FIRMAS: Federico Jiménez Losantos, Martín Prieto, Raúl Rivero, JM Maza Martín

COMENTARIOS LIBERALES
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS
Uy, qué explosiva
En todo el episodio de la foto sorayina hay al menos tres cosas que, en mi opinión, resultan lamentables. Una es la astuta defensa por omisión que hace el PSOE, porque le viene bien tener enfrente a una política -línea y persona- desacreditada y que incluso ha absuelto Rajoy mediante aquella horterada prepotente del pom-posado en Vogue. Otra es la majadería progre de atacar como «machista» la crítica a cualquier mandamasa. Y otra, la majadería carca, machismo añejo con ínfulas de caballerosidad, de salir en defensa de cualquier mujer que mete la pata, sólo por el hecho de ser mujer y por mucho que haya metido la pata; como si las mujeres no merecieran el mismo juicio crítico que los hombres, como si fueran tan inferiores que no pudieran tener igualdad con los hombres en la valoración de sus actos. Total, que unos explotan los complejos de la derecha y la idiotez de los medios de comunicación; otros, prosperan a la sombra de una cuota que encumbra a nulidades. Y otros, en fin, disfrutan regurgitando una casposa condescendencia protectora hacia las mujeres, como si, aunque víctimas de una marginación histórica, no hubieran demostrado que pueden superarla con igualdad y competencia, no con incompetencia y favorcitos. El mejor favor que puede hacerse a una mujer inteligente es tratarla como a un hombre inteligente.Y el único favor que, como persona, merece una tonta es tratarla como a un tonto.
Soraya se ha retratado esta semana en muchos aspectos. El más importante y menos comentado es que fue ridiculizada en el Parlamento por el PSOE, que se negó a que Zapatero se explicara sobre el paro y Rubalcaba sobre la violencia doméstica. La política de sumisión ideológica y compadreo partidista, vendida como el gran hallazgo «moderado» del PP ha demostrado lo que es: una invitación al sectarismo que el PSOE no desaprovecha.
«A veces da vergüenza ser mujer en esta Cámara», se indignó Soraya.¿Premonición? Dos días después se exhibía como incandescente vicevenus suburbana. Y hacía frases como «ser mujer y joven es una combinación explosiva». ¿Explosiva en qué, por qué, para quién? ¿Y qué combinación es esa? Algo más de la mitad de los seres humanos son mujeres, y todas ellas pasan por una etapa de juventud, así que la «combinación explosiva» afecta al mayor número de personas en el mundo. Si tuviera que explotar, se habría llevado ya por delante el planeta entero. Estupidez incluída.
BAJO EL VOLCAN
MARTIN PRIETO
Soraya de noche
LAS CHICAS son unos chicos muy raros, cuestión a la que nos acogemos aquéllos que hace algunos millones de años nos apeamos del machismo en el que nos educaron nuestras madres. Bibiana Aído equivoca hasta el título de su Ministerio porque no cabe la igualdad entre hombres y mujeres. Así que no me extraña que la ministra carezca de competencias y tenga que gastarse el presupuesto en hacer jardines zen sin saber de lo que se trata. En alguna ocasión me han preguntado por qué tengo siempre perras y les contesto lo mismo: «Porque son más pequeñas, cariñosas y más inteligentes».No ha faltado ocasión en que me he encontrado con una feminista furibunda que me haya querido partir la cara por tamaña asociación canina. Pero mi afición perrera no es del todo disociable a mi entendimiento de las mujeres que siempre serán esos chicos raros.La morfología se la ha dado una belleza de la que carecemos los hombres, filiformes y monótonos. Habitantes forzadas de la Historia no han podido brillar en las artes pero cuando las circunstancias les fueron propicias han demostrado cumplidamente su capacidad intelectual.
Es una falocracia suponer que el varón coloca un espermatozoide y crea la vida. Sin el óvulo que ellas facilitan no hay existencia posible. El macho se puede ir de copas pero ellas fabrican a los seres humanos en su vientre. Al menos los romanos tenían la delicadeza de considerar a la vagina como el vaso sagrado.Mi incultura llega a tanto que ignoro por qué no mandan más las mujeres. Pero sí sé que cuando llegue una evolución histórica las mujeres dividirán su óvulo en partenogénesis haploide, y los hombres quedaremos reducidos a la esclavitud o el entretenimiento.Sentadas estas bases, Soraya Sáenz de Santamaría en déshabillé y atractivamente tirada en los suelos, ha desatado una polémica absolutamente ancilar y que denota nuestro retorcido entendimiento de la condición femenina. Soraya es una mujer brillante que no sólo por el capricho de Rajoy es la tercera figura de la oposición.Se ha tomado la molestia de ganar unas oposiciones a la Abogacía del Estado, de las más duras que existen.
