ESPAÑOLES POR EL MUNDO: Secuestrados 3 cooperantes españoles en Mauritania/ Ataque pirata al atunero español Ortube Berria

Secuestrados 3 cooperantes españoles en Mauritania
Se sospecha que los raptores pertenecen a una célula islamista de Al Qaeda
ERENA CALVO. ESPECIAL PARA EL MUNDO
Rabat / Nuakchot
Tres cooperantes españoles, dos hombres y una mujer pertenecientes a la organización Barcelona-Acció Solidària, fueron secuestrados ayer a unos 150 kilómetros de Nuakchot, en la carretera que une la capital mauritana con Nuadibú, la ciudad más importante del norte del país.
Un portavoz de Barcelona-Acció Solidària dijo en la Ciudad Condal que los secuestrados, que transportaban material humanitario de la ONG española, son Albert Vilalta -que es además director general del Túnel del Cadí-, Alicia Gámez y Roque Pascual.
Brahim Ould Ahmed Madmoud, funcionario del área de Cooperación del Ayuntamiento de Nuadibú, confirmó a este periódico que los españoles secuestrados formaban parte de una caravana solidaria que recorre desde hace años varios países del Magreb.
Según Madmoud, llegaron el sábado por la noche a Nuadibú, donde pasaron todo el día de ayer hasta que por la tarde decidieron poner rumbo hacia Nouakchot. Se baraja que podrían haber sufrido una emboscada a unos 150 kilómetros de esta ciudad, cuenta este funcionario al otro lado del teléfono mientras afirma que todavía no se puede confirmar si los secuestradores tienen algún vínculo terrorista.
«Se trata de una zona muy lejana a lo que es el camino normal de Al Qaeda, que tiene su base en áreas más cercanas a Mali; estamos ante un incidente preocupante para la seguridad del país», afirma. Madmoud relata que la carretera por la que circulaba la caravana es una vía muy transitada, aunque «últimamente se han registrado algunos robos de vehículos».
Fuentes policiales, que anteriormente habían indicado que los secuestrados eran cuatro, sí señalaron a Efe que los secuestradores podrían ser miembros de una célula de la organización Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI). La hipótesis de la autoría terrorista se acentuó tras conocerse que los secuestradores dejaron en el vehículo de los cooperantes tanto el equipaje como el material y el dinero. Tras introducirlos en un todoterreno, abandonaron la carretera asfaltada para adentrarse en pistas de arena.
Las fronteras del país han sido cerradas, según fuentes de la seguridad, y unidades militares mantienen activo un dispositvo de búsqueda en la zona donde presuntamente desapareció el vehículo. Las fuentes de seguridad mauritanas mostraron sus esperanzas de localizar a los secuestrados en las próximas horas. Fuerzas de seguridad y unidades militares han desplegado un fuerte dispositivo de búsqueda del automóvil en los alrededores de la carretera, la más transitada del país, que conecta las dos principales ciudades de Mauritania.
Los primeros detalles sobre el secuestro señalan que un grupo de hombres armados y con las caras cubiertas subidos en un todoterreno asaltaron una caravana de cinco vehículos que se dirigían a Nuadibú y huyeron con el último de los coches, en el que supuestamente viajaban los españoles.
Fuentes diplomáticas españolas en Mauritania han asegurado que el embajador se encuentra reunido con su gabinete y en permanente contacto con el Ministerio de Asuntos Exteriores, aunque todavía, al cierre de esta edición, no habían podido confirmar ningún extremo.
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, estuvo puntualmente informado por la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, y por el ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, de los detalles del secuestro de los cooperantes.
Zapatero, Fernández de la Vega y Moratinos han conocido el secuestro en Portugal, donde se encuentran participando en la XIX Cumbre iberoamericana. Desde allí, según han informado a Efe fuentes del Gobierno, la vicepresidenta y Moratinos se han puesto en contacto con el embajador español en Mauritania para conocer detalles de lo sucedido y trasladárselos a Zapatero.
El ministro de Exteriores ha mantenido ya también contactos con el presidente de la Generalitat, José Montilla, y con el alcalde de Barcelona, Jordi Hereu.
