LA TRASTIENDA
ISABEL SAN SEBASTIAN
Lenguas como sogasDe todas las herramientas empleadas por el nacionalismo en su empeño por quebrar la espina dorsal de esta nación, ninguna se ha revelado tan eficaz como la educación, convertida mediante la manipulación en instrumento de adoctrinamiento patriótico. Y dentro de la educación, ningún mecanismo se aplica tan implacable y sistemáticamente como la dictadura lingüística, impuesta ya a millones de ciudadanos inermes en cuatro comunidades autónomas: Cataluña, Galicia, País Vasco y Baleares. La lengua, vehículo indispensable para la comunicación, merced a la cual la especie humana ha evolucionado muy por encima de cualquier otra, hasta domesticar la Tierra, se convierte de ese modo en barrera ideológica, frontera de exclusión, soga destinada a amarrar sólidamente las conciencias. En ningún país civilizado, y mucho menos en uno presuntamente democrático, como es el caso de España, sería concebible que la ciudadanía fuese convocada a la plaza pública para reivindicar su derecho a expresarse y escolarizar a sus hijos en la lengua que ellos hablan en casa y que la Constitución consagra como común a todos los españoles. Aquí, sin embargo, las víctimas indefensas de la inmersión brutal e implacable en la lengua de Cataluña (como si fuesen los territorios y no las personas quienes articulan palabras) darán ese paso el domingo, puesto que no les queda otra vía para dar curso a su rabia. La serie de denuncias publicada por EL MUNDO, con capítulos tan estremecedores como el de esa niña pequeña aquejada de una grave minusvalía, a la que sus maestros se niegan a tratar en español, a pesar de los informes médicos que así lo aconsejan, debería obligar al presidente del Gobierno a dar cuando menos una explicación. Pero Zapatero calla y niega la evidencia. ¿Cómo va a hacer otra cosa si son sus correligionarios quienes sustentan, desde el poder, las bases de esta dictadura? El mira hacia otro lado y se encuentra en ese gesto con los encargados de velar porque se respete la Carta Magna, más preocupados hoy por conservar la silla que por cumplir con su deber.
El Foro de Ermua, una de las pocas asociaciones cívicas que todavía resiste pese a la saña desplegada por el Ejecutivo socialista para arrasar con todas ellas, debate este fin de semana en torno a esta cuestión, que Unamuno describía ya en 1931 en los siguientes términos: «No quiero que llegue un momento en que una obcecación pueda llevarnos al suicidio cultural, aunque no lo creo, pues no hay derecho al suicidio». Bien; ahora ya lo hay. Lo llaman muerte digna y se empeñan en impulsarlo.
ERASMO
LoloRico: señora tan satisfactoria. Memorias, clarividentes desde el epígrafe a la Bola de Cristal: «¿Cómo es posible que el tiempo pase tan deprisa y yo no me dé cuenta?». Hasta su adorable, (resignada) denuncia del «capitalismo» (sic: Leer, Octubre 08). Feminismo, feminidad y: una madre para siete hermanos. Máxima para una crestomatía de frases célebres: «Los niños de ahora están castigados a divertirse». (Adultos también).SABATICA SABATINA
MANUEL HIDALGO
El anonimatoDel gigantesco vertedero de Internet se puede decir mucho. Algo me preocupa especialmente: el potencial configurador del anonimato. A propósito de blogs, foros y chats, y antes de entrar en el contenido de lo que se dice, destaca, por su propiedad de crear actitudes -y también discursos-, el generalizado carácter anónimo de quien lo dice. En una adecuada construcción de la personalidad -individual, cívica, moral-, siempre se ha considerado que dar la cara, atenerse a las consecuencias, asumir la relación entre los propios actos y sus efectos, no esconder la mano caso de tirar la piedra, estar en condiciones de responder de los posicionamientos y acciones personales y etcétera, eran condiciones de la respon-sabilidad, regla atenuante de las posibles asperezas de la convivencia, ingrediente del necesario coraje y sustrato ético elemental de lo que quiera que vaya a hacerse o decirse.
Internet es el reino del anonimato. Entrar, mirar, hablar y salir puede hacerse bajo la máscara, el pasamontañas y el embozo de quien no muestra su identidad y, por tanto, de quien se atrinchera en la doble cualidad de impune e inmune, cualidad exenta de calidad porque desconoce y evita asumir el yo que se expresa y las responsabilidades y resultados de esa expresión.
