¿Cuándo se cobrará Sarkozy el supuesto favor? ¿Cómo? Las cuestiones comenzarán a despejarse a la vuelta de Washington, aunque la súplica de Zapatero sobrentiende que la mediación de Sarko no obedece a un gesto de condescendencia o de piedad transpirenaicas. El artículo de Le Figaro desentraña y airea los pormenores de la cumbre desde la perspectiva francesa. Aludiendo, naturalmente, a las negociaciones que Madrid y París entablaron para que Zapatero pudiera alojarse entre los grandes mandatarios del planeta.
Sarkozy encontró la solución cediendo una de las dos sillas que correspondían a Francia -como país y como presidencia de turno de la UE-, aunque las posteriores incorporaciones de Holanda y de la República Checa al sanedrín de Bush demuestran que la silla era un banquillo articulado. Mérito, según parece, del trabajo de fontanería de Jean David Levitte, uno de los sherpas que Sarkozy emplea en el frente diplomático y que se ha convertido en el interlocutor privilegiado de La Moncloa. «He sido capaz de meter en el G-20 a la octava [España] y a la decimoquinta [Holanda] economías del mundo. No está nada mal», se jacta Jean David Levitte en el artículo que ayer despachaba el rotativo parisino. Se desprende de la lectura general que España ocupa un lugar de comparsa en la Champions League europea. De hecho, los mayores esfuerzos de París durante la crisis consisten en alinearse a la postura británica y en remediar las distancias que separan a Sarkozy de la canciller Merkel.
La letra pequeña, en cambio, concierne a la tutela de Zapatero como si fuera un hermano menor. No sólo por haberlo llevado de la mano a Washington, sino también por otras concesiones mediáticas que el jefe de Estado francés ha obrado en favor del presidente del Gobierno. Una de las más llamativas consistió en atribuirle el mérito de haber ideado la cumbre de urgencia del Eurogrupo celebrada en París el pasado octubre. No era en absoluto verdad, porque Berlusconi ya la había anunciado antes de que Zapatero se pronunciara siquiera al respecto, pero el Elíseo no puso obstáculos a que el español se erigiera en el verdadero artífice.
Era la manera de compensar el disgusto de que España quedara discriminada en la cumbre parisina que Sarko había oficiado una semana antes junto a Gordon Brown, Angela Merkel y el Cavaliere. No cabía Zapatero en el G-4. Y podría haberse quedado también fuera del G-20 en caso de no llevar tan lejos la oferta a Sarkozy: «Te daré todo lo que me pidas». Una oferta desmentida ayer «categóricamente» por el Gobierno español.
La sorpresa entrecomillada de Le Figaro se añade a un artículo entusiasta e incondicional que José María Aznar escribía en el mismo periódico a propósito de la era Bush. Discrepando con quienes «caricaturizan» al presidente saliente y con quienes le endosan todos los males. «Un líder político debe asumir sus responsabilidades y lograr que avancen las causas nobles y justas, y esa es precisamente la misión que ha cumplido George W. Bush», escribía el ex presidente popular del Gobierno español.
El homenaje llama la atención, porque Aznar asegura que a Bush va a absolverle la historia. Y porque le atribuye un papel de garante en el avance de las conquistas democráticas. Americanas y extraamericanas. «Su determinación y su visión han sido fundamentales para la supervivencia de la libertad en países que ya gozaban de ella y para extenderla a otros lugares condenados «a la tiranía y a la barbarie [...]. Hay menos dictadores asesinos y menos gobiernos en condición de proteger a terroristas», razona Aznar en su artículo parisino.
Se trata de una posición bastante aislada. También en Francia, cuyo jefe de Estado lleva un par de días enviándole mensajes envenenados a su homólogo estadounidense por el modo en que Washington ha gestionado la crisis de Georgia y por la manera de calentar en exceso las tensiones con Moscú.
Es la prueba de que el inquilino de la Casa Blanca se halla más vulnerable que nunca, aunque Sarkozy mantuvo antaño excelentes relaciones con él y fue capaz de seducirlo para establecer la fecha del G-20 el 15 de noviembre. Las razones también aparecen en la crónica de Le Figaro y responden a que el jefe de Estado francés pretendía eclipsar completamente el Congreso del Partido Socialista en Reims. Se inauguró ayer y sobrevive hasta mañana, aunque la aparatosidad de la reunión de Washington relativiza por completo su interés.
Nadie va a quitarle a Sarkozy la portada de los periódicos ni de los telediarios. Tampoco se le va a discutir su capacidad de movilización en la antesala de la cumbre, ni su habilidad para haber convertido la crisis económica en una suerte de redención personal: es la primera vez en un año que los franceses satisfechos con su presidente superan a los detractores.
EUROPA ENTRA EN RECESION MIENTRAS EN WASHINGTON SE DECIDE HOY EL RUMBO DE LA ECONOMIA
Y De la Vega presume de que 'Zapatero saca a España del rincón de la Historia'
De la Vega utiliza la misma frase que empleó Aznar con motivo de la Cumbre de las Azores - El diario francés 'Le Figaro' asegura que Zapatero mostró su gratitud a Sarkozy por la invitación: «Te daré todo lo que me pidas» - Bush, al recibir al presidente del Gobierno en la Casa Blanca: «Hola ¿cómo estás, amigo?»
MARISA CRUZ. Enviada especial
WASHINGTON.- La Avenida de Pensilvania brilla bajo la luz de las farolas. El asfalto está mojado.
Durante todo el día, una llovizna persistente ha caído sobre la Casa Blanca, que a estas horas está profusamente iluminada. Cámaras, fotógrafos y focos. Los líderes de los 21 países más relevantes del planeta empiezan a llegar a la cena convocada por el todavía emperador Bush. Sólo falta la alfombra roja para igualar a Hollywood.
Muchos de los invitados repiten visita a este edificio histórico, símbolo del poder mundial. Los europeos -Nicolas Sarkozy, Angela Merkel, Silvio Berlusconi y Gordon Brown- ya son viejos conocidos en la casa. Zapatero, no. El presidente español se estrena. Nunca antes, en los casi cinco años que lleva al frente del Gobierno había sido recibido en la Casa Blanca. Anoche el maleficio se rompió y todo augura que con el nuevo inquilino, Barack Obama, las cosas cambiarán.
A las 18.39 horas (pasada la medianoche en España), la caravana del presidente del Gobierno, escoltada por miembros del FBI, frenó ante la puerta de la mansión. Apenas ocho minutos antes ha llegado el mandatario indio y justo después la canciller alemana Angela Merkel y a continuación el mandatario turco Recep Tayib Erdogan.
