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jueves, 25 de junio de 2009

SESIÓN DE CONTROL AL GOBIERNO: "ZP da bandazos" y «lastra» a las generaciones futuras



«Zapatero da bandazos y genera desconfianza»

Rajoy acusa al presidente del Gobierno de «lastrar» a las generaciones futuras

La última sesión de control al Gobierno en el Congreso antes de las vacaciones no podía concluir sin otro enfrentamiento entre el líder del PP, Mariano Rajoy, y el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Y lo hubo. «Me gustaría conocer si va usted a rectificar su política económica y si va o no a subir los impuestos, porque no hay quien se aclare», preguntó el dirigente de los populares.

Como respuesta, Zapatero enumeró una serie de cosas positivas para España que, según dijo, están bien «claras»: que su Ejecutivo tuvo superávit en los cuatro años de la legislatura anterior, que pretende recuperar la estabilidad presupuestaria en 2012, que el Ejecutivo socialista ha disminuido la presión fiscal y que sus objetivos consisten en mantener la protección social y la inversión productiva, para que España «recupere su capacidad económica».

El presidente del PP, como era de esperar, planteó una visión totalmente contraria a ésa. «Lo único que veo claro es que no hay un criterio claro en la política económica del Gobierno», manifestó Rajoy.

Para justificar esta afirmación, Rajoy citó unos datos negativos para la economía: dijo que España es el segundo país de los 27 de la Unión Europea donde más ha aumentado la deuda pública, el segundo de todos ellos con más déficit público y el que tiene unas cuentas públicas más «descontroladas».

Y lo más grave, en su opinión, es que no se sabe qué va a hacer el presidente del Gobierno «en temas esenciales» ni qué política económica va a aplicar.

«¿Usted va a subir impuestos, como acordó a las 14.00 horas del día de ayer, o no va a hacerlo, como dijo a las 18.00 horas del día de ayer?». Se refería al acuerdo que el martes alcanzó el PSOE con IU-ICV sobre política fiscal y que horas más tarde rompió a cambio de que CiU se abstenga hoy al votar el techo presupuestario para 2010 y con el fin de que así pueda salir adelante.

«¿Usted va a hacer una reforma laboral, como dijo a las 19.00 horas de un lunes pactando con Convergència, o no va a hacerlo, como dijo a las 9.00 horas del martes siguiente?», prosiguió Rajoy.

El líder del PP se lamentó de que con Zapatero «nada es previsible, todo es imprevisible». «Y así es imposible generar confianza. Perdone que le diga que esto parece un circo, y no tiene ninguna gracia porque estamos hablando de cuatro millones de parados», continuó.

Lo peor que le puede pasar a España en una situación como la actual, según Rajoy, es «tener un Gobierno sin un criterio claro en materia de política económica, un Gobierno que da bandazos, que un día dice una cosa y otro día dice otra y sólo genera desconfianza e incertidumbre», concluyó.

Zapatero acusó a Rajoy de no tener propuestas. «Usted sólo es especialista en glosar las alternativas posibles de las políticas de los demás, porque en sus alternativas sigue inédito día tras día», afirmó.

En su respuesta, el presidente recordó a Rajoy que acababa de explicarle qué ha hecho el Gobierno con la política social y el pacto de estabilidad, y cuáles son sus objetivos. «Eso es previsibilidad», indicó, en respuesta a las acusaciones contra él, y aprovechó para recordar que España tiene una deuda pública por debajo del PIB, que es 20 puntos por debajo de la media; es decir, una situación mejor que en Europa.

El rifirrafe entre ambos líderes se repitió durante las explicaciones que ofreció Zapatero en el Pleno sobre la reciente Cumbre del Consejo de Europa. Mientras el presidente habló de que ya se ve una «incipiente» normalización de los mercados financieros, Rajoy le acusó de haber impulsado «el mayor lío presupuestario» de la Historia y de «lastrar» a las generaciones futuras.

