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Actualización de madrugada

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Lugar: Cantabria, Spain

jueves, 28 de mayo de 2009

FIRMAS: Isabel San Sebastián, Raúl del Pozo, Erasmos, Carmen Rigalt, En la Red, Luis María Ansón, Francisco Rosell



CANELA FINA
LUIS MARÍA ANSON
Traje a medida para Paula Chaves

HAY PREVARICACIÓN si se paga la factura de unas braguitas y un pañuelín con dinero público de Televisión Española. La hay también si se aceptan unos trajes a cambio de otorgar contratos a la empresa que obsequia. Lo de menos es la cuantía. Lo de más es el hecho.

En un fulgurante editorial, este periódico afirmaba ayer que el ex-presidente de la Junta andaluza y actual vicepresidente de Zapatero había confeccionado un traje a la medida para su hija Paula Chaves. Gran acierto periodístico el del editorialista. A cambio de colocar a la niña en un puesto relevante, Chaves, previa modificación de la norma establecida, despilfarró 10 millones de euros en subvencionar a una empresa, acreditada como candidata al impago. La presunta prevaricación resultó un poco más cara que la lencería de mi inolvidada Pilar Miró, aunque la cuantía desde el punto de vista moral significa poco en estos casos.

Escribí en su día que si el presidente Camps no podía demostrar que pagó sus trajes debería dimitir. Ha afirmado que sí los abonó en dinero contante y sonante. Ya veremos qué dice el juez. Está claro que si el vicepresidente Chaves no alcanza a desmantelar lo aquí publicado no tiene otro camino democráticamente decente que presentar su dimisión irrevocable. No lo hará. A veces pienso que debería proponer yo a la Academia la supresión en el diccionario del término dimitir, por falta de uso.

El escándalo descubierto en Andalucía es por desgracia el pan nuestro de cada día. Todos los partidos, casi sin excepción, están trufados de gentes que entienden la política, no como el servicio al bien común, sino como la fórmula para forrarse el hígado, colocar a parientes y amiguetes, negociar bajo cuerda, coronar chanchullos. Una parte no desdeñable de los políticos españoles son delincuentes de guante blanco dispuestos a aprovecharse de los pardillos que pagamos unos impuestos cada vez más agobiantes. Hubo un dirigente de AP, fraguista entusiasta y hombre simpático, que, tras cobrar la mordida de una concesión inmobiliaria, se negó a entregar al partido el porcentaje acordado. «A esos maulas ni la sal», dijo muy cabreado el hombre.

Allí donde se escarba un poco, la corrupción de los políticos aflora. La opinión pública no se sorprende ya de nada. Todavía los niveles de corrupción en España están lejos de los de algunas repúblicas hispanoamericanas. Pero nuestros políticos no desfallecen y aspiran a alcanzar las cotas mexicanas, venezolanas o argentinas. Vivimos sobre una sinvergonzonería galopante.

Si lo publicado sobre su hija Paula es verdad, si Chaves no puede demostrar que se trata de una falacia, debe dimitir entre otras razones porque son muchos los casos de su política de clientelismo que periodistas avezados están investigando. La caravana de las trapisonderías se ha puesto en marcha. Los sabuesos de la Prensa independiente han metido ya sus hocicos entre los tobillos de Chaves.

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española

LA TRASTIENDA
ISABEL SAN SEBASTIÁN
Valor(es) contra la demagogia

ALGUNOS MEDIOS de comunicación han pasado de puntillas sobre el debate celebrado el lunes entre los dos principales candidatos a las elecciones europeas, como si ese cara a cara no hubiese puesto al descubierto el abismo intelectual, profesional y moral que separa a Mayor Oreja de López Aguilar. Como si esa confrontación dialéctica no hubiese revelado la desnudez argumental de la que hace gala el cabeza de lista del PSOE al intentar defender la asignatura de Europa, que su rival popular se conoce al dedillo.