La caravana solidaria partió de Barcelona hace unos 15 días y ya había recorrido Marruecos, ahora estaba en Mauritania y tenía previsto acabar en Gambia, aunque también debía visitar Senegal. El objetivo del viaje, en el que participan una veintena de personas, era poder llevar desde España material como máquinas de coser o ordenadores a estos países
Un atunero repele a tiros un ataque pirata
MIKEL OTAEGI
Bilbao
La seguridad privada que llevaba a bordo el Ortube Berria, un buque cerquero bermeano que faena en el Océano Índico, disuadió a los piratas de secuestrar el atunero. Esta vez el Ministerio de Defensa no ha exagerado el peligro, como sí hizo con el Txori Gorri: ayer, los bucaneros dispararon y los escoltas respondieron con fuego.
Según informó el Ministerio dirigido por Carme Chacón, sobre las 5.40 horas de ayer el pesquero Intertuna III «informó al Centro de Operaciones de Vigilancia Marítima de que el pesquero Ortube Berria», buque de pabellón español, estaba siendo objeto del ataque de supuestos piratas.
El patrón del barco confirmó telefónicamente el intento de secuestro. De acuerdo con la información difundida por el Ministerio de Defensa, dos esquifes a 230 millas náuticas al suroeste de las islas Seychelles dispararon al Ortube Berria «con armas ligeras y una granada RPG», un arma que, apoyada en un hombro, es capaz de disparar un cohete explosivo.
La persecución duró en torno a media hora, hasta que el equipo de seguridad privada a bordo, haciendo uso de sus armas, repelió el ataque. El intento de secuestro por parte de los presuntos piratas no causó «ningún tipo de daño personal o material», según Defensa. Tras el tiroteo, el pesquero navegó libre «alejándose hacia el sur de la zona».
El comandante de la operación Atalanta envió al área en el que el pesquero vasco fue atacado a la fragata portuguesa Álvarez Cabral y al avión de patrulla marítima con base en las Seychelles. No optó por la fragata Canarias, que se encontraba a 600 millas al noreste del lugar del incidente.
El patrón del buque, Iker Barbas, aseguró que la labor de los escoltas había sido clave a la hora de zafarse del ataque de los presuntos piratas. Según declaró Barbas a la cadena Ser, los secuestradores se aproximaron hasta «700 metros». En cada uno de los esquifes navegaban «unas cuatro personas. «No desistían». Disparaban, volvían a disparar. Incluso, según el patrón, llegaron a agujerear por seis sitios distintos el puente de mando.
Con todo lo que habían conseguido aproximarse, y a la velocidad que traían, si no llega a ser por las armas no habrían podido escapar, según relató, aún alarmado, el patrón. «Si no estás armado, te cogen», sentenció. Su esposa, en declaraciones a Efe, aseguró que «todos» en el barco están bien. Lamentó las condiciones en que tienen que trabajar los marineros en el Índico, ya que «en vez de ir a pescar, parece que van a la guerra». Pese a ello, valoró positivamente la presencia de seguridad en los buques, puesto que, de no ser así, «seguro» que las consecuencias habrían sido otras.
Este intento de secuestro es el segundo que sufre un buque español tras la liberación del Alakrana, pero el primero en el que se produce un intercambio de disparos. Al anterior atunero atacado, el Txori Gorri, le bastó con efectuar varias maniobras evasivas para dejar de ser perseguido por los presuntos piratas.
No es la primera vez que el Ortube Berria es noticia. El 25 de agosto de 2004 rescató a 36 inmigrantes que navegaban la deriva en una patera en el Océano Atlántico. «Les dimos ropas secas y arroz con pollo, que era la comida que teníamos preparada para el día», explicó entonces a EL MUNDO el capitán del barco. «Pensé en la desgracia que tiene que vivir esta gente para dejar sus vidas en manos de personas sin escrúpulos, que les tiran al mar sin más. Habría que tener más conciencia y prestarles otro tipo de ayuda»
La noche en que murieron Israel y Lourdes
Dos españoles narran el naufragio del 'Coral Princess' en aguas del Mar Rojo
EMILIO AMADE
«Ocho días, siete noches, viaje Egipto. Salida Barcelona/Madrid-Sharm. El M/Y Coral Princess, barco de 31 metros de eslora. De última generación. Dispone de camarotes…» Y así hasta tres páginas. Era el folleto que recibió Gorka Rotaeche en los días previos al viaje que llevaba esperando desde hacía más de un año. Lleva buceando 10 y era la primera vez que saldría de España para practicar submarinismo. Había pagado 1.600 euros y bien los merecía el viaje, ya que el Mar Rojo es una de las mecas del buceo.
