OFENSIVA TERRORISTA / La investigación
La Guardia Civil blinda las investigaciones de BurgosImpide a la Policía ver las imágenes de las cámaras de seguridadFERNANDO LÁZARO/MadridLa investigación sobre el intento de masacre en Burgos no está siendo precisamente un camino de rosas. Siempre que se produce un atentado contra un cuerpo de la seguridad del Estado es éste es el que se hace cargo de forma preferente de las investigaciones. Y así ocurre en el caso del atentado perpetrado por ETA el pasado miércoles contra la casa cuartel de la Guardia Civil de Burgos.
Pero también es cierto que, en todos los casos, el Cuerpo hermano (en esta ocasión la Policía Nacional) colabora activamente en las pesquisas y tiene acceso al material que obra en poder de los investigadores para tratar de desentrañar el atentado y avanzar en su resolución.
Pero, en este caso, la investigación está blindada. Desde el Ministerio del Interior se ha dado luz verde a que sea la Guardia Civil la que controle todos los datos sobre el atentado. Y esta decisión ha provocado tensión y malestar en los servicios de información de la Policía Nacional. Según explicaron a este periódico fuentes de la investigación, la Guardia Civil no está facilitando todo el material del atentado a la Policía Nacional para que colabore en las investigaciones.
De hecho, según estas mismas fuentes, la Policía no ha tenido acceso a las imágenes de las cámaras de videovigilancia de la casa cuartel. En las grabaciones se recoge el momento en el que los terroristas aparcaban la furgoneta Mercedes Vito a apenas 20 metros de las dependencias del Instituto Armado. En esas imágenes se observan todos los datos (incluido el color) de la furgoneta usada por los terroristas y se observa, con poca nitidez, a una pareja de etarras. Los policías reclaman las imágenes para tener todos los datos y poder avanzar en sus pesquisas. Pero la Guardia Civil ni les ha facilitado esas imágenes ni los datos que han obtenido durante las primeras horas de las investigaciones.
El malestar policial es importante. Los agentes de la Comisaría General de Información recuerdan que los Cuerpos de la Seguridad del Estado están para sumar esfuerzos y tratar de localizar a los autores del intento de masacre.
Las fuentes consultadas por EL MUNDO apuntan la posibilidad de que la Guardia Civil no facilite las imágenes para evitar, o por lo menos postergar que se conozca de que la furgoneta utilizada por los terroristas era exactamente igual que la incluida en la alerta policial enviada desde Francia. Hace unas semanas, desde el país vecino se alertó de que ETA había logrado introducir en España tres furgonetas cargadas de explosivos, una de ellas, una Mercedes Vito de color verde. Al parecer, el vehículo utilizado en el atentado también era verde.
Las fuentes consultadas por este periódico precisaron que, tras nuevos análisis, la cantidad de explosivos barajada por los especialistas se eleva a más 400 kilos. Además, tras revisar todas las cámaras de seguridad de las gasolineras de la Nacional I, se ha podido averiguar que el coche lanzadera utilizado por el comando también para huir era un todo terreno
OFENSIVA TERRORISTA / La investigación
La Policía convencida de que los etarras siguen en MallorcaLas fuerzas de seguridad buscan un piso franco de los terroristas en los alrededores del municipio de Calvià / Una testigo identifica a la etarra Itziar Moreno, cuya foto ha difundido Interior, a la que vio unos minutos antes del atentado / La huella de un colaborador fichado de ETA apareció hace un año en un coche desde el que una pareja fotografiaba el puertoOFENSIVA TERRORISTA / La estrategia
ETA quiere matar en verano para negociar en otoñoEn paralelo, ex presos escenificarían su oposición a la continuidad del terrorismoJUAN RIERA ROCA / ENRIQUE FUERIS/PalmaLa operación Jaula continúa. Las carreteras, las gasolineras, los aeropuertos y puertos de Mallorca siguen vigilados. Las fuerzas de seguridad trabajan con la casi certeza de que los autores del atentado del jueves están aún en la isla, escondidos, a la espera de que se relaje la presión policial. Por ello, ahora peinan pensiones, hostales marginales, casas okupadas y el entorno radical.
La caza del asesino se centra, por lo que parece, en Palmanova y desde ayer en Peguera y Santa Ponça (Calvià), donde se busca un piso franco alquilado por los terroristas. Allí se han desplazado efectivos del Servicio de Información de la Guardia Civil, el equipo antiterrorista y el de control de grupos antisistema.
Los etarras sabían que el vehículo era utilizado por mandos de la Guardia Civil. Sin embargo, quienes subieron al Land Rover fueron los guardias Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salvá Lezaun. Al parecer, antes de que lo hicieran los guardias también ocupó el coche un brigada que luego se bajó, salvando así su vida. Los malogrados agentes iban vestidos de paisano a llevar el vehículo a una revisión.
