
TRIBUNA LIBRE
JORGE DE ESTEBAN
El biombo chino
La fastuosa ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Pekín, que presenciamos ayer millones y millones de televidentes en todo el mundo, ha desempeñado el papel de un biombo chino -nunca mejor dicho-, con el que los dirigentes de ese inmenso país han querido ocultar la auténtica realidad política que sufren sus ciudadanos. Nadie discute que en la China actual no se da ni siquiera un mínimo respeto a los derechos fundamentales, pues es bien sabido que en los últimos tiempos el régimen comunista ha llevado a cabo matanzas en el Tíbet, se producen constantemente detenciones irregulares de ciudadanos disidentes de la situación política, la contaminación ambiental en ciudades como Pekín es insoportable y, además, sus gobernantes ejercen una férrea censura sobre toda noticia -comunicada tanto por nacionales como por extranjeros- que pueda perturbar la necesaria paz olímpica que exige la celebración de los Juegos.
Sin embargo, todo esto se sabía hace ocho años, cuando el COI decidió encargar a China la organización de los XXIX Juegos de la era moderna, pues nada hacia prever que un país de partido único, en el que no se reconocían los más elementales derechos humanos, pudiese democratizarse mínimamente en el corto espacio de unos años, manteniendo la misma organización política a pesar, por supuesto, de los enormes cambios que se han adoptado en lo que se refiere a la economía, sector en el que rige un capitalismo comunista que, probablemente, mantiene los peores defectos de ambos sistemas, incluido por supuesto el común de la corrupción y las enormes desigualdades sociales. Pero al margen de ello, no cabe duda de que el país ha crecido enormemente en su economía con esta original fórmula iniciada por Hu Yaobang y aplicada después por Deng Xiaoping hace ya muchos años.
Pues bien, cuando el COI decidió conceder a China los presentes Juegos -gracias en gran parte a Juan Antonio Samaranch-, se sabía todo esto. Pero si al final se impuso esta decisión, se debió también a que los dirigentes chinos prometieron una cierta democratización del régimen, para llegar políticamente presentables a la cita del 8-8-8. Ahora bien, lo que ha pasado después recuerda el caso de aquella vidente, admirada curiosamente por Bertrand Russell, que vivía, hacia 1820, junto a un lago en el Estado de Nueva York. Esta profeta anunció a sus seguidores que tenía el don de caminar sobre el agua y prometió hacerlo así a las 11 en punto de una mañana próxima. El día señalado llegó, y se convocó una muchedumbre de varios millares de personas para presenciar el portento. Entonces ella les preguntó si creían seriamente que podría caminar sobre las aguas, a lo que respondieron de forma unánime que sí. «En ese caso no hay necesidad de que lo haga... Iros a casa», dijo la vidente, que se quedó tan ancha, ante el desconcierto de sus admiradores.
Algo de eso ha ocurrido igualmente en el caso de encargar a China la organización de los Juegos, pues hasta ahora no ha habido pruebas fehacientes de que el régimen se haya democratizado lo más mínimo. Más bien al contrario, porque en aras de conseguir la seguridad indispensable para que todo transcurra en orden, se han cometido en los últimos tiempos demasiadas tropelías contra los disidentes políticos o religiosos, especialmente por las protestas del Tíbet. Pero no sólo eso, sino que ya se han destapado casos como el descrito en estas páginas por David Jiménez, en el que un antiguo manifestante en la plaza de Tianamen, que perdió sus dos piernas al ser arrollado por un tanque, fue excluido en su momento del equipo paralímpico, demostrándose así cuáles han sido los criterios que han guiado a los actuales dirigentes chinos, al ir dejando un reguero de represaliados por el camino.
Claro que, como defiende Samaranch, precisamente una de las razones por las que se concedió a China ser sede de la cita deportiva se debe a que casi todos los países que han organizado unos Juegos conocieron después un incremento de libertades, como ocurrió, por ejemplo, en Corea del Sur en 1988. Esta doctrina falla de forma estrepitosa en el caso de la Alemania nazi en 1936, pues todos sabemos lo que ocurrió después. Es más: los Juegos no sólo sirvieron de propaganda desmesurada para los fines de Hitler, sino que crearon en el subconsciente colectivo alemán el poso de un racismo a favor de la raza aria que después se cobraría millones de víctimas.
