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martes, 15 de diciembre de 2009

IV CUARTA CONFERENCIA DE PRESIDENTES REGIONALES: Las autonomías del PP dicen no al pacto vacío de Zapatero



CUARTA CONFERENCIA DE PRESIDENTES/ Los contenidos
Las autonomías del PP dicen no al pacto vacío de Zapatero

El presidente les acusa de «falta de altura política y de lealtad institucional» / Los 'populares' califican de «ambiguo e improvisado» el intento de acuerdo

MARISA CRUZ

Madrid

La IV Conferencia de Presidentes celebrada ayer en el Senado para acometer, todos a una, un plan que permita recuperar el crecimiento económico y, sobre todo, generar empleo, se saldó con un fracaso estrepitoso. Sin propuestas concretas, con bastantes ideas preconcebidas y con muchos prejuicios partidistas, los 17 líderes autonómicos más los presidentes de Ceuta y Melilla se sentaron con el jefe del Ejecutivo y sus tres vicepresidentes para decidir que no decidirían nada.

Se pretendía transmitir un mensaje de «confianza» a los ciudadanos y, al final, lo que trascendió fue una gran decepción rellena con un cúmulo de vaguedades sin consenso que deberían empezar a aterrizar en la pista de la realidad dentro de tres meses.

Los planes económicos de Zapatero, presentados con la etiqueta de la Ley de Economía Sostenible, sólo lograron dividir en dos con una línea roja el mapa de España: a un lado, las comunidades socialistas y al otro, las populares.

El presidente no tuvo más remedio que admitir el descalabro, pero lo hizo cargando el peso de la culpa sobre las comunidades del PP: «No se responsabilizan con el Gobierno de España en la lucha contra el paro y la recuperación económica. Tengo la sensación de que se han lavado las manos».

El malestar permeó desde el inicio de la reunión, cuando se evidenció que, por parte del Gobierno, no se pretendía poner sobre la mesa propuesta nueva alguna. Al término de la sesión de la mañana, las protestas de los populares por la falta de preparación del Ejecutivo y las quejas por lo que anticipaban como una operación de imagen socialista circulaban por todos los pasillos de la Cámara Alta.

Al quite salió el vicepresidente tercero, Manuel Chaves, que se encargó de anunciar in extremis la presentación de una propuesta por parte de Zapatero con el objetivo de crear «grupos de trabajo» para profundizar en asuntos clave, tales como las políticas de creación de empleo, los planes de austeridad para reducir el déficit, la nueva política industrial, la mejora de los servicios que prestan las administraciones públicas o el impulso al sector agrario y a la política del agua. Los mencionados grupos, una vez constituidos, tendrán que presentar sus ideas allá por el mes de marzo.

Justo antes del almuerzo, el Ejecutivo presentó su papel. Se trataba de un documento de 16 páginas en el que se constatan los problemas económicos y de empleo que padece España, y en el que se resumen algunas de las medidas ya anunciadas por el presidente en el Congreso, en el marco de su estrategia para la Economía Sostenible.

La redacción genérica de las propuestas tenía como objetivo el impedir un rechazo frontal de las comunidades del PP. Cuantos menos detalles y menos precisiones, menos margen se deja al adversario para construir críticas. A la vista de que el papel no recababa adeptos y de que la reunión se encaminaba al fracaso, el Gobierno aceptó incluir en su texto un total de 17 propuestas de los populares. Fue en vano.

Al final, hubo 12 votos a favor del texto y ocho abstenciones. De acuerdo con el reglamento de la propia Conferencia de Presidentes, el documento no reunió la aquiescencia necesaria, ni siquiera para ser aprobado como una recomendación. Para el acuerdo hace falta unanimidad, y para la recomendación, dos tercios.

Zapatero, que hubo de suspender su participación en la cena de gala que el Rey ofrecía al presidente de Vietnam en el Palacio Real, no pudo evitar su disgusto con el resultado final de la reunión. Según el presidente, los populares, pese a que se habían aceptado muchas de sus propuestas, «empezaron a presentar excusas extrañas después de horas y horas de debate».

