FIRMAS: Isabel San Sebastián, Raúl del Pozo, Erasmos, Carmen Rigalt, En la Red, Jose Antonio Marina, Rafael Navarro-Valls

LA TRASTIENDA
ISABEL SAN SEBASTIAN
Una mentira para usted
«Podré equivocarme, pero no miento», aseguró un Zapatero cariacontecido, con ojos de carnero degollado, ante más de seis millones de españoles.¡Vaya cara de cemento armado! ¿Será que nos toma por tontos o que ha tomado la medida a este pueblo soberano que no castiga en las urnas los embustes de un presidente?
Miente. Miente a sabiendas sin recato o bien miente ya tan bien que cree en sus propias mentiras, lo cual sería aún más grave.Miente con la soltura de quien lleva tiempo mintiendo sin pagar precio alguno por ello. Miente desde la tranquilidad que otorga la impunidad. Miente sin alterar el semblante. Miente con tal pericia que hace dudar al ingenuo. ¡Claro que miente! Y además, por supuesto, se equivoca.
Mintió ante los telespectadores al intentar convencernos de que eso del pleno empleo no era un compromiso electoral firme, sino un mero «objetivo». Mintió de la peor forma; es decir, diciendo una media verdad, al achacar a los organismos internacionales las optimistas previsiones económicas con las que concurrió a las pasadas elecciones, ocultando las que su propio Ministerio de Economía y el PP manejaban, que decían cosas muy distintas.Mintió sobre la venta de armas a Israel y sobre su desprecio a la bandera americana. Lo hizo con naturalidad. Lo hizo bien.Está muy acostumbrado a mentir.
Hace apenas unas semanas mintió en otra televisión, la Cuatro, al negar taxativamente que tuviera información alguna sobre los vuelos de la CIA a Guantánamo. «De haberlo sabido -añadió casi ofendido- lo habría denunciado». Poco después se desveló que su Gobierno había autorizado varios de esos vuelos, con las firmas de Bono y Alonso, lo que hace sencillamente inverosímil que el jefe del Ejecutivo no estuviera informado. Antes de las generales, entre enero de 2007 y marzo de 2008, hasta en 20 ocasiones distintas mintió él y mintieron sus más directos colaboradores al rechazar una y otra vez que se hubieran producido contactos con ETA después del atentado de la T-4. Y cuando el director de este periódico le arrancó la verdad en una entrevista, se limitó a hacerse el tonto. ¿Qué iba a decir? ¿Cómo iba a justificar todas las mentiras que jalonaron antes, durante y después ese «proceso de paz» que no podía arrancar, según otro de sus embustes, mientras no quedara acreditada la «inequívoca voluntad de ETA» de no volver a matar?
Y miente y sigue. Que le pregunten a Artur Mas qué mentiras oyó de sus labios en aquel célebre encuentro en Moncloa destinado a consensuar el Estatuto de Cataluña. Que hablen algunos de sus antiguos socios Miente, claro. ¿Por qué no iba a mentir si no le resta un solo voto?
ZOOM
CARMEN RIGALT
Los nuevos vampiros
LOS ESPAÑOLES son muy suyos, dicen. Y con razón: los españoles somos muy nuestros. Admito que la frase es imprecisa, sobre todo en lo tocante a la denominación de españoles. Muchas personas no se reconocen en la españolidad y dan continuos rodeos para evitarla. Allá ellos. En eso yo no me meto (la patria, para quien la trabaje), pero tampoco quiero que me arruinen un artículo a fuerza de puntualizar.
Digo pues que los españoles son muy suyos, vengan de Valladolid o de Cartagena, de Castro Urdiales o de La Línea de la Concepción.El individualismo hace aquí más estragos que en ninguna otra parte. Todo el mundo reivindica su mismidad y reniega de parecidos.Basta con asomarse a un periódico y contar la cantidad de músicos, cineastas o escritores que van de únicos por la vida y, sin embargo, adoptan actitudes miméticas. Todos maldicen el encasillamiento, pero todos utilizan obsesivamente la palabra «encasillar».
