ECONOMIA: Merkel promete una gran rebaja fiscal si gana hoy

LECCIONES ALEMANAS
Merkel promete una gran rebaja fiscal si gana hoy
Los socialdemócratas de Steinmeier también ofrecen una bajada impositiva, pero menor
ROSALÍA SÁNCHEZ. ESPECIAL PARA EL MUNDO
Berlín
Más de 62 millones de alemanes están llamados hoy a las urnas, tras una campaña electoral sin grandes diferencias políticas y en la que los candidatos se han enzarzado en una carrera por ver quién ofrece un mayor recorte fiscal para salir de la criris. «Bajar los impuestos es la forma más sensata de crear crecimiento económico», decía Merkel ayer, en su último mitin en Berlín, en el que reiteró su intención de formar coalición con el Partido Liberal (FDP), el pacto de Gobierno más probable para la próxima legislatura. Queda por ver si los partidos pequeños, al alza en los sondeos, consiguen dar alguna sorpresa, pero, según las encuestas, todos los caminos conducen a Merkel.
«La estabilidad que Alemania necesita sólo se dará con una fuerte Unión Cristiano Demócrata y Social Cristiana [CDU/CSU] y en coalición de Gobierno con los liberales [FDP]», decía ayer en el Treptow Arena de Berlín una Angela Merkel muy segura de sí misma, advirtiendo que la política que ambos partidos proponen es la única que puede sacar de forma rápida y limpia a la República Federal de la crisis económica.
«Todos los votos son necesarios», recordaba, tratando de movilizar hasta el último elemento de sus bases. Recién llegada del G-20 en Pittsburgh, la canciller alemana, a la que las encuestas conceden la reelección con un 35% de los votos, no parecía mostrar síntomas de jet-lag, sino una convicción férrea en que el futuro, tras la crisis, pasa por una descompresión fiscal para el contribuyente y las pymes que permita respirar a la actividad económica.
No ha sido siempre ésta la opinión de Merkel sobre la política fiscal. En 2005, acudió a las elecciones anunciando que subiría los impuestos. Concretamente, su programa electoral recogía un incremento del IVA en un 2% (hasta el 18%). Pero los tiempos han cambiado. «La crisis financiera vivida en el último año ha colocado a Alemania en un puesto de especial responsabilidad y con una voz fuerte en el mundo», decía, cantando sus éxitos en una cumbre que le ha servido de trampolín a las urnas, en el papel de líder global que se permite dar lecciones sobre crecimiento económico gracias a los datos de PIB obtenidos en el último trimestre.
Aún así, la canciller recordó que quedan muchos meses difíciles por delante, cifró en un 5% el retroceso de la economía alemana en 2009 y reiteró que su receta es la correcta: «Lo que nos jugamos en estas elecciones es cómo salir rápidamente de este valle de lágrimas, cómo crear puestos de trabajo, cómo volver a los ritmos de crecimiento anteriores a la crisis y cómo garantizar la justicia social». Y la receta es muy clara: Merkel ha prometido una drástica reducción de impuestos a partir de 2011.
Los liberales del FDP, con los que sigue empeñada en formar gobierno, han prometido una rebaja aún mayor, añadiendo aliviar fiscalmente a las familias, eximir 800 euros en impuestos por cada hijo a cargo y modificar a la baja el impuesto de propiedad.
Y además está la CSU, el ala bávara del partido de Merkel que, en un alarde de iniciativa e independencia, ha presentado un plan de 100 días que acelera los recortes fiscales señalados por la canciller y promete rebajar las cargas fiscales de los ciudadanos, de las herencias, de las empresas y del sector servicios, incluyendo dejar en la mitad (7%) el IVA que pagan hoteles y restaurantes.
El candidato socialdemócrata, Frank-Walter Steinmeier, participa en esta unanimidad sobre la conveniencia de las rebajas fiscales, pero menos radicales. «Subir los impuestos sería desastroso para la coyuntura, por eso no es una posibilidad que esté barajando», decía en una entrevista concedida al Bild.
El único impuesto que Steinmeier quiere crear, y que Merkel ha defendido ante el G-20, sería una tasa a las operaciones en Bolsa que supondría un ingreso de entre 10.000 y 20.000 millones de euros anuales para las arcas del Estado. Como en el resto de los asuntos clave de la campaña, las diferencias entre los dos principales candidatos, son de matiz.
Steinemeier todavía repetía ayer, esperanzado, que las encuestas pueden equivocarse y que sigue aspirando a ser canciller alemán. Pero la diferencia que señalan los sondeos es mucha y todos dan como ganadora a Merkel.
La única incógnita es si los votos que obtengan los partidos pequeños serán suficientes para restar posibilidades a la coalición de Gobierno de Merkel con los liberales de Guido Westerwelle, que es la más probable.
La segunda opción sería repetir la gran coalición (democristianos y socialdemócratas), que ha desnaturalizado la democracia alemana durante los últimos cuatro años, debido a la ausencia de una gran partido opositor.
En cuanto a la tercera posibilidad, una comuna de gobierno con socialdemócratas, radicales de La Izquierda (11,5%) y Los Verdes (11%) resultaría muy inestable y poco duradera.
