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viernes, 5 de marzo de 2010

LA KATALUÑATIK TRIPARTIT QUIERE PROHIBIR LOS TOROS: El mandatario galo de la 'Cataluña norte', Christian Bourquin, reclama respeto/ Aguirre declara lo



LA PROHIBICIÓN, A DEBATE EN CATALUÑA
«Sería estupendo que la Unesco reconociese la Fiesta como patrimonio de la humanidad»

Esperanza Aguirre declara los toros Bien de Interés Cultural inmaterial en Madrid

ZABALA DE LA SERNA

Madrid

En medio de la vorágine abolicionista del Parlamento de Cataluña, Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, ha salido al quite con un oportuno lance de torería: el reconocimiento de la Fiesta de los toros como bien cultural. La presidenta hablaba con EL MUNDO desde la perspectiva que ofrece la azotea de la Asamblea de Madrid: «Nuestra Ley de Patrimonio Histórico Artístico dice que, además de declarar bienes de interés cultural los monumentos, los edificios y los museos, las instituciones que sean inmateriales pueden ser declaradas de interés cultural. Entonces los toros, que están en la cultura española y en la cultura mediterránea desde tiempo inmemorial, que han sido fuente de inspiración de Goya y Picasso, o en la literatura de García Lorca, o de pensadores como Pérez de Ayala o Marañón o el propio Ortega y Gasset... Qué otra cosa de interés cultural más importante que los toros. Por eso hemos decidido iniciar los trámites en este sentido».

Aguirre, que ya situó en 1996 al toreo en la senda de Cultura con su inclusión entre la Medalla de Bellas Artes, ha dado un paso importantísimo en la misma línea en la que trabaja el Observatorio de las Culturas Taurinas de Francia y la Unión Latina (37 paises) con sede en París, para que la Fiesta sea reconocida como patrimonio cultural inmaterial por la Unesco: «Sería estupendo. Siendo yo ministra de Cultura se reconocieron varias ciudades, como Alcalá de Henares, como patrimonio de la humanidad».

La Comunidad de Madrid ha iniciado un camino que necesitaba de este primer avance, como recomienda Francois Zumbiehl, vicepresidente del Observatorio de las Culturas Taurinas de Francia. «Es imprescindible [para que la Unesco reconozca los toros como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad] que la Tauromaquia esté reconocida como tal por las regiones, comunidades y países en los cuales queda vigente, y por lo tanto esté inscrita en los inventarios correspondientes del patrimonio cultural inmaterial».

Esperanza Aguirre terciaba directamente ayer en el debate catalán. «Lo que me preocupa es la ausencia de libertad. Voy a declarar la Fiesta bien de interés cultural, pero no voy a obligar a nadie a ir a los toros. Lo que me parece preocupante es que quien quiera entrar en una plaza de toros no pueda hacerlo. Se trata de la libertad de elección a dónde quieren ir los ciudadanos. Para mí es fundamental en una democracia y en un estado de derecho. Prohibir me parece impresentable».

PSOE e IU, que han tachado de «oportunista» la declaración, ironizaban al respecto: «Es lo que más preocupa a los 500.000 parados de Madrid». Paradojicamente son dos de las formaciones que, en su versión catalana, han tramitado la Iniciativa Legistativa Popular (ILP) y el debate de los toros en Cataluña, donde la cifra de parados suma ya 600.000. ¿La medida de declarar la Fiesta Bien de Interés Cultural sería una especie de blindaje? Aguirre responde rápido. «Puede serlo desde el punto de vista normativo», concluye.

La medidad de Esperanza Aguirre ha sido bien agogida por otras comunidad autónomas. En Andalucía, Macarena Bazán, Directora de Juegos y Espectáculo Públicos de la Junta de Andalucía valoró de forma positiva que la Comunidad de Madrid haya declarado los toros un Bien de Interés Cultural. «En nuestra opinión, esa faceta es una de las que siempre se ha matizado como muy importante en esta Fiesta». Bazán señalaba que en Andalucía «hay otras consejerías que están en la misma línea, como Agricultura, que está a punto de completar la Ley de la Dehesa, que será fundamental para mantener el equilibrio del campo donde se cría el toro bravo», informa Carlos Crivell.

