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domingo, 28 de junio de 2009

CRÓNICA: Prohibido hablar en español, 7 intérpretes en el Senado/ Investigación: Bárcenas/ Sastre y ETA/ GAROÑA: A muerte por la energía nuclear




CRONICA
SIETE INTÉRPRETES PARA ENTENDERSE EN ESPAÑA

El jueves se produjo en el Senado una situación para la hemeroteca. A los representantes de las 17 autonomías, y al vicepresidente Chaves, que hacía de interlocutor, se les ofreció un pinganillo para la oreja. Siete traductores, de vasco, gallego, catalán y valenciano, pusieron acento al momento con sus traducciones por algo más de 6.500 euros de jornal. Es el caro disparate de una España que necesita intérpretes para entenderse

RAFAEL MARTÍNEZ- SIMANCAS / J. GÓMEZ

Los puedes ver y fotografiar pero no les puedes preguntar nada. Igual que a los soldados de la Queen's Guard en la puerta del Palacio de Buckingham. Los militares de penacho negro y casaca roja están entrenados para permanecer impertérritos y no abrir boca. Ellos, para lo contrario. Pasan la jornada tras el cristal transparente de una cabina de comentarista como las que anidan en los palomares de los campos de fútbol. A pesar de la nitidez de la pecera, sus identidades quedan opacas por deseo expreso de la autoridad correspondiente. Suman siete y nadie quiere decirnos cómo se llaman. Gracias a ellos, un grupo de personas que se entendería en la barra de un bar puede hacerlo también a través de un pinganillo. Son los siete intérpretes que trabajaron el pasado jueves en el debate del estado de las Autonomías del Senado. Siete son los traductores necesarios para que se entienda la España de Babel.

La sala internacional de la Cámara Alta no tiene nada que envidiarle a uno de esos confortables jumbo concebidos como un salón en el que atravesar océanos. Las butacas del hemiciclo, situado en la zona nueva del complejo de la Cámara Alta, pegarían en la clase business de una aerolínea de bandera. En los aviones, un sistema de audio interno con conexión individual para cada sillón permite sintonizar entre diferentes melodías. En el Senado pasa algo parecido, sólo que se trata de audífonos individuales a pilas y, en lugar de boleros o sinfonías, eligen entre las cuatro lenguas cooficiales: catalán, euskera, gallego y valenciano.

La sala está vacía, apenas iluminada por las luces de emergencia. La penumbra se rompe en ocasiones por el reflejo de la pantalla gigante en la que se proyectaba la imagen -a tamaño colosal y a todo color- del vicepresidente tercero y ministro de Política Territorial, Manuel Chaves, que habla en la cercana sala de plenos del edificio viejo. La desproporción de las medidas recuerda a los enormes y desaparecidos cines de la Gran Vía madrileña.

En el gallinero de la sala internacional se distinguen los rostros de la brigadilla de traductores. Cinco mujeres y dos hombres, iluminados por unas lámparas de mesa al estilo de los antiguos flexos de opositor. Están equipados con auriculares y micrófono, como teleoperadores, y a su alcance hay una pequeña mesa de sonido equipada con regletas. Desde lo alto observan la pantalla desplegada ante ellos. Pero no hablan. Al menos, no siguiendo el flujo verbal de Chaves. Sólo entre ellos, de vez en cuando, para intercambiar bromas y comentarios. Imposible saber en qué idioma.

Escuchan con besuguina atención la «voluntad política» del Gobierno para buscar la «mejor y más eficaz» colaboración con las comunidades autónomas. Llevan casi una hora y oyen a Manuel Chaves decir que hay una diferencia de financiación per cápita de 900 euros entre algunas comunidades y que eso es «injusto». Ni inxusto. Ni injust. Ni bidegabea. «Injusto» y punto.

¿Por qué los intérpretes no traducen? La respuesta está en la Constitución. Artículo 3. «El castellano es la lengua oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla [...]». Y como se aplica a los representantes de cada una de las 17 comunidades autónomas reunidos en la Comisión General de las Comunidades Autonómas, los traductores siguen tranquilos, echando la mañana.

Sólo trabajaron cuando alguno de esos 17 parlamentarios preguntó en su lengua vernácula. Como el portavoz de Baleares, que se expresó en catalán. O el de Galicia, en gallego. Entonces, el resto podrá ponerse el pinganillo para entender la pregunta.

Los traductores titulados que trabajan cuando la Cámara Alta requiere sus servicios son, en total, 25. Y como hablar, hablan poco, luego tendrán también que corregir los textos que quedarán grabados en el Diario de Sesiones, acompañados de su traslación al castellano. Fuera de convocatorias oficiales se acordó que trabajaran en grupetos de siete personas en «los diversos actos» para los que fueran requeridos.

UNOS SÍ, OTROS NO

La peonada que se les paga a cada uno de ellos pertenece al secreto del sumario. En el Senado nadie lo sabe con certeza, unas instancias se remiten a otras para no terminar de aclarar la información; tampoco por qué aprobaron 25 si luego se les llama en grupos reducidos de tal manera que roten al menos cada tres sesiones para poder trabajar todos. Mucho menos se dice quién toma la decisión última de que acudan unos sí y otros no.

Lo único concreto es que se pagaron 6.500 euros al grupo el pasado 23 de octubre de 2008, cuando intervino la entonces ministra de Administraciones Públicas Elena Salgado. Y en la partida se incluían los gastos de desplazamientos que los traductores hubieran de realizar puesto que la condición de residentes en Madrid no figura en ninguna parte del pliego de convocatoria.

Peccata minuta en el torrente de euros que supone el plurilingüismo español. La Secretaría de Política Lingüística de la Generalitat catalana tuvo en 2007 un presupuesto de más de 27 millones de euros. En realidad, el fomento del catalán, sumando los capítulos dedicados por el resto de departamentos, le supuso un gasto de 156 millones de euros al Gobierno regional.

En los presupuestos para 2009 del Gobierno vasco, la política lingüística se lleva 57,4 millones de euros. Eso, sin contar que para la euskaldunización del sistema educativo hay reservados 26,6 millones de euros.

En Galicia, son 20 millones de euros anuales los empleados en alentar el gallego. Pero sólo las galescolas, escuelas de educación infantil íntegramente en lengua cooficial, se llevan 29 millones.

En Baleares, para supervisar de cerca la cuestión, hay cinco directores generales de política lingüística: Ibiza, Menorca, Mallorca, la autonómica y la municipal de Palma. Entre todas disponen de una partida de más de siete millones de euros anuales para estimular el uso del catalán.

Cuidar el valenciano le cuesta a la Generalitat siete millones de euros, según los presupuestos de 2009. Las regiones con dos lenguas oficiales dedican, en total, más de 300 millones de euros para potenciar su singularidad lingüística.

Los siete intérpretes del Senado siguen, aburridos, esperando a que llegue el turno de preguntas para poder ejercitarse en el arte de la traducción. Si la situación es ya de por sí insólita, los carteles que tienen delante de sus cabinas terminan de babelizar el galimatías. Donde dice «alemán» se sitúan los dos traductores de catalán y el único de valenciano; donde figura la placa de «italiano» aparecen dos traductores de gallego y sobre el letrero de «español», otros dos traductores de vasco.

