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Actualización de madrugada

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Nombre: e-pesimo
Lugar: Cantabria, Spain

martes 6 de enero de 2009

FIRMAS: Luis María Ansón, David Gistau, Raúl del Pozo, Erasmos, Fernando Sanchez Drago, David Torres,Guillermo Fesser




CANELA FINA
LUIS MARIA ANSON
Lección al terrorismo

Insisto, no hay guerras santas ni necesarias ni inevitables. Todas las guerras, la de Gaza incluida, son una atrocidad. La sangre, el sudor y las lágrimas de Churchill, la caballerosidad de Spínola tras tomar Breda, la victoria de Wellington sobre el tirano son espejismos de la verdadera naturaleza de la guerra que desata la ferocidad, el homo homini lupus, según la expresión que Hobbes le robó a Plauto.

Hamás es un grupo calificado internacionalmente de terrorista. Tomó el poder en Gaza, en contra del Gobierno legítimo de Palestina, si bien amparado por los votos de esa franja territorial. Desde hace al menos dos años, el Gobierno de Hamás tira la piedra y esconde la mano. Asegura que los misiles, cohetes y proyectiles que, en número cercano a cien diarios, dispara sobre Israel son obra de incontrolados. Jerusalén ha aguantado lo indecible. Y ha terminado por cortar en seco: «Hasta aquí hemos llegado». Así es que se ha lanzado a la atrocidad de la guerra para dar una lección a los terroristas.

Los israelíes saben cómo combatir el terrorismo y no se detienen en lo políticamente correcto. Si no hubieran actuado con la contundencia que han empleado a lo largo de los años, Israel se habría convertido en un Iraq multiplicado. A los judíos les secuestraron aviones, les asesinaron atletas en los Juegos Olímpicos, les obsequiaron con terroristas suicidas en el corazón de Jerusalén. Replicaron de forma eficacísima, incluso con la antipática operación del muro. Al terrorismo suicida que parecía imparable lo han combatido de forma eficacísima y atroz: la familia, los amigos, las casas, los comercios del entorno del suicida eran fulminantemente masacrados. El freno al suicida por la gloria de Alá lo ha venido tascando en Israel y Palestina la gente próxima al eventual «héroe».

Aparte de las cantinelas del progresismo caviar, la reacción ante la guerra de Gaza, encabezada por el Vaticano, responde a la natural respuesta de la opinión pública frente a las atrocidades. Se podían haber ensayado otros caminos. Pero el centenar diario de proyectiles sobre su propio territorio ha decidido al Gobierno demócrata israelí a arrasar a los terroristas de Hamás en sus madrigueras. Terrible pero eficaz. El Gobierno de Jerusalén ha querido dar una lección al terrorismo internacional. Frente al hedonismo europeo, frente a las contradicciones norteamericanas, frente a la pusilanimidad general, Israel está aplastando el terrorismo de Hamás a sangre y fuego. Los terroristas de Gaza van a aprender la vieja máxima latina: Homo humus, fama fumus, finis cinis, el hombre es barro, la gloria es humo, el fin es ceniza.

Estoy contra la guerra, contra todas las guerras. Los caminos de la negociación no se agotan, no se deben agotar nunca. Pero lo que está ocurriendo en Gaza tiene una explicación muy sencilla, al margen de las reacciones viscerales de algunos y de las actitudes de los progres de salón, cada vez más ridículos, cada vez menos respetados.

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.

AL ABORDAJE
DAVID GISTAU
La taberna
La chicharra progresista gusta de ver la entrada de Israel en Gaza como la de William Munny en la taberna de Big Whiskey: «Quien quiera vivir, que salga». Al pistolero encarnado por Clint Eastwood, después de descerrajar un tiro al tabernero, le reprocharon que hubiera disparado a un hombre desarmado: «Debió armarse cuando decidió decorar su taberna con el cadáver de mi amigo».

