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martes, 25 de mayo de 2010

DELINCUENCIAS ZP, EL INCONSTITUCIONAL ESTATUT:Zapatero cede ante Montilla y acelera la renovación del TC

LUIS ÁNGEL SANZ / MANUEL SÁNCHEZ Madrid

Zapatero cede ante Montilla y acelera la renovación del TC

Zapatero embusteroEl presidente da un nuevo bandazo al cambiar de posición tras una cena del líder del PSC con los 'barones'
Acepta ahora a Francisco Hernando y Enrique López, considerados hasta hace poco como «inasumibles»
Uno y otro serían recusados por haberse manifestado contra el Estatut y se rompería el equilibrio a favor del PSOE

José Luis Rodríguez Zapatero ha tenido que ceder ante el presidente de la Generalitat, José Montilla, y dar una salida airosa a su comparecencia en el Senado para exigir la renovación del Tribunal Constitucional (TC). Para ello, Zapatero ordenó hace semanas al vicepresidente tercero, Manuel Chaves; y a la secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín, buscar vías de entendimiento con el PSC y la Generalitat.

El acuerdo final se concretó en la noche del domingo en una cena en la sede socialista de la calle Ferraz y consistió en volver a intentar la renovación del TC. Eso implicaría, en último término, aceptar a los magistrados propuestos por el PP, Francisco Hernando y Enrique López, si este partido rechaza cambiarlos.

Tanto uno como otro podrían ser después recusados porque se manifestaron en su día contra el proyecto de Estatut, con lo que se rompería el equilibrio a favor del PSOE.

En abril, Zapatero relativizó que la renovación del Constitucional fuera «urgente»: «No lo es más que hace seis meses», dijo. Ayer, en un nuevo bandazo, su vicepresidente tercero, Manuel Chaves, calificó como «urgente» esta renovación paralizada por el PSOE hace casi dos años.

Para no crear fricciones internas, Pajín se encargó de explicar y convencer a otros barones socialistas de la estrategia diseñada, y no encontró grandes resistencias.

Todo culminó en la cena del domingo, presidida por Pajín y Chaves, y a la que acudieron el presidente de Baleares, Francesc Antich, y el de Extremadura, Guillermo Fernández Vara.Sigue en página 4

Editorial en página 3

José Montilla salió ayer muy satisfecho del Senado. Para él, el cambio de actitud de los socialistas supone todo un balón de oxígeno, salga como salga la renovación del Tribunal Constitucional (TC). A las puertas de las autonómicas, tendrá argumentos bien para arremeter contra el PP -como que no quiere el cambio del TC- o bien para capitalizar la renovación por su iniciativa.

La cena donde se concretó el cambio de postura del PSOE transcurrió en un ambiente cordial porque el trabajo previo estaba hecho. En la misma no estuvo, como se había especulado, Javier Rojo. El presidente del Senado ni siquiera pasó en Madrid la noche del domingo.

El president llegó ayer a la Cámara muy tranquilo y arropado por los tres partidos que componen el Gobierno catalán. Montilla sabía antes de empezar a hablar que el PSOE iba a protagonizar un gesto que convertiría su esperada intervención en un éxito. En su alocución inicial -casi íntegra en catalán, pero con fragmentos en castellano, gallego y euskara-, Montilla pidió «respeto» para Cataluña y advirtió de que la situación actual «pone en riesgo el pacto constitucional» y las «relaciones institucionales, políticas y afectivas de Cataluña con España».

Montilla insistió ante la Comisión General de las Comunidades Autónomas en que el TC está «deslegitimado moralmente», aunque «no legalmente», para pronunciarse sobre la constitucionalidad del Estatut.

«No podemos permitir», amenazó, «que una institución cuestionada provoque una crisis» política. «Si lo que parecía posible en 1978, ya no lo es hoy», esta situación «puede hacer que la desafección se convierta en profunda frustración y pueda dar argumentos a aquellos que quieren la ruptura».

El president defendió en todo momento la constitucionalidad del Estatut y llegó a asegurar que él no tiene «la más mínima intención de ir ni un milímetro más allá de la Constitución, ni tampoco de quedarme un milímetro antes del Estatuto».

