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miércoles 30 de septiembre de 2009

DELINCUENCIAS RUBALCABIANAS: Debate en las Cortes Valencianas



POLÍTICOS BAJO SOSPECHA / El enroque del presidente valenciano
Camps desoye a Rajoy: 'Yo no gobierno para un partido'

Cospedal le pidió la víspera que destituyera a sus hombres de confianza Ricardo Costa y Vicente Rambla

-->MARISOL HERNÁNDEZ / MARIANO GASPARET

Valencia

Francisco Camps inició ayer una nueva etapa de relaciones con la dirección nacional del PP, muy alejada del mimo con que ha sido tratado durante meses por Rajoy.

La negativa del presidente valenciano a tomar medidas disciplinarias en su partido tras el penúltimo escándalo de la trama Gürtel -el informe policial que vincula a El Bigotes con una presunta financiación ilegal del partido- ha dado lugar a una guerra fría entre la cúpula del PP valenciano y sus compañeros de Madrid.

Parece que Camps ha decidido no sacrificar ni a su secretario general, Ricardo Costa, ni a su vicepresidente primero, Vicente Rambla, pese a que María Dolores de Cospedal le reclamó la cabeza de ambos en una dura conversación mantenida con él en la mañana del lunes y, horas después, le exigió públicamente que actuara con «contundencia».

Pero las reconvenciones de la número dos de Rajoy no han surtido efecto. El lunes por la tarde, fue directamente el presidente del PP quien habló hasta en tres ocasiones con el líder valenciano, en un tono más distendido. Sin embargo, las llamadas sólo sirvieron para confirmar la resistencia de Camps a someterse a los dictados de Génova y acometer una limpia que considera injusta. El presidente valenciano tiene otra hoja de ruta. Y, por primera vez de forma pública, difiere de la de Rajoy.

Mientras el partido está pidiéndole que depure responsabilidades, Camps opta por no hacer nada. Más aún, ayer su único paso fue ratificar el distanciamiento con Génova durante su discurso en el Debate de Política General de la Cámara autonómica.

Una frase final, donde citaba a Churchill, se convirtió en el resumen de su defensa. En los peores momentos de la II Guerra Mundial, el entonces premier británico dijo que Alemania «sabía que, o ganaba su pequeña isla, o perdería la guerra». Zapatero sabe, emuló Camps, que, «o gana esta comunidad, o perderá la guerra». Y, según vaticinó, las próximas elecciones «las ganará el PP».

De este modo tan poco sutil, el presidente valenciano se autoproclamó como la garantía para seguir ganando en la Comunidad y conseguir los votos necesarios que conduzcan a Rajoy a La Moncloa. Éste es su salvoconducto, o al menos así lo cree él, para mantener a Costa y Rambla en su puesto pese al criterio de Génova y de los más destacados barones del PP, como Esperanza Aguirre y Alberto Núñez Feijóo.

Camps entiende que lo que pueda ocurrir en las próximas elecciones generales pasa por que él siga al frente del partido en la comunidad y repita como candidato en las autonómicas. Por ello, exige un grado de autonomía respecto de la dirección nacional. Así se infiere de una de sus declaraciones más contundentes de ayer: «Yo no estoy gobernando para ningún partido, ni para los conciudadanos de hoy, sino para los valencianos del futuro».

El presidente reforzó esta tesis recelando del hipotético impacto electoral del caso Gürtel: «Desde que empezó este lío, arrasamos democráticamente en las elecciones europeas y el TSJ archivó el caso».

Con estas armas, Camps combatió los ataques de la oposición. Ante las acusaciones de corrupción del portavoz socialista, Ángel Luna, respondió: «Tengo conciencia, cumplo la ley». Ni la visión más apocalíptica procedente de las filas del PSPV -«es un político acabado»- logró que Camps retrocediera un paso en su línea de defensa. Si Luna mentaba a El Bigotes, él se refería al trasvase del Ebro; si aludía a contrataciones irregulares, Camps blandía los ataques a la identidad: «Nos quitaron el agua y ahora nos quieren quitar el orgullo de ser valencianos».

