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lunes, 7 de diciembre de 2009

INCONSTITUCIONAL ESTATUT: Preocupación y alarma por los excesos del Estatut en el Día de la Constitución



DÍA DE LA CONSTITUCIÓN / La polémica
Preocupación y alarma por los excesos del Estatut en el Día de la Constitución

Peces-Barba advierte que «la única nación soberana es España» y critica a Zapatero, a Chacón y al editorial común de 12 periódicos catalanes por presionar al TC Bono precisa que «la Constitución no es infinitamente flexible y tiene límites. Y no hay regla ni ley que valga si está contra la norma suprema» Rajoy señala que buscar soluciones fuera de la Constitución «no llevará a nada bueno» y Patxi López dice que «no merece la pena» modificar el Estatuto sin consenso

AGUSTÍN YANEL

Madrid

Sin citarlo de manera expresa, pero sabiendo bien lo que quería decir, el presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, habló ayer del recurrido Estatuto de Cataluña. «Nos sabemos diferentes, pero radicalmente iguales en derechos, de manera que no ha nacido ni se espera al español que valga más que otro», afirmó.

Indicó que, gracias «a la fortaleza y la flexibilidad de la Constitución», España es «uno de los países más descentralizados del mundo, con niveles de autogobierno que superan en muchos casos el de los Estados federales». «Sin embargo», añadió, «la Constitución no es infinitamente flexible y tiene límites».

Bono pronunció esas palabras en el acto conmemorativo del 31 aniversario de la Constitución española de 1978, que estuvo marcado por las expectativas generalizadas y, en algunos políticos, por su preocupación e incluso alarma respecto a lo que pueda sentenciar próximamente el Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Autonomía de Cataluña.

Ayer, en su discurso en conmemoración del 31 aniversario de la Constitución de 1978, José Bono recordó que en aquellos años de una democracia recién recuperada, después de haber pasado por «un largo tiempo de silencio», los políticos y la ciudadanía entendieron «que ser diferentes era compatible con ser iguales». «Entendimos que al discrepante no había que condenarlo ni ridiculizarlo, sino pactar con él», añadió.

Echó mano del deporte para afirmar que la Constitución «señala los límites del campo de juego, que nunca son una restricción» sino «la garantía del juego limpio». Pero, a renglón seguido, dijo que ese juego sólo es limpio si «respeta al árbitro y se somete a las reglas del juego». «Y no hay regla ni ley que valga si está contra la norma suprema, aquella que el presidente del Tribunal Constitucional, Francisco Tomás y Valiente [asesinado por ETA en el año 1996], formuló de manera tan sencilla como clara: 'El todo por encima de las partes'», continuó, en clara referencia a «la nación española» como ese «todo».

En una época de crisis como la actual, Bono recordó que los políticos están obligados «a resolver problemas de los ciudadanos, que demandan eficacia y cercanía». «Si la sociedad pone distancia respecto de sus políticos, el error está siempre en nosotros. Cuando la abstención es noticia, cuando las papeletas no entran en las urnas, es porque los políticos no entramos en las casas de los españoles»

El aniversario de la Carta Magna giró en torno a la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Autonomía de Cataluña, que parece cada vez más próxima, y a la asistencia por primera vez del lehendakari vasco a este acto.

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, no quiso hablar de la futura sentencia. Al ser preguntado por una posible reforma de la Constitución, respondió que «en el horizonte inmediato» no existe «una necesidad imperiosa» de llevar a cabo ese cambio.

Opinó que la vigente Carta Magna ha demostrado ser «muy útil» durante sus 31 años de vida y ha permitido a España «funcionar» en un sistema democrático.

Durante la recepción oficial posterior al discurso de Bono, más de un asistente comentó el artículo que ayer publicaba en El País Gregorio Peces-Barba, uno de los padres de la Constitución. En él no solamente resalta «la supremacía» de la Constitución sobre las restantes normas del ordenamiento jurídico español, sino que denuncia la «falta de respeto» de los partidos catalanes «de gobierno y de oposición que han presionado al Tribunal Constitucional» antes de que dicte su sentencia sobre el Estatut, y recuerda que «la única nación soberana es España»

El catedrático Peces-Barba critica también a Zapatero, por haber dicho que el Estatut es plenamente constitucional-; a la ministra de Defensa, Carme Chacón, porque ha pedido públicamente al PP que retire su recurso de inconstitucionalidad contra el Estatut, y a la publicación de un mismo editorial en 12 periódicos de Cataluña. Todo eso, afirma, es faltar al respeto e intentar presionar al Constitucional.