Hamas no olvidó armarse, en la medida en que se lo permitió el bloqueo, cuando decidió granizar con misiles el sur de la nación cuya extinción anhela. Y, aun así, los motivos por los que Israel entró en la taberna no están claros para los custodios de la conciencia colectiva. No lo están porque la ocultación de los mismos es necesaria para atribuir a Israel una conducta psicópata, de maldad pura, de cartel de Wanted: «¿Es usted el William Munny de Misuri que mató a mujeres y niños porque sí?». Y si los motivos afloran, si de pronto se hace inevitable discutir sobre ellos, entonces hay que reducir su importancia para que no sirvan de coartada a un comportamiento irracional. O «desproporcionado», que ése es el término oficial. Es entonces cuando los misiles Qassam pasan a ser mercancía de una tienda de artículos de broma, inofensivos como el corcho de una escopeta de barraca de feria que por supuesto matan mal: los judíos de la ciudad de Sderot que disponen, cuando suenan las sirenas, de quince segundos para alcanzar el refugio son tan tontos que no se dan cuenta de que su manía de intentar sobrevivir deslegitima en términos morales la campaña de Israel contra unos bombarderos para los cuales la población civil no es daño colateral, sino objetivo.

El presidente Zetapé se pronunció ayer sobre el incendio en Oriente Próximo. Más allá de esa ingenuidad cursi según la cual la palabra «democracia» es el abracadabra que funde en un abrazo a cualquier enemigo milenario, dijo que la respuesta militar no es «el camino a la paz». Así pues, por paz entiende la resignación a vivir sin protestar ni actuar bajo los misiles, sobre todo cuando éstos no arruinan el postre del televidente europeo porque son omitidos por los cauces de información occidentales: ¿sabía la mayoría de la opinión pública europea que estaban cayendo antes del ataque israelí? ¿Les habría importado? ¿Les importa que, para arrastrar conciencias hacia el ladoceja del maniqueísmo, se esté haciendo pasar por imágenes de un bombardeo israelí las que corresponden a la explosión accidental de un Qassam en un mercado de Gaza?

Zetapé también dijo que es necesaria la intervención de un «mecanismo internacional» que estabilice la zona. La pregunta obligada es: ¿por qué ahora, y no hace dos meses, cuando era la población israelí la agredida? Que sea el ataque a Gaza lo que comprometa a los mismos gobiernos que se inhibieron cuando sonaban sirenas en Sderot es una forma de reconocer que había que entrar en la taberna.



A DIESTRA Y SINIESTRA
DAVID TORRES
U ERRE DE A CE I

Alfredo Urdaci ha decidido aceptar una oferta de trabajo como jefe de prensa de El Pocero. Al parecer, también había barajado una oferta como portavoz del ejército israelí y otra como locutor de Hamas, pero ninguna le planteaba tantos retos.

Con espléndida metonimia ha dicho Urdaci que «la televisión tiene su caducidad» sin caer en la cuenta de que el único producto al que se le ha pasado el arroz en cualquier cadena es su propia cara. Productor, guionista y actor principal de la primera condena de manipulación informativa en una televisión pública, es muy difícil que alguien supere algún día la lectura de la sentencia en vivo y en directo a la que fue obligado por el juez. En aquellos tiempos no estaba muy claro si lo que salía por la pantalla era un informativo o un NODO. Pero en cuanto Letizia, la futura princesa, le dio la salida, Urdaci se puso a leer de carrerilla con la mirada fija de un androide de protocolo, deletreando a toda mecha las siglas «CE CE O» o (pero no las «ERRE TE UVE E») y salió airoso de la prueba con un registro que sólo habría superado, quizá, Michael Palin. El propio Urdaci intentó batir su propio récord interpretando monólogos humorísticos en El show de Flo, pero allí descubrimos que es uno de esos tipos que sólo tiene gracia cuando habla en serio y viceversa.

