LA TRASTIENDAISABEL SAN SEBASTIAN
Una cortina de muerteEs evidente que la nueva Ley del Aborto que nos anuncia la ministra de Igualdad (curiosa forma de entender la igualdad, aquella que engloba dentro de ese concepto la eliminación de criaturas molestas) es una cortina de humo destinada a tapar la crisis económica que tenemos encima. Una cortina de muerte, más bien, ya que, cuando se ponen límites de conveniencia al carácter inviolable de la vida humana, se empieza por liquidar a los no nacidos, se sigue con los moribundos y los incurables (ahí está planeando también sobre nosotros la sombra de la eutanasia activa, bajo el eufemismo de muerte digna) y quién sabe dónde se acaba. Es evidente que esta nueva Ley del Aborto no figuraba en el programa con el que el PSOE ganó las elecciones hace solamente seis meses. ¿Quién puede sorprenderse de ello? Tampoco formaba parte de su compromiso programático del 2004 la negociación con ETA y fue su gran apuesta política la pasada legislatura. Superada la prueba de las urnas y constatada la indiferencia del electorado ante ese tipo de fraudes, ¿por qué iba a preocuparle a Zapatero que alguien le afee la conducta? Como dijo su correligionario Tierno Galván, los programas están para incumplirse.
Es evidente que la nueva Ley del Aborto es una propuesta hueca, sin concretar ni definir, repleta de buenos propósitos carentes de contenido real. Un modo de alimentar un prolongado debate sin enfadar prematuramente a los socios parlamentarios ni defraudar las expectativas de ciertos colectivos de abortistas enragées, con el fin de fomentar esa imagen de progresía revolucionaria (como si eliminar a criaturas molestas fuera progresista) mientras se recortan prestaciones a los españoles por falta de presupuesto.
Es evidente que no hay demanda social alguna que justifique esta iniciativa. Lo demuestran las encuestas. La ciudadanía clama por una Justicia que funcione, por un endurecimiento de ciertas penas para delitos especialmente execrables, por medidas que combatan eficazmente la violencia machista... pero no por facilitar aún más el asesinato impune de seres absolutamente indefensos.
Es evidente que la nueva Ley del Aborto es una mera maniobra política muy en la línea de ZP. Pero nada de todo eso exime al PP, y en particular a Mariano Rajoy, de mojarse explicando claramente su postura en la forma y en el fondo. De argumentar su no (o su sí) a esta ampliación del aborto. Porque nos importa la crisis, por supuesto, pero nos importan igualmente otras cuestiones, como los valores y principios morales de quien aspira a gobernarnos. Los de quien nos gobierna los conocemos de sobra.
ERASMO
WyborisAquella humorada inocente de Erasmo («Más tedioso que un solo de contrabajo») acaso hubiera apenado a Peer (71), que se ha ido. Por su copain Eric Peters; o Dave Thomas a bordo de su bajo, sinfónico sometimes, jazzy otras, aeronáutico (Paolo Conte). Mas Peer: todo el jazz en España en su batería formidable, Byrd, Webster, Griffin, Tete, Iturralde, Bourbon, Calderón. Borde, Kashisian, Pancho Arredondo. (Y Cifu)TRIBUNA LIBRE
ANTONIO LOPEZ-ISTURIZ
McCain y el peso de la Historia
La Convención del Partido Republicano estadounidense que acabamos de vivir en Minnesota tiene muchas lecturas pero una conclusión muy clara: el Senador McCain es un líder fiable y la mejor opción para gobernar el país. Lo es por muchas razones, pero destacaría una fundamental: porque cree en unos valores morales -solidaridad, esfuerzo, entrega, lealtad, entre otros- y es consecuente con ellos. El azar, y la naturaleza, le han dado una nueva oportunidad de demostrarlo estos días. El paso del huracán Gustav por el sur del país estuvo a punto de provocar la cancelación de la Convención y al final ha marcado decisivamente su agenda, en especial las dos primeras jornadas, pero McCain y su equipo han estado a la altura de lo que exigían las circunstancias y demostrado que su lema Country First (el país, lo primero) es más que un eslogan electoral, es una declaración de intenciones que se llevan a la práctica.
McCain pidió a la inmensa maquinaria electoral de su partido que se pusiese al servicio de los damnificados por el Gustav y de las autoridades competentes, y así ha sido. Esta actitud puede parecer lo lógico, lo razonable e incluso habrá quien piense, en un puro cálculo electoral, que es lo más ventajoso para la imagen de McCain y su objetivo de ganar las elecciones de noviembre a la Casa Blanca.
Todas estas opiniones son por supuesto respetables. Pero los que hemos tenido la oportunidad de vivir la Convención desde dentro, de hablar con sus colaboradores y con destacados responsables del Partido Republicano, podemos certificar que McCain muestra una perfecta coherencia entre lo que piensa, dice y hace. Y su actitud ante el Gustav sólo ha sido una prueba más.
