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jueves, 26 de noviembre de 2009

LA CRISIS DEL 'ALAKRANA': Los piratas burlaron al CNI con el móvil de un marinero



LA CRISIS DEL 'ALAKRANA' / El papel de los servicios secretos

Tras simular el desembarco de tres tripulantes, llevaron a tierra el teléfono de uno de ellos e hicieron llamadas para que los servicios secretos las detectaran

CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO

Madrid

Los piratas que secuestraron el Alakrana lograron engañar a los servicios secretos españoles al hacerles creer que habían bajado a tierra a tres marineros el pasado 5 de noviembre utilizando un método sutil: sustrajeron a uno de ellos un móvil y lo llevaron a tierra, desde donde hicieron varias llamadas, a sabiendas de que los terminales estaban siendo controlados vía satélite.

La operación de engaño estuvo muy bien planeada. Para empezar, hicieron creer a los marineros del pesquero que sus compañeros iban a ser trasladados a tierra.

Para empezar, antes de subirles en una lancha, hicieron desfilar a los tres marineros delante del resto de la tripulación; después, encerraron a éstos últimos en la sala de máquinas, según relató tras la liberación el capitán, Iker Galbarriatu. Luego, tras darles una vuelta por mar a los tres que supuestamente iban a trasladar a tierra, les volvieron a subir al Alakrana y los encerraron en un camarote, para que sus compañeros no pudieran verles.

Eso sucedió el mismo día -el 5 de noviembre- en el que los piratas dejaron que los marineros llamaran a sus familias para que presionasen al Gobierno a través de los medios de comunicación. Dispararon al aire, les amenazaron de muerte y fingieron la maniobra de desplazamiento a tierra de sus tres compañeros.

Sin embargo, la pista que dio al CNI la seguridad de que, efectivamente, los piratas habían llevado a las cercanías de Haradhere a los tres marineros fue la detección de una llamada realizada en tierra desde uno de los teléfonos móviles que el servicio secreto sabía que pertenecía a un miembro de la tripulación del Alakrana.

No era la primera vez que uno de los clanes que operan en el Índico trasladaba a tierra a marineros de un barco secuestrado para presionar a un gobierno con objeto de conseguir el pago de un rescate. Durante la captura del contenedor alemán Hansa Stavanger, los secuestradores desembarcaron en dos ocasiones a miembros de su tripulación.

En ese caso, los piratas supieron, a través de la BBC, que la operación de asalto que tenía planificada la fuerza especial GSG9 había sido suspendida, ya que el gobierno alemán dio siempre prioridad a salvar En el caso español, los piratas actuaron con mayor astucia, ya que no llegaron a bajar a los marineros a tierra. Lo que hicieron fue llevarse el móvil de uno de ellos y activarlo.

¿Por qué los piratas, de repente, rompieron una negociación que estaba prácticamente cerrada y amenazaron de muerte a los marineros del Alakrana?

Según fuentes solventes, los dos piratas detenidos y trasladados a España, Abdu Willy y Raageggesey Adji Haman, fueron la clave de la ruptura de las negociaciones. Estos dos piratas, actualmente a disposición de la Audiencia Nacional, pertenecían a un clan distinto al que asaltó el Alakrana. Su función era localizar pesqueros para informar al barco pirata nodriza.

Cuando fueron detenidos por la Armada, el 3 de octubre, llevaban encima 1.500 dólares, que les habían sido abonados por sus servicios por parte del clan que asaltó el atunero.

Durante toda la primera parte de la negociación, que estuvo a punto de cerrarse el día 30 de octubre, esos dos piratas no formaron parte del precio del rescate. Sin embargo, los jefes (elders) de su clan, al conocer las complicaciones políticas y judiciales que estaban surgiendo en España, exigieron que la cifra final a pagar les incluyera también a ellos.

La responsabilidad fue trasladada al jefe de los piratas que asaltaron el Alakrana. Éste decidió actuar siguiendo las pautas aplicadas en otros secuestros (como el del barco alemán). Es decir, usaron a los dos detenidos para elevar el precio del rescate, con el fin de indemnizar a su clan por el nuevo valor de mercado que habían adquirido sus dos miembros trasladados a España.

Tan sólo 24 horas después de la operación de despiste -es decir, el 6 de noviembre-, el Gobierno español informó de que los tres marineros ya habían sido trasladados de nuevo al Alakrana. Fue el ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, el que anunció que habían sido devueltos al barco. Según dijo, esa información se la había dado el primer ministro somalí, Omar Abdrisahid Ali Shamarke, a través del embajador en Kenia, Nicolás Martín Cinto.