Zapatero, con traje oscuro de calle -el protocolo establecido solicitaba vestimenta de business y no smoking-, es recibido a pie de portezuela por el presidente George W. Bush. «Hola, ¿cómo estás, amigo?, dice en castellano el mandatario norteamericano al español.
Zapatero va acompañado por el vicepresidente segundo, Pedro Solbes, y el secretario de Estado de Economía, David Vegara. Ambos entran y salen en seguida. La cena del segundo nivel, la de los técnicos, espera en el Departamento del Tesoro con Henry Paulson como anfitrión.
El presidente de EEUU, George W. Bush, ha esperado en el hall, justo a la izquierda, frente a las cámaras y los fotógrafos, sin embargo, sale al umbral, custodiado por dos marines con uniforme de gala, a recibir a cada invitado. Extiende la mano y Zapatero se la estrecha. Calambre, calambre. Fogonazos de flash. Saludos de cortesía. El presidente presenta, ya en el interior, a sus dos acompañantes. Nuevos apretones de mano y firma en el libro de Honor. Fin de la escena.
Los minutos más esperados por la prensa española ya han pasado. Ahora, los gestos se repiten con el líder ruso. El presidente español ha sido el noveno representante de un país invitado en llegar a la Casa Blanca. El orden de entrada había sido estrictamente establecido de acuerdo con una disposición de precedencia inversa, es decir, de menos importante a más: primero los representantes de organismos internacionales -Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y Naciones Unidas- y después primeros ministros y jefes de Estado por orden de permanencia en el cargo. El último puesto, que en este caso es el de más relumbrón, estaba reservado para el brasileño Luiz Inázio Lula da Silva. Que a su condición de jefe de Estado más antiguo, suma la de presidir este año el G-20.
A medida que van entrando, los líderes son conducidos a la gran sala de banquetes del Ala Este de la Casa Blanca, la misma en la que, en su día, se expusieron en capilla ardiente los cuerpos de los presidentes asesinados Abraham Lincoln y John Fitzgerald Kennedy.
En el salón de banquetes, el presidente del Gobierno español se situó entre la alemana Angela Merkel y el holandés, Jan Peter Balkenende. Este último también logró, como Zapatero, invitación de último minuto, porque Holanda, al igual que España, tampoco forma parte del G-20. Estaba previsto que la cena fuera breve, aproximadamente una hora, y que daría comienzo con un brindis a cargo del anfitrión. Después, ya con los entrantes sobre la mesa, se iniciaría la conversación. De acuerdo con el protocolo previsto, en este caso no había reglas, ni tiempos tasados. Se hablaría de manera informal con la asistencia de varios intérpretes.
Durante su discurso, Bush insistió en que la salida a la crisis «no se logrará en una noche» y pidió que las iniciativas que adopte el G-20 tengan en cuenta las ayudas a las familias y a la economía real. El todavía presidente de EEUU hizo además una defensa a ultranza del libre mercado como «el camino más seguro hacia el crecimiento económico». «Todas las naciones deben rechazar las llamadas al proteccionismo, al colectivismo y al derrotismo», añadió.
Con menos glamour pero con más contenido, cenarían, a muy escasa distancia, los ministros de Economía y Finanzas y sus números dos. El secretario del Tesoro, Henry Merritt Paulson, Hank para los amigos, había organizado esta cena paralela para acabar de perfilar el borrador de compromiso que tendrán hoy sobre la mesa los líderes del G-20 más uno y con el que se espera dar el pistoletazo de salida para el proceso de revisión de la arquitectura financiera internacional.
elmundo.es Album: José Luis Rodríguez Zapatero es recibido en la Casa Blanca.
CUMBRE DEL G-20 / El debut de Zapatero
Se 'realquila' la silla que ocupaba España. La República Checa también se sentará en la silla que ya ocupa España y Holanda
Los españoles no tuvieron acceso a la reunión preparatoria, ni se entrevistaron con los representantes de Barack Obama en la Cumbre
Como si fuera la reventa de una final de la Copa de Europa. Así se han trapicheado los puestos para asistir a la Cumbre Financiera de Washington. Al final, los intereses de la Unión Europea, por obra y gracia del presidente francés, Nicolas Sarkozy, estarán hiperrepresentados.
A los miembros naturales del G-20 -Francia, Alemania, Italia y Reino Unido-, más la Presidencia de la UE y la Comisión Europea, se han sumado otros países miembros -España, Holanda y República Checa- que también tienen silla de distinto nivel. El último cambalache de invitaciones lo ha protagonizado España, que cede uno de sus cuatro puestos al viceministro checo de Finanzas.
Tanto intercambio de cromos y tanto colarse por la puerta de atrás ha suscitado cierto malestar en los anfitriones y en los países de otros continentes pertenecientes oficialmente al G-20. Tan es así que en la principal reunión preparatoria de la Cumbre los organizadores decidieron ponerse firmes y no permitieron entrar a ninguna delegación que no fuera miembro de pleno derecho.
Se trató de una reunión, el jueves, a puerta cerrada, de altos técnicos de Economía y Finanzas, los sherpas que han redactado el borrador de compromiso que hoy deberán aprobar los jefes de Estado y de Gobierno. Ni España, ni Holanda, ni Chequia, los tres países europeos que se han colado por diferentes vías en la Cumbre, pudieron asistir. Desde Madrid se había enviado de avanzadilla al secretario de Estado de Economía, David Vegara, quien al final hubo de conformarse con asistir a otras reuniones de menor nivel.
Los españoles tampoco se reunieron con Madeleine Albright ni con Jim Leach, enviados de Barack Obama a la cumbre, informa Reuters.
Este tipo de citas de trabajo para hacer lobby en favor de los intereses de unos y de otros siguieron produciéndose a lo largo del día de ayer. Se trata de influir al máximo en el texto del documento final y, de paso, garantizarse un puesto relevante en los grupos que se conformarán para ir revisando con tiempo y detalle todos los retoques que necesite el sistema financiero internacional.
La prensa norteamericana tampoco incluía en las listas de asistentes a ninguno de los países que han logrado presentarse fuera de formato.
La Cumbre propiamente dicha sólo durará cinco horas. Comienza con una foto de familia prevista para las 9.00 hora local, y finalizará a las 15.00 horas (21.00 hora española) con una intervención ante la prensa internacional del presidente de EEUU, George W. Bush.
