HONDURAS: Zelaya, el presidente que pretendia perpetuarse inconstitucionalmente y contra lo resuelto por la Justicia y el Parlamento

Ese parece ser el gran termómetro destinado a medir el respaldo con el que cuenta el giro izquierdista de su presidente, conjurada por el momento la amenaza de un golpe de Estado en su contra.
A pesar del rechazo institucional que ha provocado su referéndum, el presidente, Manuel Zelaya, sostiene su pulso contra todo y contra todos. Contará sólo con la policía para vigilar la votación de hoy, que pregunta a los hondureños si desean o no reformar la actual Constitución. La Carta Magna impide su permanencia en el poder más allá de 2010.

La crisis institucional ha provocado incluso la división en el partido en el poder. El jefe de campaña del Partido Liberal, Marlon Lara, llamó a la población a no participar en la consulta, que carece de cualquier supervisión fiable.
Mientras, en la calle, grupos a favor y en contra del ex terrateniente ganadero del eterno sombrero de cowboy prepararon marchas y concentraciones en Tegucigalpa. Quienes se oponen, aglutinados en torno a la Unión Cívica Democrática -que une a opositores y empresarios con la Iglesia- marchaban por toda la ciudad con una consigna: «La consulta es ilegal, es un delito, no participes de ella este domingo». Así rezaban las pancartas. Otros iban más allá y repetían: «Urge que se vaya», en referencia a Zelaya.
El apoyo más importante de Zelaya llegó desde Venezuela, cuando Hugo Chávez señaló que los países del ALBA (Alternativa Bolivariana de las Américas) están dispuestos a defender a Zelaya. Otorgó de esta forma una dimensión casi militar a lo que es una asociación económica. Paralelamente, la Organización de Estados Americanos (OEA) desplegó una misión diplomática para seguir de cerca los acontecimientos
Los militares expulsan al presidente Zelaya y el Parlamento lo sustituye por Micheletti
JACOBO GARCÍA / ESPECIAL PARA EL MUNDO/México
En pijama y a punta de pistola. El Ejército y el Congreso hondureños decidieron cortar por lo sano su enfrentamiento con el presidente Manuel Zelaya con un golpe de Estado que colocó al mandatario en un avión camino a Costa Rica y puso al resto de su Gabinete bajo arresto. Al pulso lanzado por el jefe de Estado, que ayer ordenó la colocación de 15.000 urnas para votar una posible reforma constitucional, el Ejército respondió con la contundencia de épocas pasadas.
Las fuerzas armadas irrumpieron en la casa presidencial y se enfrentaron a tiros durante media hora con la seguridad personal de Zelaya. Acto seguido, detuvieron al mandatario y decidieron su expulsión. Durante varias horas, los hondureños no oyeron ni una sola palabra por parte de los uniformados.
Tras la detención de Zelaya, carros blindados y tanquetas salieron a las calles de Tegucigalpa, mientras aviones caza sobrevolaban la ciudad. Su esposa, por si acaso, corrió a esconderse en las montañas ante el miedo a las represalias. Mientras, el Congreso aprobaba la «renuncia» de Zelaya y ponía en su lugar al presidente del Congreso, Roberto Micheletti, que tomó la riendas del país como presidente interino.
Los hondureños sólo pudieron seguir lo que ocurría gracias al boca a boca y a los teléfonos móviles, después de que durante muchas horas la capital se quedara sin electricidad y sin radios. Además, dos canales de televisión -el 8, oficial, y el 36, simpatizante del Gobierno- dejaron de emitir, lo que no impidió que centenares de simpatizantes de Zelaya comenzaran a concentrarse frente a las puertas del Palacio presidencial en señal de rechazo. Unas protestas que amenazaban con hacer saltar la seguridad del recinto cuando los manifestantes comenzaron a agitar la puerta principal. Mientras, los menos exaltados votaban en las urnas de la discordia en señal de apoyo al presidente depuesto.
Todavía con la camiseta con la que dormía y desde suelo costarricense, el mandatario depuesto insistió en que fue «secuestrado a mano armada» por parte de un grupo de militares. «Estoy aquí en San José como presidente de Honduras y este lunes iré a Managua [donde estaba prevista una reunión ordinaria de jefes de Estado centroamericanos] como presidente. Voy a ir a exigir los derechos del pueblo hondureño y mi Gobierno no termina hasta 2010», insistió Zelaya en sus primeras declaraciones tras su salida del poder y del país. En un tono relativamente suave para la tensión del momento, pidió a los soldados «que no permitan» que se concrete este «ultraje, este monstruo», e insistió en que el pueblo debe mantener la desobediencia civil y las protestas, «aunque sin violencia», señaló.
Zelaya exigió también a Estados Unidos que «aclare que no está detrás» de su salida forzada del poder y señaló que si Washington no apoya el golpe, «esto no durará más de 48 horas». El presidente depuesto llamó también al continente americano y a la comunidad internacional a condenar sin matices la asonada militar en su contra. Desde Venezuela, Hugo Chávez reconoció que fue el primero en recibir la llamada de su homólogo hondureño cuando éste iba camino del avión que lo sacó del país y del poder.
