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Actualización de madrugada

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Lugar: Cantabria, Spain

martes, 16 de junio de 2009

FIRMAS: Luis María Anson, David Gistau, Erasmo, En la Red, Raúl del Pozo, Manuel Trigo Chacón



CANELA FINA
LUIS MARÍA ANSON
Reducir el gasto, no, subir los impuestos

CASI TODAS las empresas españolas han hecho un gran esfuerzo para evitar que la crisis, desencadenada en parte sustancial por la torpeza de Zapatero, las reduzca a cenizas. Es tiempo de ahorro y austeridad. La inmensa mayoría de las empresas periodísticas, por ejemplo, que son las que mejor conozco, han demostrado que tienen los pies en la realidad, han prescindido del personal innecesario, han controlado hasta los más pequeños gastos, han adecuado a los ingresos publicitarios en declive los presupuestos anuales. Conozco casos en que se ha ahorrado incluso el chocolate del loro y se ha puesto coto a almuerzos, viajes, teléfonos móviles, protocolos y representaciones. Al mal tiempo se ha respondido con la cara atribulada pero consciente de lo que era necesario hacer. Hay presidentes y consejeros delegados que avanzan por la cuerda floja haciendo todos los equilibrios para evitar el derrumbe.

Existe una empresa en España, sin embargo que se carcajea de la crisis y de los esfuerzos que están haciendo las demás. Es la empresa del Estado. Ante una situación como la que vivimos, agravada porque en el otoño del año 2007 Zapatero no tenía otro objetivo que ganar las elecciones, el presupuesto del Estado debería reducirse drásticamente. La suntuosidad, el derroche, la contratación de funcionarios, asesores y colaboradores, los informes innecesarios, las subvenciones a amiguetes y paniaguados, el nepotismo desenfrenado, la caravana incesante de automóviles, de choferes y de escoltas, los edificios suntuarios, todo ese despilfarro innecesario, si se atajara, supondría una reducción de un 20, tal vez de un 30% en los gastos del Estado.

En lugar de la urgente cirugía sobre el presupuesto, Zapatero ha decidido multiplicar la deuda, incrementar el déficit, gastar a lo loco. Y mentir una vez más a la opinión pública al hablar de brotes verdes y reducción del paro para paliar la derrota anunciada en las elecciones europeas.

Y, claro, como cada vez se gasta más y se ingresa menos, en lugar de hacer lo que hay que hacer, el Gobierno, para cuadrar sus cuentas disparatadas, ha decidido subir los impuestos, empezado por la gasolina. Zapatero estaba en la obligación de reducir el gasto público y elaborar un presupuesto al menos un 20% por debajo del que impuso el año pasado. Pues no. Lo que ha hecho es acudir al expediente fácil y subir impuestos, asfixiando aún más a las empresas y a los ciudadanos.

No había crisis. La había. Era imposible la recesión. Estamos en ella. El colapso es palabra de catastrofistas. Caminamos hacia él, si no se adoptan con urgencia están dos medidas clave: reducir drásticamente el gasto público y bajar los impuestos, para que las pequeñas y medianas empresas creen empleo y prosperidad. Es decir, lo contrario de lo que Zapatero está haciendo.

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española



AL ABORDAJE
DAVID GISTAU
Otegi y 'El follonero'

EL ENCUENTRO de 'El Follonero' y Otegi sentados sobre los peldaños de una escalera poco tuvo que ver con el de los Panteras Negras y Leonard Bernstein en un lujoso ático de Manhattan. Para Tom Wolfe, que elogió los canapés servidos por Bernstein y la cortesía de índice tieso con que discurrió el descubrimiento mutuo de dos ambientes sociales antagónicos, los Panteras eran unos malotes de atrezo con los cuales era fácil e inofensivo para los marxistas rococó rebajar el complejo de culpa burgués y dejarse arrastrar por la fascinación intelectual ante una violencia sin cadáveres. Algo semejante a lo que nuestros turistas de la utopía siempre buscaron en la selva Lacandona, entre poemas, cananas decorativas y escopetas de corcho.