Por ejemplo, ahora, que no sabemos si habla en serio o en broma al tomar posesión de su nuevo cargo. La elección de «U ERRE DE A CE I» como jefe de prensa sólo puede ser una inocentada a destiempo, uno de esos casos de simbiosis a los que tan aficionada es la Madre Natura. El Pocero necesitaría la cabecera de Pravda y la maquinaria de Goebbels para limpiar su currículum de esos tardíos comienzos en la alfabetización y de su súbito descubrimiento de la ducha, pero ha decidido tirar la casa por la ventana y contratar a Urdaci. Lo suyo, más que simbiosis, es una historia de amor inmortal, una alianza de por vida. Un hombre que recibe a las cámaras de televisión llamándolos «hijos de puta» y dispuesto a empalarlos con una jabalina necesita para presentarse en público de un auténtico maestro de la estafa informativa reconocido en los más prestigiosos tribunales. Y un hombre que lee la propia sentencia que lo acusa como si fuese un chiste de tartajas, bien puede convertir el yate kilométrico del Pocero en el decorado de una botella.

El Pocero ha dado el salto de Seseña a Guinea, donde va a proseguir su pasión por los juegos del Lego bajo la luz de una dictadura de última generación. Urdaci no tendrá el menor problema en vender todo el negocio como si fuese la limosna filantrópica del gran mecenas del ladrillo al pueblo guineano. En la Guinea de Obiang los negocios son transparentes y las casas del «PE O CE E ERRE O» no lo van a ser menos.



ERASMO
A los Reyes

Martín Villa, tal «padre político» de los años de esplendor, ex vicepresidente, ex ministro. Carta a los Magos de Oriente, vindica la Transición (El País, 3-01-09), ámbito de libertades, bienestar, concordia. Y aquella placa de vencedores y vencidos en el Ebro: «A los que perdieron la guerra, que fueron todos». Amonesta, reconviene, regaña. Riñe (salva a Suárez). Mas tan afectuoso este Rodolfo: Acaso epístola moral, a todos.

TRIBUNA LIBRE
GUILLERMO FESSER
Melchor, Gaspar y Obama: la llegada de una estrella risueña

Hoy, festividad de Reyes, hace días que ya no es Navidad en Estados Unidos. Y, sin embargo, todavía lo parece. La esperanza contagiosa que despierta la investidura de Obama, el próximo 20 en Washington, se asemeja bastante al entusiasmo genuino que todos hemos sentido alguna vez al echar la carta en vísperas de la cabalgata.

En el Estado de Nueva York, además, el paisaje ayuda a recrear el sueño. La tercera tormenta del año ha dejado un manto blanco que, como la luz de contra en el cine, ilumina la trasera de los árboles y siluetea las casas de madera del pueblo en que me encuentro, consiguiendo que parezca un decorado de película. Un marco idóneo para celebrar lo que aquí denominan christmas, que no es sino el resultado gramatical de unir el prefijo latino criste con el sufijo maesse. O sea, la misa del Cristo.

La fiesta del hijo de Dios que nació en Belén, al oeste de unos territorios palestinos hoy más trágicamente ocupados que nunca, bajo un sol abrasador y cuyo cumpleaños, sin embargo, parece que no es lo mismo si no se festeja en un ambiente nevado. Traslación climática debida a la comunidad cristiana del año 336, que hizo coincidir la fecha del nacimiento de Jesús con la popular Saturnalia pagana y, de paso, incorporó la costumbre romana de intercambiar regalos durante el solsticio de invierno. Desde entonces, en el portal la nieve es bella y unas condiciones atmosféricas de perros, como los 16 grados bajo cero que soportaron los Clinton en la nochevieja de Times Square, se consideran óptimas para entonar villancicos.

Sin embargo, se saltan a la torera la letra de The Twelve Days of Christmas, el más tradicional de todos, que en teoría garantiza a los norteamericanos 12 días y 11 noches de festejos desde el 25 de diciembre fun, fun, fun, hasta la epifanía de San Mateo. Y that¿s all folks. Las fiestas concluyen con el beso en los labios con el que se recibe al nuevo año. De todas maneras, el recorte vacacional al final del calendario tiene truco porque, como contrapartida, igual que hiciera este año el alcalde de Madrid, en Estados Unidos comienzan a colocar las luces mucho antes de lo previsto. Es la consecuencia de una sociedad multicultural en la que nadie sabe si el vecino celebra la pascua, la januka judía, la kwanza de origen africano o la tradición persa. El feliz navidad de toda la vida, merry christmas, hace tiempo que cedió el paso a un correcto, aunque más lacónico, happy hollydays y el verdadero pistoletazo de salida navideño se produce el cuarto jueves del mes de noviembre con la comida del día de Acción de Gracias.

