FIRMAS: Isabel San Sebastián, R. Martínez Simancas, Erasmo, Lucía Méndez, Manuel Hidalgo, Arcadi Espada, Javier Redondo, Sari Nusseibeh

LA TRASTIENDA
ISABEL SAN SEBASTIAN
Esa lluvia que no cala
Aunque la prueba de fuego se producirá el próximo 1 de marzo, las encuestas de Año Nuevo han debido atragantársele a más de uno en la dirección popular. A tenor de los datos demoscópicos, parece que el problema no estaba precisamente en el «equipo», sino en el entrenador, único superviviente -¡oh paradoja!- de la criba que siguió a la derrota electoral. Y se confirma que la fórmula de la «lluvia fina», esa «receta mágica» por la cual don Pedro Arriola se embolsa, según dicen, unos 60.000 euros al mes, solamente beneficia a Zapatero, quien pese a su manifiesta incompetencia para resolver problemas sigue encabezando la lista de líderes mejor valorados.
La lluvia cae, pero no cala. De hecho caen chuzos de punta. Chaparrones. Aguaceros. Un verdadero diluvio que se ha comido en pocos meses los ahorros de una década, amén de dejar en la calle a millares de trabajadores, autónomos y empresarios que miran al futuro sumidos en la desesperanza. Con todo y con eso, el presidente del Gobierno aprueba mientras la alternativa naufraga. ¿Qué explicación se sacará esta vez de la manga el sociólogo de plantilla para justificar el mazazo? ¿A quién echará la culpa de este clamoroso fracaso?
Este PP renovado, perfumado de pragmatismo, dócil a las consignas del pensamiento políticamente correcto, alabado por la izquierda mediática y aligerado de carga ideológica, no termina de convencer al electorado. Este PP que no «crispa», que no se opone, que no levanta la voz y que adapta sus principios a la máxima de Groucho Marx (si no les gustan, tenemos otros) cede terreno ante Rosa Díez, cuyo discurso centrado en la reivindicación de valores éticos levanta una marea de intención de voto. Resulta que intangibles como la patria, la ciudadanía, la igualdad real de todos los españoles en derechos y obligaciones o la firmeza sin fisuras ante el terrorismo, calan en la conciencia colectiva y se convierten en elementos catalizadores de sufragios, mientras ese mensaje chato del primer partido de la oposición, limitado al garbanzo y a «las cosas de comer», es incapaz de suscitar ilusión. ¿Será que, en contra de lo que piensan algunos, no votamos únicamente con la cartera sino que ponemos corazón en ese acto? ¿Será que anhelamos un mínimo de convicción y unas gotas de entusiasmo?
Si las urnas gallegas y vascas confirman lo que los sondeos apuntan, habrá llegado el momento de rectificar el rumbo y cambiar de seleccionador. Será la última oportunidad de elegir democráticamente un sucesor o prepararse para una debacle en las generales.
INSOLENCIA PASAJERA
R. MARTINEZ-SIMANCAS
El buen profesor
La última lección de Derecho la ha impartido Jesús Neira a los pies de una cama en un hospital de Madrid. Está más delgado pero vivo, las manos más huesudas pero firmes, y la mirada igual a la que aparece en una vieja foto vestido de catedrático en un acto universitario. Sobre la cabeza no lleva un birrete sino un tubo de oxígeno. El golpe traicionero que le dio el todavía presunto agresor, Antonio Puerta, le tumbó en el suelo pero no consiguió derribar sus ideas. Pedro Blasco, autor de la exclusiva para EL MUNDO, nos ha traído la mente intacta del profesor que afirma que volvería a mediar en una agresión contra una mujer. Y lo dice quien ha sufrido una de sus peores consecuencias, una persona que no teme al miedo.
Neira, que ha estado a las puertas del limbo durante cinco largos meses, no dudaría en volver a actuar de la misma forma, aún sabiendo que no es posible repetir la misma suerte y que actuaciones como la suya se suelen pagar con la vida. Lo que nos podemos preguntar es cuántas veces la mujer agredida volvería a denostar la actitud valiente del profesor, y cuántas veces más está dispuesta a cobrar en televisión por decir que su pareja es un buen chico aunque algo atolondrado (repetir con voz nasal el eslogan de aquel anuncio: «¡Las cosas que tiene mi novio!»). Ha hecho falta que Jesús Neira saliera del coma para que nos dijera que las agresiones crecen cuando nadie reacciona contra ellas, y que es en el entorno laboral, familiar y vecinal donde se cuecen odios ciertos que nadie se atreve a denunciar, salvo cuando aparecen los micrófonos para preguntar datos sobre la víctima. Entonces es cuando mucho hipócrita de pacotilla sostiene que eran unos vecinos normales que aparentaban llevarse bien, y hay hasta quién justifica la agresión basada en un arrebato pasional transitorio. Fariseos que engolan la voz para aparecer en programas de las tardes de la tele, cuyos testimonios cómplices se alternan con unas recetas para hacer un buen roscón de Reyes.
Si quiere Bibiana Aído hacer campaña de prevención de los malos tratos ya puede distribuir la entrevista de Pedro Blasco por todos los buzones y así aprenderemos que hay que reforzar a la Cultura frente a la violencia, tal y como admite el profesor. Y de paso muchos tomarán nota de que no hay maltrato que sea inocente ni bronca de la que uno se pueda inhibir. Y de esa manera podremos llegar a la conclusión de que convertimos a Jesús Neira en héroe en la medida en la que no somos capaces de imitar su gesto. Tenemos por héroe a una persona normal que resuelve una situación extraordinaria; Neira no está por recibir medallas sino por repetir que cualquiera debería haber actuado igual. Esa distancia entre lo ideal y la realidad se paga con cinco meses de cama. Jesús Neira es un español coherente y de principios, por lo tanto alguien extraordinario.
