MULTITUDES SE MANIFIESTAN CONTRA EL ABORTO DE ZAPATERO:

LA REFORMA DE LA LEY / La protesta en la calle
Decenas de miles se manifiestan contra la ampliación del aborto
PEDRO SIMON/Madrid
Una multitud de personas salió ayer a las calles de Madrid para decir «no» al aborto y hacer de dique de contención a la reforma que prepara el Gobierno. Aborto=descuartizar bebés. La ministra de desigualdad discrimina por la edad. No al asesinato legal.Bibiana Aído=infanticida. Zapatero era Herodes ayer en boca de los manifestantes y las embarazadas se acariciaban, reivindicativas, el vientre. Los convocantes calcularon en medio millón los asistentes. La Delegación del Gobierno no dio cifras.
La marcha partió del Ministerio de Igualdad, epicentro de la revuelta cívica que empezó este domingo, y concluyó en la Plaza de Neptuno, adonde confluyeron las huestes antiabortistas con su cartelería de socorro y vida.
La Marcha por la Vida, auspiciada por cuatro colectivos antiabortistas y un centenar de entidades, congregó a multitud de familias, religiosas, jóvenes y a un ramillete de políticos populares que pasó desapercibido lejos de las dos pancartas oficiales de la protesta: los diputados Jorge Fernández, Vicente Martínez Pujalte y Angel Pintado o el senador Luis Peral. ¿La ausencia de los líderes del PP? Jorge Fernández zanjó: «Mariano
Rajoy ve con buenos ojos la manifestación».
El rojo fue el color de la marcha. Más de 80 ciudades se sumaron a la cita de Madrid y realizaron actos antiabortistas con mayor o menor éxito. En la multitudinaria manifestación de la capital, la pancarta de cabecera proclamaba: No existe el derecho a matar.Existe el derecho a vivir. Una segunda leyenda decía: Aído deja a las niñas de 16 años en paz. Mujer sí, aborto no.
Nos acercamos a la pancarta principal y hablamos con Joaquín Montero, socialista de 38 años y segundo teniente alcalde de Paradas (Sevilla), a quien uno de sus tres hijos, tirando del hilo del aborto, le interrogó el sábado mismo sobre su viaje a Madrid.
-¿Y a qué vas a Madrid, papá?
-Hijo, a apoyar a las mamás para que tengan hijos.
«Aprendí de viejos y verdaderos socialistas que la izquierda siempre tiene que estar junto a la vida y los más débiles. Estoy aquí porque milito en la izquierda: por eso defiendo la vida», señala.
«Vengo a título individual, no represento a mi partido, es una decisión libre y soy consciente de asumir las consecuencias.Cada aborto es un asesinato. Toda la vida es vida desde su inicio a su fin. Y un padre o una madre no son quién para quitarle la vida a un hijo.
La esclavitud se abolió hace tiempo».
La cita dio para zurrarle a la ministra. Para disfrazarse de Darth Vader con letrero: «No caigas en el lado oscuro». Y hasta para arremeter contra el alcalde cuando, prietas las filas, se pusieron en funcionamiento los aspersores de la calle de Alcalá haciéndole la puñeta al personal antiabortista.
En el día del arranque del Mundial de Fórmula 1, lo de ayer era también una competición de carritos con niño, aquí y allá papás con carrito, la muchachada de menos de dos años llevada por sus padres a su bautismo reivindicativo.
«Estamos aquí para celebrar el derecho a vivir fuera y dentro del seno materno y el derecho de la mujer a ser madre», nos cuenta Gador Joya, portavoz de la plataforma Derecho a Vivir. «No se puede implantar una ley sin contar con la sociedad. Y al Gobierno hay que decirle una cosa: lo progresista es sacar adelante el embarazo de una mujer que no tiene medios. Eso es lo progresista».
De la congregación de las Franciscanas de los Sagrados Corazones ha venido media docena de religiosas a dejarse ver y a gritar lo suyo. Esta es la quinta o sexta protesta en la calle. Lleva la voz cantante Angela Píriz, que habla de una «cruel» reforma de la ley del aborto. «Va a provocar un auténtico holocausto silencioso. Pero nosotras sentimos los gritos de esos 100.000 niños que mueren tras un aborto cada año».
