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martes, 8 de diciembre de 2009

MADRID A TOPE: Los turistas invaden Madrid en el puente de la Constitución



Los turistas invaden el centro

Puente de la Constitución. Miles de visitantes de toda España aprovechan los días festivos para recorrer la capital, con colas ante el Congreso, el Palacio Real y los principales museos, y aglomeraciones en los restaurantes y bares de tapas

CARLOS MEDRANO

Madrid es una ciudad tomada. Legiones de turistas venidos de toda España parecen haber invadido la capital aprovechando el puente de la Constitución. Valencianos, andaluces, extremeños, murcianos -además de los habituales visitantes extranjeros-. Todos parecen haber elegido Madrid como destino y no están dispuestos a abandonar la ciudad sin antes saborear unas tapas en el centro y haber visitado el obligatorio museo.

Prueba de esto eran las impresionantes aglomeraciones que ayer abarrotaban lugares tan emblemáticos como la Puerta del Sol, la Plaza Mayor y, sobre todo, la calle Preciados. Esta vía, que ya de por sí suele colapsarse durante los fines de semana, se transformó en un auténtico río humano. Al incesante ir y venir de paseantes se unían los típicos músicos buscavidas, estatuas vivientes y patrullas de policía que trataban de poner un poco de orden en medio de aquel caos.

Un espectáculo muy colorista acentuado por los extravagantes tocados típicos de las navidades que los más desinhibidos se habían puesto en la cabeza. «Vengo de Cádiz para ver a una amiga que vive aquí», comentaba una chica con una gorra que parecía ser un cruce entre árbol de navidad y sombrero de duende. Muchos vieron en el mal tiempo reinante un aliciente para conocer mejor Madrid. «Hacía mucho frío para ir a la playa», reveló un visitante aragonés.

Ese mismo frío hizo que la mayoría de los turistas optaran por buscar refugio en alguno de los miles de bares que pueblan la geografía de la capital. Esto último constituyó una tarea más o menos difícil en función de la localización del local escogido.

Acceder a los restaurantes más cercanos a la Plaza Mayor se reveló como una labor que, en hora punta, llegó a adquirir dimensiones heroicas. Los candidatos a comensales tuvieron que sacar los codos y ayudados por unos buenos pulmones poner en práctica las más depuradas técnicas de infiltración para llegar a la barra y pedir la caña y tapa de rigor.

Sin embargo, en opinión de los propios interesados la recompensa mereció la pena. «No esperaba que hubiera tanta gente, pero está siendo divertido», indicó el patriarca de toda una familia que se había desplazado desde tierras murcianas.

No tan divertidos parecían los trabajadores del lugar. «Hoy está siendo una locura. Creo que hay mucha más gente que otros años», reveló el camarero de un bar próximo a la calle Arenal. El trabajador añadió que no había parado ni un segundo y que sus compañeros habían tenido que comerse un bocata sobre la marcha. «Y mi turno dura hasta las nueve de la noche», concluyó con una sonrisa cansada.

Al puente le queda el día de hoy, fiesta de la Inmaculada en toda España, por lo que es previsible que se vuelvan a repetir las aglomeraciones de ayer en el centro.

Cuatro horas de cola para visitar el Congreso

Las bajas temperaturas y las lloviznas ocasionales no consiguieron disuadir a nadie de visitar los rincones más típicos de la capital. Hasta cuatro horas de cola tuvieron que esperar ayer los que quisieron conocer por dentro el Congreso de los Diputados. Los agujeros de bala de Tejero aún tienen su tirón entre el gran público y lo mismo se pudo decir del Palacio Real y el museo Thyssen-Bornemisza, que decidió abrir sus puertas a pesar de que los lunes suele estar cerrado.

Los turistas que habían aprovechado el puente de la Constitución para visitar Madrid no estaban dispuestos a irse sin conocer estos lugares y, armados con paraguas y chubasqueros, se tomaron con filosofía la espera. «Tampoco va tan lenta la cola», aseguró una mujer que esperaba para acceder al Palacio Real.

Lo más probable es que no fuera ésta la única espera que la turista tuviera que aguantar a lo largo del día. Porque si algo abundaba ayer en Madrid eran las colas y no sólo para visitar los diversos monumentos. También para poder comer se hizo imprescindible tomárselo con calma, dado que los restaurantes más céntricos tenían su propia lista de espera. No fue raro toparse en las calles del Centro con una fila de gente que aguardaba ante la puerta de un local a la espera de que les tocara el turno para comer.

Unas esperas que probablemente también se repitan hoy, sobre todo para aquellos que deseen visitar el llamado 'triángulo del arte'. El Museo del Prado, Reina Sofía y Thyssen volverán a atraer el interés de los madrileños y de los foráneos.

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