ATAQUE CONTRA LA FIESTA / El debate políticoCataluña camino de prohibir los toros para alejarse de EspañaUna estrecha mayoría (67-59) respalda la iniciativa / «Algunos piensan que por prohibir los toros seremos menos españoles», dice el portavoz del PSCDANIEL G. SASTRE
Barcelona
No hubo milagro y José Montilla sufrió el último revolcón de su semana horribilis en la votación que abrió la puerta a la prohibición de las corridas de toros en Cataluña. El Parlament aprobó ayer la tramitación de la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) en una votación más ajustada de lo previsto. De los 135 diputados, 67 votaron contra las enmiendas a la totalidad de PSC, PP y Ciutadans, 59 a favor, cinco se abstuvieron y otros cuatro no apretaron ningún botón.
El resultado evidencia una voluntad de la mayoría de parlamentarios por acabar con una tradición íntimamente vinculada con España.
Pese a ello, el grupo de CiU, en cuyas manos estuvo la suerte de la votación, insistió en recordar «la catalanidad absoluta» de los toros: «En el norte de Cataluña, los cambios de tercio se hacen con [la música de la sardana] la Santa Espina».
La Cámara catalana vivió una jornada histórica, con mucha expectación en el hemiciclo -llegó un momento en que se impidió el acceso a la tribuna de invitados por overbooking- y también en los pasillos. Se habían acreditado más de 100 periodistas, varios de medios internacionales, y el debate estuvo al nivel requerido por la situación.
Mientras taurinos y animalistas compartían asientos entre el público, la representante de la plataforma Prou -que ha llevado al Parlamento 180.000 firmas de abolicionistas, pese a que bastaban 50.000 para presentar la ILP- pedía a los diputados que acabaran con «la tortura de los animales como espectáculo». Para ello, dijo, bastaba con apoyar la propuesta de su entidad, que busca eliminar la excepción que se establece con las corridas en la Ley de Protección de los Animales.
Los representantes de los grupos que presentaron las enmiendas contra la tramitación culminaron desde la tribuna el trabajo, incansable, de los últimos días. David Pérez, del PSC, y Rafa Luna, del PP, se han reunido personalmente con casi todos los diputados tratando de evitar lo que finalmente sucedió ayer.
Pérez, el primero en hablar, intuía el resultado, y seguramente por eso su discurso no estuvo exento de pullas a los socios de ERC y a CiU. Dijo, por ejemplo: «Algunos piensan que por prohibir los toros seremos un poco menos España; se equivocan totalmente». O: «Yo no quiero una Cataluña en la que si no eres del Barça no eres lo suficientemente catalán; si te gusta Loquillo, eres un poco sospechoso; y si te gustan los toros, eres un español».
Luna, miembro de la Mesa de la Cámara, se inclinó por argumentos de cariz histórico para oponerse a la abolición de los toros. Recordó que «las primeras noticias» que se tienen de corridas en Cataluña son del año 1387, que Barcelona ha sido la única ciudad que ha tenido tres plazas funcionando simultáneamente, que varias figuras del toreo -citó a Pere Aixelà, a Mario Cabré o Joaquim Bernadó- nacieron en la Comunidad.
También subrayó que el presidente de la Generalitat republicana de ERC Lluís Companys llegó a presidir una corrida en La Maestranza de Sevilla en 1934. Finalmente, achacó a la búsqueda de un enfrentamiento identitario la posición de los nacionalistas: «Esquerra va contra todo lo que huela a España».
Albert Rivera, presidente de Ciutadans, prefirió seguir la línea abierta por el manifiesto de personalidades de la Cultura que se presentó hace unos días. Tras confesar que no era un gran seguidor de las corridas, añadió: «Yo no soy aficionado a los toros, pero sí a la libertad».
La bandera contraria la defendieron Josep Rull, de CiU -aunque su grupo dio, como los socialistas, libertad de voto y se sospecha que al menos ocho diputados nacionalistas apoyaron la enmienda a la totalidad-; Joan Puigcercós, de ERC, y Francesc Pané, de Iniciativa. Los dos primeros defendieron la «catalanidad» de la Fiesta y tiraron de frases célebres. Rull citó a Gandhi: «El nivel de civilización de un pueblo se mide también por cómo trata a los animales».