«En una palabra», resumió, «lo que no querían es que de esta conferencia surgiera un mensaje: acuerdo unánime». «Esto no me parece serio con el país», sentenció Zapatero después de asegurar que, en cualquier caso, el Ejecutivo asume todo el texto que ha surgido de la Conferencia y que lo cumplirá «hasta el final». Por último, acusó a sus adversarios políticos de «falta de altura política y de lealtad institucional».

Según dijo, el texto que no ha conseguido la mayoría necesaria para salir adelante incorporaba «el 80% de las propuestas que había planteado el PP», por lo que calificó de «triste y lamentable» que los presidentes populares hayan carecido, a su juicio, de «altura política» para secundarlo. Para Zapatero, lo que han hecho ha sido como decir: «Yo no me mojo, yo me lavo las manos, ése no es mi problema».

Por parte del PP, el presidente de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, se hizo eco del sentir de sus compañeros populares al asegurar que lo que pretendía el Ejecutivo es que se firmara un «contrato de adhesión» a sus propuestas.

En el documento con los añadidos del PP se «reitera», en relación con el mercado de trabajo, el propósito de presentar en enero, en el marco del diálogo social, «una propuesta de medidas laborales que incluyan el fomento del uso de la reducción de jornada, la revisión de la política de bonificaciones a la contratación, el refuerzo de los servicios públicos de empleo y la mejora general de la intermediación laboral, la reducción de la dualidad y la tasa de temporalidad y medidas efectivas para reducir la brecha salarial entre mujeres y hombres». Las comunidades del Partido Popular añadieron en este punto la necesidad de fomentar la contratación indefinida.

También se insiste, tal y como ya se había anunciado, en que el Ejecutivo planteará también en enero una propuesta sobre el sistema de pensiones y, en general, sobre el sistema de Seguridad Social para asegurar su sostenibilidad y su suficiencia a largo plazo.

Por lo que se refiere a la estabilidad de las finanzas públicas, el Gobierno señala la necesidad de que las comunidades autónomas y las entidades locales hagan un «importante esfuerzo de consolidación fiscal» a fin de regresar en 2013 a la senda del Pacto de Estabilidad de la UE.

Para lograrlo se apunta la necesidad de aplicar una política de contención de los gastos de personal, a través de una oferta de empleo pública «selectiva» y con «austeridad en el incremento de la masa salarial».

También en este campo se propone la creación de un grupo de trabajo en el seno del Consejo de Política Fiscal y Financiera encargado de elaborar propuestas para mejorar la eficiencia de los servicios prestados por las comunidades autónomas.

Por último, el texto recoge la necesidad, a propuesta del PP, de «priorizar la reestructuración del sistema financiero, en particular de las cajas de ahorro»; de diseñar una política energética «a medio y largo plazo, coherente y sostenible, que garantice el suministro en términos de calidad, cantidad y precio», así como diseñar un sistema educativo «competitivo y eficaz», y, finalmente, apuesta por «reformar los organismos reguladores, estableciendo medidas eficaces que garanticen la independencia de sus decisiones».

Los populares consiguieron, además, incluir en el documento un punto en el que se hace referencia a la necesidad de garantizar la efectividad de la unidad de mercado, promoviendo la colaboración con las comunidades autónomas y las corporaciones locales para facilitar el ejercicio de la libertad de empresa en todo el territorio nacional sin necesidad de obtener la misma autorización de distintas administraciones.

Más información en página 36.

Explicaciones dispares

>Rodríguez Zapatero. «Los 'populares' empezaron a presentar propuestas extrañas tras horas de debate. No querían que surgiese un mensaje: acuerdo unánime».

>José Montilla. «Han perdido una magnífica ocasión para actuar pensando en los ciudadanos y no en las consignas de su partido». :-)))

>Esperanza Aguirre. «No quiero corresponsabilizarme de las políticas económicas de Zapatero, el campeón del paro».

>Pedro Sanz. «El Gobierno buscaba un contrato de adhesión inquebrantable por la vía de agotarnos y aburrirnos».

>Alberto Núñez Feijóo. «Después de tres años de retraso, no se puede improvisar un acuerdo en tres horas».

