para recibir una nueva corona de espinas. Los altos cargos de las tres Administraciones viajarán en turista y se alojarán en hoteles de dos estrellas, sin dietas ni prebendas.
- Mejoras lo de Inglaterra.
- Lo mejoro. Lo que quiero ahora es que quedes con tu amigo Anson a almorzar -que invite él- y le digas que deje de llamarme Zapatero I, el de las mercedes. Desde ahora debería llamarme Zapatero I, el austero. Como le gustas mucho, te hará caso.
- Seguro que sí, porque es verdad que le caigo bien.
- Claro, Bibiana, Anson siempre ha tenido muy buen gusto con las señoras. Lo decía el extinto Alfonso Guerra.
- Pues eso.
- Pues eso, Bibiana, pues eso.
Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.
SOCIEDAD / GABRIEL TORTELLA
¿Se puede entender la Historia?
En Alicia en el País de las Maravillas, libro que ha tenido un resurgir con motivo de la reciente película, hay un pasaje que revela la aversión de su autor por la Historia. Lewis Carroll era matemático y consideraba la Historia como una narración de hechos sin ilación lógica; así, para secar a Alicia tras un baño, la mejor receta que se le ocurre a su amigo el ratón es contar la historia de Guillermo el Conquistador y su relación con el Papado, porque es lo más seco y aburrido que se puede imaginar.
Ésta es una visión muy general: historia es para muchos sinónimo de crónica, una simple narración enumerativa de los hechos de reyes y príncipes. Casi podríamos llegar así a aplicar a la Historia la definición de la vida que Shakespeare nos da en MacBeth: un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que no significa nada. ¿Es esto la Historia? ¿Un cuento que no significa nada, que, todo lo más, resulta divertido como una gran revista del corazón, un gran culebrón lleno de batallas, traiciones y heroísmos, que nos ilustra sobre las vidas de ricos y famosos, sin mucho trasfondo? Ésta es (quizá expresada con menos crudeza) la opinión de muchos, incluidos historiadores ilustres, alguno de los cuales ha escrito recientemente en estas páginas.
No es, ciertamente, la mía. Yo creo que la Historia es inteligible, interpretable, que nos enseña mucho no sólo como magistra vitae, es decir, como una serie de fábulas ejemplificantes, sino como ciencia social que estudia el comportamiento de las sociedades humanas. El hombre es un ser mucho menos racional de lo que se dice; pero sí es un animal pensante, y su comportamiento social opera con arreglo a una cierta lógica: por ejemplo, está muy afectado por las variables económicas y también por los condicionante históricos: la Historia explica la Historia, lo cual nos indica que ésta, al menos hasta cierto punto (en la medida en que el ser humano puede entenderse a sí mismo), es inteligible.
Otro obstáculo para la comprensión de la Historia es el del enfoque. Ocurre con la Historia como con la fotografía: si no enfocamos la lente a la distancia adecuada, el cuadro queda borroso. La Historia no nos permite comprender todo lo que pasa, porque el azar tiene un papel importante. Por ejemplo: si Hitler hubiera muerto en la Gran Guerra, ¿hubiera existido el III Reich y todos los horrores anejos? O, si las carabelas de Colón se hubieran hundido en mitad del Atlántico en 1492, ¿hubiera sido diferente la Historia de América? Un historiador británico afincado en Estados Unidos intentó hace unos años, con éxito dudoso, popularizar la Historia contrafactual. En mi opinión, fue un proyecto fallido. Pero la Historia contrafactual, que es lo más parecido a un experimento de ciencia física que puede hacerse en Historia, es lícita, aunque raramente deba salir del gabinete del especialista (el primer contrafactual lo hizo ya Heródoto en su Historia).
Yo argüiría, por ejemplo, que ni la muerte temprana de Hitler ni el naufragio de Colón hubieran cambiado mucho las cosas. Las técnicas de navegación en el siglo XV hacían inevitable la travesía del Atlántico: en 1500, Cabral descubrió Brasil accidentalmente. Lo mismo ocurre con el nazismo: en la Alemania de 1930 abundaban los partidos de extrema derecha, y el fascismo estaba inventado ya por Mussolini. Los detalles pueden haber variado, pero el descubrimiento de América y el triunfo de la extrema derecha en Europa central durante la Gran Depresión eran ineluctables.