El duelo verbal que nos sirvió la 1 de TVE (interrumpido por una larguísima pausa publicitaria que debería forzar alguna dimisión si en la cadena estatal hubiese conciencia de servicio público o en su defecto vergüenza) no fue ni previsible ni aburrido. De hecho, sorprendió a más de un analista que esperaba una partida mucho más igualada entre los dos contrincantes. Sorprendió, por pobre, la actuación de un López Aguilar nervioso, faltón, carente de munición eficaz y entregado a un ejercicio demagógico impropio de su trayectoria, y sorprendió, por lo contrario, el papel desempeñado por Mayor Oreja, que brindó a su público unos cuantos pases para el recuerdo. Por ejemplo, cuando dejó mudo a su arrogante interlocutor recordándole que mientras él, Aguilar, aprendía a tocar la guitarra bajo el sol canario, él, Oreja, se jugaba la vida para llevar la democracia y el Estatuto de Autonomía al País Vasco. O cuando desmontó con un simple dato la monserga del presunto ladrillazo de Aznar (400.000 viviendas construidas de 2000 a 2004 frente a más de 600.000 en la primera legislatura de Zapatero). O cuando se atrevió a decir que para red social de verdad, para institución realmente eficaz en la ayuda a los más necesitados en estos tiempos de penuria, ninguna como la familia.

Digo «se atrevió a decir» porque no habíamos oído hasta entonces a ningún líder del PP hablar con tan valerosa energía del aborto, la exclusión del español en la enseñanza de ciertas comunidades autónomas, la necesidad de educar en el esfuerzo, la crisis de valores, o el patriotismo. Huyendo de lo políticamente correcto y de las medias tintas, Jaime Mayor defendió sus principios y los de muchos de sus votantes sin temor y sin complejos. Por eso no se merece que el PP le relegue a un segundo plano en la propaganda electoral que está enviando estos días, donde sus palabras y su foto aparecen en el reverso de un texto firmado por Mariano Rajoy, tal y como está doblada la carta dirigida a los electores. No sólo es profundamente injusto ese reparto de papeles, sino que, de puro torpe, puede costarle más de un voto a la gaviota…

ZOOM
CARMEN RIGALT
¡Que viene la misoginia!

MUCHOS DE los hombres de mi entorno se creen feministas, pero no lo son. O no se lo creen, y disimulan para fingir lo contrario. Se han autocensurado tanto a lo largo de los últimos años que han acabado por negarse a sí mismos. Hoy está mal visto no ser feminista. Hasta Zapatero lo es. Al amparo de la correción política, sin embargo, cunde una beatería social tan contagiosa como la gripe. Unos le llaman pensamiento débil. Otros, oportunismo político. En cualquier caso, la hipocresía se ha convertido en una conducta dominante. Estamos rodeados de hipócritas: hombres, pero también mujeres.

No todos los varones feministas son iguales. Hay clases. Hoy me permito improvisar una clasificación según el grado de aceptación del discurso igualitario. Los feministas teóricos son los más evidentes. Es el caso de los políticos de izquierdas: asumen la premisa mayor, pero de puertas para adentro pueden dar sorpresas. Los feministas estéticos: adoptan la postura más que el discurso, y se apuntan al feminismo como podrían apuntarse a la moda vintage. Son feministas de boquilla estrecha y se les reconoce por el abuso de cantinelas (endosan la palabra maltratador a cualquiera y presumen de su lado femenino, cuando siempre lo ocultaron). Aparte están los mandilones. El adjetivo mandilón se utilizó en tiempos para hacer mofa de los masones, pero los masones ya no pintan. Incluyo esta categoría como homenaje a un amigo que llama mandilones a los hombres que, para congraciarse, hacen ostentación de protagonismo doméstico. Es decir, los cocinitas. Aunque los mandilones no sólo existen en la cocina. También en la alcoba y en la calle. Son aquellos que confunden ternura con mariconeo.

No se improvisan una moral y un pensamiento colectivo en 10 años. La cultura patriarcal (hombres dominan, mujeres obedecen) tiene raíces demasiado hondas. La correción política no va paralela a los instintos. Si metieran cámaras ocultas en las alcobas, comprobaríamos que un alto porcentaje de mujeres copulan gritando «pégame». No me lo invento. El sexo se escenifica generalmente con dominación.

Hay en las filas masculinas mucho victimismo rencoroso que está disparando los niveles de misoginia. Entre la discriminación positiva (tan necesaria como arriesgada) y el oportunismo fácil de muchas mujeres, los hombres no se atreven a pronunciarse o lo hacen in extremis con el cuchillo en la mano. Deberíamos pensarlo. El acojonamiento y el rencor son sentimientos peligrosos.