El otro día asistí al estreno de la película Walquiria y comprobé, in situ, cómo Tom Cruise bordaba su encasillado papel de actor que promociona una película. Cruise aguantó a pie firme durante más de una hora, se fotografió con cientos de personas, firmó autógrafos por un tubo y en ningún momento dio muestras de cansancio o desdén. Estuvo impecable el tío: digno, aplicadísimo... Cruise seguramente se siente único, y tiene motivos: sólo él es capaz de emplearse tan a fondo en un trabajo tan incómodo. Merece que los españoles lo inmortalicemos registrando la próxima hornada de recién nacidos en La Paz con el nombre de Tom Cruise.
A propósito de nombres: la otra noche, buceando en aguas de internet, encontré una noticia que venía de Colombia (El Tiempo). Pocas horas después de la toma de posesión del presidente de EEUU, nació en un hospital de Bogotá un niño que fue inscrito con el nombre de Barack Obama Sandoval. Siempre he creído que estas cosas formaban parte de la chistografía popular, pero estaba equivocada. Kevin Costner de Jesús no sólo es producto de la imaginación de Los Morancos: existe en la vida real, como existen Jennifer López Restrepo o US navy (léase iusneivy) García. Quien quiera poseer a su ídolo, ha de chuparle el nombre completo.Es una forma de vampirismo.
Mucha gente no desea ir de única y prefiere apostar por lo seguro, de ahí que los padres de última generación les pongan a sus hijos Barack Obama. Con dos cojones y ningún prejuicio. A ver quién es el guapo que aquí registra a su criatura como ZP.
ERASMO
De Prensa
Cuando la malla mediática es invadida, ocupada militarmente por propagandistas a sueldo. Qué incumplen ominosamente códigos deontológicos, propuestas éticas, hasta requerimientos gramaticales, sintácticos. Se ocupan, tal tarea: arremeter contra la substancia democrática de la separación de poderes (Jueces), contra tan delicada maquinaria de control social del poder (Prensa). En tal escenario: vuelve a este diario el mejor Martin Prieto, nuevas crónicas porteñas de Emepé. Chapeau.
EN LA RED
Zapatero no convenció a la gran mayoría de los ciudadanos en 'Tengo una pregunta para usted'
Si hemos de valorar la intervención de Zapatero en Tengo una pregunta para usted por su capacidad de convicción, no podemos sino afirmar que el presidente no superó la prueba del directo.Un 85% de los internautas afirma que el jefe del Ejecutivo no convenció, frente a sólo un 15% que opina lo contrario. Este resultado indica hasta qué punto la crisis, presente en la mayoría de las preguntas, pasa factura a la credibilidad del presidente.
EL DEBATE DE HOY
¿Le parece bien que el Supremo haya rechazado la objeción de conciencia para Educación para la Ciudadanía?
Si quiere participar, puede hacerlo en la sección de Opinión de elmundo.es hasta las 20 horas de hoy.
TRIBUNA/EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍAPor fin habló el Tribunal Supremo
JOSE ANTONIO MARINA
LA CAMPAÑA contra Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos ha sido desdichada. Ha creado confusión y temor en muchos padres y ha impedido un serio debate ético, que hubiera sido muy provechoso para todos. Podría haber animado a los padres a acercarse a la escuela, para ayudarnos e impartir una educación en valores que ellos mismos son los más interesados en reclamar.Pero no. Ha servido para extender la desconfianza y ha dificultado -como en el ridículo caso de la Comunidad Valenciana- la normal marcha de la asignatura. ¡Cuantas energías desperdiciadas!