El caso es que la operación de engaño les salió bien a los piratas, ya que subieron el precio del rescate, que al final se situó en algo más de cuatro millones de dólares.

Nueva fragata a Somalia

La fragata Navarra zarpó ayer desde la base de Rota en dirección al Océano Índico, donde relevará a la Canarias en la operación Atalanta. Los 211 marineros se despidieron de sus familiares con largos abrazos, sabedores de que los cuatro meses de misión que tienen por delante pueden ser tan duros como los que han pasado los tripulantes de la Canarias con la crisis del Alakrana.

LA CRISIS DEL 'ALAKRANA' / El papel de los servicios secretos
Clanes organizados para un gran negocio

CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO

Madrid

La piratería en el Índico es un negocio floreciente. En un país como Somalia, dividido en tres pedazos que no pueden ser considerados como estados, donde los medios de subsistencia son muy escasos, el secuestro de buques se ha convertido en una actividad muy rentable.

Según fuentes solventes, unos seis grandes clanes, de los que dependen decenas de pequeños grupos, operan en una zona por la que navegan miles de buques de todo tipo. Cerca de 1.500 piratas forman parte de esos clanes y subclanes.

Hay grupos de piratas autónomos, que secuestran un buque y luego lo ceden a una de las grandes mafias a cambio de dinero. Esas seis grandes familias son las que cuentan con medios de información y contactos jurídicos y políticos para rentabilizar los asaltos.

Probablemente, los adolescentes que portan armas y que asumen el riesgo de abordar un barco mercante, pesquero o de recreo, no saben leer ni escribir, pero sus jefes se han hecho expertos en ese siniestro negocio y conocen los límites hasta dónde se pueden mover.

Por ejemplo, saben que no pueden matar o herir a ningún miembro de la tripulación secuestrada, porque eso supondría dar luz verde para actuar a los buques de guerra que vigilan esas aguas.

Sin embargo, no todos los países se rigen por las mismas normas. España y Francia forman parte, junto con otros países de la UE, de la operación Atalanta. No obstante, las reglas de enfrentamiento de sus armadas son diferentes. Francia liberó a tiros a la tripulación de Le Tanit, el pasado mes de abril, matando a dos piratas, pero también al capitán del velero.

La US Navy, que no forma parte de la operación Atalanta, liberó el 8 de abril a los 20 tripulantes del Maersk Alabama abatiendo a tiros a tres piratas que habían secuestrado al capitán del buque.

Las reglas de la Armada española le impiden hacer fuego contra los piratas si no es en defensa propia.

De la misma forma, Francia protege a sus barcos con personal militar, mientras que España ha optado por agentes privados de seguridad tanto por razones legales como operativas.

El PP es partidario de que la infantería de Marina proteja a los pesqueros y de que las reglas de enfrentamiento cambien para evitar la huida de los piratas, como sucedió tras la liberación del Alakrana. El Gobierno, por su parte, afirma que no se pueden utilizar medios desproporcionados contra los piratas y que, con la actual normativa, no se puede aplicar la ley de fugas, ya que el responsable de esa orden cometería un grave delito

LA CRISIS DEL 'ALAKRANA' / El debate político


Soraya se consagra en un vibrante debate con De la Vega

«O no se enteraban, o nos engañaron»

AGUSTÍN YANEL

Madrid

La vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, rechazó ayer las críticas generalizadas de toda la oposición contra la actuación del Gobierno durante el secuestro del barco pesquero Alakrana, una gestión que calificó de «impecable». La portavoz del PP, Soraya Sáenz de Santamaría, arremetió contra ella con dureza, criticó su falta de explicaciones y acusó al Ejecutivo socialista de haber aumentado el riesgo que sufrían esos pescadores.

La intervención de la portavoz popular fue muy celebrada por sus compañeros, que consideraron que ayer se consagró en el Congreso. «La vicepresidenta ha venido a reñirnos, a nosotros y a toda la oposición, pero Soraya la ha puesto en su sitio», indicó un diputado del PP.

De la Vega acudió al Congreso para explicar lo que ha hecho el Gobierno durante los 47 días de secuestro del atunero, hasta que se consiguió la libertad de sus 36 tripulantes, de los que 16 eran españoles. Ofreció detalles concretos sobre las gestiones realizadas, pero no convenció a ninguno de los grupos de la oposición.