No sabemos, por tanto, lo que pasará después de acabar los Juegos, pero si el actual régimen -que es una potencia nuclear- evoluciona hacia fórmulas mas democráticas se deberá a la presión internacional que, con motivo de esta Olimpiada, ejerzan no sólo los dirigentes de los países democráticos que participan en ella, sino también a la presión de los grandes genios del deporte, que son sin duda alguna unos líderes de opinión privilegiados en el mundo de hoy. El problema que se presenta es saber entonces cuál es el momento procesal oportuno -por decirlo así- para que hablen. Los que quieran hablar.
El presidente del COE ha recomendado esta misma semana la ley del silencio a nuestros deportistas, temiendo que, de lo contrario, pudiese haber represalias que perjudicasen nuestros resultados. Es comprensible, en parte, su posición. Sin embargo, en ningún caso se puede aceptar una censura previa a los que quieran opinar sobre la actual situación dictatorial en China. Cada uno es -o debe ser-lo suficientemente maduro para saber lo que tiene que hacer en un momento así. Pensemos en la influencia de lo que pudieran decir alguna de nuestras grandes estrellas deportivas sobre los derechos humanos en China, como son Nadal, Gasol o Contador. Pero eso es algo que sólo les concierne a ellos y sólo a ellos, sean deportistas o no.
Por supuesto, es cierto que el artículo 51.3 de la Carta Olímpica señala que no se permite llevar a cabo manifestaciones de orden político o propagandístico en ningún emplazamiento olímpico. Pero ello no se compadece con lo que señala la Declaración Universal de Derechos o la propia Constitución Española, reconociendo la libertad de expresión para todas las personas, incluidas, claro está, los deportistas. Pero es que, además, si se exige el cumplimiento de este precepto se debe exigir igualmente el contenido en el Principio 2 de la misma Carta, que expone que «el objetivo del olimpismo es poner siempre el deporte al servicio del desarrollo armónico del hombre con el fin de favorecer el establecimiento de una sociedad pacífica y comprometida con el mantenimiento de la dignidad humana». Es más que probable que este artículo no lo hayan leído los actuales dirigentes chinos.
En cualquier caso, no sabemos lo que harán o dirán nuestros deportistas, pero al menos ya sabemos que España va a investigar, a través de un juez de la Audiencia Nacional, las responsabilidades del Gobierno chino en la represión de marzo pasado en el Tíbet. Esperemos que no nos quiten alguna medalla.
Jorge de Esteban es catedrático de Derecho Constitucional y presidente del Consejo Editorial de EL MUNDO.
EL CORREO CATALAN
ARCADI ESPADA
Larga observación desde el Estadio
Querido J:
Me habría gustado acompañar a Juan Antonio Samaranch en su viaje olímpico a China. Esta vez me habría dejado invitar, francamente. Me habría gustado estar junto a él en el estadio, observándole en la inauguración de los Juegos chinos, en los que tanto creyó siempre. Samaranch, en China, es una suerte de buda: debe de facilitarlo el deje crecientemente oriental que ha ido adquiriendo su aire. En estos días su presencia en los medios es constante, y todas las referencias a él están marcadas por la profunda convicción del establishment político de que su empeño fue decisivo para que Pekín se convirtiera en ciudad anfitriona. Tomándose como ejemplo singular y principal, Samaranch ha creído siempre que el deporte es un camino muy recomendable para ser alguien en el mundo, y está convencido de que los Juegos marcarán un antes y un después muy nítido en la normalización (si es que algo en China es y puede ser normal) del país asiático. Pero su optimismo no lo refrenda la historia: salvo en el caso, precisamente, de Barcelona, la organización de los Juegos Olímpicos ha tenido una influencia muy relativa sobre el futuro de las ciudades anfitrionas. Por supuesto, que en la grata hipótesis de acompañarlo me habría abstenido de hacerle ninguna pregunta demasiado enfática sobre su estado de ánimo, sobre sus recuerdos, sobre la vida densa y valiosa que apura. Ese tipo de preguntas funciona mal con estos benéficos tipos pragmáticos, más dados a mirar fuera que dentro. A una pregunta sobre la vida, Samaranch podría responder con una curiosidad mecánica: lo que ha tardado el vuelo que lo ha traído hasta aquí o los mecanismos de construcción del gran estadio pekinés. Hace algún tiempo, y evocando el grave incidente de salud que estuvo a punto de costarle la vida en el año 2001, recién terminada la sesión del Comité Internacional Olímpico que elegiría a su sucesor, nos dijo a Jaume Boix y a mí, con una gran naturalidad fría:
-Tenía que haberme muerto entonces.