BARRA BRAVA EN EL CONGRESO
¿Alguien a bordo que sepa pilotar un país?

Faltaba el presidente en un Hemiciclo casi despoblado por la mañana. En los pasillos volvía a hablarse de los aviones Falcon, del que provocó el susto y del que 'Zetapé' tomó prestado para volver de Togo a ese trasunto político de Bud Spencer que es el ministro Caamaño. A mediodía, Zetapé compartiría con Rajoy confidencias sobre incidentes aéreos, pero sin confesar ninguna emoción que pudiera entenderse como una renuncia de la templanza. Nada ocurrió tan grave como para que el Parlamento se diera una tregua de la inquina cotidiana.

Las nubes de mosquitos que interrumpen el vuelo de Zetapé y le obligan a aterrizar como pueda se prestan a una obvia analogía parlamentaria sobre la precariedad de un Gobierno incapaz de ganar altura. ¿Hay alguien a bordo que sepa pilotar un país? La sesión estuvo marcada por el aterrizaje forzoso del Grupo Socialista en la víspera, a cuenta del gatillazo de la subida de impuestos. Para abortar el despegue, no hicieron falta nubes de diputados, sino que bastaron dos, Llamazares y Herrera, bastiones de la izquierda de bosque de Sherwood. Rajoy hizo el retrato de un Gobierno circense, que no tiene una carta de navegación sino que funciona a bandazos como la bola de un pin-ball, y que modifica en pocas horas políticas tan trascendentes como la fiscal, dejando al país entero sin saber a qué atenerse. Y Soraya Sáenz de Santamaría afeó al Gobierno la capacidad mimética de unos principios y valores que se adaptan a lo que sea con tal de procurar una jornada más de supervivencia en el poder. Porque es día a día, igual que Rambo, como vive en la actualidad la Administración de Zetapé, pésima en el manejo de acuerdos dentro del Hemiciclo y demasiado atada como para tramar una impronta de destino. A la portavoz popular, Fernández de la Vega le respondió con un grosero vergajo demagógico: «A lo que ustedes se oponen es a subir los impuestos a los yates». Ahí está: la apremiante necesidad de recaudar más se resolverá justificando el aumento de la presión fiscal con un discurso redentorista, de izquierda de fanzine, que no duda en criminalizar como culpables de riqueza -y quién sabe si como capataces de una plantación de esclavos- incluso a las capas sociales medio/altas que dinamizan la economía. Como además fingen creer que cualquiera que gane más de 60.000 euros al año es por definición un derechista avariento e insolidario, ahí queda cuajado el maniqueísmo moral con el que conceder salvoconductos de izquierda a la agónica subida de impuestos que el martes quedó amagada. Por lo demás, la vicepresidenta se parece cada vez más a un contestador automático: llama Soraya y, cualquiera sea el mensaje, le responde con los de las correas, los gürtels, y ustedes más en Madrid y Valencia. Ahí es donde se acoge a sagrado como los matachines del Siglo de Oro en una iglesia.

Chaves tuvo que soportar su ya habitual andanada, con petición de dimisión incluida, por los 10 millones concedidos a Matsa. Es un asunto enquistado, derivado a rutinario: un diputado popular por Andalucía le llama nepotista y le vincula con el folclor juanguerrista, Chaves contesta que lo que les pasa es que están resentidos por haberse hartado de perder elecciones en Andalucía, y hala, hasta el miércoles próximo, mismo lugar, misma hora, mismas frases. Más novedosa fue la intervención de Chacón, quien anunció una indagación sobre los desmanes de Saiz en el CNI y no pareció muy dispuesta a batirse por él. Ofendió a Sáenz de Santamaría con una inexactitud sobre el acceso a las facturas presentadas por Saiz en la Comisión: la portavoz popular no se sintió autorizada a defenderse por Bono y persiguió al presidente hasta los pasillos; ni ocultándose en el WC de hombres se habría librado.

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