El presidente salió airoso del lance parlamentario y la duda es si sobrevivirá al envite político con Rajoy. Con todo, quitó hierro al enfrentamiento, al subrayar que «el PP de España no sólo confía, sino que ve en el PPCV una referencia de buenas cosas, de buenas prácticas y de buen gobierno».

Camps vino a pedir a sus compañeros que no caigan en la, a su juicio, trampa de aceptar el coste de una operación de acoso y derribo contra el PPCV instigada desde el Gobierno. En este sentido, señaló que saben que les han «puesto en medio del escenario nacional». «Eso es bueno y es duro, y asumo lo bueno y lo duro», dijo.

Por la mañana, antes del debate, Camps había iniciado el pulso. Ricardo Costa, cuya dimisión reclaman incluso en Valencia, salía al paso de la información publicada por este diario, en la que se desvelaba que había advertido a Génova de que, para irse él, debía hacerlo también el vicepresidente del Gobierno valenciano. El secretario general del PP regional aseguró que «nunca había pedido la dimisión de ningún militante» y subrayó que tampoco la de Vicente Rambla.

Costa insistió en su teoría de que «el informe es falso» y recordó que el PP en Valencia ha pedido «una auditoría externa de sus cuentas, enviado su contabilidad al Tribunal de Cuentas, denunciado a los agentes que elaboraron el informe y solicitado una comisión de investigación sobre la financiación delos partidos».

«Éstas son las medidas contundentes que el PP ha pedido y éstas son las medidas contundentes que el PP nacional ha aceptado», concluyó. Sin embargo, Génova ya conocía todas estas actuaciones antes de que Cospedal reclamara a Camps que fuera contundente.

Con sus declaraciones, el número dos del PP valenciano levantó acta pública de que el partido desatiende las órdenes de Cospedal. El problema para el PPCV es que su enroque no es bien visto por algunos barones.

Si el lunes Esperanza Aguirre cogía el testigo para señalar que «quien necesita apoyo es Camps», ayer, el presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo, reforzaba la opinión de la dirección nacional asegurando que sería bueno que el PP de Valencia «no se deje llevar por la comodidad y clarifique cualquier sospecha».

Otros dirigentes regionales del partido se sumaron a esta corriente. Así, el presidente del PP vasco, Antonio Basagoiti, reclamó a Camps que aclare las acusaciones, porque son «realmente graves», mientras que la líder de los populares en Cataluña, Alicia Sánchez-Camacho, pidió al presidente valenciano que se explique «mejor».

Las frases del discurso de Camps

>«Yo no gobierno para un partido ni para los conciudadanos de hoy, sino para los valencianos del futuro».

>«[Los socialistas] nos quitaron el agua y ahora nos quieren quitar el orgullo de ser valencianos».

>«En los peores momentos de la Segunda Guerra Mundial, Churchill dijo que Alemania sabía que, o ganaba su pequeña isla, o perdería la guerra. [Zapatero sabe que] o gana esta comunidad, o perderá la guerra».

>«Desde que empezó este lío [en referencia al 'caso Gürtel'], arrasamos democráticamente en las elecciones europeas y el TSJ archivó el asunto».

>«Sé perfectamente, como usted [dirigiéndose al portavoz socialista, Ángel Luna] , que si hubiese elecciones en este momento, no sólo las ganaría el PP, sino que ampliaría su mayoría».

>«Tengo un compromiso para cuatro años, [...] para que sus problemas, sus complejos y sus circunstancias personales [del PSPV] no se pongan por delante de los intereses de todos los ciudadanos».

POLÍTICOS BAJO SOSPECHA / Debate en las Cortes Valencianas
El estado de la Comunidad o la soledad del líder

La escasa presencia de representantes sociales contrasta con debates anteriores

-->MARIANO GASPARET

Valencia

La recurrencia y el encono con que la oposición en el Parlamento valenciano echó ayer mano del ariete Gürtel para atacar a Camps resultaron proporcionales a los esfuerzos que hizo el presidente de la Generalitat para intentar salir indemne de las esquirlas del caso.

