ACTO MULTITUDINARIO EN VALENCIA: El PP celebra su victoria


M. GASPARET / J. MARTÍN / Valencia
Camps dice que le implicaron en Gürtel por «asumir el reto de liderar el PP nacional»
Al presidente valenciano le traicionó ayer, quizá, el subconsciente cuando, en una versión revisada de la supuesta conjura estatal, policial, fiscal, judicial y política que, según él, subyace en el asunto de los trajes, añadió la idea de que el origen de su particular calvario está en 2004, con la derrota de Rajoy, cuando el PP valenciano -dijo- se convirtió en «referencia inexcusable» y «asumimos el reto de liderar este partido a nivel nacional». Así se expresó en la conmemoración del tercer aniversario de su última victoria. Sigue en página 4
No es la primera vez que Francisco Camps aprovecha un podio para recordarle de un modo u otro a Mariano Rajoy que el PP valenciano aporta 20 diputados y más de un millón de votos al centro derecha. Pero nunca antes había sugerido Camps -al menos en público- una vocación de liderazgo nacional, que si alguna vez estuvo viva, hoy está quebrada totalmente por el caso Gürtel.
El líder valenciano proclamó: «Cuando el PP perdió las elecciones en 2004, supimos que era la hora del PP valenciano, que España nos iba a mirar, que seríamos referencia inexcusable para dar esperanza y garantía de que el PP volvería a ganar. Asumimos el reto de liderar este gran partido a nivel nacional y estamos a las puertas de que el PP de España vuelva a gobernar».
Según dijo, ahí reside el origen de sus males: «Es el origen de todo lo que está pasando, ¿lo entendéis? Nada es por casualidad, nada vino al azar, nada se puso en marcha porque sí. Somos la esperanza de 45 millones de españoles».
El presidente de la Generalitat se procuró ayer un «gran acto» de autoreivindicación y desagravio -contra la sentencia del Supremo que ordena reabrir en Valencia el asunto de los trajes- que puso en evidencia, principalmente, cuánto han cambiado las cosas para el propio Camps, por mucho que el PP valenciano siga siendo un auténtico granero de votos para Rajoy, según todas las encuestas.
Ningún miembro de la dirección nacional, ni siquiera el valenciano Esteban González Pons, quiso acompañar a Camps; el sector disidente que lidera el presidente provincial alicantino, José Joaquín Ripoll, evitó de forma pública y notoria sumarse a la autoloa; la dirección regional hubo de emplearse a fondo para fletar medio centenar de autobuses de entusiastas militantes; y la sala escogida para la conmemoración en el Palacio de Congresos, sin ser pequeña (unas 2.000 personas), no aguantaba en modo alguno la comparación con la Plaza de Toros de Valencia, de la que tantas veces se ha valido Camps para exhibir músculo o escenificar su singular sintonía con Rajoy.
La cuestión esencial, el futuro institucional y político de un presidente de la Generalitat con un pie en el banquillo de los acusados por, supuestamente, haber aceptado regalos «de forma reiterada y opaca» de la trama Gürtel, protagonizó todas las intervenciones, incluida la del afectado.
El presidente no se atrevió -como temía Génova- a afirmar públicamente que será candidato y que cuenta para este cometido con el apoyo expreso de Rajoy, por lo que optó por una estrategia de hechos consumados apuntalada a partir de las intervenciones de sus barones y de la «conciencia» de Rajoy.
«Esta mañana he tenido ocasión de hablar con él camino de Lleida, conscientes los dos de que él será el próximo presidente del Gobierno de España y de que yo seré quien siga dirigiendo los destinos de la Comunidad de Valencia», aseguró.
El mensaje de Camps, su referencia a la «consciencia» de él mismo y de Rajoy, indica más su propia determinación de volver a ser candidato que el parecer de la dirección de Génova y del propio Rajoy, como prueba el hecho de que el presidente nacional del partido estuviera comiendo caracoles en Lérida con -ésta sí- la candidata oficial del PP catalán, Alicia Sánchez Camacho.
Camps aprovechó también su intervención para zanjar definitivamente el debate sobre un posible adelanto electoral en la Comunidad Valenciana, una hipótesis de trabajo que le han recomendado algunos de sus colaboradores más próximos como estrategia para blindar su candidatura y acallar a quienes, desde Génova, consideran que lejos de sumar, Camps sólo puede restar votos a la marca PP por su complicada situación procesal.
En este sentido, el president explicó que ya le había dicho a su Gobierno y al partido «que comiencen a elaborar el programa electoral de 2011, y lo iremos desgranando en los próximos meses».
Además de pergeñar la tesis del liderazgo vocacional del PP valenciano en el conjunto del PP nacional como leiv motiv de su imputación en el asunto de los trajes, el presidente valenciano echó mano de sus argumentos habituales para intentar darle empaque a la tesis de que existe una campaña contra su persona.