Según estos datos, los terroristas tendrían mucha más información en torno a la actividad de la Guardia Civil en Palmanova de la que se planteaba en un primer momento. No sólo sabían que en las oficinas de la calle Na Boira no había inhibidores de frecuencia ni cámaras de vigilancia y que se aparcaba en la vía pública; sabían quiénes utilizaban el coche y a qué hora lo hacían. Mucha información previa.
Sabían que los coches de la Guardia Civil se aparcan en la calle, al lado de otros vehículos, en el caso de estas dependencias de reciente apertura. El sindicato de la Guardia Civil había denunciado estas carencias desde que en 2007 se abrieran las nuevas instalaciones, que complementan las del viejo cuartel, que sí está dotado de equipos técnicos. La falta de vigilancia electrónica facilitó a los terroristas colocar la bomba entre las 10.00 y las 13.50 horas, periodo en que el coche que explotó estuvo aparcado en ese punto. Actuaron a plena luz.
Todo confirma otra de las hipótesis de los investigadores: que el atentado de las oficinas auxiliares y el fallido con otro coche bomba contra el cuartel de la calle de Miquel dels Sants Oliver, también en Palmanova, habían sido preparados con una profusa información e, inevitablemente, con una infraestructura de base en la isla, apoyados por etarras venidos hace tiempo o por colaboradores baleares.
La Policía está trabajando en estos momentos y de forma especialmente intensa en la localización del piso franco que podría haber acogido a los terroristas y ocultarlos en estos momentos, ya que se afianza la creencia de que les ha sido imposible huir de la isla después de haber perpetrado el atentado.
Las líneas de investigación policial, en este sentido, son tres. En primer lugar, barrer y vigilar las pensiones y hostales de bajo nivel, en calles marginales de los núcleos urbanos, que normalmente no cumplen con las normas básicas de control de hospedaje y, por ello, son propicias para delincuentes.
En segundo lugar se vigila el entorno okupa, casas habitadas por inquilinos ilegales y, por ello, descontrolados. Este entorno sería adecuado para ETA, dado que ciertos okupas profesan ideas revolucionarias violentas. La Policía también investiga en el entorno de los independentistas radicales autóctonos.
La tercera línea de búsqueda del piso franco es la más compleja, ya que se trataría de averiguar si un colaborador de ETA no fichado policialmente había alquilado un piso a su nombre para dar acogida luego a los terroristas. En todo caso, la Policía da ya por cierto que los terroristas tienen en la isla una base donde cobijarse y donde antes habían preparado las bombas lapa que colocaron en dos coches.
Las fuerzas de seguridad siguen ahora la pista de un coche oscuro de alquiler, en el que los etarras podrían haber accedido al lugar de los hechos y escapado después. En la visualización de ese coche se basa la creencia de que siguen en Mallorca.
Por otra parte, las investigaciones aún tratan de esclarecer cómo fue activada la bomba lapa. Algunas fuentes apuntan a que los terroristas emplearon un mando a distancia. Pero otras sostienen que los etarras utilizaron un temporizador para modular el momento en el que el artefacto debía activarse con el movimiento.
De hecho, la Guardia Civil pudo fotografiar la segunda bomba que no estalló. Los artificieros comprobaron que era una lapa que se activa al moverse el vehículo, siempre a partir de que se agote el tiempo programado en el temporizador, informaron a Europa Press fuentes de la investigación.
El hecho de que Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salvá circularan con el vehículo oficial sin que se activase la bomba se debe a que el temporizador estaba preparado para liberar el dispositivo de movimiento a partir de una determinada hora de la mañana del jueves. De esta forma, los terroristas habrían colocado las dos bombas lapa programadas para estallar al día siguiente.
Otra innovación en el modus operandi de ETA es la forma en la que los terroristas adosaron la bomba a los bajos de los coches. Las fotografías realizadas por los miembros del Grupo de Especialistas en Desactivación de Explosivos (Gedex) de la Guardia Civil muestran cómo prescindieron de los habituales imanes y asieron con bridas de plástico la segunda bomba lapa al vehículo, que se encontraba en desuso desde hacía más de un mes.
De hecho, fueron los perros especializados en la detección de explosivos los que alertaron de la colocación de esa segunda bomba en los bajos del otro coche policial.
Las fuerzas de seguridad cuentan con evidencias de que el comando llevaba al menos un año preparando la operación. Bajo esa hipótesis trabajan basándose en pruebas como el descubrimiento en Ibiza de una mochila con detonadores justo hace un año. La bolsa fue hallada junto a la comisaría de Policía Nacional de la capital ibicenca, justo bajo el puente peatonal que conecta el parking exterior con la carretera de acceso al centro de la ciudad.
En esa época, una pareja de jóvenes fue sorprendida por un guarda tomando fotografías en el puerto de Palma. Después de que el vigilante les diera el alto y les advirtiera de que aquélla era una zona restringida, los dos echaron a correr para luego subir a bordo de un coche en el que consumarían su huida. Más tarde, el vehículo fue localizado con huellas dactilares -las del varón- que la Policía identificó con las de un miembro de un comando de información del entramado etarra.
Los seis etarras
Alberto Machain.
Joanes Larretxea.