Esa coherencia es muy importante si se quiere no sólo ganar las elecciones sino, sobre todo, gobernar con éxito un país de la complejidad de Estados Unidos durante los próximos cuatro años.
La actitud de McCain estos días y el contenido de su discurso de proclamación, el jueves por la noche, confirman que es un líder que piensa en clave de futuro, en cómo puede mejorar la vida de sus ciudadanos en los asuntos concretos, en los problemas con los que todos, como ocurre también en Europa, tenemos que lidiar a diario: el empeoramiento de la economía; el acceso a la educación y a la sanidad; la seguridad ante amenazas latentes como el terrorismo. Una visión que se resume en una de las ideas más repetidas en su discurso del jueves, el día que fue proclamado oficialmente candidato de su partido: «primero, la gente».
Esta mirada al futuro es destacable en un hombre que, como le achacan sus detractores presentando como defecto algo que en realidad tiene más de virtud: tiene mucha historia a sus espaldas.
Porque pudiendo explotar esa larga trayectoria y algunos hechos tan destacables como su etapa de prisionero en Vietnam -en el que no insistiré por ser de sobra conocido-, McCain ha apostado por el hoy y por el futuro porque sabe que es lo que le conviene no sólo a él o al Partido Republicano, sino sobre todo al conjunto del país.
De ahí la elección del Country First y de los ejes temáticos que ha tenido la Convención de estos días: servicio, prosperidad, paz.
En cambio, el candidato del Partido demócrata, Barack Obama, está mucho mas obsesionado con la Historia, con mayúscula. En principio, algo curioso teniendo en cuenta que es bastante más joven que McCain.
El propio McCain, en un gesto que le honra, ha reconocido el mérito de Obama por llegar a su actual posición. Pero su discurso implícito y sobre todo su estrategia se centran de manera exagerada en el hecho histórico, en cierto modo en la reivindicación ante el pasado en parte traumático del país, que puede suponer su eventual llegada a la Casa Blanca.
La elección de la fecha de su discurso el día de su proclamación oficial como candidato, con un guiño a un célebre discurso de Martin Luther King, o la celebración de mítines multitudinarios en lugares míticos como la Puerta de Brandeburgo en Berlín demuestran que Obama y su equipo priman más la forma que el contenido -¿cuáles son realmente las propuestas innovadoras de Obama?-, y siempre además con la Historia en el retrovisor.
Como es obvio, en las campañas electorales todos los candidatos juegan las bazas que les parecen más oportunas para defender sus intereses, y eso es algo legítimo. Pero en el caso de Obama esas bazas tienen mucho de humo, de la clásica apelación de la izquierda a un pretendido romanticismo político y de la apropiación de un supuesto progresismo y liderazgo moral.
Cabe preguntarse si, como Rodríguez Zapatero en España, que ha utilizado esa misma estrategia de crear ilusiones vacías de sustancia, el Senador Obama cederá a la tentación de sembrar la división entre sus conciudadanos para obtener un beneficio exclusivamente partidista. O si rebuscará en algunos episodios de la historia estadounidense, como la Guerra Civil, también en beneficio partidista.
En cualquier caso, frente a esos fuegos de artificio que los ciudadanos estadounidenses empiezan a percibir -Obama no ha despegado claramente en las encuestas después de la Convención Demócrata de Denver-, el Senador McCain presenta una actitud quizá menos espectacular pero mucho más pragmática y, por tanto, más útil para el interés general. Porque se trata de gobernar y de gestionar un país, no solo de crear ilusiones.
También por eso ha elegido como compañera de candidatura y como su futura vicepresidenta a Sarah Palin, Gobernadora de Alaska y una política solvente que emocionó en su discurso del miércoles por su contundencia, por su sinceridad. Más allá de los dos o tres rasgos con los que se la presenta habitualmente en los medios de comunicación, casi siempre como ultraconservadora, Palin ha demostrado que tiene el coraje de tomar decisiones y de ser consecuente con sus ideas.
Y también de mirar al futuro, que, insisto, es en Estados Unidos, como en Europa, lo que interesa al ciudadano porque es lo que aún no está escrito y sobre lo que podemos actuar.
Al final serán los ciudadanos estadounidenses, todos, los que decidan con su voto lo que más les interese. En Europa tendremos que aceptar el resultado y trabajar con la nueva Administración, sea cual sea, porque es nuestra responsabilidad como políticos. Pero también desde un prisma europeo, y por tanto español, creo que la mejor opción sería tener a John McCain como presidente de los Estados Unidos.
Le conocí personalmente en 2006, cuando participó en Bruselas en una conferencia organizada por el Partido Popular Europeo (PPE), y donde comenzamos una fructífera relación que ha acercado el Partido Republicano a numerosos partidos de centro-derecha europeos. Su interés por la política exterior, por tanto, no es una consecuencia de su deseo de llegar a la Casa Blanca sino que es mucho anterior, a diferencia de lo que le ocurre a Obama, que intenta a marchas forzadas crearse un perfil no solo centrado en lo doméstico, como hizo con las recientes fotos en el Elíseo y en la Puerta de Brandeburgo de Berlín.