El ex ministro y ex diputado constituyente Rafael Arias-Salgado publica hoy un artículo en este periódico [página 19], en el que también pide respeto para el Constitucional y señala que éste es el órgano con legalidad y legitimidad para pronunciarse sobre el Estatut.

El líder del PP, Mariano Rajoy, también fue preguntado por la esperada sentencia, y tampoco quiso decir lo que espera de ella. Indicó que la solución al Estatuto de Autonomía de Cataluña está «en la ley y en la Constitución». En su opinión, «no llevará a nada bueno» pretender buscar soluciones fuera de la ley y del texto constitucional.

Rajoy elogió la Constitución porque, según comentó a los periodistas, ha dado a España «los mejores años de nuestra historia».

El lehendakari del Gobierno vasco, Patxi López, se refirió al Estatuto de Autonomía, pero no al catalán, sino al de la comunidad que él preside. Afirmó que no se plantea modificarlo porque para hacerlo se necesita «una base de consenso» porque tiene que ser «de todos».

En su opinión, «no merece la pena» emprender una modificación de un Estatuto cuando no se van a sumar consensos. «Cualquier viaje debe ser hacia delante, a conseguir más acuerdo y más entendimiento que el que existe», subrayó.

El presidente de la Generalitat de Cataluña, José Montilla, explicó que, cuando él se refiere a la situación de interinidad del Tribunal Constitucional, porque cinco de sus miembros tenían que haber sido renovados hace tiempo, lo hace para «defender» a ese Tribunal.

En su opinión, eso es lo mismo que había reclamado poco antes José Bono en su discurso, cuando dijo que hay que respetar «al árbitro» y someterse «a las reglas del juego».

Indicó que «seguramente son otros» los que no defienden al Tribunal Constitucional y «bloquean su renovación» o empezaron a «utilizar malas artes contra el Estatut», en referencia al PP, que llevó a cabo una campaña de recogida de firmas contra el Estatuto antes de que lo aprobara el Congreso.

Las frases del discurso

>«Cuando las papeletas no entran en las urnas es porque los políticos no entramos en las casas de los españoles».

>«La Constitución no es infinitamente flexible y tiene límites».

>«No hay regla ni ley que valga si está contra la norma suprema».

BARRA BRAVA EN EL CONGRESO
De reformas y ausentes

DAVID GISTAU

Refiriéndose a Macondo, García Márquez escribió que los pueblos toman conciencia del peso del pasado cuando tienen tumbas que visitar. La muerte de Solé Tura, agregada a la de Gabriel Cisneros, ahondó ayer la percepción de la Constitución como un texto algo avejentado que admite la discusión sobre su aggornamiento. De ello se habló en los corrillos, más incluso que de la siempre postergada sentencia del Constitucional de la que dependería la custodia de la esencia. Y hubo acuerdo en que los dos cambios más necesarios son los referidos a la reforma del Senado y la sucesión en la Corona, un problema que emergerá si la casualidad biológica determina que los príncipes tengan un varón. Algún recelo confesado permite intuir un temor: que, habida cuenta de que la Corona vive de su naturaleza inmutable, someterla a corrección equivaldría a decir que la monarquía es negociable incluso con el blindaje, y entonces quedaría abierta una trocha vindicativa por la que podría colarse la apetencia de República.