Itziar Moreno.
Oroitz Gurrutxaga.
Iván Sáez de Jáuregui.
Iratxe Yáñez
OFENSIVA TERRORISTA / La estrategia
Identifican a Itziar MorenoESTEBAN URREIZTIETA/PalmaUna testigo presencial del atentado del pasado jueves en Palmanova que acabó con la vida de dos guardias civiles declaró ayer al Instituto Armado que cree que una de las etarras cuyas fotografías difundió el Ministerio del Interior como sospechosas estuvo poco antes de la explosión en las inmediaciones del cuartel. Esta mujer sostiene que acudió minutos antes del atentado a la sede de Correos a realizar unas gestiones y que se cruzó con la sospechosa. La testigo precisa que la etarra podría ser Itziar Moreno, que aparece en la primera de las imágenes que reproducimos arriba.
La testigo aseguró a la Guardia Civil que se cruzó con ella en una ocasión y que, al ver las fotografías, la identificó casi con total seguridad. El coche bomba explosionó instantes después de que la testigo abandonara el lugar.
La Fuerzas de Seguridad del Estado han pedido la colaboración ciudadana para capturar a los seis terroristas cuyas imágenes han distribuido. Todos ellos son muy jóvenes y pueden estar relacionados con los atentados del miércoles contra la casa cuartel de Burgos y del jueves en Calvià.
Se trata de la mencionada Itziar Moreno Martínez, así como Iratxe Yáñez Ortiz de Barrón, Alberto Machain Beraza, Joanes Larretxea Mendiola, Iván Saez de Jáuregui Ortigosa y Oroitz Gurruchaga Gogorza.
Oroitz Gurruchaga, nacido en Rentería en 1981, es el único que ya figuraba en los listados de los terroristas más buscados.
Iratxe Yáñez e Iván Saez de Jáuregui también son conocidos de las Fuerzas de Seguridad y tienen antecedentes
OFENSIVA TERRORISTA / El duelo
«¡Con las ganas que yo tenía de que empezara a trabajar!»
M. CERDÓ / M. AGUILERA/PalmaEl palacio de La Almudaina se convirtió ayer en una fortaleza del dolor. Los familiares de los dos guardias civiles asesinados, desconsolados junto a los féretros, aún no podían creer lo ocurrido. «¡Con las ganas que yo tenía de que empezara a trabajar!», se lamentaba la madre de Diego Salvá. Los primeros en llegar fueron el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el del PP, Mariano Rajoy, quienes dieron el pésame a los familiares. Después entraron, el president balear, Francesc Antich, y el lehendakari, Patxi López, que no fueron bien recibidos por el público al salir, que les llamó 'hipócritas'. La presidenta del Parlamento vasco, Arantza Quiroga, y el ex ministro Federico Trillo fueron mejor tratados. «¡Arriba, Trillo!», gritó alguien.
En la puerta, los familiares se abrazaban. «Todos juntos somos muchísimo más fuertes», decía Eduardo Salvá, hermano del fallecido. A las 12.00 horas, en la plaza de Cort, se guardaron cinco minutos de silencio, a la que siguieron gritos de repulsa a los atentados.
Los políticos, desde el lehendakari hasta la número tres del PSOE, Leire Pajín, coincidieron en que los terroristas serán «perseguidos y detenidos». Después, todos fueron al funeral que se celebró en la catedral. Allí las Infantas y los Príncipes de Asturias dieron el pésame a los familiares. Los féretros fueron llevados a hombros hasta la catedral por guardias civiles y policías nacionales. El arzobispo castrense, monseñor Juan del Río Martín, habló a los familiares de superar el dolor. «Me han arrancado la paz y ni me acuerdo de la dicha», empezó diciendo en su homilía. Cerró el funeral el obispo de Mallorca, Jesús Murgui: «Ánimo, sed valientes, no estáis solos», les dijo.
Por la tarde, más de 4.000 personas se concentraron en Calvià y 7.000 en Burgos para expresar su rechazo a ETA y su condena a los últimos atentados.
OFENSIVA TERRORISTA
Barbarie, responsabilidad y turismo
CARLOS DELGADO
La barbarie del terrorismo ha golpeado de manera brutal al municipio de Calvià. Un día que en otras condiciones hubiera sido uno más en plena temporada veraniega, cuando nuestras playas y calles reciben la visita de miles de turistas venidos de todas las partes del mundo, se convirtió por unas horas en un mal sueño. La normalidad de un día de verano se vio alterada durante unas horas por la sinrazón del terrorismo.Nada podrá consolar ya a los familiares y amigos de Carlos Sáenz de Tejada García y de Diego Salvá Lezaun, ni mucho menos a esos padres que han perdido lo que más pueden querer un padre o una madre, como es un hijo. Su dolor será ya irreparable. Tampoco nadie podrá borrarnos el recuerdo de un hecho que, seguramente, ninguno de nosotros pensaba que podría ocurrir en una isla como Mallorca. Habíamos creído, quizá desde el ilusionismo, que esta tierra estaba al margen del azote terrorista por motivos logísticos, sobre todo, pero la irracionalidad no distingue de lugares ni condiciones.
