FIRMAS: Federico Jiménez Losantos, Pedro G. Cuartango, Raúl del Pozo, Arcadi Espada, En La Red, Robert J. Samuelson, Guillermo Fesser

COMENTARIOS LIBERALES
F. JIMENEZ LOSANTOS
Las 'narcotaifas' están ahí
LA DEVASTADORA crisis económica, alentada por la pánfila idiocia del Gobierno de ZP es, sin duda, el peligro más grave que se cierne sobre España a corto y medio plazo. Tan grave, que podemos tirarnos ocho o 10 años esperando que alguien nos saque del agujero y sin que nos saque.
Esta situación es aún más grave por la crisis nacional y de Estado que padecemos y que, con el respaldo de todas las instituciones, desde la que caza altiva a la que pesca en ruin barca, ha liquidado de hecho el sistema constitucional.
Inútil pedir austeridad a esas 17 tribus con ínfulas de Estado y hábitos de banda que hacen inviable cualquier política económica nacional digna de ese nombre. Todo el discurso separatista, nacionalista o regionalista se basa en un axioma que garantiza el derroche y la corrupción: España tiene una deuda con la taifa y la taifa no le debe nada a España. Para negociar esta inextinguible deuda histórica está la relación bilateral con el injustamente llamado Estado Central, vulgo Madrit o Madriz, que ni tiene centro, ni es Estado, ni está para otra cosa que transferir dinero a las taifas. Es urgente un plan de austeridad administrativa que elimine un millón de funcionarios, recorte sin piedad el gasto municipal, taifeño y central, y ordene el esfuerzo común para salir juntos de la crisis económica. ¿Ustedes lo ven posible? Pues yo tampoco.
Y por si la ruina económica y la cleptocracia política fueran horizontes amables en nuestro futuro -basta mirar a Argentina: a todo cabe acostumbrarse-, se avista ya con aterradora nitidez una variante dentro de la degeneración del Estado: el Narcoestado. Hace nueve meses desaparecieron 100 kilos de cocaína de los calabozos de la Jefatura Superior de Justicia de Sevilla, hecho que además de propiciar la suelta de los narcos (van seis o siete) por burla o esnifaje de las pruebas incriminatorias, pone en el mercado 10.000 millones de pesetas en coca, más que lo que se paga a la Policía.
Poco antes pasó casi lo mismo con 40 kilos en Valencia. Rubalcaba no ha depurado a nadie, un respeto para los cuerpos y fuerzas, etcétera. ¿La oposición? Más preocupada por los cupos de inmigrantes ilegales que por evitar que Sevilla parezca una ciudad mejicana, donde nadie denuncia un camello a un policía por si el policía es el jefe del camello. Con policías, jueces y políticos en vertiginosa degradación, las narcotaifas ya están ahí.
TIEMPO RECOBRADO
PEDRO GARCIA CUARTANGO
Una voz para siempre
HA MUERTO Blossom Dearie, la gran voz del jazz americano durante los años 50 y 60. Había nacido en 1926 en Manhattan, fue una gran estrella del bebop, pero tenía un problema en su oficio: no era negra como Billie Holiday o Ella Fitzgerald.
Blossom empezó a cantar en los cafés de París en los años 50 con un grupo que se llamaba los Blue Stars. Fue descubierta por Norman Grantz, el fundador del sello Verve, que la catapultó a la fama.
Tenía una maravillosa voz de adolescente, aterciopelada y envolvente. Grabó media docena de discos de extraordinaria calidad, pero donde se desenvolvía a la perfección era en los cafés y en los clubes. Le gustaba cantar en directo, con el único complemento de su piano.
Hay en Youtube una sublime canción suya llamada Try your wings, que acompaña la escena de Desayuno con diamantes en la que Audrey Hepburn abandona el gato desde un taxi amarillo y luego recorre las calles de Nueva York en medio de la lluvia para buscar al animal.
El montaje me parece muy sugerente ya que Blossom Dearie guardaba en su juventud un cierto parecido con la actriz y, lo que es más importante, compartía esa estética de finales de los años 50 que hacía a las mujeres tan atractivas.
Creo que si tuviera que elegir un tema de todo su repertorio optaría por L'etang, en la que Blossom describe dos amantes que se reflejan en un estanque al atardecer. La canción es casi imposible de encontrar, ya que se ha retirado de internet por un pleito sobre derechos de autor.
