FIRMAS: Federico Jiménez Losantos, Pedro G. Cuartango, Raúl del Pozo, Arcadi Espada, En La Red, Miguel Angel Quintanilla, Bernard-Henri Levy

COMENTARIOS LIBERALES
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS
Lo mejor del pacto PSE-PP
ES CIERTO que el socialismo vasco no es precisamente de fiar, que Eguiguren antes pecará de nacionalista carquiprogre que de nacional liberal, y que López está, como los melones y los futbolistas exóticos, por calar y catar. Pero hay un aspecto en el acuerdo de investidura que convertirá a Patxi Nadie en Patxi Alguien, e incluso en Don Francisco, si cumple lo firmado con Basagoiti: la libertad para que los padres elijan la lengua de escolarización de sus hijos en la escuela pública, porque en la privada, euros de por medio, las leyes españicidas de la tribu no afectan ni a los mastines del rebaño.
Junto a la despolitización y modernización de la Justicia, la reforma radical del desastre educativo y el fin del adoctrinamiento orwelliano en las onerosas aulas públicas es el gran reto de la próxima generación. En las últimas décadas hemos conseguido la cuadratura del círculo y el curso orbital del adoquín: mientras los profesores han perdido el respeto de los alumnos, los padres y la Administración, sin ser capaces de organizar una mísera huelga pese a ser víctimas de la más atroz indisciplina, padecemos la dictadura de la inmersión en los dogmas nacionalistas y antiespañoles, cuya panacea, según el modelo catalán de Pujol agravado por Montilla y copiado por el PNV, PSOE y PP, es lograr que los niños que tienen el español como lengua materna -la mayoría, incluso en las regiones bilingües- lo pierdan como lengua de cultura, como forma de entender la realidad histórica y como vehículo de acceso a las materias que deberían aprender en una enseñanza digna de tal nombre.
En España puede decirse sin exagerar que ya no existe el fracaso escolar, porque en la enseñanza pública, desde los párvulos a los doctores universitarios, el éxito es imposible. Y por supuesto -de nuevo el modelo pujolista amontillado-, la ruina afecta más a los castellanohablantes privados de su medio natural de aprendizaje que a los educados en otra lengua materna.
Llaman diferencia a la desigualdad, pero la libertad de no encadenar los hijos al Estado de Gargantúa y Mordaza, la libertad de ser familia, la libertad de cátedra, la libertad de ser español sin sufrir por ello y, en definitiva, la libertad de ser ciudadanos según la Constitución y pese a las taifas se resumen en esa opción de elegir lengua para desasnar infantes, no para aborricarlos en el perpetuo rito de paso de la tribu. Ojalá.
ERASMOLópez
TAL paradigma: norma DIN (Deutsches Institut für Normung), control de calidad óptimo, culminación rigurosa del «Made in Germany».Y aquel presidente del Bundestag: «Señorías, nos vamos. Juega Alemania». Y gobierno de coalición, «grosse koalition», para enfrentarse a: la inflación (bastante alta). Aquí: crisis, deflación, ETA, Ibarretxe. España, patas arriba. Mas ahora: Ares, Oyarzábal, Eguiguren. López. Su pacto: norma SIN, «Spanier Institut für Normung». Txapeau.
TIEMPO RECOBRADO
PEDRO G. CUARTANGO
Invierno en Briviesca
MUCHOS años que no logro dormir profundamente. Por las noches, tengo la sensación de permacer en un estado de duermevela que me impide conciliar el sueño.
La tercera parte de nuestra vida la pasamos en la cama, por lo que dormir bien debería ser una de las principales prioridades. Es obvio que, cuando descansamos, mediante el sueño, recuperamos energía y lucidez mental. Una persona que duerme mal no está en condiciones de afrontar los retos de la existencia cotidiana.
Dormir profundamente es lo más parecido a un viaje al más allá.Al despertar, tenemos la sensación de volver a nacer. Los egipcios representan la muerte como un sueño y asocian el amanecer al nacimiento. Se puede ver en las paredes de las tumbas egipcias a Horus, el dios halcón origen de la vida, al frente de una barca que viaja del alba a la puesta de sol.
