ECONOMÍA: Solbes admite que el déficit subirá a cotas del felipismo

ECONOMIA
Solbes admite que el déficit subirá a cotas del felipismo
Reconoce que en 2008 ha superado el 3% y que será «sustancialmente superior» en 2009 / Zapatero dice que no bajará la solvencia de España y Solbes le contradice
JUAN EMILIO MAILLO/ Madrid
Como si de un ejercicio de nostalgia se tratara, el vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Economía, Pedro Solbes, se encamina a repetir las negativas cifras económicas que dejó en su anterior etapa como ministro, durante el último Gobierno de Felipe González. A la recesión en la que ya se ha adentrado la economía española, con un decrecimiento del PIB que no se observaba desde 1994, se suma ahora la vuelta a cotas de déficit público del entorno del 6%, un nivel no visto desde 1995.
Ayer, el vicepresidente segundo admitió que ya en 2008, un año en el que el PIB español habrá mantenido todavía un crecimiento positivo en el conjunto del año, el déficit podría haber «superado algo» el límite del 3% fijado por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la Unión Europea. Y en 2009, dijo, el balance será «sustancialmente superior».
El deterioro sería notable, al pasar en sólo un año de un superávit del 2,2% a un agujero fiscal del 3%. En cuanto a este mismo año, Solbes apuntó que el déficit será «sustancialmente superior» a esa cota. Y en 2010 el déficit persistirá.
Las cifras concretas se conocerán este viernes, cuando el Consejo de Ministros apruebe la actualización de su programa de estabilidad, que ha de remitir a la Comisión Europea.
Solbes restó importancia a ese incumplimiento de los criterios marcados por la Comisión Europea, pese a que cuando él fue comisario de Economía se aplicó contra los Estados que se saltaban las reglas de la UE.
A su juicio, sobrepasar el 3% de déficit es asumible si se trata de una desviación no excesiva, de carácter temporal y fruto de una caída significativa del crecimiento.
El problema es lo que se entiende por «no excesiva». Las previsiones de los analistas concretan algo más la indefinición del Gobierno.Según responsables de algunas de las principales entidades financieras del país, el déficit del Estado podría rondar niveles de entre el 5% y el 6% este mismo año, e ir a peor en 2010. Esto es, el doble del límite impuesto por el Pacto de Estabilidad.
A las consecuencias de la crisis, que provocan más gasto en partidas como el desempleo y menos ingresos por la caída de la actividad, se suma el impacto de medidas unilaterales del Ejecutivo, como la paga de los 400 euros o el conocido como cheque-bebé, que costó 1.233 millones de euros el pasado año.
Pero también en los últimos tiempos impactan decisiones como la rebaja del Impuesto de Sociedades del 35% al 30%, que ha afectado a los ingresos tributarios de 2008 y 2009.
Para colmo, en 2008 el encarecimiento de los carburantes y su inmediata traslación a los ingresos fiscales permitieron a las arcas públicas compensar un menor consumo. Sin embargo, este año arranca con las gasolinas en mínimos de cuatro años y el consumo no da muestras de repuntar.
Con ese panorama no es de extrañar que haya quien vea el déficit en el entorno del 6%. Pero algunos de los analistas consultados por este diario restan importancia a que el agujero del Estado llegue a esas cotas. Eso sí, siempre que se tomen las medidas pertinentes para reconducirlo a tasas próximas al equilibrio presupuestario.
El viernes, la cifra
No en vano, cifras de déficit como las de España se van a ver ampliamente superadas por otros países, es el caso de Estados Unidos, donde puede alcanzarse el 8%, o varios socios de la UE.
El problema español es que corregir el déficit será «muy difícil» si persiste una tasa de paro alta -con las consiguientes obligaciones en prestaciones de desempleo- y un crecimiento económico reducido.
El Ejecutivo ratificará este viernes, en la actualización del programa de estabilidad, que la economía española registrará un crecimiento negativo en el conjunto de 2009, tal y como señalan los informes que desde el pasado domingo tiene sobre la mesa Zapatero.