Como siempre que actúan, es evidente que los terroristas buscaban causar el mayor daño posible y a fe que, desgraciadamente, lo han conseguido. Las vidas de los dos agentes de la Guardia Civil son un coste muy elevado. Dos jóvenes con todo el futuro por delante y con toda la ilusión por desempeñar una carrera al servicio de los demás. Ellos han sido las únicas y verdaderas víctimas del atentado y cualquier otra consecuencia resulta, pocas horas después, accesoria. En cualquier caso, por nuestra condición de municipio turístico, es evidente que el atentado también tuvo unas consecuencias específicas y una lectura nacional e internacional ajena al gran drama de la muerte de los dos guardias civiles. Medios de comunicación de toda Europa y, en especial, de nuestros dos principales países emisores de turistas como son Reino Unido y Alemania, se apresuraron a analizar en clave turística las consecuencias del atentado. Incluso desde el Foreign Office británico se emitió un comunicado que me atrevería a tildar de alarmista, en el que se hablaba textualmente de la posibilidad de «ataques indiscriminados».
Como alcalde de Calvià, el primer municipio turístico de Mallorca, me gustaría salir al paso de algunos de estos análisis sobre la posible afectación que un hecho de estas características pudiera tener en nuestra principal actividad económica y lanzar un mensaje claro y contundente: Calvià, Mallorca y Baleares son un destino seguro para todos aquellos que nos visitan. Es evidente que un hecho de estas características no resulta agradable para nadie y que, por momentos, puede trastocar el quehacer diario y los planes de nuestros residentes y de los numerosos visitantes que conviven durante estas fechas con nosotros. Por eso, me siento especialmente orgulloso del ejemplo de colaboración que todos los vecinos de Palmanova y los turistas de la zona han dado durante las últimas horas. El comportamiento de éstos contrasta con los mensajes alarmistas y demuestra el grado de integración en esta tierra de los que nos visitan. Lo mejor que podemos decir 48 horas después de perder a dos de nuestros ciudadanos es que Palmanova vuelve a recuperar su normalidad, donde el turista disfruta de la playa y de la oferta hotelera de la zona y los residentes siguen con sus ocupaciones. Ésa es la mejor respuesta que se les puede dar a los terroristas: mantener nuestras costumbres, nuestra actividad turística y nuestro quehacer diario. Calvià, Mallorca y las Illes Baleares han sido siempre un ejemplo de hospitalidad. Han abierto siempre sus puertas a quienes nos han visitado, procedentes de todos los lugares. Sin ir más lejos, en Calvià conviven de manera pacífica más de 100 nacionalidades, y así seguirá siendo. Ése es nuestro principal valor y lo que nos hace estar absolutamente convencidos de que ninguna acción terrorista alterará la vida pacífica que cualquier ciudadano puede disfrutar en nuestra islas.
Desde aquí animo a todos aquellos que tienen pensado veranear en nuestras islas a seguir haciéndolo, porque es la única respuesta posible. La madurez del sector turístico mallorquín, la responsabilidad de otros agentes del sector, como turoperadores y agencias, y la fidelidad de nuestros turistas son el mejor aval posible para pensar que así seguirá siendo. Lo contrario sería permitir que los terroristas obtengan un segundo éxito. En nuestras manos está evitarlo.
Y a Carlos y a Diego, mi gratitud eterna y la de todos los calvianers por haber trabajado por nuestra seguridad hasta el punto de perder su vida por todos nosotros.
Carlos Delgado es alcalde de Calvià.
OFENSIVA TERRORISTA / Las víctimas
Diego había vuelto al trabajo el día que fue asesinado
Para mantener su plaza pidió el alta anticipada tras estar en comaM. AGUILERA / R. D. YAGÜE/ J. CORCUERA/Palma / BurgosUna terrible casualidad casi acabó con su vida el 15 de marzo del 2009. Los asesinos de la banda terrorista ETA y la mala suerte lo han conseguido cuatro meses después. En aquel día de marzo, iba con su Kawasaki Z750 por la autovía Palma-Llucmajor cuando otro motorista se echó sobre él. El choque fue brutal. Estuvo 18 días en coma y casi un mes en la UCI de Son Dureta debido a un traumatismo craneal severo. Los ocupantes de la otra moto no sufrieron heridas tan graves y se recuperaron pronto. Diego salió milagrosamente del coma y apenas se acordaba de nada.
Poco a poco fue recobrando la memoria y el habla. Su familia vivió un verdadero calvario y el personal de Son Dureta se empeñó tanto en su recuperación que hace dos días que decenas de médicos y enfermeras están totalmente desconsolados. No fue consciente del accidente que había sufrido hasta su viaje en la ambulancia hacia su rehabilitación en San Juan de Dios. Ni siquiera se acordaba de que hubiera cortado poco antes del terrible suceso con su novia, Vanesa.