Todo lo escrito hasta ahora me parece un circunloquio para llegar a decir que me produce una tristeza infinita, una angustia íntima, la desaparición de esta mujer. Es -era- alguien muy cercano que se ha ido para siempre.
Pero queda el timbre de su voz, su música, sus sugerentes canciones que nos transportan a las calles de Manhattan, a la Quinta Avenida, al escaparate de Tyffany's, al lago helado de Central Park, a la barra del Russian Tea Room, a ese espacio imaginario donde uno podría toparse en la esquina con Gene Kelly.
La música es como la fotografía: sirve para eternizar los momentos. Su encanto es la repetición, la permanencia. Podemos envejecer y morir, pero siempre habrá canciones como L'etang que suscitarán una emoción parecida a la que nosotros sentimos en otras personas.
En última instancia, el arte es cuestión de afinidades. Nos gusta porque nos conmueve. No tengo ni idea de qué puede haber habido en común entre Blossom Dearie y yo, pero siento que un hilo invisible nos une. Ese hilo es más que una emoción, es una especie de sensibilidad, un sentimiento hacia la vida.
A Blossom Dearie le falló el corazón en su apartamento de Greenwich Village la semana pasada. Quiero creer que vio en el último momento un taxi amarillo y una mujer corriendo tras un gato bajo la lluvia.
ERASMO
Antes
BERMEJO no entiende la separación de poderes: EL MUNDO. Mas, a estas alturas, tras aquel entierro de Montesquieu, se insiste en la «Doctrina Iglesias» (Julio). Ya el tan reputado historiador Stan- ley G. Payne sobre Azaña, «hombre sectario, radical», no concebía «la aceptación del adversario»: eliminarlo de «cualquier posibilidad de participación en la vida política». Y «los regímenes excluyentes no son democráticos». ¿Doctrina Iglesias? Sí: La vida sigue igual. Trascribió
¡QUIA!
ARCADI ESPADA
¡QUIA!: 'Un bel morire...'
Todo el día hablando de periódicos. De pronto se advierte hasta qué punto han organizado la vida. Se asimila el periódico a los hechos que merecen ser impresos y así es, obviamente. Pero no ha sido su única función. El periódico ha organizado la discusión social en los últimos 200 años, como he dicho ya más de 200 veces.Pero también ha gestionado la amenidad diaria, compartiéndola, a partir de la segunda mitad del siglo XX, con la radio y la televisión. Y algo más simbólico, pero importantísimo: el periódico ha dado a sus lectores un sentido de comunidad. Esto lo entienden muy bien quienes iban con el diario El País bajo el brazo durante la Transición o los que van ahora con EL MUNDO por las calles de Cataluña. No es sólo que el nacimiento de la prensa coincida con el nacimiento de la nación: es que el periódico ha representado a innumerables naciones privadas. Es en el ámbito de la amenidad y en el de la representación donde los periódicos han acusado más el impacto de internet. Ningún medio puede competir con el ocio de Youtube. Ningún periódico puede ejercer la socialización de Facebook. No ha surgido otra nación de las características de Google. Tres grandes éxitos económicos que no han sido creados por periodistas. Esto llevará a una profunda reconversión del negocio. Los periódicos han sido diseñados para objetivos que ya no pueden cumplir. Es conocido: pasó con la siderurgia y con los dinosaurios. No va a ser la única reconversión: hora sería de que los estudios de Periodismo incluyeran la formación de gestores de comunidades virtuales.
La otra cuestión (clave) es qué pasará con el relato del mundo que organizaba el periódico. Es evidente que las piezas del relato pueden fagocitarse por millones de foros. Que cualquier agente social, político, económico puede colgar su punto de vista (¡sus comunicados y declaraciones!) en mil facebooks. Pero eso nunca ha sido periodismo, por más que se haya convertido en el más grave error del periodismo. El periodismo ha sido contar (dos veces), pesar y medir. Ni siquiera dar sentido, como piensan los entusiastas. La crisis llega, sin embargo, hasta aquí: hay quien opina que internet (una suerte de algoritmo social) procura la inteligencia artificial suficiente para esta operación de selección y jerarquización de los hechos. La masa y la máquina sustituyendo al hombre. No deja de ser un triunfo absoluto del periodismo. Aunque acabe con los periodistas. También los tornos acabaron con las taquilleras, pero el billete se sigue cobrando
EN LA RED:
La mayoría de los encuestados, de acuerdo con la detención de 'sin papeles' por cupos

TRIBUNA / ECONOMIA
Lecciones de la economía japonesa
El autor analiza el resultado de los planes de estímulo económico en Japón, después del aprobado por EEUU
ROBERT J. SAMUELSON
Defendemos nuestros argumentos mediante analogías. El presidente de EEUU, Barack Obama, afirma que la historia de Japón ilustra la necesidad de su paquete de estímulo económico. Muy al contrario -afirman muchos dirigentes republicanos-, Japón es un claro ejemplo de que los planes de estímulo no funcionan. Hasta cierto punto, todos están en lo cierto. Pero los posibles paralelismos entre la experiencia de Japón y la de EEUU plantean la duda de si también los estadounidenses nos podríamos enfrentar a una década perdida.