En el National Building Museum se ha dispuesto una enorme sala para dar cabida a las 26 delegaciones que asisten al evento (un total de 21 países y cinco organismos internacionales). En el centro de la sala, en torno a una gran mesa rectangular, habrá dos sitios para cada país y uno para los organismos.
En el caso español, los dos puestos principales estarán ocupados por Zapatero y por el vicepresidente Pedro Solbes. En una segunda fila, cada nación dispondrá de otras dos sillas para altos consejeros. Los que le corresponden a España estarán ocupados por David Vegara y por el viceministro checo de Finanzas.
Al final, los países de la Unión se han mostrado solidarios unos con otros. Francia cedió una de las dos representaciones a las que tenía derecho a España, e introdujo en su propia delegación al primer ministro holandés, Jan Peter Balkenende, que ocupará junto a Sarkozy la silla que le hubiera correspondido a Christine Lagarde, la titular de Economía francesa. Y España hubo de hacer otro tanto, prestando una de sus cuatro sillas a la República Checa, que ejercerá desde enero la Presidencia de turno de la UE. Las diferencias de rango entre unos y otros estarán, sin embargo, claras, porque no todos tendrán voz en el encuentro. España sí la tendrá, en tanto que Holanda y la República Checa no podrán intervenir en nombre propio.
Zapatero y Solbes estarán flanqueados en la mesa de la Cumbre y en el almuerzo por el presidente mexicano, Felipe Calderón, y por Sarkozy. Ayer, los anfitriones cerraban las normas que regirán la reunión. Se había previsto una intervención por país de no más de siete minutos; sin embargo, se estudiaba permitir un punto de espontaneidad. Zapatero acude a la cita con un discurso cerrado y con un guión, de manera que a la vista de cómo se desarrolle la sesión intervendrá ciñéndose estrictamente a lo escrito o improvisando sobre las ideas clave.
EL MENU SIN CRISIS
Cordero y vino del país. El menú de la cumbre anticrisis estuvo integrado por codorniz ahumada en madera de frutal con membrillo; cordero asado al tomillo con fondue de tomate y tarta de peras. Para beber tres caldos californianos: Damiris Reserve (40 dólares), Hillside Select y Chandon Etoile Rosé.
CUMBRE DEL G-20 / A FONDO
La socialdemocracia se deja para el consumo interno
¿Se presentará hoy Zapatero como un recalcitrante socialdemócrata ante la Cumbre de Washington? Esa era, al menos, la intención de Pepiño Blanco cuando remitió el pasado miércoles a los miembros de la Ejecutiva socialista un documento en el que explicaba la crisis como el resultado del fracaso de las políticas neoliberales iniciadas por Reagan y Thatcher y coronadas por Bush y Aznar.
Sin embargo, el documento de trabajo del presidente español no incluye ningún alegato en defensa de las recetas clásicas del socialismo o de los modelos intervencionistas a los que tan aficionado es Sarkozy.
Es más, según fuentes solventes, Zapatero defenderá explícitamente en la sesión de hoy la economía de libre mercado y el impulso del comercio mundial como ejes para salir de la recesión económica.
Sus propuestas para reformar el sistema financiero serán bastante concretas:
- Mayor supervisión sobre los sistemas bancarios y elevación del listón de solvencia de las entidades financieras.
- Que el Fondo de Estabilización Financiera coordine la supervisión de bancos centrales.
- Reforma del FMI para que asuma el papel de prestatario de última instancia y pueda dar liquidez a los mercados cuando sea necesario.
- Exigencia de responsabilidades a las agencias internacionales de raiting.
- Controles para limitar la utilización de paraísos fiscales.
- Límites a la remuneración de los altos directivos.
Probablemente, a algunos de sus compañeros de partido les hubiera gustado que el presidente hubiera ido más lejos en sus pretensiones reformadoras. Subidos a la ola puesta en marcha por Sarkozy, que aspira nada menos que a «refundar el capitalismo», al ala izquierda del PSOE le hubiera gustado ir un poco más lejos en el ideario antiliberal.
La verdad es que, en el pulso entre socialdemócratas y liberales, estos últimos parecen haberse llevado el gato al agua.
No es de extrañar si tenemos en cuenta la lista de participantes en la aportación de ideas para la elaboración del documento final que se ha llevado el presidente bajo el brazo a la Cumbre del G-20 ampliada y que ni siquiera quiso comentar en el último Consejo de Ministros.
Los trabajos han sido coordinados por Javier Vallés, director de la Oficina Económica de Moncloa. El equipo de Solbes ha hecho el trabajo fundamental, aunque Miguel Sebastián ha tenido un papel relevante y ha defendido las tesis más favorables a la economía de mercado. Desde el Banco de España, el subgobernador, José Viñals, ha sido el encargado de transmitir las recetas que han hecho del organismo supervisor español uno de los más respetados de Europa.
Lo novedoso en la preparación de esta Cumbre, que De la Vega situó ayer, utilizando las mismas palabras que Aznar pronunció en los días previos a la denostada reunión de las Azores, como la «salida de España del rincón de la Historia», es que, además de a su equipo económico, Zapatero ha escuchado a asesores externos.
Por supuesto, Jesús Caldera, director de la Fundación Ideas, ha elaborado un documento que incide en la línea ideológica marcada por Pepiño.
Pero, además, un reducido grupo de economistas ha hecho llegar de manera discreta sus papeles a Moncloa. Entre ellos, destacan Emilio Ontiveros (consejero delegado de Analistas Financieros Internacionales); José Pérez (miembro del Grupo de Alto Nivel para la supervisión de las finanzas europeas); José Carlos Díez (economista jefe de Intermoney) e, incluso, algún asesor de fuste e inequívocamente liberal que trabaja para la CEOE.
Zapatero tiene hoy un gran reto, al margen de la grandilocuencia y la parafernalia para consumo interno. Sarkozy hará valer sus gestiones ante Bush para que España estuviera presente en la Cumbre para lograr apoyos a sus tesis y situarse como referente frente a EEUU. Por su parte, Gordon Brown va a presentar una lista de propuestas similar a las que defenderá Zapatero. ¿Con quién se alineará finalmente? Como se ve, más que un pulso ideológico izquierda-derecha, lo que se vislumbra en la Cumbre es una pugna de redefinición del poder global en un momento de debilidad de EEUU. Zapatero debería jugar la baza de Brown. ¿Podrá hacerlo?