Diego Salvá era valiente y consiguió rehacer su vida. Incluso volvió con Vanesa. Sus amigos recuerdan lo que le gustaban las motos, los ordenadores, los juegos on line y lo mucho que quería a su perro.
Estudió en el colegio Virgen del Carmen de Palma y dejó los estudios para trabajar de guardia de seguridad en los centros comerciales de Porto Pi y Festival Park. Su ilusión era ser Guardia Civil. Desde siempre había destacado por su buena puntería. Uno de sus amigos le alertó del peligro que aquello suponía: «En ese trabajo te las vas a tener que ver con las balas», le dijo.
Tras el accidente y cuatro meses de hospitales no aguantaba más.
Pidió el alta anticipada para poder reincorporarse a su puesto en el cuartel de Palmanova con el fin de mantener la plaza. Consiguió su objetivo, pero en su primer día de trabajo unos terroristas acabaron con su futuro. Ayer, su familia lo enterró en una ceremonia íntima.
También ayer, los padres y las hermanas del otro asesinado por ETA, Carlos Sáenz de Tejada, se desplazaron por la tarde a Palma con el deseo de que su hijo pueda descansar en paz en Burgos, de donde procedía.
La familia está «destrozada y hecha polvo» por la muerte de Carlos, explicó uno de sus primos a la puerta de la vivienda familiar de los Sáenz de Tejada.
Sus allegados lo describieron como una persona «muy buena, muy tranquila, formal y con una vocación definida: la de ser militar, policía o guardia civil». El sueño de toda su vida que pudo hacer realidad en Mallorca, donde «hacía una semana había conseguido el destino definitivo». Según su primo, Carlos tenía intención de completar ese sueño con un destino en el País Vasco.
«Nunca tenía miedo» a ejercer su profesión y «se encontraba muy contento y muy feliz» de estar trabajando en Mallorca, donde se había quedado tras superar el periodo de prácticas
OFENSIVA TERRORISTA / Las víctimas
«Habría que reventarles las manifestaciones»LEYRE HUALDE/BilbaoEntre los cientos de ciudadanos que se acercaron ayer al Ayuntamiento de Bilbao para mostrar su rechazo a ETA, estaba Rubén Puelles, hijo mayor del inspector Eduardo Puelles, asesinado por la banda el pasado 19 de junio. «Son una banda de hijos de puta, con todas las letras», afirmó. La misma opinión le merecen quienes apoyan a la organización terrorista: «Son exactamente iguales. Me parece una vergüenza que se estén manifestando tranquilamente. Lo que habría que hacer, si se pudiera, es ir y reventarles las manifestaciones y hacer lo mismo que hacen ellos». El joven, de 21 años, llegó solo al acto y se situó entre la gente, cerca de las escaleras del consistorio. Tan sólo los sentidos aplausos finales rompieron el silencio tras 10 minutos de concentración. Y fue entonces cuando el alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, reconoció a Rubén Puelles y acudió a saludarle. El joven quiso enviar un mensaje de ánimo a los familiares de las últimas víctimas de la banda terrorista. «Quiero mandarles todo mi apoyo y decirles que poco a poco saldrán adelante, aunque es difícil, porque ya no hay vuelta atrás», declaró. Puelles consideró que a la banda terrorista «ya le da todo igual, porque han atacado directamente a las familias y a los niños de los agentes». «ETA ha perdido la cabeza completamente, y sus matanzas no tienen sentido», añadió. Y recalcó el hecho de que el último atentado tuviera lugar en Palma de Mallorca, «un sitio donde la gente está de vacaciones»
ANIVERSARIO CRIMINAL/ (1) EL NACIMIENTO DE ETA
El primer trayecto de una carta malditaETA desaprovechó desde el principio sus oportunidades para contribuir a la Democracia Aunque la organización terrorista nació en diciembre, en un bar de San Sebastián, la fecha que ha quedado marcada ha sido la del envío de una misiva por parte de uno de los fundadores al 'lehendakari' en el exilio. Fue desoída pero constituyó el principio de una pesadilla.ÁNGELES ESCRIVÁ/MadridETA, en realidad, nació en Navidad. Y además se llamó ATA. Ata, en euskara, quiere decir pato. Por esa razón, sus fundadores se apresuraron a cambiar unas siglas de tradu-cción tan hilarante por otras más serias. Sin embargo, los años y las simplificaciones han asentado como convención el 31 de julio de 1959 -emblemático día de San Ignacio - como el de la gestación de ETA, porque fue esa jornada cuando Txillardegi, José Luis Álvarez Emparantza, remitió una carta al lehendakari en el exilio, José Antonio Aguirre, con una oferta de colaboración, en el que constituyó el primer acto oficial de la banda terrorista. Hace un par de meses, a la organización se le incautó un documento que contenía sus planes más inmediatos. Su intención era ponerse en contacto con las bases del PNV, del mismo modo que ocurriera hace 50 años. Y del mismo modo que hace 50 años, tenía previsto enviar una carta al lehendakari tal día como el viernes 31 de julio, para que se uniera a su proyecto de construcción nacional. Al lehendakari... Ibarretxe, claro. La banda ni imaginó que, a estas alturas, un no nacionalista, el socialista Patxi López, podía estar dirigiendo los destinos del País Vasco.