ERASMO
De fútbol

TAL «Champions' League». Europa, cuna de democracia y Stalin, Hitler, Ceaucescu, beneméritos suscriptores de Amnistía Internacional. Y gradas incendiadas de «hooligans», apocalipsis efímeros de bengalas, «black beer», «blonde stouts». Mas, las artes de idiotización colectiva usan rapsodas en su más enternecedora desvergüenza: hipérboles desquiciadas y cantares de gesta: «el mejor equipo de todos los tiempos» (sic). Y dónde Franco. (Mas, Visca el Barça)

EN LA RED:
Los internautas creen que hubo trato de favor a la empresa donde trabaja la hija de Chaves

El vicepresidente tercero del Gobierno y ex presidente andaluz, Manuel Chaves, ha negado cualquier trato de favor de la Junta presidida por él a la empresa onubense donde trabaja su hija, Minas de Aguas Teñidas. Sin embargo, la mayoría de los internautas que han respondido al sondeo considera lo contrario. Un 94% de los encuestados cree que sí ha habido trato de favor a la empresa, mientras que sólo un 6% cree que no lo ha habido.

EL DEBATE DE HOY

¿Cree que el Barcelona, campeón de Europa, es el mejor equipo del la historia del fútbol?

Si quiere participar, puede hacerlo en la sección de Opinión de elmundo.es hasta las 20 horas de hoy.

TRIBUNA / CORRUPCIÓN EN ANDALUCÍA:
FRANCISCO ROSELL
La mina del rey Chaves

El director de EL MUNDO de Andalucía analiza las claves del régimen que el PSOE ha instaurado en la comunidad. No le extraña que, en un sistema nepótico, empresas contraten a familiares de altos cargos para 'engrasar' relaciones

FRANCISCO ROSELL

EN SU PRIMER mitin andaluz, nada más ser elegido en 2000 secretario general del PSOE, Zapatero no tuvo necesidad de bajar del escenario para percatarse de que su discurso había dejado fríos como témpanos a quienes participaban en Granada en la Conferencia Política del PSOE andaluz. Un silencio gélido como la cercana cumbre del Mulhacén acompañó su retahíla deshilvanada de afirmaciones y compromisos que sonaba bien, pero que ponía en cuestión los hábitos de los jabalíes que afilaban sus colmillos en primera fila, mientras intercambiaban apuestas sobre el incierto futuro de aquel jabato de aspecto débil y pausado verbo, al que las circunstancias habían sacado del anonimato de su oscura existencia parlamentaria.

Había acudido a hacer «pedagogía política», cuando lo que le reclamaban era «leña al mono» de Aznar y que se dejara de monsergas regeneradoras que sonaban como el repiqueteo del campanero que llama a misa a quienes de sobra saben que no van a acudir a su reclamo. Alfonso Guerra, en su ostracismo, iba a tener razón -pensaba el pretorio de Chaves, albacea del felipismo- con sus prejuicios sobre aquel cervatillo al que llamaba Bambi. Pese a todo, y acostumbrado a las bajas temperaturas, el leonés impasible mantuvo su flema y disimuló con forzada sonrisa. Sabía que jugaba en el bastión del felipismo y se movía -«la cintura es la esencia de la democracia», dijo en solemne ocasión- entre quienes más abiertamente se habían opuesto a su elección.

Zapatero recordaría mucho tiempo el comentario que, entre bromas y veras, le confió en forma de pregunta Gaspar Zarrías, consejero de Presidencia y valido de Chaves: «Eso que has dicho ahí arriba ¿no será verdad, José Luis? Ten en cuenta que, si así fuera, la mitad de los que aquí estamos nos tendríamos que ir a casa». Aquella pregunta rondaría su cabeza con la persistencia de las moscas del mes de la uva. Tanto que, paseando por el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso, Zapatero se lo referiría a alguien que le elogió la poderosa maquinaria andaluza, capaz de bloquear cualquier alternativa en 30 años de autonomía, aunque tan viciada como para lastrar cualquier regeneración.