El secretismo es absoluto en torno a los traductores. La versión oficial es que «no son estrellas» y se sentirían molestos al saberse protagonistas de una actualidad que ellos sólo trasladan de una lengua a otra. Si insistes, te dicen que aquí no hay gato encerrado. Sólo unos profesionales que trabajan aislados para concentrarse mejor en los discursos (que tienen escritos porque esa información se les facilita cuando el orador sube a la tribuna igual que al resto de medios de comunicación).

FIJOS DISCONTINUOS

En marzo de 2005, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, prometió en el senado que las lenguas cooficiales tendrían su «defensa, extensión y una ampliación de sus posibilidades». Cuatro meses más tarde, la Mesa del Senado realizaba una convocatoria para cubrir las plazas de traductores de las lenguas cooficiales del Estado. Poco después se publicaba en el Boletín Oficial de las Cortes Españolas el nombre de las 25 personas que aprobaron el examen. De manera discrecional, se añade: «Cuyos servicios podrán ser solicitados por la Cámara», de tal manera que pasan a tener categoría de fijos discontinuos que trabajan, con gastos pagados, siempre que el Senado les convoque.

Se les llama por parejas para que puedan tener descansos, puesto que algunas sesiones se prolongan desde primera hora hasta bien avanzada la noche. El traductor de valenciano, sin embargo, se tragó solo la jornada entera.

Se estrenaron en el debate sobre el Estado de las Autonomías de noviembre de 2005. Y esta semana se han requerido sus servicios en sesión doble. El lunes compareció el ministro de Fomento, José Blanco, y el jueves, el titular de Política Territorial, Manuel Chaves, cada uno con sus giros verbales y sus acentos.

El origen de la utilización de las lenguas cooficiales en el Senado se remonta a 1987, cuando se aprobó una moción para rehacer el reglamento de la Cámara Alta y mejorar la representación de las autonomías, propuesta que se volvió a plantear en 1989 y se concretó en la reforma del reglamento de 1994.

Tras una segunda adaptación, en 2005, quedó escrito que las lenguas cooficiales sólo podrán usarse «en las intervenciones que tengan lugar en el debate sobre el estado de las Autonomías que se desarrolla en la Comisión General de las Comunidades Autónomas», así como el presidente en la primera intervención de la sesión constitutiva y, por último, los ciudadanos e institución que se quieran dirigir por escrito a la Cámara Alta.

ESPAÑA SUBTITULADA

En el pliego de condiciones se pedía que fueran licenciados en Traducción e Interpretación y que acreditaran experiencia laboral previa. El punto 4 del apartado «Solicitudes» añadía: «A la instancia se acompañará la comunicación de los honorarios que deban percibir por sus servicios», lo cual no deja de ser un criterio arbitrario en una convocatoria pública. Se supone que entonces primó el criterio del presupuesto más ajustado en caso de empate en las condiciones de los candidatos.

Convencido de que defender la riqueza lingüística y su pluralidad es «defender el entendimiento en España», Rodríguez Zapatero quiso mejorar también la comunicación entre todos los europeos pidiendo la oficialidad en la Unión Europea del catalán, el vasco y el gallego. La Eurocámara se negó y las dejó en cooficiales, por lo que los diputados no pueden expresarse oficialmente en estos idiomas, pero los ciudadanos sí pueden dirigirse a la institución en dichas lenguas.

Hemos pasado de la España invertebrada de Ortega a la España traducida y con subtítulos. Cinco lenguas y siete intérpretes para que España se entienda... con auriculares.

GENEALOGÍA / ENFERMEDAD DIAGNOSTICADA
EL GEN CANARIO DE LA MUERTE SÚBITA

ALBERTO Y Fátima tenían cuatro hijas. Sólo les queda una viva. Y como a ellos, les ha pasado a decenas de familias insulares. Sin saberlo, compartían un antepasado común del que heredaron una mutación genética que les rompía el corazón. Unos investigadores han resuelto el enigma

DELIA JIMÉNEZ / MARTÍN MUCHA

El 30 de junio de 2002 murió Fani Encinoso Ojeda con 14 años. Su corazón se detuvo mientras jugaba con sus amigas en un parque cercano a casa. El 20 de mayo de 2003, Selene, su hermana de nueve años, nadaba en una piscina. Feneció en el fondo del agua. Otra muerte súbita. El 25 de junio de 2007, Celeste Encinoso Ojeda, gemela de Selene, 14 años ya, disfrutaba de las frenéticas subidas y bajadas de una de las montañas rusas de Disneyworld París. El músculo que debía bombear la sangre al organismo no lo hizo. Tres hijas, tres que se fueron de repente. O tres muertes carentes de respuesta. Tres paros cardiacos en niñas de menos de 15 años.


Perder una hija es una tragedia inconmensurable. ¿Dos? ¿Tres? ¿Có mo calificar su pérdida? ¿Qué pasó? ¿Qué mal acaba con la vida de tres niñas de una misma familia? Sus médicos no tenían respuesta. Y quedaba una cuarta hermana, la última que salvar, Natalia.

No podía ser una casualidad. Su caso se convirtió en un enigma médico de relevancia mundial.

Alberto Encinoso Sánchez y Fátima Ojeda Pérez comenzaron su lucha por salvar a Natalia. Sin saber que había otras familias que buscaban la misma respuesta. Más de 30 fallecidos oficialmente por esta clase de muerte súbita en la isla de Gran Canaria [«unas 100», según el calculo de Fátima]. Sin explicación científica. Todos se habían ido de repente. La gran mayoría jóvenes que no habían cumplido los 25 años y un porcentaje enorme tenía sus raíces en el sur de la isla...

Desde la muerte de la segunda niña, los Encinoso Ojeda extremaron aún más las pruebas médicas. Los especialistas del Servicio Canario de Salud sometieron a las niñas a electrocardiogramas y al Holcer [una prueba diagnóstica que coincide en monitorización ambulatoria del registro electrocardiográfico por un tiempo prolongado]. Los especialistas coincidían en que las pequeñas estaban sanas y que no había motivos para preocuparse.

Cuando acaeció la tercera muerte ya no les creían. Había más casos.

Teresa Macías, una abuela de 74 años, titubea al responder sobre la familia que ha perdido. Melancolía en su rostro. Sus iris reflejan, por duplicado, la luminosa ventana de su casa cerca de la alameda de Colón, en Las Palmas. Perdió a su hermano Emiliano, cuando era monaguillo, en 1954. Perdió también a su hermana de 13 años. «Fue a preparar el café y cayó». Se quedó tirada en una caseta. Los médicos diagnosticaron «derrame de sangre por difteria». Una conclusión fácil. «Se me murieron dos hermanos más». Cuatro de 10 en total. Hablando casi en susurros, cuenta también cómo dejó este mundo su hija de 21 años. En 1997 estaba de paseo por una cumbre canaria. Falleció de repente, un caso más. Por la rama familiar de Teresa, comenzaron a morir sobrinos, parientes cercanos...

Empezaron a buscar la razón de sus muertes. Se hacían revisiones médicas y todas salían bien. Exámenes clínicos correctos. Ninguna conclusión, lo mismo que le decían a los Encinoso Ojeda.

