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domingo 28 de junio de 2009

VALENCIA: Rajoy tiende la mano a los críticos para 'superar las viejas historias'



Rajoy tiende la mano a los críticos para 'superar las viejas historias'
Asegura que el PP inicia una 'nueva etapa' y que es 'hora de olvidar lo que merece ser olvidado' porque 'no sobra nadie'

CARMEN REMÍREZ DE GANUZA/Valencia

Mariano Rajoy montó ayer su esperado autohomenaje para celebrar el reciente triunfo de las europeas y el aniversario de su propia victoria en el congreso de Valencia. El líder popular sacó pecho con mensajes reivindicativos en clave interna, como el de que «hemos ganado sin renunciar a los principios», con el que parecía replicar a sus críticos dentro del PP. Pero, sobre todo, Rajoy hizo una llamada a todos a la unidad del partido para «superar viejas historias», como si supiera bien que era ayer y no 12 meses atrás cuando, gracias al avance electoral, cabía cerrar aquel polémico congreso.

A la vez, el día en que Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón se hacían fotos con Zapatero, Rajoy le retaba a presentar una cuestión de confianza. A este guiño -no menor- redujo Rajoy su mensaje hacia el adversario político, al que animó a «atreverse» a calibrar la confianza de la Cámara ahora que está «en minoría».

Y es que el presidente del PP, en una ocasión como ésta, que quiso ser solemne y muy poco mitinera, no perdió mucho el tiempo en hablar de Zapatero. Sí se dirigió a la sociedad española en clave electoral, advirtiendo a los suyos que «tenemos que decirles a todos, a los que nos han votado con convicción, a los que lo han hecho con dudas, a los que creen que hacemos una oposición dura, a los que creen que hacemos una oposición blanda, y también a los que no nos han votado, que entendemos sus inquietudes, pero también, que en nosotros se puede confiar».

Por encima de estos mensajes, lo que ayer hizo Rajoy fue hablar de puertas adentro y echar la llave al congreso de Valencia con tantas dosis de triunfalismo como de conciliación. Mostró a los suyos el 7-J -en presencia del candidato, Jaime Mayor-, el triunfo en Galicia -en ausencia, entre tantos, de Feijóo-, y los resultados en el País Vasco, como una escritura de titularidad, como la prueba que, un año atrás, le pidieron sus críticos cuando creyeron cerrado en falso el congreso de Valencia.

A la vez, en un discurso que por primera vez su equipo distribuyó por escrito, dando cuenta de la solemnidad del acto, Mariano Rajoy intentó que la llave sirviera para que no vuelva a abrirse la puerta. Así, en alusión a la crisis interna vivida por el partido hace un año, y aún no cicatrizada del todo, Rajoy dijo que «aquí no sobra nadie y hacemos falta todos», «debemos hacer un esfuerzo para olvidar lo que merece ser olvidado». «Y yo me comprometo, el primero», añadió, «a buscar el tiempo necesario para fortalecer la cohesión de este partido, para cultivar los lazos de lealtad que sustentan la fortaleza del Partido Popular».

Además, Rajoy fue explícito al hacer suya la herencia de Aznar: «Asumimos todo nuestro pasado, con sus aciertos y sus errores; los aciertos, especialmente en la etapa del Gobierno de José María Aznar, son nuestro aval para el mañana».

El exhorto, no obstante, resultó algo contradictorio con su reivindicativo empeño en dejar sentado que él y no otros tenía hace un año la razón. Su tesis más repetida es que «Hemos ganado las elecciones» sin renunciar a los principios.