ERASMO
Rehab I
Tal Amy Winehouse. Daddy, papá la lleva a Rehab (inciertas clínicas de desintoxicación). Y black vuelve al blues, que oyó la frase en remotas, misteriosas polifonías de junglas. O a la mano (derecha) de Glenn Miller, como una gaviota: metales en pie, voz humana y sordina del fiscorno. Amy los lleva a un urinario, frenopático musical: «I said noooo, noooo, no!», y el saxo barítono es un aparato sanitario más y. Chapeau
EL CORREO CATALAN
ARCADI ESPADA
Impíos deseos al empezar el año
Querido J: Al rito solar del Año Nuevo, el concierto de Viena (me paso las dos horas de valses fantaseando con el frío de fuera y la choucroute caliente y morosa que le espera al primer concertino: todo lo que me gusta me da hambre) y los saltos en Garmisch Partenkirchen se ha unido ya la pregunta de Edge. Al despuntar el alba, y con todas las ilusiones intactas, Brockman&Guests sacuden la resaca, preguntan y se responden. Lo hacen desde 1998 y este año proponen: «¿Qué es lo que va a cambiarlo todo?». El subtítulo lleva una consoladora precisión: se trata de cambios y desarrollos científicos que podamos ver en vida. El resumen de las ideas de Edge, la navajita más afilada de la cultura contemporánea, siempre es complicado. Excepto, claro está, en el caso de los dos o tres artistas que figuran cada año a modo de sansivieras: todas sus respuestas se pueden ignorar. Deberás fiarte, pues, de mi gusto y de mis obsesiones. También de las limitaciones del formato de la carta. Y, principalmente, de mis límites: no entiendo todas las respuestas. En todo caso, en www.edge.org tienes el catálogo completo.
1. Una nueva mente. Internet es la auténtica inteligencia artificial de nuestro tiempo. «En lugar de decenas de genios intentando programar una inteligencia artificial en un laboratorio universitario, hay mil millones de personas ejercitando los tenues destellos de inteligencia que emergen entre los cuatrillones de hipervínculos en la web». Kevin Kelly.
2. El 'homo evolutis'. El desarrollo de las células madre y las nuevas prótesis llevan a una conclusión: «Lo que hoy es interesante, 200 años después del nacimiento de Darwin, es que estamos tomando el control de forma directa y deliberada sobre la evolución de muchas especies, incluida la nuestra». Juan Enríquez.
3. El fin de la violencia. Las neurociencias podrán inhabilitar las condiciones cerebrales que facilitan el comportamiento violento. «Quizá descubriríamos un factor común entre los patrones del cerebro de alguien que está a punto de asesinar a un niño y un jefe de Estado firmando un proyecto de ley para iniciar un programa de armamento nuclear, o un ingeniero que está diseñando un nuevo tipo de bombas racimo. Todos ellos aceptan a un cierto nivel intelectual que es perfectamente correcto que sus actos causen daño o la muerte a otros humanos. Los cerebros de todos ellos, quizá, experimentan el patrón D, el patrón de la muerte». Karl Sabbagh.
4. El cambio de lo real, lo posible y lo imaginable. Y lo que es su consecuencia: el cambio en el programa moral de los seres humanos: «Ahora deja correr la imaginación. ¿Qué haría un chimpancé con la maquinaria generativa que tiene el hombre cuando realiza cómputos en el lenguaje, las matemáticas y la música? ¿Se podría imaginar lo antes inimaginable? ¿Y si le diéramos a un genio como Einstein los componentes clave que hicieron de Bach otro genio distinto? ¿Podría Einstein imaginar ahora diferentes dimensiones de la musicalidad? Estas mismas manipulaciones neuronales incluso hoy son posibles al nivel genético». Marc Hauser.
5. La revolución en la enseñanza. Internet conseguirá ampliar de modo exponencial la noción de maestro, que ya no dependerá del azar: «En el pasado, el éxito de cada uno dependía más bien de la suerte de contar con un gran mentor o profesor en el vecindario. La inmensa mayoría no ha tenido la suerte. Pero hoy, una joven nacida en Africa tendrá probablemente acceso, en 10 años, a un móvil con pantalla de alta resolución, conexión web y más potencia que el ordenador que tienes hoy. Podemos imaginarla adquiriendo cara a cara la comprensión, y eligiendo los grandes profesores del mundo. Tendrá una oportunidad para ser lo que puede ser. Y puede acabar siendo la persona que salve el planeta para nuestros nietos». Chris Anderson.
6. El fin de Babel. Observa este párrafo. «Aunque la comunicación de masas requiere de técnicas de traducción que superan nuestras capacidades actuales, las bases de esta tecnología ya se ha [sic] establecido y muchos de nosotros vivirá [sic] para ver una revolución en la traducción automática que va a cambiar todo lo relacionado con la cooperación y la comunicación en todo el mundo». Daniel L. Everett. El párrafo se ha traducido automáticamente del inglés.
7. La telepatía. Freeman Dyson habla desde sus 85 años. No espera ver grandes cambios en lo que le queda de vida. Pero anuncia que la telepatía dejará de ser una superstición. Y puede que comprenda e incluya a todos los seres vivientes. Este párrafo fascinante: «Cuando la radiotelepatía se extiende de los humanos a otras especies animales surge otro conjunto de oportunidades y responsabilidades. Experimentaremos entonces, directamente, el placer del vuelo de un pájaro o de una manada de lobos cazando, el dolor de un ciervo herido o de un elefante muerto de hambre. Sentiremos en nuestras propias carnes la comunidad de vida a la cual pertenecemos. No puedo evitar tener la esperanza de que compartir nuestros cerebros con nuestros semejantes nos convertirá en mejores gestores de nuestro planeta».
8. El cambio llegará por donde no se le espera. Carlo Rovelli bordea el pesimismo y está tentado de pensar que el progreso es un sueño. Pero se recupera y anota: «El tractor. La humilde máquina rural que ha cambiado nuestra vida quizá más que la rueda o la electricidad. ¿Otro ejemplo? La higiene. Nuestra esperanza de vida casi se ha duplicado gracias a poco más que lavarse las manos y darse duchas. El cambio llega a menudo por donde no se le espera. La famosa nota de los altos directivos de IBM al comienzo de la historia de la computadora consideraba que 'no había mercado para más de unas pocas decenas de ordenadores en el mundo'».
9. La infancia perpetua. Alison Gopnikn ve en el mantenimiento de la plasticidad del cerebro infantil el gran horizonte. Los niños y su cerebro abierto son el I+D de la Humanidad. Pero se pregunta: «Si somos niños para siempre, ¿quiénes serán los padres? Si somos todos niños ¿quiénes serán los adultos?».