Yo nunca he dormido como cuando era niño. Recuerdo que pasaba largas estancias con mis tíos en Briviesca. Vivían en un enorme caserón en el centro de este pueblo de Burgos. Por las noches, escuchaba el parte del sereno y las campanas del reloj del ayuntamiento.
Al llegar el invierno, una estufa de hierro colado caldeaba la enorme casa. Pero los dormitorios estaban helados. Mi tía Carmen calentaba todas las noches bolsas de agua que mi primo y yo nos poníamos en los pies para soportar la gélida temperatura.
Nos metíamos en unas enormes camas debajo de tres o cuatro mantas.Pronto me quedaba dormido, sumergido bajo el calor acogedor del lecho y aislado del mundo en aquel rincón de la llanura castellana.Parecía que la noche iba a durar una eternidad porque no existía obligación alguna al día siguiente. El sueño estaba reglado por los ritmos biológicos que nos mantenían aletargados hasta casi el mediodía.
Cuando nos levantábamos de la cama, los cristales estaban escarchados y el jardín de la casa, recubierto de un manto blanco y todo en un absoluto silencio.
Mi primo y yo solíamos ir por las mañanas a una taberna llamada El Arca, al lado de la plaza, que tenía una estufa que calentaba extraordinariamente. Allí se nos permitía ver a los jubilados jugando al tute mientras bebían un clarete. Las mesas estaban al fondo del local. La nieve se apilaba en la calle. No sé por qué siempre he recordado El Arca, que hace muchos años que no existe, como un refugio seguro frente a las inclemencias del exterior.
Algunos días abría el cine del pueblo y ésos eran los mejores porque uno podía irse a la cama tras haber visto cómo John Wayne acababa con unos forajidos que habían vendido armas a los indios.
Por la noche, el sueño lo borraba todo. Caía en un trance hipnótico y reparador, que me hacía sentir como un recién nacido. La felicidad consistía en aquella inconsciencia, pero yo no lo sabía. Nada de aquel mundo existe ya fuera del doloroso recuerdo de la ausencia.Acaso la vida no es más que perder aquello que queremos.
¡QUIA!
ARCADI ESPADA
¡QUIA!: Dos leyes no escritas
EL ACUERDO que han alcanzado el Partido Socialista y el Partido Popular rompe con la ley dominante de 30 años de política española.Esta ley (no escrita, pero sí dictada) establecía que, en caso de no darse mayoría absoluta, cualquiera de los dos partidos mayoritarios (bien en el Congreso, bien en los parlamentos regionales, bien en las alcaldías) llegaría a acuerdos con los nacionalistas y se los prohibiría entre ellos. Esa lógica, tajantemente mantenida en Cataluña, en Galicia y en muchos otros lugares de España, incluido el País Vasco, y rota, pero poco, en algún pueblecillo, tiene su cuota de responsabilidad en la degradación de la política (y hasta de la moral) española. Baste decir que la actividad manifiesta (y aún más la no manifiesta) de las minorías nacionalistas ha sido apoyar al Gobierno de España siempre a cambio del fortalecimiento de las castas nacionalistas y del debilitamiento territorial de ese Gobierno al que presuntamente apoyaba. La alianza de los partidos mayoritarios con los nacionalistas se ha dado infinidad de veces en el Congreso de los Diputados. Es probable que alguna vez hayan sacado beneficios los dos partidos; pero los nacionalistas los han obtenido siempre, sin pagar precio alguno.
Los dos grandes partidos españoles han eludido su apoyo recíproco, convencidos de que apoyar a los nacionalistas dejaba intacto su rol como alternativa española y, por contra, que participar en gobiernos con sus principales rivales debilitaba esa alternativa.La alianza de los partidos mayoritarios, finalmente, ha sido vista como un contrasentido ontológico por algunos sectores políticos y sociales para los que el resultado de la Guerra Civil continúa siendo incierto, y hay que luchar.