En Castilla y León se ha recibido la noticia con especial satisfacción. El consejero de Interior y Justicia del gobierno autónomo, Alfonso Fernández Mañueco, manifestaba su complacencia: «Me parece muy oportuna cualquier medida que tienda a la protección y promoción de un derecho fundamental de los españoles como es la Fiesta de los toros en nuestro país», cuenta César Mata.

Serafín Castellano, Consejero de Gobernación de la Comunidad Valenciana, declaraba al respecto que también ha planteado la posibilidad de reconocer el toreo Bien de Interés Cultural «porque es una tradición, una manifestación artística y una seña de identidad, de Valencia y de España». Murcia trabaja también desde principios de año por idéntico trazado, una propuesta que ya se encuentra en los órganos consultivos pertinentes, reseña Salvador Ferrer.

En Extremadura, Aragón, Navarra y País Vasco, que se plantea devolver los toros a los informativos de la televsión autonómica, la declaración ha encajado «agradablemente» con sus políticas

LA PROHIBICIÓN, A DEBATE EN CATALUÑA
Prohibir lo que no nos gusta


SALVADOR SOSTRES

El toro bravo no existiría sin la lidia. Ni viviría ni moriría en condiciones mejores o peores. Simplemente no existiría. Eso, para empezar. Para seguir, la calidad de vida de un toro bravo es extraordinaria, casi salvaje, y de ningún modo puede compararse a las pobres circunstancias existenciales de bueyes y vacas, tanto las que dan carne como las lecheras. A los que crean que el toreo es el espectáculo de la muerte les recomiendo que asistan un día al matadero. Y allí sí que presentirán, olerán la muerte. Como la presienten vacas y bueyes, que a menudo infartan y mueren antes de que los maten, muertos de miedo. Creo que es una aberración de nuestra era biempensante hablar de «derechos de los animales». Sólo tenemos derechos -y deberes- las personas, en tanto que sólo las personas somos capaces de comprender lo que un derecho significa, de otorgárnoslo y de ejercerlo. Pero incluso desde el delirio animalista es una locura creer que, por muchas banderillas y por mucho que el torero mate al toro, un animal sufre más en la plaza que en el matadero. A los que quieren prohibir las corridas quiero preguntarles si, por anteponer su prejuicio esteticista, prefieren que el toro bravo se extinga.

Porque lo que en esencia está detrás de querer prohibir los toros no es ni el catalanismo ni tan sólo el respeto por la vida de los animales. Yo soy independentista y de ningún modo estoy a favor de prohibir los toros. Digo más: ni he acudido a una corrida ni es probable que jamás acuda. De hecho, como tanta gente que en su vida cenará en L'Ambroisie o en Nobu, y espero que no quieran prohibírmelos. Por lo que refiere a la vida del toro, hay que ser muy cruel para preferir la estrechez de una granja a la amplitud impresionante del campo; y muy sádico para desearle a cualquier ser vivo el viacrucis del matadero antes que el hierro instantáneo y terminante de la espada. Desengañémonos: el destino de cualquier res -salvo las que nos dan leche o lana- es morir para alimentarnos.

El progreso se basa en la domesticación de la naturaleza, incluso en su subyugación, hasta sacarle todo el provecho. El vegetarianismo es contrario a los intereses de la humanidad. Comemos carne, «preferimos la velocidad a la Victoria de Samotracia» y «mil aeroplanos saludan a la nueva era / ellos son los oráculos y las banderas». Hay una jerarquía, y arriba estamos.