Las recepciones del 6 de diciembre son algo más adustas desde que no las frecuenta Marujita Díaz ni espécimen alguno de la farándula. Y eso que había una alfombra roja tendida desde la calle Zorrilla, donde, a pesar del frío, se apelmazaban curiosos extrañamente atraídos por un acontecimiento de tanta parquedad institucional. Hubo que conformarse con la primera comparecencia de un lehendakari, ese Patxi López al que sólo le falta llevar encima un cartel que rece en letras de neón: «Vasco normalizado». También estaba Montilla luciendo dignidad de Cataluña. Y la presencia de los representantes de dos comunidades habitualmente desafectas a la fecha hizo más flagrante la ausencia de los presidentes del PP, un partido que presume de ocupar la primera línea de defensa constitucional como si encarnara en la política ese pelotón de Spengler que es el que al final acude a salvar la civilización occidental. Preguntado por los ausentes, Rajoy puso cara de paso palabra.

En lo que el cóctel, con canapés excelentes y mucho calor, tuvo algo del espíritu de la Navidad fue en cómo alentó una tregua entre los parlamentarios. El salón de los Pasos Perdidos rezumaba una armonía insólita, que permite pensar que los parlamentarios, como los luchadores de pressing, fingen odios por exigencias del guión pero trenzan compañerismo en el vestuario. El discurso de Bono insistió en la importancia fundacional de la Constitución y en la posibilidad que trajo de compensar a España por el siglo y medio perdido desde que Cádiz fue aplastada por el «¡Vivan las caenas!». Él también ha de sentirse algo mayor, pues fundó un club: el de los españoles que pudieron votar la Constitución, investidos ahora con el pedigrí de los reconciliadores. Sólo la vicepresidenta Teresa Cunillera arrastraba todavía cierto malestar por el episodio de los jóvenes espontáneos que trataron de convertir la tribuna de oradores del Congreso en el Hyde Park's Corner. A raíz de aquello, recibió mensajes insultantes muy crudos e injustos con quien sólo intentó gobernar la jornada sin que se descarrilara y sin ninguna intención de censura

DÍA DE LA CONSTITUCIÓN / La opinión
La supremacía de la Constitución

GREGORIO PECES-BARBA

Por su interés, reproducimos íntegro el artículo 'La supremacía de la Constitución', de Gregorio Peces-Barba, publicado ayer en el diario 'El País'. El autor, reputado jurista y uno de los padres de la Constitución, hace una defensa de la Carta Magna y critica las «faltas de respeto» hacia el texto a cuenta de la decisión que ha de tomar el Constitucional sobre la reforma del Estatuto de Cataluña

En el 31º aniversario del referéndum que el 6 de diciembre aprobó con gran mayoría de votos favorables, en todas las provincias, sin excepción, la vigente Constitución refrendada en acto solemne, promulgada y ordenada en publicación el 27 de diciembre y publicada en el BOE, el 29 del mismo mes, parece que el mayor homenaje que podemos hacerle es subrayar su supremacía sobre todas las restantes normas del Ordenamiento español y recordar también que la soberanía corresponde al pueblo español, que significa que la única nación soberana es España.

Esta supremacía lo es sin excepción alguna, y sus contenidos sólo se pueden cambiar por el sistema de reforma establecido en su Título Décimo. Resulta duro tener que recordar con frecuencia lo que debería ser obvio, pero esa necesidad se produce porque en nuestro país, como ya recordaba Fernando de los Ríos hace muchos años, falta respeto entre los ciudadanos, entre los políticos que representan a los poderes públicos, y también entre los medios de comunicación.

En cuanto que se plantea un hecho difícil, una situación con zonas de penumbra, saltan las alarmas de las faltas de respeto. La decisión de abrir la reforma de los Estatutos antes de la reforma de la ley electoral y de la propia Constitución, en temas que no afectan ni modifican el gran consenso que la hizo posible, ha propiciado muchas salidas de tono. Denunciarlas es también contribuir al homenaje a la Constitución.

Hay falta de respeto en todos los partidos catalanes de Gobierno y de oposición que han presionado al Tribunal Constitucional, con malas formas; también en la prensa catalana, que con su editorial unitario, aunque no han sobrepasado los límites de la libertad de expresión, porque no han producido un claro y presente peligro de violencia, sí han señalado que una decisión de inconstitucionalidad sería faltar al respeto a Cataluña. Es un sofisma y una falacia monumental, poco oportuna e injustificada. También creo que ha faltado al respeto la ministra de Defensa cuando ha pedido al Partido Popular que retire su recurso. Tampoco parece oportuno en este momento la reiterada manifestación del presidente del Gobierno sobre la indudable constitucionalidad del Estatuto, que constituye también una presión, al menos objetiva.