La expedición de turistas a bordo del Coral Princess la conformaban 14 españoles provenientes de diversos puntos de España. Entre ellos, estaba el matrimonio de Valencia desaparecido aquella trágica madrugada del pasado 19 de noviembre. Israel Pérez y María Lourdes González, de 33 años, compartían las reducidas zonas comunes del navío con Gorka y los demás turistas. «Desde que me levantaba compartía mesa con Israel y su mujer. Era una pareja muy agradable. Nos pasábamos el día bromeando. El ambiente de buceo es un ambiente de equipo, de compañerismo», comenta.
«Llevábamos tres días en el barco disfrutando y conviviendo juntos. Habíamos bajado al Thistlegorn, un pecio [barco hundido] muy conocido en este mundillo que en 1941 transportaba vehículos militares cuando se fue a pique», relata.
La noche del miércoles 18, el Coral Princess se encontraba atracado en puerto para recoger una maleta que habían extraviado en el vuelo de llegada desde Madrid. Además, a petición de los turistas españoles, llegó una nueva tripulante, la guía de habla hispana que, aunque figuraba incluida en el folleto del viaje, no estaba presente al comienzo de la semana. «El único que chapurreaba un poco el inglés con la tripulación era yo», comenta Gorka, «la mayoría eran egipcios, o algo así».
Ya dormidos, el barco zarpó rumbo a Ras Mohamed, una nueva localización para bucear a más de siete kilómetros de la costa. Estos barcos suelen navegar por la noche, llegan al destino y fondean para aprovechar las primeras horas del día. «Te levantas por la mañana, te tomas un café y al agua. ¡Cuatro buceadas en un día!», asegura Gorka.
«Sobre las cuatro de la mañana, me despertaron unas voces en el pasillo. Al salir de la cama, noté cómo perdí el equilibrio y aprecié que el barco estaba escorado a estribor; mucho más de lo que nos tenía habituados». Desde el principio, el Coral Princess había navegado ligeramente escorado a ese lado. La tripulación le quitó importancia al asunto. «Me puse unas bermudas donde tenía la documentación y las tarjetas y salí al pasillo para encontrarme con Mari Carmen y Emilio Cebrián, la pareja alojada en el camarote de enfrente, en el que estaba entrando agua. Me asomé y vi cómo, de una de las escotillas, brotaba agua lentamente. Podía ver el mar al mismo nivel que la escotilla, cuando lo habitual era tener al menos 40 centímetros de diferencia. Del lavabo y del retrete también salía agua».
Emilio se fue al otro lado del pasillo, hacia popa, para comprobar que el camarote de su misma banda (estribor, derecha) estaba inundado a la altura de sus rodillas. A la voz de «¡Todos para fuera! , ¡Todos para fuera!», y golpeando las paredes del pasillo, Emilio, Mari Carmen y Gorka subieron por una escalera. «En esos momentos de incertidumbre, existía cierta curiosidad, pero recuerdo que la gente no actuaba alarmada ya que no sonaba ninguna sirena o señal luminosa».
Llegaron al comedor y pudieron ver desde allí cómo la popa se estaba sumergiendo.
Entonces, Emilio recordó todo lo que había aprendido en su formación como patrón de embarcaciones de recreo y de su experiencia de la mili: «De repente, me vino a la mente cómo se actúa en una situación de emergencia. Estuve en la Marina embarcado y las prácticas de abandono de buque estaban tan frescas como el primer día». Mientras Gorka y Mari Carmen seguían saliendo, Emilio bajó al camarote para hacerse con un móvil, meterlo en una bolsa de plástico y coger una bolsa de deportes para meter ropa y tratar de mantenerla seca. «Oía a gente que quería bajar. '¡Que no salimos!', les grité». No pudo coger más que la ropa. En ese momento se fue la luz y comprendió que salir de ahí era cuestión de supervivencia.