10. Cerebro Crtl+c/Crtl+v. Descarga de conciencia. Y tal vez su descargo. David Eagleman no cree que la medicina sea capaz de controlar el desgaste del cuerpo de una manera decisiva. Pero vislumbra un camino alternativo: «Mucho antes de que entendamos cómo funciona el cerebro, seremos capaces de copiar digitalmente la estructura del cerebro y de descargar la mente consciente a una computadora».
11. Una muy, muy buena batería, dice el físico John D. Barrow sin dar más detalles, ni falta que hace.
12. El teléfono móvil. El matemático Keith Devlin casi se disculpa en estos términos: «[El móvil] pone la conectividad global, el inmenso poder computacional y el acceso a todo el saber mundial amasado durante muchos siglos en manos de cualquiera. El mundo nunca ha estado antes, jamás, en esa situación. Eso lo cambiará realmente todo. Desde el modo en que los individuos viven sus vidas, al modo en que la riqueza y el poder se distribuyen en todo el planeta. Es la tecnología democratizadora definitiva. Y si mi respuesta parece menos afilada o científicamente sexy que muchas de las otras que habéis recibido, creo que sólo demuestra lo drástico y omnipresente que el cambio ha sido ya».
13. La vida eterna. Frank J. Tippler es uno de los grandes físicos universales. Tiene algo muy particular, sin embargo: es creyente y confía ciegamente en la eternidad: «Desarrollaremos la tecnología definitiva que, al transferirse con manos vacilantes a nuestros sucesores finales, las inteligencias artificiales y las descargas (downloads) humanas, nos permitirán expandirnos en el espacio interestelar, asaltar el universo y vivir para siempre».
14. El fin del CO2. Atiende: «Una serie de placas solares que, en conjunto, cupieran en una esquina de Tejas, podrían generar tres terawatios. En el transcurso de 10 años, tres terawatios podrían proveer la suficiente energía para eliminar todo el exceso de carbono que la raza humana ha añadido a la atmósfera desde que comenzó la Revolución Industrial. Por lo que afecta a las emisiones de carbono, esto arreglaría el problema».
15. La curiosidad. Daniel Dennett necesita poco comentario: «El sexo recreativo, la comida recreativa y la percepción recreativa (alucinógenos, alcohol) han sido populares desde la época romana, pero ahora estamos al borde de las autotransformaciones recreativas que dejarán pequeñas las modificaciones con las que se dieron el gusto los romanos. Cuando ya no necesitas comer para seguir vivo, o procrear para tener vástagos, o moverte para tener una aventura, cuando los instintos residuales hacia estas actividades puedan ser desactivados mediante la manipulación genética, no quedará ninguna constante humana. Excepto, quizás, nuestra incesante curiosidad».
16. Neurocosmética. Marcel Kinsbourn ha visto en la cirugía cosmética las resistencias y luego el asentimiento. Piensa que sucederá lo mismo respecto a la estimulación cerebral profunda. «La experiencia muestra que aquellas reservas respecto a la autenticidad son teóricas. La nariz retocada, el pecho, los muslos o el tono de la piel se convierten en la nueva realidad de la persona, sin importantes reacciones sociales adversas. Incluso los transplantes faciales son ya viables. Las consideraciones que surjan de la estimulación cerebral profunda están presentes, a escala menor, en la cirugía cosmética».
17. La escritura de la vida. Estas tremendas palabras de Craig Venter: «Tal como hemos aprendido en los 3.500 millones de años de evolución, convertiremos miles de millones de años en décadas y cambiaremos, no sólo conceptualmente, el modo como vemos la vida misma».
18. La verdad. Sam Harris descubre en las investigaciones neurológicas el detector de mentiras perfecto. «Cuando se evalúa el coste social del engaño, uno debe considerar todas las fechorías: infidelidades matrimoniales, estafas Ponzi, asesinatos premeditados, atrocidades terroristas, genocidios, etcétera, que están nutridas y apuntaladas, a cada momento, por las mentiras. Visto en este contexto más amplio, el engaño se plantea en sí, quizá por encima de la violencia, como el principal enemigo de la cooperación humana. Imagina cómo cambiaría nuestro mundo si, cuando la verdad importara realmente, se hiciese imposible mentir».
Ahora, querido amigo, cierra la pantalla y vuelve a Zapatero, Rajoy y a don José Montilla.
Sigue con salud.
A.
TRIBUNA LIBRE
JAVIER REDONDO
El Partido Popular y el grial de las emociones
Han pasado nueve meses desde las últimas elecciones generales y seis desde el Congreso de Valencia y no parece que el Partido Popular haya resuelto felizmente, a pesar de los esfuerzos realizados, algunos de sus problemas. Me refiero principalmente a dos: el de la comunicación y el del liderazgo. Sitúo deliberadamente en primer lugar el de la comunicación porque es el que vamos a tratar aquí y porque solventándolo primero facilitaría a su vez la resolución del segundo más que a la inversa. También porque, para muchos, el verdadero problema es que comienza el año I después de Rajoy pero con Rajoy. De modo que los populares deben doblar la inversión en capital comunicativo para explicar a votantes y no votantes en qué consiste la jugada maestra, si la hay.
Pues bien, analicemos las asignaturas pendientes del PP en el plano de la comunicación partiendo precisamente de dos aciertos: el primero de ellos es la presencia en sus filas como arietes de María Dolores de Cospedal y Esteban González Pons. Ambos reúnen todas las cualidades para encandilar a la afición y, sin embargo, el equipo no acaba de despegar. Lo tienen todo para enamorar, pero no enamoran. El segundo acierto es el último vídeo lanzado por el partido para felicitar las fiestas navideñas. Por fin un éxito de la factoría de imágenes donde todas las piezas encajan y nada chirría, una tecla afinada.
Este vídeo, disponible en la web del partido, en youtube y en otros enlaces, muestra a destacados líderes del PP durante su infancia manifestando sus sueños: «Quiero futuro, oportunidades, igualdad, trabajo...», pide cada uno de los niños en la primera parte del spot. «Y lo sigo queriendo», repiten después los mayores manteniendo intactos sus deseos. Aquí hay material para la construcción de un relato. Esta campaña es muy parecida a la iniciada por Basagoiti en el País Vasco, pero indudablemente tiene más alma (Basagoiti ha promocionado dos vídeos, pero sólo con uno toca fibras sensibles, precisamente con el que aparecen niños: ellos son el futuro).