La vicepresidenta aseguró, una y otra vez, que el Gobierno ha hecho en todo momento lo que debía, con el objetivo principal de conseguir la liberación de los pescadores y respetando las leyes españolas e internacionales.

«Objetivo cumplido», dijo. «Hoy, afortunadamente, los marineros están de vuelta, en casa, sanos y salvos».

A la portavoz de los diputados populares no le convenció ninguna de las explicaciones de Fernández de la Vega. Resaltó, por ejemplo, que el Gobierno dijera en su día que tres marineros del barco habían sido trasladados a tierra por los piratas de Somalia, cuando después se demostró que eso no era verdad.

«O ustedes no se enteraban de nada, lo cual está mal, o quisieron engañar a todos, lo cual está aún peor, o se dejaron engañar y encima pagando, como informa hoy un medio de comunicación», dijo, en referencia a la información que ayer publicaba EL MUNDO.

El Gobierno y la vicepresidenta primera no sólo fueron criticados por el PP, sino también por los portavoces de los restantes grupos del Congreso, uno tras otro.

En general, todos coincidieron en afirmar que el Ejecutivo ha actuado con descoordinación, que se equivocó al permitir que los dos piratas detenidos fueran traídos a España -porque con eso se incrementó el riesgo para los pescadores secuestrados- y que debería haber hecho caso antes cuando varios grupos propusieron en el Parlamento medidas para incrementar la seguridad de los barcos, entre ellas, que llevaran a bordo infantes de la Marina española.

La vicepresidenta explicó que los dos piratas detenidos fueron trasladados hasta España porque es lo que había que hacer, según la legislación, cosa que fue rebatida por el PP y por otros grupos.

No se refirió en ningún momento a si España ha pagado rescate a los piratas somalíes, ni tampoco a las gestiones que han llevado a cabo los agentes de los servicios de inteligencia españoles, por motivos de seguridad, según argumentó.

Lo que sí hizo fue anunciar que el Gobierno va a poner en marcha un protocolo de actuación, para aplicarlo en el caso de que se repitan situaciones como ésta.

Tras las críticas generalizadas de todos los portavoces, unos con más intensidad que otros, la vicepresidenta insistió en que el Ejecutivo ha actuado de manera correcta y ha cumplido las leyes.

Fue especialmente crítica con el PP, al que acusó de haber empezado a criticar la actuación del Gobierno antes de que éste diera explicaciones porque su único interés, según dijo, es «sacar rédito político» al secuestro del barco. De la Vega aseguró estar dispuesta a «rectificar y aprender de las críticas razonadas», pero a continuación añadió que el Ejecutivo no es el único que debería aprender la lección».

Aunque dijo que el Gabinete se siente «moderadamente satisfecho» por su actuación en este caso, Fernández de la Vega se mostró dispuesta a «mejorar» con lo aprendido en estos días.

La intervención de la portavoz del PP causó muy buena impresión entre sus compañeros. «La vicepresidenta ha puesto de manifiesto que venía sin respuestas al debate», afirmó un miembro de la dirección del Grupo Popular, «y ha evidenciado esa estrategia de perdedora contra la oposición».

«La portavoz ha sido contundente al pedir explicaciones y, sobre todo, ha defendido al Grupo Popular», añadió.

Los diputados del PP aplauden a su portavoz en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría, tras su intercambio dialéctico con De la Vega. / ALBERTO CUÉLLAR

LA CRISIS DEL 'ALAKRANA' / El debate político
Zapatero: «Al CNI no se le tima así como así»

El presidente dice en Atenas que hay que evaluar «la actitud anómala de la oposición»

MARISA CRUZ. ENVIADA ESPECIAL

Atenas (Grecia)

Zapatero embustero

Zapatero insiste: «En el caso Alakrana, lo que hay que evaluar es la actitud anómala de la oposición». Mientras la vicepresidenta se explicaba en el Congreso y capeaba un aguacero de críticas, el presidente analizaba los 47 días de secuestro del Alakrana a bordo del avión de la Fuerza Aérea Española.

Zapatero insiste en que la gestión del Gobierno no ha tenido tacha, al menos de gran importancia. En su opinión, en todo este asunto merecería la pena hacer una reflexión y evaluar cómo se han comportado la oposición y los medios de comunicación. Y, además, hacerlo comparativamente con la actitud que han mantenido en otros países que se han visto sometidos a la prueba de tener un buque secuestrado.