Hasta que un profesional canario decidió que había que encontrar una respuesta. Fernando Wangüemert, jefe del servicio de cardiología de la Clínica San Roque. Desde 1998, comenzó su búsqueda de la verdad científica. Veía morir a sus pacientes. Se reunía con 200 personas, familiares de las víctimas, y tenía que decirles «no sé la respuesta» [año a año]. Pero no desistió. «'Lo sigo intentando, pero no sé', les decía. Es quizás la peor respuesta que podría dar un médico, pero lo hacía». Aún así continuaba con sus pesquisas. «Yo no soy un investigador. Soy un médico de batalla, que ve pacientes día a día. Que apenas tiene tiempo», rememora para Crónica lo que se decía a si mismo entonces.

Los electrocardiogramas revelaban corazones sanos. Las ecografías no presentaban ninguna anomalía mecánica. ¿Qué hacer?

Llamaba a doctores de todas partes del mundo. Enviaba pruebas, sangre, relataba síntomas... a distintos hospitales, centros de investigación. Buscaba indicios, pistas. Se descartaron virus, bacterias, infecciones... «La impotencia volvía. La gente llegaba a decir que estaban siendo castigados por Dios».

Hasta que se topó con los hermanos Brugada [Pedro, Josep y Ramón], los genios catalanes de la cardiología que hasta tienen su propio síndrome [bautizado con su apellido]. Ellos le orientaron y juntos consiguieron desvelar qué pasaba.

Fue en enero de 2008. Exploraron el último rincón del cuerpo humano: el genético. Y dio resultado. Wangüemert recibió la noticia y gritó. Saltó como un orate. Dicen que pocos hombres tienen un ¡eureka! en su vida. Éste era el suyo. Diez años después y tras miles de exámenes médicos se descubría la razón de tantas muertes. Una rarísima enfermedad llamada científicamente Taquicardia ventricular polimórfica catecolaminérgica. El por qué de tanta muerte súbita. El por qué de Fani, de Selene, de Celeste...

Esta semana, este sencillo médico de capital de provincia se sentó junto a los hermanos Brugada para presentar su informe al mundo [y el trailer de un documental sobre el caso llamado En busca de un porqué]. Lo hacía con una media sonrisa. Se han salvado con su descubrimiento cientos de vidas [aunque por su efecto exponencial se podrían hablar de miles].

En su ponencia, los Brugada explicaron las razones de esta enfermedad. Surge por una mutación en un gen [el RyR2]. Este fallo hereditario origina que ante una descarga excesiva de adrenalina -por esfuerzo físico o por una emoción intensa- el corazón se colapse.

Todo coincidía. Los Encinoso Ojeda recordaron las muertes de sus pequeñas. Fani había estado corriendo toda la tarde en bicicleta con sus primos [«Llegué a tiempo de coger a mi niña en brazos y de escuchar como expiraba», rememora la madre]. Selene se encontraba nadando con otro niño. Jugaban a sumergirse y rescatar los objetos que previamente habían lanzado al fondo de la piscina. La niña murió en el acto. Celeste no pudo resistir las frenéticas subidas y bajadas de la montaña rusa. Todos esfuerzos físicos con alta carga de adrenalina. Por fin supieron lo que pasó.

Cuando los investigadores descubrieron la respuesta comenzó otra misión: saber quiénes tenían el gen defectuoso. La mayoría de los que sufren esa enfermedad [57,3%] no muestran ningún síntoma antes del primer ataque. «La aparición del primero podría ser el fin», afirma el doctor Wangüemert. Se han realizado análisis genéticos a más de 1.000 personas. De ellos 129 han resultado positivo y su vida corre alto riesgo [la edad media de la muerte por el gen es de 18 años y siete meses].

Para controlar su enfermedad, se recetan medicamentos betabloqueantes [sintetizando: bloquean los efectos de la adrenalina en el organismo]. El 30% de los que han dado positivo deberá utilizar un pequeño desfibrilador insertado en el pecho [cuesta unos 36.000 euros aproximadamente].

Esther G. utiliza uno [no quiere dar su apellido por temor a ser estigmatizada]. Tres de sus cuatro hermanas también [en 1976, su único hermano varón murió en una piscina municipal]. En su familia se demuestra el enorme poder multiplicador del mal: cinco de seis hermanos nacieron con él. Ellos, en total, tienen cinco hijos y dos han heredado la maligna variante del RyR2. «En el futuro si quieren tener hijos deberían inseminarse in vitro. Así se realizará una selección para evitar que el ADN malo pase al futuro bebé», sentencia, con conocimiento del tema, Esther.

La genealogía ha sido trascendental en esta magna historia científica. Ya que, si es una enfermedad endogámica, ¿cómo afecta a tantas personas que en muchos casos no comparten ningún apellido? Y aquí aparece un nuevo protagonista en esta investigación. No un científico renombrado, ni siquiera un especialista. Carmelo Pérez es el eje de esta parte del estudio. Profesor de Religión en un instituto [y pariente de uno de los deudos], comenzó a hurgar en el Registro Civil, en archivos eclesiásticos. Iba unien do datos y familias y pasaba del siglo XX, al XIX, al XVIII... Hasta que llegó a comprobar que todos los personajes que aparecen en este reportaje son parientes. Descubrió al paciente cero: un hombre nacido en 1726. Ha elaborado un gigantesco mapa genealógico que llega hasta Japón.

Porque allí se ha mudado uno de los hijos de esta enorme familia. Allí recibió la noticia sin entender muy bien qué le pasaba. Para comprender la magnitud del descubrimiento, recuerda Wangüemert que los japoneses se quedaron en shock. «No sabían cómo seguía con vida». Le dieron el tratamiento inmediatamente. Estupefactos.

A pesar de obtener por fin una respuesta, las heridas tras tantos fallecimientos han sido profundas a nivel emocional. Susa Pérez perdió a su hijo Alejandro Vega Pérez cuando tenía 23 años. Acude a un psicólogo para afrontar su pena. Teresa Macías soporta la mirada acusadora de su nieto. «Siempre está triste. Sabe que no puede vivir emociones intensas». Aguanta sus respuestas con dureza. «Tú eres culpable de lo que me pasa», le increpa su nieto, a quien ama. Ella calla. Con su sabiduría, con su paciencia.

Los padres de Fani, Selene y Celeste tomaron rumbos distintos. Él ya no cree en Dios, ella se aferra a Cristo como consuelo. El padre le recrimina: «¡Dios no existe! ¿De qué te sirvió llevar cada domingo a las cuatro niñas a misa». Llegaron a separarse. Pero se han dado una segunda oportunidad por su hija Natalia, la superviviente, ya con 11 años.

Fátima, rendida, confiesa que, a pesar de que sería recomendable que utilizara un desfibrilador, no piensa hacerlo. «Porque si hasta ahora he conseguido sobrevivir con el corazón roto por la muerte de mis tres hijas, pienso que debo irme cuando Dios decida». A su lado, la pequeña Natalia -ojos verdosos, piel morena- quien sueña con ser actriz de mayor. Desde que sus hermanas se fueron, su habitación está demasiado silenciosa. Pero está tranquila. «Mis hermanas están en el Cielo», dice. A su espalda las fotografías de las tres ausentes, parte del grupo de víctimas que han salvado cientos -miles- de vidas.