¿Qué le pasó a Japón durante los años 90? No sufrió, como afirman algunos conservadores, una «depresión», ni una «gran recesión», en palabras de otros. Experimentó una prosperidad languideciente y sin altibajos. Su economía se expandió durante cada uno de los años de aquella década, a excepción de 1998 y 1999, si bien es cierto que la tasa de crecimiento anual medio era de un ridículo 1,5%. El desempleo ascendió hasta el 5% en 2001 -en 1990 era del 2,1%-. No es buena señal, pero en absoluto una catástrofe.La japonesa siguió siendo una sociedad enormemente saneada.
Su situación llamó la atención sobre todo porque desconcertó a la opinión pública en general. Desde 1956 hasta 1973, el país había registrado un crecimiento del 9% anual; durante los años 80 siguió creciendo a un ritmo del 4%. Se daba por sentado de forma generalizada que superaría a EEUU como la economía más avanzada y más rica del planeta. No lo hizo. Lo que es peor, su semiestancamiento cuestionó la noción de que las economías modernas recurrían al Gobierno para asegurar un crecimiento satisfactorio.
Se redactaron informes, se celebraron conferencias y se resolvió el veredicto: los japoneses habían metido la pata. Después de que la burbuja económica de finales de los años 80 reventara, el Banco de Japón puso el crédito a disposición con demasiada lentitud. Lastrados por la deuda tóxica, los bancos dejaron de prestar y el Gobierno no saneó las entidades bancarias con la suficiente velocidad. Los paquetes de estímulo gubernamentales fueron demasiado limitados y llegaron demasiado tarde. Como es natural, la economía languideció. Todo plausible, pero incorrecto.
El análisis estándar tranquiliza, porque da a entender que con mejores decisiones Japón podría haber evitado su prolongado cambio de tercio económico. La realidad parece ser que la marcha atrás económica de Japón refleja valores políticos y sociales profundamente sustentados. Lo mismo se podría decir de EEUU.
Japón tiene lo que Richard Katz, editor del Oriental Economist, denomina «una economía dual». Por una parte, las industrias exportadoras (coches, acero, componentes electrónicos) son considerablemente eficientes, aunque se enfrentan a una intensa competencia mundial.Por otra parte, muchas industrias nacionales (alimentos procesados, construcción, venta al por menor) son ineficaces y están protegidas de la competencia regional mediante regulaciones o aranceles.Esto ha beneficiado a la mayoría de los japoneses. Las exportaciones ingresaron la divisa exterior necesaria para adquirir las importaciones de comida y combustibles. Mientras tanto, las industrias nacionales protegidas proporcionaron la estabilidad social y la seguridad laboral que la mayoría de los japoneses preferían a la híper-ompetencia.Mientras las exportaciones prosperaron, ellas y la inversión empresarial que las sustentaba constituyeron el motor del crecimiento económico japonés.
El problema es que este sistema se averió a mediados de los 80.El yen en rápido ascenso encareció las exportaciones japonesas en los mercados mundiales. Aparecieron nuevos competidores -Corea del Sur, Taiwán...-. Japón perdió su motor de crecimiento, y aún no ha descubierto otro. Ese es el principal problema económico del país.
El Gobierno metió baza. Durante los años 80, el Banco de Japón intentó compensar el efecto del yen más caro abaratando el crédito.Pero el tiro salió por la culata, redundando en la economía de burbuja. Desde 1985 hasta 1990, el precio del suelo en Tokio se elevó un 134% y la Bolsa prosperó sustancialmente. Desde el colapso de la burbuja, se han puesto en marcha 13 planes de estímulo gubernamentales. Incluso a estas alturas, la economía es comercialmente dependiente; en diciembre, las exportaciones se desplomaron un 35% con respecto a los niveles del año anterior, empujando a Japón a una acusada recesión.