Al cabo de nueve años de aquel viaje andaluz, y como consecuencia de la sucesión pactada, por la que Chaves dejó la Junta a cambio de nombrar sucesor a alguien de su estricta observancia como José Antonio Griñán, Zapatero ha hecho a Chaves vicepresidente tercero del Gobierno de concentración socialista que formó en Semana Santa. Con ello, contrae el serio riesgo -a la vista está- de que le pasen factura todas las hipotecas contraídas durante décadas de corrupción sostenible por el régimen clientelar de Chaves. Por debajo del paralelo 37, el código de buen gobierno no rige, pero sí acreditadas prácticas familiares. Al escándalo de sus hermanos le sigue el de su hija Paula. Como apoderada de una multinacional Minas de Aguas Teñidas (MATSA), esta empresa ha recibido -como ha acreditado EL MUNDO- una subvención de 10,1 millones de euros de la Junta, después de que el Gobierno andaluz alterara a conveniencia la normativa con la firma de su padre y presidente. Al igual que pretendió en su día darle carta de normalidad al juego del tres en raya de sus hermanos -Manuel aprobaba el presupuesto, Leonardo lo ejecutaba y Antonio José se beneficiaba, empleando a tres sobrinos del jefe del Ejecutivo-, ahora hace lo propio con el caso de aparente tráfico de influencias de su hija. Así ahora como antes, con la cara blanca y la boca seca, declara, frente a la contundencia de las pruebas, que su familia ejerce una actividad honrada, honesta y legal. Ya lo dice el refranero: «al amigo y al pariente, un real más de lo conveniente».

Debido a este régimen nepótico derivado de la falta de alternancia, en Andalucía son moneda corriente determinadas prácticas tercermundistas, como la que ha llegado a cabo esta multinacional canadiense de contratar a un familiar de Chaves para engrasar las relaciones con un poder que te puede entorpecer la concesión de cualquier tipo de permiso y negar cualquier ayuda. Pero si te vales de su llave maestra -y ninguna mejor que la hija del presidente- te abre desde sus cancelas hasta sus cajas fuertes.

No debe extrañar, por tanto, que haya sociedades que consideren una inversión colocar a un familiar directo de un alto cargo y, si éste está emparentado con el presidente de la Junta, miel sobre hojuelas. A esta forma de engrasar las relaciones no renuncian ni multinacionales andaluzas de campanillas, como Telvent (Abengoa) hizo en su día con Paula Chaves y ahora repite la multinacional con esta especie de mina del rey Chaves, donde han saltado como murciélagos las irregularidades en cuanto se ha puesto un poco de luz.

Ya lo dijo en su día con naturalidad aplastante de mancebo de farmacia el que fue alcalde de Barbate, Serafín Nuñez, cuando le telefoneó Juan Guerra y le dijo aquello tan socorrido de que le gustaría pasarse por el Ayuntamiento con unos amigos que planeaban un proyecto maravilloso para su pueblo: «No es lo mismo que te llame Juan Guerra o que lo haga otra persona».

Está tan extendida la impunidad -Chaves aún tiene por aclarar el crédito que le condonó la fenecida Caja de Jerez-, que desde hace 14 años el PSOE impide la creación de comisiones de investigación en el Parlamento andaluz. Todo se reduce a aguantar el chaparrón de unos días en titulares de prensa y, si te vi, no me acuerdo. Ya escampará.

Al perpetuarse en el poder, acaban por asumirse las corrupciones con gran naturalidad y se ejerce tal despotismo que al ciudadano se le devalúa a la condición de menor de edad al que se le puede venir con cualquier cuento de Calleja como ése tan extravagante del supuesto perjuicio que le produce a su parentela apellidarse Chaves. ¡Como si fueran pobres huérfanos a los que la desgracia familiar les obliga a tener que amamantarse, como Rómulo y Remo, de las ubres de la loba de la Junta A lo mejor los «pobres» Chaves opinan lo que Groucho Marx: «Hay en la vida muchas cosas más importantes que el dinero, pero... cuestan tanto».

Ironías aparte, Chaves ha instaurado un verdadero régimen en esta Andalucía del millón de parados. A su lado, hay que reconocer que Juan Guerra era un pobre diablo y que su hermano, con todo lo todopoderoso que fue, no dispuso ni de lejos de los resortes de quien se ha venido garantizado el clamoroso silencio de muchos medios de comunicación a los que rinde más la ocultación de las noticias que su publicación. Hace tiempo que Chaves, como atestigua Guerra en sus memorias, dejó de ser, desde luego, «un ejemplo de ingenuidad y sencillez».

CON LOS AÑOS, lejos de aliviar su obcecación con este periódico, agrava esa enfermiza obsesión felipista que le convierte la cabeza en un horno al rojo vivo. Con vengativa inquina, trata de desquitarse de los quebrantos y dolores de cabeza que le ocasiona este periódico. Como aquella operación con las cajas de ahorro para financiar su partido con 5.000 millones de pesetas de las de «ya te veré», aprovechando la venta de la cadena de periódicos del PSOE y tantos otros. Hay hechos que debieran ser conservados en la memoria para que no vuelvan a repetirse y a avergonzarnos. En este sentido, no cabe duda que la salud de un pueblo se mide por la capacidad de crítica que puede soportar.