El final de esos usos y costumbres supone una mayúscula novedad.Y es el triunfo de una estrategia que ha considerado, y justamente, que el desbloqueo político del País Vasco pasaba por un entendimiento entre los dos partidos. Una estrategia, por cierto, que ha costado la vida, la libertad y su entrañable lugar en el mundo a un número infamante de personas. Una estrategia que ha culminado con éxito, finalmente, por la campaña seria e inteligente del Partido Socialista y por la renuncia del Partido Popular a mantener la vigencia de la ley no escrita. Es cierto que también el Partido Socialista ha renunciado; pero es que lo contrario era renunciar a la Presidencia
Rota la primera ley, queda la segunda, igualmente tiránica e inexorable durante 30 años. Demostrar que en una comunidad autónoma española el nacionalismo no es una premisa para ejercer el gobierno.
EN LA RED:
Los ciudadanos se muestran muy optimistas ante el acuerdo entre PSE y PP en el País Vasco
La posibilidad de que por primera vez Euskadi vaya a tener un lehendakari no nacionalista es acogida entre los españoles con un enorme optimismo. Esta semana se han conocido los detalles del acuerdo alcanzado entre socialistas y populares vascos, que permitirá a Patxi López ser el futuro inquilino de Ajuria Enea y disfrutar de la necesaria estabilidad parlamentaria. El 79% de los internautas cree que el pacto tendrá éxito; el 21% cree que no. EL DEBATE DE HOY
¿Cree que la cumbre del G-20 marcará la salida de la crisis económica, como ha vaticinado Zapatero?
Si quiere participar, puede hacerlo en la sección de Opinión de elmundo.es hasta las 20 horas de hoy.
TRIBUNA / NACIONAL
MIGUEL ANGEL QUINTANILLA
El cambio real en Euskadi se llama Zapatero
MIGUEL ANGEL QUINTANILLA
Las negociaciones desarrolladas estos últimos días entre el PSE y el PP del País Vasco están animadas por la voluntad de que se produzca un cambio real en la política vasca. Para que ello sea posible, se ven como necesarias transformaciones profundas en numerosas actitudes políticas e instituciones, desde la educación a los medios de comunicación.
Sin duda, son cuestiones que deben abordarse a lo largo de la legislatura, pero todo ello está subordinado al éxito que se obtenga en el asunto clave: la derrota de ETA. Mientras el miedo a la banda terrorista persista, cualquier reforma institucional será más difícil y cualquier éxito será efímero y fácilmente reversible. Cambiar una ley educativa o proceder al relevo de algunos altos cargos puede tener un efecto saludable, pero a medio plazo lo único que permitirá la transformación real de la política vasca será la derrota total de ETA. Para eso se requiere un Gobierno nacional dispuesto a aplicar la ley sin concesiones.
La hoja de ruta de la democratización de la política vasca tiene en la derrota de ETA su punto de partida, no su punto de destino.De otro modo la legislatura autonómica que ahora se inicia estará condenada a ser dentro de unos años un episodio más de los intentos fallidos. Lo que estas elecciones han mostrado al nacionalismo es que sin ETA no puede conservar el Gobierno. Lo que deben mostrarnos a todos los demás es que con ETA lo hubiera mantenido y probablemente lo recuperará.
Esta legislatura va a servir, por encima de todo, para conocer si el tropismo natural de las direcciones socialistas nacional y vasca vuelve a dominar la política española o si, por el contrario, puede ser rectificado. La duda es si se nos lleva o no a una situación en la que una vez más ETA se encuentra en el centro del debate o si el debate sobre lo que el Gobierno debe hacer frente al terrorismo es ya un asunto esclarecido por la experiencia y por la razón, y se encuentra definitivamente cerrado.
Pero dado que la mirada positiva que Zapatero llegó a tener sobre destacados miembros de la banda terrorista es perfectamente coherente con su idea de la Historia de España y especialmente con su idea de la Transición como un proceso falso y viciado que exige una revisión, conviene hacerse cargo de la magnitud de la empresa que el presidente tendría que acometer y de la cantidad de cosas que tendría que dejar de pensar para llevar hasta el final una política que lo obliga a desdecirse de casi todo lo que lleva dicho y a deshacerse de casi todo lo que lleva hecho desde 2004.