Lo sucedido en Tokio no sentencia el estímulo de Obama al fracaso por inútil. En ocasiones, el Gobierno debe intervenir para atajar la caída de una economía en caída libre. Los paquetes de Japón probablemente reforzaron de manera temporal una economía flaqueante.En este sentido, Obama está en lo cierto. Desafortunadamente, su estímulo es más endeble de lo difundido porque, en gran medida, el impacto se sentirá después de 2009.
No obstante, la palabra clave es «temporalmente». Hannity acierta al decir que los planes de estímulo en serie nipones se volvieron autodestructivos. La deuda asumida es insostenible. En algún momento, la economía tiene que generar un crecimiento fuerte por su cuenta. La de Japón no lo ha hecho. ¿Lo hará la estadounidense?
Desde los años 80, el crecimiento económico de EEUU ha dependido de un acusado incremento del consumo financiado a través de un mayor endeudamiento y del crecimiento de los precios de los activos (acciones, casas). Igual que los años 80 marcaron el final del crecimiento japonés liderado por las exportaciones, el presente bache estadounidense apunta el final del crecimiento optimista empujado por el consumo. Pero su herencia es un sector sobrecargado de casas y mano de obra, desde los concesionarios de coches a los centros comerciales. La pregunta es si nuestro sistema es o no lo bastante adaptativo para crear nuevas fuentes de crecimiento que ocupen el vacío dejado por un consumidor en retirada.
Robert J. Samuelson es analista económico y columnista de The Washington Post.
TRIBUNA / IGUALDAD RACIAL
Febrero en blanco y negro
EEUU celebra el mes de la raza negra, coincidiendo con el 50º aniversario del sello discográfico Motown
GUILLERMO FESSER
Desde 1976, el mes de febrero se dedica en EEUU a rememorar la historia de la raza negra. Una oportunidad en todos los ámbitos de la sociedad para honrar los enormes sacrificios y admirar las grandes contribuciones que al desarrollo político y cultural de ese país ha aportado el 13% de sus pobladores. Este año, con un significado muy especial debido a la victoria de Obama, febrero cobra además un inusual ambiente festivo por coincidir dos importantes aniversarios. Cumple 50 años en Detroit el sello discográfico Motown y sopla 75 velas el teatro Apollo, templo de la música soul en el corazón de Harlem.
La idea de asociar febrero a la memoria partió de Carter Woodson, el primer negro que se licenció en 1912 en la Universidad de Harvard. Woodson pensó en febrero porque en ese mes de 1818 había nacido un hombre de una talla intelectual sin precedentes: el abolicionista Frederik Douglass, el Sabio de Anacostia. Luego ocurrió que, el primer día del segundo mes de 1960, cuatro estudiantes negros de la universidad de Greensboro, en el estado de Carolina del Norte, se sentaron en la barra del restaurante para blancos de los almacenes Woolworth y pidieron el menú. Fue la llama que propagó un incendio revolucionario reconocido hoy en los libros de texto como el Movimiento de los Derechos Civiles.
Febrero resulta, además, el mes escogido tradicionalmente por los estadounidenses de raza negra para peregrinar a Africa. Visitan los santuarios de la costa oeste desde donde, junto a decenas de millones de seres humanos, sus antepasados partieron hacia la esclavitud. En especial la isla de Goré, en Senegal, y el poblado de Gambia en el que creció Kunta Kinte, el protagonista del libro Raíces cuya versión televisiva conmocionó al mundo en los 70.
Ahora se conmemora en Estados Unidos una historia de la raza negra que, inevitablemente y desde sus orígenes, ha crecido entrelazada a la memoria del blanco. Su vertiente más negativa de sobra la conocemos: segregación racial, matanzas del Ku Klux Klan y ráfagas de odio entre protestantes ortodoxos y movimientos musulmanes de liberación. Pero existe una historia paralela, no menos cierta y pocas veces aireada. Una historia cotidiana de solidaridad y de apoyo entre razas que se abre camino a través de la música.
Baste recordar como a finales de los años 30, en el barrio hebreo intercalado entre Harlem y El Bronx, las mujeres judías enseñaban a sus sirvientas los cantos tradicionales en yiddish. Y al atardecer, las negras, que habían pasado aquellos versos por el tamiz del blues, volvían a sus casas entonando a coro un espectáculo emocionante de fusión musical. Familias enteras se asomaban a los balcones a disfrutar de aquel prodigio.