Pero ayer el presidente insistió en que en el segundo semestre de este mismo año se darán indicios de «cierta recuperación».
El jefe del Ejecutivo no pierde el optimismo o, al menos, intenta trasladar mensajes de ánimo a la sociedad, dentro de su filosofía de que el pesimismo no genera empleo.
Pero en el sector privado se ven las cosas de otro modo y el optimismo no circula a la misma velocidad que por las venas del presidente del Gobierno.
Hay quien cifra el decrecimiento de la economía en cifras del entorno del 1,5% en 2009. Según estas fuentes, el segundo semestre, en contra de lo que opina Zapatero, sería peor que el primero.Y, para colmo, la recuperación de la actividad no se produciría, como pronto, hasta bien entrado 2010.
La deuda llegará al 60% del PIB
Además del incumplimiento del Tratado de Maastricht por la superación de un déficit público del 3%, España camina hacia la violación de otro de los criterios que permitieron entrar en el euro: el que exige tener un ratio de deuda sobre el PIB inferior al 60%.
Bien es cierto que este requisito lo incumplen buena parte de las grandes potencias de la UE, como Francia, Alemania e Italia, pero el llegar al 60% de deuda sobre el PIB, genera un coste considerable en términos financieros -los intereses de la deuda suponen 17.000 millones de euros en 2009, con un ratio del 38%.Y, además, lleva a nuestro país a retroceder a los niveles del año 2000.
Los Presupuestos Generales del Estado preveían que ya este año se rompiera la senda descendente del ratio de deuda observada desde la llegada del PP al Gobierno, hace más de una década, repuntando hasta el 38,8%. Sin embargo, las previsiones de los analistas apuntan a un horizonte del 50% en 2009 y más allá del 60% en 2010.
P&R A más déficit, impuestos más altos
J. E. M. / Madrid
El deterioro del saldo de las cuentas públicas del Estado español y el consiguiente incremento del ratio entre la deuda pública y el PIB llevan aparejadas dos consecuencias que se apreciarán en el medio plazo: más presión fiscal o contención del gasto público, vía recorte de las prestaciones sociales.
¿Por qué España entra en déficit, tras varios años de saldo positivo en las cuentas públicas?
Una de las razones es la caída del crecimiento económico, que genera menos ingresos fiscales, tanto por la vía del deterioro del consumo (que castiga al IVA y los impuestos especiales), como por la pérdida de empleos, (que perjudica al IRPF), y el hundimiento de los beneficios empresariales, que se aprecia en el Impuesto de Sociedades. Pero hay medidas discrecionales adoptadas por Zapatero, como el cheque-bebé o la paga de los 400 euros que generan casi un punto de déficit.
¿Hasta dónde puede subir el agujero fiscal?
El Gobierno admite que en 2008 habrá superado algo el 3% y que en 2009 será más alto. Con eso ya se habría dilapidado el superávit acumulado entre 2005 y 2007. Pero los analistas apuntan a tasas del 6%.
¿Cómo se financia el déficit?
Recurriendo al endeudamiento. Los ingresos fiscales no dan para cubrir todos los gastos que tiene el Estado, que debe emitir nueva deuda. El problema es que decisiones como la de Standard&Poor's de poner en perspectiva negativa el rating de España encarecen esas emisiones. Además, al haber déficit en muchos países y planes de rescate de la economía multimillonarios, pueden aparecer problemas para colocar la deuda.
¿Qué consecuencias tiene un mayor endeudamiento?
En primer término generan más gasto, por la vía de los intereses.En 2009 supondrán alrededor de 17.000 millones de euros, más de lo que el Ejecutivo tenía previsto para pagar prestaciones a los parados. A la larga, esa deuda se debe reducir por dos vías. O un aumento de la actividad permite volver a sendas de superávit y reducir esos compromisos, o se acometen recortes de gasto que den oxígeno a las cuentas públicas, o se elevan los impuestos para incrementar los ingresos. Los ciudadanos, al final, pagarán la factura.