Mayor es la dificultad moral que representa Otegi, símbolo y ariete político de una violencia con estela de cadáveres por quien El Follonero, sin renunciar al colegueo, se dejó impartir lecciones de política civilizada y sobre cómo instruir al pueblo español en cultura democrática. El simpático reportero, que no en vano había ido a hacer humor y a ser guay, en ningún momento cometió con su invitado la insolencia de preguntar a partir de cuántos tiros en la nuca puede darse por asimilada la lección de cultura democrática. O qué dosis es necesaria de extorsiones y secuestros como aquellos en los que el propio Otegi participó cuando aún era un terrorista alborotado sin posibilidad alguna de pasar por hombre de paz ni de protagonizar divertimentos tan superficiales que ni siquiera reparan en las honduras de un dolor mucho más definitivo y cierto que cualquier fascinación intelectual.

A El Follonero se le sienta al lado Otegi y su principal preocupación es averiguar si España podría contar en Eurovisión con los 12 puntos ofrecidos por un País Vasco independiente. Muy graciosa la pregunta, e igual de útil para evitarse problemas que la partida de tute no interrumpida de Azpeitia. Es probable que El Follonero jamás hubiera dado semejante tratamiento a Otegi si no fuera porque la humanización del etarra es una herencia de la pasada legislatura de la cual los afines a la oficialidad no están del todo desprogramados. Pero lo más encantador fue asistir a los escrúpulos de El Follonero cuando se preguntaba si renunciar a coleguear con Otegi sería autocensura. Hasta la democracia más abierta debe identificar a sus enemigos, los que matan a su gente ya sea en la teoría o en la práctica, y decidir sin remilgos que hay cosas que no se hacen con ellos por respeto a tanta sangre derramada. Por ejemplo, chistes



CONJETURAS
ERASMO
Sports

'SPORTING LIFE': Gasol. Y Nadal. Y Alonso. Y Gené. Y García (Sergio). Y Lorenzo. Y «La Roja». Y el Barça (y su «triple»). Y el Madrid. Y. Recuento y aproximación de urgencia a la antropología de la Cultura, el deporte del «Homo Ludens» (J. Huizinga) como preámbulo cultural. Y epítome de otras pujanzas, empeños colectivos entre la crisis y su tribulación y el juego como esplendor. Hipótesis para un slogan: «España, gente en marcha». ¿Y Cristiano? De marcha

EN LA RED:
Los internautas creen que las elecciones en Irán han sido amañadas para que ganara Ahmadineyad

Tras conocerse el resultado de las elecciones en Irán, cientos de miles de personas se manifestaron ayer en protesta por lo que consideran un pucherazo. Pese a que el recuento oficial concede la victoria al presidente, Mahmud Ahmadineyad, con un 63% de los votos, su principal oponente, el reformista Musavi exige la repetición de los comicios. El 94% de los internautas cree que el resultado es un fraude. Sólo el 6% considera que han sido unas elecciones limpias.

EL DEBATE DE HOY

¿Cree que Rajoy debe apartar ya a Bárcenas, tesorero del PP, de su equipo?

Si quiere participar, puede hacerlo en la sección de Opinión de elmundo.es hasta las 20 horas de hoy

TRIBUNA / DERECHO:
Tensiones en la Justicia española

El autor cree que nuestros tribunales no deben declararse competentes ante casos como genocidios en el extranjero. Critica las continuas controversias entre jueces y fiscales, así como entre el Tribunal Supremo y el Constitucional

MANUEL TRIGO CHACÓN

EL APRESAMIENTO de piratas somalíes por la fragata española Marqués de la Ensenada el pasado mes de mayo puso de manifiesto, una vez más, las tensiones y conflictos que frecuentemente se dan entre jueces y fiscales de la Audiencia Nacional y otros órganos del Estado. Ante las contradicciones entre el juez Fernando Andreu y el fiscal Zaragoza, el Ministerio de Defensa acabó presionando para que los piratas apresados no quedasen en libertad y fuesen entregados en el puerto keniano de Mombasa, para ser juzgados, de la misma forma que han hecho otros buques de guerra de países de la Unión Europea, en base a una Decisión del Consejo de Europa, que acordó con Kenia la competencia judicial de este país, a cambio de una remuneración económica de varios millones de euros.