Déjese trabajar al Tribunal y respétese su decisión, sin perjuicio de la crítica técnica y académica sobre sus contenidos. Para mí, esta defensa contundente de la supremacía de la Constitución es el mejor homenaje en este 31º aniversario de su aprobación popular

DÍA DE LA CONSTITUCIÓN / La opinión
La fecha de la sentencia, incógnita

AGUSTÍN YANEL

La fecha en la que se conocerá la sentencia del recurso que presentó el PP contra el Estatuto de Autonomía de Cataluña sigue siendo una incógnita. Y la presidenta de ese órgano, María Emilia Casas, no la despejó ayer cuando fue preguntada por los periodistas si habrá una resolución antes de fin de año.

Se limitó a decir que los magistrados trabajan «intensamente» en ese asunto. «Cuando se trabaja intensamente, se obtienen frutos», añadió.

El líder del PP, Mariano Rajoy, saludó a María Emilia Casas y conversó unos minutos con ella, en la recepción posterior al discurso oficial de José Bono.

Poco después, al ser preguntado por los periodistas por esa conversación, explicó que no habían hablado del Estatuto y la esperada sentencia, sino sobre algo que nadie podía imaginar: el tiempo que hace en Pontevedra, la tierra del líder del PP.

Rajoy enseñó a la presidenta del Tribunal Constitucional su móvil, en cuya pantalla puede leer la información sobre el clima de esa ciudad gallega. Para demostrarlo, también mostró el móvil a los periodistas y, si el pronóstico no falla, en esa ciudad alcanzarán los 16 grados.

Otra persona muy interesada en la futura sentencia, el presidente de la Generalitat de Catalunya, José Montilla, también saludó a la presidenta del Tribunal Constitucional y conversó con ella unos instantes. Pero, lo mismo que Mariano Rajoy, tampoco preguntó por la resolución sobre el Estatuto porque ayer no era un día para mantener ese tipo de conversaciones, según dijo, sino para «saludar a muchas personas».


DÍA DE LA CONSTITUCIÓN / La opinión
La 'ikurriña' ondea en el Congreso

Patxi López, Montilla y Emilia Casas protagonizan el Día de la Constitución

MANUEL SÁNCHEZ

Madrid

Patxi López no parece lehendakari. Eso sí, parece vasco. Llano, cercano, sano, cabezón, noble. No va de nada. Dice lo que piensa, como cuando decidió en el verano de 2001 ser el sustituto de Nicolás Redondo Terreros, hacer un cambio en el discurso político del PSE y llegar al cargo que ahora ocupa.

Ayer, en la recepción del Día de la Constitución agrupó a más periodistas que el propio Zapatero. El presidente, con mirada cómplice, observaba que su proyecto político de la España plural se había completado.

A su lado, la mirada inquisidora, desconcertante y profunda de José Montilla, que seguía permanentemente a la presidenta del Tribunal Constitucional, María Emilia Casas, como para escrutar qué pasa por su cabeza. Con 100 cámaras delante, no hubo gestos a la galería. Pero el aliento de Montilla, sólo por puro protocolo, llegaba a la nuca de Casas. Así los situaron: delante Casas, detrás el presidente de la Generalitat.

Tras un discurso con recado de José Bono, la recepción comenzó como siempre. Corrillos políticos de lo más variado. Zapatero, que dio una conferencia de prensa antes de iniciarse el acto, dijo que no daría más. Así, se perdió entre espontáneos y «viejas glorias» que le reclamaban fotos o le daban las claves de cómo arreglar el país en dos telediarios.

Pero, al final, el presidente cayó en la trampa e hizo el gran corrillo de periodistas. Su amigo, José Antonio Alonso, un político que tiene siempre la sonrisa en la boca, se reía a carcajadas: «Si no lo puede evitar. Los dientes le han salido en esta casa».Y, aunque al presidente se le veía cansado, mostró una vez más su talante con esta profesión, lo que pese a errores y aciertos en su labor política, siempre se le habrá de reconocer.