En aquel encuentro de 2006, McCain todavía era un político semidesconocido en Europa, en especial para la opinión pública. Pero ya entonces demostró un gran conocimiento de la realidad europea, y de casos concretos como Rusia.
Es cierto que la política exterior, aparte de casos como el de la situación en Irak, no es un tema central en la actual campaña electoral en Estados Unidos. Pero como europeos nos conviene sin duda tener al frente del Gobierno estadounidense a un hombre no sólo conocedor de las relaciones internacionales, sino convencido de la importancia de ellas, como es McCain.
Baste un ejemplo: en 2006 McCain aceptó ir a Bruselas para, a través del PPE y con una visión a medio-largo plazo, empezar a tejer relaciones con Europa y sus instituciones. En 2008, Obama ha viajado a Europa pero no pasó por Bruselas, quizá porque la foto en la sede de la Comisión Europea puede parecerle menos atractiva que la del Elíseo parisino o la de la Puerta de Brandeburgo berlinesa.
En definitiva, McCain garantiza una mayor fluidez en las relaciones transatlánticas, que son vitales, guste o no, para afrontar los desafíos globales que tiene el planeta: entre otros, el cambio climático, la seguridad o el bienestar económico.
El PPE, como primera fuerza política europea que es, está empeñado desde hace años en contribuir a la mejora de esas relaciones, y continuara haciéndolo después de las elecciones de noviembre. Los vínculos con el Partido Republicano se mantendrán y también se trabajará con el inquilino de la Casa Blanca. Quién será éste va a depender de si los estadounidenses votan más pensando en el futuro o en el peso de la Historia.
Antonio López-Istúriz es eurodiputado y Secretario General del Partido Popular Europeo (PPE).
SABATINA SABATICAMANUEL HIDALGOLa cadenaPor más que me esfuerzo, no acabo de entender qué base real tiene la idea de libertad. No alcanzo a ver cómo osan garantizarla aquellos cuyo cometido consiste en redu-cirla, ni cómo nos obstinamos en perseguirla aquellos cuya razonable y larga experiencia nos indica que es inalcanzable. Todavía entiendo menos cómo, y sin embargo, la idea de libertad, que carece de un contenido radical cuando en teoría se tiene, resulta meri-dianamente clara cuando en la práctica falta.
¿Pero no falta siempre? Sí, pero no. ¡Acábaramos! O, mejor, empecemos. Falta cuando falta por completo -o casi por completo-, aunque también falta cuando parece que sobra. O, si no que sobra, cuando parece que está toda a nuestra disposición.
Está a nuestra disposición, sí, en el mejor de los casos, pero no está de hecho disponible.
Tómala, te dicen, si quieres. Pero añaden: no debes. ¡Ah! Yo pensaba que no podía. Bien pensado, remachan, tampoco puedes. El caso es que quiero. ¡Mala cosa el deseo! Uf, un mundo en manos del deseo. Mala cosa, insisten. Y tú mismo llegas fatalmente a comprenderlo: el deseo no puede dictar mis actos. Mis actos, bueno, tal vez sí, pero los actos de los demás desde luego que no.
Tu libertad, chaval, termina donde empieza la libertad de los demás. Hemos crecido con esta frase. Hemos crecido, por tanto, sin libertad. De la buena, digo. Somos el elefante del cuento de Paul Theroux.
Paul Theroux habla en su último libro de un elefante atado con una cadena en un patio. Si el elefante, dice, se mueve en el círculo que la cadena le permite -antes de ponerse tensa y ahogarle el cuello-, el elefante se siente libre, un pasito para aquí, otro pasito para allá, divinamente. No nota la cadena. Pero si, en vez de un pasito da dos pasitos, la cadena le pega un tirón. Deja de ser libre. La libertad del elefante consiste en moverse en el radio de acción que la cadena le permite.
¿Es ésa nuestra libertad? Probablemente. Pero el elefante tiene una ventaja: no tiene la idea de libertad. Nuestro papelón es penoso porque sí tenemos la idea de la libertad. Y también el instinto. Estamos, pues, destinados a la melancolía.
Las religiones y los regímenes políticos más molondrios nos aseguran que somos libres. Pero las religiones nos quieren imponer las leyes de sus dioses y no se ha inventado régimen político que pueda prescindir de sus buenos cientos y cientos de páginas de leyes de obligado cumplimiento. ¿Entonces? ¡Elefantitos, pobres!
Al elefante de la novela de Theroux le ha puesto la cadena su amo. Mal plan, el del elefante. Pero le queda un consuelo: no ha sido él quien se ha puesto la cadena a sí mismo. Por el contrario, nosotros, los listos de la Naturaleza, hemos inventado a la vez la libertad y la cadena. Con un fallo. Las cadenas funcionan de maravilla hasta por defecto: el determinismo de nuestra condición. ¿Y la libertad? Uf, hay tantas. ¿Por cuál pregunta?
