EDITORIALES: El indeseable Gallardón, el rey de la deuda/ El apéndice sindical del Psoe crea un falso debate para una crisis muy real

LOS AYUNTAMIENTOS, AL DESCUBIERTO:
El indeseable Gallardón, el rey de la deuda
LA DEUDA bancaria de los ayuntamientos y diputaciones publicada por primera vez por el Ministerio de Hacienda es escalofriante: 32.000 millones. Si a esa cifra le añadimos la deuda oculta de las empresas públicas municipales (otros 5.681 millones) y lo que deben a proveedores (3.000 millones), queda claro que se ha llegado a una situación límite. Los números demuestran que en los años de bonanza, lejos de equilibrar sus cuentas los ayuntamientos han derrochado sin mesura. Ahora, con menos ingresos, el ajuste será traumático. El paradigma de alcalde manirroto es Gallardón.El Ayuntamiento de Madrid es el más endeudado de España, con 6.683 millones, 9 veces más que el de Barcelona. Es evidente que ha hecho muchas cosas bien, pero tener un alcalde estrella sale muy caro a los ciudadanos.
UGT PIDE SEMANAS DE CUATRO DíAS:
Falso debate para una crisis muy real
EL 40º CONGRESO del apéndice sindical del PSOE, esa banda sindical organizada "p'ayudá" al partido, financiada con fondos públicos que salen contra nuestra voluntad del bolsillo de todos los españoles, la UGT, comenzó ayer y parece cuanto menos irónico que su eslogan sea «El trabajo es primero» cuando su propuesta estrella, reducir la semana laboral a cuatro días, va justo en sentido contrario. La lógica subyacente a esta aspiración no puede ser más absurda. Según Cándido Méndez, España es el país europeo donde más horas se trabaja y uno de los menos productivos, por lo que quizá podríamos ganar en convergencia trabajando menos.Para colmo, el secretario general pidió ayer a la CEOE que aparque los «falsos debates». Bien haría en aplicarse el cuento, pues proponer la reducción de horarios o jornadas cuando somos el país de la UE que más puestos de trabajo destruye y donde más aumenta el paro sólo demuestra la inopia en la que vive instalado el sindicato socialista.
UNA TRAMA MUY PROFESIONALIZADA EN UN CONTEXTO DE COMPADREO:La pasividad de la dirección del PP puede ampliar el daño del 'caso Correa'
LA PRESUNCION de inocencia no justifica el cierre de filas que el PP todavía tributa a su tesorero, Luis Bárcenas, y al eurodiputado Gerardo Galeote, acusados de formar parte de la trama Correa y de haber recibido dos millones en sobornos. Génova tiene derecho a confiar en sus altos cargos pese a los reiterados indicios incriminatorios existentes, pero cuanto más tarde en reaccionar más salpicará el asunto Correa a la imagen de la organización.Bárcenas se ha limitado a anunciar que se querellará contra Garzón por investigarle. Y Galeote emitió ayer un comunicado de tintes surrealistas, en el que asegura que él sólo compró un Mercedes a la empresa de viajes de Correa: todo el mundo sabe que lo habitual es adquirir los coches en agencias de viajes, y pagar buena parte de su precio en metálico. No hay duda de que ha existido una red dedicada a comprar a políticos. Hoy desvelamos cómo Correa y sus compinches emitían facturas falsas para generar un millón al año de dinero negro con el que pagar sobornos. El modus operandi era pues muy similar al del caso Filesa, si bien aquí no se sufragaban los gastos de un partido, sino que se corrompía a algunos altos cargos. Se trata de una trama profesionalizada pero en un contexto de compadreo, lo que explica que Correa pagara a un imputado el bautizo de su hija, a otro su boda, y a un tercero trajes y zapatos. Estamos ante un caso de corrupción en el PP, que no del PP. La pasividad de Génova propicia que se confundan ambas cosas.
EDITORIALES DEL DÍA
G-20: SOLUCIONES CONCRETAS PARA CALMAR LA FURIA
LONDRES sirvió ayer de escenario de las diferentes sensibilidades sobre la crisis económica. Por la mañana, la furia: decenas de miles de manifestantes salieron a la calle para protestar por los excesos del capitalismo. Una minoría violenta intentó asaltar los bancos de la City, provocando una batalla contra la Policía.Por la noche, la pompa: los jefes de Gobierno del G-20 fueron recibidos en Buckhingham Palace por la Reina y, más tarde, cenaron en Downing Street, con Gordon Brown como anfitrión.
El reto de los dirigentes políticos de los mayores países del mundo que se reunen hoy en la capital británica no es otro que dar una respuesta efectiva a los manifestantes que salieron a la calle y al resto de habitantes del planeta, que esperan soluciones concretas y factibles a una crisis que se ha agudizado desde el 15 de noviembre, fecha de la anterior cita de Washington.
Hay una diferencia esencial entre aquel encuentro de Washington y éste de Londres: la presencia de Obama, que en sus dos primeros meses de mandato ha tomado importantes iniciativas para reactivar la economía de EEUU. Sarkozy y Merkel le emplazaron ayer a llegar a compromisos que supongan el relanzamiento de la economía internacional, subrayando que no es el momento de «discursos bonitos» sino de poner en marcha medidas que fomenten un crecimiento estable.
Aquí reside precisamente el quid del éxito o fracaso de la cumbre: en que los países del G-20, que representan el 85% de la producción mundial, sean capaces de pasar de los grandes principios pactados en Washington a su aplicación en términos concretos.
Todos los Gobiernos son conscientes de que la economía está altamente globalizada y de que es necesaria una mayor cooperación internacional para salir de esta crisis. Pero las recetas son distintas. Obama y Brown están siguiendo las tesis keynesianas para sacar a sus países de la recesión, con fuertes incrementos del gasto público.Ambos han inyectado considerables sumas de dinero público para sanear su sistema financiero. Esta política no suscita ningún entusiasmo en Angela Merkel, partidaria de un uso más cauteloso de los recursos públicos y contraria a bajar los impuestos, como ha anunciado Obama.
Pero las mayores dificultades para llegar a acuerdos concretos pueden estar en el espinoso asunto de la regulación de los mercados financieros. Sarkozy defiende la creación de un organismo internacional que unifique y supervise los sistemas financieros de cada país.Siguiendo la tradición del capitalismo americano, Obama es muy reacio a esta solución.
El borrador que se discute hoy habla de «coordinación» de los reguladores nacionales y contempla la creación de un «colegio» internacional de supervisión de las entidades y los productos financieros. Pero no da el paso de establecer una autoridad supranacional capaz de imponer normas y sanciones.
Tarde o temprano habrá que adoptar esta inicitativa, pero al menos la cumbre debería servir para acordar una regulación mucho más estricta de los productos especulativos (hedge funds, entre otros), una limitación de los paraísos fiscales y unas normas contables y de gobierno para la banca más estrictas que las vigentes.
Veremos hasta dónde son capaces de llegar los gobernantes del G-20, un grupo demasiado heterogéneo en lo político y lo económico como para esperar esa mayor coordinación y esas soluciones que la crisis exige para calmar la creciente furia de los más perjudicados.
Jueves, 2 de abril de 2009
El G-20 y el monstruo de Frankenstein





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