Leire Pajín, ya senadora, tenía su corrillo socialista. Mariano Rajoy suscitó una gran atención mediática. Alberto Ruiz Gallardón llegó con José Blanco, se puso en la foto y se fue rápido, pese a que no estaba Esperanza Aguirre.

La ausencia de los presidentes autonómicos del PP fue el otro gran tema. Patxi López dijo que le parecía «escandaloso». Y es que no deja de resultar curioso que sólo estuvieran los presidentes socialistas, y ninguno del PP.

El rey de los corrillos, no obstante, fue el ex ministro del Interior José Barrionuevo. Allí, se codeó con López y Montilla, con Gregorio Peces Barba y con todo el que se cruzaba a su paso. No obstante, daba la impresión de que en estas ocasiones es obligado saludar al pasado.

No estuvieron en el acto protocolario ni De la Vega, ni Chacón, ni Rubalcaba. Alguien, con maldad y, haciendo jurar sobre la Carta Magna de que no se le citaría, comentó: «Zapatero está más solo que nunca». Se equivocó. Cuando no quedaba un canapé, la vice y Rubalcaba llegaron al Salón de los Pasos Perdidos... Zapatero todavía estaba allí. ¡Salvado!

Bibiana Aído y Beatriz Corredor sí fueron. La foto y poco más. Ambas temen más a los corrillos que a las vicepresidentas.

Y, sobre las dos y cuarto del mediodía, todo acabó. Bono, el más listo, convocó a comer a los ex presidentes del Congreso y, sobre la marcha, enredó al presidente del Gobierno y a los cuatro presidentes autonómicos que acudieron al acto. Hubo pocos diputados, algunos militares, la típica gente que nadie sabe qué hace allí pero que se encuentra como en su casa. Sabina, a su modo, bordaría un listado de los presentes.

Pero lo que más destacó fue la presencia de un tal López, que no parece lehendakari, pero lo es. La ikurriña ondeó en el Congreso un 6 de diciembre por primera vez en democracia y, como dice el dirigente socialista vasco, «con toda normalidad». Van 31 años... y que dure

DÍA DE LA CONSTITUCIÓN / La opinión
Críticas por la ausencia de todos los presidentes del PP

Rajoy aseguró que él los representaba, aunque Pajín ironizó con que se habrían ido «de puente»


AGUSTÍN YANEL

Madrid

Ningún presidente de comunidades autónomas gobernadas por el PP acudió ayer al acto oficial celebrado en el Congreso de los Diputados para conmemorar el 31 aniversario de la Constitución. En el almuerzo posterior, tampoco estuvieron los dos diputados populares que han presidido esa Cámara, Federico Trillo y Luisa Fernanda Rudi, que alegaron motivos familiares.

El de ayer ha sido el aniversario constitucional al que menos presidentes autonómicos han asistido, lo que contrastó con la presencia, por primera vez en 31 años, del lehendakari del Gobierno vasco. Únicamente estuvieron presentes cuatro presidentes, todos ellos socialistas: José Montilla (Cataluña), José María Barreda (Castilla-La Mancha), Patxi López (País Vasco) y Marcelino Iglesias (Aragón).

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el del Partido Popular, Mariano Rajoy, prefirieron no comentar este asunto. El socialista Patxi López opinó que esta ausencia generalizada de presidentes populares es «un escándalo», porque desde el PP acostumbran a dar «lecciones de respeto a la Constitución».

«¿Qué hubieran dicho de nosotros si hoy no hubiéramos venido ni José Montilla ni yo?», se preguntó, en referencia a que son dos presidentes socialistas de dos comunidades autónomas tan de actualidad siempre como la catalana y la vasca.

A Montilla le pareció «sorprendente» la ausencia de todos los presidentes autonómicos populares y se atrevió a vaticinar que, probablemente, el motivo ha sido «cuestiones más de fondo del propio PP». «Hay quienes defienden la Constitución, pero ni la votaron ni creyeron en ella, cuando otros muchos la defendieron, la hicieron posible y la votamos», añadió.

El presidente del Congreso, José Bono, al ser preguntado por los periodistas, prefirió tomarse este asunto con humor: «Quizá estaban distraídos», comentó.