El milagro del Apollo, que brindó a la música negra la oportunidad de salir de sótanos e iglesias, fue posible gracias a un hombre judío y de raza blanca, Frank Shiffman, que inventó el teatro musical de sesión continua. Shiffman lanzó al estrellato a jóvenes desconocidos como Ella Fitzgerald, Billie Holliday o Stevie Wonder y apadrinó talentos como el de James Brown. Pero, sobre todo, Shiffman proporcionó a los habitantes del barrio negro la felicidad de saber que por muy poco dinero podían pasarse el día entero sentados en una butaca con calefacción y escuchando una música que les renovaba el orgullo de pertenecer a su raza. Otro judío, Jerry Wexler, inventó el rhythm-and-blues con su sello discográfico Atlantic Records. Y otro, Chris Blackwell, dió a conocer el reggae de Bob Marley al mundo.
En 2009 el presidente Obama simboliza en sí mismo, con padre de Kenia y madre de Kansas, la mejor manera posible de celebrar el mes de la historia negra: combinando el reconocimiento a las raíces culturales africanas con el respeto a quienes supieron admirarlas y ayudaron a su desarrollo.
Guillermo Fesser es periodista y miembro del dúo Gomaespuma
EL RUIDO DE LA CALLE
RAUL DEL POZO
Mulas
Alondras con tartera, carne de furgón, negros que duermen de pie en los semáforos, soñando que son elefantes los arcos triunfales.Para un columnista las imágenes son más importantes que los pensamientos.La del cayuco rodeado de peces en la costa canaria, que dejó a 21 ahogados, de los que 14 eran niños, refleja mejor el mundo que la caída del Ibex, jodido por los bancos. La sangre del mar llega hasta el rojo del parqué. Pero dónde iban. Acaso no sabían por la televisión que Europa es un apartheid y España ha dejado de ser tierra de promisión. Si se hubieran salvado del naufragio, los habrían encarcelado en un centro de internamiento. Escribió Sartre que no hace mucho tiempo la tierra tenía 2.000 millones de habitantes. Es decir, 500 millones de hombres y 1.500 millones de indígenas, sin papeles, parias que carecen hasta del derecho del verbo. Ahí los tienen, ahora no hay que ir a buscarlos a las Indias. Pueden llevarlos a casa en el carrito de la compra.A los que sobran, se les trinca en la puerta de las escuelas cuando salgan sus hijos o en la cola del paro, al que no tienen derecho.
Cuando los españoles alcanzamos un real somos príncipes, decían las novelas picarescas, pero cuando se acaba la fiebre del oro, España se puebla de 700.000 mendigos. Así ha sido siempre. Sobraban un millón de españoles que se iban al éxodo. Ahora sobramos cinco.Entonces llega la depresión de la depresión, la gente se da a la bebida. No sólo, como dice el poeta, el negro se ajuma, también se colocan los ministros parlanchines, que no saben qué pasa.Churchill se emborrachó para pronunciar el discurso del sudor y las lágrimas y dijo en un aparte, como los graciosos del teatro: para hacer frente a los nazis les daremos con los sifones, porque no tenemos balas. Tampoco hoy sin victoria sobre la bancarrota hay supervivencia. El ministro de Economía de Japón fue cocido a la rueda de prensa. Dijo que era jet lag y las pastillas para la gripe, pero en realidad es el delírium trémens. Los banqueros y los ministros de economía ven corralitos en vez de cucarachas.
Menos mal que también las drogas han bajado de precio. Se puede encontrar una pastilla de éxtasis por un euro. La policía, además de arrestar apátridas, desmantela laboratorios de blanca. Los que detuvieron ayer introducían la droga por medio de mulas, mujeres desperadas que atraviesan el océano con coca en la vagina o en bolsas de silicona debajo la piel.
Es que el epílogo de la crisis será la inseguridad. Lo anuncian los astronautas urbanos, los alucineros de la Milla de Oro, que atracan cada día Tiffany's, Loewe, Cartier, Bulgari en las calles de Serrano y Ortega y Gasset.
Y siguen llegando cayucos, mulas y parias. Hasta los curas acabarán poniéndose chalecos antibalas.
Etiquetas: Firmas





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