ASUNTOS INTERNOS / CUARTA CONFERENCIA DE PRESIDENTES / El análisis
El Estado, sólo en fotos

LUCÍA MÉNDEZ

Zapatero embustero Hay que reconocer que la foto es muy bonita. No en el sentido artístico, sino en el político: parece un Estado muy serio de un país unido, con su Rey, su Príncipe Heredero -que se incorpora a este tipo de cumbres-, su jefe de Gobierno, sus mandatarios autonómicos de todos los partidos, sus banderas policromadas y alineadas en amor y compañía. Incluso el gesto de Don Felipe tomando del brazo al presidente catalán, José Montilla, tiene una interpretación simbólica en estos tiempos. La única rareza de la instantánea es que sólo haya una mujer entre los líderes autonómicos en un país con Ley de Igualdad tan avanzada.

Por lo demás, no se puede poner ni un pero a la elegancia fotográfica y telegénica de nuestro Estado. A tono con los tiempos, lo virtual ha ocupado el sitio de lo real, sin que sepamos distinguir dónde empieza la imagen y dónde acaba la política. A falta de acuerdos, buenas son fotos.

No se sabe muy bien por qué Zapatero ha elegido este momento para convocar la IV Conferencia de Presidentes, que llevaba dos años sin reunirse y podía haber seguido igual otros cuatro, sin que nadie la hubiera echado de menos. De hecho, las comisiones que se aprobaron en la III Conferencia de 2007 sobre Inmigración, Investigación y Desarollo y Agua no se han reunido nunca. Tampoco se cumplió el anuncio electoral de Zapatero en 2008 de reunir a los presidentes para tratar la violencia de género.

Esta IV Conferencia fue convocada para tratar la Ley de Economía Sostenible, la joya de la Corona con la que Zapatero quería adornar el relato de su segunda legislatura. Ni los mercados, ni los expertos, ni los medios ni casi nadie han visto en esa ley los destellos que aprecia el presidente. Más bien ha sido considerado un texto bienintencionado, pero insuficiente para abordar la crisis y crear empleo.

No obstante, Zapatero canceló su asistencia una cena de Estado ofrecida por los Reyes al presidente de Vietnam para intentar convencer a los barones del PP de que firmaran un documento de consenso con algunas medidas contra la crisis. Seis años después, lo bueno de Zapatero es que no deja de sorprendernos porque ve cosas que los demás no vemos.

Si el presidente del Gobierno creía que podría engañar otra vez al Partido Popular en un momento como éste, alguien debería darle un pellizco para que se despierte. Con La Moncloa cercada por unos cuantos frentes, y las encuestas electorales pronosticando la reconquista del poder, soñar con que la oposición va a facilitar gratis una operación de marketing para dar oxígeno al Gobierno es como creer en los Reyes Magos. El PP no va a llegar a ningún acuerdo con Zapatero sobre la crisis, porque no quiere ser corresponsable del fracaso de sus improvisaciones.

La bonita foto de Estado, el distendido café con el Rey y el Príncipe, los campechanos saludos de los barones del PP y del PSOE se transformaron en reproches después de una reunión condenada de antemano al fracaso. La resposabilidad sobre la crisis recae sobre Zapatero y no la puede redistribuir para escabullirse.



CUARTA CONFERENCIA DE PRESIDENTES
Presencia de las CCAA en los consejos de la UE informales

Madrid

Tras varias horas de reunión, los asistentes a la Conferencia apenas habían acordado cuestiones de coincidencia obvia propuestas por el presidente. En una, el Gobierno se compromete a promover la presencia de los representantes de las comunidades autónomas en los consejos de ministros de la UE informales que se celebrarán en España durante la Presidencia europea. La otra es relativa a su actitud batalladora contra la violencia de género. Curiosamente, de las dos, ésta última recordó las veces en las que este encuentro ha acumulado incumplimientos.

Sin ir más lejos, la lucha contra la violencia de género iba a ser motivo de una reunión extraordinaria en la primera semana del segundo mandato de Rodríguez Zapatero, según el compromiso electoral adquirido por éste en plena campaña. En realidad, el asunto ha quedado resuelto con una declaración hecha pública año y medio después, en la que se recogen las mejores intenciones y varias propuestas. La declaración institucional, en definitiva, compromete a las administraciones públicas a destinar «los recursos necesarios» a la lucha contra esta lacra social.