Un dato más que reconforta a los deudos. Según los distintos testimonios recopilados por Crónica, «la muerte es tan rápida como imprevista y sin aparente dolor».

EN MEMORIA DE LOS FAMILIARES QUE PERDIMOS

Maricarmen Macías (33).- Esta economista, que trabaja en una multinacional de recursos huma nos ha perdido a dos hermanos. «Éramos tres y sólo quedo yo», cuenta desde su casa en Telde, Gran Canaria. Observa con año ranza el retrato de Tony y José Antonio. Ambos murieron de muer te súbita. «Mi hermano Tony con 21. Paradójicamene condu ciendo una ambulancia. José An tonio, con 25, en su casa con su mujer». El gen maldito dejó huér fana a una niña de seis meses...

Sara Castro (46).- Fija el punto de encuentro en un hotel en Santa Lucía de Tirajana, al sur insular. Es en este punto cardinal de la isla, donde está el gran foco de este mal [la mayoría de los casos provienen de allí]. Así describe a su Saúl, a quien se le detuvo el corazón a los 14 años. «Era un chiquillo ejemplar que de un momento a otro dejó de estar. Hablaba inglés y alemán. Estudiaba japonés. Tocaba la trompeta. Se preparaba para dar los exámenes en Finlandia, donde vivía uno de sus mejores amigos, e irse a estudiar a ese país». Cuenta poco de su muerte. Se escapa de la cámara observando su retrato. El del adolescente con los pelos en punta y la misma sonrisa que ella.

Susa Pérez (50).- «Se fue el 2 de septiembre de 2002. Alejandro tenía 23 años. Trabajaba en la construcción. Desde los 16 años se quejaba de mareos [un caso raro, la mayoría de los que sufren esa enfermedad -57,3%- no tienen ningún síntoma antes del primer ataque]. Se le hicieron revisiones médicas y no había nada raro», cuenta. Esto último no es extraño. Ni los electrocardiogramas dan pistas. La muerte súbita le llegó a Alejandro cuando seguía a sus padres. Les habían avisado que había un incendio en su finca... Susa aún no lo puede superar. Aunque saber ya el porqué murió su hijo le ayuda en sus citas con el psicólogo.

UN HITO MÉDICO Y CIENTOS DE VIDAS SALVADAS

Fernando Wangüemert, dcha., jefe del servicio de cardiología de la Clínica San Roque, Canarias, lleva una década haciendo exámenes médicos tratando de descubrir el origen de decenas de muertes súbitas en la isla. El origen es el fallo de un gen, el RyR2. Simplificando, ante una descarga de adrenalina, el corazón se detiene.

Los hermanos Brugada.- Unas eminencias que hasta han bautizado su propio síndrome. Han sido claves en el hallazgo y en la cura. Los que dan positivo al mal tienen que tomar medicamentos betabloqueantes y un 30% de ellos deberán utilizar un desfibrilador interno. Con su descubrimiento han salvado cientos, quizás miles, de vidas.

INVESTIGACIÓN / EL CASO BÁRCENAS
EL TESORERO QUE PRODUCE VÉRTIGO

DICEN DE ÉL que ganó en un solo día 600.000 euros en la Bolsa. Él asegura que pidió un préstamo de 300.000 euros para comprar un cuadro. En su leyenda figuran deportes extremos en los que se ha jugado la vida. Vértigo sienten en el PP con el tesorero Bárcenas

JUAN L. GALIACHO ANA GARCÍA

Sus pasiones son la montaña y jugar en la Bolsa. No tiene miedo al vacío, ni al precipicio. Dicen que es capaz de ganar en el parqué en un solo día, y de una sola tacada, 600.000 euros con la compra-venta de acciones de Endesa o 300.000 euros con Red Eléctrica e irse después a las Montañas Rocosas de Canadá y a los Alpes a practicar heliski, uno de sus deportes favoritos. Se asciende en helicóptero hasta grandes cimas, para luego descender las cordilleras sobre kilómetros de nieve virgen. A tumba abierta.


Ése es Luis Barcenas Gutiérrez, consagrado alpinista y esquiador, hoy en el punto de mira por sus presuntas irregularidades como tesorero del Partido Popular, formación en la que lleva más de 26 años desde que entrara en la extinta Alianza Popular y ocupara el cargo de gerente.

Nacido en Calañas (pueblo de tradición minera de Huelva de apenas 5.000 habitantes) el 22 de agosto de 1956, estudió en Madrid Ciencias Empresariales licenciándose por la Universidad Pontificia de Comillas (ICADE). Allí conoció a quien se convirtió en su amigo más íntimo, Luis Fraga Egusquiaguirre, un bilbaíno, soltero, dos años más joven que él y sobrino de Manuel Fraga Iribarne, acoplado desde hace más de dos décadas por el aparato del PP como senador cunero, primero por Guadalajara, y hoy por Cuenca. Con él compartía la pasión por la política, el alpinismo y el esquí, modalidades que comenzaron a practicar desde muy jóvenes, allá por los 70.

Discreto, prudente, profesional y un gran gimnasta, dicen. El tesorero del PP se machaca todos los días en un conocido gimnasio de la pija calle Serrano de Madrid (practica la cinta y ejerce duras tablas de gimnasia para fortalecer brazos, piernas y cintura). Hace tres semanas, en pleno escándalo del caso Gürtel, en el que está implicado por presuntos delitos fiscales y de cohecho, no dudó en irse unos días a subir el Aneto, el pico más elevado de los Pirineos (3.404 m.) y bajarlo después esquiando, con los esquíes que había subido a sus espaldas.

Pero su primer gran hito como escalador -también su primer gran escándalo público- fue cuando organizó en el verano de 1987, junto al canario Antonio Ramos y su amigo Luis Fraga, la Expedición Española al Everest. Abrieron la llamada vía de los españoles e izaron la bandera rojigualda en la cima más alta del mundo (8.848 metros). Sin embargo, su ascensión fue puesta en tela de juicio por un comité de expertos que consideró que «la memoria de la aventura no se ajusta a la realidad».

Bárcenas, el alpinista, tuvo que dar por primera vez la cara y, junto a sus compañeros, ofrecer una rueda de prensa en Madrid para defenderse. El comité nacional de expertos sostenía que la expedición «se inició y finalizó sin ética». Concluía que no se podía hablar de vía española, «ya que ésta coincide con la vía japonesa, creada con anterioridad».

Esta selección española de montañeros de ocho autonomías fue escogida, contra lo que era costumbre, mediante un concurso abierto, «con el fin de que todos los montañeros españoles tuvieran la posibilidad de participar en la empresa», y no sólo catalanes y vascos. Entre otros, al final Bárcenas y Fraga se llevaron en la expedición al gran Fernando Garrido, récord mundial de permanencia en el Aconcagua, otra de las grandes cimas que también ha subido el tesorero del PP, junto al monte Elbrus, el pico más alto de Europa en el Cáucaso, y el Mont Blanc.

