SE RÍE DE LA CATALUÑA DEL TRIPARTIT
Carme Riera se 'ríe' de la Cataluña nacionalista
Publica 'Con ojos americanos', una sátira desternillante que apunta al tripartito
EMMA RODRÍGUEZ
Madrid
«Puigdevall era hombre de sólida cultura catalana (...) A mí ni siquiera se me habría pasado por la cabeza poner en el mismo saco las montañas de Montserrat, la butifarra, tan sabrosa por cierto, y els castellers. Él veía nexos y conexiones por todas partes, de los que tomaba referencias en las que afianzar las esencias de su catalanidad. Para él Cataluña era muy diferente de las otras autonomías de la Península, que ni siquiera estaban cohesionadas. La lengua, el derecho, la Historia y las instituciones hacían del territorio catalán una nación distinta de cualquier otra». Quien así reflexiona es George MacGregor, el protagonista de la nueva novela de Carme Riera, Con ojos americanos (Bruguera). A quien se refiere es a Albert Puigdevall, alto cargo de la Generalitat, que viaja a Nueva York en el séquito del alcalde de Barcelona para promocionar la ciudad y para conseguir inversiones de empresas norteamericanas. Una visita rocambolesca, un itinerario -completamente ficticio, por supuesto- pero que, en manos de la escritora, se convierte en una desternillante sátira de la Cataluña nacionalista.
Resulta que McGregor es un joven y atractivo periodista que acude a cubrir el acto y del que cae rendidamente enamorado Puigdevall, quien le promete una beca de la Generalitat para hacerlo viajar a la Ciudad Condal y convertirlo en su amante a escondidas, ya que está casado, tiene hijos y no se plantea salir del armario.
Ataviado con barretina el joven llega al aeropuerto de El Prat y se encuentra con su mentor disfrazado de mujer para despistar a sus enemigos políticos. Lejos está McGregor de saber que conseguir la beca prometida será mucho más difícil de lo previsto, asunto éste que da pie a sacar a la luz el asunto de las corruptelas y pequeñas trampas a las que hay que recurrir para conseguir algo en unas instituciones en las que es requisito fundamental si no se habla el catalán hacer como que sí se habla.
- «No sabes las ganas que tengo de que podamos hablar en catalán... Y pensar que hay un padre que ayuna para que le enseñen en castellano a su hijo...». Es una de las primeras declaraciones que escucha el recién llegado de boca de su mentor. La relación sigue avanzando y se convierte para el visitante en todo un máster de catalanidad, en una lección de costumbres, política y sociedad, ofrecida desde dentro, por uno de sus principales protagonistas.
«Cuando Puigdevall estaba de buen humor, solía entrar en mi casa-zulo al grito de 'Ciutadans de Catalunya. Ja sóc aquí', remedando el saludo del president Tarradellas el día en que, por fin, tras casi cuarenta años de exilio, volvió a pisar el suelo patrio...» sigue relatando McGregor, quien se decide a contar su experiencia y su aprendizaje en una novela -literatura dentro de la literatura- en la que no sólo sale Tarradellas, sino Pujol, y los tres protagonistas de la Cataluña del primer Tripartito: Maragall, Carod-Rovira y Joan Saura.
Con los ojos de asombro del extranjero; de ahí que muchas de sus interpretaciones resulten simplistas, el joven periodista intenta entender qué fue lo que pasó y por qué Carod puso en peligro el pacto de Gobierno al entrevistarse con ETA en Perpiñán. En la novela, para que no le reconozcan, el mandatario se disfraza de Guifré el Pilós (Wifredo el Velloso), primer conde independiente y, por tanto, paradigma de la Historia catalana, y acude, con armadura y todo, a convencer a la banda terrorista de que no atente en Cataluña.
«Bastaba mirar a Carod, no a los ojos, sino al bigote, para entender los motivos que le llevaron a tomar tal decisión (...) Como si estuviéramos en la Edad Media y no en el siglo XXI, consciente de las fronteras de su territorio, trató de salvaguardarlo, con el criterio de que no le incumbía el territorio ajeno, o sea, el resto del Estado español. Allá se las compusieran los presidentes autonómicos y no digamos el del gobierno central, su enemigo político José María Aznar, con el terrorismo etarra...»
Con ojos americanos se centra especialmente en ese período, sin duda pocos más apropiados para la caricatura (el denominado pacto «del Tinell», que dio lugar al Tripartito, debería haberse denominado «de la Botifarra», según sugiere el protagonista); repasa con humor todos los símbolos de la catalanidad, incluido el Barça, y no deja de lado otras cuestiones como la eterna rivalidad entre Madrid y Barcelona. «Madrid no merece la pena. No vayas, que allí no nos quieren», le aconseja Puigdevall a McGregor, llevando a éste a las fuentes de un enfrentamiento que, según se va enterando, «se remonta al siglo XIX, cuando Madrid era un poblacho mesetario encerrado en un caparazón de miseria y Barcelona una ciudad industrial muy próspera».
«El conflicto lingüístico es cosa de los políticos»
Cuando a Carme Riera se le pregunta si se planteó las enemistades que podría granjearse mientras escribía 'Con ojos americanos', su respuesta es: «Tengo por costumbre decir lo que pienso sin ponerme cortapisas y por eso respeto que otros hagan lo mismo conmigo. Lo políticamente correcto me parece una forma de hipocresía y la sociedad catalana no es más egocéntrica que otras, aunque quizá tenga más tendencia al victimismo, a echar la culpa de todo lo malo a los de fuera, al Gobierno central, algo que me parece detestable».
La catedrática y escritora mallorquina, que escribe en catalán y que ha sido premiada con importantes premios en esa lengua como el Ramon Llul, quita importancia a su acto de valentía al trazar una caricatura de la Cataluña nacionalista. Un acto que la sitúa en la misma línea de fuego que Albert Boadella con sus encendidas sátiras y en la misma órbita que Eduardo Mendoza, quien en 'Sin noticias de Gurb' hizo aterrizar a un marciano en una Barcelona incomprensible.
A Riera la idea de la novela se le ocurrió cuando impartía un máster en Chicago sobre 'Barcelona, ciudad literaria'. «Me di cuenta de lo poco que sabían los estudiantes estadounidenses y me pareció interesante enfocar la realidad catalana de una manera distanciada, a partir de sus tópicos, utilizando el humor», afirma.
«En Cataluña no hay conflictos linguïsticos, sino políticos dispuestos a fomentarlos», prosigue. «La sociedad catalana es, en general, equilibrada y tolerante y en ella conviven autores que escriben en castellano con otros que lo hacen en catalán sin problemas. Y no deja de ser curioso que los más conocidos en Cataluña sean los que escriben en castellano y que los libros más prestados en las bibliotecas sean libros escritos o traducidos al castellano...»





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