Recuerda que, «pese al terreno conquistado, el problema no ha desaparecido» y, por ello, compromete a las administraciones a «seguir impulsando las medidas» encaminadas a erradicar la violencia machista y a proteger «de manera específica» a sus víctimas más vulnerables. E insiste en la formación de los profesionales que intervienen en el proceso y en la implicación de los medios de comunicación

Empleo e innovación

El acuerdo recoge también las propuestas españolas sobre esta materia durante la Presidencia de la UE, y que consisten en la creación de un observatorio europeo de violencia machista, la implantación de un número de teléfono gratuito de asistencia similar al 016 que funciona en España y la extensión de órdenes de protección válidas para todo el territorio Schengen.

Respecto a la presencia de las comunidades en los consejos informales, se produciría en los mismos términos -en los cuatro apartados- en los que ya se procede en los consejos formales, así como en los temas de consumo abordados en el Consejo de Competitividad.

Asimismo, la declaración expresa el compromiso de la Conferencia de Presidentes y de todas las administraciones en la participación y colaboración «activas» con las prioridades de la Presidencia española de la UE; entre ellas, la salida de la crisis mediante la recuperación económica y la creación de empleo de calidad a través de una estrategia de crecimiento «basada en la profundización de la educación y de la innovación, así como en la lucha contra el cambio climático».

CUARTA CONFERENCIA DE PRESIDENTES / Los argumentos de la oposición
El PP se desmarca de un acuerdo «ambiguo»

Gana una votación al PSOE y pide que las sectoriales estudien todas las propuestas



CARMEN REMÍREZ DE GANUZA

Madrid

A veces, para ganar, sólo basta con un poco de estrategia. Y eso es lo que ayer llevaron los populares a la Conferencia de Presidentes: organización, organización... y colmillo político. Y es que, primero, cogieron a contrapié al Gobierno con la presentación de un documento conjunto de propuestas contra la crisis que les reportó toda la iniciativa política frente a la ausencia de ideas nuevas por parte del Ejecutivo.

Tanto es así, que la anécdota de las tres primeras horas de reunión fue la accidentada distribución del citado documento entre los miembros de la mesa. El consejero de Presidencia de la Xunta, Alfonso Rueda, se lo entregó al jefe de gabinete del presidente del Gobierno, José Enrique Serrano, quien sólo se avino a repartirlo al término de la reunión. Ante semejante respuesta, el propio presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo, se mostró dispuesto a distribuir los folios entre sus colegas y miembros del Gobierno. Finalmente, La Moncloa accedió.

Pero además, y en segundo lugar, los barones populares protagonizaron a media mañana una rueda de prensa a cara de perro. No es sólo que lo tuvieran programado, sino que salieron realmente enfadados. Acababan de asistir a una «soporífera» y surrealista sucesión de «monólogos» entre el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, y el de Castilla-La Mancha, José María Barreda, en la que el primero daba cuenta de que el futuro energético pasaba por la instalación de molinos de viento en el mar y el segundo decía que eran mejores los de tierra.

Ni un papel del Gobierno, ni una propuesta, más allá del documento del PP. Allí cada uno hablaba de su libro. Así que no sólo reprocharon al Ejecutivo la falta de propuestas concretas contra el empleo, sino que desenmascararon el acto con un rosario de calificativos -«vergonzoso», «poco presentable», «llega tarde, mal y manipulado»...- y de guiños a la ciudadanía española y los desempleados ante el gasto de un evento sin contenido. El decano de los populares, Pedro Sanz, y el más neófito, Núñez Feijóo, se repartieron los papeles. El primero denunció la ausencia de la región más poblada, la que representa a los cuatro millones de parados, y mostró sobradamente su hartazgo: «Yo, como ciudadano, español y político, me siento mal. Porque hemos movilizado a 2.000 personas en el Senado y mañana los españoles se preguntarán para qué ha servido: una foto con el Rey y los sindicatos, en la que todos salimos más o menos guapos. Pero de contenido, nada de nada».

Feijóo hizo más hincapié en la alternativa popular. «Hemos intentado suplir la ausencia de propuestas del Gobierno con propuestas concretas», dijo, para referirse a sendos decálogos sobre soluciones económicas y de empleo y a un pretendido «pacto de Estado sobre agricultura, ganadería y pesca».