Los argumentos en contra de la asignatura se resumen en dos: atenta contra el derecho de los padres a elegir la educación moral y religiosa de sus hijos; e introduce una ideología de género que a los objetores les parece peligrosa e inmoral. El Tribunal Supremo no ha encontrado nada que justifique las objeciones.En EpC explico a los alumnos lo que todos los ciudadanos deberían saber: la importancia que tiene la objeción de conciencia, porque es un último mecanismo de seguridad aceptado por las democracias avanzadas, para evitar posibles injusticias legales. Obliga a una relectura cuidadosa de las leyes, para comprobar que no ofenden injustamente las creencias morales y religiosas de los ciudadanos.Por eso ha hecho bien el Tribunal Supremo en releer cuidadosamente los decretos de esta asignatura. Y la conclusión es que no hay razones que justifiquen la objeción.
El estudio obligatorio de los derechos humanos y de las normas básicas de convivencia no atenta contra la libertad de los padres.Son valores comunes que todos tenemos que respetar. Los padres olvidan que su derecho a educar, así como la libertad de conciencia y creencia, están protegidos por la Declaración de Derechos Humanos.Son derechos que proceden de una ética universal y laica, que las religiones han tardado en admitir. No hay peligro de adoctrinamiento en una sociedad democrática, porque ésta tiene sus mecanismos de defensa. Sí lo hay, en cambio, en gobiernos dictatoriales, como el franquista, donde, por cierto, se enseñó obligatoriamente la religión católica en todos los niveles de la enseñanza.
El segundo argumento en contra se basa en la supuesta defensa de la «ideología de género», que, según algunos críticos de EpC, es obra del feminismo radical que amenaza a España. Pero la ideología de género -que no es más que la afirmación de que las diferencias entre varón y mujer son culturales, y no meramente biológicas- no figura en el currículo y, por lo tanto, no tiene nada que ver con la asignatura.
Para mí, lo más grave es que desde altas instancias religiosas se ha dicho que no corresponde a la escuela formar la conciencia de los alumnos. ¿No debemos entonces procurar que sean honrados, justos, responsables, veraces, respetuosos, no violentos, no discriminadores, no corruptos? La escuela pública debe formar buenos ciudadanos. Su obligación es, precisamente, educar una conciencia cívica responsable, crítica, ilustrada, conocedora de los derechos y también de los deberes, que reconozca los vínculos y responsabilidades sociales en una época de individualismo feroz.¿Cómo no va a ser necesaria una educación en valores cuando las encuestas nos dicen que más del 40% de los españoles creen que no hay normas morales universales y que cada cual elige las suyas?
La educación cívica es el fomento de las virtudes ciudadanas necesarias para vivir en una democracia. Y la democracia es un proyecto político profundamente ético. Cuando oigo a los objetores decir que estarían de acuerdo con que se estudiara sólo»» la Constitución, olvidan que ésta se basa en unos valores superiores, que son éticos: libertad, igualdad, justicia, pluralismo político y, dando unidad a todos, la dignidad humana.
De todo este asunto, no me duele la agresividad de ciertos medios de comunicación, sino la confusión que han provocado en muchos padres; y el perjuicio que se ha podido causar a muchos alumnos.Acabo de oír al presidente del Foro de la Familia decir que hay profesores y libros de texto que enseñan cosas diferentes del currículo. Pues entonces, que no objeten a la asignatura, sino a un profesor o a un texto. En mi caso, me gustaría que los padres me ayudaran a mejorar mis libros de EpC. Me comprometo a estudiar sus sugerencias. Pueden enviármelas a jamarina@telefonica.net. Sus hijos son lo importante. Es hora de empezar a construir.
José Antonio Marina es escritor y catedrático de Filosofía.
TRIBUNA/EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍAUna cuestión de límites
objeción de conciencia en los casos analizados - Navarro-Valls cree que estamos ante una «sentencia interpretativa» que deja la puerta abierta a recursos futuros
RAFAEL NAVARRO-VALLS
EL MUNDO me solicita amablemente una valoración de urgencia de la decisión del Tribunal Supremo hecha pública hace unas horas.Ciertamente, ha de ser de urgencia, dado lo escueto de la nota emitida por el TS, sin aclarar motivación alguna ni matices explicativos, salvo uno al que luego me referiré.