El que sabe responder siempre es el que maneja la cadena. ¡Será casualidad!
ASUNTOS PROPIOS
LUCÍA MÉNDEZ
Política rosaLa agencia Associated Press (AP), que nos mantiene informados de los grandes acontecimientos del planeta, transmitió esta semana una foto muy bonita en la que se veían dos manos adolescentes enlazadas. La foto procedía de Minnesota y las manos eran las de Levi Johnston, un muchacho de 18 años que vive en un remoto pueblo de Alaska; y su novia, que se llama Bristol y está embarazada de cinco meses. La relevancia mundial que adquirieron las manos enlazadas de estos dos chicos se debe a que la madre de la novia, Sarah Palin, es la candidata a la Vicepresidencia de EEUU. El embarazo de Bristol, su hijo de cinco meses con síndrome de Down y otros avatares de su vida privada han sido la carta de presentación de Palin ante la exigente opinión pública estadounidense. Los abuelos, los nietos, los perros, los cuñados, los hijos y los embarazos participan activamente en las campañas de los candidatos.
¡Qué barbaridad! Aquí en España nos rasgamos las vestiduras porque los ciudadanos estadounidenses devoren con avidez la intimidad de los candidatos. Incluso nos consideramos más civilizados, respetuosos y democráticos porque las familias de los políticos españoles no cotizan en el voto ni aparecen en los mítines. Aquí en España se supone que lo rosa y lo político están perfecta-mente aislados porque a nadie nos importa lo que hacen los líderes en su tiempo libre.
Aunque quizá no deberíamos presumir tanto. Lo rosa y lo político empiezan a acercarse y ya aparecen mezclados en los medios. Empezamos por la reaparición del ex presidente balear, Jaume Matas, que desnudó su alma en este mismo periódico. Los rumores acerca de su adición a la cocaína o su romance con la escritora Maria de la Pau Janer eran pasto de unos pocos centenares de personas. Todos los demás conocimos el desmentido sin tener conocimiento de los hechos.
De idéntica forma se gestó una noticia bomba difícilmente superable. Unos cuantos miles de personas habían leido -suponemos que atónitas- que el ex presidente Aznar era el padre del bebé que espera la ministra de Justicia francesa, Rachida Dati. (Lo escribo y sigo sin dar crédito). Gracias al desmentido enviado a los medios por Faes -una organiza-ción con fines intelectuales- podemos descartar que Aznar vaya a tener un cuarto hijo. Aunque lo de Casanova ya no hay quien se lo quite de encima. Hay que ver cómo este hombre se ha convertido en una leyenda que crece y crece sin parar. Si él decidió desmentir la paternidad del bebé de la ministra francesa, fue porque pensó que la gente se lo creería a pies juntillas. Y tal vez estuviera en lo cierto, puesto que Telecinco, la cadena temática de la basura, envió una unidad móvil a la sede de Faes, tal vez en busca de las ecografías de la ministra.
En la misma semana hemos tenido noticia, también con todo lujo de detalles, del implante capilar con el que José Bono ha recuperado el pelo. Con mucho éxito, dicho sea de paso. Así que menos presumir porque no somos tan distintos de los estadounidenses.
VIDAS PARALELAS:BALTASAR GARZON / TESEO:Héroes casi divinosPEDRO G. CUARTANGO
Son tan grandes sus hazañas que habría que retroceder a la impronta de un Alcibíades o de un Pericles para encontrar una posible comparación que no desmereciese la altura de sus empeños. Pero ambos eran simples mortales. Hay que ascender un peldaño más hasta la raza de los héroes para hallar un carácter fuerte que se pueda equiparar a los méritos y virtudes de Baltasar Garzón, el ser elegido por los dioses del Olimpo para implantar la justicia universal.
Ese héroe que podría resistir un cierto parangón con nuestro esforzado juez es Teseo, rey y reformador de Atenas. Teseo mató con la ayuda de Ariadna al Minotauro, el toro de fuego que Zeus había confinado en Creta. Garzón se enfrentó a otro toro mucho más peligroso, al que logró domeñar: la cúpula de Interior que había organizado los GAL. Teseo fue siguiendo el hilo dejado por Ariadna que le guiaba por el Laberinto hacia la guarida secreta de su hermanastro, el Minotauro. Garzón también tiró del ovillo que le llevaba a otro monstruo más peligroso.
Ya desde muy jóvenes, Teseo y Garzón compartían afición por combatir el mal y defender el orden. Quirón mandó a su discípulo Teseo que eliminara los monstruos que poblaban los caminos de la Hélade. Teseo luchó contra las amazonas y los centauros, descendió al Hades y hay quien dice que estaba con Jasón en la expedición del vellocino de oro.
Garzón se hizo juez para perseguir los genocidios, los crímenes en remotos confines como el Tíbet, los abusos de los dictadores y otras muchas injusticias que sólo él tiene el valor de reparar.