Por primera vez en la Historia disponemos de un instrumento que, mucho más allá de los libelos y de los anónimos, está permitiendo hablar desde uno mismo, pero desplazando a lo borroso e indiscernible la identidad de quien habla. Enturbiando, por retroalimentación, ese uno mismo.
Habla uno -con nombre y apellidos-, pero se expresa -lejos de su valor y responsabilidad- otro agazapado en él. Con frecuencia, ese otro es el cobarde que no osaría manifestarse como se manifiesta si pudiera ser identificado.
El anonimato de internet genera, desde luego, que muchas expresiones tengan la característica del anónimo, del insulto, la agresión o la amenaza sin firma identificable. Lo que por ahí aparece, desde luego, es un desolador panorama de vileza, falta de valentía, rencor, ignorancia, ociosidad, resentimiento y malestar con uno mismo y con la vida que produce escalofríos. Y, ahora sí, acabo de entrar un poco en lo que se dice.
Pero, siendo esto mucho, lo que internet está propiciando es una profunda esquizofrenia. Está configurando una disociación. Está permitiendo la proliferación masiva de individuos escindidos entre Jekyll y Hyde. Jekyll, en su actuación cotidiana, se atiene, por convicción o por la disuasión de las normas, a un comportamiento transparente -que incluye, por supuesto, cierta represión- y Hyde se permite decir/hacer cuanto quiere sin calibrar.
Lo grave no es que Hyde actúe irrespon-sablemente, lo grave es, y vuelvo a las primeras líneas, que Internet está permitiendo la misma creación de Hyde, de la mentalidad de Hyde. ¿Qué hace Hyde cuando, en el día a día de su vida, no tiene más remedio que comportarse como Jekyll? Comenzar a enfermar.
ASUNTOS INTERNOS
LUCIA MENDEZ
El penitenteUltimamente no pasa una semana sin que algún acontecimiento prediga el fin del mundo. Se deshiela un iceberg y ya está de camino el calentamiento global que derretirá la Tierra. Se pone en funcionamiento una máquina llamada Gran Acelerador -que casi nadie sabe para qué sirve- y los profetas ven llegar un agujero negro que nos engullirá. Los tsunamis y terremotos son el preludio de la gran hecatombe. La carestía del petróleo augura el Apocalipsis... Nada, sin embargo, comparable con la crisis de Wall Street que, según nos dicen, significa el fin del mundo capitalista. Aunque sea uno muy descreído acerca de las profecías apocalípticas, hay que reconocer que la imagen del Secretario del Tesoro de Bush arrodillándose delante de Nancy Pelosi en el salón Roosevelt de la Casa Blanca puede acercarse bastante al concepto de Juicio Final en el Valle de Josafat. Henry Paulson, el dueño de la divisa más poderosa del mundo, rogando humildemente a una mujer su intercesión ante los demócratas. «No sabía que era usted tan católico», le dijo la presidenta de la Cámara de Representantes con sentido del humor. Muy desesperado tenía que estar Paulson para pasar de poderoso Secretario del Tesoro a modesto penitente y además delante de todo el mundo. Viene a ser -a escala- como si el vicepresidente Pedro Solbes -hombre que no se inmutaría ni ante la llegada del fin del mundo- se arrodillase en los pasillos del Congreso ante la portavoz del PP, Soraya Sáez de Santamaría, pidiendo árnica para sus Presupuestos.
Es dudoso que el secretario del Tesoro tenga tiempo para leer la prensa norteamericana en estos días. Pero si la leyera, se pondría aún más nervioso y tal vez tuvieran que quitarle los somníferos del armario del cuarto de baño. El columnista del Washington Post Charles Krauthammer ha escrito que la ira del pueblo norteamericano no se calmará hasta que los ejecutivos responsables de la hecatombe sean detenidos, encadenados y paseados por Manhattan camino de una prisión de alta seguridad.