La cuestión fundamental que late en el debate político y jurídico que ha confluido en la sentencia del TS es la de los límites del Estado en la imposición obligatoria de contenidos educativos.En mi opinión -ya lo dije al inicio de estos tres años de debates-, el principio de intervención democrática autoriza al Estado a buscar un acuerdo constitucionalmente correcto acerca de los saberes mínimos que han de transmitirse a las nuevas generaciones.Pero cuando se da un desacuerdo razonable sobre cuál sea la mejor manera de preparar a los alumnos para participar en la vida política o asegurar su desarrollo moral. no puede el Estado decidir por sí mismo.
En estos supuestos -hace tiempo lo dijeron Charles Fried (Harvard) y Pablo da Silveira (Lovaina)-, no puede estipular, contra la voluntad de los padres, cuál sea la mejor manera de asegurar el desarrollo de las competencias morales, cívicas y políticas de las nuevas generaciones. El derecho a elegir el tipo de educación que queremos dar (o no dar) a nuestros hijos forma parte de nuestro propio derecho a elegir una concepción del bien y a ponerla en práctica, sin sufrir la interferencia de los poderes públicos.
Esta fue la contundente postura del Tribunal Supremo estadounidense en el caso Wisconsin versus Yoder: «El interés del Estado por la escolarización obligatoria debe ceder ante la libertad de los padres para marcar la orientación moral de sus hijos». Postura también presente en el subsconsciente jurídico de Europa, ya que la Carta de Derechos fundamentales de la Unión Europea (artículo 14) garantiza «el derecho de los padres a asegurar la educación y enseñanza de sus hijos conforme a sus convicciones religiosas, filosóficas y pedagógicas».
De ahí que, de entrada, sorprenda la decisión del TS español al obviar sólidos planteamientos jurídicos y de conciencia. Me da la impresión de que, en la delicada operación de ponderar conflictos de intereses entre aquellos dos segmentos de la Constitución en los que, respectivamente, se inserta un derecho fundamental (el de los padres de determinar la formación religiosa y moral de sus hijos) y un factor competencial (el del Estado de hacer una programación general de la enseñanza), se ha decantado por un principio organizativo sobre un derecho fundamental.
Consciente de ello -y este es el matiz que ha dejado entrever en la nota a la que antes me referí-, ha dejado la puerta abierta a que, en el futuro, se puedan suscitar de nuevo objeciones de conciencia, sustentadas en planteamientos jurídicos diferentes a los ahora examinados, lo cual es buena muestra de la indefinición que en la actualidad se detecta en los contenidos de la asignatura.
El desenfoque en que, en mi opinión, incide la sentencia es no haber analizado detenidamente la lesión que esta inseguridad jurídica provoca en el derecho de los padres a educar a sus hijos de acuerdo con sus propias convicciones. Probablemente -habrá que comprobarlo en la redacción de la sentencia-, el TS se ha centrado en si existe en las normas examinadas un afán «indoctrinador» por parte del Estado. Al concluir, en la opinión de una mayoría de magistrados, que no es posible demostrarlo, ha entendido que no se conculca el artículo 27 de la Constitución ni el Convenio Europeo de Derechos Humanos. Pero esto no es estrictamente exacto.El Convenio Europeo y la Constitución lo que exigen es que el Estado respete las convicciones de los padres, sin que haya la menor referencia a la finalidad perseguida por la organización pública del sistema de enseñanza.
En fin, creo que nos encontramos con lo que viene llamándose una «sentencia interpretativa», que, si abre la puerta a argumentaciones de cierta altura jurídica, no siempre deja definitivamente cerrado el asunto litigioso. Veremos lo que sucede en posteriores recursos o instancias.
Rafael Navarro-Valls es catedrático de la Universidad Complutense y coautor del libro Las objeciones de conciencia en el Derecho español y comparado.
Etiquetas: Firmas





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