CRISIS FINANCIERA / Un país en recesiónSolbes ve riesgos para la solvencia de España y Zapatero lo desmiente
S&P sí mantiene la máxima calificación para las grandes economías europeas
JUAN EMILIO MAILLO/ Madrid
El día de ayer no pasará a la Historia como uno de los más favorables para la imagen de la marca España en el ámbito internacional.El principal banco del país, el Santander, y su supuesta implicación en el fraude de Bernard Madoff, y la decisión de Standard&Poor's de poner bajo vigilancia negativa la calificación del Reino de España coparon las portadas de los dos diarios económicos más influyentes: el The Wall Street Journal y el Financial Times. Trabajo tienen el Gobierno y el sector privado para paliar los daños sufridos en esta jornada, aunque algunos, en particular la penalización de la deuda española respecto a la del bono alemán, se anticipa de difícil solución.
Para colmo, la jornada de ayer deparó un nuevo ejemplo de la falta de sintonía entre el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el vicepresidente segundo y ministro de Economía y Hacienda, Pedro Solbes.
El origen fue el análisis de las consecuencias del paso dado por Standard&Poor's. La agencia colocó en cuarentena la nota de triple A (AAA) que había dado a España.
A mediodía, tras participar junto al gobernador del Banco de España, Miguel Angel Fernández Ordóñez, en un acto sobre el décimo aniversario de la llegada del euro a nuestro país, Solbes no tuvo reparos en admitir que «hay un riesgo, sin duda», de que España pierda la calificación máxima que otorgan las agencias de rating.
Y a las cuatro de la tarde, en declaraciones a Onda Cero, el presidente del Gobierno descalificó las palabras de su vicepresidente y ministro de Economía y Hacienda.
José Luis Rodríguez Zapatero afirmó que «no hay razones» para que la deuda pública española pierda la máxima calificación crediticia.Hay razones que justifican el mantenimiento de la triple A, como «la fortaleza del país, la solvencia de las cuentas públicas y que el compromiso de un mayor gasto es temporal», argumentó el jefe del Ejecutivo.
En lo que sí coincidieron Zapatero y Solbes es en recordar que la opinión de Standard&Poor's no es la única.
Precisamente ayer la agencia Fitch ratificó la máxima nota (AAA) que tiene concedida a la deuda nacional. «Tenemos a España en rating AAA con perspectiva estable y esa sigue siendo nuestra visión pese al reciente deterioro y a las perspectivas fiscales", dijo a Reuters Brian Coulton, director de economía global de Fitch.
Pese al capote que Coulton ofreció al Gobierno español, y a que Solbes pidió que se valore «en su justa medida» la decisión de Standard&Poor's, lo cierto es que el mercado valoró más la decisión de esta agencia y, sobre todo, que haya ratificado la máxima calificación que tenía otorgada a la deuda de Alemania, Francia, Finlandia, Holanda, Suecia y Reino Unido.
España debe competir este año con todos estos países a la hora de colocar sus emisiones de deuda pública en los mercados internacionales.La nota de Standard&Poor's hará que España deba pagar más y tenga más dificultades que estos otros países para vender su deuda.
Y eso que, por ahora, nuestro país no ha perdido la triple A, algo que el Partido Popular da por hecho que acabará sucediendo.
Su portavoz de Economía en el Congreso de los Diputados, Cristóbal Montoro, afirmó ayer que «con toda seguridad» España perderá esa calificación, obtenido en 2004, por la «gravedad» de la crisis y la «mala calidad de las finanzas públicas», informa Europa Press.
El retorno de los socialistas al poder, agregó el dirigente del PP, «está devolviendo» a España al déficit, al paro y al incremento del endeudamiento de la economía, que cada vez, opinó, tiene más dificultad para acceder a la financiación en el exterior.
Desde la patronal de cajas de ahorros, la CECA, su presidente, Juan Ramón Quintás, se situó más cerca del Ejecutivo y señaló que la decisión de S&P «no es un nuevo paso a peor, sino que reconoce la situación en la que se encontraba en estos momentos la deuda en el mercado».