Alvarez que ha pasado de ser Lady Aviaco a Lady de la T-4 de Barajas ha hecho declaraciones en biquini emergiendo de las aguas y Carme Chacón se ha presentado en la última Pascua Militar como le ha parecido. Me parece muy bien, al contrario de los hombres, las mujeres siempre van muy bien vestidas o desvestidas. Lo interesante en Soraya es lo que nos dice. Como si nos lo quiere decir en bragas.
TINTA RAPIDA
RAUL RIVERO
TINTA RAPIDA: Trajes de seda
LE PODRAN poner vestidos vaporosos, pamelas con floripondios de las tiendas de lujo, lentes posmodernas y zapatos nuevos. No importa, la bestia violenta y espantosa que es el totalitarismo será reconocida de todas formas por sus maromas y por la devastación del sitio donde se instala.
Los herederos de esa máquina de moler, los expertos en secuestros de libertades, los misioneros estatales del miedo -sus encubridores y compadres-, han hecho trillos para regresar a los palacios perdidos después del trallazo del Muro de Berlín.
Es una vuelta lenta, ejecutada con resolución, mediante mecanismos dispuestos por las instituciones democráticas. Se han disfrazado para usar esas vías y el vestuario que traen, aunque parezca recién estrenado, tiene olor a naftalina y la huella de las comensalías de los ratones que habitan en el fondo de sus baúles.
Se cambian de nombre y de sombrero en Europa del Este. En algunas antiguas repúblicas soviéticas, ni siquiera eso. Sin quitarse la chapka, transforman las siglas del partido y salen a pasear con sus camaradas en los Mercedes Benz sin GPS.
En Latinoamérica, los disfraces son más llamativos. El tránsito se ha hecho con acompañamiento de música folclórica. En Caracas, Hugo Chávez se acaba de quitar la caperuza y trabaja en uniforme de faena a toda velocidad para implementar la reelección indefinida, es decir, su permanencia en el poder hasta la muerte.
No escarmentó con el fracaso del plebiscito de 2007. Ahora regresa con un discurso más agresivo, el librillo azul de la Constitución en la mano derecha, y la izquierda escondida en la chaqueta verde olivo de satén. Se propone agonizar en el cobertor del dormitorio principal del Palacio de Miraflores. Necesita tener cerca un enemigo poderoso y ya comenzó la descalificación de Barack Obama, sin darle tiempo ni a desayunar en la Casa Blanca.
No puede faltar la represión en el manual totalitario. Esta semana amenazó a los estudiantes: «Al que salga a cortar una calle o a quemar un cerro, le echan gas y le meto preso. Al jefe que no lo haga me lo raspo. Me los raspo a toditos», dijo Chávez.
Ese es el vocabulario del presidente, discípulo y devoto de Simón Bolívar. Un hombre que le responde desde el hondón venezolano: «Huid del país donde uno sólo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos».
TRIBUNA / JUSTICIA: La inoportunidad de una huelga de jueces
El magistrado asegura que la convocatoria del paro es legal, pero cree que está abocado al fracaso - Subraya que quienes imparten Justicia deben buscar alternativas de protesta más inteligentes e imaginativas
JOSE MANUEL MAZA MARTIN
QUE LOS JUECES y magistrados españoles estén al borde de llevar a cabo una huelga es algo que, por insólito y trascendente, debería hacer meditar a más de uno. Si atendemos a las razones que se exponen en fundamento de esa decisión, habremos de convenir en que resultan tan evidentes y fundadas como la realidad misma, tantas veces admitida, del deficiente estado institucional, la reiterada postergación que nuestra Justicia sufre por parte de quienes asumen responsabilidades políticas (los de hoy tanto como los de ayer) y la consecuente escasez de medios, humanos y materiales de los que se le dota.