Detrás del intento de prohibir las corridas de toros en Cataluña lo que principalmente hay es un prejuicio más de la vieja izquierda poscomunista que siempre se ha sentido moralmente superior a los demás y con el derecho de imponernos sus tonterías. Esta corrección política de beatas costureras que no es más que una chochez de viejas que disecan el gato cuando se les muere. Ver el martes a todo un físico como Jorge Wagensberg haciendo la demagogia de la espada y de la banderilla sí que fue un espectáculo denigrante. Que Espido Freire asegurara que una corrida es como «dos niños cuando acorralan a otro para pegarle y lo graban con el móvil», da una idea de lo que cabe esperar de la literatura de esta chica. Que en un parlamento democrático se acuse a los aficionados a los toros de ser cómplices de un asesinato y se llegue a comparar el toreo con la violencia doméstica o la ablación del clítoris en África da una idea del momento político y moral que vive Cataluña.

Lo que está en juego con este intento de prohibición no es sólo la supervivencia de los toros en Cataluña, sino si la libertad retrocede o aguanta, la libertad personal y colectiva de tener negocios taurinos y de asistir a la plaza. Lo que el Parlamento va a decidir cuando al final vote y se pronuncie es si se puede prohibir algo porque simplemente a algunos no les guste. La libertad casi nunca cae de repente, de un solo golpe. Todo empieza por detalles tan pequeños que parecen insignificantes. El diablo está en los detalles. En Cataluña, por ejemplo, empezó el presidente Pujol pagándole una nueva rotativa a El Periódico y ya hoy toda la prensa catalana está subvencionada.

Es decir, comprada

LA PROHIBICIÓN, A DEBATE EN CATALUÑA
Francia al rescate: «Espero que nuestros primos catalanes sean tolerantes»


El mandatario galo de la 'Cataluña norte', Christian Bourquin, reclama respeto

LEONOR MAYOR

Barcelona

El debate parlamentario sobre los toros perdió fuelle ayer por la reiteración de argumentos, la ausencia de caras conocidas y la falta de golpes de efecto, como los utilizados por los comparecientes el miércoles. No hubo estoques ni banderillas ni comparaciones odiosas. La palabra fue la protagonista de la jornada de ayer.

La palabra en francés, porque varios de los comparecientes procedían de Francia. Fueron llamados por los defensores de la Fiesta, quienes con su mera presencia ya se cargaron de un valioso argumento: las corridas de toros no son un invento defendido sólo por españolistas recalcitrantes, sino una tradición también muy arraigada en otros países civilizados como Francia.

El currículum de los invitados sirvió también para reforzar las tesis de los protaurinos. Hervé Shiavetti, alcalde de Arles, no sólo es francés, también es un gran aficionado a los ruedos, preside la Unió de Viles Taurines de su país, y por si fuera poco, es comunista. Lo que encantó al diputado del PSC David Pérez: «Los toros no son de izquierdas ni de derechas, tienen un cuerno a cada lado», afirmó para rebatir la creencia, bastante extendida en Cataluña, de que el toreo es cosa de la derecha españolista.

Pero la gran estrella de la intrascendente jornada parlamentaria de ayer fue Francis Wolff, profesor de la Sorbona, quien se unió a las tesis de los protaurinos y defendió que las corridas son «un patrimonio mundial» y no únicamente una fiesta nacional española. Wolff respaldó el derecho del hombre a matar al toro «siempre que se haga en combate», ya que el torero que mata en la plaza lo hace siempre «arriesgando su propia vida».

Christian Bourquin, presidente del Consejo General de los Pirineos Orientales, aseguró que los toros son parte de la «herencia cultural catalana» y pidió a los diputados que no prohiban la fiesta: «Espero que nuestros primos catalanes sean tolerantes». Una petición que secundaron el ganadero Pedro Fumadó, cuya familia es responsable de la ganadería El Carnego desde 1891, y Miquel Ferré, presidente de la agrupación taurina de Terres de l'Ebre.