No lo confesaba desde la depresión. En realidad ni siquiera era una confesión, sino un diagnóstico claro y tranquilo. Convencido de la inevitabilidad de la muerte -un convencimiento algo menos extendido de lo que se cree- le parecía que aquél habría sido un excelente momento para salir. Pero del mismo modo que opinó eso y sigue opinándolo, con la misma determinación pragmática se ha aprestado a seguir viviendo estos años al límite de su edad, sin aburrimiento, viva la curiosidad y su pasión por el viaje. Yo me alegro.
No sólo porque le tenga el complejo y creciente afecto que cualquier biógrafo siente por su biografiado, sino porque estos años de más le habrán permitido vivir la definitiva eclosión de España como una potencia deportiva mundial. Nadal, Gasol, Alonso, el fútbol, el ciclismo... No estoy muy al tanto, pero tal vez lo más decepcionante del panorama patrio sea el hockey sobre patines, aquel improbable deporte donde Samaranch dio sus primeras muestras de inteligencia y poder. Detrás de los éxitos individuales de esta formidable generación de deportistas hay, sin embargo, algo mucho más importante: la desaparición del español con cara de pedrada, cuyos contados éxitos deportivos siempre tenían algo de agónico, taurino y tabaquista. La eclosión de la élite ha permitido apreciar la mejora global del carácter. Los españoles vencen hoy en las competiciones con absoluta naturalidad y sólo el pleito nacionalista confiere alguna plusvalía a la higiene, al acto de higiene fundamental que significa competir y ganar.
Es evidente que esa limpieza de la vida española es compatible con el lado precario del deporte, el que sintetizó Ferlosio en su imagen inolvidable sobre los educandos: Borriquitos con chándal. Es indiscutible. Pero es probable que no quepa culpar al deporte de ello. En realidad podría hacerse de la frase antológica una glosa cómoda y veraz. Si borriquitos, al menos con chándal. Hay bastantes causas que explican esta ducha española. Pero Samaranch destaca. A finales de los años 60 ocupó la Delegación Nacional de Deportes, después de una ardua, obstinada y fatigosa carrera en el poder político provincial y de sus primeros escarceos en el ambiente deportivo. Durante esa etapa llevó a cabo la más formidable campaña de popularización del movimiento -sí: también del Movimiento nacional, pero eso es secundario- que ha tenido lugar en España. La campaña tuvo un eslogan muy potente: Contamos Contigo. Fue el primer eslogan español moderno y el sustituto auténtico de aquel otro garabateado con alquitrán en los baldíos de posguerra, el tremendo Beber es preciso, Agua San Narciso. En la campaña se proyectaba también la propia imagen de Samaranch. El era un moderno. Un moderno y un catalán, que entonces era lo mismo. Basta haber visto algunas fotos de la eficaz pareja que formó durante tantos años con Bibis Salisachs, la más bella y elegante mujer de su tiempo. Fotos en parajes de la Costa Brava, hacia la mitad de los 50, donde los dos aparecen como nimbados personajes de Martha's Vineyards. Fotos concretas de la bahía de S'Agaró: Bibis practicando el esquí acuático, con un peligroso maillot blanco, quizá el mismo que la indispuso con la esposa de Torcuato Fernández Miranda y que por esas exóticas conspiraciones palaciegas convirtió a Samaranch en un inesperado cesante. Eran, en fin, Juan Antonio y Bibis miembros gloriosos de esa droite divine que compartía muchos territorios con la izquierda y, sobre todo, el adjetivo fundamental. Una pijería que, en su caso, fue algo más que un acento y un desentendimiento general de la plasta vida colectiva, y que puso las bases, en las ciudades, en los pueblos, en los colegios y en los estadios, de una modernización social indiscutible.