El spot navideño muestra una vez más que el PP estaba ansioso por dotarse de un relato, pero también demuestra que, lamentablemente, hasta el momento no había acertado con la mecánica de la original técnica -no ya tan novedosa- de comunicación política: construir un relato es mucho más que presentar, biografiar y humanizar a un candidato. ¿Se acuerdan de la campaña iniciada por Rajoy en el espacio facebook en la que nos daba a conocer su lado humano? No era suficiente. ¿Se acuerdan de la llamada telefónica del líder popular un mes y pico antes de las elecciones? «Hola, soy Mariano Rajoy, ¿dónde te has metido?». Los dos ingredientes son imprescindibles para cocinar el caldo del relato, pero fallaron los tiempos, la medida, la combinación...
El relato es principalmente el discurso. Es el hilo conductor de una estrategia a largo plazo. El relato se construye a partir de una palabra, o dos, o tres; una idea, o dos, o tres, a lo sumo; a partir de una frase sobre la que pivotan todas las argumentaciones políticas consideradas adyacentes, afluentes que convergen en esa línea maestra. El relato es el eje, el kilómetro cero, el propósito, el porqué, el punto de partida de un trayecto que empieza el día después de unas elecciones y se mantiene vivo durante la acción de gobierno tras ganar las siguientes. Por eso no se puede improvisar, ha de ser creíble y convincente. Todo eso lleva su tiempo y el PP ha perdido bastante. Por otro lado, preocupa pensar las razones por las que el PP ha dejado escapar tantas oportunidades de construir su relato en torno a la solidaridad interterritorial.
Ahora, como ha aparecido un libro que nos habla de esto de las storytelling (subtitulado La máquina de fabricar historias y formatear las mentes, ahí es nada) y Obama ha ganado con un relato formidable las elecciones americanas (basado en la esperanza, el cambio y la interetnicidad), parece que hemos descubierto la pólvora. Sin embargo, el libro sólo ordena, sistematiza, aclara y completa -eso sí, con mucha brillantez- nociones ya conocidas en el innoble arte de la persuasión política -muchas de ellas extraídas del mundo de la publicidad-, y Obama no ha hecho cosa distinta de lo que también magistralmente hiciera Bush. Más aún, si nos fijamos en las campañas socialistas de 2004 y 2008, identificaremos rápidamente los parámetros del relato: verdad y alegría, respectivamente.
Con esto quiero decir que al PP no le basta con situar en la vanguardia gestos amables que representen los valores en alza o las últimas tendencias en la pasarela política: juventud, modernidad, simpatía, desenfado, cercanía, elegancia, atractivo, apariencia o lo que quienes pertenecen a otra generación llamarían, en resumidas cuentas, buena presencia; ni confiar en que la situación económica se deteriore hasta tal punto que, por arte de birlibirloque, los españoles vuelvan a asociar al PP con eficacia en la gestión. Los populares tienen que articular y comunicar un mensaje, no recitar una letanía. No es lo mismo expresar de manera monocorde que las medidas de Zapatero no son las acertadas para salir de la crisis, perjudican a las familias y que el presidente da palos de ciego; que, modulando los tonos de voz, cerrar cada intervención pública: «Ya lo hemos hecho una vez, en circunstancias mucho más duras y más difíciles, y, con vuestra ayuda y el esfuerzo de todos vosotros, lo volveremos a hacer. Sencillamente porque sabemos».
Una vez Rajoy se descolgó con unas palabras que muchos ciudadanos desearían volver a escuchar, aunque sólo fuera para dotarse de un asidero en medio de la incertidumbre, aunque sólo fuera como consuelo: «Puedo formar 50 gobiernos infinitamente mejores que los de Zapatero» (EL MUNDO, 11 de septiembre de 2007). Y luego debería entonar la alineación de memoria. Sin esconder a ninguna de sus estrellas.
¿Qué diferencia hay entre un discurso y otro? Primero, la búsqueda de las emociones. Segundo, la búsqueda de la implicación de la audiencia. Tercero, la autoestima, la convicción, la confianza en las propias posibilidades. Es cierto que las fórmulas manidas pierden progresivamente eficacia y vigor, y que este mensaje es una variante -si quieren ramplona- del «yes we can», pero el PP tiene la obligación de transmitir algo.
Respecto de las emociones, los simpatizantes populares están bien faltos de ellas. El PP no conmueve. A la oposición durante la anterior legislatura se le podrán achacar errores, pero no que no conmoviera (sin duda, en este sentido, uno de los mejores vídeos de la campaña de 2008 fue promovido por Nuevas Generaciones, pero ¡ay!, lo protagonizaba María San Gil). El relato debe despertar emociones porque éstas constituyen un pilar esencial en el devenir político. La razón no es suficiente. Los individuos tomamos gran parte de nuestras decisiones en la vida con el corazón, éstas tienen un componente más emotivo que cerebral, solamente las revestimos después de racionalidad para justificarlas.
Por otro lado, es imprescindible que el relato cuente con la implicación y complicidad de los ciudadanos para que éstos se sientan involucrados en él, protagonistas de la historia que contiene. Conectar con ellos es integrales en el proyecto, trasladarles parte de la responsabilidad de la tarea de llevarlo a cabo, una manera de fomentar la participación. Conectar es caer bien, pero también es identificarse, empatizar, entender y confiar. De este modo, el voto es, finalmente, un trueque de confianza.
Por último, la construcción de un relato es indispensable para dominar el escenario donde se desarrolle el debate político. Si un relato es eficaz, toda discusión girará en torno a las ideas contenidas en el relato propio. Eso implica asumir riesgos. Obama los asumió y triunfó. Consiguió que la campaña versara sobre las cuestiones que él situó en la agenda, por muy difusas, etéreas y ambiguas que fueran (ya habría tiempo luego de ponerle rostro o dotar de significado a esas bellas palabras). Las elecciones presidenciales consistieron en una discusión sobre sus nociones. Esto, además, permite al que domina mantener el tono constructivo y positivo, y obliga al adversario a asumir el papel destructivo. McCain dedicó parte de la campaña a tratar de desmontar los castillos en el aire levantados por el angelical Obama, que ha demostrado -como Bush, como Zapatero- que la política es una suerte de narración coherente, no tanto una actividad orientada a la gestión de recursos.