Por un lado, abundó en la idea de que «todo es mentira», al advertir de que «cuatro eslóganes, un titular o un pie de foto no acaban con la Comunidad Valenciana, con la realidad de un territorio que es de verdad, o con la realidad de un pueblo que es fuerte», porque «la realidad de la Comunidad Valenciana no es una redacción», dijo.
Por otro lado, utilizó la táctica de intentar identificar sus problemas con la Justicia con un ataque a toda la sociedad valenciana. En esta línea, y según un razonamiento muy del gusto de Camps, el supuesto ataque en su persona a toda la sociedad valenciana sería una respuesta a la insumisión de la Comunidad Valenciana para con un Gobierno socialista «que nos quitó el AVE y nos deja sin financiación», y un castigo «por no haber sido un presidente cómodo como lo fue Bono cuando el PP gobernaba».
Practicaron de teloneros los alcaldes Rita Barberá (Valencia), Sonia Castedo (Alicante) y Alberto Fabra (Castellón), y el presidente provincial Alfonso Rus. Todos dijeron querer que Camps sea de nuevo candidato y se deshicieron en lisonjas más o menos fervorosas.
«Queremos que vuelva a ser nuestro presidente... Que Paco esté pasando este calvario mientras a otra gran autoridad le visten la casa y le llenan la cuadra...», se indignó Rita Barberá. «Aquí nos merecemos un Paco Camps como siempre, fuerte en sus convicciones y dispuesto a dejarse la piel por cada uno de nosotros», exclamó Castedo. «Tenemos el mejor director y estamos a tus órdenes», proclamó Fabra. «Tenemos al mejor dirigente del mundo», se exaltó Rus.
Al finalizar el acto, algunos militantes bajaban a tierra en privado: «Aquí está todo abierto».
OORBYT.es
>Vea hoy en EL MUNDO en Orbyt el análisis de M. Gasparet sobre la autocelebración de Camps.
MARTA SERRET / Lérida
Rajoy: «No puedo estar en dos lugares a la vez»
El presidente del PP, Mariano Rajoy, visitó ayer por primera vez el Aplec del Caragol de Lérida, manifestación gastronómica en torno al caracol. Pero antes de disfrutar del ambiente y de hacer gala de su sintonía con los peñistas tuvo que justificar su ausencia en el acto de apoyo a Francisco Camps; y también aclarar que no piensa apoyar el plan de recortes de Zapatero porque lo considera «impuesto, injusto y evitable». También recordó al Tribunal Constitucional que es «su responsabilidad» pronunciarse sobre el Estatut.
Tras esgrimir que su visita al Aplec estaba prevista en la agenda hacía «mucho tiempo» ya que se lo debía a los representantes locales del partido, Rajoy excusó su ausencia de Valencia con un escueto «no puedo estar en dos lugares a la vez». El presidente popular reconoció desconocer «quién va», pero insistió en que Camps «tiene todo el apoyo del partido».
El líder del PP también se reafirmó en sus críticas al plan de ajuste de Zapatero y lo calificó de «imposición», ya que no se ha debatido; de «injusticia», porque afecta a los más desprotegidos; y de «evitable» si, por ejemplo, no se hubiera gastado «8.500 millones el año pasado y 5.000 más ahora con el Plan E». Según Rajoy, la solución es «una dieta de adelgazamiento» para la Administración, «que ha gastado dinero a espuertas». Así, lamentó que la propuesta del Gobierno perjudique a los que más lo necesitan en vez de «generar crecimiento económico y empleo», que según él son los objetivos a los que se deben encaminar las medidas. Rajoy negó haber recibido presiones de Europa para apoyar el plan de ajuste y se mostró favorable a sancionar a los países que no cumplan con la estabilidad presupuestaria.
El Constitucional también fue objeto de sus críticas, y le instó, «por responsabilidad», a dictar «ya» una sentencia sobre el Estatut. En cuanto a la renovación, recordó que ya se reunió con Zapatero «hace dos años» para hacerle su propuesta y que desde entonces está esperando una respuesta.
En pleno ambiente electoral, citas como la del Aplec del Caragol son la mejor ocasión para preparar la campaña. Consciente de ello, Rajoy no se resistió a ninguna de las peticiones de los asistentes y se convirtió en uno de los debutantes más participativos. Repartió sonrisas y abrazos y aceptó la tapa de caracoles y la caña que le ofreció la peña del Ayuntamiento, dando buena cuenta de ellas. Mientras tanto conversaba con el alcalde de Lérida, el socialista Àngel Ros; la presidenta del PP catalán, Alicia Sánchez-Camacho; y la portavoz del grupo municipal, Dolors López. Llegó incluso a tocar la trompeta con la charanga, a lo que el público respondió con un clamor de «¡presidente, presidente!» que unos recibieron con ironía y otros con entusiasmo.






Links to this post:
Crear un enlace
Home