CUMBRE DEL G-20 / El liderazgo francés
Sarkozy pretende encabezar una alternativa al liderazgo ejercido por Estados Unidos
El presidente francés se erige en mediador entre rusos y norteamericanos en la víspera de la Cumbre
MARIA RAMIREZ. Corresponsal
BRUSELAS.- A 66 días para que la Casa Blanca tenga un nuevo inquilino, el presidente francés,
Nicolas Sarkozy, parece decidido a plantar cara al impopular y saliente George W. Bush para presentarse como alternativa a Estados Unidos con sus recetas de fuerte regulación contra la crisis financiera y diálogo con Rusia contra la inestabilidad política.
Así, bajo el liderazgo del presidente de la Unión Europea este semestre, los líderes europeos que acudieron a cenar anoche con el mandatario estadounidense se presentaron con la petición de más reglas globales y una inusual impaciencia ante la Administración republicana.
Hasta el ruso Dimitri Medvedev se encontraba, por una vez, en sintonía con sus vecinos occidentales, sobre todo después de que Sarkozy criticara abiertamente a Bush por su agresividad poco práctica durante la guerra de Georgia y por su plan de instalar un escudo antimisiles entre Polonia y República Checa.
Tras una mini cumbre de dos horas en Niza entre la UE y Rusia, antes de que el presidente galo y su homólogo ruso volaran a Washington, Nicolas Sarkozy se quejó de la actitud poco constructiva de Bush, tanto de la presión para que la Unión no mediara entre Moscú y Tiflis como su resistencia ahora a un acuerdo contundente que implique más regulación y supervisión o, como dice el retórico francés, la «refundación del capitalismo».
«Esta no debe ser una cumbre en vano», repetía, en rueda de prensa, el líder galo, que aseguraba no «decirlo contra nadie», en referencia a Bush. «Tenemos que atacar estos asuntos estructuralmente, en profundidad», afirmó en clara respuesta a un discurso del presidente estadounidense, que alertó contra los intentos de «reinventar el sistema» el jueves, en el lugar de Wall Street donde tomó posesión el primer presidente de EEUU, George Washington, en 1789, un símbolo de su independencia de Europa.
Los líderes europeos temen que lo que ellos llaman el «Bretton Woods 2» -en honor a la conferencia en New Hampshire donde se acordaron las reglas del sistema monetario internacional en 1944- se convierta en un encuentro sin ninguna sustancia práctica.
Las limitadas ambiciones de Bush para la reunión internacional enervan tanto a Sarkozy como a Medvedev. «No necesitamos sólo declaraciones, apretones de manos y fotos», reafirmó el ruso, que propuso convocar otra cumbre rápido, posiblemente en febrero, en cuanto Barack Obama tome posesión.
Según fuentes francesas, tanto Sarkozy como Gordon Brown, el premier británico y responsable del modelo de rescate bancario extendido en Europa, están «frustrados» ante la pasividad y la lentitud de Bush, que desconfía de los planes de los europeos. La Administración saliente defiende pocas modificaciones del sistema y desprecia el ejemplo de protección e intervencionismo estatal europeo, que ahora la UE, o, mejor dicho, su parte occidental, reivindica.
«No creo que nadie esté mejor preparado para moldear la globalización que Europa, con sus valores y su espíritu peculiar de reglas y principios supranacionales», defiende José Manuel DurÆo Barroso, presidente de la Comisión Europea. Pero Bush -y, probablemente, tampoco su sucesor- difícilmente está dispuesto a aceptar el ejemplo o el liderazgo del Viejo Continente.
Tras ocho años de divisiones y resistencia callada a los planes republicanos, la UE quiere reivindicar su papel, en línea con una creencia diplomática cada vez más extendida de que EEUU ya no tiene ni la autoridad moral ni la capacidad económica para ser la máxima y dominante potencia mundial, ni siquiera con el prometedor Obama.
Y, desde luego, hay acuerdo en que EEUU no sirve para velar por la seguridad, como bien resaltó ayer Sarkozy, que se postula como mediador para que ni la nueva Administración demócrata despliegue el escudo antimisiles previsto entre Polonia y República Checa ni el Kremlin responda con una fila de misiles en Kaliningrado, el enclave ruso en la UE.
Medvedev confirmó que, antes de hacer ningún movimiento militar, está dispuesto a esperar a los resultados de una gran conferencia sobre seguridad europea que se podría celebrar en primavera.
Sarkozy, amante de los cónclaves, propone que esta cumbre sea en mayo o junio, aunque en esas fechas será más difícil la coordinación con la UE. Tanto el primer semestre de 2009 como el segundo, Rusia se encontrará en la silla de presidente de los Veintisiete a Estados poco amigos, primero República Checa, con quien el Kremlin ya ha dejado claro que no se sentará, y después Suecia, lo más parecido a un miembro del ex bloque soviético en su antagonismo hacia Moscú.
El marco más probable para charlar, en cualquier caso, es la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), cuya reforma obsesiona a los rusos. Con la promesa de una negociación amplia, Sarkozy espera que, al menos, las dos partes moderen sus planes y su retórica.
«Entre ahora y entonces, que no se hable del despliegue del escudo antimisiles, que no hace nada para ayudar a la seguridad y complica las cosas», dijo el presidente francés, quien también expresó su «preocupación» a Medvedev por su bienvenida agresiva al presidente electo de Estados Unidos, con la idea de Kaliningrado. «No debe haber ningún despliegue ni ningún enclave hasta que hayamos discutido las condiciones geopolíticas para la seguridad paneuropea», dijo Sarko, en el encuentro en Niza, destinado a calmar los ánimos entre vecinos.
La Unión Europea retomará sus charlas para un nuevo pacto de cooperación energética, comercial y política con Rusia en un par de semanas -el plan es que sea el 2 de diciembre-, por primera vez después de la guerra de Georgia, y varios Estados miembros tienen ganas de mejorar las relaciones con el Kremlin. El premier italiano, Silvio Berlusconi, tan amigo de George W. Bush como de Vladimir Putin, ya se ha decantado por el que tiene más futuro político, el ruso, y definió el jueves el escudo antimisiles como «una provocación».
Más moderado que de costumbre o seguro de que se está ganando el apoyo europeo, Medvedev se mostraba ayer plenamente satisfecho por la idea de una cumbre sobre seguridad e insistió en que no tiene intención de mover ningún misil mientras la Administración de Barack Obama no avance con el controvertido escudo, en teoría destinado a protegerse de ataques de países como Irán o Corea del Norte, pero que estaría colocado justo en la frontera con la misma Rusia.
«Pedimos a todos que eviten acciones unilaterales que influyan en la seguridad hasta que se firme un nuevo pacto», comentó el presidente ruso, contento, probablemente, de las críticas de Sarkozy contra EEUU por su apoyo incondicional a Georgia y sus amenazas militares este verano.