No veo que en estos días de orgullo deportivo nacionalista -plenamente desenfocado y cansino como cualquiera de su clase- aparezcan referencias al sustrato básico de ese orgullo ni tampoco al hombre clave en su desencadenamiento. De hacérsela notar, estoy seguro de que la circunstancia no le provocaría más que un leve encogimiento circunspecto. Es probable que su ego atravesara una fase briosa en la época en que se hizo grabar en letras de oro el nombre de Kid Samaranch en su albornoz de boxeador, fugaz y mosca. Está el petulante albornoz y como máximo aquel formidable juego de hombros de cuando entraba en las oficinas de la empresa familiar y dejaba caer su gabán sobre los brazos prestos del solícito conserje, plenamente advertido de la cotidiana ceremonia. Pero el ego se congeló en esas adolescencias. En la fatua corte de faraón de la política, la economía o la cultura de hoy extraña el caso de un hombre al que lo que más le cueste (y hasta le aburra) sea hablar de sí mismo y de sus logros. Creo que ese desinterés ha sido consecuencia de la práctica: miles de horas observando desde el palco del estadio a los más fuertes y veloces con la seguridad de que mañana habrán de ser superados por otros más fuertes y más veloces. Esa modestia del deporte. Y hasta esa melancolía que se dibuja en cada rostro de winner, en el mismo corazón del éxtasis victorioso, y sobre la cual me habría gustado hablar con Samaranch uno de estos años, en uno cualquiera de sus estadios finales.
Sigue con salud
A.
INSOLENCIA PASAJERA
RAFAEL MARTINEZ-SIMANCAS
La 'Vidilla' Olímpica
Federer es un triste, por eso ha elegido un hotel de cinco estrellas para alojarse en Pekín. No así Nadal, que se ha quedado en la Villa Olímpica; ahí se nota quién es el número uno del mundo. La residencia de los atletas es una mezcla entre un campamento para adolescentes, la mili, y un crucero para solteros; lo del espíritu olímpico está muy bien pero la carne mortal está hecha para disfrutar de pequeñas metas placenteras. Una de esas maravillas es el intercambio de culturas y el roce multirracial, asunto de notable importancia cuando se trata de cuerpos que han trabajado la perfección. Una fiesta de atletas es como si las esculturas del taller de Lisipo salieran a tomar unos zumos, (memorable es su atleta rascándose el antebrazo). Federer prefiere la decadencia de un salón con el hombre del piano, un ocaso para ricos en los que Liszt suena a Richard Clayderman. En cambio, Nadal desayuna con el equipo de voley playa brasileño. Con perdón: otra cosa. La residencia de los atletas tiene mucho de Vidilla Olímpica, con faunos con pies de tanguista y sirenas de piscina, con amazonas que tiran con arco, gigantes de la canasta, acróbatas del suelo liso y ninfas de danza acuática sincronizada. Seguro que Fernando Alonso cedía gustoso parte de la potencia de su coche para quedarse con un solo caballo y participar en hípica. Medallero aparte, en una residencia con atletas jóvenes hay mucho movimiento en horizontal, llegada la noche hasta los jueces de silla pierden el rigor de la mirada. En ningún otro sitio es más fácil el ligue, allí sólo tienes que preguntar: «¿esprintas o resistencia?», y luego surge un diálogo fluido.