Puigcercós prefirió a Josep Pla, quien, tras calificar de «carnicería» las corridas, contó como se iba contagiando del ambiente: «En la cuarta corrida ya todo me parecía natural. Y en la quinta ya no me hubiera importado nada si en vez de un toro hubieran matado a mi primo».
La votación secreta deparó el resultado esperado. Hubo lágrimas de alegría entre los abolicionistas tras la victoria. Entre los taurinos, resignación y esperanza en que la segunda votación, después de la tramitación de la ILP, cambie las cosas.
Un torero real y dos de pega
El intenso frío y la temprana hora -las 9.00 horas- impidieron grandes concentraciones en la puerta del Parlamento catalán. Tres antitaurinos protestaban con pancartas y pintura roja; frente a ellos, dos actores vestidos de matadores promocionaban una parodia sobre el toreo que han estrenado en un teatro de Barcelona. Pero dentro de la Cámara había un torero real. Serafín Marín, diestro de Montcada i Reixac, siguió la votación de la mano de Daniel Sirera.
Tras el burladero del voto secreto
La votación sobre el futuro de los toros en Cataluña preocupaba tanto a los diputados del Parlament que se decidió que fuera secreta. CiU y el PSC habían dado libertad de voto a los miembros de sus grupos; para blindar el secreto, muchos de los parlamentarios se escondieron tras su escaño para apretar el botón. Otros utilizaron los periódicos del día para ocultar su opción de las miradas de informadores y compañeros en la Cámara.
ANÁLISIS / ATAQUE CONTRA LA FIESTA / El futuro de la temporada
Tomás, dispuesto a un mano a mano con Ponce en Barcelona
ZABALA DE LA SERNA
Madrid
Un sabor agridulce de optimista derrota recorría las arterias del lobby taurino. Un marcador tan ajustado, primer paso para la abolición de la Fiesta, no lo hubieran creído hace un mes.
Moderada la alegría y elegante prudencia ante la algarabía desatada de los antitaurinos en la victoria raspada. Saben, sin embargo, los amantes del toreo y la libertad de esa plaza de la tolerancia que es Barcelona que cualquier avatar político polémico externo, léase el Estatut, afectaría negativamente en la siguiente votación (a cara descubierta y sin secretismos) allá por marzo. Las comparecencias se prolongarán hasta entonces. De momento, se felicitan de que su labor en la sombra con los escépticos haya dado sus frutos, y calculan que le han dado la vuelta a unos 30 votos en los encuentros de diálogo y conversión.
De cerca ha seguido el proceso el empresario arrendatario de la Monumental de Barcelona, Antonio Matilla, que ayer, ante la presión, se refugiaba en su finca de Salamanca. El trabajo de desbrozar el camino de los agnósticos del dios Tauro no le ha apartado de su trabajo habitual y natural: la programación de la temporada de Barcelona. «Ya tenemos compradas el cien por cien de las ganaderías que se lidiarán, el curso del año está redactado y las fechas programas rondarán las 17 o 18 tardes, como en años anteriores», afirma Matilla a EL MUNDO. Bajo la discreción que le caracteriza, el empresario confiesa que ya ha mantenido los primeros contactos con el apoderado de José Tomás, el tótem de la afición barcelonesa: «Podríamos anunciarlo en breve. La idea que me ronda la cabeza es que volviese Enrique Ponce (ausente desde hace un par de años) y por fin toreasen juntos. Debe ser un año excepcional, de hacer un esfuerzo entre todos». Sería el bombazo taurino de 2010, el enfrentamiento más esperado y deseado, el duelo fallido en Nimes, aquel sueño empresarial de Simón Casas que nunca cuajó. ¿Sería posible ahora un choque astral de época? JT no pone pegas; Ponce se lo pensará. El desafió estará en conseguirlo.
Semana a semana, Antonio Matilla anunciará después de navidades las contrataciones cerradas de las figuras, hasta completar el primer tramo de la temporada precisamente por marzo. Si prosperase la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) con los carteles ya en la calle, los espectáculos programados hasta julio se celebrarían. Aunque existen dudas al respecto y sobre cuándo entraría en vigor la prohibición.