El francés atacó, de pronto, a George W. Bush por haber mandado barcos de guerra a la región y por haberle llamado en agosto para pedirle que no fuera a Moscú a negociar la paz y que, simplemente, la UE se dedicara a «condenar» a Rusia por reaccionar contra el ataque georgiano.
«Yo nunca he utilizado la amenaza militar, a diferencia de otros. No creo que la amenaza militar haga progresar las cosas», aseguró el presidente de Francia, quien quería insistir en sus comentarios del jueves por la noche, cuando, durante la entrega de un premio periodístico en Palacio del Elíseo, preguntó, sobre Georgia: «¿Quién defendió los Derechos Humanos?... ¿Fue el presidente de Estados Unidos, que dijo esto es inaceptable? ¿O fue Francia, que mantuvo el diálogo abierto?».
CUMBRE DEL G-20 / Radiografía del encuentro
La imposible búsqueda de un consenso contra la crisis
La Cumbre va a terminar fijando poco más que la creación de un calendario que incluirá otro encuentro en primavera y de unos comités para analizar cada problema - Sus participantes sólo estarán juntos apenas 12 horas
PABLO PARDO. Especial para EL MUNDO
WASHINGTON.- A sus 73 años, el vicepresidente de Citigroup William Rhodes es acaso la persona que más sepa de crisis financieras del mundo. Y por experiencia propia. En 1982, dirigió la reestructuración de la deuda de América Latina. En 1995, el salvamento de la economía mexicana, en plena desintegración por la crisis del efecto tequila. Y, en diciembre de 1998, tuvo que interrumpir sus vacaciones en Barbados cuando el entonces presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, le llamó para que negociara una reestructuración de la deuda externa de Corea del Sur.
Y ayer, apenas unas horas antes de que la Cumbre del G-20 comenzara, Rhodes dio su punto de vista sobre el encuentro. El vicepresidente del Citigroup, a través de un comunicado difundido por el Instituto para las Finanzas Internacionales (IIF, el think tank de los grandes bancos del mundo, con sede en Washington), explicó: «Confío en que los líderes [presentes en la Cumbre] valoren que el crecimiento y la prosperidad mundiales sólo se pueden sostener por medio de un refuerzo adicional de un régimen de comercio e inversión abierto y libre».
En otras palabras: cuidado con un exceso de regulación. Un punto de vista con el que coincide completamente la Administración Bush, y también Japón, que quieren un acuerdo de principios que establezca una negociación, unos grupos de trabajo y un calendario. Y al que se oponen, aunque con diferentes matices, los europeos. El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, quiere reforzar el control de las finanzas y la economía internacionales. El primer ministro británico, Gordon Brown, más cercano a EEUU, quiere más supervisión. Y la canciller alemana, Angela Merkel, se sitúa a medio camino.
Eso implica que la Cumbre va a terminar fijando poco más que la creación de un calendario que incluirá otro encuentro en primavera y de unos comités para analizar cada problema. Es algo no sólo comprensible, sino inevitable en un encuentro que no sólo no tiene agenda, sino en el que los participantes sólo estarán juntos durante menos de 12 horas.
A eso se suma la situación de interinidad de la política estadounidense. Bush deja la Casa Blanca el 20 de enero, y Barack Obama sólo ha enviado como representantes suyos a la Cumbre a la ex secretaria de Estado Madeleine Albright y al ex congresista Jim Leach, que rompió con su partido el pasado verano para apoyar al entonces candidato demócrata. Son dos políticos con mucho nombre y ningún peso específico. Y, en el caso de Albright, con cero conocimiento de finanzas. «El mundo necesita liderazgo», explicó ayer el economista keynesiano Dani Rodrick al diario británico The Guardian. Pero la cumbre de Washington no parece que vaya a proveerlo.
Esa falta de acuerdo se dejaba ayer notar en la Cumbre, cuando su agenda seguía tan abierta como hace una semana. Sobre todo en sus partes más difíciles: las relativas al papel de las agencias de calificación de riesgos, a la regulación de los derivados financieros, los credit default swaps y los bonos hipotecarios, al sistema de incentivos en el sector financiero y la regulación de los hedge funds y otras instituciones financieras que en este momento no están supervisadas por ningún país.
En otras palabras: el núcleo del debate -la regulación- seguía abierto. Y todo indica que seguirá durante, al menos, meses, por muchos comités de trabajo que se creen. Lo único en lo que los países parecían de acuerdo era en sancionar por escrito lo que han venido haciendo hasta ahora: utilizar las herramientas fiscales y monetarias para reactivar las economías y los sistemas financieros, mantener canales de comunicación abiertos para tratar de coordinar las políticas de los diferentes países -aunque dejando claro que cada Gobierno decidirá qué hacer basándose en la situación de su economía- y reforzar la supervisión internacional.
Pero no cabía esperar grandes avances prácticos. Como dijo el martes Daniel Price, asesor de George W. Bush para Asuntos Económicos Internacionales a un grupo de periodistas en la Casa Blanca, «ésta es la primera vez que los jefes de Estado y de Gobierno del G-20 se reúnen. Esperamos una discusión profunda de las causas, las acciones -acciones a corto plazo que deben adoptarse ahora, acciones a largo plazo que deberán ser consideradas- y, lo más importante, un acuerdo en los principios fundamentales de reforma». Con ocho minutos para que cada jefe de Estado y de Gobierno expusiera sus puntos de vista en la cena con que se abrió ayer la Cumbre, no cabía esperar mucho más.
La Cumbre está siendo monopolizada por el G-7. El mundo en vías de desarrollo está, por ahora, dando la callada por respuesta. Aunque eso no quiere decir que no tengan sus propias ideas sobre lo que está pasando. China parece satisfecha con el actual orden económico mundial, en buena medida porque le permite beneficiarse de él sin tener que jugar un papel activo en la toma de decisiones. Desde luego, Pekín no quiere que el dólar -del que acumula cerca de un billón de euros en reservas- pierda su centralidad en el sistema financiero mundial. Y, además, China es, como Estados Unidos, nacionalista, así que tampoco está dispuesta a que su economía sea fiscalizada por unos organismos internacionales más poderosos.
Otros mercados emergentes del G-20 quieren, fundamentalmente, más dinero. Es algo comprensible, porque las economías en vías de desarrollo han visto cómo los países ricos nacionalizan buena parte de sus sistemas bancarios. Ahora, los bancos de los países ricos tienen dinero. Y los de los países en vías de desarrollo están sufriendo el contagio de la crisis iniciada con el derrumbe de la burbuja inmobiliaria de Estados Unidos. Esta semana, Brasil ha inyectado dinero público en su séptima mayor entidad bancaria. Y Kazajistán ha anunciado que puede nacionalizar sus bancos.