Se da la circunstancia de que antes de dedicarse a la política, Henry Paulson fue presidente de Goldman Sachs, un banco de inversión al borde de la quiebra que se ha salvado, quién sabe si gracias a su antiguo ejecutivo. El nazareno de la Casa Blanca recibió 67 millones de dólares en bonos de la compañía. Se calcula que la fortuna acumulada como ejecutivo en Goldman Sachs asciende a 700 millones de dólares. Paulson tiene el perfil de la venganza que exigen muchos norteamericanos a cambio de inyectar dinero público en las ruinas de Wall Street. Lo cual no le ha impedido decir, muy suelto, que «el pueblo está indignado con las compen-saciones que reciben los ejecutivos, y con razón».
Muchas veces nos quejamos de la clase política española. Pero qué quieren que les diga. Entre Henry Paulson y Pedro Solbes, me quedo con éste último sin dudarlo. Incluso con Emilio Botín, si me apuran un poco.
EL MUNDO QUE VIENE / GUSTAVO GROBOCOPATEL: «Las ONG que bloquean el traspaso de las tecnologías al campo serán responsables de las futuras hambrunas» SE PROPUSO TRANSFORMAR A LOS GROBO, SU EMPRESA FAMILIAR, EN UN POLO DE INNOVACION TECNOLOGICA Y SOCIAL. SIENDO UNO DE LOS MAYORES PRODUCTORES DE SOJA Y TRIGO DE SURAMERICA, AFIRMA QUE EL DINERO NO PROVIENE DE LAS PLANTAS SINO DE LA ORGANIZACION DE REDES DE CONOCIMIENTO.RAMY WURGAFT
CARGO: Presidente del consorcio Los Grobo / EDAD: 47 años / FORMACION: Ingeniero agrónomo por la Universidad de Buenos Aires / CREDO: De ascendencia judía, no practica la religión / AFICIONES: Es vocalista de un grupo folclórico / SUEÑO: Poder comenzar otra vida a los 52 años «Bienvenidos a la Pampa, corazón agrícola de la Argentina», dice un cartel al borde de la ruta por donde transitan los pesados camiones que salpican el parabrisas del coche con una lluvia de espigas y de barro. La travesía en medio de los campos de trigo y de soja que se extienden hasta el horizonte es de nunca acabar. En las paradas que hacemos para tomar café, observamos y somos observados por hombres de bigotes lacios con pañuelos anudados al cuello. Descienden de los gauchos, los antiguos amos de la pradera. Antes eran expertos en la doma de caballos. Ahora son diestros en el manejo y la reparación de las enormes cosechadoras, la única nota de relieve en la verde planicie. Llegamos a la sede de Los Grobo, una construcción en forma de silo que reverbera furiosamente bajo el sol. El personal de la empresa debe de rondar la edad de los chicos que asisten a los conciertos de rock y es ésa la música que escuchan mientras reciben en sus ordenadores la cotización de los granos en la Bolsa de Chicago o evalúan el rendimiento de la última cosecha con un individuo rubio y fortachón, parecido a los campesinos rusos. La secretaria le avisa de que hemos llegado y él nos saluda con un fuerte apretón de manos. Se llama Gustavo Grobocopatel y es uno de los mayores productores de granos de Suramérica.
PREGUNTA.- En Egipto ha habido disturbios por el aumento del precio del trigo. Lo mismo sucedió en Honduras, Pakistán y Etiopía con el maíz. El secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, advierte que el mundo se expone a una hambruna de dimensiones escalofriantes. ¿Qué sucede con el precio de los alimentos?
RESPUESTA.- Estamos en medio de una crisis que afecta a los países más vulnerables del planeta. En los últimos 10 meses, el precio del trigo aumentó en un 130%, la soja en un 87%, el arroz en un 74% y el maíz en un 31%. El problema radica en la convergencia de dos factores: los recientes aumentos en la cotización del petróleo y un crecimiento dramático en la demanda de alimentos. La primera parte de la ecuación no se resuelve sin romper el oligopolio de los países con grandes reservas de hidrocarburos. Existen regímenes dentro de la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP) que operan bajo una lógica de confrontación. Por otra parte, cada vez es mayor el número de personas, en China, India o Latinoamérica, que se alimentan más y mejor. Este adelanto, de incalculables beneficios para la raza humana, plantea un desafío que los gobiernos, las organizaciones humanitarias y nosotros, los productores de alimentos, debemos enfrentar con estrategias consensuadas.
P.- Entre los responsables de la crisis se le olvida mencionar a los especuladores.