De cualquier manera, no sería consuelo una prórroga de la agonía. Ni tampoco las multimillonarias indemnizaciones que de las arcas públicas saldrían. La familia de Pedro Balañá, propietaria de la Monumental y sus terrenos, ha preparado un ejército de abogados dispuesto a apretar las tuercas de la hucha de cerdito de la Generalitat hasta que caiga el último euro. De una cifra incalculable hablan algunas fuentes. La abolición la pagarían todos los catalanes de su bolsillo, como bien advirtió Albert Rivera. El cese de la actividad empresarial también afectaría a Matilla y a todos los protagonistas -toreros y ganaderos- que tuvieran contrato vigente, algunos a varios años vista. Daría como para crear un nuevo impuesto, el impuesto de la ILP. Los Balañá, que nunca se batieron el cobre durante los años del acoso nacionalista de CiU, se batirían ahora por el oro en la acometida radical.
En Francia, 133 políticos han desenvainado su verbo sin complejos apuntando al Parlament: «El Estado no debe erigirse en tutor de los ciudadanos imponiendo tradiciones o prohibiciones. La norma debe ser el respeto a la diferencia y a la voluntad individual». En España, ni siquiera se respeta la colectiva. Desde hace tres años TVE no retransmite una sola corrida, y cuando se hacía, en Cataluña se oscurecía la señal. No se ha perdido la guerra, pero se lleva tiempo sembrando para perderla
ATAQUE CONTRA LA FIESTA
Segunda vuelta antes del verano
DANIEL G. SASTRE
Barcelona
Todavía no hay nada escrito. Ni nada decidido. Porque el momento de la verdad empieza ahora. Y tiene plazo de caducidad: el próximo verano, cuando el 'Parlament' catalán se disolverá para preparar las elecciones autonómicas previstas inicialmente para el otoño de 2010.
Después de que los diputados catalanes rechazaran ayer las enmiendas de PSC, PP y Grupo Mixto en contra de la Iniciativa Legislativa Popular que pedía la prohibición de los toros, ahora deberán discutir en comisión parlamentaria cómo reforman el artículo sexto de la ley de protección de los animales.
Y en ese camino pueden pasar muchas cosas porque, como decía hace unos días el socialista David Pérez, no sería la primera vez que lo que tenía que ser una prohibición termina convirtiéndose en una reforma.
Ésa es la confianza de los grupos que defiende la Fiesta en Cataluña y que ayer tras conocer el resultado de la votación se mostraban más optimistas de lo que hubiera sido previsible. Alentaba su esperanza lo apretado del resultado que les llevaba a pensar que durante la discusión que ahora se inicia -los diputados pueden pedir comparecencias de los sectores implicados y presentar las enmiendas que crean precisas al articulado- se podría dar con alguna fórmula salomónica que, más o menos, contentara a todos.
«Todavía queda mucho partido», prometía tras la votación el presidente de la Plataforma en Defensa de la Fiesta, Luis Corrales
ATAQUE CONTRA LA FIESTA
El Gobierno, «en contra de la prohibición»
Madrid
La vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, afirmó ayer que el Ejecutivo «no es partidario de prohibir» la celebración de corridas de toros, como propone la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) admitida por el Parlamento catalán. «Éste es un tema que no forma parte de la agenda de este Gobierno, que no es partidario de prohibir sino de que se pueda elegir en libertad», indicó De la Vega en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, informa Servimedia.
De la Vega añadió que «la Fiesta de los toros cuenta con detractores pero, desde luego, también con un amplio respaldo en la sociedad». Por último, la vicepresidenta primera del Gobierno mostró su respeto por la admisión de la ILP en el Parlamento de Cataluña. «Habrá que esperar al resultado de la tramitación, sin presuponer su resultado», concluyó
ATAQUE CONTRA LA FIESTA
Cospedal: «A aquel que no le guste la Fiesta, que no vaya»
Madrid
Preguntada sobre la tramitación en el Parlamento catalán de la Iniciativa Legislativa Popular (ILP), que plantea suprimir las corridas de toros, la secretaria general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal, abogó ayer porque no se les quite a los catalanes la oportunidad «de poder disfrutar de una parte que es patrimonio cultural de Cataluña» y afirmó que hay personas «a las que la libertad les molesta mucho». A su vez, añadió que «a aquel al que no le guste no asista a las corridas de toros», informa Efe.