Christian Salmon, autor del libro antes citado, explica respecto del cometido de la comunicación política: «Ya no se trata de informar eficazmente al público sobre las decisiones del Ejecutivo, esforzándose por controlar la agenda política, sino de crear un universo virtual nuevo, un reino encantado poblado de héroes y de antihéroes, en el que el ciudadano-actor es invitado a participar como un lector cautivado por una historia que sigue su curso legendario». Añade dos elementos muy importantes para lo que queremos decir: que la técnica del relato rivaliza con el pensamiento lógico y que la historia está dirigida al niño que llevamos dentro. Así las cosas, tanto hemos criticado al presidente del Gobierno por su buenismo y, miren por dónde, resulta que ahí radica parte de su éxito y, paradójicamente, de su fortaleza, precisamente en el pensamiento Alicia del que hace gala.
Aunque parezca descabellado compararlos, en un mismo universo -el del reduccionismo más absurdo- pero empleando registros diferentes se movía Bush al librar su guerra contra el terror y presentarse como comandante en jefe y adalid protector de los americanos y su libertad. Para Zapatero, la diferencia entre buenos y malos radica en la distinción entre izquierda y derecha; para Bush, es la que divide a Occidente del fundamentalismo islámico. Por favor, vean este vídeo que les recomiendo, www.youtube.com/watch?v=LWA052-Bl48 [es la historia de un abrazo: el de Bush a una adolescente que perdió a su madre el 11-S] y les aseguro que verán con claridad muchas cosas, casi todas las que se han dicho sobre el inmenso potencial de las emociones en la política y algunas que quedan por aclarar pero que nos sumirían inevitablemente en la más profunda melancolía.
Javier Redondo es profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III de Madrid.
ASUNTOS INTERNOS
LUCIA MENDEZ
De todos los cuentos de Navidad que hemos oído este año, el mejor se titula Los educadores. Va de un tema de mucha actualidad, tiene moraleja, se desarrolla en Nueva York, se parece mucho al original de Dickens y, lo más importante, no es un cuento, sino un hecho real. Ebenezer Scrooge se llama ahora Bernard Madoff, alias Bernie. No es prestamista, sino estafador. Los fantasmas que se le aparecen por la noche para recordarle su avaricia son Los educadores.
El cuento empieza un día antes de la Nochebuena, el 22 de diciembre, cuando alguien entra en una lujosa mansión, valorada en 9,3 millones de dólares, donde Bernie sigue viviendo tan tranquilo, a pesar de sus delitos. Los asaltantes se llevan, que se sepa, una estatua. Es un robo raro que tiene su propia justicia poética. «Quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón», dice el refrán. Una semana más tarde, cerca del Club de Palm Beach de Florida, en cuyos lujosos salones Bernie reclutaba a sus millonarias víctimas, dos personas encuentran una estatua entre los arbustos y llaman a la Policía. El sorprendido agente George Frick comprueba que la estatua lleva adosada una nota en la que se puede leer: «Lección para Bernie, el estafador. Devuelve lo robado a sus legítimos propietarios. Firmado: los educadores». No hizo falta el FBI para averiguar que la obra de arte pertenecía a Madoff y que los ladrones eran en realidad gente honrada, fantasmas de la Navidad presente que se le aparecían al Scrooge de Wall Street para darle una lección moral.
Los fantasmas de Bernie, además de honrados, imaginativos y originales, son gente ilustrada y cinéfila. Pocos miles de espectadores en todo el mundo han visto la película en la que se inspiraron para hacer realidad el cuento. La dirigió en 2004 el alemán Hans Weingartner y se estrenó en Estados Unidos con el título The edukators. Un grupo de jóvenes contestatarios irrumpe por la noche en las mansiones de los millonarios, donde montan fiestas, remueven los muebles y vacían los cajones. Cuando se van dejan una nota: «Tus días de riqueza están contados».
Todos los espectadores de este cuento aplaudimos a rabiar a los educadores. Como los niños cuando Scrooge se vuelve bueno y da el dinero a los mendigos. Ya nos gustaría enviar notas manuscritas a las casas de algunos Bernies que tenemos alrededor. Porque hay muchos Madoff. Jim Hoagland, el columnista del Washington Post que alabó a Zapatero, ha escrito que si «leemos con tanta avidez todo lo que se refiere a Madoff es porque, en el fondo, Bernie es uno más de nosotros. Sacó lo que le dejaron mientras pudo. Nuestra generación del Desmadre ha tenido las mejores oportunidades financieras, tecnológicas y políticas de la Historia y las hemos explotado para nuestro propio placer, avaricia y ego. Tuvimos lo que pagamos y también lo que no podíamos pagar».
Tal vez debajo de todos nuestros árboles de Navidad, los Reyes Magos debieran dejar una nota: «Los días de derroche y de vivir por encima de nuestras posibilidades se han acabado».
SABATINA SABATICA
MANUEL HIDALGO
Avioncitos
El otro día, mientras tomaba café en un bar, me sorprendí haciendo un avioncito con una servilleta de papel. Es un ritual de ensimismamiento, pero no sé si lo primero es caer en la intimidad con uno mismo y luego viene lo de hacer el avión, o es al revés. El caso es que le di alguna importancia, pero no puedo precisar qué importancia le di.
Lo inmediato fue pensar en la infancia. Hacíamos avioncitos de papel en el colegio: para lanzarlos por el aire viciado del aula a espaldas del profesor, para que planearan desde la ventana de la clase, para hacerlos volar en el patio. Morro fino y equilátero con dobladillos hacia adentro, surco a lo largo y alerones finos y hacia arriba en los laterales. Ese era el esquema básico. Algunos expertos en esta papiroflexia, hacían una variante con una tripa o presunto motorcillo en la delantera. Los había alargados, muy estilizados, con vocación de cohetes, y mochados, casi cuadrados. Solíamos insuflarles aliento en la punta, en la creencia de que así volarían mejor.