Del Colegio Senara, propiedad del Opus Dei, han venido decenas de chicas, constituidas en la
plataforma denominada JNS: Jóvenes Normales y sin Prejuicios, dicen. Lleva la voz cantante Belén de Diego, 17 años y líder de las JNS. «Es absurdo que se nos prohíba comprar tabaco pero sí se nos deje matar a un niño sin permiso paterno», explica. «Lo tengo claro: si me quedase embarazada lo tendría. Si no pudiera, se lo daría a mis padres. Y si éstos tampoco pudieran, a una asociación».
En el manifiesto final, los convocantes le pidieron al Gobierno que proteja el
derecho a vivir y a ser madre y que se respete el derecho a la objeción de conciencia del médico. Antes se citó a Gandhi y a Martin Luther King. Y hasta se oyó cantar al inefable Roberto Carlos: «Yo quisiera ser civilizado como los animales».
Esperanza Puente es portavoz de Red Madre, un programa del Foro de la Familia para darle a las mujeres embarazadas «alternativas al aborto». Hablaba con rabia ayer, encendida de razón. Porque ella abortó. «Ha llegado el momento de no callar. Las mujeres no nos embarazamos de lechugas, nos embarazamos de hijos».
elmundo.es Vídeo y fotografías: Vea las imágenes de la manifestación contra el aborto.
LA REFORMA DE LA LEY / Los protagonistas
Apto para todos los públicos
RAFAEL MARTINEZ-SIMANCAS
Lazos blancos, gorras rojas y voces agudas, las que gritaban un grupo de niñas de 16 años cogidas a una de las pancartas (tienen la edad en la que podrían abortar con la reforma de la ley).A falta de políticos conocidos, al frente de la manifestación iba el niño Francisco de Asís, que con nueve meses se convertía en el bebé más joven que ha llorado contra Aído. Su madre Blanca le mecía en el carrito
para que se durmiera, pero el griterío era intenso. Por unos minutos, la calle Alcalá se llenaba de gente anónima, como Paloma (23 años) y sus amigos: María, David, Carlos, cada uno con una pancarta en la que se recordaba el resultado más crudo del aborto, ese lado atroz que se convierte en relato de casquería humana. En España se practica un aborto cada cinco minutos, decía el cartel que llevaba Paloma. Todos ellos acudían no tanto para reclamar contra la reforma de la ley sino para hacer una enmienda a la totalidad. Eran tantos y convocados de manera tan dispar que se trata de la primera manifestación popular contra Zapatero en las calles de la capital; un río de descontentos desafiaba la mañana fría, el cambio horario y el riego automático del Ayuntamiento de Madrid que mojó a quienes osaron subirse a los jardines.
Hubo políticos del PP como Martínez Pujalte, Alvarez del Manzano, Luis Peral o Jorge Fernández, pero iban a título personal, como se encargaban de subrayar con rotulador fluorescente cuando se les preguntaba. El ancho de la calle eran familias, señoras de edad en grupos de dos y padres con niños pequeños sobre los hombros.Pujalte caminaba entre manifestantes y el público de las orillas por no aparecer mucho en la foto. Los políticos no saben actuar cuando la iniciativa particular les arrebata el protagonismo.
Bibiana Aído se libró de la cólera porque tiene un nombre de rima complicada, pero a la altura de Banco de España se gritaba «¡Zapatero dimisión!», un canto que llegaba hasta el único representante socialista, el concejal sevillano Joaquín Manuel Montero, en cuyos oídos retumbaba su conciencia batallando con los gritos.Montero era la nota discordante, pero aguantó el tipo hasta subir al estrado donde se leyeron manifiestos de cierre mezclados con canciones de Bebe y de Los Secretos en los altavoces.
La plataforma Hazte Oír fletó un autobús de dos pisos desde el que se distribuían gorras y camisetas a petición del oyente, antes de arrojarlas se preguntaba por la talla del usuario. A pie de calle unos jóvenes, entre ellos Paolo, pasaban la hucha para solicitar la voluntad por las prendas repartidas. La nota de color la daba un hombre anuncio vestido de enorme corazón con piernas y un tipo con careta comprada en la exposición de Star Wars con un cartel de: No caigas en el lado oscuro. José Castro, responsable de una de las plataformas convocantes, hacía de speaker megáfono en mano.
No eran tantos como para formar ese medio millón de personas pero sí eran multitud, de tal manera que rodearon a Neptuno y provocaron la curiosidad de los turistas que hacen el paseo entre el Thyssen y el Prado. Con sus gorras rojas eran el primer movimiento de no alineados en las calles de Madrid.





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