En el exterior, Gorka había agarrado dos aros salvavidas para las dos mujeres que le acompañaban. La subida por las escaleras se hizo complicada ya que el barco, en un movimiento brusco, se inclinó de nuevo hasta casi los 45 grados. Emilio, que se encontraba saliendo del comedor, perdió el equilibrio y cayó dentro de uno de los servicios, lesionándose en el costado. «Me levanté y no podía respirar, pero seguí hacia delante. No recuerdo muy bien cómo llegué hasta arriba. Lo que sí sé es que fui el último en salir a pie del interior. No venía nadie detrás». La salida del camarote para Luis fue un poco más complicada. Se encontraba cogiendo una linterna cuando se fue la luz. Si no llega a tenerla a mano no hubiese encontrado la escotilla por la que tuvo que salir buceando. No fue el único. De los camarotes en la cubierta del puente salieron bajo el agua Alberto, madrileño de 42 años y su hija Sara, de 18. El escoramiento provocó que la puerta de salida estuviera completamente cubierta por el mar. Llegaron a una de las lanchas neumáticas que se encontraban amarradas a la popa del navío, pero tuvieron que dejarla ya que el yate, al hundirse, se la llevó al fondo.
Gorka se agarró a las barandillas de las escaleras. Un nuevo escoramiento de 90 grados colocó de costado el barco durante unos segundos. «Veía a la tripulación de un lado para otro, pero sin hacer nada. El capitán se encontraba entre la tripulación mirando a su alrededor. En ese momento, vi a Jorge intentando liberar una de las balsas de salvamento. Unos segundos de forcejeo y logramos liberarla para ponerla a flote. La balsa de la otra banda nunca salió a la superficie, cuando se supone que llevan un sistema que las libera automáticamente al entrar en contacto con el agua. Hemos oído que les ponen cadenas para que no las roben de barco a barco» .
«Según me acercaba a mi mujer, el agua comenzó a subir por mis rodillas. El barco se encontraba sumergido aunque todavía la gente se encontraba sobre él. No tuvimos que saltar al agua, simplemente nos fuimos introduciendo suavemente», añade Emilio. A pesar de ser alrededor de las 5.00 horas, la temperatura del agua era de unos 28 grados. No les provocó ninguna impresión al meterse.
«¡Alejaos del barco!», gritaban algunos por miedo a que el efecto que provoca un navío al hundirse succionara a alguno de los supervivientes. «¡Cuidado con los cabos y la maniobra!». «Habíamos entrado en el agua pisando cabos repartidos por la cubierta. Cualquier enredo puede resultar mortal, ya que el barco te arrastraría hacia el fondo», añade Gorka. Se repartieron entre la balsa de salvamento y la zodiac. Podían ver las luces de la costa. Emilio encendió una bengala, pero la arrojó quemándose levemente la mano. ¿No debería encenderla un miembro de la tripulación?. «La tripulación no estaba preparada, no asistió al naufragio» dice Gorka. Una linterna muy potente les sirvió para hacer señales a los barcos en la distancia. Dos horas y media después, y a plena luz del día, llegó la primera lancha de rescate y se quedaron con ellos a la espera de otra embarcación mayor. Les preocupó el principio de hipotermia y los cortes y heridas de algunos de ellos. Les recogió finalmente una hora después una lancha proveniente de uno de los clubes de buceo.
Llegaron a puerto y les facilitaron ropa seca y fueron atendidos por un médico. El grupo se encuentra desde hace más de dos semanas en España a la espera de alguna noticia. El pasado miércoles regresaron a Valencia los padres de los dos desaparecidos. Cristina González, hermana de la desaparecida recalcó que los familiares de la pareja están «derrotados por una parte», aunque también se muestran «luchadores», porque «saben que hay que llorar pero que esto no acaba aquí».
Pocas artes marineras
«Mis experiencias vividas a bordo de varios navíos me llevan a preguntarme qué tipo de formación tenía la dotación que gobernaba el barco. Cruzar el cabo de Hornos o realizar un crucero por el Mediterráneo me traen a la memoria los primeros minutos que pasabas a bordo. Estaban dedicados a la información sobre dónde encontrar los chalecos salvavidas, las salidas de emergencia y el bote que tenías asignado en caso de abandono del buque. Incluso en las pequeñas embarcaciones practicando submarinismo no faltaba ni una sola señalización o chaleco para cada ocupante», relata Emilio Cebrián.
