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Actualización de madrugada

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Lugar: Cantabria, Spain

viernes, 19 de junio de 2009

FIRMAS: Federico Jiménez Losantos, David Torres, Arcadi Espada, Erasmo, Raúl del Pozo, En la Red, Joseba Arregi



COMENTARIOS LIBERALES
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS
La mucama y el CNI

ES VERDAD que todas las denuncias de agentes del CNI contra los despilfarros de su jefe Alberto Saiz tienen su cosa y su guasa, desde la clonación del agente Hernández y Fernández a la cosecha de patatas espías en Galicia, pero a mí lo que me intriga es lo de la mucama de un amigo de Saiz. Dice EL MUNDO que tras conseguir el preceptivo mandamiento judicial, el teléfono de la mucama fue espiado dos meses para averiguar si hablaba mucho con un novio transoceánico. El CGPJ debería estudiar el mandamiento judicial de espionaje doméstico a la doméstica porque si el argumento dado al juez por los sabuesos de Saiz es que comprobaban si la chacha hablaba mucho con el novio, para mí que engañaron al juez, han engañado en la filtración a EL MUNDO o ambas cosas. Sin excluir una tercera posibilidad, que es el espionaje fraudulento de un particular para espiar de modo no menos fraudulento a otro ciudadano cuyos derechos civiles estarían más muertos que los enormes peces espada con los que posaba Saiz en el Senegal antes de su clonación en Hernández y Fernández.

Conviene recordar que para comprobar si Menganita llama mucho a Ecuador, Perú o la República Dominicana basta con que el dueño de la línea mire el listado de llamadas que mensualmente le envía su compañía de teléfonos. Ahí viene el número llamado y el tiempo que se ha empleado en cada llamada, así como su coste. Al amigo del Spymaster de Bono y ZP le bastaba y le basta comprobar la factura para ahorrarse el enojoso trámite de molestar a un juez, posiblemente engañarlo, y emplear los valiosos recursos humanos del CNI en tareas algo menos importantes, por ejemplo, que las de espiar a etarras en Francia con la sana intención de trincarlos.

El teléfono de la mucama no podía ser el objeto de espionaje, salvo que el novio fuera terrorista islámico, andino o indostánico, y de serlo, ya lo hubieran dicho. Ahí se estaba espiando otra cosa y de otra persona. ¿Una esposa, una hija, una sobrina, una tía carnal, una suegra, una nieta, una amante enclavada a modo de antena senegalesa en el servicio doméstico? No lo sé, pero barrunto que se parecerá menos a la última novela de la resucitada PD James que a las hazañas de Mortadelo y Filemón, citadas con sorna por Rubalcaba cuando el montaje prisaico del espionaje en la Comunidad de Madrid. ¿Y no sería el CNI el que espiaba a Ignacio González en Colombia? Otro enigma facilito.

ERASMO
Saiz

DEL CAJÓN del sastre. Para crímenes inexplicables: «Ajuste de cuentas». Y este Saiz (CNI), para explicar tan atrabiliaria, chocarrera acumulación de filtraciones: «Lucha por el poder». Mas si aquel bobo perdió la vara de alcalde por cargar a gastos la compra de brillantina, este Filemón: sus merlines, compra cosechas de patata, contrata a parientes, limpian su piscina. «Copaín» gemelo del ministro Bermejo, cazador sin licencia y «gratis total». Contrátelos TVE. ¿Para? «Jara y sedal».

A DIESTRA Y SINIESTRA
DAVID TORRES
'Gangs of New Spain'

POCAS VECES estará más justificado el título que ampara este basamento (sería exagerado y antiestético llamarlo columna) que en la presente ocasión, mientras el PP y el PSOE se lanzan a la cara sus muchos trapos sucios al tiempo que el país se hunde. A diestra y siniestra llueven las denuncias, las sospechas, los compadreos y mamonadas de las dos grandes bandas de gangsters infiltradas en los bajos fondos de la política española. ¿O quizá habría que escribir altos hornos?

En cualquier caso, al votante de a pie le atufa la impresión de que Bárcenas, Camps, Chaves y Saiz son tan sólo la punta del iceberg, los últimos descubrimientos de una forma de hacer política más propia de esas dictaduras del Caribe donde, como dijo Alvite con prosa maestra, la Constitución consiste en la receta de la piña colada. Prietas las filas, en Génova han aguantado a pie firme y con la nariz tapada por pinzas el inmundo chaparrón de bazofia que ha brotado de sus cañerías en forma de regalos textiles y tesoreros con vocación de contables mafiosos. Con toda la fontanería reventada, los trajes salpicados y el suelo pringado de heces, Rajoy ha decidido que aquí no ha pasado nada y que lo mejor es enchufar en dirección a Ferraz el ventilador de la mierda.