Molesto por la avalancha de críticas, el presidente aprovechó su conversación con periodistas para deshacer entuertos. El PP y los medios salieron muy mal parados.

Asegura no entender que en un caso como éste «sin color político, ni ideológico lo lógico es que todo el mundo esté detrás del Gobierno, apoyándole porque el interés político es cero». En opinión del presidente, habría que hacer una autorreflexión sobre esto comparándolo con lo ocurrido en otros países.

En relación con los dos episodios más espinosos de todo el proceso -el pago del rescate y los errores cometidos por el CNI-, el presidente opta por mantener una actitud ambigua: sobre con el primero, es consciente de que los ciudadanos están convencidos de que se ha pagado a los piratas, pero su reflexión es que «cada uno puede pensar lo que quiera». Sobre los errores del CNI y sobre el timo que habrían sufrido de manos de un personaje que se hizo pasar por miembro de la Defensa somalí, como informó ayer EL MUNDO, Zapatero no proporciona datos ni ofrece explicaciones. Sólo asegura: «Al CNI no se le tima así como así»


LA CRISIS DEL 'ALAKRANA'
«El pago de rescates lleva a miles de somalíes a imitarlos»

El periodista local Mustafá Haji pide intervenir en tierra

JOSÉ LUIS GUTIÉRREZ. ENVIADO ESPECIAL

Nueva York

«El pago de rescates provoca que cientos, miles de jóvenes somalíes imiten a los piratas que, de la noche a la mañana, se convierten en ricos, pasan de la miseria a tener millones de dólares. Son normales, por tanto, las historias que ha contado EL MUNDO sobre la subida de los precios en Mogadiscio, los matrimonios de los piratas y demás».

Quien así se expresa en un inglés razonable es Mustafá Haji Abdinur, uno de los galardonados en la XIX Gala de los International Press Freedom Awards del CPJ (Comité de Protección de Periodistas), con sede en Nueva York, una de las organizaciones de defensa de la libertad de Prensa y expresión más importantes del mundo, que cada año celebra su gala anual en el mítico Hotel Waldorf Astoria de Park Avenue.

Mustafá, aún sin cumplir los 30 años, pronuncia un discurso -que inicia con «en el nombre de Alá», en sintonía con la condición de musulmanes de más del 98% de los somalíes- que pone los pelos de punta. Mientras se celebra la cena aún se investiga el asesinato en Filipinas de 12 periodistas que cubrían actos de la campaña electoral.

«En mi país no existe el Gobierno, no hay Ejército, ni hay Policía, ni leyes, ni jueces independientes que las apliquen. Es una jungla», dice.

Ciertamente, cabe preguntarse, cuando se escuchan los escalofriantes discursos de los premiados del CPJ -ya sea Haji, la tunecina Naziha Rejiba, el azerbaiyano Eynulla Fatulllayev o la mujer de J. Tissainayagam, encarcelado en Sri Lanka, entre otros- qué extraña, misteriosa fuerza interior impulsa a estas ánimas benditas a ejercer una profesión tan benditamente disparatada como la de periodista en sus infiernos respectivos. Mustafá -director de la emisora Radio Simba, que informa a más de dos millones de somalíes, y corresponsal de la agencia estatal francesa France Presse- sabe sin duda de lo que habla. Seis colegas suyos, periodistas somalíes, han sido asesinados o han resultado víctimas del fuego cruzado en 2009, en un país con poco más de ocho millones de habitantes y una tierra yerma y atormentada por la sequía algo mayor en superficie que España.

Sin embargo, lo que le ha convertido en una diana para los kalashnikov y bazucas de los insurgentes y para las autoridades es su condición de corresponsal de France Presse y de colaborador de otros medios occidentales que se han hecho eco de sus informaciones. Ha sufrido monumentales palizas de los insurgentes por informar de sus movimientos a la agencia japonesa Kyoto y ha sido detenido por las Fuerzas de Seguridad por entrevistar a un líder del grupo insurgente Al Shabaab.

A pesar de los peligros y riesgos que asume, Mustafá Haji ha decidido permanecer en Mogadiscio informando sobre su país, dividido en territorios dominados por bandas y señores de la guerra, en enfrentamientos y escaramuzas constantes, de guerra civil, desde su independencia en 1960.