Pero el vicepresidente tercero del Gobierno no tolera que nadie destape sus vergüenzas y, como presidente andaluz, ha venido desplegando la artillería a su alcance para ocultar con el humo de la pólvora sus mugrientos establos de Augías y cegar cualquier mirada indiscreta. Trata así de horadar la credibilidad de este diario y de sus periodistas. «La información ha sido elaborada desde el rencor y el resentimiento», asegura -incapaz de rebatir los fundamentos de la misma- precisamente aquel que calló, sordo y mudo voluntario desde sus altas responsabilidades, ante los crímenes de Estado y el saqueo institucionalizado de las arcas públicas, quien peregrinó a la cárcel de Guadalajara para solidarizarse, en contra de la más elemental prudencia institucional, con unos secuestradores convictos, blande ahora su honor herido contra EL MUNDO al ser sorprendido nuevamente con las manos en la masa.

Que sepa que manos teñidas no ofenden y, si lo que pretendió es imponer el silencio sentando a los periodistas que revelaron el supuesto espionaje a los presidentes de las cajas de ahorro sevillanas, se equivocó de medio a medio porque, parafraseando aquella interpelación de Bertrand Russell contra las injusticias, hay que decir otro tanto: si los abusos se repiten, ¿cómo no repetirnos nosotros denunciándolos?

Francisco Rosell es director de EL MUNDO de Andalucía.



EL RUIDO DE LA CALLE
RAÚL DEL POZO
Chaves

El acento andaluz es bien recibido en el ruedo parlamentario, pero se burlan de Manuel Chaves por su deje, su dislexia y su desorden verbal. Ese acento marcó la hegemonía política en el siglo XIX (Narváez, Cánovas), parte del siglo XX (Alcalá Zamora, Solís, Anguita) y en el felipismo, con Chaves de superviviente. El cachondeo con que son recibidos sus parlamentos tiene un glorioso antecedente. Adriano, nacido en Itálica, provocaba risas cuando hablaba con su tosco acento bético, lo cual llevó al futuro emperador a enfrascarse en los textos griegos y latinos.

Parece que el acento se le había pegado de sus criados y de los primeros años de su juventud. Esa es una versión; la otra señala que Adriano tuvo hacia su antigua patria una distante frialdad por miedo a tener que conceder favores a sus paisanos y familiares. Se cuenta que, habiendo realizado un viaje de 11 años para recorrer el imperio, fue Itálica la única ciudad que no quiso visitar para que sus favores no pudieran interpretarse como venalidad.

Griñán, el nuevo cónsul, declara que no se pisoteó la ley; todo se hizo conforme a derecho al atizar 10 millones a la empresa donde trabaja Paula Chaves. «Cuando se concedió la subvención la hija del presidente no tenía ningún cargo». Ese es un argumento de leguleyo: solo vale para sobrevivir en la cloaca. El espejo de Chaves no ha sido el de Adriano ni el código del buen gobierno de Zapatero, como recuerda Rajoy. Zapatero puede tener razón con lo del Falcon cuando nos explica que es presidente en todo momento y realiza desplazamientos como tal, pero sus gobiernos en Madrid y en Sevilla tienen que explicar el caso de Minas de Aguas Teñidas.

Zapatero tardó en entrar en Andalucía, donde volaron, en los años de la abundancia, los maletines. Los pícaros se avisaban al llegar a Sevilla del riesgo de que les trocaran la baraja al despabilar una vela. En la posmodernidad no fue la maza de naipe la que se cambiaba, sino el maletín. Unos volaban, los del fútbol, y otros se perdían, los de los cleptómanos. A eso hay que añadir la fuerza de la sangre.

En Andalucía, esa inmovilidad resignada y sufragada, la política, parece una empresa familiar, una socialdemocracia de socorro que se lleva en la sangre. Beni de Cádiz, el último filósofo andaluz, escuela carcolera, no entendía la cacería que se hizo a Juan Guerra. «Si yo tengo que ayudar a alguien, ¿a quién sino a mi hermano, a la masa de mi sangre?». La cooptación de familiares para regalías tiene su origen en la curia vaticana; nepotismo viene de nepote, que significa sobrino.

Ahora resulta que los políticos no tienen sobrinos como los cardenales, pero tienen hijos.

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