Rubalcaba rectifica el recorte de la seguridad de Rajoy

Rubalcaba rectifica el recorte de la seguridad de Rajoy en el extranjero
Interior conoció por EL MUNDO que viajó a Varsovia y Bruselas sin protección
CARMEN REMÍREZ DE GANUZA / FERNANDO LÁZARO/Madrid
Afortunadamente, apenas ha dado tiempo a que se iniciara un debate público sobre la seguridad del líder de la oposición. Unas horas después de que EL MUNDO publicara que el Ministerio del Interior había retirado la protección de Mariano Rajoy en sus viajes al extranjero, el Departamento dirigido por Pérez Rubalcaba rectificó.
En realidad, esa misma noche y con la tinta de la imprenta aún fresca en los quioscos, el jefe de escoltas del PP recibió una llamada de Interior para conocer el número de viajes al extranjero que Rajoy había hecho sin protección. La respuesta, como ya detallaba la noticia, fue fácil: dos, uno a Varsovia y otro, más reciente, a Bruselas. Pero lo que tenía miga era la propia pregunta... ¿Acaso Interior se enteraba por los periódicos de sus propias instrucciones?
Y es que la noticia del recorte en los servicios de protección al líder de la oposición le llegó al propio jefe de escoltas, en vísperas del viaje a Varsovia, el 30 de mayo, de boca del inspector jefe y en la sede de la propia Comisaría General de Seguridad Ciudadana.
Y no se le comunicó una vez, sino dos porque, a insistencia del jefe de gabinete del PP, Jorge Moragas, el propio jefe de escoltas fue enviado a confirmar una decisión de Interior que, en su día fue justificada en un recorte más amplio que afectaría a ministros y magistrados del Tribunal Constitucional.
Preguntada por esta cuestión en los desayunos de Europa Press, la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal lanzó una andanada al titular de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. Pese a afirmar que «no se puede hablar públicamente de los temas de seguridad», la número dos de Rajoy dijo -en presencia de éste- que «con la seguridad no se puede jugar ni polemizar», que le parecía «mal» la decisión adoptada y que en ella siempre «debe pesar el sentido de responsabilidad».
El caso es que al tiempo que hablaba Cospedal, esa misma mañana, el secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho, telefoneaba al coordinador de Justicia e Interior del PP, Federico Trillo, para presentarle sus excusas.
El número dos de Rubalcaba comunicó al dirigente popular que la medida adoptada había sido «un error» y que el líder de la oposición no podía estar sujeto a una disposición como ésta. En consecuencia, que quedaba restituido el servicio de protección a Rajoy en todo lugar, dentro y fuera de España, por parte del Ministerio del Interior. Una noticia que fue rápidamente comunicada por Trillo a Moragas y por éste, a Rajoy.
Horas después, durante su comparecencia para explicar los detalles de la última actuación antiterrorista, Camacho no quiso ser explícito. Amparándose en que no se debe polemizar en público sobre la seguridad de las altas personalidades, aseguró que la protección de Rajoy está «garantizada». Camacho subrayó que en el caso del jefe de la oposición, como en todos los demás, la Policía «ha aplicado criterios de carácter general, no de carácter particular, que tratan de garantizar la seguridad del señor Rajoy en todos y cada uno de sus desplazamientos». No desveló cómo Interior había tenido que rectificar horas antes el criterio de protección exterior del líder de la oposición.
El consejero de Presidencia, Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid, Francisco Granados, consideró «impresentable» la retirada de la escolta de Rajoy en el extranjero. Recordó que no había «precedentes en el mundo civilizado, y menos por motivos económicos». «Todo el mundo entiende que el líder de la oposición tiene que tener escolta esté donde esté», manifestó.
Los profesionales de la protección también quisieron ayer pronunciarse sobre esta polémica. Así, la Asociación Española de Escoltas (ASES), por boca de su presidente, Vicente de la Cruz, considera que Rajoy debía tener también protección personal en el extranjero
A CONTRAPELOÁngeles de la guarda
SANTIAGO GONZÁLEZ
La levedad conceptual del secretario de Estado de Interior ha explicado el misterioso asunto de la escolta de Rajoy con una frase ininteligible: «La seguridad se ha garantizado en todos sus desplazamientos». ¿Qué habrá querido decir? Porque los hechos son que sus dos últimos viajes, a Varsovia y Bruselas, los ha hecho ya sin escolta. Una explicación posible: los escoltas son los ángeles de la guarda de los laicos. Por eso hay que reservarlos para los republicanos. El jefe de la oposición, que lleve una estampita de los Ángeles Custodios, patronos del Cuerpo Nacional de Policía. Dios conoce a los suyos y ya se encargará de que lo acompañen y le den protección en tierra de gentiles.
Invocamos la seguridad para justificar nuestros dispendios, y la austeridad para escatimar la seguridad de nuestros adversarios. En todo gobernante hay una voluntad de ser como el PNV de los últimos 30 años: disfrutar del Gobierno, mientras llevan escolta los políticos de la oposición. La cosa es mejor aún si las circunstancias permiten quitársela, porque así se engallan menos, no van tan jacarandosos por la calle. Durante la tregua 1998-1999, el viceconsejero de Interior del Gobierno vasco, José Miguel Martiarena, ordenó retirar la escolta a los dirigentes del PP. La consiguiente protesta de los populares fue acogida por Arzalluz con desdén, acusándolos de victimistas: «Es una actitud poco varonil y, para mí, muy poco política», decía con sus escoltas a pocos metros.
Puede que la escolta no sea una cuestión de seguridad, sino un atributo externo del mando, un signo de poderío. «¡Ené, con escolta, qué importante!», dijo la interventora del PNV en un colegio de Rentería a un concejal de la oposición que fue a votar acompañado. ¿Vamos a poner escolta a Rajoy para que vaya marcando paquete por Europa?
El ministro de Fomento preguntó retóricamente al PP en un mitin si le parecen muchos o pocos los 51 agentes, 51 sueldos, que nos cuesta la seguridad de Aznar. ¿De dónde saca pa' tanto como destaca? Es necesario recordar aquí que ETA no ha atentado contra ningún presidente del Gobierno en democracia; sí contra un jefe de la oposición. Precisamente, contra José María Aznar, el 19 de abril de 1995. Debió de ser muy poca cosa, porque el presidente del Gobierno no se creyó obligado a telefonearlo.
Hay un problema adicional en esto: ¿quién le dio a Blanco datos sobre la seguridad de Aznar? En un país serio, una información así no sale de los labios del ministro del Interior. ¿De qué hablan éstos en los Consejos de Ministros y Ministras?
Un juez italiano ha dicho que Berlusconi puede usar el avión oficial cuando quiera y para lo que quiera. Basta con que él vaya dentro. Hace falta que nos aclaremos aquí y sepamos por qué la seguridad de Rajoy está garantizada en vuelos de línea regular sin escolta cuando va a reuniones con los jefes del PPE, y la de otros no; si esto es asunto menos público que el del presidente yendo a un mitin partidista o de compras a Harrod's con su familia, o el del director del CNI cuando se llevaba a cinco agentes para que lo protegieran de los afamados peces-vela senegaleses. ¿Por qué Rajoy no y Zapatero sí?.





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