La vinculación de la posible convocatoria del paro con un concreto caso reciente, en el que un juez ha sido sometido a toda clase de imputaciones y vituperios públicos por una disfunción que, finalmente, el órgano competente para ello ha considerado que no era de tanta gravedad como gratuitamente se afirmaba, lejos de suponer una manifestación de corporativismo, sólo evidencia, a mi juicio, la eclosión de un sentimiento larvado desde hace tiempo entre los miembros del Poder Judicial, que se sienten injustamente maltratados por un estado de cosas muy criticable pero cuya responsabilidad, en lo esencial, no les corresponde.
Y todo ello profundamente agravado además por unas sucesivas y provocadoras manifestaciones del presidente del Gobierno y otros miembros del Ejecutivo y del Legislativo, así como de representativos miembros de los partidos políticos que, eludiendo la responsabilidad que les incumbe respecto de las deficiencias de nuestra Justicia e ignorando las reglas más básicas de un Estado democrático, interfieren en el ejercicio de la función jurisdiccional y en la competencia sancionadora del órgano de gobierno de los jueces.Es éste un poco edificante ejemplo que, sobre todo, suscita una grave duda acerca de la fidelidad a los principios y valores democráticos de nuestros políticos, al parecer aún anclados en aquellos pretéritos planteamientos en los que existía un único Poder.
En definitiva, el fundamento de la reivindicación, al menos desde la subjetiva posición de sus protagonistas, no admite dudas y en su raíz hay que comprender que va más allá de un simple agravio coyuntural. En este sentido, el que entre las diversas pretensiones que dicen perseguirse con el paro figure una vinculada a los aspectos retributivos de la carrera judicial, además de guardar relación con la naturaleza propia del derecho a la huelga siempre relacionada con la defensa de los derechos laborales de quienes lo ejercen, y al margen de otras consideraciones acerca de su procedencia o no, en ningún caso puede justificar la crítica generalizada a la medida ni llevar a ignorar el resto de argumentos, muchos más y de mucho más hondo calado, que se esgrimen en apoyo de su convocatoria.
De otro lado, por lo que se refiere al problema jurídico acerca de la legalidad de ese ejercicio del derecho a la huelga por parte de los jueces, su análisis debería centrarse inicialmente sólo en determinar si tales profesionales, al margen de la naturaleza propia de la función que desempeñan, ven regulados todos o algunos de los elementos esenciales y condiciones de su actividad desde fuentes externas que, en tanto sujetas a decisión de un tercero, podrían potencialmente contravenir sus derechos como trabajadores hasta el punto de precisar la posibilidad de un mecanismo extremo de defensa, como la huelga, para el caso de considerarse gravemente lesionados.
Pensemos, por ejemplo, en un supuesto en el que el Gobierno, o incluso el Legislador, decidiera suprimir por completo las retribuciones de los miembros de la carrera judicial o reducirlas sensiblemente o privarles de cualquier otro derecho considerado esencial. ¿Es que, en ese caso extremo, los jueces habrían de carecer de la posibilidad del ejercicio de instrumentos para su defensa?
Tan solo la Constitución, que no lo hace, o una Ley de huelga cuya constitucionalidad pudiera ser objeto de discusión, que hoy tampoco existe, podrían excluir un derecho que, en principio, ha de reconocerse a todos los trabajadores por cuenta ajena, incluidos los servidores públicos.
AHORA BIEN, con la autoridad que modestamente creo merecer al haber desempeñado durante casi 20 años diferentes cargos de responsabilidad en el ámbito asociativo, quiero tomar posición en contra de la oportunidad de una convocatoria como la que ahora se plantea.
Porque, de una parte, considero que la huelga, por justificada en sus motivos y legal en su ejecución que sea, desde planteamientos de estricta defensa de los legítimos derechos profesionales de los participantes, supondría en definitiva un gravísimo perjuicio para la imagen de quienes hemos de sentirnos, por encima de todo, titulares de uno de los Poderes del Estado.
Adviértase que no se trata de dar la razón aquí al presidente del Gobierno cuando tan erróneamente afirma que los jueces, en su condición de servidores públicos, no pueden ejercer un derecho de protesta colectiva de sus derechos, sino, antes al contrario, de no incurrir en la posible trampa tendida por quienes, desde hace años, vienen intentando en nuestro país un proceso de funcionarización de los jueces.
Resulta curioso al respecto comprobar cómo aquellos que tan incorrectamente han venido calificando con reiteración a este verdadero Poder del Estado como un mero «servicio público» más, a semejanza de la sanidad, la educación o el catastro, con consciente ignorancia y casi desprecio de su verdadera naturaleza, son los primeros que se rasgan hoy las vestiduras porque sus miembros se planteen acudir a una huelga.