La antiquísima estrategia del «y tú más», duramente aprendida en el patio del colegio, ha dado sus frutos en el huerto andaluz de Chaves y en la pescadería neofranquista del CNI. Después de dos décadas de ejercer de señorito, Chaves -que comparte con su quasi homónimo venezolano algo más que las cuatro primeras letras del apellido- no está acostumbrado a que le desmonten el chiringuito rociero apenas cruza la línea de Despeñaperros. Y ha bastado una solo foto retocada para que Alberto Saiz, émulo de Hemingway gracias al dinero público, demuestre que la Inteligencia (con mayúsculas) española es un oxímoron.

Rajoy sigue al pie de la letra aquel consejo de El Padrino («ten cerca a tus amigos, pero más cerca a tus enemigos») y prefiere vivir en una casa minada, plagada de cadáveres en pie y de forofos del juzgado de guardia. A la gran familia unida del PP se enfrenta ahora la silibina camorra del PSOE, sintetizada en un nepotismo secular que regala contratos y cargos a dedo, a puro golpe de lazo consanguíneo. Al votante de a pie no le queda más que resignarse y esperar que algún día España desemboque en una empresa privada, un negociete familiar o mejor, un equipo de fútbol. Si nos ficha Florentino, lo mismo cualquier banco nos presta un crédito



¡QUÍA!
ARCADI ESPADA
Un cadáver sobre la alfombra


El presidente Bush mató ayer una mosca ante millones de telespectadores que asistían a su entrevista con el periodista Robert Gibbs en el Consumer News and Business Channel. La entrevista había comenzado pocos segundos antes y una mosca revoloteaba con pesadez agónica por el estudio. Probablemente ya les habría molestado en los instantes previos, offline. En un momento dado, y mientras aludía a la necesidad de aumentar la transparencia de su Gobierno, Bush perdió la concentración y empezó a manotear en el aire:

-Perdón... perdón, voy a empezar de nuevo. ¡Hey! ¡Largo de aquí! -dijo con su habitual soltura tejana.

-Es la mosca más persistente que he visto nunca -concedía el presentador-.

Entonces se produjo un silencio tenso y expectante, porque la cámara que enfocaba la cara del presidente lo mostraba ajeno por completo a las palabras de su interlocutor y sólo interesado en la mosca que se había posado sobre su mano izquierda. La estaba observando, acechándola más bien, de soslayo y de repente se oyó, más que se vio, un crujido fatal. Bush había acabado con la mosca de un golpe seco, certero, inapelable. Una exhibición.

Entonces vinieron unos segundos de campechanía viril:

-¡Muy bien!, -jaleaba Gibbs, con una punta excesiva de entusiasmo.

-Ahora... ¿dónde estábamos? -se ufanó con un poco de impostada pompa el presidente. Parecía que se tomaba a broma su hazaña, y que ahí iba a terminar todo. Pero no-. Ha sido impresionante, ¿no? ¡Le di a la puñetera! ¿Qué te parece, Gibbs?

-Ha estado muy bien -pareció aflojar un poco el periodista. Aunque en seguida volvió al hecho, como es su suprema obligación profesional- Está ahí -y se refería al irrisorio cadáver sobre la alfombra. Mejor se lo hubiese ahorrado, porque permitió que Bush cruzara una delicadísima frontera. De pronto la broma heroica se hizo obscena-.

-¿Queréis filmarla? Ahí está. Y obedientemente los cámaras filmaron el cadáver con detalle macro. En efecto: una señora mosca.

La observación completa de la escena en el YouTube deja un no sé qué acre. Es obvio que se trata de una mosca, y que, admitámoslo, las moscas pueden llegar a ser muy pesadas. Medio sonriéndose, uno se dice que se trata de un acto de legítima defensa. Pero qué quieren: la sonrisa se congela en cuanto se repite esa expresión que tanta muerte ha causado. De pronto la escena adquiere un carácter revelador. Sobre el hombre, sobre la mosca, sobre nuestra inmensa capacidad de destrucción. Ay, la metáfora, qué forma más estremecedora de conocer...