El niño se fascina ante lo que vuela, y ya quiere volar como vuelan las aves. Como quieren volar los hombres. Como vuelan los héroes. Volar es libertad, ascenso, superación de las limitaciones. Deseo. Entre todos los animales heridos, ninguno nos entristece más que el pájaro caído y con las alas rotas. Será por algo. Dice Jáuregui en su último y póstumo libro que el hombre cansado pide tierra. Volver a la tierra, que le den tierra, ser enterrado. El origen es el polvo. Pero el niño que no conoce el cansancio y el hombre con ilusiones quiere volar, tocar el cielo, mirar desde arriba a lo lejos. Los avioncitos aquellos acababan pronto en el suelo como palomas abatidas y muertas. Su vuelo breve tenía el encanto de la hermosura efímera, de la fragilidad que se sobrepone a sí misma, del desafío que sale adelante, de lo imposible que se vuelve posible durante unos instantes.
Los padres enseñaban a los hijos -todavía lo hacen, quiero creer- a hacer estos avioncitos para proporcionarles un momento de maravilla y, seguramente, para aparecer ante ellos como magos capaces de lograr un pequeño prodigio inimaginable. Como las espadas de madera, los gorros de papel de periódico o las capas guerreras simuladas con los abrigos, los avioncitos eran una modesta forma de poner en pie una épica humilde, que sólo en la ilusoria pantalla del cine alcanzaba su lujosa plenitud.
Saboreaba, con el avioncito, mi magdalena, y me preguntaba si hoy los niños hacen menos avioncitos de papel. No los veo, desde luego, sobre las aceras ni entre las mesas de las terrazas de verano. Los ojos son selectivos. Uno ve todo el rato mujeres embarazadas y cochecitos de bebé cuando está esperando un hijo y carteles que anuncian pisos en venta cuando busca casa. Uno ve espejos cuando busca mirarse. Perdí mis ojos de niño.
Lo bonito es contar, peores son las interpretaciones. Hice mi avioncito y lo guardé en un bolsillo. «El pensamiento vuela y las palabras caminan. He aquí el drama del escritor», dijo Julien Green.
EL MUNDO QUE VIENE / SARI NUSSEIBEH:
«Los palestinos seríamos más fuertes frente a la violencia israelí si sólo recurriésemos a la protesta pacífica»
CARGO: Rector de la Universidad Al Quds de Jerusalén / FORMACION: Licenciado en Filosofía en Oxford y doctorado en Filosofía islámica por Harvard / EDAD: 59 años / CREDO: «La religión es materia privada» / AFICIONES: La música y el excursionismo / SUEÑO: Concluir sus estudios de filosofía
Los Nusseibeh son una de las sagas de más abolengo de Jerusalén, ciudad a la que sus ancestros llegaron en el siglo VII de la mano del califa Omar. De hecho, la familia ejerce como custodia de las llaves que dan acceso a la Iglesia del Santo Sepulcro desde hace 500 años. Un linaje en el que el abuelo del intelectual palestino fue uno de los principales dignatarios de la villa sagrada durante el mandato británico, y su padre Anwar ejerció lo mismo como guerrillero que como ministro de Defensa jordano o gobernador de Jerusalén.
Pese a un legado cargado de historia, Sari Nusseibeh se ha caracterizado siempre por mantener una actitud tan racional como inusual en un entorno dominado por las pasiones y el absolutismo religioso. Un comportamiento tan singular que le llevó a enrolarse como voluntario en un kibbutz israelí tras la guerra de 1967 por el afán de «conocer mejor» a quienes habían derrotado a su pueblo.
Filósofo educado en Oxford y Harvard, Nusseibeh ha defendido la coexistencia entre árabes y judíos, significándose por sus desplantes a la opinión general de ambas comunidades. En los años 80, cuando tanto Tel Aviv como los palestinos se ignoraban mutuamente y se aferraban al simple ejercicio de la lucha armada, el profesor universitario se atrevió a defender un Estado secular unitario de musulmanes, judíos y cristianos basado en principios democráticos como los que rigen en Europa, al margen de planteamientos religiosos. Incluso llegó a entrevistarse con políticos de la ultraderecha israelí, un anatema en esa fecha para las dos sociedades.
Los israelíes lo consideraron poco menos que un iluminado. «Un carácter exotérico», llegaría a decir de él décadas después el ministro Tzahi Hanegbi. Los militantes de Fatah, el partido de Yaser Arafat, fueron más explícitos. Le hicieron comprender su rechazo con una monumental paliza. Más tarde Nusseibeh se convirtió en uno de los animadores de la primera Intifada que para él personificaba el movimiento popular de desobediencia civil que siempre había imaginado. Muy al contrario de lo que ocurrió con la llamada Intifada de Al Aqsa. El profesor fue uno de los primeros en condenar el recurso a los suicidas y en criticar la militarización del nuevo alzamiento.
En pleno ciclón de violencia, se atrevió a apadrinar junto al ex jefe del servicio secreto israelí Ami Ayalon una iniciativa de paz basada en la retirada del ejército de Tel Aviv a la línea divisoria de 1967 y el establecimiento de dos estados. Decepcionado, Nusseibeh empieza ahora a dudar sobre el futuro factible de ese proyecto delineado también en Oslo y ha retomado como hipótesis intelectual la misma tesis que ya promovió hace décadas: un único Estado de ciudadanos y no de etnias. Nuestra conversación con él se produce días antes del ataque israelí a Gaza, que en las últimas jornadas se ha cobrado la vida de más de 400 personas.
PREGUNTA.- Usted es considerado como uno de los principales defensores de la resistencia no violenta contra la ocupación de Israel, pero, ¿por qué no existe en la sociedad palestina un movimiento pacifista tan activo como el israelí Paz Ahora?