Decía Ramón que en los hoteles de cinco estrellas te cambian cinco toallas cada cinco minutos. Federer va a ser el más limpio de Pekín pero el Barón de Coubertin no destacaba la higiene como virtud de los competidores. Con menos toallas se puede ser el número uno, caso de Nadal, que podrá intercambiar gel y cremas con las majas que ayer desfilaban en ceremonia inaugural y de sonrisa plena. No todo en esta vida va a estar sujeto al cronómetro, también cuenta la participación, que es un sustantivo que incluye el conocimiento y la proximidad. Esos mismos cohetes que lucieron en la inauguración también brillan en las fiestas privadas de los barracones. Ya que Nadal está en China tendrá que hacer honor a los inventores de la pólvora y disfrutar del carpe diem en terreno que presume de milenario. Luego vendrán las prisas de las despedidas y esa loca costumbre de anotar teléfonos en servilletas.
Aparte del oro, la plata y el bronce, en Pekín hay otros objetivos que conquistar. Más allá del himno y el aplauso están los trofeos que se murmuran en la oreja y los premios que se quedan en la piel. La pasión tiene sus reglas, sus finalistas, y premia a los audaces.
A DIESTRA Y SINIESTRA
DAVID TORRES
El crítico que hay en mí
Random House ha reculado y ha decidido no publicar un libro sobre la esposa de Ma-homa, por lo que pudiera pasar. Se entiende la decisión de la editorial, teniendo en cuenta los últimos altercados por un quítame allá esos garabatos mahometanos y por la amenaza de muerte que sigue pesando sobre Salman Rush- die, un escritor de la cabeza a los pies, sí, pero para los kamikazes islamistas nada más que una versión del Busca a Wally con mira telescópica y puerta al paraíso.
La editorial ha decidido guardar la ropa. Quizá tendría que haberse echado a nadar, a pesar de los tiburones que iban a saltarle al paso. La autora del manuscrito nonato, Sherry Jones, se lamenta porque había escrito el libro con todo el respeto, pensando en tender un puente con el islam. Hay que felicitar el coraje de la escritora y lamentar la tibieza de la editorial, que ha cortado por lo sano antes incluso de que empezara la infección.
Hay muchas formas de censura, pero si el miedo es la peor, el miedo a ofender resulta aún más efectivo y ridículo. En nuestros tiempos existe una versión monitorizada que se instala directamente dentro del chip del escritor: se llama corrección política. Funciona como esas salsas que se espolvorean sobre la comida para que los alimentos pierdan sus picos de sabor característico y adquieran un uniforme, agradable y acomodaticio gusto a salsa. El cocinero, antes de servir sus textos, antes de cocinarlos, antes de pensarlos siquiera, reparte una generosa ración de salsa políticamente correcta, no vaya a ser que los lectores prueben una brizna de lo que realmente quería decir y salgan del restaurante airados, con la lengua quemada y la intención de no volver nunca más.
Desde el principio de los tiempos ha existido la cofradía de los quemadores de libros. Desde la Biblioteca de Alejandría chamuscada por César a las pilas de libros que ardieron en el Berlín de Hitler, el fuego ha sido el principal instrumento de crítica radical. Libro que molestaba, opinión que incordiaba, a la parrilla. Ahora, con la decadencia de la era Gutenberg y la proliferación de las nuevas tecnologías, las cerillas se han quedado anticuadas. Es mucho mejor abortar un libro que quemarlo: mucho más higiénico y ecológico. El lector sensible no sufre y el medioambiente tampoco.
Sólo algunos críticos de la vieja escuela, de los que se inclinan orando a La Meca, abogan por los métodos radicales de análisis literario tradicional. Como hizo el Vaticano con Giordano Bruno, ellos prefieren destruir al libro y al amanuense de una sola tacada.
ERASMO
V/De China I
En Londres, arqueólogos descubrían el primer teatro en el que Shakespeare conjeturó el alma de los humanos tomados de uno en uno. Mientras. Una nave espacial interminable aterrizaba en Beijing de la que brotaron miles de extraterrestres disciplinadísimos que escenificaron en los Encuentros en la Enésimo Tercera Fase la apoteosis del Hombre-Número, culminación en porcelana de la ensoñación de Lenin y.