La crisis española, en portada internacional
Los diarios económicos más influyentes del mundo concedieron ayer a España un lugar privilegiado en sus portadas. Financial Times destacó la revisión del rating. Y The Wall Street Journal abrió edición con las pesquisas sobre las pérdidas del Santander en el 'caso Madoff'. Atrás quedan los tiempos en los que la prensa extranjera ensalzaba el milagro español.
LA JORNADA
Las dudas sobre la economía española encarecen la deuda y golpean a la Bolsa
J. G. GALLEGO/ Madrid
Los mercados de deuda no han tardado ni un día en reaccionar a la decisión del lunes de Standard & Poor's (S&P) de poner en vigilancia negativa la calidad crediticia de España. La rentabilidad del bono español a 10 años subió ayer hasta el 3,96%, 99 puntos básicos por encima de la del bono alemán, utilizado como referencia en el mercado europeo por tratarse del producto de mayor solvencia teórica. Esta diferencia, denominada en el mercado financiero spread, alcanza prácticamente el 1% y es la más elevada desde la creación del euro. En términos prácticos significa que un inversor que compre un bono español a 10 años recibirá un cupón (interés) del 3,96%, mientras que el mismo producto emitido por Alemania renta un 2,97%. Es decir, que a España le sale más caro emitir deuda para obtener recursos financieros.
La subida de la rentabilidad del bono español es una consecuencia directa de la amenaza de Standard & Poor's de rebajar su rating, actualmente en AAA, el más alto posible. La agencia de calificación de riesgo considera que el crecimiento de España de los últimos años, sujeto por un fuerte recurso al crédito, ha provocado importantes desequilibrios que ponen en riesgo la solvencia financiera de su economía. Por eso decidió poner bajo vigilancia negativa su actual calificación crediticia y por eso se ha disparado el spread respecto al bono alemán.
De esta concatenación de sucesos se deriva un encarecimiento de la deuda emitida por España justo ahora que el Tesoro deberá recurrir más que nunca al mercado de renta fija para obtener recursos con los que llevar a cabo sus medidas anticíclicas de reactivación de la economía.
Pero la decisión de S&P no ha tenido su efecto sólo en el mercado de renta fija estatal. Del mismo modo que el Tesoro español asume ahora un encarecimiento de su deuda, las empresas españolas tendrán que ofrecer intereses más elevados para ganarse el favor de los inversores. Y esto sucede en un momento clave para las empresas de mayor tamaño, que han empezado a recurrir al mercado de deuda para obtener recursos con los que acometer nuevos proyectos y refinanciar sus préstamos.
Todos esos riesgos, añadidos a las advertencias que arrojan a diario los pésimos datos macroeconómicos, cotizaron ayer en la Bolsa española con suma contundencia. El Ibex perdió otro 1,5% en lo que ya es su quinta jornada consecutiva de descensos y se asoma al precipicio de los 8.000 puntos, una franja que no conocía desde el pasado 12 de diciembre.
Los 'blue chips', a la cola
Como en las sesiones anteriores, fueron los blue chips -valores de mayor solvencia, capitalización y negociación diaria- los que lideraron las caídas en el selectivo. En concreto el sector bancario, con los desplomes del 4% del BBVA y del 3,4% del Santander, acumuló los mayores retrocesos en medio de una investigación de la Fiscalía anticorrupción para determinar qué responsabilidades tienen las entidades españolas en la estafa de Bernard Madoff.
Paralelamente, en el mismo ejercicio de volatilidad que en los últimos meses, el Brent repuntó ayer hasta los 45,7 tras el recorte de la producción de Arabia Saudí. Es, sin embargo, un nivel todavía bajo para los expertos de IG Markets, que creen que «sería muy deseable una recuperación progresiva del precio de barril hasta llegar a niveles de 60 dólares».