Montilla culpó al PP del bloqueo que sufre el TC y que ahora puede levantar el PSOE. Los populares, acusó, «pretenden ganar con las mayorías del Constitucional lo que perdieron democráticamente».

El representante del Gobierno en el debate fue el vicepresidente tercero, Manuel Chaves, que podía participar en cualquier momento y usó con profusión esa prerrogativa. Chaves reconoció que la situación del TC es «anómala» y rechazó las críticas del PP por llevar este asunto al Senado en vez de discutir sobre la crisis económica, ya que «la relación de España con Cataluña» preocupa a los catalanes y a los españoles.

Chaves avanzó en su primera respuesta a Montilla lo que luego anunció la portavoz del PSOE, Carmela Silva, en los pasillos: el Gobierno «es partidario de que se inicie lo antes posible el proceso de renovación» del Tribunal Constitucional, con lo que abogó porque «pueda convocarse lo antes posible la Comisión de Nombramientos».

Hoy mismo, dijo Silva, el PSOE y Entesa Catalana pedirán la convocatoria de esa Comisión y el presidente del Senado, Javier Rojo, lo hará si así lo demanda la mayoría de los grupos en la Junta de Portavoces.

Tras Montilla y Chaves intervinieron tres presidentes autonómicos del PSOE: Guillermo Fernández Vara (Extremadura), Francesc Antich (Baleares) y Vicente Álvarez Areces (Asturias) y 16 consejeros de gobiernos del PP y del PSOE. Casi todos defendieron la legitimidad del TC para emitir una sentencia, pero también abogaron por su renovación.

La portavoz del PP, Alicia Sánchez-Camacho, recriminó a Montilla, en catalán, que lo que más le preocupa sea el Estatuto, en vez de la crisis económica y criticó la «ceremonia de la confusión» y «los cambios de postura» del PSOE y de Zapatero sobre la renovación del TC.

Montilla salió muy satisfecho del Senado, pero CiU consideró insuficiente lo conseguido. Su portavoz, Jordi Vilajoana, pidió «un movimiento más fuerte» para cambiar la ley del TC. Tras el debate, Entesa Catalana (PSC, ERC e ICV) y CiU registraron en la Cámara Alta la propuesta de reforma de la Ley Orgánica del TC aprobada en el Parlament.

OORBYT.es

>Videoanálisis en EL MUNDO en Orbyt de L. Á. Sanz y V. Ferrer.

Zapatero embustero

El PP pone como condición la sustitución de García Calvo

La vacante del magistrado fallecido corresponde al Congreso

CARMEN REMÍREZ DE GANUZA / Madrid

El PP no aceptará la renovación de los cuatro miembros del Tribunal Constitucional que propondrá el Senado si, al mismo tiempo, no se cubre la vacante del fallecido magistrado Roberto García Calvo, elegido en su día por el Congreso a propuesta del PP.

Se trata de una de las dos condiciones que ayer fueron explicitadas a este diario por fuentes autorizadas del equipo de Rajoy frente a la pretendida renovación. La segunda, algo más ilusoria en términos jurídicos, es un acuerdo para que los nuevos magistrados no puedan ser recusados en el plazo de dos años.

Con la primera condición, el sanedrín jurídico de Rajoy no sólo apela a lo que era costumbre en el Alto Tribunal hasta la entrada del Estatut -la sustitución del fallecido Fernando Garrido fue casi automática-, sino que advierte al PSOE frente a un intento que, pese a lo pretendido, podría no serle beneficioso.

Con la segunda, el PP persigue blindar a los dos candidatos -Enrique López y Francisco Hernando- elegidos en su día por sus asambleas autonómicas, antes de que el PSOE los vetara.

El PP replicaba así, con condiciones, al giro protagonizado por los socialistas, una vez superada la sorpresa y el escepticismo con que la secretaria general acogió el anuncio. Antes de comprometerse con una respuesta política al reto socialista, María Dolores de Cospedal se concentró en evidenciar que el desbloqueo de la renovación implicaba para el PSOE un reconocimiento del propio acto de bloqueo. «Lo que ponen de manifiesto estas declaraciones», dijo Cospedal, «es que quienes han paralizado el proceso han sido el presidente del Gobierno y el del Senado».