A la secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín, tampoco le pareció normal que no estuviera presente ninguno de los presidentes autonómicos del PP. Comentó, con ironía, que quizá se habían marchado «de puente».

El presidente del PP, Mariano Rajoy, añadió, por su parte, que él, como líder de la formación popular, representaba también a los que no habían asistido al acto oficial.

Tras la conmemoración oficial del 31 aniversario de la Constitución, José Bono ofreció un almuerzo a quienes le han precedido en la Presidencia del Congreso, como es habitual cada año, al que en esta ocasión también asistió el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. De sus antecesores en el cargo sólo asistieron los socialistas Manuel Marín, Félix Pons y Gregorio Peces Barba, y Landelino Lavilla, de UCD

DÍA DE LA CONSTITUCIÓN / La opinión
López: «El cambio se ha dado con normalidad»

MANUEL SÁNCHEZ

Madrid

El lehendakari, Patxi López, aseguró ayer que la sociedad vasca ha asumido a una «velocidad vertiginosa» el cambio de Gobierno en Euskadi, tras casi 30 años de Ejecutivos nacionalistas del PNV.

Después de siete meses en la Lehendakaritza, gracias a un pacto de gobierno con el PP, Patxi López cree que el cambio se ha producido con «total normalidad», y así lo ha comentado con los periodistas durante la recepción que ha tenido lugar en el Congreso con motivo del XXXI aniversario de la Constitución.

Por ello, en el mismo ámbito de normalidad institucional, enmarcó su presencia en el Día de la Constitución.

López dijo ser consciente de que cualquier decisión que tomara le supondría críticas: asistir al acto le ha valido críticas del nacionalismo vasco en el País Vasco, pero no hacerlo le habría supuesto críticas en el resto de España. A todo ello, le restó importancia política el lehendakari.

El líder del Gobierno vasco indicó que cree comprender la normalidad de un vuelco político tras más de tres décadas. «Nosotros no vamos contra nadie. No buscamos enfrentamientos. No intentamos crispar a nadie. Creo que la sociedad vasca así lo percibe. Somos, ahora, el oasis político del Estado español. Pero hay que seguir trabajando para que esto dure».

Patxi López afirmó igualmente que es necesario «poner en valor» y «prestigiar» la Constitución Española de 1978, que otorga los derechos y libertades a los ciudadanos y de la que nacen el Estatuto de Guernica, el concierto económico y todas las singularidades que tiene su comunidad autónoma dentro del Estado español.

El presidente del País Vasco justificó su presencia, frente a la habitual ausencia de Juan José Ibarretxe cuando en anteriores años era lehendakari, porque a los dirigentes de las instituciones «corresponde no despreciar esto, sino ponerlo en valor», dado que todo lo conseguido en las últimos 30 años se debe en gran parte a ella. López recordó que hubo muchos españoles y también muchos vascos que lucharon y «se sacrificaron» por instaurar la democracia y consensuar un texto constitucional. Por eso, dijo, «es hora de prestigiarlo». Asimismo, no descartó que en un futuro pueda introducirse alguna reforma en la Carta Magna, dado que considera que «no hay ningún texto sagrado y todos los textos se pueden adaptar a las nuevas necesidades».

López, además, aprovechó su desplazamiento para hablar con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, de su deseo de culminar cuanto antes la negociación para que el Gobierno central traspase al vasco las políticas activas de empleo.

DÍA DE LA CONSTITUCIÓN
Los 'siete hijos' de Hernán Cortés

El Congreso de los Diputados exhibió ayer el retrato de los siete ponentes de la Constitución de 1978, una obra nueva que por primera vez podrá ser contemplada. Se trata de un políptico, de aproximadamente 1,30 metros de alto por siete metros de ancho, realizado en pintura acrílica en lienzo por Hernán Cortés Moreno. El cuadro fue encargado la pasada legislatura por la Mesa del Congreso, presidida por Manuel Marín, que también puso el nombre de los ponentes a siete salas de las dependencias parlamentarias. En la imagen, el pintor con su trabajo, poco antes de que fuese visitado por José Luis Rodríguez Zapatero

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