En consecuencia, conviene que la comprensible esperanza del 1 de marzo sea moderada y protegida por un saludable escepticismo ante la posibilidad de que Zapatero se transmute sin más en algo que no sólo no ha acreditado ser sino por lo que siempre ha mostrado una íntima y minuciosa aversión. El verdadero cambio en el País Vasco se llama Zapatero.
Ese escepticismo conduce a pensar en la posibilidad de que se impulse una reforma estatutaria destinada a facilitar «la integración de nuevos actores en el sistema político» aprovechando fracturas, quiebras, disensiones, conversiones y cualesquiera otras manifestaciones del pavor a perder el poder. Pero es evidente que no hay integración ni progreso alguno de la democracia si se condicionan al cambio previo del Estatuto. Además, eso concedería el poder de impulsar la reforma a quienes nunca han aceptado el Estatuto (lo que es condición necesaria para proceder a su «reforma» y no a otra cosa) y les reconocería la tutela sobre el contenido mismo de los cambios, puesto que la razón de ser de éstos sería procurarles acomodo, y su incomodidad bastaría para estropearlo todo.
Esto, obviamente, no debería ocurrir. La resistencia a aceptar que la derrota de ETA debe llevar aparejada un cambio estatutario se fundamenta en el deterioro que padecerían el pluralismo y la democracia, que serían sobrepasados por el extremismo y por la violencia. Algo parecido a lo ocurrido en el caso norirlandés, con el resultado que está a la vista: el desplazamiento de quienes siempre han sido pacíficos y no piden nada a cambio de serlo, y el premio de quienes nunca lo han sido y piden mucho a cambio de aparentarlo.
Se puede pensar que congelar el sistema político vasco hasta que se produzca la derrota de ETA sólo sirve para otorgar a los terroristas la capacidad de bloquear la voluntad política de los ciudadanos. Pero, en realidad, ese argumento no otorga a ETA la capacidad de condicionar la política vasca; lo que hace es asumir que ETA lleva décadas condicionando la política vasca y que el mapa electoral vasco no responde hoy a la sociología electoral natural de ese territorio, sino a la sociología electoral del miedo. Y la novedad en el País Vasco es que ahora no sólo sienten miedo los de siempre.
Miguel Angel Quintanilla es profesor de Ciencia Política en la Universidad Complutense.
TRIBUNA / POLITICA INTERNACIONAL:
Obama ante el agujero negro paquistaní
El autor felicita al presidente de EEUU por el cambio en la estrategia de la lucha antiterrorista internacional
BERNARD-HENRI LEVY
Una vez más, Obama ha dado pruebas de ser un hombre de palabra.Hace casi cinco años, cuando era sólo un joven senador del Estado de Illinois, ya explicaba que el problema número uno para la seguridad de EEUU y del resto del mundo no era Irak, sino Pakistán.Fiel a sí mismo, el pasado viernes precisó su estrategia respecto al País de los Puros. Y no contento con confirmar lo que entonces era sólo la intuición de un joven político, ha planteado una serie de objetivos y principios, de una solidez sin fisuras y en clara oposición a lo que pasará a la Historia como el mayor error estratégico de la era Bush.
Primer principio: Pakistán es el auténtico agujero negro al que tiene que hacer frente la diplomacia internacional -por encima incluso de Irán-. Allí está la retaguardia de Al Qaeda, el vivero del terrorismo más fanático. Y no de una forma marginal en las famosas zonas tribales entre Afganistán y Pakistán; ¿acaso no son los propios servicios de Seguridad paquistaníes los que infiltran, controlan y dejan prosperar hasta en el centro de Islamabad a la mayoría de estos grupos criminales?