EN CAMISA DE ONCE VARAS/ Beatriz Corredor
PEDRO SIMON
«Casi todos los ministros somos personas sin hogar»
Subió en el ascensor político con Miguel Sebastián y ahí se ha quedado, en lo mas alto de la Vivienda, en un ático de ministra más bermeja que Trujillo. La entrevistamos el día que cumple 40 años y ni con ésas siente la famosa crisis. Es Corredor de fondo.
PEDRO SIMON
Nueva promoción Zapatero 2008: fachada de rojo. Sobresaliente en accesibilidad. En primera línea de Moncloa. Cabeza amueblada. Vista alegre. Se vende cara. Mejor ver antes de opinar. Con zonas verdes. Necesita algún pequeño retoque. Perfecta para disfrutar con los niños y en familia. Aparentemente segura. Razón: Beatriz Corredor.
Entramos hasta donde nos deja para ver cómo es por dentro. Y del alma le sale hacerse una foto evocando a su adorado Mozart.
Comparte profesión con el propio Rajoy, con lo que si usted anda buscando hogar y no lo encuentra, a ella que la registren. En Vivienda hay nueva ama de casa.
Pregunta.- Usted cumple hoy 40 años. ¿Está sintiendo la crisis?
Respuesta.- ¿Me preguntas por la de la cuarentena?
P.- Mujer, por las dos.
R.- No, nada, no siento ninguna crisis ni nada que se le parezca. Nunca pensé que cumpliría 40 años tan estupendamente como los estoy cumpliendo.
P.- Usted fue la primera mujer que consiguió ser vocal en el Tribunal de Oposiciones al Cuerpo de Registradores de la Propiedad y Mercantiles de España. ¿Se puede tener una experiencia más apasionante que ésta en la vida?
R.- Lo bueno es que llevaban más de 100 años con las oposiciones, y en todo ese tiempo ninguna mujer había formado parte del tribunal para elegir a los compañeros. Eso sí fue apasionante. Era vocal, pero cuando el presidente no estaba, ejercía de presidenta. Los que se examinaban no estaban acostumbrados a que se les llamara con voz de mujer, pues siempre era una voz de varón. Cuando me oían a mí diciendo los números de cada uno, todos entraban con cara de alucinados. Como diciendo: «¿Pero quién es ésta?».
P.- La última vez que tiró la casa por la ventana.
R.- En la última mudanza que hice, además estando embarazada de mi segunda hija. Quise tirar todo por no tener que colocarlo otra vez.
P.- Ministra de la cosa, mejor la vida con vistas a...
R.- Al mar. Siendo madrileña, todos mis recuerdos son buenos, de verano y de vacaciones. A mí el mar me relaja mucho.
P.- ¿Cuántos metros cuadrados tiene su casa?
R.- Muchos.
P.- Diga.
R.- Sesenta metros por planta. Y tiene tres plantas...
P.- O sea, que el tamaño importa.
R.- Cuando somos muchos, sí, y eso que somos familia numerosa y se notan las ayudas. A mí me tocó el cheque bebé, los 2.500 euros que daban.
P.- ¿Jugaba a las casitas de pequeña?
R.- No era yo mucho de jugar a las casitas. Lo mío eran las nancys y los nenucos. Todavía conservo una barriguitas que me regaló mi madre cuando se me cayó mi primer diente, con seis años. Lo guardo en una cajita para que mis hijas no me lo estropeen... Pero sobre todo leía. He sido muy sosa y me llamaban empollona. La verdad es que tenía mala fama en ese sentido.
P.- España es el país con mayor riesgo inmobiliario de la UE. ¿Cuánta pena le da el Pocero?
R.-El Pocero no me da ninguna pena. Cada uno asume sus riesgos y sus responsabilidades.
P.- ¿Qué cree que pasaría si el Pocero le quitase la cartera?
R.- Tendría muchas dificultades para llevarla, porque pesa mucho.
P.- ¿Se puede leer un ladrillo?
R.- Sí. He leído unos cuantos cuando hacía la carrera. Literariamente, hay algunos que no he podido terminar, pero me va a permitir que no diga títulos. Un buen ladrillo, en el sentido de extenso, es Cien años de soledad. Me lo he leído cuatro veces.