La cena de thanksgiving es la festividad más parecida a nuestra nochebuena. El fenómeno es relativamente reciente. Hasta el primer cuarto del siglo pasado, la Navidad era el momento del año en que se reunían las familias en torno a la chimenea y preparaban juntos la venida de un Santa Claus modelado a mediados del XIX por Washington Irving. La gente crecía en el mismo lugar en que había nacido y los soldados en el frente europeo cantaban esperanzados el I¿ll Be Home For Christmas.

El final de la Segunda Guerra Mundial lo trastocó todo. El retorno de los soldados supuso la grave amenaza de un crecimiento imposible de asumir en las listas del paro y el Gobierno firmó un decreto que abrió el acceso a la universidad a millones de personas. La condición económica dejó de ser una traba para acceder a unas facultades que hoy cuestan una media anual de 25.000 euros por matrícula. Desde entonces, los estadounidenses tuvieron que acostumbrarse a comenzar su vida laboral debiéndole al banco el importe del crédito solicitado para sufragarse los estudios superiores y, en parte por este motivo, comenzaron a no regresar a sus pueblos de origen tras la graduación.

Urgía encontrar en el calendario un día al año para volver a casa y, con el nacimiento de una segunda generación de emigrantes, tan norteamericana como la que más, que ya no necesitaba diluirse para pasar inadvertida entre la mayoría sino que, muy al contrario, buscaba con ahínco la reivindicación de sus raíces culturales, la Navidad ya no se ajustaba a todas las sensibilidades. De modo espontáneo, la sociedad se puso de acuerdo en una fecha: el día de Acción de Gracias. La celebración se basaba en valores compartidos por todos: el agradecimiento por haber encontrado la tierra prometida y el recuerdo de una de las pocas ocasiones en que los colonos trataron con respeto a los nativos. Aparte de presentar otras dos ventajas notables: ni hacía falta comprar regalos, ni había que molestarse en decorar las casas.

Por eso hoy, 6 de enero, ya no es navidad y los estadounidenses han vuelto a la realidad cotidiana. Back to reality. Panorama que, en rasgos generales, se perfila tan negro como el color del carbón que están volviendo a utilizar para calentar sus hogares de los estados septentrionales muchas familias que no pueden costearse las facturas del gasóleo. Al resto no les va mejor. Los 50 estados de la Unión estimaron el pasado viernes en 100.000 millones de dólares el déficit presupuestario que van a generar en los próximos dos años. Los gobernadores no saben qué inventar para rellenar el agujero. A Paterson, el de Nueva York, se le han tirado los consumidores al cuello tras sugerir que iba a gravar los refrescos de cola con un impuesto por provocar la obesidad. Todo, menos pagar más por la chispa de la vida.

Y, mientras, la familia que no tenga 8.000 euros anuales para suscribir un seguro médico, que procure no caer enferma. Son las incongruencias de un sistema que invierte por cada ciudadano tres veces más que España en salud pública y que, sin embargo, tiene a 40 millones de personas fuera de cobertura. El lado oscuro de un capitalismo que hace aguas por las grietas de la avaricia financiera que santificó durante su mandato Ronald Reagan. El paraíso del timador, que en inglés de dice swindler, en cuyo máximo representante se ha convertido Bernard Madoff. Para nosotros Meidoff, el hombre que le robó los ahorros al mismísimo Steven Spielberg y que, según el chascarrillo que corre, podría ser protagonista de la próxima película del director: La lista de Swindler.