«Ni se divide ni se reparte»

Rajoy se mostró especialmente machacón en este argumento, con el que -en presencia de la plana mayor del nuevo PP vasco- replicaba ácidamente a María San Gil, cuya marcha estuvo a punto de generar un cisma en el PP. «Hace un año», afirmó, «dijimos que el PP no debía modificar una coma de sus principios, porque un partido son sus principios. Hemos demostrado que íbamos en serio y decíamos la verdad». «España» como «nación de ciudadanos libres e iguales»; la «soberanía nacional única», que «ni se divide ni se reparte»; la «derrota del terrorismo» y la «libertad» fueron los cuatro principios mencionados ayer por el ufano presidente del PP.

En segundo lugar, Rajoy presumió, en los mismos términos reivindicativos, de los «cambios» introducidos en el último año. Sobre todo, de las batallas ganadas en el Parlamento, al haber «demostrado» que «podemos llegar a acuerdos en beneficio de los españoles sin renunciar a nada». «Hemos vencido a la política del aislamiento y el cordón sanitario», añadió, y «hemos ganado la centralidad de la vida política española en las urnas y en las instituciones».

Además, Rajoy apuntó un tercer «cambio» en el PP nacido del congreso de Valencia: «Hemos demostrado nuestra responsabilidad en los asuntos de Estado», dijo, sin asumir en los mismos términos la oposición mantenida en la primera legislatura a la política antiterrorista. «Lo hemos hecho», afirmó, «en la lucha contra el terror cuando se ha cambiado una política suicida».

Tras estas palabras, Rajoy mostró su solidaridad con la viuda y el hermano del último policía asesinado, Eduardo Puelles García, lo que le valió la única gran ovación del público y de su propio comité ejecutivo nacional, puesto en pie para aplaudir varios minutos.

Y es que el de ayer no fue un acto efervescente. Rajoy habló de «futuro», de «alternativa» y de «ilusión», pero no hablaba tanto para los miles de valencianos congregados en la Feria de Muestras sino para sus cientos de dirigentes, a los que pidió unidad. «Se trata», dijo, «de ser más fuertes y estar cada vez más cohesionados. Es lo que la mayoría desea y eso hará que aumente la confianza de los españoles en nosotros».

elmundo.es Vídeo: Vea la intervención de Mariano Rajoy en Valencia.

Las ausencias y las promesas

>Pese a la declaración de unidad, no hubo ni sombra de los tachados como críticos del partido. Si acaso, un Francisco Granados -secretario general del PP de Madrid- en primera fila, como prueba de vida de Esperanza Aguirre, ausente como el alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón.

>El gran vencedor del 7-J, Francisco Camps, todavía imputado, prometió a Rajoy «1.500.000 votos» en las próximas generales

Entre el apocalipsis y la paella

Crónica íntima de una mañana de exaltación 'mariana'

AMPARO TÓRTOLA/Valencia


A escasos cien metros del pabellón 7 de Feria Valencia, donde el PP reunió ayer a más de 5.000 militantes en un acto de autohomenaje para celebrar el primer año triunfal de la ascensión de Mariano Rajoy a la Presidencia del partido, centenares de Testigos de Jehová les hacían la competencia. En su programa de festejos figuraba para hoy, domingo, una conferencia de evocación apocalíptica titulada Cómo puede usted sobrevivir al fin de este mundo. Un despistado del PP soltó con sorna: «Vaya, hombre, ahora que estamos a punto de recuperar el poder…». Y ese era el ambiente, eufórico, que ayer se respiraba entre los populares desplazados hasta Valencia para vitorear y aplaudir, haciendo ondear banderas nacionales, valencianas y del partido, a los artífices de la buena cosecha electoral recogida por el PP en 2009.

Desde primera hora, las escaleras mecánicas que conducían hasta la gran sala donde se iba a celebrar el acto de exaltación pepera, iban escupiendo, sin tregua ni descanso, a una riada de hinchas del PP, obsequiados a su llegada con abanicos, botellas de agua, horchata y zumo de clementinas. Made in Valencia.