En paralelo a la montaña, siempre ha practicado otra de sus aficiones, la Bolsa y la gestión inversora, gozando de una gran información, a veces debida a su cargo. Dicen que ya en 1984 empezó a invertir en la rueda de la fortuna, y que a partir de 2007 empezó a perder, y que su patrimonio se resintió. Llegó a ser consejero de Gesmadrid Sociedad Gestora de Instituciones de Inversión Colectiva SA, entidad vinculada a Caja Madrid y a la aseguradora Mapfre, cuya marca comercial es Brokerdiner F.I.A.M.M y cuyo objeto social es la «administración, representación, gestión de las inversiones y reembolsos de los fondos y sociedades de inversión». Del cargo se dio de baja en junio de 2004.

La tercera de sus pasiones es la caza. Hace días, quizás para desfogarse de la tensión del caso Gürtel, abatió caza mayor en una finca en las proximidades de Madrid. Suele pagar en torno a 6.000 euros por esos grandes trofeos cinegéticos.

Su entrada en política se produjo coincidiendo con las elecciones generales de 1982. Fue en esas fechas cuando penetró de lleno en la dirección de Alianza Popular, dada su buena amistad con Luis Fraga, el sobrino de Don Manuel. Pronto fue nombrado gerente de los populares, aupado por el tesorero de esos años, Ángel Sanchís. Desde entonces sobrevivió a vaivenes y cambios.

Estuvo con Manuel Fraga, con Hernández Mancha, con Aznar y, ahora, con Rajoy. Cuentan en la sede de la calle Génova que Bárcenas se libró de milagro del famoso caso Naseiro, el primer gran escándalo de financiación irregular que estalló en el PP en 1989, recién llegado Aznar, por la implicación del entonces tesorero, Rosendo Naseiro. Tras la salida de éste se convirtió, de 1993 a 2008, en mano derecha del nuevo tesorero y mandamás económico de la derecha española, Álvaro Lapuerta, un madrileño, hoy con 82 años, que de joven quiso ser boxeador y con raíces familiares en La Rioja, donde fue propietario del diario Nueva Rioja.

Este abogado del Estado, padre de 10 hijos, cuñado del ex ministro franquista de Obras Públicas Federico Silva Muñoz, procurador desde 1967 en las Cortes por el llamado Tercio Familiar, congresista desde 1977 hasta 2004 por AP y PP, vicepresidente del Banco de Crédito Local y director de relaciones externas de la Empresa Nacional de Petróleo, y con un importante patrimonio inmobiliario repartido por Madrid, Barcelona y La Rioja, fue quien apadrinó a Bárcenas ante Aznar (lo conocía de sus tiempos en La Rioja como inspector de Hacienda).

Cuentan en el PP que fue Lapuerta quien, con el visto bueno del jefe, le encargó a Barcenas la contratación de todos los eventos del PP. Así conoció a Francisco Correa, el cabecilla de la banda, que era amigo de Francisco Álvarez Cascos, por entonces secretario general del PP, ya que le preparaba sus viajes personales a través de sus empresas FCS y Pasadena Viajes. Poco a poco L. Bárcenas, L. Barc o L. B. -también llamado supuestamente por los Gürtel como «Luis el cabrón»- fue haciendo amistad con todo el clan Correa, por ejemplo, con Álvaro Pérez, alias el Bigotes, que se encargaba de la organización de los cónclaves de los jóvenes cachorros populares en Becerril de la Sierra, con Alejandro Agag a la cabeza.

SENADOR AUSENTE

Fue en 2004 cuando Lapuerta y Bárcenas, por indicación expresa de Rajoy, cortaron el grifo al grupo de Correa al detectar Rajoy que exigía contratos en nombre de la tesorería del PP. Y fue también ese año, en el Congreso del PP, cuando Rajoy quiso dar un golpe de mano en las finanzas del partido e intentó ascender a Bárcenas de gerente a tesorero, pero Álvaro Lapuerta se resistió. De hecho, unos meses antes, el aparato del PP había incluido a su gerente en las listas del Senado para protegerle ya como aforado.

Pese a ser natural de Huelva, le incluyó por Cantabria, la única circunscripción en la que había hueco. Y aunque su trabajo parlamentario era escaso y apenas comparecía por su circunscripción, salvo para asistir a algún acto oficial o corrida de toros de la feria de San Jaime, volvió a repetir en las pasadas elecciones de 2008, siendo el senador más votado. Dicen en Cantabria que lo fue porque su apellido empieza por la letra B y era por eso el primer senador en aparecer en las listas del partido y, además, porque el apellido Bárcena (sin S) es muy común en la zona y llevaba a engaño.

En el partido tienen a Luis por una persona muy viva y capaz. Buen gestor. Muy amigo de sus amigos (entre ellos del ex europarlamentario Gerardo Galeote). Que se desvive en favores. Que es una persona con carácter cuando tiene que decir «no», pero con buen tono, y que sabe capear las crisis. Una de las mayores ha sido cuando su nombre apareció en varias grabaciones realizadas al principal implicado en esta trama de corrupción, Francisco Correa. Por ejemplo, en una conversación intervenida en diciembre de 2007, Correa le dice a su amigo el Bigotes: «A Bárcenas le he llevado, yo he hecho con él un día… vamos a sumar 1.000 millones de pesetas. Yo, Paco Correa, le he llevado a Génova y a su casa».

El tesorero del PP ha desmentido este hecho y el propio Correa luego se contradijo afirmando que era sólo una machada y una chulería, habitual en él. Sin embargo, la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) del Cuerpo Nacional de Policía investigó a Bárcenas por haber ingresado en un banco cercano al Congreso de los Diputados 330.000 euros en billetes de 500 euros. El tesorero del PP justificó esta operación como la devolución de un crédito que había solicitado previamente para una operación de plusvalía mediante la compra de un cuadro, que luego resultó fallida.

Fue a partir del análisis de la documentación de la caja B intervenida a Correa y la presentación de los tres informes de la UDEF ante el juez Baltasar Garzón cuando adquirió consistencia la presunta relación de Bárcenas con la red de corrupción.

Según publicó EL MUNDO, Bárcenas ha acumulado en los últimos años un patrimonio inmobiliario valorado en 3,3 millones de euros. Entre sus posesiones destacan tres casas, una en Madrid, otra en Marbella y una más en Baqueira Beret, pagadas al contado, como también varias plazas de garaje. Muchas de estas propiedades están a nombre de su esposa, Rosario Iglesias Villar, relacionada con el mundo de las antigüedades y que no consta que tenga, según el Registro Mercantil, ninguna empresa a su nombre o sea consejera de alguna, por las retribuciones que pudiera tener. Con ella tiene un hijo, Guillermo, veinteañero. Tiene otro hijo mayor, dicen que fruto de una relación en su época juvenil.

El matrimonio reside en el barrio de Salamanca (calle Príncipe de Vergara), en un piso de más de 200 metros casi esquina con Goya. Pero también tiene un apartamento de 186 metros en Guadalmina (Marbella), con su correspondiente trastero y plaza de garaje, comprado en el año 2002 con un valor de mercado cercano al millón de euros.