R.- De acuerdo, hay especuladores que a raíz de la caída del dólar y de los papeles bursátiles han trasvasado su capital al área de los alimentos. Pero son pocos y pronto saldrán del juego, porque a diferencia de las hipotecas o de los bonos basura, el pan y el azúcar son bienes tangibles, sujetos a una demanda y a una oferta difícil de manipular. No se puede forzar a un agricultor a que venda menos arroz y a un ciudadano a que consuma menos de ese producto.
P.- La empresa que usted dirige ha sido tomada como modelo de innovación en la Universidad de Harvard. ¿Qué hace de Los Grobo una de las asignaturas que se estudian en la Escuela de Negocios de esa institución?
R.- A diferencia de la empresa vertical o piramidal, Los Grobo es el núcleo coordinador de una vasta red horizontal formada por 2.000 PYMES que aportan servicios, maquinaria, insumos, tecnología, y la mano de obra de 7.000 empleados que participan directa o indirectamente en el proceso productivo. Estamos en las antípodas del clásico empresario-terrateniente: el 90% de las 160.000 hectáreas que explotamos en Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay son tierras alquiladas. Nuestro conglomerado emplea las más modernas prácticas de gerencia. Absorbe y produce tecnología -sobre todo biotecnología y software- y está volcado en el desarrollo de nuevos talentos, con vocación de futuro. Hemos creado un fideicomiso agrícola donde la mayoría de los inversores son jubilados argentinos. Y un mecanismo de financiación -Los Grobo SGR, con 350 socios-, que ha concedido créditos por más de 150 millones de dólares a pequeños y medianos emprendedores. Se puede decir que somos una incubadora de nuevas empresas y que articulado de la forma descrita, Los Grobo representa una experiencia inédita en el sector agropecuario.
P.- ¿Cuál es la principal ventaja de este tipo de organización?
R.- Para conseguir los objetivos que nos hemos propuesto -estar en la vanguardia de la tecnología, producir a gran escala y formar nuevos y mejores agricultores- una empresa convencional tendría que ser de proporciones gigantescas, y administrar un capital del tamaño del presupuesto de un pequeño Estado. Considere que una semillita patentada cuesta decenas de miles de dólares. O que un productor mediano de maíz debe cosechar 8.500 toneladas sólo para cubrir los insumos, que están por las nubes. Los Grobo tiene calificación suficiente para reclutar capitales en cualquier Bolsa, pero el inversionista que buscamos es alguien que debe estar comprometido con los proyectos y los valores que impulsamos.
P.- ¿Qué papel le corresponde al gerente en las empresas del futuro?
R.- En una firma tradicional. El gerente transfiere las órdenes desde el directorio o la mesa de accionistas al operario. En el modelo que sustentamos, ese gerente es la persona que coordina el trabajo de varios equipos que actúan de forma autónoma. La oficina, como centro de operaciones y símbolo de estatus, va a caer en desuso, desplazada por las nuevas herramientas -el ordenador con su permanente flujo de información, la videoconferencia, la transmisión de datos vía satélite- que están a disposición del director ejecutivo, donde quiera que se encuentre. Esta metamorfosis alcanza a todos los niveles de la empresa: el tractorista y el directivo deben tener la capacidad de incorporar nuevos conocimientos y de tomar decisiones por cuenta propia. La Revolución Industrial impuso el predominio de la máquina sobre el ser humano. En la era que se inicia, los hombres y las mujeres recuperan el protagonismo que tuvieron cuando la economía era de tipo artesanal.
P.- Otra de las amenazas que se ciernen sobre el género humano es la degradación de los suelos. La agricultura se está quedando sin el insumo básico que es la tierra.
R.- Hay datos alarmantes que apuntan en esa dirección. Más de 6.000 millones de personas en el mundo dependen del alimento que se cultiva en el 11% de la superficie terrestre. Sólo el 5% de esos suelos son inherentemente fértiles, es decir, no precisan de fertilizantes o de otro tipo de intervención para ser productivos. Según la Organización Mundial para la Agricultura y la Alimentación (FAO), cada año se pierden 12 millones de hectáreas por erosión o a consecuencia de actividades humanas. Me parece una cifra brutal pero, viniendo de una fuente fidedigna, el cálculo no debe andar muy errado. No obstante, en Africa existen vastas regiones adecuadas para todo tipo de cultivos. Y no hablo de una agricultura de subsistencia sino de grandes cosechas con excedentes para la exportación. ¿No es una ironía cruel que en esas tierras el hambre sea prácticamente un mal endémico? Pero no hay que ir tan lejos para observar ese tipo de anomalías. En la provincia norteña de Tucumán hubo una suerte de epidemia de inanición, que acabó con la vida de 49 niños en 2002. A escasos kilómetros de una de las principales zonas agrícolas del mundo, esos chicos no tenían qué comer.