A CONTRAPELO
Todo va bien
SANTIAGO GONZALEZ
Este es un país muy extraño en el que se manifiestan los obispos, los jueces se declaran en huelga y los autobuses urbanos hacen campaña a favor de la existencia de Dios o en contra de la misma.Tenía razón el presidente del Gobierno en su entrevista de Onda Cero, al explicar que no es partidario de la huelga de los jueces.Servidores muy cualificados de uno de los tres poderes del Estado no deberían plantarse en huelga, ni siquiera con el atenuante de que el ministro sea Bermejo, o que la vicepresidenta opine públicamente sobre la condena que, en su opinión, debería imponerse al juez Tirado.
Las entrevistas del presidente, en general, no son aptas para diabéticos, pero cuando estamos en campaña, como ahora, hay que conectarse a una bomba de insulina. «Quiero a mi alrededor gente optimista», dijo en línea con una de sus grandes certezas sobre el modo en que opera el mercado de trabajo: que el pesimismo no es capaz de crear un solo empleo. Este es un hecho bastante incuestionable, aunque sería un ejercicio de funambulismo epistemológico deducir de ahí que el optimismo sí los crea.
Su optimismo institucional es a prueba de estadísticas. Cree que Alvarez es una ministra competente y que tenemos una economía sólida. Hemos superado en renta per cápita a Italia y estamos a tres puntos de Francia. A partir de marzo va a empezar a crearse empleo, aunque no dice que en una cantidad muy inferior a la del empleo que se destruye, por lo que el paro seguirá aumentando después de que los ayuntamientos hayan invertido los 8.000 millones de euros durante el segundo semestre.
Tenemos la tasa de paro más alta de Europa, el déficit exterior mayor del mundo, una de las productividades más bajas de la UE y un sistema educativo que nos permite alternar en el furgón de cola de las naciones desarrolladas, defectos estructurales para los que no tenemos recetas. Teníamos un superávit que hemos fundido en regalos electorales de dudoso efecto práctico sobre la economía. Podemos tener dificultades para colocar la deuda a un tipo razonable. Después de marzo llegará junio, mes de exámenes e impuestos y es bastante probable que la recaudación sufra una merma espectacular. El índice de producción industrial y la fabricación de coches se han desplomado en noviembre y el presidente se comprometió con las familias catalanas que le saludaron hace unos días en Sanlúcar de Barrameda: «Oye, Zapatero, queremos una buena financiación».«Una buena financiación terminará con el auge del independentismo», remachó la entrevistadora. Mientras esto se comprueba, parece que se notarán antes otros efectos. Por ejemplo, que las políticas sociales en las comunidades más pobres van a depender de la parte menguante del Estado en la recaudación de impuestos o del déficit.
A la hora de terminar esta columna nevaba en varias comunidades.Si vuelve a cuajar y volvemos al marasmo, alguien tendría que pagarlo: que dimita el presidente de Iberia, o se destituye al jefe de gabinete de la ministra o a su jefe de Prensa o, mejor aún, que pague el pato Rajoy, que ha perdido ya dos elecciones y es un pesimista nato.
Zapatero alaba la gestión de Alvarez y la ratifica al frente de Fomento
La ministra dice que las críticas del PP «son un argumento» para que siga
DAVID SANZ EZQUERRO/ Madrid
Después de guardar silencio durante cuatro días sobre el caos vivido en el aeropuerto de Barajas y las principales carreteras de Madrid por culpa de la nevada caída el pasado viernes, José Luis Rodríguez Zapatero abordó ayer la cuestión y lo hizo para ratificar en su cargo a Magdalena Alvarez. El presidente del Gobierno defendió la gestión de su ministra de Fomento y aseguró que será ella quien continuará dirigiendo los futuros proyectos del Plan Estratégico de Infraestructuras de Transportes 2005-2020, descartando así una destitución que el PP ha exigido de forma insistente durante los últimos días.