Teseo es famoso entre los héroes por su energía inagotable que le lleva a acometer con éxito una y otra empresa. Cuando regresa a Atenas en su vejez y es proclamado rey, dicta nuevas leyes e instaura un asamblea de ciudadanos para el gobierno de la ciudad. Garzón tiene menos aspiraciones: se conforma con ser premio Nobel y posar para los periódicos con aire de indomable.
Hay otra cualidad que comparten ambos favoritos de Zeus: la piedad por los muertos. Teseo ayudó a Adrastro a enterrar a los guerreros caídos ante las murallas de Tebas, a los que se les negaba la piadosa tumba. Garzón quiere ahora sepultar dignamente a los desaparecidos durante la Guerra Civil, emulando a Ayax cuando se interpone con su espada ante las legiones troyanas para llevarse el cadáver de Patroclo, el favorito de Aquiles.
Teseo viajó al Tártaro para raptar a la bella Helena, la hermana de Castor y Pólux, de la familia de los temibles dioscuros. Los arcadios declararon la guerra a Atenas y el derrotado Teseo tuvo que refugiarse en la isla de Sciros, donde fue empujado desde un acantilado al mar. Teseo fue víctima de terribles fuerzas que había desencadenado por su ambición, pero Garzón no va a internarse en el sombrío reino de los dioscuros ni va a raptar a Helena.
El hombre que veía amanecer lucha también contra el narcotráfico, el terrorismo y el crimen organizado, unos enemigos peores que los arcadios. El universo le debería estar agradecido. A qué espera Zapatero para proponerle para ese Nobel que podría reparar el desaire que le hizo González al no nombrarle ministro.
EL MUNDO QUE VIENEDAVID LEVY«Podremos elegir un robot que nos haga compañía, uno que nos dé sexo o uno con el que mantener un romance»
SUPERDOTADO, INFORMATICO Y MAESTRO DE AJEDREZ, DAVID LEVY LLEVA AÑOS INDAGANDO EN LA RELACION ENTRE LA SOCIOLOGIA Y LA ROBOTICA. SU ULTIMA OBRA AUGURA UN FUTURO PARA MUCHOS APOCALIPTICO: NO SOLO TENDREMOS SEXO CON ROBOTS; TAMBIEN NOS CASAREMOS CON ELLOS.EDUARDO SUAREZ
LUGAR DE NACIMIENTO: Londres (Reino Unido) / EDAD: 62 años / FORMACION: Doctor en Inteligencia Artificial por la Universidad de Maastricht (Holanda) / OCUPACION: Escritor y especialista en robótica / AFICIONES: El ajedrez y los ordenadores / SUEÑO: Que un día robots y seres humanos vivan en pie de igualdad
No es fácil conversar con David Levy, experto en robótica e inteligencia artificial y autor del libro Amor y sexo con robots, que la editorial Paidós acaba de publicar en España. Una charla con él es lo más parecido a una degustación de setas alucinógenas. Uno empieza a vislumbrar a su alrededor un paisaje irreal, entre Huxley y Orwell, entre la pesadilla y un sueño dulzón y almibarado.
Levy recibe a EL MUNDO en pantuflas en su casa de Hampstead, un refugio desde donde escribió su tesis doctoral y desde donde elabora ahora colaboraciones para congresos y consulta compulsivamente su correo electrónico. Así, desparramado en su sillón, dibuja su visión sobre los robots. Ellos, dice, satisfarán nuestras necesidades sexuales y afectivas. Serán el remedio de solitarios, feos, violadores, pederastas e inconformistas del sexo.
A priori parece fácil rebatirle, pero Levy es como un frontón. Diserta con aplomo y seguridad. Aporta estudios y cifras. Habla en serio aunque a veces no lo parezca. A uno no le abandona la duda de si está delante de un viejo chiflado o de un visionario singular. Juzgue usted mismo.
PREGUNTA.- Usted dice que en unos años tendremos sexo con robots y nos casaremos con ellos. ¿En qué se basa?
RESPUESTA.- No es una opinión superficial sino el producto de años de investigación y del cotejo de fuentes muy variadas. Se lo explicaré brevemente. La inteligencia artificial progresa cada vez más rápido. Mucho más rápido que hace 20 años. Y progresará todavía más rápido en el futuro. En apenas 30 o 40 años los ordenadores serán mucho más poderosos y los científicos podrán crear robots muy similares a las personas. Programas con emociones artificiales que se asemejen a las de los seres humanos. No hay nada que nosotros podamos hacer que un robot no pueda hacer dentro de 30 años.
P.- Explíquese.
R.- Hoy ni siquiera los ordenadores más poderosos son tan poderosos como el cerebro humano. Según diversos expertos, en unos 12 años los científicos podrán crear un ordenador con el mismo poder que el cerebro humano. Y tardarán unos 10 años más en crear uno cuya capacidad sea 10.000 veces mayor. Esa es la esencia de mi tesis. A partir de 2040, todo lo que hace de alguien una persona atractiva se podrá reproducir artificialmente, y esto abre la puerta a un futuro incierto.