Finalmente, los socialistas adelantaron al mediodía la presentación de su propio papel: 16 folios que, mientras los presidentes autonómicos almorzaban con el presidente del Senado, Javier Rojo, sus consejeros de Presidencia diseccionaron en una tasca cercana. «Esto es un totum revolotum, genérico, improvisado y ambiguo», decían.

En tercer lugar, y al cabo de un total de 10 horas, los populares se concentraron en sacar alguna tajada política. Pese a la creciente presión de los barones socialistas, los del PP se resistieron al acuerdo. La inconcreción de las propuestas socialistas fue el argumento principal que les permitió sortear el apoyo al documento. Pero, como tampoco se trataba de rechazarlo, lo que resolvieron -de manera conjunta, una vez más- fue solicitar su remisión a las correspondientes comisiones sectoriales entre Gobierno y CCAA.

En el calor de la discusión, a los del PP les sorprendió la vehemencia de Revilla y de Miguel Sanz en favor del acuerdo pretendido por el PSOE. Pero sobre todo, les molestó la «virulencia» de los planteamientos del lehendakari, Patxi López, que, según las fuentes consultadas, cargó contra los populares con tal fuerza que hubo de pedir disculpas al término de su propia intervención.

La de Esperanza Aguirre fue una de las más «claras», según reconoció Zapatero, al reprocharle la «tomadura de pelo» de la entrega del documento a última hora de la Conferencia y demandarle un cambio «radical» de política.

Pero el momento cumbre fue la votación por la que los populares rechazaron por 10 votos contra ocho el «ambiguo» texto socialista. Según los barones del PP, fue justo después de esta votación cuando la presión se hizo mayor. Así interpretaron las fuentes consultadas los buenos oficios del presidente de Canarias, Paulino Rivero, que también rechazaron tras unos minutos de recesión y debate interno. Finalmente, en la votación del resto de la agenda, los populares se abstuvieron para dejar constancia de que no se oponían al debate, pero exigían que lo hicieran los expertos en las sectoriales. «Tras tres años de retraso, el Gobierno ha pretendido que decidiéramos en tres horas», dijo Feijóo. «Zapatero ha pretendido de nosotros un contrato de adhesión inquebrantable, en una sesión maratoniana y mediante la táctica del agotamiento del contrario», añadió Pedro Sanz.

El decálogo del PP contra la crisis

1.- Restaurar la confianza y la estabilidad presupuestaria, mediante la austeridad en el gasto público, rebajas selectivas de impuestos y sostenibilidad de los servicios.

2.- Promover una reforma laboral similar a la de 1997, para el fomento de la contratación indefinida, bonificando las cotizaciones de los nuevos contratos, la eliminación de la dualidad del mercado de trabajo y la reforma de la negociación colectiva.

3.- Dar prioridad a la restructuración y saneamiento del sistema financiero y, en particular, de las cajas de ahorro, para que el crédito vuelva a las familias y las pymes.

4.- Hacer reformas para la liberalización de sectores básicos, como el energético, las telecomunicaciones y el transporte.

5.- Diseñar una política energética que garantice el suministro.

6.- Optimizar los recursos presupuestarios destinados a I+D+i y a la internacionalización de las empresas, para más competitividad.

7.- Avanzar en la unidad de mercado, promoviendo la colaboración con las CCAA y ayuntamientos, para que las empresas no necesiten las mismas autorizaciones en distintos territorios.

8.- Diseñar un sistema educativo competitivo y eficaz para dotar a la economía de recursos humanos más productivos.

9.- Mejorar los sistemas de defensa de la competencia, eliminando prácticas abusivas en los precios y reduciendo las cargas administrativas.

10.- Reformar los organismos reguladores para garantizar su independencia

CUARTA CONFERENCIA DE PRESIDENTES
Un desastre para la economía española

CARLOS SEGOVIA

MADRID

Zapatero se acordó ayer por fin de convocar una conferencia de Presidentes autonómicos por primera vez desde que estalló la crisis financiera mundial en 2007 y el resultado es un desastre contraproducente para la imagen de la economía española. El presidente del Gobierno se mostró sorprendido e indignado porque el PP no aceptó su propuesta de acuerdo, pero lo cierto es que la improvisación y falta de contenido con que Zapatero convocó la reunión sería inconcebible en Bruselas y eso que muchas cumbres europeas acaban en fiasco.