El embrollo jurídico que mantuvieron por este asunto los jueces y fiscales de la Audiencia Nacional es una muestra más de las tensiones que permanentemente se dan, y que nadie es capaz de resolver. Hay, indudablemente, una falta de coordinación entre el poder ejecutivo y el judicial. Ambos son teóricamente independientes, y lo que molesta a los jueces es que se consideran el poder del Estado con menos medios y más criticado por los ciudadanos, que no entienden esos complejos asuntos que frecuentemente llegan a su conocimiento a través de los medios, y que a menudo resultan escandalosos.

Hay que recordar que fue precisamente el juez Andreu quien se declaró competente en el caso de los crímenes llevados a cabo en la región de los Grandes Lagos, denunciados por la Asociación de Derechos Humanos contra altos cargos de Ruanda, para esclarecer las matanzas y exterminio entre tutsis y hutus. ¿Cabe imaginarse al juez Andreu recorriendo el corazón de África, sin apenas medios e interrogando a unos y otros en lenguas tribales? Esta postura se debe a un acusado déficit democrático que ha padecido la judicatura en España, y a un afán de publicidad internacional que se repite con frecuencia.

Puede decirse que en nuestro país, en poco más de 30 años, se ha pasado de una dictadura franquista a un régimen de máximas libertades. La izquierda en España, y de una forma más acusada el socialismo en el poder, tiene mala conciencia porque no fue capaz, ni tuvo valentía suficiente, para enfrentarse a Franco ni a su régimen, por ello trata ahora de escudriñar en la «verdad histórica», con la intención de enjuiciar y condenar toda la etapa franquista. En este sentido, el juez Garzón, siempre dispuesto a que brille su estrella, elaboró un Auto escandaloso el 16 de octubre de 2008, en base a las denuncias formuladas por la asociación Nuestra Memoria, sobre la represión de la etapa franquista. Como es preceptivo, el juez Garzón pasó las actuaciones a informe de la fiscalía, que se pronunció el 29 de enero de 2008, en el sentido de no ser procedente la admisión a trámite de tales denuncias. La exhumación pedida por Garzón de 19 fosas, así como la inculpación de Franco y de una treintena de generales, de los que se pedía el certificado de defunción, era un dislate jurídico, que tuvo que ser parado, archivado y olvidado.

Más alejado en el tiempo, pero de gran importancia, fue el caso Pinochet, también protagonizado por Garzón, basado en la interpretación y aplicación propia de la justicia universal, que viene recogida en la Ley Orgánica del Poder Judicial, y de la que España parece haberse hecho abanderada. El caso Pinochet originó también un fuerte enfrentamiento entre algunos jueces y fiscales. Pero el momento más tenso fue cuando se dio el intercambio de escritos y recursos de toda índole entre la Audiencia Nacional y los tribunales británicos. Y recordemos los intentos de Garzón para tratar de interrogar a Kissinger en Londres y al diplomático estadounidense Vernon Walters, que fue subdirector de la CIA.

Estas pretensiones de la Justicia española de ser un ejemplo de aplicación de la justicia universal continúan con las actuaciones en relación con el exterminio del pueblo maya; con la querella del Comité de Apoyo al Tíbet, presentada en 2005, contra el presidente de China, Jiang Zeming y otros dirigentes del país; y, más recientemente, con las denuncias formuladas contra el Gobierno de Israel por genocidio en la franja de Gaza, así como las diligencias previas de investigación concernientes a la actuación de las tropas norteamericanas contra los prisioneros en la Base de Guantánamo.