Ésa es una de las diferencias, uno de los elementos indicadores de lo a contrapié que está una organización que, sola en Europa, sigue empeñada en cabalgar, con total ausencia de compasión, a lomos de los casi 1.000 muertos que tiene en su haber y que ha rechazado una buena cantidad de manos tendidas desde entonces. Incluida la que le hubiera permitido asumir, con cierto reconocimiento, el papel de hostigador del franquismo que alguna vez se le atribuyó.
Un ejemplo de oportunidad perdida, aunque más tarde fuese aprovechada a medias: la mañana de 21 de mayo de 1977, en las cárceles de Carabanchel, Cáceres y Córdoba parecía que se había parado el tiempo para cinco presos de ETA. Entre ellos probablemente se encontrara el tipo que acabó a balazos en Irún con el comisario Melitón Manzanas, en el que constituyó el primer atentado premeditado del largo historial de asesinatos que se disponía a construir la banda terrorista. Probablemente porque la identidad del autor de aquellos hechos siempre ha sido considerado el secreto mejor guardado de ETA.
Jokin Gorostidi, Xabier Larena, Eduardo Uriarte, José María Dorronsoro y Mario Onaindia llevaban horas en vilo esperando noticias. Se estaba negociando su salida, pero ninguno de ellos sabía cuál había sido la decisión del Consejo de Ministros del día anterior, porque en las últimas horas habían pasado algunas cosas inesperadas, violentas, comprometedoras.
Ese viernes, en pleno desarrollo del Consejo, el gobernador civil de Vizcaya había llamado a Otero Novas con un mensaje urgente: «José Manuel, acaban de secuestrar a Ybarra». Otero Novas, secretario de Estado, contaba años más tarde cómo tardó apenas segundos en ponerse en contacto con el abogado Juan Mari Bandrés. «¡Coño, esto no era lo pactado!», le reconvino. Bandrés llamó a ETA y le respondió: «Me juran que son incontrolados».
Otero Novas sacó al presidente Suárez de la reunión ministerial para informarle, le recomendó seguir adelante con el plan de excarcelar a todos los presos -entonces denominados políticos-, y consiguió el visto bueno del Gobierno, sin más.
La incertidumbre de aquellos presos duró, efectivamente, hasta las 10.15 horas del día siguiente. Una vez les fue comunicada la noticia, los funcionarios les rogaron que no hiciesen ruido al salir para evitar situaciones bruscas con los comunes, les subieron a un furgón y, escoltados por la Guardia Civil, les llevaron al aeropuerto de Getafe.
De modo que los cinco fueron instalados en un Azor de la II Guerra Mundial y, de un modo insólito, un avión militar españól ayudó a salir a cinco miembros de ETA hasta el aeropuerto de la OTAN en Bruselas. Incluso antes de llegar al espacio aéreo belga, los policías que les custodiaban les quitaron las esposas, compartieron con ellos los bocadillos y les entregaron el dinero de bolsillo que había dispuesto el Estado español.
Al llegar, fueron recibidos como héroes. No en vano, eran los condenados a pena de muerte en el proceso de Burgos.
Hasta la celebración de ese proceso, las siglas de ETA aludían a un grupo de jóvenes incipientemente violentos pero todavía con escasa repercusión. En 1968, como señala el catedrático Antonio Elorza, aún podía esperarse desde el exterior que la organización se autodestruyese por el enfrentamiento entre izquierdistas y nacionalistas, pero a fines de 1970, el proceso contra el grupo acusado de la muerte de un policía con fama de torturador cambió las tornas, convirtió a la organización en el símbolo contra la represión franquista sufrida por los vascos y le proporcionó un trampolín político en el extranjero, pero también en una parte de la opinión pública española, que durante años confirió a los etarras un halo romántico y progresista.
Sin ir más lejos, el propio Onaindia, que después se la jugaría contra ETA, nunca abjuró de aquella época porque la asimilaba a la lucha contra el franquismo.
En cualquier caso, los del proceso de Burgos fueron los simbólicos terroristas a los que el primer Gobierno de Suárez dio la libertad en Bruselas utilizando una añagaza legal como la del extrañamiento, forzada hasta la parodia, con el único fin de conseguir que, como dijo Suárez, «un día antes de las elecciones generales de 1977, las primeras ele-cciones democráticas, ni un solo preso político quedase en prisión». Cuestión de legitimidad. Durante un año, había ido saliendo el resto a la calle. Quedaban ellos y se les dejó organizarse en el extranjero, y volver, y participar en campañas electorales, y se les dio la oportunidad de coadyuvar al desarrollo de la Democracia. Algunos lo hicieron, al contribuir a que los peemes -la rama político militar de ETA- se disolviesen en 1982 y se incorporasen a la normalidad democrática fundando Euskadiko Ezkerra y asociándose con el PSOE, pero otros buscaron la excusa de considerar al incipiente régimen como un mero proceso reformista e iniciaron una época de oprobio que acabó respondiendo al doloroso y gráfico título de los años de plomo.