Las comparaciones son odiosas. Tiene razón el presidente en que el país iría mejor si hubiera mejor colaboración entre el Gobierno y las comunidades autónomas, pero para conseguirla, hay que trabajar un poquito. De haber seguido los cánones europeos, lo normal es que los Ministerios afectados se hubieran reunido previamente en las últimas semanas con los consejeros autonómicos del ramo para garantizar que los presidentes aprueben algo concreto y consensuado. También hubiera sido lógico que los presidentes autonómicos se hubieran entrevistado con los líderes de la oposición en sus territorios para perfilar una posición común. Lo único que sí se ha hecho es que Rajoy se reunió el viernes con los presidentes autonómicos de su partido, lo que escandalizó al PSOE, pero es lo que hacen socialistas y populares europeos antes de que cualquier Cumbre de Bruselas.

El problema es que la primera propuesta de acuerdo no la facilitó hace un mes Elena Salgado a los consejeros autonómicos de Economía. No, lo hizo Zapatero ayer mismo «a la hora de comer y eso es de mala educación», según ironizó Esperanza Aguirre. «Hemos trabajado doce horas un documento», dijo el presidente, pero eso es apenas lo que se invierte en Bruselas para un primer borrador improvisado de un tema menor.

Con tal trabajo de campo no es extraño que el resultado fuera decepcionante para cualquier asistente, para cualquier inversor que quiera apostar por España y, sobre todo, para los más de cuatro millones de parados que esperan soluciones.

Repasando los contenidos lo único articulado que se aprobó fue el reglamento para institucionalizar este tipo de conferencias. Zapatero fue su creador cuando llegó al poder y su idea es razonable, pero es él mismo el que amenaza la continuidad del formato con espectáculos como el de ayer.

El reglamento equipara, por cierto, Ceuta y Melilla al resto de comunidades autónomas en este tipo de citas. Hasta ahora, el presidente de Ceuta, Juan Vivas, y el de Melilla, Juan José Imbroda, iban a las conferencias de presidentes como Zapatero al G-20. Es decir, por invitación informal. El reglamento les sitúa al mismo nivel que los demás e incluso prevé que se pueda celebrar una próxima conferencia en Ceuta o Melilla. Esta decisión se produce en plena crisis con Marruecos por la trágica situación de la activista saharaui Aminatou Haidar. Zapatero no lo aireó por si acaso.

Pero el gran objetivo de la Conferencia para el Gobierno era, teóricamente, buscar una coordinación «para la reactivación económica». Para ello, el presidente presentó el citado documento llamado Propuesta de Acuerdo sobre Economía y Empleo, de 14 páginas. El primer punto, dedicado al empleo, comenzaba así: «El Gobierno de España, en el ejercicio de las competencias exclusivas que le corresponden, reitera...». Es decir, nada nuevo. El Gobierno insiste en que una semana de éstas presentará propuestas de reforma laboral.

En lo que mostró más interés Zapatero es en conseguir que las comunidades y los ayuntamientos colaboren en el recorte del déficit público. Aprovechó que Bruselas da hasta 2013 para reducir el déficit al 3% y ayer hizo suyo ese calendario, pese a que ha enviado a Las Cortes -en trámite inútil- cumplir con lo mismo un año antes, en 2012.

Y frente a su indiferencia del pasado jueves sobre las advertencias que lanzó Standard&Poor's sobre la pérdida de solvencia de España, el presidente pidió ya ayer a los reunidos «reconducir» las cuentas públicas «a niveles sostenibles para garantizar la máxima valoración de la deuda pública española en los mercados».

Standard&Poor's -referente para los inversores de todo el mundo- reclamaba a Zapatero «medidas fuertes» y un gran acuerdo político con la oposición para no tener que rebajar su calificación de España. La respuesta es que ni medidas nuevas, salvo crear varios grupos de trabajo al estilo de Romanones, ni consenso. Tres años sin reunirse para esto

CUARTA CONFERENCIA DE PRESIDENTES / La puesta en escena
Igual desorganización, iguales críticas

Los horarios no se cumplieron y las declaraciones de los asistentes se solaparon

AGUSTÍN YANEL

Madrid

La historia se repite y, en este caso, lo ha hecho de manera casi milimétrica. La IV Conferencia de Presidentes se desarrolló ayer en el Senado con la misma desorganización que las anteriores, con idénticas críticas por parte del PP y con los mismos problemas para los periodistas. Desde la Cámara Alta se encargaron de dejar bien claro que ellos se limitan a ceder sus dependencias para este encuentro, pero que la organización corresponde al Gobierno.