P.- Por un lado es necesario satisfacer la creciente demanda de alimentos, del otro lado hay quienes culpan a la agricultura intensiva del empobrecimiento de los suelos. ¿Cómo se resuelve este dilema?
R.- La agricultura de alto rendimiento no desgasta la tierra si lleva incorporados los últimos avances de la tecnología. Bioceres, el consorcio de biotecnología que formamos en sociedad con 70 especialistas, ha avanzado en la caracterización de un gen que le confiere al maíz, el trigo y la soja la capacidad de adaptarse a suelos áridos o salinos, como los que cubren la región sahariana o la parte meridional de Perú. La rotación de los cultivos es otra práctica que garantiza la conservación de los nutrientes igual que la siembra directa, una técnica que consiste en implantar las semillas sin utilizar previamente el arado.
P.- Es curioso que en Europa sólo se emplee la siembra directa, que como usted señala evita la erosión y retiene la humedad, en el 5% de la superficie cultivada, mientras que en Argentina, el 70% de los cultivos se realizan por medio de ese sistema de siembra directa.
R.- Además de poseer buenas tierras, con abundancia del humus, un tipo de suelo feraz, con alta concentración de componentes orgánicos, Europa concede generosos subsidios a sus agricultores. El proteccionismo, más que los dones de la naturaleza, hace que los agricultores del viejo continente sean reacios a invertir en nuevas tecnologías. Queriendo hacerles un favor, algunos gobiernos inoculan en los productores el germen del conformismo. Pero ese letargo no va a perdurar. En las conversaciones que mantengo con mis colegas europeos, me percato de que ellos son conscientes del efecto paralizante que ejercen esos mimos estatales.
P.- Reformulo la pregunta que le hice antes sobre el papel del empresario, para que se refiera al lugar que le corresponde al Estado en las sociedades del futuro.
R.- Ni el empresario más exitoso ni las leyes de autorregulación de los mercados van a reemplazar al Estado en su tarea de redistribuir la riqueza. Se da la feliz coincidencia de que los commodities están en pleno auge y que gran parte de la producción agropecuaria se concentra en los países emergentes. El dinero que obtiene el fisco mediante los impuestos a la exportación alcanza para cubrir las necesidades básicas de los sectores de bajos recursos. O debería alcanzar, si se administraran con buen criterio y no sobre la base de intereses partidistas.
P.- El Grupo de Reflexión Rural culpa a la soja y a usted, que produce 60 millones de toneladas de granos al año, de la destrucción del bosque nativo del Chaco, de la erradicación de los nativos y de la miseria que padecen.
R.- De toda la constelación de organizaciones que atacan a la agricultura moderna, usted eligió la menos seria. ¿Por qué no a Greenpeace, que al menos se esfuerza por fundamentar sus críticas en datos sólidos? Con sus buenas intenciones -a veces por motivos oscuros- algunas ONG nos están llevando a un callejón sin salida. Satanizan a los transgénicos, a la siembra directa, a lo que llaman «la cultura del monocultivo». Al mismo tiempo protestan por el hambre en el mundo. ¿Qué alternativas ofrecen? Ninguna que no sea volver a las viejas prácticas que tanto daño ocasionaron al medio ambiente que ellos dicen defender. Es sabido que la agricultura -la tradicional, sobre todo- es responsable de la emisión del 12% de los gases de efecto invernadero. Siguiendo la lógica de ciertos ambientalistas, habría que suprimir la agricultura en todas sus formas. Lo mismo ocurre en el contexto de la energía: todos están de acuerdo en que los hidrocarburos contaminan, pero se oponen a la construcción de centrales hidroeléctricas porque estropean el paisaje. Vetan a las plantas nucleares por temor a que se repita el desastre de Chernobyl y a los biocombustibles porque su producción iría en menoscabo de los alimentos. Las ONG influyen cada vez más en las decisiones de los gobiernos. Si persisten en bloquear el traspaso de nuevas tecnologías al campo y a la creación de fuentes alternativas de energía, deberán hacerse responsables de las futuras hambrunas y del estancamiento de la industria.