En la ciudad costera, gobernada entonces por Jesús Gil, es donde veranea con el ex alcalde de Majadahonda, Jesús Sepúlveda, gran amigo suyo, con el que comparte vacaciones con él y su familia, antes con su primera mujer, Ana Mato, y ahora con Natalia Bosch, hija de la cantante Elsa Baeza. Allí las parejas coincidían con Francisco Correa, casado con María del Carmen Rodríguez Quijano, con intereses en la zona de la Costa del Sol a través de la empresa familiar inmobiliaria Construcciones Valle Sión, con la que llegaron a adquirir el Diario Málaga Costa del Sol. Correa solía sacar a pasear en su yate anclado en Puerto Banús a sus ilustres invitados, como Jesús Sepúlveda. Relación que, sin embargo, no mantenía con el diputado nacional del PP Jesús Merino, también implicado en el caso.

También con la familia Sepúlveda, Bárcenas acudía a pasar las vacaciones invernales a la estación pirenaica de Baqueira Beret. Fue en el año 2006 cuando intentó allí su primera gran operación inmobiliaria. NO cuajó. Sin embargo, Bárcenas continuó allí -dicen en Baqueira que tiene intereses en otra gran promoción urbanística- y compró un chalé en 2008 por 941.100 euros.

El sueldo de Bárcenas como senador es de unos 5.000 euros brutos al mes, más lo que le abona el PP como tesorero. Una cantidad que algunas fuentes sitúan en 30.000 euros, pero que él ha desmentido.

Dicen sus compañeros de partido que «Luis siempre ha rehuido el protagonismo y los conflictos». Pero ahora la operación Gürtel le ha marcado. Tanto, que ha llegado a perder 17 kilos en las últimas fechas. Sobre todo después de que el Supremo aceptara, el pasado 23 de junio, asumir la parte de la trama Gürtel relativa a su caso y al diputado también del PP Jesús Merino.

El Alto Tribunal indica que existen elementos indiciarios que parecen apuntar a delitos contra la Hacienda Pública y de cohecho en el caso de Bárcenas. Sin embargo, el Supremo decidió devolver el resto de la causa al Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) para que el juez instructor, Antonio Pedreira, siga llevando la investigación de la supuesta trama de corrupción. No obstante, deja la puerta abierta a asumir la totalidad del caso en el futuro. De momento, el tesorero del PP ya ha pedido declarar de forma voluntaria lo antes posible.

«Claro que le afecta lo que se dice fuera y dentro, pero está tranquilo. Aunque lo impute el Supremo, lo absolverán. Estamos seguros de que la verdad saldrá. No vamos a darle más credibilidad a lo que diga un delincuente como Correa en su contabilidad B que a la palabra de Luis. Él está seguro de que no va a pasar nada», dicen sus amigos.

Sus enemigos, como el diputado Vicente Martínez Pujalte o Enrique Moragas, piden dentro del partido su dimisión inmediata como tesorero. En lo que todos coinciden es en que nunca ha ostentado nada. Salvo de alpinista consagrado, para lo que se necesita estar en permanente acción. Y eso lleva aparejado tiempo y mucho dinero.

LUIS EN EL ANETO
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AFRENTA / PRIVILEGIOS DE UN ASESINO
LAS VACACIONES DEL RAFITA
UNO DE LOS asesinos de Sandra Palo se ríe del mundo en el tríplex con solárium en primera línea de playa que paga la Junta de Andalucía. Vive con comodidades de privilegiado pero sigue delinquiendo
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TERRORISMO / SASTRE, LA PLUMA FANÁTICA
UN AUTOR «ENAMORADO DE ETA»

EN SU casa se planearon atentados, prometió dejar de escribir en español, lanza «fatuas abertzales» como su último artículo... Pero Alfonso Sastre, gran dramaturgo convertido, como Bergamín, en patriarca proetarra, ha escrito cosas peores

JAVIER GÓMEZ

La casa está en obras, con sábanas por el suelo y botes de pintura desperdigados. Las ventanas, desmontadas. Los policías revuelven cajones ante la mirada encogida de Eva Forest. Suena el timbre. Al otro lado de la puerta, un carpintero de andar castizo. Dos nacionales lo agarran de inmediato y lo esposan pese a sus gritos. Entretanto, suena el teléfono.

EVA.- ¿Dígame?

ALFONSO.- ¡Eva, cariño! Llamo desde una cabina. La casa está rodeada de policías. ¿Qué pasa?

EVA.- No, el señor Fernández no está. [Cuelga el teléfono, como si nada].

Era la contraseña. Alfonso Sastre debía huir. Tres días antes, el viernes 13 de septiembre de 1974, ETA hacía explotar una bomba en el baño de la cafetería Rolando, en la madrileña calle del Correo, matando a 12 personas e hiriendo a otras 85. La masacre se planeó en su casa. Y él estaba al corriente.

El dramaturgo de barbas noelescas, ya muy conocido, se afeitó la estética. El hombre que sólo disparaba tinta tenía que pasar a la acción y vivir la hosca soledad del forajido. Pidió ayuda y le cerraron todas las puertas. Durmió en parques y cabinas telefónicas. Deambulaba por un Madrid setentero con atasco de ojos buscándole. El turismo de gudari le duró dos semanas, al cabo de las cuales se entregó, implorando su inocencia.

En la cárcel, él y Eva Forest -la Tupamara, la Rubia o la Tetas para la cúpula etarra- fueron los primeros en cantar. Ellos, los cicerones del terrorismo vasco en Madrid. Ellos, que habían hecho posible, un año antes, el atentado contra el almirante Carrero Blanco, viga maestra del franquismo. Como recuerda la escritora feminista Lidia Falcón, imputada en aquel sumario y que, embaucada por Forest, cumplió nueve meses de prisión, eran una pareja «enamorada de ETA».

Treinta y cinco años después, el escritor sigue prendado como el primer día. Su última carta de amor la escribió en el diario Gara el pasado domingo. Una misiva densa y pelín lírica. En el último párrafo, el reservado siempre a los sentimientos más fragorosos, una advertencia: [Si no hay negociación del Gobierno con ETA] que Dios nos coja confesados, porque nos esperarían y amenazarían tiempos de mucho dolor en lugar de la paz [...]. Entonces, pobres de nosotros, pero también de ustedes». En una cuneta de Arrigorriaga todavía humeaba la carrocería chamuscada del coche del inspector Eduardo Puelles, asesinado dos días antes por la Dulcinea del pasamontañas con una bomba lapa.

Gracias a la presión internacional, los 22 procesados del atentado de la calle del Correo fueron absueltos. ETA nunca reconoció una matanza que abrió la espita de los atentados indiscriminados -Forest les había asegurado que el bar estaría trufado de policías a la hora del vermú. Todos los muertos fueron civiles-. «Nunca olvidaré», asegura Falcón a Crónica, «cuando me encontré con Eva en prisión. Con ojos encendidos, me dijo: "Ha sido el acto revolucionario más importante cometido desde la Guerra Civil"».

Forest cumplió tres años de prisión. Sastre, ocho meses. A pesar de haber delatado a todos los implicados, el matrimonio, buenos propagandistas de sí mismos, se ganó un salvoconducto de pureza abertzale todavía vigente.