P.- ¿Hace cosquillas subir en el ascensor con Miguel Sebastián?
R.- Creo que nunca hemos subido juntos. Bueno, sí, en Ferraz sí he compartido ascensor con Miguel Sebastián.
P.- La primera medida a tomar como ministra de Infravivienda.
R.- Erradicar la infravivienda. Yo esto lo he vivido desde el ayuntamiento. Es un problema de los cascos históricos que hay que afrontar. Con el problema añadido del acoso inmobiliario, que es un drama.
P.- ¿Dónde estaba y qué hacía cuando el gol de Fernando Torres?
R.- Trabajando en el ordenador. Es que si veo los partidos decisivos, España pierde. Es una teoría que tengo desde pequeña. Muchas veces están jugando, llego, me siento, nos meten gol... Si Nadal juega una final con Federer y la veo yo, pierde. Del gol de Torres me enteré porque se oyó en todo el vecindario.
P.- ¿Hacen falta más Casillas en España?
R.- En España hacen falta más Casillas. Para los que las necesitan y no pueden acceder a ellas. Pero casas dignas.
P.- ¿Se siente miembra importante de este Gobierno?
R.- Me siento una parte del Gobierno. Siento el peso de la responsabilidad, dado que estoy en Vivienda.
P.- Ya, ¿pero miembra o miembro?
R.- Es que es absurdo. Es como si preguntáis si soy ministra o ministro. Soy parte del Gobierno. Me siento más persona. Nunca he sentido que por ser mujer tenga un plus o un handicap.
P.- ¿Bermejo o Trujillo?
R.- Trato más con Bermejo.
P.- En el ático de Bermejo se gastaron más de 250.000 euros de dinero público. ¿Cómo llega un ministro a ser una persona sin hogar?
R.- Casi todos los ministros somos personas sin hogar. No vivimos en nuestras casas. Sólo estamos de vez en cuando. Mis hijas me lo reprochan todos los días: «Mamá, no has estado cuando he hecho no se qué». «Mamá, no has venido a buscarnos al colegio». Eso sí, nunca he faltado a la actuación de fin de año. Ese día me lo reservo.
P.- ¿Es el alcalde de Estepona un socialista o un socio listo?
R.- Es un delincuente. Parece.
P.- ¿Vivienda o vivien no da?
R.- ...
P.- No tiene por qué responder nada. Tampoco yo entiendo la pregunta.
R.- Pon vivienda.
P.- Repita conmigo sin reírse: «La vivienda digna es un derecho constitucional».
R.- La vivienda digna es un derecho constitucional.
P.- Trujillo, Chacón y usted, tres mujeres al frente de este Ministerio. Para saber de vivienda habrá que ser ama de casa, ¿no?
R.- Yo lo soy como todas las mujeres cuando llego a casa, donde también soy madre. Y a veces hasta esposa.
P.- Como experta en vivienda, ¿tiene arreglo la Casa Blanca?
R.- Cuando Obama gane se lo preguntáis a él. Con Obama espero que cambie la política internacional, que es la que nos afecta más.
P.- Usted trabajó para el Gobierno de Castilla-La Mancha. ¿Qué ha aprendido del Bono poly?
R.- Que no se puede seguir construyendo al ritmo que llevábamos, y que hay que hacerlo conforme se necesita. Que hay que comprar antes Ribera de Curtidores que el Paseo de la Castellana.
P.- ¿En qué se parece Ferraz 70 al 13 Rue del Percebe?
R.- Se parece más Génova 13 al 13 Rue del Percebe. Se parecen en que tienen un vecindario más variopinto que nosotros.
P.- Finalmente, dígale algo a los albañiles que envolverán el bocata con esta entrevista.
R.- Se van a rehabilitar todas las casas que lo necesitan. No va a faltarles trabajo. En ello está todo el Gobierno.
P.- Pues gracias.
R.- ¿Yaaaa?
Mañana:LUIS ROLDAN
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