HARTO DE QUE EL GOBIERNO NEGOCIE Y NO DERROTE: Cogió la maza y derribó la 'herriko taberna'

LA CAMPAÑA ELECTORAL / Marcados por la violencia
Vio a los batasunos reírse de las víctimas y cogió la maza
Un trabajador, cuya casa fue dañada por la bomba de ETA, destroza el mobiliario de la 'herriko taberna' de Lazkao
MIGUEL M. ARIZTEGI/Lazkao
Emilio acababa de terminar la reforma de su hogar, un piso ubicado en la calle de San Prudencio de Lazkao, justo encima de la Casa del Pueblo, la sede social del Partido Socialista. Alejado de la política, había decidido no seguir los pasos de su padre, Lucio, que fue durante años concejal por el PSE. Lo suyo es el trabajo en una fábrica de trenes, su novia, su perro y su moto -una Kawasaki Ninja-, que le sirve para quedar los fines de semana con su cuadrilla de Beasain para hacer unas curvas. «No le gustan ni los bares ni las aglomeraciones de personas, es un tipo pacífico, un chico encantador», dicen los que le conocen.Sin embargo, ayer tuvo que declarar durante horas tras ser detenido por la Ertzaintza. Acababa de destrozar con una maza la herriko taberna de Lazkao, donde irrumpió a gritos: «¡Vosotros me habéis jodido mi casa, yo os voy a joder ahora la vuestra! Ojo por ojo», afirmó, mientras la emprendía a golpes contra la cerradura de la puerta. Minutos antes, él y otras víctimas que sufrieron daños en sus casas por la explosión de una bomba de ETA en la madrugada del lunes habían observado las miradas socarronas y las risas disimuladas de los radicales.
Siguió con las mesas, las sillas, todos los cristales de las ventanas, la cafetera, el ordenador, el grifo de cerveza y todo lo que se le puso por delante. No se salvaron ni las pancartas que pedían la vuelta a casa de los presos etarras ni las que invitaban a votar a las listas ilegalizadas. Acabaron en el río.
Finalmente, una patrulla de la Ertzaintza llegó al lugar y lo detuvo. Testigos presenciales aseguran que seguía gritando cuando se lo llevaban: «¡Hacedme fotos, hacedme fotos!», espetaba a la prensa, que había acudido para cubrir la concentración de repulsa.
La bomba, compuesta por ocho kilos de amonal, destrozó la sede socialista, pero también la vivienda de Emilio, situada en la tercera altura del edificio, que acababa de reformar con la ayuda de su padre. Los dos, mano a mano, habían conseguido crear un hogar donde pensaba vivir con su novia, oriunda de un pueblo cercano. Hace sólo semana y media que habían recibido el frigorífico.
Emilio pasó la noche de la explosión en un monte cercano, alejado del peligro en compañía de sus vecinos. La siguiente se trasladó a casa de sus padres, a sólo 200 metros de distancia de la suya, ya que suelen vivir largas temporadas en Alicante. Su novia le acompañó en unos momentos difíciles, que fue capaz de superar.La imagen de su casa destrozada le afectó, qué duda cabe, pero no le hizo perder la cabeza.
Ayer por la mañana se levantó, quedó con unos vecinos también afectados por la explosión y se dirigió hacia el Ayuntamiento, donde estaba prevista una manifestación. Llegaron las camionetas para la conexión vía satélite, los periodistas, los escoltas, los cargos públicos de los partidos democráticos, algunos vecinos del pueblo y un tropel de curiosos. A última hora, al filo del mediodía, llegaron también los parroquianos de la Ansoategi Taberna.No podían insinuar ninguna provocación en un centro del pueblo tomado por escoltas, así que se limitaron a fijar una expresión socarrona en sus caras y a reírse por lo bajo de la desgracia ajena. Se colocaron en un lateral de la plaza, para ser vistos sin llamar la atención. Y fue precisamente esa actitud la que hizo perder la paciencia a Emilio, que se mantenía en un segundo plano alejado de las cámaras.
«Con mucha calma», según indicaron los que le acompañaban, se despidió de sus conocidos, caminó hasta su coche y acto seguido se dirigió al bar frecuentado por los miembros de la izquierda abertzale radical. Fue entonces cuando, a golpe de maza, dio rienda suelta a toda la rabia acumulada, se liberó de toda la injusticia que había asumido en silencio en las 24 horas anteriores.
El alcalde de la localidad, Patxi Albisu (PNV), visitó el local atacado e instó a quienes lo regentan a que lo denuncien y reclamen los daños provocados. Los responsables de la herriko taberna comentaron que sólo esperan «que le lleven a la Audiencia Nacional y que le caigan ocho años, porque si hubiera sido al revés seguro que le caían los ocho años». Emilio quedó en libertad por la tarde, tras prestar declaración en la comisaría de la Ertzaintza.Queda a la espera de ser citado por el juez, acusado de un delito de daños.
Recuperada la calma en Lazkao tras los acontecimientos extraordinarios de las últimas horas, y cuando varios obreros se afanaban en limpiar de escombros tanto la sede socialista como la herriko, nadie sabía nada de Emilio ni de sus padres. Sus familiares, alertados tras verlo detenido por la televisión, se acercaron a su casa, y sólo pudieron comprobar que no estaba. Su novia les confirmó por teléfono que había salido directo hacia un psicólogo de Vitoria, donde le practicaron un reconocimiento porque estaba «muy nervioso». Después, se trasladó junto a sus padres a Alicante, para intentar olvidar unas últimas horas de pesadilla.
En los bares de Lazkao no se hablaba de otra cosa, y las opiniones giraban entre los que le comprendían sin justificar su acción, y los que aseguraban que, si estuvieran en su pellejo, no volverían a poner un pie en el pueblo. «Ya sabes cómo son ésos, no se olvidan de una cara», asegura un joven. Por la noche, el centro de Lazkao ya estaba empapelado con carteles que acusan a Emilio con nombre y apellidos de practicar un «ataque fascista».
elmundo.es Vídeo: Vea cómo Emilio destroza con una maza la 'herriko taberna' de Lazkao.





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