Por otro lado, el presidente del PP andaluz, Javier Arenas, anunció que presentará en el Parlamento de Andalucía una Proposición No de Ley (PNL) en los próximos días para defender «nuestras tradiciones, nuestra cultura y nuestra fiesta nacional» haciendo referencia a las corridas de toros
ATAQUE CONTRA LA FIESTA / Reacciones
«¡Ya está bien de prohibiciones!»
Figuras del arte, el periodismo y el deporte se unen en la lucha contra el fin de los toros
LUCAS PÉREZ
Madrid
Albert Boadella. «Me parece una barbaridad, aunque para mí no ha sido una novedad. Sabemos que este debate ético no es algo que tenga que ver con el maltrato a los animales, sino con la política y la relación de este espectáculo con España. El resultado de la votación es una demostración de la ignoracia que tiene el nacionalismo. De cara al futuro no tengo ninguna esperanza y prevalecerá la insensatez, la ignoracia y la impostura».
Carlos Marzal. «Es un disparate. Lo siento mucho por la cantidad de buenos aficionados taurinos que hay en Cataluña. No entiendo cómo se puede renunciar a algo que no sólo supone una manifestación estética sino también una escuela ética».
Cari Lapique. «¡Ya esta bién de prohibiciones! Parece mentira que en el siglo XXI quieran quitarnos un espectáculo como los toros en Barcelona, que tiene una afición y una plaza increíble. Deseo de todo corazón que recapaciten y no los eliminen».
Juan Carlos Higuero. «No me parece bien la votación del Parmalento. Al que no le gusten los toros, que no vayan, que se vayan al cine o a cualquier otro entretenimiento, pero que no metan el dedo en la llaga porque es muy molesto ir a una corrida y soportar ruidos y manifestaciones. Yo no me meto con nadie por ir a algo que a mí no me guste».
Núria Espert. «Para mí es una noticia maravillosa. A ver si de una vez por todas se acaba con las corridas de toros, que son una de las mayores vergüenzas que existen en Europa».
Cristino de Vera. «Habría que preguntar a los que han votado en contra de los toros sí se han vuelto todos vegetarianos. El toreo tiene una tradición misteriosa y cultural muy arraigada y va ligada al arte, al ballet, al ritmo....y eso no se puede terminar nunca».
Anthony Blake. «Es algo demencial. Prima más el antiespañolismo que el hecho en sí de los toros. No creo que a Barcelona, que es una de las primeras ciudades que tuvo toros en España, le sobre el dinero como para despreciar el que aportan los aficionados que cada tarde van a La Monumental».
José Ribagorda. «No es sino una vuelta de tuerca más de este acoso y derribo que lleva sufriendo la Fiesta de los toros en cataluña desde hace muchos años, empezando por prohibir la entrada a los menores a la plaza. Creo que la falta de unión del sector taurino también ha derivado en esto. El resultado oscurece el futuro pero espero que esta amenaza no se termine de concretar».
Salvador Boix. «Es una pena que no tengamos el respaldo suficiente de la plana mayor de la política catalana, pero hoy [por ayer] se ha demostrado que no existe una mayoría prohibicionista tan grande como algunos pretendían dar a entender, y eso es positivo. José Tomás es un torero que ha demostrado muchísimas veces su compromiso con la Fiesta de los toros en Cataluña. Él ama torear en la plaza de Barcelona, donde tantos triunfos ha conseguido, y está convencido que lo seguirá haciendo».
Victorino Martín. «Me parece un error gravísimo. Lo de Cataluña sólo se explica desde el contexto político. Ya hemos superado otros ataques similares y ahora es el momento de unirnos para hacerlo de nuevo».
Serafín Marín. «Como torero que soy y por mi ambición como persona, en mi mente sólo estaba la idea de que se aprobasen las enmiendas a la totalidad para que los fantasmas del antitaurinismo en Cataluña se espantasen para siempre. Desgraciadamente no ha sido así. Ahora hay que ser una sola voz y unirnos más que nunca los profesionales del toreo porque estoy plenamente convencido de que lo seguirán siendo por muchos años».
