NUEVA AFRENTA DE GIBRALTAR: Retenidos en Gibraltar cuatro guardias civiles que perseguían una lancha sospechosa

Retenidos en Gibraltar cuatro guardias civiles que perseguían una lancha sospechosa
Los agentes entraron en el puerto del Peñón cuando perseguían a dos narcotraficantes
FERNANDO LÁZARO
Madrid
Los rifirrafes y desencuentros entre las Fuerzas de Seguridad españolas y la Policía de Gibraltar en aguas del Estrecho alcanzaron ayer un punto de máxima tensión, cuando agentes del Peñón procedieron a detener a cuatro guardias civiles que habían entrado en el puerto gibraltareño durante una operación.
Según explicaron fuentes del Instituto Armado, los guardias españoles estaban persiguiendo una embarcación sospechosa y se internaron en aguas que las autoridades del Peñón reclaman como propias y que España no reconoce.
Los agentes de la Guardia Civil que trabajan en el Estrecho estaban ayer en especial alerta, debido a una alarma antiterrorista que había activado un protocolo especial de seguridad en la zona.
Entre otros cometidos, las patrulleras y las embarcaciones del Instituto Armado tenían como misión vigilar de cerca a un buque de EEUU que se encuentra en el Estrecho y que son objetivo preferente del terrorismo internacional.
A primera hora de la noche, una embarcación semirrígida de la Guardia Civil descubrió a una lancha que merodeaba de forma sospechosa cerca del buque estadounidense. Temiendo que planeara alguna acción, que estuviera recogiendo información o incluso que pudiera estar realizando algún tipo de contrabando o narcotráfico, los agentes españoles pusieron rumbo a ella e intentaron apresarla.
Se desató entonces una veloz persecución por las aguas del Estrecho. La Guardia Civil se movió sin limitaciones, como corresponde a un Cuerpo de un país, España, que no reconoce a Gibraltar aguas propias.
En el fragor de la persecución, la lancha sospechosa se dirigió hacia el puerto de Gibraltar. Sus intenciones no eran malas y, de hecho, los agentes del Instituto Armado consultaron con sus superiores lo que debían a hacer. La respuesta la recibieron clara y alta: «¡A por ellos!».
Cuando ya estaba en las aguas que rodean el puerto gibraltareño, la embarcación española alcanzó la lancha y detuvo a las dos personas que iban en ella. Resultaron ser dos hombres gallegos que estaban realizando alguna actividad ilegal relacionada con el narcotráfico.
Fue en ese momento cuando hizo su aparición la policía del Peñón, que interceptó a todos los que se encontró en las aguas cuya jurisdicción reclama: los cuatro guardias civiles y los dos gallegos. Los agentes españoles, que iban perfectamente uniformados y eran totalmente identificables, no ofrecieron ninguna resistencia, pero tuvieron que entregar sus armas reglamentarias. Trasladados a tierra, fueron interrogados en dependencias policiales llanitas sobre lo sucedido y a última hora de ayer ya habían regresado a Algeciras, informa Alberto Espinosa. Sin embargo, las autoridades gibraltareñas se quedaron con la embarcación de la Guardia Civil y las armas reglamentarias de los agentes españoles.
Las gestiones del Gobierno español para conseguir la liberación de los agentes las encabezó el propio ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, que telefoneó al ministro principal de Gibraltar, Peter Caruana, para darle una explicación. Según informó Efe, Rubalcaba le pidió excusas a Caruana por la «actuación incorrecta» de los agentes.
Pese a la, en principio, rápida solución del incidente, la detención de cuatro guardias civiles es un paso más en el acoso que las Fuerzas de Seguridad españolas han sufrido recientemente en el Estrecho por parte de las autoridades del Peñón y de la misma Armada británica
Seis años sin ver a su hija por una falsa denuncia de abusos
Su ex mujer lo acusó en plena separación y ha sido absuelto
Sevilla
El principio del particular pozo oscuro en el que se sumergió la vida de M. A. T. B. comenzó hace ya seis años. Entonces, su mujer le pidió la separación y le acusó de haber abusado sexualmente de la hija de ambos, de dos años. No hubo muchas dudas en su pueblo y este hombre sufrió una violenta condena social, que le impidió ver a la niña y que le sumió en un infierno que ha durado más de un lustro.
Ahora, la Audiencia de Sevilla ha dictado sentencia y le ha absuelto. No hubo abusos. La niña tenía lesiones, pero la Justicia dice que se debían a que tenía lombrices y se rascaba con insistencia.
Hasta aquí llega el fallo judicial. No habrá compensaciones para este hombre de 37 años, que no ha podido ver a su hija en todo este tiempo, que intentó suicidarse dos veces, que perdió su trabajo, que no consiguió que funcionara un segundo matrimonio, que está sumido en una depresión crónica, que necesita tratamiento psicológico permanente y al que se le ha diagnosticado un cáncer de colon y otro de piel.
Son las secuelas de una «denuncia falsa» de su ex mujer, que en seis años ni siquiera le ha permitido ver a su hija en las visitas pertinentes. La niña, según M. A. T. B., se refiere a él como «el hombre malo» y no se acuerda de él. Sus únicas referencias sobre su padre se las ha dado su madre, la de la «denuncia falsa», informa Efe.
Con la sentencia en la mano, este hombre quiere que su ex pareja pague. Primero, dice que pedirá la custodia de su hija, aunque aún no sabe cómo le dirá: «Soy tu papá». Segundo, pedirá una indemnización y reclamará que su ex mujer «lo pague», porque no puede «quedar impune». Y tercero, quiere que la Justicia conozca lo que ha ocurrido con él. «Hay que ser más contundente en estos casos, no puede durar tanto».
Ese «tanto» son los seis años que ha durado el proceso judicial y lo que le ha tocado sufrir. «He estado acusado de una cosa muy grave, eso ya no me lo quita nadie, y más en los pueblos», repetía ayer.
Por todo ello, pidió a «la Justicia y lo que hay detrás de la Justicia, el Ministerio, que echen cuentas de estas cosas». «Me he tirado casi siete años sufriendo como un perrillo y me han destrozado mi segundo matrimonio. Soy inocente, pero yo ya lo sabía; ¿quién me devuelve ahora mi felicidad?», se lamentaba.





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