Los observadores serios saben todo esto desde hace tiempo. Daniel Pearl murió por haber hablado demasiado de este tema. Yo mismo consagré un libro entero, titulado Quién mató a Daniel Pearl, a los vínculos entre el ISI y grupos como Lashkar-e-Janghvi o Lashkar-e-Toïba, que se presentan, a las claras, como el núcleo duro de la galaxia de Bin Laden.
Pero que quien se ha convertido en el presidente de la primera democracia del mundo lo diga tan claramente, que sus principales asesores, como Richard Holbrooke, se muestren, a su vez, también convencidos, y que su jefe de Estado Mayor de los Ejércitos de EEUU, Michael Mullen, nos explique abiertamente que la instrumentalización del ISI por parte de Al Qaeda (y recíprocamente) es un hecho demostrado que «tiene que cambiar», constituye, realmente, un auténtico cambio estratégico.
Segundo principio: Obama añade que se puede apoyar a Pakistán.Se le puede seguir considerando un aliado especial. Se le puede seguir proporcionando la ayuda de todo tipo que exige el desarrollo del gran país en el que se ha convertido. Pero dicha ayuda ya no puede hacerse a tientas y a ciegas. Ya no puede ser automática.No se puede seguir distribuyendo miles de millones de dólares a personas que los van a depositar en ONG del tipo de la Ummah Tameer e-Nau, a la que dejé en evidencia hace tiempo y que, en conexión directa con el lobby nuclear del doctor paquistaní Abdul Qader Khan, proporcionaba a los emisarios de Bin Laden los instrumentos necesarios para montar armas atómicas miniaturizadas.
Dicho de otra forma, la ayuda debe ser condicionada. Sólo puede continuar funcionando decentemente si se la dota de medidas que obliguen a los que la reciben a rendir cuentas. Algo normal y evidente. Algo que los propios paquistaníes -al menos los que quieren tanto a los derechos humanos como a su país- vienen reclamando desde hace décadas. Pero que lo diga un presidente de EEUU, que acepte proporcionar esa ayuda no como un cuerno de la abundancia, sino como un instrumento político, que tenga la audacia de convertirla en un instrumento de presión o, incluso, de chantaje democrático, es un acontecimiento de la mayor relevancia.
Tercer principio: Los principales enemigos de esta Al Qaeda que evoluciona como un pez en el agua en Pakistán no son los estadounidenses.Son, según Obama, los propios paquistaníes. De nuevo, algo evidente y que muchos sosteníamos. Todo el mundo sabía, por hablar sólo de lo que yo mismo vi y fotografié, que la madrasa de Binori Town, en pleno corazón de Karachi, es el santuario de bandas radicales cuya ocupación preferida es lo que púdicamente se llama allí «el enfrentamiento intersectario», pero que, en realidad, significa la masacre a sangre fría de chiítas desarmados.
Ningún paquistaní ignora que son sus hijas, sus amigas, sus mujeres las que están en primera línea de fuego de una guerra en la que se sigue quemando viva a una esposa sorprendida mirando a otro hombre distinto de su marido. Pero que el presidente Obama tome nota de ello, que diga -en estos términos- que Al Qaeda es «un cáncer» y que dicho cáncer está a punto de «destruir al país desde dentro», que proclame al mundo que su preocupación es socorrer a los millones de musulmanes que están siendo el blanco de esta violencia, es la fórmula -por fin encontrada- de una lucha antiterrorista que evita, por vez primera, el escudo de la guerra de las civilizaciones al estilo de Bush y de Huntington.
Perseguir al enemigo hasta el patio de atrás del Estado paquistaní.Hacer depender la ayuda concedida a este Estado del celo que demuestre purgando sus servicios secretos. Tomar nota de que el único choque de las civilizaciones que valga es el que, en el seno del propio Islam, enfrenta a los yihadistas con los moderados.¿Conocen los europeos los términos de la ecuación? ¿Qué esperan para proclamarlos? ¿Y qué esperan para, después de decirlo, aportar su apoyo incondicional a la revisión de la doctrina estratégica más decisiva del momento?
Bernard-Henri Lévy es filósofo y escritor francés.
Etiquetas: Firmas





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