Sus amigos recuerdan cuando, en 1977, al salir de la cárcel ella y mudarse a Hondarribia (Guipúzcoa), Sastre anunció que jamás volvería a escribir en español en protesta contra el Estado opresor. Al final, no se le conoce una línea en euskera. Faltar a su promesa le permitió convertirse en uno de los mayores dramaturgos españoles del siglo XX. Y no le impidió, siguiendo los pasos de José Bergamín, devenir un referente intelectual del independentismo vasco.

A sus 83 años, y a fuer de encarcelamientos masivos, le ha tocado convertirse también en uno de sus líderes políticos. Ya en el pasado se presentó por HB, Euskal Herritarrok y todos los sucesivos heterónimos batasunos. Pero en las últimas europeas fue investido cabeza de lista de Iniciativa Internacionalista, cuya ilegalización rechazó in extremis el Tribunal Constitucional. Parte de la corrala política ha pedido ahora que la Justicia estudie si la coda del artículo de Sastre en Gara es constitutiva de delito. Manos Limpias lo ha denunciado por amenazas y colaboración con ETA.

Pero desde su trono de Moisés vasco, el autor de Escuadra hacia la muerte ha detonado frases mucho peores. «Lo que se llama terrorismo es una forma particular de la guerra. En cualquiera de los casos, sin embargo, se trata de matar al enemigo -así como suena: de matar al enemigo-» (El País, 1980). «Quienes hacen esas acciones, a veces atroces, tienen una conciencia moral muy fuerte y son más sensibles a los sufrimientos humanos, a pesar de que los provoquen, de la que tienen esos que los condenan» (La Vanguardia, 1995).

«La activista era Eva Forest. Él era el hombre de letras. Presumido, santón, elitista, para él todo es literatura, incluso esas frases. Es el dogmatismo inconsciente del intelectual», recuerda Lidia Falcón.

«Sastre es un ser detestable y un dramaturgo mediocre. Pero ha dicho cosas mucho peores. Hay que tener cuidado con pensar que todo tiene que ser castigado con la cárcel». Lo dice José Ramón Recalde, profesor e intelectual. Él, como Juan Tomás de Salas, como Fernando Sánchez Dragó, como Luis del Olmo, como tantos otros, fue diana de las fatuas de Sastre. En 2000, uno de esos Robin Hood «con una conciencia moral muy fuerte» le dejó un orificio de entrada de bala en la mejilla izquierda sin salida con trayectoria descendente que disecó la musculatura lingual y el suelo de la boca.

Igual que hubo siete personajes en busca de autor, Sastre siempre fue un autor en busca de causa. Se abrazó al sovietismo, a Vietnam, al antifranquismo y, tras devorar tanta novela antiimperialista, terminó persiguiendo molinos españolistas, con su yelmo de txapela y un aurresku grabado en la adarga, al compás de los únicos tiros a los que abrazarse en el mundo civilizado.

Sastre da una pista de su radicalización en Balada de Carabanchel y otros poemas celulares: «Yo tenía la mejor voluntad, señores míos, distinguidos / [...] / ¡Qué iba a ser rebelde yo! / ¡Nadie más dulce y más dispuesto / a comprender a todos que yo mismo! / ¡Hasta que me golpearon en el vientre del alma por decir la verdad! / [...] / ¡Hasta que vi el brillo de las pistolas!».

Alfonso Sastre era dulce, pobre y católico, como casi todos los niños de la guerra. Hoy se define como «un semita murciano-salmantino», pero nació en la castiza calle Ponciano de Madrid. Desde joven se aficionó al teatro con unos amigos, entre ellos Alfonso Paso, con los que creó el grupo Arte Nuevo, ya como ariete para derrumbar lo establecido: «¡Quememos estas salas! ¡Destruyamos el teatro mercantil!», bramaba.

Contra Benavente, contra Buero Vallejo -sus peleas eran épicas-, contra todo, el teatro era un arma más de Tito, como le llamaban. Su primera pieza, Uranio 235, está inspirada en la bomba de Hiroshima. Violencia, opresión y censura son las musas que paren un teatro alcoyano, irreverente y de colmillo, con títulos como Análisis de un comando o Ejercicios de terror.

En 1955 se casó con Eva Forest. Tuvieron tres hijos, que escuchaban en casa el himno del FLN argelino en vez de canciones infantiles. El mayor, Juan Sastre, médico, siguió la senda paterna, se doctoró en Cuba y partió como galeno de guerra al frente sandinista. En una entrevista reciente, decía: «Mi esperanza está en Irak [...] Están matando marines todos los días. Y eso es la lucha».

Y llegó Euskadi. Un pueblo a sus pies. «Sastre ha vivido como Dios, mimado por el establishment proetarra y muy bien tratado por el nacionalista. Todo se entiende desde el mesianismo: es muy seductor sentirse el faro de un pueblo», analiza Santiago González, columnista de EL MUNDO. Sobre todo para alguien de un ego superlativo. En su época de preso, envió una carta a su suegra. Arrancaba así: «Como Cervantes estoy preso, señora...».

Su casita de piedra en el centro de Hondarribia es lugar de peregrinación abertzale. En la buhardilla, entre libros y merchandising radical (aquí un Ché, allá un Fidel), Sastre hace de corifeo de iras y arpegia artículos como el de Gara. Como dice otro gran dramaturgo del XX, Francisco Nieva, que habla de él con indisimulado afecto: «Sastre es autor genial, pero, al igual que Bergamín, se ha encerrado en una ideología».

Desde la ventana de la mansarda se contempla la bahía de Txingudi. Allí se esparcieron las cenizas de Eva Forest tras su muerte, hace dos años. Askatasuna homenajeó a «una pieza importante en la lucha por la libertad de Euskal Herria» en un adiós entre mitológico y chavista, con barcas, himnos y mucha, mucha bandera.

El dramaturgo ha dejado escrito para sí mismo otro final. Un telón trágico y fanático: morir matando. «[...] este hombre sufrió / hagan un arma con su cadáver / es voluntad que firma / Alfonso Sastre con su propio puño».


CULPABLE / LA ESPOSA DE BERNARD MADOFF
LA MUJER MÁS SOLA DE NUEVA YORK
EL PELO DE Ruth Madoff ha cambiado de color. No tiene los brillos de antes. Y no es por los disgustos sino porque ya no lo admiten en la lujosa peluquería a la que acudía antes del escándalo. «No vuelva más», le dijeron. Ruth es la esposa del mayor estafador de la Historia, quien mañana puede ser sentenciado a cárcel de por vida. El ostracismo también afecta a sus dos hijos, que se quedarán sin nada
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PROTESTA / ¡QUE NO NOS QUITEN NUESTRA NUCLEAR!
VAN A MUERTE CON LA ENERGÍA ATÓMICA

SU MÉDICO dice que están más sanos que el resto de los españoles. Elías, el veterano, asegura que nunca ha tenido miedo, que no son kamikazes... Así son los numantinos de Garoña: «Si ZP nos cierra por una promesa electoral, que también cumpla la del pleno empleo»

ANTONIO TEXEIRA

La imagen es de 1971. Un muchacho, con mono blanco y gafas de montura oscura, en las entrañas del monstruo. La mismísima central nuclear de Garoña. «He estado, sí, dentro incluso del reactor». Han pasado más de tres décadas y aquel joven es hoy un hombre canoso de 58 años que ostenta el título del más veterano de los atómicos españoles. La ansiedad, ahora que ha comenzado la cuenta atrás de la nuclear burgalesa, estampa nervios en el rostro de Elías Fernández. Teme, como los 450 empleados de Garoña -como los 20.000 españoles a los que da empleo la controvertida industria del uranio-, la decisión final de José Luis Rodríguez Zapatero. Que ponga el interruptor en off.