En una entrevista en Onda Cero, Zapatero destacó que la gestión de Magdalena Alvarez al frente del Ministerio de Fomento es la que ha llevado a que España se convierta en el país con más kilómetros de alta velocidad ferroviaria del mundo y con la mayor extensión de autovías de Europa. «Los resultados están ahí», sentenció el presidente del Gobierno, quien reprochó al PP haber pedido la dimisión de la ministra incluso «antes de saber lo que había pasado».
Nada más terminar la entrevista de Zapatero, fue la propia Magdalena Alvarez quien habló en la radio, esta vez en la cadena Ser, sobre su continuidad como ministra. Preguntada por las reiteradas peticiones de dimisión realizadas desde el PP, la titular de Fomento aseveró con contundencia: «Yo creo que ese es un argumento para que yo siga».
Alvarez no sólo confirmó ayer que no tiene ninguna intención de abandonar el cargo, sino que, además, dejó claro que de momento no está entre sus planes el depurar responsabilidades dentro de su departamento, a pesar de que hace dos días aseguró que destituirá a quien haya que destituir. Por la mañana, en una rueda de prensa tras la presentación del plan para la eliminación de los puntos negros de las carreteras, la ministra reconoció que «dimitir, podemos dimitir todos», pero por la tarde, durante le entrevista radiofónica, aclaró que no va a destituir a nadie porque, según dijo, «sería una injusticia». Recurriendo a un símil futbolístico afirmó que «es como cuando se quiere cesar a un entrenador para calmar a la afición».
«Yo no voy a hacer eso», apuntó Alvarez, quien insistió en que primero hay que esperar a los resultados de la investigación sobre lo sucedido en el aeropuerto de Barajas que está llevando a cabo la Agencia de Seguridad Aérea sobre el comportamiento de Iberia y de Aena para, según afirmó, «llegar a la conclusión de dónde residen las responsabilidades».
En su relato de las circunstancias que produjeron el colapso de Barajas el viernes, Alvarez volvió a cargar la responsabilidad en el «error del parte meteorológico» y para apoyarse se presentó en la radio con los faxes de la previsión del tiempo de ese día que hablaban de «nieve débil». Pese a ello, también exculpó a la Agencia Estatal de Meteorología. «No pasa nada. Debemos tener un poco más de serenidad y comprensión porque todos cometemos errores», zanjó.
Las frases de la ministra
>«Es como cuando se quiere cesar a un entrenador para calmar a la afición».
>«Debemos tener un poco más de serenidad y comprensión porque todos cometemos errores».
«Iberia podría ser sancionada con hasta 4,5 millones de euros»
DAVID SANZ EZQUERRO/ Madrid
Magdalena Alvarez insistió ayer en la presunción que viene alimentando desde hace cuatro días: la nevada causó problemas en el aeropuerto de Barajas el pasado viernes, pero el «conflicto empresarial» que sufre la compañía Iberia con sus pilotos multiplicó las complicaciones.A pesar de reiterar la necesidad de esperar a las conclusiones de la investigación que está llevando a cabo la Agencia de Seguridad Aérea sobre lo sucedido, la ministra de Fomento adelantó que la aerolínea «podría ser sancionada con hasta 4,5 millones de euros», la sanción máxima según la legislación vigente.
«El comportamiento de algunos pilotos supuso muchos conflictos para la reprogramación de Iberia», recordó la ministra, quien comparó «el nivel de comportamiento inadmisible» de ciertos empleados de la aerolínea, con los controladores aéreos, sector dependiente de Fomento e inmerso en otro conflicto laboral, pero que, según ella, «el día de la nevada colaboraron y trabajaron correctamente».
Preguntada por el hecho de que, precisamente ahora, estuviera destacando los efectos perniciosos que la situación de Iberia está teniendo para los usuarios cuando el conflicto viene de atrás, Magdalena Alvarez señaló que «el Gobierno no puede intervenir por las buenas en una empresa privada» y destacó que su departamento ha estado mediando durante semanas para que los pilotos y la compañía lleguen a un acuerdo. También recordó que el 16 de diciembre y el 9 de enero se enviaron sendos faxes a Iberia exigiendo explicaciones.




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