«Si atropellan a nuestro embajador actuaremos militarmente, tengo en alerta a nuestras fuerzas armadas», dijo el mandatario bolivariano, bastante más airado que Zelaya . «Yo no me puedo quedar de brazos cruzados. Venezuela está en batalla», añadió Chávez, asegurando que Caracas no reconocerá a ningún otro Gobierno que no sea el del ahora exiliado Zelaya. Con respecto al presidente interino Micheletti, sentenció: «Lo derrocaremos, le haremos la vida imposible. Te equivocaste Goriletti, de punta a punta. Terminarás preso o en el exilio».
Por su parte, el presidente de EEUU dijo estar «profundamente preocupado» por la situación del mandatario hondureño y pidió respeto a las normas democráticas. Barack Obama fue menos contundente que la Organización de Estados Americanos (OEA), que se reunió de urgencia y denunció sin fisuras el golpe. La Unión Europea se sumó a la condena y pidió al Ejército que «restaure de inmediato el orden constitucional», según dijo el español Miguel Ángel Moratinos durante una reunión informal de ministros de Exteriores.
El rechazo del Ejército a la consulta popular de ayer para reformar la Constitución mantenía al país en una situación de crisis institucional desde hacía días. La tensa relación entre las fuerzas armadas y Zelaya vivió uno de sus momentos álgidos el pasado miércoles, cuando el presidente destituyó al jefe del Estado Mayor, el general Romeo Vásquez. Aunque luego tuvo que rectificar el asunto, tensó una cuerda que ayer terminó de romperse.
elmundo.es
Vídeo: La crisis, en imágenes.
Los números de Honduras
>7.200.000. Los habitantes del país, el segundo más grande de Centroamérica después de Nicaragua.
>2006. Año en que Manuel Zelaya subió al poder, acercando Honduras al socialismo venezolano y poniendo fin a la histórica alianza entre Tegucigalpa y Washington.
>25. El porcentaje del PIB procedente de las remesas de los emigrantes que viven en Estados Unidos. El país sufre un paro endémico y es uno de los más pobres de Latinoamérica. Su economía está basada en las exportaciones de café y plátanos.
>13.500. Las víctimas mortales en Centroamérica del huracán Mitch , que en 1998 devastó la economía de la región causando unos 3.500 millones de euros de daños.
El presidente del Parlamento jura la jefatura del Estado
Roberto Micheletti dice que no llega al cargo «bajo la ignominia de un golpe»
«No llego a esta posición bajo la ignominia de un golpe de Estado, llego a la Presidencia como producto de un proceso de transición absolutamente legal», aseguró anoche Roberto Micheletti, hasta ahora presidente del Congreso. Micheletti tomó posesión del cargo, en sustitución de Manuel Zelaya, el presidente legítimamente elegido por los hondureños en 2005, desoyendo todas las condenas llegadas a lo largo del día desde todos los rincones del mundo.
«Nuestro Ejército sólo ha cumplido con la función que le ordenó la Corte Suprema de Justicia a través de los juzgados, la Fiscalía y el mayor sentimiento del pueblo hondureño», indicó Micheletti, que insistió en su intervención en las palabras de alabanza hacia las Fuerzas Armadas. Añadió que asume las funciones de la Presidencia «en el estricto respeto y cumplimiento de la Constitución» y «con profunda convicción democrática».
Micheletti dijo ser consciente de la «inmensa responsabilidad que significa administrar» el país, y que trabajará, además, para que las elecciones generales de noviembre sean «las más transparentes y democráticas» de la historia de Honduras, en el que, dijo, «hoy no hay vencedores ni vencidos».
Antes de la toma de posesión de Micheletti, el secretario del Congreso, José Saavedra, leyó una carta con la supuesta renuncia del defenestrado mandatario hondureño a su cargo, junto al resto de su gabinete, dimisión que negó Zelaya.
Desde Costa Rica, Zelaya negó categóricamente haber renunciado a la presidencia de su país, y apuntó que tras el golpe de Estado hay una conspiración política apoyada por un grupo militar. Se refirió también a una «pequeña elite económica y corrupta que tiene miedo a las manifestaciones públicas».
Respecto a la supuesta dimisión dijo que «es totalmente falsa». «Yo nunca he renunciado, ni lo haré. Niego totalmente lo que están haciendo», aseguró. Manuel Zelaya se refirió desde San José a los comicios del 29 de noviembre como una forma democrática de renovar el poder, en contraposición al secuestro del que fue objeto.
Por otra parte, los miembros del gabinete de Manuel Zelaya dirigen una «resistencia pacífica», según el ministro de la Presidencia, Enrique Flores Lanza uno de los principales colaboradores del presidente derrocado.
Sin entrar en detalles sobre dicha «resistencia», Flores Lanza denunció que Zelaya «ha sufrido un atentado criminal, un secuestro», por parte del Ejército hondureño. El ministro no dio detalles sobre el paradero de los miembros del Gabinete. Tras la acción contra Zelaya por parte del Ejército, surgieron numerosas versiones sobre detenciones de ministros y otros altos cargos de su Gobierno.