La número dos del PP se mostró suspicaz hacia las intenciones del PSOE y dijo: «Si ahora quieren dar marcha atrás, esperamos que no sea para conseguir un Tribunal ad hoc para una sentencia, porque eso sería pésimo para la democracia española». No obstante, Cospedal no cerró en absoluto las puertas a la renovación. Tras exhortar a una pronta sentencia, aseguró: «No nos vamos a oponer a que se desbloquee el procedimiento».

Fue la presidenta del PP catalán, Alicia Sánchez-Camacho, quien cargó las tintas contra lo que calificó como «una maniobra» de Rodríguez Zapatero y de José Montilla para evitar que haya una sentencia sobre el Estatuto catalán antes de las elecciones autonómicas, informa Efe. Sánchez-Camacho advirtió de que los populares no aceptarán que haya una modificación que pueda afectar a la futura sentencia.

«El PP sigue en la misma posición; hicimos lo que teníamos que hacer», dijo, «y es el PSOE el que tendrá que dar explicaciones de por qué se han perdido dos años. El PSOE y el Gobierno deberían explicar por qué ahora los mismos nombres le parecen buenos».

OORBYT.es

>Vea hoy en EL MUNDO en Orbyt a Casimiro García-Abadillo respondiendo a las preguntas sobre la oposición que está realizando el PP.

SALVADOR SOSTRES

Anatomía de una mentira

Zapatero embusteroMe pregunto si algún catalán o alguien en general se creyó ayer la pantomima de Montilla y si en algún rincón de Cataluña o de España se esperaba algo de su comparecencia en el Senado. Me pregunto si hubo un solo iluso que creyera que había alguna posibilidad de avance o de compromiso. Me pregunto si alguien, aunque sólo fuera uno, se tragó que Montilla buscara realmente una solución al conflicto planteado.

Porque lo que hizo fue lo contrario. Tenía don José dos caminos. El primero, convencer a su partido de que modificara la ley para que el Constitucional no pueda entrometerse en lo que ya ha sido refrendado por el pueblo soberano. Al tratarse de una ley orgánica, no hace falta una mayoría cualificada para reformarla y con mayoría absoluta basta.

El segundo camino, pedir la renovación de los miembros del desprestigiado Tribunal, renovación que sí requiere una mayoría cualificada -tres quintas partes de los diputados-, de modo que resulta imprescindible la bendición del PP.

Y, como primera evidencia de la farsa, Montilla evitó la solución difícil pero posible, por no incomodar a su partido, y perpetró ese bochornoso brindis al sol por poderse hacer, una vez más, la víctima del PP. Es lo más fácil, pero no lleva a ninguna parte. Me pregunto si alguien en Cataluña se toma aún en serio a Montilla. Ése que llora con lágrimas de cocodrilo lo que no sabe defender como presidente. Ni como socialista.

Pero es que, además, ¿qué significa renovación? En el raro caso de que el PSOE cumpliera su promesa y aceptara a los candidatos del PP para fijar la nueva composición del Tribunal, el equilibrio de fuerzas sería el mismo y estaríamos donde estamos. Y todo ello por desencallar un Estatut que nadie quiere: ni los soberanistas por insuficiente, ni los unionistas por considerarlo -con toda la razón del mundo, por cierto- totalmente anticonstitucional.

El único objetivo que ayer perseguía este inmerecido presidente de Cataluña, que por los méritos de su alfabetización y de su inteligencia no habría pasado jamás de palmero de la Pantoja, era el de lanzar la piedra y esconder la mano, una electoralista operación de maquillaje efectista. Detrás no había nada. Nada más que un cobarde que prefiere no incomodar a su partido a proteger los intereses de Cataluña y que luego intenta engañarnos con estrafalarias comparecencias que todo el mundo sabe de antemano -el primero, él mismo- que no tienen ninguna posibilidad ni ningún recorrido. Fue, por lo tanto, de un total cinismo que reclamara respeto para la dignidad de Cataluña cuando él es el primero que la pisotea con su escaso nivel en todos los sentidos y comportándose como un lacayo del PSOE antes que como un presidente erguido.

Puro folclore, como leer parte de su discurso en vasco y gallego un tipo que no sabe ni hablar con decencia la lengua del lugar que preside.