Pero somos nosotros quienes hemos de tener siempre presente que, llamados por supuesto a servir al pueblo como los primeros, como el propio Legislador o como los miembros del Gobierno, sin embargo no debemos perder de vista que nuestra función jurisdiccional constituye prioritariamente el ejercicio de ese Poder moderador y tutelador de los derechos de los ciudadanos que la Constitución nos atribuye y que supera con creces el carácter que técnicamente ostenta la prestación de un mero servicio público.
Y es desde este punto de vista desde el que he de concluir en que la huelga, como si la de unos funcionarios públicos se tratase, a mi juicio resulta institucionalmente inoportuna y que, a la larga o antes incluso, no acarrearía sino el descrédito y la desnaturalización de la propia institución y de sus integrantes.
Pero es que además, la decisión de afrontar un paro semejante, supondría igualmente un grave error estratégico con el que los propios participantes perderían mucho más de lo que, supuestamente, pudieran obtener.
No nos engañemos, pues el primer riesgo de una huelga de jueces es su propio fracaso, ya que nadie puede asegurar el éxito de una acción de estas características en un colectivo tan escasamente estructurado y difuso, sin una organización experimentada en la acción sindical, con más de la mitad de sus integrantes sin vinculación asociativa y con un espíritu tan individualista, crítico e independiente como el nuestro; es decir, tan poco disciplinado.
Pero es que, aun cuando alguien pensase en el posible éxito de la convocatoria dadas las especialísimas circunstancias del momento presente, no debemos tampoco olvidar que la originalidad y trascendencia de un hecho semejante en nuestra actualidad social y política, al que por otra parte tantos intereses espurios incitan y apoyan frotándose las manos satisfechos ante la expectativa de una repercusión indirecta favorable a sus respectivos intereses particulares, a la postre no sería quizá más que flor de un día. Porque la primera huelga de los jueces es noticia destacada fundamentalmente por su novedad y exotismo pero, a partir de ahí, acciones similares futuras probablemente no tendrían mucho más eco en la ciudadanía que la protesta laboral de los conductores de los transportes públicos o de los pilotos de una compañía aérea.
Y es que, a veces, me parece que los jueces olvidamos la trascendencia social que puede adquirir nuestra actividad y la repercusión que nuestros actos y pronunciamientos tienen en los más diferentes ámbitos sociales, quizá precisamente porque se reconoce en nosotros, hasta ahora al menos, que no somos dados a pretender ejercer una influencia en los conflictos sociales de forma gratuita, pero que cuando lo hacemos nuestra intervención, fruto de la más pausada y prudente valoración de la realidad y con un a veces hasta exagerado concepto de la responsabilidad y la moderación, suele estar cargada de razón.
iNICIATIVAS como la debatida hace no mucho por la Junta de Jueces de Madrid, de la denuncia ante la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas de la grave situación de injerencia en la independencia judicial que supuso la incalificable actuación de Zapatero y Rajoy informando a los medios de comunicación de que ya habían llegado a un acuerdo respecto de quién había de ser designado como presidente de nuestro Tribunal Supremo, es un ejemplo entre tantos posibles que, a mi juicio, nos indica el camino, verdaderamente inteligente e imaginativo, por donde debe producirse nuestra protesta más cabal, hoy deslumbrada por el fulgor de las expectativas ante la posibilidad de la huelga.
Y todo ello, por supuesto, sin olvidar la trascendental tarea que incumbe en toda esta cuestión al CGPJ, como responsable no sólo de la salvaguarda de la independencia de los jueces sino, más allá aún pero estrechamente vinculada con ésta, del prestigio institucional del Poder Judicial, tan esencial para la existencia misma del Estado de Derecho.
No se trata, por supuesto, de amparar pretensiones injustificadas o caprichosas de los miembros de la carrera judicial, sino de valorar concienzudamente la razón que pudiera asistirles y esforzarse, hasta el límite que sus competencias permitan, en la defensa de una Justicia que cumpla con su única razón de ser: la de dar efectiva satisfacción a las necesidades jurídicas de los ciudadanos de un país verdaderamente libre y democrático como aspiramos a que el nuestro lo sea.
José Manuel Maza Martín es magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo.
Etiquetas: Firmas





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