Soplan rachas de desasosiego y, sin embargo, se percibe, como el temblor que antecede al avistamiento de la manada en las grandes praderas, una sensación colectiva de que los acontecimientos van a cambiar de rumbo a partir del día 20. No porque el político Obama llegue a la Casa Blanca con las enormes promesas de todos conocidas. Otros candidatos antes que él prometieron el cielo y no generaron ni cuarto y mitad de entusiasmo. No. Más bien porque, por fin, una persona inteligente y sencilla habla de las cosas que en los hogares preocupan y aporta a la política un ingrediente tan norteamericano como las barras y las estrellas: el sentido del humor. El sarcasmo. La capacidad de reírse de uno mismo sin complejos, que le ha posibilitado a este pueblo hacer autocríticas tan dolorosas y tan valientes como la revisión de su nefasta intervención en la Guerra del Vietnam.

El Obama que reconoce con desparpajo compartir la política de Alfred E. Smith, ex gobernador demócrata de Nueva York, y las orejas de soplillo de Alfred E. Neuman, la mascota de la célebre revista cómica Mad. El Obama que se ríe al proclamar que su mayor virtud es la humildad y su peor defecto el no poder evitar salirse en todo lo que hace. El Obama que en una cena benéfica, a tres semanas de las elecciones presidenciales, compartió mesa y bromas con McCain y le dijo: «John, estáis en lo cierto al acusarme de haberme juntado en el pasado con un grupo de indeseables. Tipos de baja estopa. Impenitentes. Tengo que reconocerlo: he sido miembro del Senado de los Estados Unidos».

La gente le adora y espera de él un cambio necesario. Quiere ver pudrirse a Madoff en la cárcel. Quiere salir de Irak. Mejorar la educación y la sanidad. Tener trabajo. Pero, más que nada, lo que la gente espera de Obama es que él no cambie nunca. Lo otro, los resultados, todos saben que se tomarán su tiempo. Ya lo dijo el primer ministro de China en los años 50, Chou En-lai, cuando le preguntaron su opinión sobre la Revolución Francesa de 1789: «Quizás sea demasiado pronto todavía para extraer consecuencias».

Guillermo Fesser es periodista, miembro del dúo Gomaespuma y director de cine.



EL LOBO FEROZ
FERNANDO SANCHEZ DRAGO

Vaticinios

Suelen hacerse cuando empieza el año. Rara vez se cumplen. Es sólo un juego.

Política interior. El PP seguirá siendo el partido más votado en Galicia, pero los dos grupos minoritarios conculcarán de nuevo la voluntad de la mayoría, darán vida renovada al híbrido de la isla del doctor Moreau que ahora gobierna la zona y seguirán con sus destrozos de lobisome. En el País Vasco ganará por los pelos Ibarretxe y perderán, como de costumbre, los constitucionalistas, incapaces de presentar un frente unido. Divide y vencerás. En las europeas bajarán todos, menos Rosa Díez, y comenzará el subidón de ésta, que la convertirá después de las generales en árbitro de la dignidad de la nación y en fiel de la balanza del Gobierno que se forme. A Rajoy, como a los amores de Escarlata O'Hara, se lo llevará el viento de la historia. Buen viaje. Habrá un congreso extraordinario del Partido Popular, Esperanza y Gallardón entrarán en liza, y a ver qué pasa. No es imposible que los conspiradores peregrinen a Colombey-les-deux-Eglises y consigan que vuelva Rato. Este, de ser así, acabaría en la Moncloa. Insh¿allah!