Para acabar de completar la trampa y la mentira, hete aquí que Montilla compareció en el Senado, esa peregrina Cámara meramente decorativa que sólo sirve para que los partidos políticos tengan la ocasión de colocar a 250 tíos que no han podido colocar en ningún otro sitio. Para más inri, Zapatero ni estaba ni se le esperaba, y compareció Montilla ante la incomparablemente decorativa Vicepresidencia Tercera del Gobierno, ocupada por don Manuel Chaves como quien en el centro de la mesa pone un florero. Y ya para la risa fue lo de pedir ayuda a las demás autonomías, que salvo Cataluña, Euskadi y Galicia son otro decorativo invento que muchos, sobre todo en estos tiempos de crisis, nos preguntamos para qué sirven.

Lo que Montilla intentó ayer fue no hacer nada. Una vez más y como siempre. Y poder decir que el anunciado fracaso es culpa de Artur Mas por no haberle acompañado al teatro y del PP por el mero hecho de existir.

P&R

MARÍA PERAL / Madrid

La renovación
más tardía

Nunca una renovación del Tribunal Constitucional se ha retrasado tanto. Primero no quiso renovar el PSOE, que blindó a María Emilia Casas en la presidencia con una reforma legal ad hoc, y luego no quiso el PP, que prefiere que sea el actual Tribunal, con una composición que cree más favorable a sus intereses, el que decida sobre el Estatuto de Cataluña. Así se ha llegado a una situación en la que cuatro magistrados llevan casi dos años y medio en prórroga de mandato.

¿Cuál es la actual composición del Tribunal Constitucional?

De los 11 miembros actuales del TC (el duodécimo, Roberto García-Calvo, falleció en 2008 y su vacante no ha sido cubierta), seis han sido promovidos por el Gobierno de Zapatero o por el PSOE y cinco por el PP.

No obstante, a efectos del debate sobre el Estatuto de Cataluña se produce una situación de empate entre ambos grupos de procedencia, ya que Pablo Pérez Tremps (nombrado por el Gobierno en 2004) fue recusado por el PP y el Pleno del TC aceptó apartarle.

¿Quiénes están en prórroga?

Cuatro magistrados acabaron su mandato de nueve años en diciembre de 2007: la presidenta, María Emilia Casas; el vicepresidente, Guillermo Jiménez, y los magistrados Vicente Conde y Jorge Rodríguez-Zapata. La primera fue promovida por el PSOE y los tres restantes, por el PP. La prórroga es perfectamente legal: «Los magistrados continuarán en el ejercicio de sus funciones hasta que hayan tomado posesión quienes hubieren de sucederles», ordena el artículo 17 de la Ley Orgánica del TC.

¿Qué 'correlación de fuerzas' habría si se renueva ahora?

Los cuatro magistrados en prórroga deben ser renovados por el Senado, una de las instituciones que, además del Congreso, el Gobierno y el Consejo General del Poder Judicial, interviene por turno en la elección de los miembros del TC. La Constitución exige una mayoría de tres quintos para el nombramiento de los magistrados del Constitucional tanto en el Senado como en el Congreso, lo que implica necesariamente un acuerdo entre el PP y el PSOE. En las conversaciones que ambas fuerzas mantuvieron en 2008 se llegó a un reparto paritario de las cuatro vacantes de la Cámara Alta. También se decidió que, para cubrir la vacante de García-Calvo (que corresponde al Congreso), el PP propondría a un máximo de cinco juristas, de los cuales el PSOE elegiría a uno. Si la renovación se pacta ahora y se respetan esos acuerdos, siete magistrados habrían sido designados por el PSOE y cinco por el PP.

¿Qué pasaría con el debate sobre el 'Estatut'?

Empezaría desde cero para que los cuatro nuevos magistrados (cinco, si se cubre la vacante de García-Calvo) pudieran intervenir, como les correspondería. Antes habría que elegir a los nuevos presidente y vicepresidente y designar a otro ponente para ese asunto.

¿Hay base para recusar a los candidatos del PP?