Pero ellos no eran, estrictamente, los fundadores de esta historia. Ellos eran los ejecutores de la iniciativa concebida por aquellos jóvenes que se reunieron en la Navidad de 1958 en un bar de San Sebastián -Julen Madariaga, Irigoyen, Manu Aguirre, José María Benito del Valle, Gainzarain, Txillardegi, Larramendi y Albizu- para, a partir de entonces, redescubrir el nacionalismo y difundir sus ideas. Así, accedieron a impartir charlas a las juventudes del PNV que, escapando del intento de control de sus mayores -hubo una reunión que resultó inútil, entre Ajurriaguerra y los fundadores de ETA para reconducir la situación-, canalizaron la frustración de su partido por la permanencia de la dictadura.
Fueron miembros de EGI, las juventudes del PNV, los que empezaron a colocar ikurriñas y a pintar monumentos conmemorativos. Fue uno de sus militantes, José Antonio Etxebarrieta, quien, junto a otros miembros de EGI, se convirtió en defensor del terrorismo a finales de los 50 y se desplazó a Irlanda para aprender el funcionamiento del IRA.
Sus primeros delitos organizados fueron un desastre de ejecución: el intento de descarrilar el tren de un grupo de veteranos franquistas que se desplazaban a San Sebastián a conmemorar el Alzamiento no consiguió más que provocar una oleada de detenciones que afectó a la mayor parte de los dirigentes de ETA. Un comando de la banda, tras prácticamente consensuar públicamente la iniciativa de cometer un atraco, asaltó a un cobrador del Banco de San Sebastián y se llevó una bolsa de letras de cambio que carecían de utilidad alguna.
Pero, precisamente a partir de esa última chapuza, uno de los principales ideólogos de la banda fue arrestado y se puso en marcha una inercia característica en la banda durante muchos años: los arrestos forzaban la necesidad de encontrar nuevos sustitutos y, lejos de debilitar a la organización, la reafirmaban. Hasta el punto de que, en 1969 ETA ya había tenido al menos tres cuadros directivos y había conseguido reclutar a más de 200 activistas organizados sólo en la ría de Bilbao.
Los estudiosos de la situación, como José María Garmendia, señalan a la represión franquista como el mejor de los potenciadores de una respuesta que podía compartir otros orígenes más nacionalistas -en aquellos años, teóricos como Krutwig alentaban el delirio de un país mítico sometido por una potencia colonial-. Garmendia refuerza con un dato su tesis, compartida por otros expertos: en 1969, «hubo 1.953 detenidos sin juicio, la represión era indiscriminada y alcanzaba a todo lo que se movía».
Hay que añadir que los fundadores y continuadores de ETA no estaban desvinculados de las modas ideológicas. Eran los tiempos de las Brigadas Rojas, de la Baader Meinhof, del IRA, de los procesos de independencia en el norte de África. A diferencia de los actuales militantes, aquéllos contaban con una sólida formación académica e ideológica, que igual bebía de la teoría tercermundista de los frentes del comunismo vietnamita de Truong Chinh como de las obras de Lenin. Y se generaron enfrentamientos internos enormes por definir a ETA como nacionalista o como de izquierdas. De hecho, quienes justifican su militancia de entonces en la lucha contra el franquismo responsabilizan a Julen Madariaga de la deriva violenta de la organización en pos de la independencia influido por la argelina, que era de donde procedía.
Pero lo cierto es que muchos llevaban pidiéndolo a gritos prácticamente desde el principio. Por resquemor histórico. Y les ayudó la fatalidad. Mientras preparaba el atentado contra los jefes de las Brigadas de Bilbao y San Sebastián, Txabi Etxebarrieta se tropezó con una patrulla de tráfico que le dió el alto por exceso de velocidad. Había tomado pastillas para aguantar estudiando. Sacó la pistola y mató a José Pardines. Le vio un camionero que dio las pistas para que los agentes le localizasen y le abatiesen a tiros.
La diferencia entre la simpatía que suscitaba ETA respecto a la época actual es tan abismal como que buena parte de la sociedad asimiló a Etxebarrieta como un tipo «encantador». El escultor Oteiza, que estaba finalizando sus figuras en la fachada de la catedral de San Sebastián, añadió la de la Piedad, pero sin su hijo yacente, en recuerdo y homenaje del terrorista.
El asesinato de Pardines y la muerte de Etxebarrieta precipitaron el atentado contra Manzanas que provocó el juicio de Burgos, de repercusiones narradas. Sus consecuencias acallaron incluso el enorme malestar interno y el estupor que causó el atentado de la calle del Correo, en el que murieron 14 personas, que además quedó enterrado absolutamente por la operación Ogro. Hacía ya bastantes años que se había dado un paso adelante que resultó irreversible, pero este hecho, el asesinato del almirante Carrero Blanco, además fue jaleado como el que permitió el paso a la Democracia. La inercia de los atentados como justificación de la existencia de una banda terrorista acababa de empezar. Como lamenta otro ex miembro de ETA, Kepa Aulestia, desde entonces «las armas se quedaron con las siglas».