P.- ¿Un futuro que conduce inexorablemente al sexo con robots?
R.- Yo no diría inexorablemente, pero no tengo duda de que habrá robots que se parezcan más y más a los seres humanos. Fíjese usted en esta mujer [abre un libro de robótica y aparece una hermosa presentadora]. Lo que usted ve es un robot japonés. Es una réplica exacta de una periodista de la televisión nipona. Sus creadores reconocen que la perfección de la réplica es relativa y cifran en 10 segundos el tiempo que una persona tarda en darse cuenta de que no es una persona sino un robot. Pues bien, los mismos expertos dicen que dentro de unos años ese tiempo de reacción habrá crecido hasta los 10 minutos. Y poco a poco, cada vez más hasta que las diferencias sean imperceptibles.
P.- Vayamos por partes. Una cosa es que se pueda crear un robot idéntico a un ser humano y otra que ese robot tenga unas emociones, una ideología y una visión del mundo.
R.- Ocurrirá. Cuando uno habla de estos asuntos, mucha gente esgrime que los robots no pueden tener emociones. Yo estoy seguro de que las podrán tener. O al menos se comportarán como si las tuvieran. Los robots llorarán, se enfadarán, se pondrán contentos, se emocionarán... según estén o no programados para ello. No serán libres para tener esas emociones pero los efectos serán los mismos. Apenas crucen esa línea, la gente dejará de verlos como robots y la cuestión entonces será como tratarlos.
P.- Está bien. Entiendo su razonamiento, pero usted no se frena aquí. Asegura que llegará un día en que los robots formen parte de nuestra vida sexual e incluso de nuestra vida en pareja y de nuestra familia. ¿De verdad cree que los seres humanos preferirán un robot a un cónyuge humano?
R.- Veamos, lo primero que hay que apuntar es que las actitudes de la gente sobre el amor y el sexo han cambiado mucho en los últimos años. Dentro de unas décadas, los robots podrán ser más inteligentes, más hermosos, más nobles que los seres humanos. ¿De verdad cree usted que no acabaremos enamorándonos de ellos? No tengo duda de que acabará habiendo matrimonios con robots. Y me permito apuntar que se legalizarán primero en el Estado de Massachusetts.
P.- ¿En Massachusetts? ¿Por qué?
R.- Es lógico. Son un Estado avanzado en lo moral y en lo tecnológico.
R.- ¿Está diciendo que llegará un día en que los robots sientan emociones reales?
R.- No exactamente. Los robots no tendrán emociones pero actuarán como si las tuvieran. Lo realmente importante no son las emociones en sí sino sus consecuencias. No la causa del llanto sino el llanto en sí. Si un robot se comporta como si le amara, será tan convincente que a usted no le importará.
P.- ¿En serio se cree lo que está diciendo?
R.- Por supuesto. No pasará de un día para otro, pero la gente se acostumbrará, como se ha acostumbrado a otros avances tecnológicos. Los niños se han educado con internet, rodeados de pantallas y cachivaches. Cuando tengan robots que se comporten como personas, esa generación los acabará aceptando.
P.- En el fondo sabrán que no son reales...
R.- Habrá algo en la mente al principio que te dirá «es sólo un robot», pero estoy seguro de que ese algo desaparecerá. Los veremos como personas de otro país. Como inmigrantes. Habrá al principio un cierto rechazo pero no los percibiremos como diferentes.
P.- Pero esa diferencia persistirá. Y es una diferencia cualitativa. Los robots serán siempre entes distintos de las personas.
R.- No estoy tan seguro. Un pequeño porcentaje de la gente quizá piense como dice usted, pero la mayoría los aceptará como semejantes. Quizá los únicos insumisos sean paradójicamente los que más saben de tecnología. Esos quizá sean los últimos resabiados y digan: «Yo sé cómo funciona».
P.- ¿Y cómo será un robot en 30 años?
R.- Pues como un ser humano. Terriblemente convincente en cada aspecto, en cada detalle.
P.- Eso quiere decir que un robot podrá ser perfecto en cada detalle. Más listo, más bello o más tierno que un ser humano.
R.- Desde luego.
P.- Esto puede crear algunos problemas...
R.- Sí. Y problemas muy serios. Para un hombre, por ejemplo, será terrible saber que su esposa ha disfrutado de un sexo fantástico con un robot. Sentirá una cierta ansiedad por no estar a la altura.
P.- Por otra parte, si el futuro es como usted lo define, será una esperanza para muchas personas que hoy por hoy no pueden encontrar pareja.
R.- En mi opinión, esto es lo mejor de todo, sí. Aquellos que no tienen nadie a quien amar y nadie que les ame. Gente solitaria y miserable. Personas que no encuentran a nadie porque son tímidos, gordos, odiosos. Su vida puede cambiar de la mano de los robots.