El jefe del Consell había previsto un «discurso propositivo» frente a la estrategia de acoso del PSPV, y por más que el vicesecretario popular, David Serra -vinculado por la Policía a la supuesta financiación irregular del PPCV-, había anunciado la víspera que «la oposición se iba a encontrar con un muro», la estela Gürtel dominó el Debate de Política General celebrado ayer en las Cortes Valencianas.

La expectación en torno a un pleno sazonado con las informaciones sobre la trama, y el clamoroso contraste entre el vacío de la tribuna de invitados y la multitud de periodistas que competían por un hueco en las hornacinas de la prensa, eran signos inequívocos de que el interés informativo no radicaba tanto en el debate sobre el estado de la Comunidad, como en la compleja situación política que atraviesan Camps y el PPCV a cuenta de sus relaciones con El Bigotes. El PSPV calentó la polémica el día anterior con un órdago -reclamó la convocatoria de elecciones anticipadas- con el que el desconocido Jorge Alarte se procuró algunos segundos en los telediarios de la noche y de primera hora de la mañana de autos. Y ni el PP ni Camps pudieron eludir el asunto.

La puesta en escena del presidente, el fervor excesivo de la claque popular, las referencias directas y repetidas de Camps a «la prensa nacional», el hecho de que, en contra de su costumbre, empleara casi exclusivamente el castellano, y la afectación de algunas de sus intervenciones supuraban Gürtel a raudales.

Antes de comenzar el debate, Ricardo Costa enmendó a Cospedal sugiriendo que no habrá «medidas contundentes». Nada más entrar en el Hemiciclo, Camps fue ovacionado por sus 53 diputados en pie y se fundió en un abrazo con Costa. A su vez, el secretario general del PPCV amagó un estrujón con el vicepresidente Rambla. Entre los informadores, llamó la atención la ausencia de espectadores habituales en las tribunas cada vez que el presidente ha afrontado un debate clave. Ni los empresarios de peso, ni altos cargos de la Generalitat acudieron. No en balde, el portavoz socialista, Ángel Luna, aprovechó su turno para colegir que el presidente «no aguantará la presión» y maliciar que el ex director de la radio televisión valenciana Pedro García y su aún jefa de gabinete, Ana Michavila, «le han abandonado».

El presidente salvó el tipo con un mensaje destinado tanto «a los medios nacionales» como a Génova: «Desde que empezó este lío, arrasamos democráticamente en las europeas y el TSJ archivó el asunto». Más adelante, respondiendo a la portavoz de Compromís, grupo escindido de Izquierda Unida, dijo: «El día en que yo deje de ser miembro de mi partido, me iré a casa».

POLÍTICOS BAJO SOSPECHA / El enroque del presidente valenciano
«Disuelva las Cortes y que los ciudadanos decidan»

La oposición exige un adelanto electoral que Camps descarta pese a verse vencedor


HÉCTOR SANJUÁN

Valencia

«Haga lo que tiene que hacer: márchese, disuelva las Cortes, convoque elecciones y que los ciudadanos de la Comunidad Valenciana digan lo que tengan que decir». La petición la hizo el portavoz socialista, Ángel Luna, pero cayó en saco roto. El presidente de la Generalitat, Francisco Camps, rechazó la propuesta de la oposición de adelantar las elecciones y se limitó a recordar que su compromiso con los ciudadanos es para cuatro años.

El mandatario quiso desterrar de su negativa cualquier interpretación de un posible miedo a las urnas y puntualizó que, en caso de convocarse los comicios, «el PP los ganaría y ampliaría su mayoría, y usted lo sabe», dijo, dirigiéndose a Luna. Enarboló entonces los datos al recordar que, «desde que empezó este lío [la palabra Gürtel es tabú para Camps], arrasamos democráticamente en las elecciones europeas».