El problema es que esos países no tienen dinero para llevar a cabo esas operaciones. Así que alguien se lo tiene que prestar. Y ésa puede ser una de las pocas cosas en las que la Cumbre que termina hoy alcance un acuerdo, aunque en la práctica simplemente sancionará lo que ya lleva sucediendo desde hace varias semanas: los organismos multilaterales -sobre todo el Fondo Monetario Internacional (FMI)-, que llevaba casi una década perdido en combate, debe volver a empezar a prestar dinero de forma masiva al mundo en desarrollo.
Así que, paradójicamente, George W. Bush sale del poder haciendo lo mismo que su predecesora: usando el FMI como una herramienta para apoyar a países en crisis. Eso sí, sin que a Washington le cueste un dólar.
Japón va a aportar unos 85.000 millones de euros a la institución, que ya cuenta con unas reservas cercanas a los 200.000 millones de euros. Los países del Golfo Pérsico estudian inyectar en el FMI otros 55.000 millones de euros. Pero ésa es, de nuevo, la parte fácil de la crisis.
Entretanto, la hecatombe de la economía mundial sigue. El déficit público de Estados Unidos en octubre, publicado ayer, insinúa que el desequilibrio de las cuentas públicas de ese país podría rozar el 7% del PIB este año. Las ventas estadounidenses al por menor registraron el mes pasado la mayor caída desde que hay estadísticas. Y Citigroup estudia despedir a 10.000 empleados, entre ellos a su presidente, Wim Bischoff, que lleva menos de un año en el cargo.
A este paso, Rhodes va a tener que dejar de preocuparse por salvar la economía mundial en el G-20 y rescatar a su propio banco o su propio empleo.
LA POLEMICA NACIONAL / NUESTRO LUGAR EN EL ESCENARIO MUNDIAL
España, entre Washington y Kabul
La accidentada historia de la participación española en la cumbre de Washington ha desatado la polémica sobre el significado de esa presencia y de toda nuestra política exterior.
VICTOR DE LA SERNA
El atentado de Afganistán ha venido, con trágica oportunidad, a aportar su contrapunto a este debate en torno a nuestros compromisos internacionales que acompaña a la cumbre.
Los aplausos a José Luis Rodríguez Zapatero resonaban sin la menor reserva en un editorial de El País: «Por suerte para la economía española, una de las más potentes del mundo, el órdago de Zapatero ha salido bien. Pase lo que pase en Washington y en fechas posteriores, España podrá aportar su experiencia como uno de los países con un sistema financiero más sólido. No podía ser de otra manera. El éxito de las gestiones diplomáticas de Zapatero pone a España donde merece».
Pero desde la derecha y la izquierda llovía el escarnio. Vean primero lo que escribe Ignacio Camacho en ABC: «El resonante éxito diplomático del Gobierno español, el más importante desde la coronación imperial de Carlos V o así, consiste pues en que el presidente va a poder pintar la mona en unas fotos con la crema del poder planetario, y quizá disponga de unos minutos de gloria para asombrar a los dirigentes de la tierra con las referencias de nuestro exitoso sistema socioeconómico, sin duda la máquina de generar desempleo más potente y vertiginosa del momento».
Y, luego, Rafael Reig, en Público, reclamaba que los que cree ser los damnificados del capitalismo, los países del Tercer Mundo, decidan en Washington, y se mofaba del «pueril» Zapatero: «Aparte de las ganas de figurar y el patriotismo provinciano, lo que nos preguntamos (los cuatro menguados de siempre) es, en concreto, ¿por qué siente Zapatero una necesidad tan imperiosa de figurar entre los grandes? ¿Qué es eso tan importante que va a decir y que el mundo no puede pasarse sin escuchar? ¿Acaso va a revelar la fórmula mágica que sólo él conoce para conseguir la tasa de paro más baja de Europa? (...) Recuerda demasiado a cierto predecesor suyo, que, con tal de salir en una foto en las Azores, se apuntaba a un bombardeo».
De ahí se pasa, claro está, a Afganistán. Miguel Angel Aguilar, en El País, exige que nos marchemos de allá: «Aceptemos que es inútil dar coces contra el aguijón, que carece de sentido matar moscas a cañonazos y que el terrorismo precisa servicios de inteligencia y pequeñas unidades operativas muy especializadas. (...) Las fuerzas militares norteamericanas no aceptan mandos de ninguna otra procedencia, ni tampoco coordinaciones. De manera que sus aviones bombardean, como la semana pasada, una boda, dejan 13 muertos con mujeres y niños incluidos, y la rabia se desencadena después sobre las fuerzas en el terreno, españolas en este caso, según acabamos de comprobar. Así no se puede seguir. ¿Hasta cuándo?».
Sin embargo, es el fariseísmo patente en nuestra actitud frente al conflicto afgano el que es resaltado por Valentí Puig en ABC: «Al amparo de las oleadas de efusión que provoca Obama, Zapatero podría permitirse enviar más tropas a Afganistán, porque si lo sugiere Obama está bien y estaba mal si lo reclamaba el hecho de pertenecer a la OTAN. La pedagogía pública que se deriva de tales piruetas es de retrotracción. Todo gira en torno a la supervivencia política del zapaterismo y no se articula según la prioridad de los intereses nacionales».
CUMBRE DEL G-20 / La opinión / M. WEISBROT / Codirector del 'think tank' CEPR
«Es sólo una ocasión para salir en la foto»
PABLO PARDO. Especial para EL MUNDO
WASHINGTON.- La crisis ha sido una inyección de prestigio para centros como el Center for Economic and Policy Research (CEPR), cuyo codirector, Mark Weisbrot, analizó ayer la Cumbre para EL MUNDO.
Pregunta.- ¿Cuál va a ser el resultado de la cumbre?
Respuesta.- Un acuerdo sobre procedimientos, no sobre las causas de la crisis ni sobre las acciones necesarias para reformar la arquitectura financiera internacional. Esto es simplemente una buena oportunidad para salir en la foto, aunque puede tener un efecto positivo en los mercados.
P.- Las Bolsas no parecen entusiasmadas con la reunión...
R.- Es cierto. Pero eso no significa necesariamente que hayan decidido que es irrelevante. Un acuerdo, aunque muy básico, puede mover a los mercados en la dirección correcta.
P.- Todos hablan de una refundación del orden mundial.