Elías, que fue piloto de la central nuclear, nos recibe como jefe de relaciones exteriores. Vive en el corazón de la incertidumbre, ese monstruo al que teme muchísimo más que a los fantasmas atómicos. En los que él, por otra parte, nunca ha creído. «Que no, que no soy un kamikaze... Si esto se cierra no es por seguridad. En dos décadas se han invertido 400 millones de euros para cambiar el 60% de sus componentes... Aquí nunca hemos sentido miedo. Y yo precisamente menos, que he estado dentro del reactor. El miedo sólo lo siento cuando vengo en coche por esa carretera estrecha del embalse de Sobrón».

El veterano Elías parece tenerlo todo bajo control. Salvo esa fecha, maldita para él y para los suyos, del 5 de julio. Ese día expira el permiso de vida de la central de Garoña. Y Zapatero prometió que la cerraría. El peso de los mítines frente, incluso, al Consejo de Seguridad Nuclear. Realizó un informe al que se aferran Elías y demás movilizados de Garoña. «Está sana, puede seguir viviendo una década más», venía a decir el CSN. Un monosílabo de ZP lo decidirá todo. Sí. No.

«¡Que no nos quiten nuestra central nuclear!». En Santa María de Garoña, los 450 empleados no trabajan ahora por sus 2.500 euros de sueldo medio, sino por ese grito. Todos a una, siguen las comparecencias del Gobierno como si les fuera en ello la vida. «O más bien la muerte», corrige Elías Fernández mientras desenfunda su Blackberry. «¡Mira! Siempre encendida y… con elmundo.es para leer lo que sale». Todo cuanto se habla de Garoña, la nuclear española catalogada como la 35 de las 432 del ránking mundial. Genera la luz que consume cada año un millón de ciudadanos.

Todo anda trastocado estos días en el rincón burgalés y alrededores. A Elías, sin ir más lejos, se le ha ido la familia. Su mujer ha viajado a Barcelona para estar con sus hijos mayores. Él no ha querido en estos momentos de lucha. Desea estar al pie del cañón, en las entrañas de la batalla como aquel joven -él mismo- de la vieja foto de 1971.

Los problemas íntimos se atomizan entre quienes «están más sanos que el resto de españoles». Lo afirma Arturo Vargas, doctor de Santa María de Garoña desde los 80. «En 40 años no ha habido ni un caso grave de salud relacionado con la central», añade Vargas. Desde hace semanas ejerce más de psicólogo que de otra cosa. «Incluso cuando les hago reconocimientos médicos les digo que estamos condenados... Primero cerraron Vandellós, luego Zorita. Nosotros somos los próximos, los terceros», sentencia quien no confía nada en «determinadas personas». Y que cada cual ponga aquí nombre y apellidos.

También con el dedo, apuntando al bolsillo, señala Elías para seguir con el debate sobre la energía nuclear. Sus cifras: «el megavatio de la nuclear sale a 35 euros. El de la eólica, 75. La solar a 400… No hay que ser muy listo para deducir que el recibo de la luz, si nos quedamos sin esa energía barata, se disparará».

Lo que se ha lanzado ya es la recogida de firmas a favor de la central. Frente al torno de entrada al recinto de la planta de Garoña, una mesa espera la rúbrica de cada uno de los trabajadores y visitantes. «No sabemos cuántas van. Yo prefiero ni mirarlo porque …». Calla Elías.

Bajo la mesa, un baúl de metacrilato espera ser visto. Escrito a mano, bolígrafo azul, se lee: «Aportación voluntaria». Los euros bailan solos en su interior. Y ni un billete. «No está la cosa para tirar», apunta uno de los miembros de seguridad de la entrada. ¿Ese dinero es para repartir si cierran? «No, no... No me fastidies, que no alcanzamos a un euro. Es para los gastos del comité de empresa», sonríe Elías.

En Santa María de Garoña no sólo se produce el equivalente a la tercera parte de la electricidad que consume Castilla y León en un año. Se forjan además padres y madres de familia. Desde hace tres semanas, manifestantes cada miércoles a las puertas de la central. «No nos vamos a rendir». Sentencia de madre coraje. Es Pilar Sánchez, que en la central se ocupa del mantenimiento de los ordenadores. A esta mujer no le van las medias tintas cuando se trata de su futuro, que es el de su marido y sus dos hijos pequeños. Aquellos que pasearon por las instalaciones nucleares cuando cumplían meses en su vientre. «Y ahí están, más sanos que yo… Tanta tontería de que esto es peligroso para la salud...», increpa al vacío.

Nos fijamos en eso. A simple vista, nada parece mutante en Santa María de Garoña. Ni Elías, pese a llevar cuatro décadas de nuclear. El veterano de la plantilla se desternilla cuando apreciamos que no tiene dedos de más, ni ese verde cutáneo característico que destacan en series animadas. Lo más que puede relacionarse, por mala leche, es su sonrisa nuclear. Y ni eso, que es una funda. «Somos gente normal. Viendo Los Simpsons entiendo el rechazo a las centrales nucleares. Menuda educación distorsionada para los jóvenes. Mi vida aquí dentro es lo más opuesto a esos dibujos», aunque tenga en casa a un adolescente seguidor de ese gordito amarillo comedonuts que desarrolla su vida en una central.

LA SIGUIENTE, ALMARAZ

El presente de Garoña es el mañana de las nucleares españolas, por muy lejos que se levanten. Son 8 y generan el 19% de la energía total que se produce en España. De cerrarse la de Burgos, la siguiente en caer podría ser Almaraz (Cáceres). Su licencia expira el año que viene. Por eso, siguen con atención los designios de Zapatero. «Siento una piedra encima que apunta con caerse». Pongan acento de Dos Hermanas (Sevilla) a esa frase que retumba en la experiencia de Pepe Rivas. El más curtido de la nuclear extremeña repasa los últimos 32 años de su vida «sin haber hecho una sola bomba atómica». Frente a él, buscando la perfección en fondo y forma, se sienta Jesús. Del extremeño cuelga la etiqueta más joven de Almaraz, aunque eso no le resta argumentos. «Si Zapatero cierra Garoña por promesa electoral, que la cumpla. Del mismo modo que el pleno empleo… Que eso sí se le olvida», reflexiona Jesús Bote.

«La energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma». El soniquete sale al compás de una calle de Garoña. Una anciana encorvada por la sabiduría habla casi sola: «Como siga así ZP, nos va a dejar a oscuras. ¡Que la luz no florece del enchufe de la pared!». Eso es energía. De 87 primaveras.

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