Steinmeier, con un 26% en intención de voto en las encuestas, se ha mantenido muy firme en que no formará gobierno con La Izquierda de Oskar Lafontaine y Gregor Gysi. Pero el país entero seguía ayer con el rabillo del ojo las negociaciones de tanteo de coalición que socialdemócratas del SPD, rojos de La Izquierda y verdes ecologistas realizaban en Erfurt (Turingia), donde no se ha podido aún formar gobierno tras las últimas regionales.
Y si el resultado de estas elecciones está todavía abierto, no es tanto por la intención de voto, sino por el efecto que puedan tener los escaños acumulados, fruto del doble voto que tiene cada votante para el Bundestag y para su distrito que, en combinación con un 25% de indecisos en vísperas de las elecciones, pueden acabar como un cóctel explosivo, ya que la tentación de dar un voto a un partido y otro a una formación diferente es atractiva.
También hay dudas sobre el efecto que tendría un alto índice de abstención: los analistas hablan de hasta el 40% y el presidente Horst Köhler hizo ayer un llamamiento a la participación.
Pero la gran amenaza que sufre la democracia alemana, aparte de cierto desencanto tras cuatro años de convivencia de los dos grandes partidos, es el terrorismo. La policía judicial descubrió ayer en internet un nuevo vídeo, procedente de los círculos talibán, que contiene amenazas directas contra el ministro de Defensa alemán, Franz Josef Jung. En los últimos 10 días han aparecido al menos seis vídeos con anuncios de un gran atentado terrorista en territorio germano, ligado a las elecciones y a la negativa del Gobierno de sacar de inmediato las tropas de Afganistán.
LECCIONES ALEMANAS Los protagonistas / ANGELA MERKEL Candidata de la CDU
La brillante física que vino del frío
ANA ROMERO. ENVIADA ESPECIAL
Berlín
Vestida con su habitual uniforme -pantalones oscuros, discreta chaqueta, top de cuello redondo sin el menor atisbo de escote y sobria gargantilla-, Angela Merkel eligió ayer el Treptow Arena, en lo que antes era Berlín Este, para cerrar la campaña. Wirtschaft (economía) y Solidarität (solidaridad) fueron las palabras más emocionantes que pronunció la canciller.
Todo transcurrió como estaba previsto: sereno y organizado hasta decir basta. Merkel quiere revalidar hoy su título de líder de la tercera economía del mundo y no arriesga detalle. De estrategia política parece que sabe algo: en tan sólo 15 años pasó de ser la Mädchen (la niña) de Helmut Kohl a estadista mundial.
Su increíble carrera política comenzó no muy lejos de aquí, en la Academia de las Ciencias. Fue el jueves 9 de noviembre de 1989, cuando la investigadora Frau Doktor Merkel se disponía a abandonar su trabajo para ir a darse una sauna y avistó una marea humana que se dirigía hacia el Muro. A partir de ahí, y en una constante de oportunidades bien aprovechadas, mucha capacidad de trabajo, buenos padrinos como el ex canciller Kohl y algo de suerte, la joven doctora en Física, que entonces tenía 35 años, fue escalando dentro de la CDU hasta ser elegida canciller en 2005.
Hasta ese momento en el que coinciden su plan de darse una sauna y las ansias de libertad de los berlineses, Merkel nunca había ocupado un puesto político. Su única militancia había sido en las Juventudes Comunistas de Alemania Oriental, su hogar.
Merkel nació hace 55 años en Hamburgo, pero su padre, que era un pastor protestante y socialista, decidió marcharse a la antigua RDA cuando ella tenía ocho meses. Sus biógrafos dan mucha importancia al hecho de que ella se forma en un ambiente típico de los miembros de la Bildungsbürgertum: la clase media alta alemana, basada en la educación y no en el dinero, y de la que salen grandes líderes.
En la escuela destacó siempre en idiomas, y llegó a ser la mejor alumna de ruso de toda la RDA.
Al día de hoy, habla ruso e inglés perfectamente. Pero en la Universidad de Leipzig se licenció en Física.
Al verdadero amor llegó tan tarde como a la política. Su primer matrimonio a los 23 años con Ulrich Merkel, un compañero de la Universidad, apenas duró cinco años. Se casó por segunda vez a los 44 años con su actual marido, el catedrático de Química Joachim Sauer. Merkel no tiene hijos. Muchos alemanes la llaman Mutti Angela (mamá Angela). Es una relación casi maternal con los alemanes que ha mantenido sus índices de popularidad altísimos a pesar de estos cuatro años de Gobierno.
Se lo ha ganado a pulso. Ha tenido éxito en política exterior y en economía. Ha recompuesto la relación con EEUU y ha brillado en la Presidencia alemana de la UE. Cierto es, como dice con sorna un diplomático alemán, que el presidente francés, Sarkozy, «no puede soportarla, le cuesta estar en la misma habitación con ella» y que sus vínculos con el presidente Zapatero podían ser mejores.
Glamour tiene cero, pero inteligencia le sobra. Merkel se ha ganado los elogios por su gestión de la crisis económica. A base de discreción y constancia ha sabido conquistar el corazón de los alemanes, que hoy tienen en sus manos su futuro. Si hoy se queda por debajo del 35%, la estrella de esta física que vino del frío puede empezar a apagarse





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