Con media hora de retraso, hacía su entrada apoteósica Rajoy, acompañado por el presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, la alcaldesa de Valencia y anfitriona, Rita Barberá, y una buena parte del Gotha popular: Soraya Sáenz de Santamaría -subida a unos letizios y con la cara despejada de afeites-, Esteban González Pons -moreno y relajado-, Ana Mato -luciendo un modelo estilo Casa de la Pradera-, Javier Arenas -fiel a la chaqueta clara- y Jaime Mayor Oreja, como salido de un retrato de casino del siglo XIX. En el escenario, se levantaban de sus asientos todos a una, impulsados por un resorte, los miembros del Comité Ejecutivo Nacional, aplaudiendo a rabiar y luciendo sonrisas a lo Jack Nicholson en su papel de Joker. Allí estaban Celia Villalobos, en la que se echaba a faltar la minifalda, Miguel Arias Cañete, Pío García Escudero, Cristóbal Montoro, el yerno de Carlos Fabra y consejero de la autonomía madrileña, Juan José Güemes.

El pim, pam, pum lo abrió la alcaldesa Rita, jaleada -¡como si lo necesitara!- al grito de «¡machota!» soltado por un espontáneo. Tomó el relevo Alfonso Rus, presidente de la Diputación y del PP de la provincia de Valencia quien, sin proponérselo, es un suponer, consiguió tornar loca, gracias a su verbo desconcertante, a la sufrida intérprete que desde un lateral del escenario traducía al lenguaje de los signos las palabras de los oradores. Tras Rus, tres representantes de la sociedad civil y, por fin, el plato fuerte: los parlamentos de Camps y Rajoy.

Finalizado el acto, los escogidos para la gloria se fueron a degustar una paella comme il faut a la alquería que el vicepresidente de la Generalitat, Juan Cotino, tiene en Picanya (Valencia). Los que son algo en el PP saben de lo que hablo.

Alabanzas en la Puerta del Sol

Aguirre y Gallardón intercambian piropos con Zapatero y Pepiño

LUIGI BENEDICTO BORGES/Madrid

En tiempos de confrontación política, no hay nada mejor que una gran inauguración para convertir la crispación en un reparto de alabanzas mutuas. El estreno de la nueva estación de Cercanías de la Puerta del Sol de Madrid que tuvo lugar ayer sirve como ejemplo.

Atendiendo sólo a su discurso, nadie podría imaginar que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, no perteneciera a la misma formación política que el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, al que repitió varias veces que la nueva estación le va a servir en bandeja los JJOO de 2016.

Lo mismo se puede decir de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y el Ministro de Fomento, José Blanco, cuya sintonía personal parece ir in crescendo en cada acto político en el que coinciden. Blanco reiteró a Aguirre «su disposición para trabajar por Madrid» y ella le contestó pizpireta con un «señor ministro, yo confío plenamente en sus buenos oficios para nuestras demandas».

La clave de tanta cordialidad pudo estar en el logotipo utilizado por el Ministerio de Fomento para la inauguración: tres corazones superpuestos para dar forma al lema El Gobierno de España lleva las Cercanías al corazón de Madrid. Quizá fue su intensidad la que despertó la emotividad de los redactores de los discursos y de los propios políticos. La alocución de Zapatero comenzó así: «En esta mañana luminosa y cálida del verano madrileño rendimos homenaje a la plaza más famosa de España: la Puerta del Sol».

El presidente del Gobierno se volcó a la hora de alabar a la capital y «al talante» de sus ciudadanos. Aseguró que con esta infraestructura, Madrid puede presumir de tener «el mejor transporte público del mundo», propio de «una ciudad que debe aspirar a lo más alto». «La nueva estación de Cercanías es un ejemplo de transporte sostenible, clave para ganar a la crisis económica», dijo.

Gallardón destacó que, con obras como la inaugurada ayer, «las administraciones públicas demuestran que son capaces no sólo de colaborar entre sí, sino también de mantener la coherencia consigo mismas desarrollando proyectos por encima de los avatares políticos»

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