La respuesta de los famosos
Joan Manuel Serrat
> «Cualquier debate me parece saludable. Pero en este caso se trabaja en una zona peligrosa porque puede haber una acción intervencionista en el terreno de las libertades individuales. Y esto siempre es un tema delicado»
Nieves Herrero
> «Es un insulto a la memoria de Hemingway, de Goya y de Picasso. Una ley así no puede seguir adelante con una mayoría tan ajustada. El Parlamento está dividido en dos, lo que significa que una parte de España ignora a la otra media».
Enrique Ponce
> «Me parece un ataque político contra la Fiesta, que representa algo muy español y que es grande por sus valores. No hemos sabido defender nuestros intereses, pero estamos a tiempo y estoy seguro que va a acabar dándole la vuelta a esto»
Javier Castillejo
> «Estamos en el país de las prohibiciones. Dicen que es el país del respeto y de la libertad pero es mentira. Me parece bien que haya gente que no le gusten los toros y lo respeto, pero a mi sí me gustan y me gustaría que me respeten por ello también».
Cuando Barcelona era capital del toreo
El repunte de José Tomás no ha evitado la agonía de una ciudad que tuvo tres ruedos
RUBÉN AMÓN. CORRESPONSAL
París
El 27 de septiembre de 2009 forma parte de la historia de la plaza de Barcelona igual que el epitafio del difunto. Es la fecha de la última corrida de toros, aunque el triunfo de José Tomás aquella tarde, el fervor de los aficionados, el llenazo de la Monumental y la fragilidad de la manifestación antitaurina contradicen ahora el aviso de cierre.
Hasta el extremo de que José Tomás se había convertido en el recurso providencial de una plaza agonizante. El maestro de Galapagar se propuso resucitarla. Fue en Barcelona donde reapareció en 2007, donde ofició el indulto de Idílico (2008) y donde lidió seis toros este año para oponerse al motín nacionalista.
Se trataba de una batalla simbólica y, en cierto modo, quijotesca, aunque la identificación de JT con la Monumental también redundaba en la devoción hacia Manolete y en el barcelonismo del califa cordobés. Allí toreó Rodríguez más veces que en cualquier otra plaza de primera, entre otros motivos porque la capital catalana también lo fue de la tauromaquia en los vaivenes propicios de la Historia.
La prueba está en que llegaron a construirse y a coexistir tres plazas de toros. Ha desaparecido la de El Torín, que se erigió en 1834, y todavía queda en pie la de Las Arenas, aunque la han abierto en canal para alojar un centro comercial globalizado, una cadena de cines y unas hamburgueserías de vacuno de matadero.
Era un síntoma crepuscular, una manera indirecta de hipotecar el futuro de la vecina Monumental. La inauguró Joselito el Gallo en 1916 y conoció otros periodos de gloria en la posguerra. Unas veces por el carisma y el influjo de los toreros foráneos -Chamaco, El Cordobés, César Girón-. Otras por la pujanza de los maestros catalanes.
Incluidos el polifacético Mario Cabré (1916-1990), que fue actor y amante de Ava Gardner, y Joaquín Bernadó, cuya condición de tótem local se demuestra estadísticamente con la evidencia de 243 paseíllos en el ruedo de Barcelona.
Allí se retiró en 1983, ignorando entonces que el templo de la tauromaquia catalana había entrado en barrena. Ha pesado el acoso nacionalista, la pujanza de los movimientos animalistas, el tabú de la muerte y las nuevas costumbres de las sociedades asépticas, pero no pueden perderse de vista otros fenómenos endogámicos, autodestructivos que han contribuido a la defunción.
Empezando por la desafección de la empresa barcelonesa. Hablamos de la familia Balañá, tan decisiva en la edad de oro como pasiva en la convalecencia. Sin olvidar el distanciamiento de los aficionados y la caducidad de un modelo pintoresco que se confiaba en exceso a la adhesión arbitraria de los turistas y de los guiris.
El burro ha sustituido al uro en la iconografía posmoderna de Barcelona. Es el ejemplo de la obstinación y de la constancia, aunque va costar trabajo concederle la devoción que suscitaba el toro de Osborne en términos de la soberbia y del poder.
Igual que Idílico, rehabilitado en la dehesa como la memoria viviente de una época a la que ha puesto cadenas y cirios las señorías del Parlament
ATAQUE CONTRA LA FIESTA
Arte en la historia del arte... de torear
La Tauromaquia ha sido motivo de fascinación de artistas, escritores y pensadores
ANTONIO LUCAS
Madrid
Una amplia fascinación por la tauromaquia recorre la historia del arte moderno, de la literatura, incluso del pensamiento. Y en ello parece que no hay conflicto. Es más que la atracción de un salvajismo, mucho más que la atracción por la fanfarria del folclore. Se trata, sobre todo, del imán de una extrañeza.