Al mediodía, igual que en la cita anterior -en enero de 2007-, nadie sabía quién iba a explicar lo que los asistentes habían hablado en una reunión que siempre se celebra a puerta cerrada. Lo hizo, a las 13.00 horas, el presidente del PSOE y vicepresidente tercero del Gobierno, Manuel Chaves.

A continuación, en la misma sala, comparecieron ante los periodistas los presidentes de La Rioja, Pedro Sanz, y de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, en representación de los ocho dirigentes del PP. Dio la impresión de que habían asistido a una reunión distinta, porque dijeron prácticamente lo contrario que Chaves. Y, lo mismo que en la anterior Conferencia, lanzaron un aluvión de críticas al Gobierno por la mala organización del encuentro, incluso con las mismas frases que entonces: «Es un fracaso», «sólo buscan la foto», «no han contado para nada con nosotros»...

A continuación, se presentaron ante los informadores José María Barreda, de Castilla-La Mancha, y José Antonio Griñán, de Andalucía, en nombre de los presidentes de comunidades gobernadas por los socialistas. Ambos defendieron al Gobierno y, como era previsible, criticaron la actitud del PP. Lo mismo que en la anterior conferencia.

Mientras unos y otros celebraban sus ruedas de prensa, el presidente de la Generalitat catalana, José Montilla, hacía declaraciones en otra sala; otros informadores buscaban al mallorquín Francesc Antich, que estaba hablando en otra dependencia; en el entorno de la presidenta madrileña, Esperanza Aguirre, decían que probablemente haría unas declaraciones después, pero no concretaban más. Y nadie sabía si los líderes de la patronal CEOE y Cepyme y de los sindicatos CCOO y UGT -que por vez primera han sido invitados a este encuentro- iban a hablar, ni a qué hora ni en qué lugar.

Finalmente, el secretario general de UGT, Cándido Méndez, y el de CCOO, Ignacio Fernández Toxo, contestaron a las preguntas de los periodistas cuando fueron abordados en los pasillos. A ambos les parecen bien algunas propuestas del Gobierno encaminadas a crear empleo juvenil.

La misma incertidumbre se vivió durante toda la tarde. Gerardo Díez Ferrán, presidente de la CEOE, contestó a las preguntas de los periodistas en un pasillo, tras el almuerzo. El máximo dirigente de los empresarios considera positivo que el Gobierno haya contado con ellos y con los sindicatos para asistir a esta Conferencia de Presidentes y, sobre todo, que esté dispuesto a reunirse con las dos partes en enero para abordar la posibilidad de una reforma laboral.

El horario tampoco se cumplió, como ha ocurrido en los anteriores encuentros. En la III Conferencia, la sesión de la mañana terminó mucho más tarde de lo previsto y el Rey tuvo que esperar más de una hora para iniciar el almuerzo oficial.

Ayer, la sesión de tarde comenzó con más de media hora de retraso. José Luis Rodríguez Zapatero tenía previsto comparecer a las 18.45 horas en una rueda de prensa, por lo que decenas de fotógrafos y cámaras de televisión montaron guardia por los pasillos para tomar imágenes cuando se dirigiera a la sala donde iba a comparecer.

Una hora más tarde anunciaron que la rueda de prensa se retrasaba, lo que implicaba la consiguiente demora para las comparecencias que, a continuación, tenía previsto realizar en distintas salas la mayoría de los dirigentes autonómicos.

En lo único que coincidieron socialistas y populares fue en elogiar el almuerzo que les ofreció el presidente del Senado, Javier Rojo: troco de vieiras sobre verduras confitadas con carabinero asado y reducción de vinagre balsámico, taco de mero con guiso de habas y chipirones con chip de verduras crujientes, corona de frutas de temporada en gelé de cítricos y helados de chocolate, café y delicias, todo ello regado con un rioja y agua mineral. Lo dicho, la historia, casi tres años después, se repitió ayer de manera milimétrica

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