EN LA RED:
La mayoría de los internautas no está de acuerdo con que España acoja presos de Guantánamo

El enviado especial de EEUU para negociar con Europa las condiciones del cierre de la prisión de Guantánamo, Daniel Fried, solicitó de manera formal a España que acogiese a cuatro de los detenidos en ese penal militar. Según Moratinos, las negociaciones están en una fase preliminar, aunque España aceptará dicha petición. El 84% de los internautas no creen que España deba acoger a los prisioneros. El 16% restante no ve razones para oponerse a esta petición estadounidense.

EL DEBATE DE HOY

¿Deberían los partidos dejar libertad de voto sobre el aborto a sus diputados?

Si quiere participar, puede hacerlo en la sección de Opinión de elmundo.es hasta las 20 horas de hoy



TRIBUNA / LA POLÉMICA LINGÜÍSTICA:
El debate de las lenguas en España

El autor considera que el asunto de las lenguas se ha convertido en una cuestión política y hay que tomarlo como tal. Cree que los padres tienen derecho a escoger el idioma vehicular para la educación de sus hijos

JOSEBA ARREGI

NO HACE falta mucha perspicacia para darse cuenta de que la convivencia de las lenguas en España se está convirtiendo en un problema considerable. Es probable que la realidad diaria no sea tan alarmante como lo puedan hacer parecer ciertos casos individuales que existir, existen, y son reflejados por los medios de comunicación, pero también es más que probable que la alarma no se deja reducir al empeño de algunos medios de comunicación, y de algunos partidos, especialmente el PP, a crear alarma donde no existe más que perfecta armonía. Sin engarce en la realidad no se pueden construir comunicativamente ni alarmas ni problemas.

Llama la atención que quienes de un lado hablan de la nación española en el sentido de la nación etnolingüística construida por el romanticismo alemán, y que quienes, por otro lado, se sirven de la diversidad y de la diferencia lingüística para derivar de ellas consecuencias políticas de tipo nacionalista, recurran permanentemente a la necesidad de despolitizar la cuestión lingüística. El tratamiento de las lenguas se ha convertido en cuestión política por excelencia con la constitución de los estados nacionales.

El hecho de que la constitución española establezca una jerarquía entre las lenguas españolas -el español cuyo conocimiento es un deber, y las lenguas españolas que pueden ser cooficiales si así lo determinan los respectivos estatutos de autonomía- es un hecho político por excelencia. Y la declaración de cooficialidad del euskera o del catalán y del gallego, afirmando además que el catalán o el euskera son, a diferencia del español, lenguas propias de las correspondientes comunidades autónomas -con el añadido del deber de conocimiento en el nuevo estatuto catalán-, son también hechos políticos por excelencia.

Estamos, pues, ante un debate ciertamente político. Un debate que tiene mucho que ver con la estructura del Estado, con el discurso de la España plural, con la integración o no de los nacionalismos periféricos en un proyecto estatal común. Un debate que tiene que ver con derechos básicos de los ciudadanos, con obligaciones también importantes de los ciudadanos, con la cohesión social, con el derecho al trabajo, con la libertad lingüística dentro de los parámetros fijados por la declaración de cooficialidad de las lenguas. No es un debate estrictamente cultural, ni un debate puramente lingüístico. Es un debate político y es mejor tomarlo como tal.

Como este debate corre el riesgo de ser malinterpretado por la situación lingüística de los participantes, vaya por delante que quien esto firma es vascoparlante monolingüe de familia, alguien que aprendió español o castellano en la escuela. Pero también alguien para quien el castellano no es lengua extraña, para quien el castellano es tan lengua propia como el euskera, lengua ésta de relación familiar casi en exclusividad, y de trabajo en la universidad. Alguien que no tendría inconveniente alguno en sustituir la obligatoriedad constitucional del conocimiento del castellano por la constatación del valor de lengua franca del español para la cohesión del estado. Y alguien que no tendría inconveniente en cambiar el calificativo aplicado por el estatuto vasco al euskera como lengua propia, a diferencia del español.

España es diversa y plural. Es un hecho. En España se hablan varias lenguas, además del español. También es un hecho que la diversidad de lenguas en España no es como en Suiza, que no cuenta con una lengua franca, o como en Bélgica, donde tampoco existe una lengua común. En España sí existe una lengua común. Por eso, el discurso de la España plural no tiene sentido, ni responde a la realidad, si no se completa con el discurso de la pluralidad de Cataluña, de Euskadi y de Galicia: estas comunidades autónomas no son homogéneas en términos lingüísticos, sino plurales. Como lo son, por cierto, también, en el sentimiento de pertenencia.