Para Mustafá, los secuestros de barcos y tripulantes por piratas somalíes y el consiguiente chantaje «son problemas que no están siendo tratados correctamente por los países víctimas de los actos de piratería. No se trata de enviar barcos y más barcos, cañoneras, destructores a las costas de Somalia, porque creo que no son operativos, son poco eficaces. El problema hay que atajarlo en tierra firme, en el interior, en el territorio de Somalia», añade, enigmático, sin precisar ni pronunciarse sobre cómo hacerlo

LA CRISIS DEL 'ALAKRANA' / La investigación judicial
Un desembarcado afirma que nunca llegaron a tierra

El marinero Joaquín Fernández dice que dieron vueltas al pesquero «5 o 10 minutos»

M. GIMENO

Vigo

En las mentes de los ocho tripulantes gallegos del Alakrana no sólo hay espacio para un dolor al que quieren dar carpetazo y convertirlo en historia. Ayer aprovecharon su declaración ante el juez Santiago Pedraz para dar gracias a casi todos -a las «heroínas» de sus mujeres, a «toda España», a la Xunta, al Gobierno vasco, a los alcaldes-, pero también para hacer una petición al Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero: que repatríe cuanto antes a los dos piratas somalíes encarcelados en España, por el bien de los pesqueros españoles que quedan en el Índico.

«El miedo existe y está presente en el caladero», afirmó Joaquín Fernández, marinero del Alakrana, para insistir en que los dos piratas están mejor en su país que aquí.

El juez Pedraz no mostró fotos de los dos detenidos a los ocho marineros, aunque éstos aseguraron que da lo mismo, porque no los reconocerían. «No los conocemos, no los hemos visto, no sabemos si estaban a bordo... Todos son iguales», respondió rotundo el patrón, Ricardo Blach. Él y los otros siete pescadores coincidieron en las dificultades para identificar a los piratas y recordaron que, en los primeros momentos, fueron obligados a tumbarse boca abajo sin verles el rostro. «Imposible identificarlos», reafirmó Fernández.

Precisamente, este marinero aportó un testimonio que aclaró bastante lo ocurrido el 5 de noviembre. Él fue una de las tres personas que los piratas desembarcaron del Alakrana y ayer explicó que nunca llegaron a tierra y que sólo dieron vueltas en torno al pesquero «durante cinco o 10 minutos».

A continuación, Ricardo Blach confesó que sabía que los tres tripulantes desembarcados no llegaron a tierra. «Sabía al 90% que los marineros estaban en el barco, pero yo no podía decirlo, porque nuestras vidas corrían peligro si los piratas se enteraban de que nosotros lo sabíamos; por eso traté de ocultarlo, por nuestras vidas». Ese día les dijeron que llamaran a casa para despedirse de sus familias.

Por otra parte, los tripulantes gallegos del Alakrana pidieron a las autoridades internacionales que pongan fin al secuestro del carguero griego Ariana, que lleva siete meses en poder de los piratas somalíes. Aseguraron seguir marcados por la impresión que les produjo las duras escenas que tuvieron que contemplar a bordo del carguero. «Subimos al barco para darle combustible y de paso llevamos fruta y atunes ultracongelados, y al ver lo que vimos nos hundimos mucho más», explicaron.

Precisamente, la ministra de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, Elena Espinosa, explicó ayer que el Gobierno está hablando con el Ejecutivo de Ucrania, país del que procede la tripulación del Ariana, para asesorarle y lograr su liberación, informa Europa Press

LA CRISIS DEL 'ALAKRANA' / La investigación judicial
El presidente de la Audiencia: «Se podía haber actuado mejor»