P.- ¿Y no cree que se los señalará como gente de segunda división?
R.- ¿En qué sentido?
P.- La gente puede decir: «Mira fulano, se ha agenciado un robot porque no ha podido encontrar alguien de carne y hueso».
R.- No lo creo. Habrá más diferencia entre distintos grupos humanos que entre los hombres y los robots. Imagínese una cena en la que la mitad de los comensales son de Boston y la mitad de Luisiana, la mitad robots y la mitad seres humanos. ¿Quiénes tendrán más en común? ¿Los seres humanos de Boston con los de Luisiana o los robots y los seres humanos de Boston? Para mí la respuesta es evidente.
P.- Se me ocurre un problema de tamaño. ¿Es posible hoy por hoy construir circuitos lo suficientemente pequeños y poderosos como para ajustarse al tamaño de un ser humano?
R.- Es un problema de ingeniería que se resolverá muy pronto. Al principio será muy caro. Los primeros humanoides tendrán precios prohibitivos, pero luego serán más baratos.
P.- ¿Cuándo calcula que estarán al alcance de todos los bolsillos?
R.- No lo sé. Sí tengo una idea aproximada de cuando serán completamente verosímiles. Dentro de 40 años. Pero entretanto habrá fenómenos interesantes. Por ejemplo, el de las muñecas hinchables. Hoy son guiñapos de silicona que no hacen nada. En un futuro muy próximo esas muñecas darán poco a poco pasos hacia la robótica.
P.- ¿De qué manera?
R.- Se les añadirán circuitos electrónicos. Partes que vibren, una voz sexy, un mecanismo que haga los ruidos correctos. Cosas que harán de ellas un producto mucho más atractivo. Serán un artículo de lujo pero no tanto como un coche de lujo. Hay Ferraris que cuestan más.
P.- Pero seamos serios: ¿de verdad cree que un millonario va a pagar una cifra astronómica por una muñeca hinchable cuando puede pagarse una prostituta de lujo?
R.- Estoy seguro. Yo veo dos razones: curiosidad y prestigio.
P.- Dejemos las muñecas hinchables y volvamos a los robots. Usted dice que serán mejores que las personas. ¿Cree que su irrupción terminará con el amor entre seres humanos?
R.- No. Mi olfato me dice que siempre habrá personas que prefieran a las personas. Los robots serán muy buenos en la cama y en otras cosas, pero habrá una porción de la población que no tragará.
P.- Si los robots se podrán casar, ¿quiere eso decir que tendrán derechos?
R.- Es una cuestión muy compleja y suscitará en el futuro una discusión apasionante. La ética de la robótica está todavía en pañales pero en un futuro se debatirá. La primera pregunta que debe responder es ésta: ¿es ético construir robots para un propósito espurio?
P.- ¿Robots programados para la guerra?
R.- Por ejemplo para la guerra, sí. Es el mismo dilema de los científicos que crean bombas y aviones de combate. De todas formas, la siguiente pregunta ética que suscita el desarrollo de la robótica es más interesante: ¿cómo tratar a los robots? ¿Qué derechos tienen? Yo acabo de publicar un trabajo científico sobre la consciencia de los robots, que en mi opinión es el punto clave.
P.- ¿Qué quiere decir?
R.- Quiero decir que hay mucha gente que ve en la consciencia la línea divisoria y por eso deja a los robots fuera de los márgenes de la ética. Lo que no sabe esta gente es que los científicos ya están investigando cómo crear robots que sean conscientes de sí mismos.
P.- ¿En qué sentido?
R.- Hay muchos científicos que ya dicen que los robots tendrán consciencia artificial. Esto no quiere decir que tengan capacidad de elegir ni libre albedrío pero tendrán sentimientos o al menos mostrarán de un modo verosímil sentimientos humanos como el miedo, el amor, la angustia... Y entonces, cuando crucen esa línea, la gente empezará a preguntarse cómo tratarlos.
P.- Usted dice que las personas se enamorarán de ellos. ¿Podrán ellos enamorarse de las personas?
R.- Sólo si están programados para ello. Mi impresión es que serán programados para enamorarse de sus dueños sólo si sus dueños lo quieren así. Cuando compres un robot, podrás elegir si quieres un robot que te haga compañía o uno que te dé sexo o uno con el que puedas tener una relación amorosa.
P.- Pero no serán organismos libres.
R.- No. Como mucho podrían estar programados para funcionar al azar. Esa sería su máxima libertad. Pero eso no es ser libre y ésa es desde luego una diferencia, probablemente la única que no desaparecerá. La gente podrá seguir diciendo: un robot actúa de esta o de otra manera porque está programado. Pero no creo que a la mayoría de la gente eso le importe mucho.
P.- ¿Y no se cansará la gente de tener a la vera robots que sean perfectos?