Ninguna de estas actuaciones ha seguido un procedimiento judicial, habiendo quedado en los armarios de la Audiencia Nacional sine die. En la instrucción de todos estos sumarios, la posición de los fiscales de la Audiencia Nacional en la interpretación y aplicación de la justicia universal ha sido, en gran medida, contraria a la de los jueces, y especialmente a la de Garzón.

Tampoco puede pasar desapercibido que la de la Audiencia Nacional es una jurisdicción especial, sui generis, de la que mucho se ha hablado. Hay opiniones a favor de que se mantenga y otras a favor de que se termine con esa jurisdicción tan especialísima. Muchos enfrentamientos en la Audiencia Nacional tienen que ver con el hecho de que es y no es un tribunal superior, ya que su carácter y naturaleza lo hacen aparecer como un tribunal híbrido. Al mismo tiempo, subyace en un amplio sector de la judicatura y de la fiscalía la mala conciencia de no haber sido capaces de promover ninguna acción judicial contra el régimen franquista en los primeros 30 años de democracia. Ello hace que tenga un cierto complejo ante los países de nuestro entorno, y que quiera ahora aparecer como la abanderada en defensa de los principios de la justicia universal.

La controversia se aprecia también en las relaciones entre el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional, ya que mientras el primero tiene una larga trayectoria en nuestro ordenamiento jurídico, con una amplia doctrina jurisprudencial, creada por magistrados que toda la vida la han dedicado a dictar sentencias, el segundo es de constitución reciente. Se creó a partir del marco constitucional de 1978, y en su novedosa composición intervienen en mayor número profesores de universidad, que sólo han tenido la práctica de dictar sentencias a partir de su nombramiento como magistrados del Constitucional. Es obvio que el conocimiento del Derecho no es suficiente para elaborar sentencias razonadas. Hay una especie de síndrome de cátedras versus magistraturas, en las que predominan de forma desproporcionada, con un complejo de superioridad infundado, de los cátedros sobre los magistrados.

La pregunta que nos surge es la siguiente: ¿saben realmente dictar sentencias y resoluciones los profesores docentes de universidad mejor que los jueces, que por méritos propios han llegado al Tribunal Supremo? Sinceramente, creo que no. Mi opinión es que, en lugar de haber copiado en la constitución del Tribunal Constitucional a algún país mediterráneo de nuestro entorno, posiblemente nos habríamos ahorrado muchos quebraderos de cabeza -debido a las sentencias claramente politizadas que se han dictado- si hubiese sido una sala especial del Tribunal Supremo la que se hubiese ocupado de interpretar la Constitución y los conflictos de normas de las Comunidades Autonómicas con las del Estado. Si así hubiese sido, seguramente tendríamos hace tiempo, por ejemplo, una resolución sobre la constitucionalidad del Estatuto Catalán. Pero el Tribunal Constitucional, excesivamente politizado por la influencia de los partidos políticos dominantes, no ha podido en tres años dictar una resolución. Ello encierra un grave peligro, y además no se entiende.

DESDE SU INICIO, el Tribunal Constitucional ha dictado resoluciones escandalosas. De las primeras fue el discutido asunto de la urgente expropiación de Rumasa. El profesor Pelayo, presidente entonces traído por Felipe González, sufrió toda clase de presiones para decidir con su voto de calidad. Se marchó angustiado por las presiones del PSOE, entonces en el poder, con mayoría aplastante. Años después, en 1999, el Tribunal Constitucional, excarceló a la Mesa de HB, que había sido condenada por el Tribunal Supremo, con todo rigor y fundamento, como se ha visto años más tarde.

En 2001, otra sentencia del Tribunal Constitucional llamó la atención. Se trataba de la condena a la revista Lecturas, impuesta por el Tribunal Supremo, en la cuantía de 25.000 pesetas, por la intromisión en el honor de Isabel Preysler. Pues bien, el Tribunal Constitucional la subió nada menos que a 10 millones. En ese mismo año, por causa de unas fotos publicadas de personas conocidas en la prensa amarilla, también el Tribunal Constitucional, como si no tuviese asuntos más importantes en los que ocuparse, trató de intervenir, siendo frenado por el Tribunal Supremo, con toda razón jurídica, diciéndole que no eran asuntos de su competencia, ni tenía conocimiento de causa suficiente.