Precisamente, esa buena perspectiva económica y el archivo de la causa abierta contra el presidente en el Tribunal Superior de Justicia Valenciano a principios de agosto, hicieron que desde Génova se intentara convencer a Camps de la idoneidad de adelantar los comicios. Una hipótesis que estuvo sobre la mesa y que acongojó a una oposición fuera de forma. Pese a que los socialistas pedían entonces con la boca pequeña la convocatoria para ocultar su nerviosismo, la salida a la luz del informe policial sobre la presunta financiación ilegal del PP valenciano les ha hecho descararse y exigir el avance de los comicios sin temores.

En su intervención en el Debate sobre el estado de la Comunidad, Luna culpó directamente a Camps de autorizar los contratos de las distintas consejerías de su Gobierno con Orange Market: «El responsable es usted, no se equivoque, lo suyo es la crónica de una muerte anunciada», subrayó.

Por ello, hizo un llamamiento a los «muchísimos militantes y cargos públicos del PP honrados» para que impulsen una regeneración democrática en el partido porque, a su juicio, «la situación es insostenible». Para el portavoz del Grupo Parlamentario Socialista, es necesaria la convocatoria de elecciones para formar un nuevo go bierno que dé «un portazo a un periodo truculento de la historia de la Comunidad». Una propuesta a la que también se sumó la izquierda parlamentaria.

POLÍTICOS BAJO SOSPECHA / Los implicados en el 'caso Gürtel'

Un contrato a la medida de 'El Bigotes' Una de las facturas de Fitur

Orange Market pactó con un alto cargo el precio de una adjudicación en Fitur

-->GEMA PEÑALOSA

Valencia

El hombre de Francisco Correa en la Comunidad Valenciana, Álvaro Pérez, El Bigotes, tenía línea directa con cargos de la Generalitat y echó mano de ellos para amañar la concesión del escaparate de la Agencia Valenciana de Turismo en la feria Fitur 2009 por 915.000 euros. Varias conversaciones telefónicas interceptadas por la policía de Rubalcaba recogen, según ellos, cómo se gestó la quinta adjudicación que logró la empresa Orange Market.

La licitación tuvo lugar el 28 de septiembre y se publicó el 2 de octubre. Finalmente, se le otorgó a Orange Market, pese a ser la oferta más cara, el 15 de enero: apenas tres semanas antes de que saltase el escándalo. Según las escuchas, antes de la adjudicación hubo reuniones entre Álvaro Pérez y el Consell.

El Gobierno valenciano tenía querencia por Orange Market y la convirtió en su empresa de cabecera. Según la policía de Rubalcaba, a ella confió el PP la organización de todos sus actos y el diseño de su imagen en Fitur, convirtiendo este contrato en su principal negocio con Orange Market entre 2005 y 2009. En ese tiempo, la firma se embolsó 5,5 millones.

Estas adjudicaciones motivaron las críticas al Consell, que siempre defendió que la organización era impecable. Sin embargo, el informe policial apunta en otra dirección. Una conversación desvela que el 22 de diciembre, cuando aún no se había producido la adjudicación, Orange Market negociaba con el Consell sobre el presupuesto de Fitur. Los interlocutores eran el gerente de la sociedad, Cándido Herrero, y El Bigotes. Según la transcripción policial, Herrero le dice a Pérez que había hablado con dos personas para abordar los «cambios de Fitur». «Me han dicho que habrá una reunión el 9 de enero, pero es imposible», plasma el documento.

Al día siguiente, según la policía de Rubalcaba, El Bigotes le dice que está en el despacho de Ricardo Costa y Herrero contesta que acaba de salir de una reunión con un alto cargo: «Yo hablé y se va a modificar el proyecto para que se parezca más al inicial». El documento recoge cómo Herrero explica que le ha dicho a ese alto cargo que se volverán a reunir para ver el presupuesto. «Y si aún así lo sigue viendo caro lo irán reduciendo hasta que se ajuste al presupuesto que quiere», añade. «De todas maneras, creo que tú deberías hablar con quien tienes que hablar porque, a lo mejor, el presupuesto en vez de dárselo a ella se lo tendríamos que dar a otra persona, como al de esta mañana», le dice a El Bigotes.

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