Evidentemente, hay mucho de impredecible en la Historia. Pero hoy podemos explicar una parte considerable de sus grandes contornos y podemos también señalar cuáles son los principales elementos de imprevisibilidad. En una novela de la serie Foundation, Isaac Asimov nos pinta un sabio que predice el futuro con arreglo a un sistema de ecuaciones, y lega sus predicciones para ilustración de futuros gobernantes. Esto es ciencia ficción de la buena, pero es inconcebible que pueda ocurrir, porque existe un gran elemento de imprevisibilidad histórica: la propia ciencia. No podemos saber qué derroteros va a tomar la ciencia y, como ésta determina en gran parte la evolución económica, que a su vez es el gran sustrato de la Historia, no podemos predecir el futuro ni siquiera a medio plazo. Pero sí podemos explicar el pasado racionalmente.
Dicho de otro modo, las cosas que ocurren no son totalmente previsibles o explicables, pero sí pueden establecerse gradaciones de probabilidad. La Guerra Civil española, por ejemplo, no era inevitable, digamos, a finales de 1935, pero era muy probable, y de eso eran conscientes muchos contemporáneos. Tenía España una serie de condiciones en aquellos momentos que la hacían proclive al conflicto fratricida. En primer lugar, la guerra civil (carlista y otras) había sido endémica en el siglo XIX. En segundo lugar, estaba en plena transición económica, periodo muy propenso a revoluciones y guerras civiles. En tercer lugar, la Gran Depresión agudizó las tensiones sociales interiores. En cuarto lugar, la Depresión causó el triunfo del nazismo y un resurgir del fascismo, lo que también ejerció un fuerte impacto social sobre la derecha y la izquierda: la convicción de que no había solución democrática se extendió a capas cada vez mayores de la población. En quinto lugar, acababa de tener lugar una insurrección revolucionaria en Asturias y en Cataluña. Y en sexto lugar, España tenía un ejército con una tradición golpista, tradición que se había acentuado por las tensiones de la guerra en Marruecos y la insurrección de 1934. Hubo muchas responsabilidades personales en el estallido de la conflagración; sin embargo, muy posiblemente, de no haber existido todos esos elementos explosivos, los conspiradores no hubieran triunfado.
La Historia probabilística puede parecer menos excitante que la que adopta un enfoque puramente narrativo (aunque no lo creyera Lewis Carroll). Ahora bien, si lo que queremos es comprender, más que juzgar (y condenar), el método probabilístico y el contrafactual serán de más ayuda que las historias de buenos y malos. La verdad científica acostumbra a ser más aburrida que los culebrones; pero más cierta.
Gabriel Tortella es profesor emérito en la Universidad de Alcalá. Sus últimos libros son Los orígenes del siglo XXI y Para comprender la crisis (con Clara E. Núñez).
RAÚL DEL POZO
Una tarde perfecta
Mi vida está dividida en dos trayectos. Cuando joven iba a ligar al Museo del Prado, ahora escapo al Club de Campo, edén silvestre que deja a los extranjeros fascinados al comprobar que a tres kilómetros de Madrid existe un bosque de hayas repleto de ardillas y pájaros donde se juega al golf. Dos cielos abiertos que aconsejo a mis lectores cuando estén hartos de todo. Lo descubrió Alberti: se te llenan los ojos de verde en el cielo abierto del Prado; añado: también en el Club de Campo.
Si no puede soportar más a los cascarrabias que sermonean, escápese. Hagamos lo que hagamos, esto no tiene solución porque carecemos de panocha para devolver la deuda. La crisis va a durar más que nosotros. Según los expertos, el Gobierno se irá hundiendo mientras nos saquea. Llamazares vaticinó que los mercados acabarán con las democracias.
Hoy se anunciarán medidas para reducir las liendres. Ayer, Zapatero habló del nuevo tributo, que sólo alcanzará al 0,01% de los contribuyentes. Dense por emplumados. Subirán los impuestos especiales, directos e indirectos, a ricos y a lampones en un ajuste neurótico. Así que hice una liturgia de higiene y me escapé de los estultos oradores tóxicos, de esa eterna Monarquía española siempre entre las lenguas de cascarrabias arbitristas y locos razonadores. Están trastornando hasta la gramática, como cuando Montesquieu ironizaba afirmando que aquí el prestigio se adquiría por estar sentado en una silla cagándose en los muertos de los inútiles gobiernos.
En la selva de sauces dando patadas a las mariposas jugamos un partido: Juan Diego Vizcaya y yo contra Enrique Ponce y Adolfo Paisa. Los loros nos rodeaban como si el cielo hubiera caído al césped. Son miles, descienden de una pareja que se escapó del zoo. Hicimos el recorrido en un concierto de estorninos, jilgueros, picapinos, abubillas, mariposas deslumbrantes, moscardones de luto y algún jabalí goloso que se acerca a las bellotas dulces.