LAS ASAMBLEAS CLAVE
I-II
La ejecución chapucera de los primeros atentados de la banda, en concreto, el descarrilamiento fallido del tren con los veteranos de la guerra, obligó a la reflexión en la incipiente militancia y ocasionó la convocatoria de la primera Asamblea de ETA en mayo de 1962 en la Abadía de Benedictinos de Belloc. Se pusieron en marcha los llamados «Principios de ETA» y una publicación denominada Zutik, pero si algo llama la atención es que en ellas no se hablaba del uso de la violencia. Hasta hubo militantes partidarios de Gandhi que querían acabar con la dictadura mediante medios pacíficos, que tuvieron que ser corregidos por el fundador Madariaga al grito de «Euskadi se encuentra en estado de guerra con el ocupante extranjero».
En la II Asamblea empezaron a vislumbrarse las divisiones entre izquierdistas y nacionalistas hasta el punto de que la reunión llegó a ser cambiada de sitio para que los primeros no llegasen. Fue poco después, en la celebración de un Aberri Eguna cuando pareció inclinarse la balanza hacia el nacionalismo al publicarse el manifiesto en el que se proclamaba que «la nación vasca está separada en dos bajo la dependencia de los estados francés y español».
III
La III Asamblea ya abordó una ponencia sobre la lucha armada llamada «la insurrección en Euskadi». Pero, en realidad, las aportaciones que marcaron impronta las realizó José Luis Zalbide, un estudiante de Ingeniería que, al decir de los expertos, supo sintetizar lo que se esperaba del nuevo nacionalismo y acuñó varios términos que, años más tarde, seguirían siendo utilizados: el de «guerra revolucionaria», que es «el proceso político militar» cuya meta es la autodeterminación y cuyo instrumento es la «acción-represión».
Es decir, la capacidad de una minoría para asestar golpes psicológicos que provoquen al Estado de modo que éste se vea obligado a reprimir violentamente la agresión en las espaldas del proletariado y provoque así la rebeldía de la población. Durante muchos años, éste ha sido el método empleado por ETA hasta conseguir dar la impresión de «empate infinito» con el Estado, la sensación de que nadie podía ganar en esta espiral y no habría más remedio que negociar.
Y su segunda aportación fue recogida en una «carta a los intelectuales» en la que se hablaba de que la revolución social y la nacional eran «la moneda de las dos caras».
IV-V
En 1964, una denuncia efectuada por un ciudadano que decía estar siendo extorsionado, provocó que los miembros de la cúpula de ETA se desperdigaran por Bruselas, Venezuela y Argelia. Se fueron Benito del Valle, Madariaga o Txillardegi y, por primera vez, se produjo un relevo en ETA, el de la segunda cúpula formada por Patxi Iturrioz, José María Escubi y los hermanos Etxebarrieta, quienes convocaron una IV Asamblea que se inició en la Casa de los Jesuitas, pero tuvo que seguir en una cabaña de ovejas. En una de las más importantes reuniones de la historia de ETA, se hizo oficial la teoría de «la moneda de las dos caras» y se estructuró la banda en aparatos: militar, activista, de información y político.
El chapucero robo de las letras de cambio ocasionó, no obstante, que el ideólogo Zalbide fuese detenido y Escubi se tuviera que exiliar. Una crisis más significaba una asamblea más, en este caso la V, con Iturrioz mandando la organización y con una clara inclinación hacia el marxismo. Se suceden los atracos, la colocación de artefactos en cuarteles de la Guardia Civil y contra El Correo Español. Se produjo la redada de las llamadas siete calles.
VI
Los que consiguieron eludir la detención, José María Garmendia, Unai Fano, Patxo Unzueta, Peru Erroteta o José Vicente Idoyaga convocaron la VI Asamblea, en la que se reproduciría el debate izquierdismo-nacionalismo y se escindirían quienes no aceptan la legitimidad de la asamblea anterior. Aquella reunión fue una olla a presión en la que todas las tendencias de la organización parecieron reunirse para realizar un ajuste de cuentas múltiple. Se escribió mucho, se aclaró poco. Al decir de Garmendia, «ETA VI, una vez proclamada la organización proletaria, trató con desprecio digno de mejor causa a los pequeños burgueses nacionalistas de ETA V».
En ETA V quedaron militantes como Argala, que sentaron las bases de lo que sería ETA-militar. Pero los hubo que también discreparon, como Pertur, partidario de la convivencia entre la lucha política y la militar y que fue el germen de los poli-milis. Se llevaron a cabo atentados como el de la cafetería Rolando, en la calle del Correo de Madrid, con 14 muertos, que generarían divisiones. Argala fue asesinado por el Batallón Vasco-Español; Pertur, por sus propios compañeros