Existe, sin embargo, una diferencia en lo que al hecho de la pluralidad de España y de la pluralidad de Cataluña, Euskadi y Galicia se refiere: desde el punto de vista lingüístico existen amplios territorios y amplias demografías en España que son homogéneas en castellano, y la pluralidad se refiere a que existen zonas en las que está presente, además del castellano, otra lengua. En Cataluña, Euskadi y Galicia no existe prácticamente ningún kilómetro cuadrado, ni ningún segmento o zona poblacional homogéneo en cuanto a la presencia de una única lengua: estas comunidades autónomas son estructuralmente mucho más plurales que lo es España en su conjunto.

EN LOS DEBATES recientes muchos se han referido a que el español no está en peligro en Cataluña. Pero no es ésa la cuestión: la cuestión no está en los derechos de la lengua, sino en los derechos de los hablantes. De la misma forma que un hablante bilingüe puede en Cataluña o Euskadi reclamar la satisfacción de su derecho a ser atendido por la administración en la lengua de entre las oficiales que elija, el mismo derecho le asiste a un ciudadano monolingüe, por lo que no puede haber, en este contexto de derechos, una lengua privilegiada de la administración.

En el contexto educativo, no existe un derecho a ser escolarizado en la lengua materna, y menos por razones supuestamente pedagógico-psicológicas. Pero sí existe el derecho de los padres a que la lengua de su elección de entre las cooficiales sea también lengua vehicular. Y ante este derecho fallan los argumentos de que la otra lengua cooficial está en situación de debilidad, de que ya aprenderán esa lengua de elección en la calle o en los medios de comunicación, entiéndase la televisión, que el monolingüismo de inmersión es el único medio que garantiza la cohesión social, y está dando buenos resultados. Ninguno de estos argumentos anula el derecho de los padres a reclamar que la lengua que quieren sea también vehicular en la enseñanza de sus hijos. Dicho simplemente: no hay razón alguna, y menos técnicas, para esconder en la enseñanza ninguna de las lenguas cooficiales de una comunidad autónoma como lengua vehicular.

Otra cosa es que en una sociedad con la presencia de dos lenguas, los monolingües sí debieran reconocer su obligación de facilitar la comunicación en cualquiera de las dos lenguas, siempre desde la constatación de que no existen sociedades bilingües perfectas, unas en las que todos los ciudadanos fueran igual de competentes en las dos lenguas.

En el ámbito del trabajo, se enfrentan dos derechos -y la política es el arte de priorizar unos derechos sobre otros- el derecho de los bilingües a ser atendidos en la lengua de su elección, y el derecho de los monolingües o de los bilingües imperfectos a que muchos puestos de trabajo, además los mejor cualificados -por seguridad de empleo y también por condiciones económicas-, no les estén vedados. El derecho al trabajo debe primar sobre el derecho electivo a ser atendido en una determinada lengua oficial, máxime cuando este derecho puede ser atendido sin dañar el otro.

Todas las políticas lingüísticas se encuentran con un problema crucial: es bastante fácil instrumentar desde la administración los mecanismos necesarios para asegurar que las generaciones futuras tengan un conocimiento básico suficiente de la lengua en situación de minoría o de debilidad. El problema surge cuando al aumento en el conocimiento no le sigue un aumento en el uso social de la lengua aprendida y minorizada.

Es en ese momento en el que todos los responsables de política lingüística se ponen muy nerviosos. Y la reacción más común ante ese problema crucial de las políticas lingüísticas es dar una vuelta más de tuerca, pasar de la planificación posible y aceptable de los instrumentos que garanticen el conocimiento de una lengua por parte de las nuevas generaciones, a intentar planificar por medios de promoción y ayuda, pero también por medios coercitivos lo que ni es posible ni es lícito planificar desde la administración pública: el uso de una lengua, pues esta planificación choca con la libertad básica y fundamental de los individuos. Y ahí está la frontera de lo democráticamente aceptable.

Joseba Arregi es ex consejero vasco y actual presidente de la plataforma cultural Aldaketa. Entre otras muchas obras, ha publicado los ensayos Ser nacionalista y La nación vasca posible.

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