P.- La soja transgénica del tipo RR y su herbicida, el glifosato, son el blanco predilecto de la artillería medioambiental. ¿Cómo responde usted, rey de la soja, a esos ataques?
R.- Para empezar ese apelativo monárquico no me retrata, porque como le explicaba al comienzo, Los Grobo es una empresa horizontal donde un sinnúmero de personas participan en la toma de decisiones. A su pregunta: todas las pruebas de laboratorio que se han realizado hasta hoy indican que la soja RR no daña la salud. Entre el 2003 y el 2004, los chinos consumieron 35 millones de toneladas de soja, en forma de porotos, aceites y harina, sin que se registrara un solo caso de enfermedad atribuible a la oleaginosa o al glifosato. Está demostrado que en un régimen de rotación con el maíz y el trigo, las oleaginosas no empobrecen los suelos. Se alega que la soja atenta contra la diversidad al invadir áreas que podrían destinarse a otros cultivos o a la crianza de animales. Nuestra experiencia y la de otros demuestra lo contrario: en Tucumán, la superficie sembrada ha aumentado, en la última década, de 90.000 hectáreas a 280.000 hectáreas. En el mismo período se incrementó la producción de caña de azúcar, limón, trigo y carne vacuna.
SU PROPIO MUNDO «La agricultura es hoy una herramienta de progreso humano»
Usted proviene de una familia de gauchos judíos.
- Efectivamente, mi bisabuelo Abraham vino de Rusia en 1910 y se instaló con su hijo Bernardo en una colonia agrícola patrocinada por el barón Mauricio Hirsch. Esa colonia fue el germen de Carlos Casares, el pueblo donde nací y sigo viviendo. Ambos eran contratistas rurales y con el tiempo compraron unas tierras. Así comenzó la aventura de Los Grobo.
El currículo que envió su asesor de prensa no mencionaba que su hobby es la música.
- Más que un pasatiempo es mi segunda ocupación, una changuita [trabajo ocasional] a la que dedico una parte del fin de semana. Hace 25 años que estudio música y 16 desde que formé con dos amigos el grupo folclórico La Cruz del Sur. Yo soy el vocalista; José Félix Boses y Héctor Llanos me acompañan con sus guitarras. Interpretamos zambas (argentinas), milongas y tonadas. Nuestro mentor espiritual es el difunto Atahualpa Yupanqui, un poeta y cantor que expresa como nadie el sentir del hombre de campo argentino.
Y usted se identifica más con el campesino Gustavo que con el empresario Grobocopatel.
- Usted encuadra al empresario en una categoría urbana: la del hombre de traje y corbata que entra y sale de su oficina en un edificio de una gran ciudad, con el celular enchufado a la oreja. A su vez, el campesino es un sujeto tranquilo que viste vaqueros, se levanta con los gallos y maneja un tractor. Cuando yo nací las cosas ya eran diferentes. Los campesinos eran pequeños emprendedores y muchos padecían estrés, una condición que afortunadamente no me afecta.
Yo no hago esas distinciones. De joven trabajé en las plantaciones de algodón de un kibutz...
- Se habrá decepcionado al descubrir que el campo no es el espacio bucólico que usted imaginaba. Para mí la poesía está en el empeño que uno pone en producir alimentos; en ver cómo crecen los cultivos. Me hace ilusión saber que mi esfuerzo y el de mis compañeros contribuye a que la gente esté mejor alimentada. Además, hoy en día la agricultura es una herramienta de progreso humano.
Es que además de dirigir una empresa, usted tiene la vocación de un reformador social.
- No soy un líder político. Intento estrechar los lazos de Los Grobo con la comunidad. Hace un siglo un señor podía instalar su fábrica en medio de una villa-miseria, rodeándola de gruesos muros y de guardias, claro está. Y tan contento. Hoy no hace falta sostener ciertas ideas para darse cuenta de que eso ya no funciona. La buena marcha de los negocios depende de la formación de buenos profesionales, de una cultura productiva que trascienda los límites estrechos de las elites.