RESPUESTA.- No lo sé. Los palestinos siempre hemos recurrido a métodos de resistencia no violenta, pero combinados con otras acciones. Deberíamos preguntarnos por qué los palestinos no hemos entendido que seríamos más fuertes frente a la violencia israelí si sólo recurriésemos a la protesta pacífica. No defiendo este principio de forma absoluta. Por ejemplo, si usted me dice que hay un país X, que está cometiendo masacres, violaciones masivas de los derechos humanos y que la única forma de detener esa tragedia es recurrir a la violencia, apoyaría esa opción. Pero el conflicto entre israelíes y palestinos nos ha enseñado que la violencia mutua no ha podido doblegar el espíritu de los dos pueblos. Sólo serviría si alguna de las dos partes está dispuesta a usar esa violencia de forma extrema y exterminar al adversario. Tenemos que ser conscientes de que cuando un día se disipe el polvo que ha creado la tormenta tendremos que seguir viviendo juntos.
P.- Es una idea similar a la que recogía el texto que advertía que «los atentados suicidas sólo aumentan el odio y la división entre palestinos e israelíes» y que usted suscribió al inicio de la última Intifada descalificando esas acciones.
R.- Sí. Durante la primera Intifada (a partir de 1987), ya escribí un artículo en el diario israelí The Jerusalem Post, donde condenaba el apuñalamiento de un judío en la ciudad vieja de Jerusalén, titulado Porque somos seres humanos. Pienso que la principal tragedia de los palestinos sería perder nuestros valores humanos, convertirnos en máquinas de hacer la guerra.
Mi principal esfuerzo como dirigente de aquel primer movimiento fue mantenerlo dentro de los cauces de una campaña de desobediencia civil y lo conseguimos en gran parte. Recurrimos a acciones como no pagar impuestos, no comprar productos israelíes, desobedecer sus órdenes, abandonar el trabajo en la Administración civil -controlada por Israel-. Fue un enorme éxito porque nos ganamos en masa a la opinión pública europea y a gran parte de los israelíes para los que también era un escándalo ver a sus soldados aplastando la vida ordinaria de jóvenes y mujeres.
Pero la utilización de la violencia nos está haciendo perder ese apoyo. Ahora los europeos están desarrollando un sentimiento antiisraelí y no propalestino, lo que también es contrario a mi filosofía. No quiero que me apoyen porque sean antiisraelíes o antijudíos, sino porque entiendan que estoy luchando por mis derechos.
P.- ¿Cuál es el daño que ha sufrido la imagen del islam a causa precisamente de acciones como los atentados suicidas?
R.- Desafortunadamente, el islam ha sido enlodado por gente que lo utiliza como bandera. Empezando por aquel suceso en el que los talibán destrozaron en Afganistán las estatuas de Bamiyán. Aquello fue una señal premonitoria en contra de toda forma de creatividad humana, del arte y la tolerancia. Después ocurrieron cosas como los atentados de Nueva York o el de España. Cada vez que pasa algo así lo entiendo como un tremendo golpe al concepto real del islam con el que crecí. Es triste, pero somos los musulmanes los que nos disparamos en el pie.
P.- Un amplio sector de la sociedad palestina le censura que no hable en demasía de la violencia que ejercen los israelíes.
R.- No establezco diferencia entre clases de terror. Cuando digo que estoy en contra de la violencia por supuesto que incluyo a la israelí, que es muy superior a la que aplican los palestinos. La simple ocupación ya es la peor forma de violencia porque me han robado mis derechos por la fuerza. Pero el problema estriba en que si sólo condeno la muerte de palestinos y no la de israelíes pierdo el refrendo moral.
Cuando Ariel Sharon se disponía a construir el muro, di una conferencia en Bir Zeit (la principal universidad de Ramala, en Cisjordania) en la que dije que los palestinos nos estamos dejando utilizar como conejillos de indias en el laboratorio israelí. Sharon siempre quiso edificar ese muro y dividir Cisjordania en cantones, pero necesitaba la excusa: los suicidas. Y puse un ejemplo. Tras una de las terribles rondas de violencia de la segunda Intifada, Yaser Arafat aceptó una tregua y dio órdenes a Fatah para que detuvieran los ataques. Se instaló la calma, pero repentinamente tropas especiales israelíes aparecieron en Tulkarem y mataron a un significado líder local de Fatah. La gente se volvió loca y retomó los atentados suicidas. Sharon consiguió más apoyo en la opinión pública israelí y europea, y se lanzó a la construcción del muro. Es el factor conejillo de indias. Nos pinchan y nosotros saltamos. Es una táctica que usan desde hace años. Para mí ésta es una pelea entre los palestinos y el líder israelí para ver quién consigue ganarse a la opinión pública israelí. Creo que si no obtenemos el apoyo de la mayoría de los israelíes también perderemos.
P.- ¿Fue un error palestino optar por el modelo de lucha anticolonial argelino en vez de copiar el sudafricano que abanderó Nelson Mandela contra el Apartheid?
R.- Los palestinos hemos cometidos muchísimos errores. El primero fue no presentarnos en Londres cuando Inglaterra sacó la llamada resolución Balfur en 1917 -que establecía la necesidad de crear un Estado judío en lo que entonces se llamaba Palestina- para preguntarles quépensaban hacer con nosotros. Después surgió otro proyecto en los años 30 que hablaba de una división tripartita entre musulmanes, judíos y cristianos. Tampoco lo aceptamos. Nos negamos asimismo a la partición en 1947 e incluso seguimos negando a Israel después de la derrota de 1967. A los palestinos siempre nos llevó mucho tiempo considerar a los judíos como una población con los mismos derechos que los nuestros. Nos creíamos los únicos propietarios de la tierra. Es cierto que seguíamos el modelo argelino. Queríamos expulsar a los colonos y no hemos pedido igualdad de derechos como Mandela en Sudáfrica. Por eso cuando a mediados de los 80 se me ocurrió exigir la anexión a Israel mis amigos intelectuales pensaron que me había vuelto loco.
P.- El pasado septiembre, la Conferencia del Comercio y Desarrollo de Naciones Unidas concluyó que, a diferencia de lo que había previsto Oslo, la Autoridad Nacional Palestina (ANP) ha terminado por disponer de menos poderes que un ayuntamiento de Suiza. ¿Qué opina?
