EDITORIALES: Una cuestión de confianza o elecciones
Una cuestión de confianza o elecciones
EL GOBIERNO quedó ayer al borde del K.O. a pesar de sacar adelante el decreto ley de recorte presupuestario. Lo logró por el margen de un solo voto, gracias a la abstención de CiU, UPN y CC. El miedo a perder era de tal magnitud que la dirección del grupo parlamentario socialista envió un mensaje a todos sus diputados para que vigilaran a sus compañeros y evitar así que apretaran el botón equivocado al votar... o que alguno se dejara llevar por su conciencia social. Todas las demás fuerzas parlamentarias se manifestaron en contra, pues incluso los tres partidos que se abstuvieron expresaron su rechazo a las medidas. Jamás desde que es presidente, Zapatero había tenido que escuchar unas descalificaciones tan duras.
Lo que ayer se escenificó en el Congreso es el agotamiento del proyecto político de un desencajado Zapatero, que dejó en manos de Elena Salgado la defensa del decreto y ni siquiera reaccionó ante el saco de bofetadas que le cayó desde la tribuna de oradores.
Hace un par de semanas titulábamos en primera página que Zapatero había llegado «al final de la escapada». Eso es lo que se visualizó ayer: que Zapatero se ha quedado sin discurso y que gobierna con un programa que no es el suyo y que es incapaz de defender.
La intervención más dura fue la de Duran Lleida, portavoz de CiU, que le dijo crudamente al presidente: «El problema es usted. Se acabó su etapa. Esto ya no aguanta más». Explicó que su partido iba a abstenerse para no propiciar la caída del Gobierno y forzar unas elecciones generales, pero advirtió a Zapatero que no cuente con CiU para sacar adelante los Presupuestos.
Duran Lleida fue incluso más explícito cuando pidió a Zapatero que aguante unos meses para llevar a cabo las reformas pendientes y que disuelva las Cámaras para realizar elecciones en 2011. De sus palabras se puede deducir que, de no haber sido porque las elecciones autonómicas en Cataluña se van a celebrar en otoño y no le interesa que coincidan con las generales, CiU hubiera votado ayer en contra y habría forzado el adelanto.
En cierta forma, la situación de Zapatero hoy es similar a la de Felipe González en 1995, cuando dependía del apoyo de Jordi Pujol para gobernar. Pero ahora el escenario es mucho más complicado por la dramática coyuntura económica y por la crisis constitucional creada por el Estatuto de Cataluña.
Mariano Rajoy estuvo también muy duro en la tribuna y supo argumentar con fundamento las razones de un voto negativo que no compartimos, al referirse a todo un paquete que incluye algunas medidas positivas. Explicó que él no puede apoyar una congelación de las pensiones que es «injusta» y viola el Pacto de Toledo, y subrayó que no está en condiciones de dar un margen de confianza a Zapatero, al que considera «el principal problema» de la economía española.
No hay duda de que la negativa de Rajoy a avalar el recorte presupuestario de Zapatero hace mucho más difícil que éste pueda seguir gobernando, ya que el presidente ha perdido el respaldo de los sindicatos -que ayer volvieron a amenazar con la huelga general- y también el de sus aliados en la izquierda, sin conseguir el apoyo de la derecha.
Para seguir gobernando, Zapatero debe reconstruir su proyecto y buscar apoyos parlamentarios que le garanticen estabilidad. Esta opción pasaría por plantear una cuestión de confianza, que es el instrumento adecuado para ratificar que el Ejecutivo sigue disponiendo de una mayoría para sacar adelante su programa.
Lo peor para España sería que el Gobierno entrara en una dinámica de deterioro y falta de credibilidad, con continuos bandazos para sobrevivir políticamente. Por ello, si Zapatero no consiguiera articular esa mayoría, lo mejor que podría hacer sería disolver las Cámaras y convocar elecciones generales.
Igual que ocurría en el 'caso Millet'
Una fundación afín a CiU se nutría de 'Pretoria'
LA INVESTIGACIÓN del caso Pretoria revela que el histórico de CiU Lluís Prenafeta, colaborador directo en su día de Pujol, desvió parte de los fondos obtenidos por la trama corrupta a una fundación próxima a su partido, de la que es vicepresidente. Se trata de Catalunya Oberta, organización que funciona como laboratorio de ideas de la formación nacionalista. El asunto recuerda mucho a lo ocurrido en el caso Millet. Como se recordará, parte del dinero que se desviaba del Palau de la Música iba a parar a la entidad Trias Fargas, fundación de Convergència (CDC). El asunto es muy sintomático de cómo funcionan las cosas a determinados niveles en la clase política catalana: la corrupción llenaba los bolsillos de los sujetos implicados en la trama, pero en un ejercicio de amor a los colores no dudaban en guardar una parte para apoyar la causa nacionalista y echarle una mano a su partido. Quizás los protagonistas pretendían así tapar su mala conciencia o tal vez sólo trataban de guardarse las espaldas por si un día eran descubiertos: actuaban en contra de la ley, sí, pero también eran unos patriotas.
Dejó sin sanción al presidente extremeño
Tráfico no puede tener una doble 'vara' de medir
LA ACTITUD de las autoridades extremeñas después de que agentes de Tráfico cazaran al vehículo oficial del presidente Fernández Vara circulando a 170 kilómetros por hora merece una investigación. Para ese exceso de velocidad, la norma prevé una multa y la retirada de varios puntos del carné. Sin embargo, cuando los guardias civiles identificaron a los ocupantes del vehículo y comprobaron que uno de ellos era el presidente extremeño, elevaron consultas a sus superiores y decidieron no sancionar. Todo indica que algún alto cargo de la Administración trató de echar tierra sobre el asunto. Ayer mismo, la delegada del Gobierno negó que el coche implicado fuera el del presidente, pero horas después, el propio Vara reconoció los hechos. El asunto es grave y debe comportar la asunción de responsabilidades. Con la seguridad vial, no se juega, y las autoridades deben tener un comportamiento ejemplarizante.
Guerra a Al Qaeda, no al 'terrorismo islámico'
Obama acierta al acabar con el enemigo fantasma
LA CASA BLANCA dio ayer por finiquitada «la guerra contra el terror». Obama rompe definitivamente con la política de Seguridad de Bush, anunciando una nueva estrategia con la que se hace algo tan sencillo, y a la vez tan necesario, como poner las cosas en su sitio. Así, en el nuevo libro blanco de la Seguridad Nacional de EEUU se hace hincapié en la obligación de seguir «deslegitimando el uso del terrorismo», pero se señala que el enemigo es una red específica, tangible, Al Qaeda, y no una idea tan vaga como «el terror mundial» y mucho menos el islam -ni siquera el islamismo radical-. El terrorismo es la forma de actuación de enemigos concretos, y es a ellos a los que hay que combatir con toda la fuerza del Estado de Derecho. En este sentido, es fundamental que también se va a poner fin a los ataques preventivos. El mensaje era muy necesario para acabar con el lenguaje maniqueo y la confusión que se instalaron en el mandato de Bush. Nada de ello significa que EEUU vaya a detener su guerra contra la red de Bin Laden. Pero hacía falta sustituir el palo a secas por una política de palo y zanahoria.
El Mundo en dos minutos






Links to this post:
Crear un enlace
Home