R.- No. Y si prefiere robots imperfectos también podrá encargarlos. Si quiere usted un robot que discuta con usted una vez a la semana, lo podrá programar. Todo será programable. Hay dos tipos del University College de London que han detectado las reacciones químicas cerebrales que se producen cuando nos enamoramos. Ningún otro fenómeno crea la misma reacción. Pues bien, yo estoy seguro de que en el futuro los robots detectarán esa reacción y sabrán producirla.
P.- Usted apunta en su libro que los robots podrían ser una solución para los pederastas.
R.- Es cierto. Podríamos diseñar robots con forma de niños para que se desfogaran.
P.- También para los violadores...
R.- También. Podríamos fabricar robots a los que le guste que les violen.
P.- Oiga. Y si vamos a tener robots más inteligentes y habilidosos que nosotros, ¿a qué se van a dedicar entonces los seres humanos?
R.- La sociedad cambiará. Encontraremos otras cosas que hacer. Tendremos más tiempo de ocio.
P.- Pero habrá gente que quiera trabajar. Y si mi director puede encontrar un robot que sea mejor periodista que yo, ¿para qué me va a tener en plantilla?
R.- El mercado de trabajo cambiará. De todas formas, siempre podrá usted dedicarse a otras cosas.
SU PROPIO MUNDO
«La gente amará a los robots para evitar incertidumbres»
¿Cómo se metió en esto de la robótica?
- Muy tarde. De niño mi obsesión era el ajedrez. Fui campeón de Escocia en dos ocasiones y soy maestro internacional. Luego fui a la universidad y me metí a fondo en problemas de programación de las máquinas de ajedrez. Es un campo que en cierto modo tiene relación con la inteligencia artificial.
¿Cómo se interesó por el sexo de los robots?
- Fue leyendo un libro de una profesora americana, The Second Self de Sherry Turkle. Ella fue la primera persona en escribir sobre el efecto de las relaciones entre robots y seres humanos. Había una entrevista en el libro que me llamó la atención. Un tipo que trabajaba en el MIT decía: «He tenido alguna que otra novia pero prefiero la relación que tengo con mi ordenador». ¡Decía eso! Al principio no podía creerlo. Luego pensé que debía de haber por ahí más personas así. Ahora pienso que es una posición lógica. Con los seres humanos uno no puede estar del todo seguro. Con las máquinas sí. En el fondo habrá gente que ame a los robots para evitarse la incertidumbre.
Usted pinta un futuro que plantea una cascada de problemas éticos.
- Desde luego. Y tienen que discutirlos los expertos en Etica y Derecho. Lo más peliagudo es decidir qué derechos tendrán los robots. ¿Deben tener por ejemplo derecho a voto?
¿Usted qué cree?
- Pues no lo sé. Lo que sí sé es que un robot tendrá muchos más elementos de juicio que la mayoría de los seres humanos.
O sea, que no sólo deberían votar sino poder ser elegidos...
- Desde luego. Seguro que lo hacían mejor que Gordon Brown en el Reino Unido.
¿Cree usted que podrían ser padres?
-Eso es algo que no tengo tan claro. Nunca había pensado en ello. Quizá sí. Hay tantos malos padres por ahí sueltos...
¿Podrán los robots ser programados para crear robots que sean como ellos mismos?
-Es un tema que he estudiado durante años. Ya hay ejemplos de robots que no sólo pueden hacer eso sino además crear réplicas mejoradas de sí mismos.
¿Quiere decir que podrán ser autosuficientes y crecer fuera de control?
-Quizá. Yo pienso por ejemplo en una persona que tiene un robot al que le gusta su voz y su personalidad. Ese robot va a una fábrica y crea una criatura igual que tú. Ese nuevo robot será una especie de hijo para los dos. No veo ninguna razón para que esto no pase.
¿Y si ese proceso de creación se nos escapa de las manos?
-Se dictarán leyes para que no ocurra, pero siempre habrá terroristas y estados gamberros. Hay escenarios terribles. Escenarios que es casi mejor no imaginar.
LA CUESTION-Su tesis es que un día habrá matrimonios entre robots y seres humanos. ¿Cuál es según usted el Rubicón a partir del cual empezaremos a considerarlos no como aparatos sino como semejantes?
-Quizá cuando creemos robots capaces de percibir nuestro estado de humor y comportarse de acuerdo con él. Cuando usted va al hospital, le ponen unos sensores que miden su presión arterial o el pulso cardiaco... Son aparatos hoy por hoy muy grandes, pero la ciencia los creará mucho más pequeños. Sensores que puedan evaluar nuestro estado de humor. Hoy ya existen aparatos que pueden evaluarlo con un 70% de acierto pero piense en el futuro. Cuando estos dispositivos sean más precisos y se puedan implantar dentro de un robot, éste podrá decir si estás enfadado o feliz. Y si estás enfadado, tratará de averiguar el motivo y de cambiar tu estado de humor. Si lo logra por ejemplo con un abrazo, aprenderá de la experiencia y hará lo mismo la próxima vez. Serán más agradables que las personas.
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