R.- Por ahora, nadie está demostrándolo en la práctica. La cumbre va a estar dominada por el G-7. Los países del G-20 no están diciendo mucho, probablemente porque saben que de aquí no va a salir nada decisivo. Y eso en parte es inevitable. En Bretton Woods, que se celebró en plena Segunda Guerra Mundial, era más fácil llegar a un acuerdo, porque EEUU era la única gran potencia industrial del mundo. Ahora, el poder está más repartido.
P.- ¿Qué demostraría que los países que están en Washington se toman la cumbre en serio?
R.- Un debate sobre el control de los flujos de capitales. Pero ningún país importante está hablando de eso.
P.- Da la impresión de que hay dos posturas enfrentadas: la francesa y la estadounidense.
R.- Bush está defendiendo todo lo que puede el actual sistema. Y Sarkozy está hablando, aunque no está haciendo nada sólido en realidad.
CUMBRE DEL G-20 / GEORGIA
Recordatorio a Medvedev
El presidente francés y de turno de la UE, Nicolas Sarkozy, criticó a su homólogo ruso, Dimitri Medvedev, la «desproporcionada» actuación de sus tropas en Georgia, y le pidió que se retiren de dos de los enclaves aún en disputa (Ajalgori y Perevi), según informa la agencia Efe. Sarkozy remarcó, no obstante, que los rusos habían cumplido «ampliamente» los compromisos del plan de paz que puso fin al conflicto. Por su parte, Medvedev insistió en criticar la «agresión» de Georgia contra el territorio ahora independizado de Osetia del Sur, y apuntó que los rusos entraron en Georgia «para evitar una catástrofe humanitaria».
CUMBRE DEL G-20 / Los países emergentes
'Sólo China puede salvar al capitalismo'El chiste que circula en el ciberespacio es un signo de una nueva era, en la que Pekín podría aportar un fondo de rescate global
ARTIZ PARRA. Especial para EL MUNDO
SHANGHAI. A pesar de los preocupantes resultados económicos cosechados en el último mes, la economía china será, con toda probabilidad, la única del G-8 que no finalice el año entrando en recesión. En el peor de los casos, las previsiones apuntan a que Pekín será capaz de mantener a flote su Producto Interior Bruto por encima del 8% de crecimiento, el límite que se considera necesario para mantener el pleno empleo y la estabilidad social en el país.
Sin embargo, esta situación de relativa ventaja enfrenta al presidente chino, Hu Jintao, a la presión del resto de potencias, que quieren ver en Washington una mayor implicación por parte de la cuarta economía del mundo. En 1978, cuando el país comunista emprendió el camino de las reformas económicas, muchos afirmaron que «sólo el capitalismo salvaría a China». Cuando se cumplen 30 años de aquel viaje sin retorno, el chiste que circula en el ciberespacio chino, «sólo China puede salvar al capitalismo», se puede considerar como un signo de los nuevos tiempos que corren en las maltrechas finanzas mundiales.
No obstante, el Gobierno comunista no ha dado muestras concretas, hasta el momento, de querer poner sus casi dos billones de reservas en moneda extranjera a disposición del bien común, sino que, más bien, ha expresado su deseo de utilizar los réditos de su condición de fábrica del mundo para poner las cosas en orden dentro de su casa. Es lo que el primer ministro Wen Jiabao ha llamado «la mayor contribución de China al mundo», es decir mantener el crecimiento robusto de una economía que, hasta el momento, ha aportado el 6% del crecimiento global.
Un sistema financiero relativamente cerrado y un sector bancario tutelado por el Estado no han evitado que el gigante asiático se enfrente a los peores datos económicos de los últimos cinco años. Así, esta semana, Pekín respondía a estas cifras anunciando un paquete de medidas de estímulo de cuatro billones de yuanes (unos 469.000 millones de euros). El desembolso se hará, sobre todo, en un colosal plan de infraestructuras en distintas regiones del país.
En una rueda de prensa, el viceministro de Finanzas sugería ayer que China podría colaborar en una iniciativa del Fondo Monetario Internacional (FMI), posiblemente un fondo de estabilidad para el rescate de segundos países que se hayan visto afectados por la crisis.
Lo que muchos analistas prevén, es que la delegación encabezada por Hu Jintao pueda supeditar esta contribución a que, en el marco del G-20 de Washington, se decida otorgar un mayor peso a los países en vías de desarrollo dentro de las instituciones financieras globales. En contraste con la ambigüedad de Pekín, Japón, la otra gran economía asiática y la segunda en el ranking de reservas de moneda extranjera (acumula cerca de un billón de dólares), anunciaba ayer que hará un préstamo de 100.000 millones al Fondo Monetario Internacional.
«El objetivo de la cumbre», señalaba esta semana el viceministro chino de Asuntos Exteriores, «no es discutir si Pekín debe o no gastar dinero para rescatar otros países o instituciones financieras».
He Yafei insistió en que, el objetivo de la delegación que envía el Gobierno comunista a Washington es mejorar las reglas que rigen la economía global y favorecer el «trato justo» a las naciones en desarrollo dentro del conjunto del sistema financiero internacional.
CUMBRE DEL G-20 / Los países emergentes
Brasil, Argentina y México exigen un mayor protagonismo
Las principales economías de Latinoamérica coordinarán sus estrategias contra la crisis
RAMY WURGAFT. Corresponsal
BUENOS AIRES.- El presidente Lula convenció a sus pares de Argentina y México para que aúnen esfuerzos en pos de un objetivo común: que los países ricos se apeen de su pedestal y presten oído a los reclamos de las naciones emergentes. «Es lo mínimo que se puede exigir, en compensación a los daños ocasionados por una crisis surgida de la imprudencia de ciertos actores económicos», dijo Marcelo Baumbach, portavoz del Gobierno brasileño, aludiendo a los banqueros y operadores de Wall Street. Los líderes de las tres principales economías de la región acordaron reunirse al cierre de la conferencia, a fin de coordinar sus estrategias para hacer frente a una crisis que proyecta su sombra desde los trópicos hasta los hielos polares.
Para empezar, las monedas latinoamericanas han sufrido fuertes devaluaciones, generando brotes inflacionarios y pronunciadas subidas en las tasas de interés. El segundo impacto se advierte en la caída de los precios de los principales productos que exporta Latinoamérica. La soja, el petróleo, el cobre o el carbón, los motores de la reciente expansión económica, cotizan a la baja, arrastrando consigo los ingresos fiscales.