«Desde el primer día hacíamos bromas entre nosotros sobre el tiempo que les llevaba a la tripulación atracar en el muelle: ¡45 minutos!. Además, el capitán llevaba la embarcación a tope. Pensábamos que a lo mejor los motores refrigeraban mal. Realizaban maniobras que requerían suavidad y sutileza a toda máquina», añade
Haidar rechaza la nacionalidad española y pide que la solución respete su nacionalidad
El mundo de la Cultura responsabiliza al Gobierno y exige que Zapatero intervenga
RAFAEL J. ÁLVAREZ
Rivas Vaciamadrid
Bombeándole a distancia cultura, glucosa y resistencia, miles de personas sujetaron ayer a Aminatu Haidar antes y después de su desmayo, una fuerza colectiva de gargantas que ayudó a que la Gandhi saharaui rechazara la ciudadanía española ofrecida por el Gobierno para no ser «extranjera en su propia casa».
A su lado en Lanzarote y en Madrid, donde los artistas responsabilizaron al Gobierno del presente de la activista saharaui, la Plataforma de Solidaridad pidió que el presidente Zapatero intervenga para solucionar la crisis y evitar un «trágico final».
Haidar, rota tras 14 días en huelga de hambre, habló ayer con la boca de su abogada: «Aminatu agradece las ofertas, pero no esperaba que un Gobierno democrático que debe cumplir el Estado de derecho actuara así», informa Europa Press.
Haidar estaba reunida en el aeropuerto de Lanzarote con el enviado del Gobierno cuando un mareo interrumpió la negociación de su futuro, ese dilema de convertirse en española de repente para poder salir de España o seguir siendo lo que es para que le dejen volver a su Sáhara.
Le dio tiempo a decirle al alto cargo de Exteriores que el pasaporte español no resolvía el conflicto y que fue trasladada a España «a la fuerza» por Marruecos con la «cooperación» del Gobierno de aquí. Haidar habló de «violación del Gobierno de España del Pacto Internacional de Derechos Civiles», que prohíbe negar a una persona la salida del país.
Los médicos recetaron descanso a Aminatu y la Plataforma habló por ella con el enviado de Moratinos. «Aminatu me ha pedido que transmita al Gobierno su decepción por la triste propuesta de concederle la ciudadanía española, porque eso no va a resolver lo que el propio Gobierno, junto al marroquí, han creado», dijo la abogada Inés Miranda.
La solución suena distinta. «Debe recuperar su pasaporte. Todo lo demás es evitarle el marrón a Marruecos. El Gobierno debe dejar ya de enredar». Era Gaspar Llamazares en las bambalinas de un macroconcierto con mensaje. A más de 1.600 kilómetros de Lanzarote, la cultura y la calle apelotonadas en Rivas-Vaciamadrid responsabilizaron al Gobierno del hambre de Aminatu y se transmutaron en proteína política: «Si yo tuviera un cargo en el Gobierno, estaría allí con ella. El Gobierno debe hacer más presión diplomática (...) Hay que llamar a las puertas inexpugnables de la monarquía marroquí a ver si se caen».
Lo dijo Pedro Almodóvar, que resultaría increíble si escribiera el guión de Haidar, expulsada por Marruecos, retenida por España y hambrienta de regreso en un aeropuerto que no le sirve para viajar, mujer al borde de un ataque de nervios.
La de Almodóvar fue una del medio millar de firmas de la cultura que se trajeron a Rivas los rotuladores gritones del No a la Guerra para pintar a voces Por el regreso al Sáhara de Aminatu Haidar. «A mí no me han subvencionado en mi puta vida. Pago impuestos y digo lo que pienso, o sea, que el Gobierno tiene mucho miedo de que Marruecos nos toque los perejiles. Luego nos llaman el clan de la ceja, pero yo les voto para vigilarles», contaba Miguel Ríos.
En el escenario y en las butacas resonó durante el día torrencial de Madrid la lucha por la independiencia de un pueblo nada desierto, las «350.000 personas y muchas más en el mundo que cerrarían los ojos si Aminetu los cerrara», como contaba la carta de Javier Bardem leída por Juan Diego Botto y Juan Diego. «Joder, el otro día con lo de Bolivia y hoy aquí. Uno tiene años, pero hay que estar en la lucha», decía en los camerinos el actor inmenso, siempre trajinando por los asuntos de los santos inocentes.
Y así, medio centenar de cantantes y actores, miles de vecinos madrileños y algunos saharauis, que fueron relevándose en las butacas para ver, oír y no callar. «¡Sáhara, libertad!», «¡Marruecos culpable, España responsable!», «¡Moratinos, dimisión!», «¡Aminatu somos todos!».





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