Sin embargo, hasta ahora, sólo el embajador de Venezuela en Honduras, Armando Laguna, ha confirmado a Efe que la canciller hondureña, Patricia Rodas, también con estrechos vínculos con Zelaya, fue detenida y enviada a una base aérea. Al cierre de esta edición, se desconocía su paradero.
Otras fuentes diplomáticas consultadas hablan de «hasta ocho ministros detenidos», pero sin confirmación oficial hasta el momento.
Unos 3.000 seguidores de Zelaya, en su mayoría sindicalistas y miembros de otras organizaciones populares, se mantienen frente a la Casa Presidencial en demanda de su restitución en el poder.
Las condenas al golpe de Estado continuaron de manera incesante esta madrugada. Entre ellas la del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon y la del Grupo de Río, que reúne a los gobiernos de 22 países de América Latina.
Éste expresó «su más enérgica condena al golpe de Estado» y exigió la restitución en el cargo del presidente Manuel Zelaya, en un comunicado difundido en México
El terrateniente que se convirtió en 'chavista'

Llegó del campo con su 1,90 metros de altura, su eterno sombrero de cowboy, los bolsillos llenos y una forma de decir las cosas, directa y si rodeos, rara vez vista en la política hondureña. Apoyado por el conservador Partido Liberal, Manuel Zelaya, un terrateniente dueño de muchas cabezas de ganado, dejó boquiabiertos a los hondureños cuando se acercó a Hugo Chávez y su política viró hacia la izquierda.
De repente, se unió al ALBA (Alternativa Bolivariana de las Américas) y siguió el libreto marcado por el bolivariano: reforma constitucional, reelección y desprecio al resto de poderes del Estado.
La conversión ideológica se fue radicalizando a medida que se acercaba el fin de su mandato, en 2010. En su primer año se vinculó a la oligarquía que ayer, dice, le apartó del poder y se vinculó con los sectores económicos y políticos que controlan el poder en Honduras desde hace varios siglos. En aquel tiempo, Zelaya apenas habló de los «desfavorecidos» o «los más pobres» tal y como hace ahora en cada discurso. En su segundo año fue definiendo sus nuevas alianzas, como Daniel Ortega o Hugo Chávez, que le proporcionaba petróleo barato
Mel, como es conocido en Honduras, nació en 1952 en el seno de una familia acomodada. Estudió Ingeniería Civil, carrera que abandonó en segundo curso para dedicarse a sus actividades empresariales en el campo, donde su familia ya era propietaria de grandes aserraderos.
En 1970 se afilió al conservador Partido Liberal, donde ocupó distintos cargos hasta que se presentó a la Presidencia, que logró en su segundo intento en 2004. Alcanzó el poder presumiendo de honrado y prometiendo acabar con las maras (pandillas juveniles) y la corrupción, hasta dar la vuelta a las encuestas. Bajo el eslogan Urge el cambio, urge Mel, durante la campaña prometió que tanto él como sus ministros irían a trabajar en transporte público porque «no hay derecho a que en un país tan pobre como Honduras los dirigentes tengan tantos lujos».
Casado con Xiomara Castro, hoy escondida, y padre de cuatro hijos, sus diferencias familiares también han sido aireadas por la prensa, como cuando su hija se quejó públicamente en los medios de que no le dejaba tener novio hasta los 30 años y pedía a la sociedad que intercediera para que rebajara esta edad.
Antes de finalizar su mandato, y sin posibilidad de reelección, Zelaya ha desatado una crisis política en el país al convocar una consulta, declarada ilegal por el Congreso y la Corte Suprema y que ha terminado con su salida del poder tras un golpe de Estado militar.
La consulta que impulsaba Zelaya preguntaba a la población si en las próximas elecciones de noviembre debía colocarse una urna para votar la convocatoria a una Asamblea Constituyente que reformara la Constitución, algo que para la oposición no es más que un intento de perpetuarse al estilo del bolivariano.
A favor de la consulta están las organizaciones obreras, estudiantiles y el partido de izquierda Unificación Democrática. En contra se sitúan los empresarios, el Congreso, la Iglesia, la Justicia, y el propio Partido Liberal que lo llevó al poder. Todos estos sectores están aglutinados en la coordinadora del Grupo Paz y Democracia, un colectivo que niega que haya un golpe de Estado en el país sino una «suspensión» del presidente provocada por su supuesta renuncia, que la oposición asegura que presentó al Congreso y que él niega.
Para este movimiento derechista, Zelaya fue el primero en romper el orden constitucional y los militares sólo estarían cumpliendo con una orden judicial para impedir una consulta ilegal. Asimismo denuncian la infiltración de venezolanos, cubanos y nicaragüenses en el Gobierno de Zelaya, así como la elaboración de una nueva constitución redactada por miembros de la formación española Izquierda Unida.





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