El crack financiero también repercute en las empresas latinoamericanas que cotizan en la Bolsa de Valores de Nueva York. Treinta y ocho firmas brasileñas 20 empresas mexicanas, 15 chilenas, 11 argentinas y cinco colombianas han sufrido pérdidas millonarias a causa del desplome bursátil. «América Latina se encuentra mejor preparada que en épocas anteriores para hacer frente al huracán. Pero sus economías no están a salvo de la recesión», afirma Gustavo Petersen, economista del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Al margen de la demanda trilateral de desempeñar un papel que trascienda el de elemento decorativo en los foros económicos, los estadistas latinoamericanos defenderán cada cual sus postulados. Lula dijo a los periodistas que le acompañan, que la cumbre debe sentar las bases de un nuevo mecanismo para regular la actividad financiera mundial. «La crisis tiene que superarse invirtiendo en el sector productivo y no en la especulación. La receta para salir del pantano es más trabajo, más desarrollo y mayores inversiones en tecnologías avanzadas», dijo el mandatario brasileño.
El mexicano Felipe Calderón anticipó un pronunciamiento contrario al laissez faire como modelo único para la creación de riqueza. «La mano invisible del mercado ha fallado. Se requiere la acción rectora y rectificadora del Estado para corregir la miseria y las desigualdades», expresó el político azteca.
De la presidenta Cristina Kirchner no se espera menos que un ataque frontal al Fondo Monetario Internacional por condicionar su ayuda al cumplimiento de metas que generan desempleo y pobreza. Pero las críticas de mayor calibre están reservadas para el país anfitrión. Antes de tomar el avión rumbo a Washington, la presidenta dijo, en alusión a Estados Unidos: «Cuando uno se ha convertido en abanderado de un modelo, lo que debe hacer es asumir el fracaso de ese modelo y proponer soluciones que no acaben transfiriendo la crisis a los países más vulnerables».
CUMBRE DEL G-20 / La opinión
La promesa del encuentro de Washington
JAMES D. WOLFENSOHN
La reunión del G-20 es un hito en la evolución del gobierno mundial, un hito que espero que dé ocasión de abordar una serie de asuntos de alcance global. Hemos tenido que llegar a este punto porque se ha considerado que nuestra respuesta inicial a la crisis no ha dado resultado. Esta respuesta estuvo patrocinada por miembros del G-7, ese club de amiguetes de los países más desarrollados que tradicionalmente ha tomado la iniciativa a la hora de atajar las crisis.
El papel dominante del G-7 en los asuntos internacionales a lo largo del pasado medio siglo se explicaba por el peso colectivo de sus miembros en la economía: entre 1965 y 2002, representaba una proporción extraordinariamente constante de la producción mundial, sobre el 65%. En los últimos años, sin embargo, el G-7 ha empezado a perder peso. Su participación en la producción mundial ha caído a un 52%. En el año 2030 es probable que se haya reducido hasta a un 37%; en 2050, apenas a un 25%.
La otra cara de esta misma moneda es el auge de los mercados emergentes. El FMI pronostica que en 2009, como consecuencia del hundimiento de las economías desarrolladas por efecto de su primera recesión colectiva desde la Segunda Guerra Mundial, el 100% del crecimiento mundial será atribuible a las naciones en desarrollo. Con este telón de fondo, resulta impensable que los problemas mundiales de estos días puedan abordarse sin la concurrencia de China, la India, Brasil y otras potencias emergentes. No se trata simplemente de una cuestión de justicia o de generosidad, sino de una cuestión de eficacia y realismo.
Por consiguiente, el G-20 es el órgano adecuado para hacer frente a una crisis de esta magnitud. Sus miembros representan el 90% de la producción mundial y dos tercios de la población del planeta. Es un órgano diverso (con cinco países de Asia, tres de Latinoamérica, dos de Oriente Próximo y uno de Africa) y representa un mundo que se está globalizando a marchas forzadas.
Los dirigentes occidentales deben poner el máximo cuidado en no caer en viejos hábitos cuando se encuentren con sus nuevos socios. Occidente debería prestar atención a las experiencias y las preocupaciones que expongan los dirigentes de los países en desarrollo y tratarlos de igual a igual.
Un comportamiento en esta línea mejorará las posibilidades de cerrar con éxito las conversaciones sobre la crisis. No obstante, si la historia reciente de la cooperación mundial sirve de guía, no va a ser fácil alcanzar un resultado satisfactorio. La incapacidad de ofrecer repuestas multilaterales a cuestiones clave a escala mundial ha sido una de las notas más reprochables de la última década. Hemos sido incapaces de ponernos de acuerdo en las negociaciones sobre comercio mundial que comenzaron hace ya siete años en Doha; tampoco hemos alcanzado ningún consenso sobre la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero ni puesto en marcha un sistema creíble de puesta en práctica de los objetivos de Kyoto; no somos capaces de cumplir los compromisos de ayuda al desarrollo contraídos en la reunión del G-8 que se celebró en Gleneagles (Escocia) en el año 2005 y, en consecuencia, corren peligro de quedar en el aire los objetivos de desarrollo del milenio de Naciones Unidas.
De ningún modo se trata de una lista exhaustiva; desde el tratado de no proliferación de armas nucleares hasta la gestión correcta de las reservas estratégicas de petróleo y de las existencias de alimentos, nuestros esfuerzos siempre se quedan cortos.
Entre todos estos problemas, la crisis financiera se caracteriza por ser única y singular en la medida en que está teniendo lugar delante de nuestros propios ojos. Sin embargo, los costes de cruzarnos de brazos no se dejan ver en el caso de otros dos de los más acuciantes problemas del mundo: los efectos del cambio climático y el empobrecimiento de millones de personas.
La Cumbre de hoy podría ser ese momento clave decisivo para superar esas crisis que resultan bien visibles y esas otras que resultan no tan visibles. Sólo los progresos que se alcancen en esta Cumbre van a permitir que los gobiernos recuperen la confianza en los frutos de la cooperación global y renueven su interés por dedicarse a afrontar las cuestiones globales que siguen sin resolverse.
Nuestra responsabilidad más inmediata es solucionar la crisis que tenemos ante nuestros ojos. Sin embargo, mi gran esperanza es que los avances en la resolución de la crisis financiera den paso a avances en la solución de otras crisis mundiales que, aunque menos visibles, no son menos importantes para garantizar nuestro futuro colectivo.
James D. Wolfensohn fue presidente del Banco Mundial de 1995 a 2005. En la actualidad, es presidente de Wolfensohn and Co., una compañía de inversión y asesoramiento que trabaja fundamentalmente en economías emergentes de mercado.