¿Qué hay en lo que no se ve de la Tauromaquia de Goya? Eso es lo que importa. ¿Qué desconcierto de sangres deslumbró a Manet en el fervorín de una plaza de toros? ¿Qué grito oscuro vino a decir Picasso en su representación de la corrida, del picador, del Minotauro? ¿Qué agua oscura quisieron ellos, como tantos otros, descifrar?
La historia del arte de torear viaja en paralelo con la confección del arte de la modernidad. Va al compás de una nueva estética con su música por dentro, como acertó Bergamín.
No se trata de evaluar los octanos de cultura que encierra la tradición de los toros, sino de entenderlos como cultura en sí. Un espacio contaminante del que se han dejado untar algunos de los más altos creadores. Unos, como Ortega y Gasset o Lorca, buscando algo más que la lógica del tremendismo para dar una revelación mágica en ocasiones, brutal en otras, que suspende y arrebata el ánimo con su maravillosa violencia. Otros, como Hemingway, a la caza del modo de purgar un ardor guerrero irreprimible, desoyendo en su caso el rumor del misterio. Muerte en la tarde es la prueba de que el americano alucinó sin enterarse de nada, con más lirismo de escopetero que otra cosa.
Distinto resulta el caso del diplomático y escritor Barnaby Conrad, amigo cierto de Manolete y Belmonte. En Matador relató los excesos de un entusiasmo taurófilo con más de emoción desbordada que sed de sangre.
Picasso fue más lejos que ninguno. Tomó la fiesta de los toros como seña de identidad, la altísima expresión de un combate que tiene en su misma violencia su lujo, en su misma violencia su sexo, su atávico oficio de tinieblas. Miró también volvió a estos terrenos la mirada. O el surrealista Óscar Domínguez. O Dalí, con desmesura.
Si Belmonte fue el torero del 98 y sus afueras -admirado por Valle-Inclán, Ortega, Romero de Torres y Pérez de Ayala-, Ignacio Sánchez Mejías fue el tótem taurófilo de la del 27, un ser mestizo hecho de curiosidades, cómplice intelectual de Lorca, de Alberti, de Gerardo Diego, de Miguel Hernández algo después.
Estos nuevos salvajes no hallaron contradicción entre toros y cultura. Al contrario, encontraron un territorio donde la palabra adquiría nuevos significados, otra forma de ser dardo dentro del extraño manual humano de lo que sucede en la plaza.
Algo parecido a lo que pasó con los pintores Zuloaga, Gutiérrez-Solana y Vázquez Díaz. Sus estampas no son únicamente el mapa de una sociología torcida, que también, sino la búsqueda de una fuerza plástica que se encuentra en todo aquello que se ritualiza.
Estos artistas encontraron, cada uno a su modo, una sofisticación que estaba más allá de cualquier presupuesto intelectual. No teorizaban sobre su afición. El arte no teoriza, sino que se pregunta. O dispone la posibilidad de preguntar. Y, a la vez, se lo juega todo, como el matador, a la emoción mágica. Pero estos hombres no se sintieron ni se sienten obligados a defender nada: ni instintos nacionales ni chafarrinones folclóricos. Y mucho menos sienten la obligación de justificarse. El toreo es para ellos también la posibilidad de un desengaño, como expresó Bergamín. La posibilidad de una elección. Una libertad que se concreta de un modo extraño. Pues lo que tiene la fiesta de los toros de injustificable es lo que tiene de milagroso.
La emoción del toreo es la emoción del arte. Aunque no siempre responde legítimamente al arte. En cualquier caso, la fascinación continúa. Almodóvar, Barceló, el mimo francés Marcel Marceau (admirador de Antonio Ordóñez y Dominguín), que afirmaba que «el único arte escénico que se alimenta a sí mismo es la tauromaquia. La corrida de toros no necesita ni director artístico, ni escenógrafo, ni coreógrafo, ni texto, ni música complementaria porque el toreo es música no compuesta y poesía no escrita»... Los artistas llevan siglos olfateando su cercanía. Y nadie ve la crueldad.