Madrid

El presidente de la Audiencia Nacional, Ángel Juanes, admitió ayer que la nota informativa en la que responsabilizó al Gobierno del traslado a España de los dos piratas detenidos, librando a la Audiencia de responsabilidad, pudo contribuir a «elevar el tono de la polémica» y que, de haber previsto esta consecuencia, «hubiera quizá realizado la nota de otra manera», según reconoció en declaraciones a la cadena Ser recogidas por Europa Press. «No fue que la Audiencia Nacional intentara quitarse el muerto de encima», indicó, para destacar que se deseó exponer que el Gobierno decidió «en el marco de la legalidad» entregar a los piratas. Una decisión que, entiende, «no fue fácil», aunque 'a posteriori' se pueda discutir sobre ella. En cualquier caso, subrayó que la Audiencia Nacional nunca tuvo intención de «enjuiciar a nadie» e insistió en que hubo una decisión adoptada por el Gobierno «dentro de la legalidad» y los jueces actuaron al respecto. Tras hacer autocrítica, también quiso destacar el comportamiento «ejemplar» que ha mantenido la Audiencia. Preguntado si se cometieron errores en la gestión del secuestro, Juanes defendió que la Audiencia siempre ha actuado en el marco de la legalidad, aunque precisó que «se podrían haber hecho las cosas mejor en el tema de la mayoría o minoría de edad» de los piratas detenidos. En este sentido, argumentó que «los problemas estructurales» y «la falta de medios» que soporta la Audiencia Nacional afectaron a este asunto. Puso el ejemplo de que, si hubiera tenido «una estructura organizada con servicios jerarquizados», los informes de los forenses podrían haber sido «uniformes» y, «por tanto, podrían haberse hecho las cosas de otra manera». Finalmente, cuestionado sobre dónde cumplirán la pena los piratas si son condenados, Juanes contestó: «Después del juicio, la Audiencia termina su trabajo, dicta su sentencia». «Hasta ahí llega», remachó


BARRA BRAVA EN EL CONGRESO
El retorno de Rubalcaba

DAVID GISTAU

En Argentina, de alguien obtuso e ineficaz suele decirse que «se le escapan las tortugas». El engaño del millón de dólares al CNI no contribuyó en el Congreso a mejorar la imagen de un ejército al que no sólo se le escaparían las tortugas con motor fuera borda, sino que, además, se antojaría una víctima ideal de un remedo afro de Tony Leblanc ensayando el timo de la estampita. El diputado popular Arsenio Fernández de Mesa intentó salvar la honra militar atribuyendo el pitorreo pirata a los estrechos márgenes operativos que dejan las reglas de enfrentamiento y las órdenes políticas de un gobierno que, según Sáenz de Santamaría, no concibe el uso de la fuerza ni para defender un derecho.

La primera respuesta de Carme Chacón no fue la que esperarían los hombres de quien les manda, pues cambió supervivencia política por el prestigio de la Armada, con una prolija explicación de los hechos que afeó hasta la impericia de un tirador que habría sido incapaz de averiar el motor del esquife antes de que llegara a la playa. La ministra remontó luego este matiz mezquino con una vibrante defensa de los soldados, que no tendrían otra contención que la que impone «la legalidad». Antes, intentó cerrar el flanco del timo, refutado por el CNI, con un «va a ser que no» que resonó como el de una reina de la belleza provincial negándose a conceder un baile en la verbena.

La otra veta conflictiva de la matinal era el partido de vuelta de Rubalcaba y Floriano, con el ministro obligado a remontar el gol en propia puerta de la enganchada en los pasillos. Rubalcaba, quien por cierto intercambió con Chacón discretos gestos de apoyo bajo el granizo, acudía ayer asentado por el éxito de la redada de Segi. Y demostró que sólo le falta aprender la técnica del estrangulamiento telepático para consagrarse como crack del reverso tenebroso. No hubo manera de meterle mano ni de desquiciarle. Ni con Sitel, ni con la sordidez de su pasado en el gobierno de los GAL, ni con la teoría de la reunión de Imaz en Moncloa como detonante del chivatazo del Faisán, ni con las referencias a su falta de moral. Lidió, dominó el terreno, y hasta se dio el gustazo de vengarse de Floriano y González Pons retratándoles como una pareja gamberra, a lo Beavis&Butthead, con los que uno no puede quedarse a solas sin el auxilio de un notario. El aplauso taurino con el que la bancada socialista saludó su salida del Hemiciclo podría haber recordado el que recibió Bermejo pocos días antes de ser fulminado. Si no fuera porque Rubalcaba acababa de confirmar su leyenda de superviviente, volteando contra el PP un trance parlamentario en el que cualquier otro habría terminado pidiendo una rama salvadora como los secundarios de Tarzán cuando entraban en arenas movedizas. Floriano y Pons se fueron de cafelito al bar Manolo, como el ente indivisible que les había inventado Rubalcaba, y ahí urdieron replicar al ministro con el consejo de que con Rubalcaba no es conveniente hablar si no es en presencia de un abogado. Uno buscaba entre el humo de los cigarrillos ese ojo omnisciente que ve lo que hacemos y escucha lo que decimos.

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