Hay una auténtica crisis de la Justicia española en su ordenación y en su aplicación, con grandes dificultades para superarla, que no es debido a la escasez de medios materiales, ni a la escasez de funcionarios, sino más bien a luchas de poder y a enfrentamientos entre jurisdicciones, y no sólo en los niveles superiores, sino en todos.

Las dos grandes asignaturas pendientes en España han sido y siguen siendo la educación y la justicia. No podemos entonces pretender que se erijan los tribunales españoles como precursores de la justicia universal, cuando todavía no hemos conseguido una justicia eficaz dentro de nuestro país, que, en todo caso, debe ser silenciosa, sin publicidad, y sin pretender un protagonismo nacional, y mucho menos internacional, como parecen buscar algunos jueces estrella.

Manuel Trigo Chacón es doctor en Derecho Internacional y autor, entre otros libros, de Pinochet, Nixon, Franco y la justicia universal

EL RUIDO DE LA CALLE
RAÚL DEL POZO
Nievan mariposas

«Nievan mariposas», gritaron los marineros del Beagle, el bergantín de 10 cañones, en las costas de la Patagonia; el propio Darwin alucinó. Como alucina Leopoldo Abadía con el vuelo de La crisis ninja, que ha desencadenado el efecto mariposa mediático. Después de algunos meses, esta mañana me he encontrado en los estudios de Antena 3 a don Leopoldo, que viaja como un torero de feria. Le acompaña, como asesor y relaciones públicas, uno de sus 12 hijos. Le esperan, como gorrioncillos con las bocas abiertas, 35 nietos. Se está forrando toda la familia gracias al efecto mediático de un hombre sencillo.

No se puede aguantar la vejez sin un poco de gloria, y Abadía la logró toda explicando la Gran Depresión como si fuera una parábola de baturro. Ahora es best-seller absoluto, millones de internautas entran en su web después de que lo descubriera Buenafuente y lo lanzara al estrellato Susanna Griso en Espejo público. Su hazaña es oral. Explicó sin pedantería la crisis ninja, un nuevo vocablo que engloba a las personas sin recursos, sin ingresos, sin propiedades, sin futuro. Según el pureta, no fueron las subprimes las causantes de la ruina, sino el icono del propio caos: el efecto mariposa. Casi todo es simulación y traza, es decir, todo es efecto, impacto mediático, truco. Vivimos la era del efecto Zapatero, el efecto Obama, el efecto invernadero. El efecto mariposa resume todos los demás en el Año de Darwin, al que le fascinaban las mariposas, aunque también las tortugas y los murciélagos.

En el pasado se llegó a pensar que las mariposas eran las almas de los niños muertos y otras tonterías. Según la religión, nosotros mismos somos unos putos gusanos que nos retorcemos en el cieno y cuando palmamos sobrevive el alma de nuestra eternidad. Después de Darwin la evolución está clara: mono, mono desnudo, huevo, larva, capullo, imago. La mariposa tiene colores preciosos para ligar en el apareamiento; es una sembradora de sueños, pero también de polen para que nazcan nuevas especies.

«Nievan mariposas», gritaron los marineros del Beagle más abajo del Río de la Plata. Vieron insectos como pétalos volar con indolencia disputándose el cielo sin agresividad, y sin embargo aquellos átomos que dispersaban sirvieron para componer organismos vivos, incluso en biosferas distantes. Sólo los poetas se adelantan a los tiempos. Cuando Bécquer escribió que los suspiros son aire y van al aire, y las lágrimas son agua y van al mar, profetizó el efecto invernadero, porque además de los besos también van al aire las flatulencias y los virus. Hay interconexión de salarios, ideologías y estupideces. El virus de un chancho en México provoca una pandemia mundial.

Leopoldo Abadía demostró que un estornudo provoca un huracán y una deuda en la caja imaginaria de San Quirico, una recesión mundial

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