Política exterior. Las fuerzas de ocupación occidentales seguirán recogiendo descalabros en el avispero de Afganistán. Putin pujará fuerte en todas las casillas de la ruleta y hará en muchas el pleno. Continuará en Italia la irresistible ascensión de Berlusconi -obras son amores- y el vertiginoso declive de la corrupta izquierda. Sarkozy seguirá apostando simultáneamente a rojo y a negro, besuqueará a Carla Bruni y a Zapatero, dirá vaguedades, amagará sin dar, prometerá mucho, no cumplirá nada, irá al gimnasio y se parecerá cada vez más a los monigotes de los mangas. Obama decepcionará a quienes han depositado en él sus ahorros de ilusión, enseñará la patita (imposible saber si negra o blanca), defenderá los intereses de las grandes corporaciones y servirá, como Beltrán de Duguesclin, a su señor. Dicen que han sido los Rockefeller quienes lo han llevado adonde ahora está. ¿Hablilla o noticia? ¿Impecable e implacable lógica o síndrome de complot atizado por los integristas del Código da Vinci? Yo no lo sé, pero sí sé que era perentorio lavar la imagen de los Estados Unidos, deteriorada extramuros por la guerra de Iraq, los latrocinios bancarios, la necrosis del sistema financiero y los destrozos de Bush. Los magnates lo exigían, y Obama es, para tan necesaria y astuta estrategia, el candidato perfecto. China, entre tanto, seguirá haciéndose con el control de los recursos del Africa Negra mientras Europa se cruza de brazos. Los fachas antisistémicos gamberrearán, berrearán, cargarán la suerte y acelerarán la decadencia de Bruselas. El viejo mundo será cada vez más viejo y más pobre. España, al terminar el año, también lo será. En vez de caviar para todos, no tendremos café para nadie.

Permítanme una bravata. Yo sigo en Pnom Penh. Corolario: ¿Debo aclarar que a mí, de todo lo dicho, plin? Pues lo aclaro, y a otra cosa.

www.sanchezdrago.com

EL RUIDO DE LA CALLE
RAUL DEL POZO
El baile de Obama

Desde que bailaba en la Marimba de la calle del Agua A escondidas he de verte no había escuchado una canción más bella que esa dulce melodía que acaricia los tejados del mundo como los poemas de Whitman. Oigo, otra vez, Norteamérica, tu canto. Para danzar su propio villancico, Obama, el presidente electo, rey portero de Harlem, sin ir vestido de almirante asistirá a 10 bailes antes de la toma de posesión el día 20 de enero, siempre acompañado de su esposa Michelle. La mayoría de las sesiones se celebrarán en el Centro de Convenciones de Washington. Yo ya lo he visto bailar. Ese cumbé que, según el tópico, llevan los negros en la sangre, sólo le sale a Obama cuando hace el swing del golf. Ahí sí es negro. En la pista no mueve bien el body, no parece experto en quemar la clorofila de las rubias. Es demasiado cachas. Los negros, antes de él, se liberaban esqueleteando; el ritmo era su libertad de expresión, por eso los amos de las plantaciones disolvían los bailes de esclavos a latigazos.

Vamos a ver cómo danza el tripulante del Air Force One, el que cabalga sobre una sandía entre las nubes con el maletín donde se guarda el pentagrama nuclear. Los hombres duros no bailan, pero Obama no va de duro. Como Truman, habla bajito y lleva el gran garrote escondido, sin dejarse llevar. Decía Brummell que el dandi, al atravesar un salón donde suene música, debe hacer de modo que sus pasos nunca vayan al compás de lo que se toque. Ese será, tal vez, el estilo de Obama; pronto comprobaremos si devuelve a su alma la chupa de cuero que llevaba cuando jugaba al billar en Hawai con las chicas de alterne. Cuenta en Dreams from my father que fue una especie de hippie mochilero en España cuando bebíamos vino en vasos pequeños. Dice que encontró a un senegalés que le acompañó hasta Barcelona. «No recuerdo cómo se llamaba. Era un hambriento bastante lejos del hogar, uno de los hijos de las colonias colándose en los barrios de los antiguos amos». Esa es la música de Fanon y la de Toni Morrison, a la que entonces aún no dejaban bañarse con los blancos en el lago. En los campos de algodón, los esclavos podían adorar al dios de los hombres blancos, pero no en las mismas iglesias; en Cotton Club, a los trompetistas se les salían los ojos soplando jazz sólo para blancos. Entonces decían los oligarcas borgianos que los negros carecen de memoria histórica; no se acuerdan de que sus abuelos han sido vendidos en las plazas públicas.

Y quien dice negrata, dice parata o jodido. Mira quién baila; no es un negro vacilón, sino uno que ha dicho que va a cerrar Guantánamo y retirar las tropas de Irak. Oigo tu canto, Norteamérica. A ver cómo lo bailas con lobos del Pentágono y tiburones de Wall Street.

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