Goya, Ortega, Valle-Inclán, Lorca, Alberti y Bergamín, entre otros, se ocuparon del toreo
«El único arte escénico que se alimenta a sí mismo es la tauromaquia»
DESAVENENCIAS / ATAQUE CONTRA LA FIESTA / La influencia en los creadores
Una prohibición obscena
JAVIER VILLÁN
Lo previsto: los antitaurinos han ganado la votación de la ILP en el Parlament. Y poco ha de importar que la votación haya sido más o menos apretada; o que algunos partidos, para salvar la cara, hayan dado libertad de voto. Las formas, en democracia, aunque sea una democracia corrompida, son esenciales. De poco ha valido la opinión de señalados intelectuales y artistas; y de menos, todavía, ha servido una conciencia popular difusa y desprotegida. Es la puntilla a los toros en Cataluña; la puntilla catalana que ya nos ha alcanzado, como la célebre crueldad de guerreros por el Mediterráneo sin piedad; viejos pueblos que combatieron contra estos mercenarios aún maldicen: «Venganza catalana te alcance».
Se ha impuesto a cualquier otra consideración el pragmatismo y la disciplina del soberanismo catalán: los toros son perversos porque son de raíz española. Frente a esto nada pueden llamamientos de última hora, manifiestos culturales y ruedas de prensa sobre la memoria histórica del toreo; la corrida había que defenderla, tiempo atrás, desde su propia esencia y su naturaleza. Y en este sentido, durante años la gerencia de la plaza y la heroica afición de Cataluña se abandonaron al dulce nirvana de las resacas turísticas. La Monumental de Marina acabe convertida en pisos, como ocurrió con el Chofre donostiarra. Y así se descabellan dos toros de un mismo cachetazo: golpe al imperialismo español y vía libre a la especulación inmobiliaria. Economía, Horacio, economía.
De una llamada intelectual y abstracta a la libertad sólo se deriva un victimismo llorón y la proclamación del derecho a la libertad que, de puro evidente, es una verdad mostrenca. Con una conciencia fuerte, con una afición más beligerante, el abolicionismo antitaurino no lo tendría tan fácil. Pese a todo, la cuestión taurina en Cataluña es fundamentalmente política: ni arte, ni ecología, ni humanismo animalista: política pura y dura; ideología rastrera e hipócrita, patriotismo secesionista. Quienes siembran estos vientos recogerán tempestades en forma de votos tránsfugas o precarios. Y tendrán que recomponer un mapa político amenazado o apuntalar una ruptura anhelada o simulada.
A los aficionados les basta, en líneas generales, con ir a los toros; a los políticos les incumbe solucionar los desaguisados de sus gestiones y sus votos. A ver cómo se resuelven las consecuencias de una Cataluña sin toros. Pero a ver cómo limpiamos también, desde dentro, la Fiesta de mercaderes y mangantes. Sin esta depuración todos los nacionalismos e incluso los regionalismos asilvestrados hallarán el camino fácil.
La abolición de las corridas es un hecho obsceno favorecido por toda clase de cambalaches, pero la Fiesta tiene que blindarse a sí misma. Los abolicionistas lo tendrían más crudo si enfrente hubiera una línea de defensa menos permisiva con los desafueros del taurinismo. Los antitaurinos no han hallado oposiciones fuertes y cimentadas. Pudieron engañarnos las corridas patrióticas de José Tomás en la Monumental de Marina y los muchos aficionados de toda España que acudieron al rescate de la Barcelona taurina con pensamientos políticos a la contra. Además, un torero solo no salva la Fiesta.
Estaba claro que ese rescate no podía ser eterno y que Barcelona tendría que salvarse por sí sola, aunque no se llenara la Monumental. Pero eso no es un argumento para cerrar el chiringuito; tampoco se llenan otras plazas y no se cierran. Hace tiempo defendía yo que si, en un país tan católico como España, ni las excomuniones de los papas habían conseguido acabar con la corrida, nada podría amenazarla.
Me equivoqué; ha bastado un viento catalanista para que el edificio de la tauromaquia se cuartee. Ojo al parche, porque, en una España tribal la prohibición puede ser contagiosa. Así se las ponían a Fernando VII