Ponce, entre Nimes y Aranjuez, donde toreará el día 30, es un ser humano excepcional. Soy amigo de su familia desde cuando frecuentaba a Victoriano Valencia, su suegro, que salía en aquella época absurda y hambrienta con Beatriz de Saboya. Tuvo con ella, conmigo como testigo, un tórrido romance que se decía entonces. Ponce es un torero legendario y además canta boleros y rancheras. Ha grabado un disco con Materia Prima, le han erigido una estatua en Chiva, es académico por Córdoba. Con 38 años, lleva 20 de máxima figura. Le valen los trajes de luces que lucía a los 18 años.
Tiene swing con temple, sacando las manos, como le ha enseñado Juan Diego. Dio golpes tan fuertes que se salieron las bolas espantando a los loros. Ganamos nosotros. Claro que mi handicap es alto. El torero juega como un pro.
DERECHO INTERNACIONAL / ALFONSO LÓPEZ BORGOÑOZ
Una brecha en la Justicia global
El 4 de marzo de 2009 la Corte Penal Internacional dictó una orden de arresto contra Omar Al Bashir, actual presidente de Sudán, por crímenes de guerra y contra la humanidad en la región de Darfur. Fue la primera vez que la Corte actuaba contra un jefe de Estado en ejercicio. Con seguridad no será la última.
La Justicia internacional ha ganado en los últimos años un protagonismo creciente, y el cambio de percepción de los ciudadanos y los gobiernos hace que algunos perpetradores de los peores crímenes contra las personas tengan cada día más dificultades para vivir en la impunidad.
Varios hitos han convertido al año 2009 en un periodo importante en el camino hacia una Justicia internacional efectiva. En Latinoamérica, tribunales y gobiernos están anulando leyes de amnistía y reabriendo investigaciones sobre crímenes que sucedieron hace decenios, como en Argentina y Uruguay. La sentencia que condenó al ex presidente Alberto Fujimori de Perú por crímenes contra la humanidad fue histórica y ha procurado algo de verdad, justicia y reparación a las víctimas. En Europa, un tribunal italiano condenó en noviembre de 2009 a 22 agentes de la CIA por el secuestro de Abu Omar en 2003 en Milán, aunque no consiguió que comparecieran.
Pero esta historia de logros tiene su lado oscuro. A finales de 2009 el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional había sido ratificado por 110 Estados, pero sólo 12 países del G-20 lo han hecho. China, Estados Unidos, India, Indonesia, Rusia y Turquía, entre otros, se han mantenido al margen de los esfuerzos de la Justicia internacional cuando no los han socavado deliberadamente. España es tristemente un ejemplo de claro retroceso en la lucha contra la impunidad, ya que ha aprobado leyes que restringen el ejercicio de la jurisdicción universal hasta hacerla difícilmente aplicable.
El mundo se sigue enfrentando a una brecha en la Justicia global, agravada por los poderes políticos, que condena a millones de personas al abuso, la opresión y la pobreza. En el Informe Anual que acaba de publicar, Amnistía Internacional advierte que muchos estados siguen actuando por encima de la ley, y anteponen su agenda política y sus alianzas estratégicas al respeto a los derechos humanos.
Pero no son los gobiernos los únicos agentes que contribuyen a esta situación de abusos. Hay actividades de empresas multinacionales que también provocan víctimas, las cuales quedan a menudo desprotegidas por sus propios estados a causa de la corrupción y de sistemas judiciales ineficaces. Todavía existen enormes barreras jurídicas que dificultan emprender acciones legales contra empresas en el extranjero.
Hemos ganado una parte del debate: existe un consenso universal en torno al hecho de que los crímenes de guerra, de lesa humanidad o las desapariciones forzadas no deben quedar sin castigo.
El desafío ahora es convencer a los líderes mundiales de que la pobreza es una crisis de derechos humanos comparable a la de Darfur, por la que sus responsables deben rendir cuentas. En ese sentido, es un avance la existencia del Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, que estableció por primera vez en septiembre del pasado año un mecanismo internacional para que las personas de los países que lo ratifiquen puedan presentar denuncias cuando consideren que sus derechos están siendo violados.
Cuando en septiembre las naciones discutan sobre el futuro de los Objetivos del Milenio, será necesario emplear la misma determinación y energía que se emplearon en la creación de la Corte Penal Internacional, y establecer mecanismos legales para exigir a los gobiernos que cumplan sus promesas en la lucha contra la pobreza.
Al fin y al cabo, se trata la aspiración original de la Declaración Universal de Derechos Humanos: liberar al ser humano «del temor y de la miseria».
Alfonso López Borgoñoz es presidente de Amnistía Internacional España.
Etiquetas: Firmas





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