Sí. Cualquiera de las partes intervinientes en el proceso sobre el Estatut podría recusar a Hernando y López, y ningún pacto PSOE-PP podría impedirlo. Cuando eran miembros del Consejo General del Poder Judicial, ambos votaron a favor de un dictamen en el que se analizaba el Estatuto propuesto por el Parlamento de Cataluña y se concluía que era inconstitucional.

ANÁLISIS
FERRAN BOIZA / Madrid

Y Artur Mas, de puente

Hace siete años, el líder de CiU, Artur Mas, ganó sin mayoría absoluta las elecciones autonómicas catalanas y se marchó una semana de vacaciones a Canarias con su mujer. Cuando volvió a Barcelona, dispuesto a instalarse en el Palau de la Generalitat, Pasqual Maragall ya había cerrado el primer tripartito con ERC e ICV, desalojando a CiU del Gobierno de Cataluña. Ayer, siete años después, Mas fue el gran ausente de la sesión del Senado en la que el presidentMontilla pidió que se acelere la renovación del Tribunal Constitucional para salvar el Estatut.

Mientras Joan Puigcercós (ERC), Joan Herrera (ICV), Alicia Sánchez-Camacho (PP) y el propio Montilla discutían en la Cámara Alta sobre el futuro del texto estatutario, Mas estaba oficialmente «disfrutando de un día de fiesta». Cedía, así, todo el protagonismo de la defensa del Estatut a su principal oponente en las próximas elecciones catalanas, un Montilla que, a buen seguro, sabrá sacar rédito al acuerdo con Zapatero para hacer ver que el PSOE desencalla ahora la renovación del Constitucional.

El president es consciente de que será el principal perjudicado en caso de que el Estatut salga trasquilado y la maniobra de ayer no deja de ser una operación de imagen para intentar parar el golpe. Y, sorprendentemente, la ausencia de Mas en el Senado le ayudará a monopolizar ante la ciudadanía la defensa del Estatut, obteniendo una pátina de estadista que Montilla no ha conseguido labrarse en cuatro años de gobierno.

Ayer, en el PSC no sólo estaban satisfechos con la respuesta de Zapatero, sino también con la decisión de Mas. «Algunos estamos aquí trabajando», apuntilló Montilla.

LUIS ÁNGEL SANZ / Madrid

Leire Pajín: «Siguen siendo inaceptables»

El PSOE continúa rechazando a los candidatos del PP pero ahora «se tapará la nariz»

La número tres del PSOE y senadora, Leire Pajín, sigue considerando «inaceptables» e «inasumibles» a los candidatos Enrique López y Francisco Hernando. Pero ahora, su partido los maneja como última opción para renovar el Constitucional siempre que el PP no los retire como candidatos. Como decía gráficamente ayer un senador socialista, ahora los aceptará «tapándose la nariz».

Hace dos años, el número dos socialista, José Blanco, consideraba «inasumibles» a estos candidatos. Al igual que él los calificaron así Pajín, la portavoz en el Senado, Carmela Silva, y otros muchos portavoces. Ayer, en conversación con EL MUNDO, Pajín explicó que ambos «siguen siendo inaceptables jurídica y políticamente». Nada ha cambiado en ese sentido. Lo que ha cambiado es que los socialistas quieren hacer ese importante gesto ante Montilla y el PSC para no dar la imagen de que cierran las puertas en Madrid a lo que se reclama desde Cataluña.

Por eso, los socialistas están abiertos, por primera vez, a tragar con estos nombres, ya que ahora «la prioridad es la renovación del Constitucional».

Por la mañana lo explicó Carmela Silva al asegurar que el Grupo Socialista va a «hacer todo lo necesario para conseguir la renovación».

Distintos portavoces socialistas han apuntado también, de forma reiterada, que la elección de estos dos magistrados como candidatos traería «problemas» porque ambos se han manifestado contra el Estatuto de Cataluña y su elección podría dar lugar a una recusación.

Además, los socialistas han argumentado que el PP, con esa propuesta, «subvertía el espíritu de la ley», porque todos los parlamentos autonómicos con mayoría popular han propuesto a los mismos candidatos, con lo que eran propuestas de las asambleas territoriales, sí, pero dirigidas por el PP. La instrucción de proponer a López y Hernando partió desde la dirección del partido.

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