R.- Mire, creo que la ANP debería simplemente disolverse. Respeto a la ANP y a su primer ministro, Salam Fayad, pero creo que ya sólo contribuye a mantener esta situación inaceptable de ocupación continuada. Pienso también que los europeos deberían dejar de subvencionar la ANP salvo que ese dinero fuera supeditado a la conclusión de un acuerdo inmediato con Israel o que esos fondos se destinaran al proyecto de anexionarnos a Israel. Están pagando con sus impuestos a 160.000 personas (los funcionarios de la ANP) que no necesitamos. No queremos fuerzas de seguridad palestinas. Ahora tenemos menos seguridad que antes de que llegaran. Sólo hemos conseguido que la policía de Fatah torture a la gente de Hamas y viceversa. La presión americana está consiguiendo el mismo resultado que en Irak: el colapso de la sociedad palestina. Por eso lo mejor es acabar con la ANP. De todas formas si Abu Mazen insiste en quedarse en el poder a partir de este mes de enero -fecha en que acaba su mandato- sin convocar elecciones, se enfrentará a una sublevación popular que acabará con la ANP.
P.- ¿Intuyo que está criticando la postura de la Unión Europea en el conflicto?
R.- Llevamos décadas explicando a los europeos y norteamericanos que no necesitamos mendigar dinero, que no nos enfrentamos a un problema económico, sino político. ¿Qué es lo que hacen? Le dan bolsas de dinero a Salam Fayad para que vaya por ahí comprando a la gente y antes hacían lo mismo con Mohamed Dahlan en Gaza. Le voy a ser sincero. Creo que vamos a la guerra civil y pienso que podría empezar muy pronto. Eso significaría, además, el final de la hipótesis de los dos estados. Porque, además, creo que en Israel Tzipi Livni perderá las elecciones contra (el ultraderechista) Benjamín Netanyahu y éste a su vez será sustituido en el futuro por gente todavía más radical.
P.- ¿Cuál es la alternativa entonces?
R.- Sigo pensando que la fórmula que nos haría sufrir menos a ambas partes es la de los dos estados, pero esa opción se nos está escapando entre los dedos como arena. Es ahora o nunca, porque si no lo conseguimos durante este año ya será imposible desembarazarnos de la realidad binacional en la que hemos estado viviendo durante las últimas cuatro décadas. Si piensas en abstracto, por supuesto que lo ideal es un Estado único. Es mi gran sueño. En realidad, la idea de uno o dos estados no debería ser tan importante. Lo crucial es que ambos pueblos aprendieran a vivir juntos manteniendo el respeto y la dignidad mutua.
P.- ¿Cree que Oslo fue un fracaso?
R.- No pienso que fuera un desastre total, como dijo Edward Said, otro gran intelectual palestino defensor de la no violencia. Fue un paso positivo. En aquellas fechas todos estábamos entusiasmados pero ni palestinos ni israelíes estuvimos a la altura del desafío. Siempre digo que es como dos padres que tienen un hijo. El nacimiento es maravilloso. Pero esos dos padres se olvidaron de ayudarle a crecer y el niño murió.
«Al final comprendí que lo menos doloroso son dos estados divididos»
Desde hace meses, y a tenor de los últimos acontecimientos, ha comenzado a cuestionarse la viabilidad de la existencia de dos estados -uno israelí y otro palestino-, pero en 2003 usted fue uno de los artífices de un proyecto en tal sentido, al que llamaron La Voz del Pueblo, y que cosechó decenas de miles de firmas de apoyo en ambas comunidades.
- Yo no comencé mi carrera ideológica desde la base de la necesidad de los dos estados. Siempre defendí un Estado democrático e igualitario para todos sus ciudadanos. Pero al final me convencí de que los dos pueblos, israelíes y palestinos, querían vivir en dos estados y me di cuenta que era la solución menos dolorosa para alcanzar un acuerdo. Por eso surgió aquel plan.
¿Qué ha pasado con esa iniciativa? ¿Otro plan de paz fracasado?
- Intentamos romper el bloqueo de la situación actual iniciando un movimiento popular de base. Entonces, en 2003, existía una gran masa, una gran piscina, donde encontrar apoyo a esas ideas. Pero Arafat murió y Sharon desapareció del escenario. Nos quedamos con Ehud Olmert y Abu Mazen. Este era la persona ideal. Su único objetivo era conseguir un acuerdo. Pero los israelíes no se movieron ni un centímetro y la ANP perdió toda su credibilidad. Ahora ya no hay piscina, sólo hay una enorme frustración.
Uno de los puntos más conflictivos de esa propuesta era el que asume que los refugiados palestinos no volverán nunca a los territorios de los que fueron expulsados...
- Me gustaría ir al Líbano o a Siria para explicárselo a ellos en persona. Les diría algo muy simple: no vengo a leeros un poema o a cantaros una canción sobre el pasado. Vuestra vida es miserable y vengo a ofreceros una opción para salir de esa miseria. En mi imaginación pensaba que si algún día existía el Estado palestino podríamos construir barrios para esos refugiados, con piscinas y colegios. Estarían viviendo a menos de 50 kilómetros de las aldeas donde nacieron. Podrían vivir en su tierra. No tendrían que sentirse extranjeros en otros países como ahora. No podemos hacer regresar el reloj y quien siga insistiendo en que los refugiados volverán a sus pueblos o les está vendiendo una quimera o les está mintiendo. ¡No podrían volver porque esas aldeas ni siquiera existen ya, fueron arrasadas por los israelíes, incluida la que vio nacer a mi madre!
LA CUESTION
- Existe un incipiente movimiento de boicot internacional en contra de Israel, que sus artífices vinculan a la protesta similar que se adoptó contra Sudáfrica durante la era del Apartheid. Sin embargo, usted se ha declarado opuesto al boicot de profesores y universidades israelíes. ¿Por qué?
- Porque la educación es el único sector en el que los palestinos nos beneficiamos al 100% de lo que nos pueden dar los israelíes. El 80% de todos los productos que consumimos los palestinos son israelíes o vienen a través de su país, sin embargo, ¿por qué sólo se nos ocurre boicotear la educación? ¿Por qué nadie pide boicotear la cooperación que mantenemos con las fuerzas de seguridad israelíes o la compra de electricidad? Creo más lógico exigir a la comunidad internacional que colabore tanto con las entidades educativas israelíes como con las palestinas, que nos envíe libros de texto y que nos permita mandar a profesores a Europa para completar su formación.
Etiquetas: Firmas




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