LA CUESTION
- ¿Comparte la visión del economista Michael J. Dwyer de que el campo -y no la industria- está a la vanguardia de la innovación tecnológica?
- El campo ha marcado hitos trascendentales en la historia, y actualmente estamos ante una revolución silenciosa en diferentes puntos del planeta. En Brasil, los investigadores están aplicando una técnica basada en conocimientos ancestrales para crear, en zonas devastadas por la tala forestal, suelos de hasta dos metros de profundidad con alto contenido en carbono. En la Universidad de Misuri se están probando unos sensores que determinan el nivel de clorofila de las plantas, una técnica que permitirá una fertilización balanceada de los cultivos. Y nosotros, en la Pampa, inoculamos en las semillas de la soja una bacteria que permite fijar el nitrógeno presente en la atmósfera, elemento vital para el desarrollo de las plantas. Y qué decir de la agricultura de precisión, que emplea imágenes de satélite a fin de establecer los suelos más aptos para determinados cultivos.
VIDAS PARALELAS / PEDRO SOLBES / RICHARD FULD: Atrapados por la cruda realidad PEDRO G. CUARTANGO
Se supone que la principal misión de un gestor de la economía es anticiparse a lo que va a suceder y tomar las medidas para minimizar el impacto de una posible crisis.
Pedro Solbes no sólo no se enteró de que la economía española iba a sufrir una brutal sacudida sino que además se cansó de proclamar lo bien que estábamos y las buenas perspectivas que teníamos por delante cinco minutos antes del desastre.
Todavía el pasado 11 de mayo proclamaba que «hablar de crisis es enormemente exagerado». Era ya entonces el único ciudadano español que no se había enterado de la que se nos venía encima.
Hay otro ejemplo todavía mucho más sangrante de irresponsabilidad: el de Richard Fuld, presidente de Lehman Brothers, que iba dando lecciones por el mundo sobre cómo invertir el dinero.
Fuld, doctor por la Universidad de Nueva York y consejero de la Reserva Federal, estaba considerado como uno de los gurús de la economía mundial.
Al presidente de Lehman Brothers le pasó lo que a Solbes: que fue el último en enterarse de que su venerable empresa, fundada en 1850, estaba en quiebra.
Lehman Brothers tenía el 10% del mercado de hipotecas subprime en EEUU, pero Fuld, apodado El Gorila, despreció las advertencias de sus asesores.
Solbes ha incurrido en la misma actitud arrogante: negarse a aceptar la evidencia hasta el último momento y no adoptar ninguna cautela para hacer frente a la crisis.
La ceguera de Fuld llegó a tal extremo que, en agosto pasado, rechazó una oferta del Korea Development Bank, que ofrecía 5.000 millones de dólares por el 25% del capital de Lehman. Fuld respondió que esa participación valía mucho más. Un mes después su valor era cero.
Solbes también se ha cansado de equivocarse. Le corresponde el gran mérito de no haber acertado en nada, lo cual es tan difícil como acertar en todo. Que un vicepresidente se equivoque a la vez en las predicciones de crecimiento, empleo, inflación, inversión, déficit de caja y consumo es para entrar en el Guinness.
Pero el que sí merecería estar en el libro de los récord es Richard Fuld, que cobró el año pasado 40 millones de dólares por su incompetencia. De esa cifra, 22 millones correspondían a su participación en los beneficios de Lehman.
Fuld, que era tal vez el ejecutivo mejor pagado de Wall Street, ha ganado 466 millones de dólares en 15 años por llevar a su empresa a la ruina.
Por lo menos, Solbes nos ha salido mucho más barato. Su sueldo es relativamente modesto y es un hombre austero, que predica el ahorro entre sus colaboradores.
No me cabe duda de que Solbes es mucho mejor persona que Fuld, que se creía el amo del mundo, pero ambos tienen una parecida responsabilidad en no haber estado a la altura de su trabajo.
Quienes mandan tienen la obligación de saber lo que está pasando y tomar las decisiones que hagan falta, aunque sean dolorosas. Esa no ha sido la pauta de conducta de Solbes y Fuld, dos ejemplos flagrantes de huida de la realidad.
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