Tras un debate en el pleno y dos jornadas de comparecencia en comisión, las posiciones de cada uno de los bandos empiezan a estar claras. Los defensores de las corridas -PSC, PP y Ciutadans- sustentan su argumentario en la necesidad de respetar la libertad individual, en la obligación de preservar una tradición cultural, en el convencimiento de que el toro bravo desaparecerá si se prohiben las corridas, pues existe para ellas, y en la inoportunidad de este debate cuando la sociedad tiene problemas mucho más acuciantes como la crisis.

Dado que CiU dará libertad de votos a sus diputados, la bancada de los antitaurinos está formada por Iniciativa y Esquerra, quienes esgrimen un argumento básico: torturar a un animal hasta la muerte es una crueldad. En su defensa habló ayer Pablo de Lora, profesor de filosofía del Derecho de la Autónoma de Madrid, quien trató de convencer a los oyentes de que el trasfondo del debate es puramente ético y de que moralmente no está justificado matar a un animal por diversión

LA PROHIBICIÓN, A DEBATE EN CATALUÑA
Taurófila pancatalana

MANUEL TRALLERO

Andaba la concurrencia genuflexa y cariacontecida tras el número de magia efectuado por el ilusionista mudado en científico que, el miércoles, blandiendo ante sus señorías un estoque, preguntó al respetable: «¿Esto duele?». Tal que si fuera la cigala que aún movía la patita cuando murió ahogada y quemada viva en la paella que me comí el sábado.

La comisión tenía en la mañana de ayer mal fario, parecía ir a debatir si las hijas de Zapatero encontrarían novio. En éstas andábamos, con el croissant recién puesto, cuando llegaron los gabachos. Una alegría. Porque presentaban unos cuerpos arreglados, con unas mejillas como ángeles trompeteros, pescuezos de buey y una humanidad desbordante que emanaba por el cuello desabrochado de las camisas.

La bancada contraria languidecía en la palidez del semblante, escuálida, preñada de razones eso sí, pero los franceses traían consigo puesto también a Descartes. Los diputados de aquí abajo se referían a los hermanos de allá arriba y monsieur Christian Bourquin, presidente del Consejo General de los Pirineos Orientales, se refería a sus «primos catalanes».

El único que salvó los muebles fue el diputado de Ciutadans, Albert Rivera, que le dio al ripio sin descompasar ni perder el mandoble en el momento preciso. El resto de los miembros de la comisión tiran a desecho de tienta.

¿Qué ha dicho el señor Bourquin? Dos cosas: tradición y libertad. Que la corrida formaba parte de su tradición cultural, catalana por cierto, y que él pertenecía a lo de la libertad, la igualdad y la fraternidad. En un rapto de humor sacó una caricatura donde se veían dos toros. Uno a punto de entrar en el matadero y otro en la plaza. El primero le decía al segundo: «Yo sólo he tenido 18 meses y tú, en cambio, cuatro años de vida». Al señor Luna, del Partido Popular, le faltó tiempo para agenciarse el cuadro en cuestión, como un Carod-Rovira cualquiera llevándose a casa la lanza del indígena.

Marcharon los franchutes e hicieron acto de presencia dos caballeros de las Terres de l'Ebre. Todos firmes. Cuidadito. Trasvase, centrales y cementerios nucleares, el olvido ancestral, Cataluña no sólo es Barcelona… La letanía de agravios es como la lista del súper. Un público en estado de cabreo y unas elecciones que pueden decidirse por la foto finish. Habló el señor Ferré de los correbous, una versión autóctona de los encierros, afirmando que el «Sur también existe» y aclaró que sin bous no hay fiesta. Y sin fiesta no hay bous. Un axioma que puede ser una inocente perogrullada pero es todo un aviso para navegantes con una caldera social a todo meter.

El señor Fumadó es ganadero pero él prefiere definirse como pastor. Cuando un diputado de Iniciativa le explicó que en África habían pasado de matar las bestias a los safaris fotográficos me temí lo peor. Para la yugular de su señoría


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