
LA TRASTIENDA
ISABEL SAN SEBASTIAN
Feminismo infanticida
¡¿Pero por qué se empeñan en identificar el feminismo con el asesinato de criaturas indefensas?! ¡¿Y por qué no se atreven a llamar a las cosas por su nombre y se escudan en eufemismos destinados únicamente a salvarles la conciencia?! Esa «ley de plazos» que reclaman las militantes socialistas en este XXXVII Congreso, como paradigma de todas las conquistas, no es otra cosa que una patente de corso para disponer sin limitaciones de la vida humana más vulnerable y desprotegida que existe: la de los no nacidos. «Interrupción voluntaria del embarazo», denominan a lo que siempre se ha llamado «aborto», en un intento fútil de otorgar un significado positivo, pseudomédico y progresista a un término que evoca lisa y llánamente la muerte prematura de un inocente. Y aún tienen la desfachatez de presentar esa reivindicación de la pena capital indiscriminada como la quintaesencia de la lucha por los derechos de la mujer. ¡No, no y no! Ya está bien de confundir las cosas. Ya está bien de envolverse en la bandera de la solidaridad de género para enmascarar su incapacidad de hacer algo realmente útil a favor del sexo históricamente discriminado. Liquidar niños incómodos, con el consiguiente trauma para la madre que se somete a semejante carnicería, es más de lo mismo de siempre: hacer recaer sobre los hombros de la mujer todo el peso de una decisión diabólica.
Si hablamos de feminismo en términos de justicia y de futuro, no cabe más opción que exigir al Estado que cumpla con su obligación de salvaguardar la vida, la salud y el bienestar de todos y cada uno de sus ciudadanos. Que se invierta en campañas de información sexual. Que se facilite el acceso universal a los anticonceptivos, por ejemplo en localidades de pocos habitantes donde aún muchos chicos y chicas tienen dificultades para conseguirlos. Que se agilicen los procedimientos para la adopción de manera que no se eternicen las listas de espera. Que se incrementen sustancialmente las ayudas públicas a las madres solteras o a las que tengan dificultades económicas para sacar adelante a su familia. Que se multiplique la construcción de guarderías en toda España. Que se cumpla esa Ley de Dependencia y se garantice la asistencia prometida a todas las personas que la necesiten. Que se eduque a los hombres en la idea de que la reproducción es cosa de dos y los hijos son fuente de inmensas alegrías pero también de enormes responsabilidades y desvelos (nunca mejor dicho) que es imprescindible compartir. Eso es avanzar en derechos y libertades. Lo que proponen las feministas de carné es tirar por el camino cobarde que convierte a las madres en asesinas.
ERASMO
Cabinas
Asediadas por el móvil. Aquella parábola dantesca de Garci-Mercero, «La cabina»: El proceso de Kafka en una jaula de cristal y López Vázquez, un Joseph K con matildes (acciones de Telefónica). Llega al Consejo el Consejero Delegado: hay un e mail perentorio, expeditivo, a favor de las cabinas. Dice. ¿Qué dice? Dicen. «Para atrapar pillos necesito cambiarme de ropa. Lo firma Superman (y cumple 70). Happy Birthday
SABATINA SABATICA
MANUEL HIDALGO
Viejos y jóvenes
«La juventud lo embellece todo, incluso la desgracia. La vejez afea hasta la felicidad». Estaba deprimidísimo Chateaubriand, ya añoso y en amores imposibles con una jovencita, cuando escribió estas líneas. Pero el literato francés hablaba, en Amor y vejez, de las edades del cuerpo en relación al atractivo y la pasión erótica. Todos los partidos políticos tienen el mismo lío en sus congresos: prescindir de los veteranos y sacar a la palestra a los jóvenes dirigentes. ¿Es un problema de política o de erótica? No es fácil distinguir en la era de la imagen: la juventud tiene una erótica que vende en el mercado político.
Venden los jóvenes y venden las mujeres. ¿Pero qué venden? Venden algo intangible que suena a futuro, aunque el futuro sea la piel de un oso todavía por cazar. En principio, jóvenes y mujeres (también jóvenes) parecen ser vendedores intransitivos. Podrían vender preparación y talento en fase álgida de ebullición. Muchos jóvenes y muchas mujeres tienen lo uno y lo otro, pero antes de que lo demuestren, la mercancía en venta es su mera condición de jóvenes y mujeres, algo que la sociedad compra previamente a efectuar ulteriores averiguaciones.
Como comprenderán, esto no es un juicio de valor mío. Ni un prejuicio. Es una mera constatación a la vista del escaparate.
En realidad, siempre ha sido así, y no sólo en la política. Las prejubilaciones están borrando del escenario laboral -salen y no pueden entrar- a los trabajadores maduros, en todos los ámbitos, aunque eso obedezca a razones económicas que, en cualquier caso, no atienden a otras razones y parecen conectar con el prestigio de la juventud frente a la vejez, si bien de ningún modo pueden identificarse madurez o veteranía con vejez. Pero un inconsciente cabrón las identifica.
Hay contradicciones, desde luego. Zapatero mantiene a Solbes al frente de la economía, porque de Solbes emana -de momento- el aura del cátedro sabio. Esa imagen puntúa según cuando y según para qué. Las cuentas del Estado nadie se las va a dar a una rubia de 30 años, aunque pudiera hacerlo estupendamente. Ahí, la buena imagen dicta otras reglas.
El sabio siempre es un viejo en nuestra imaginación. Experiencia, templanza, consejo. Los patriarcas gitanos, los ancianos de la tribu, los maestros del pensamiento. Si mañana le fueran a operar a usted a corazón abierto, tal vez elegiría -de poder- a una eminencia de unos 60 años -no muchos más- antes que a un cirujano o cirujana de 30, por muchas matrículas que acabara de sacar en la Facultad. Pero es que usted no elige -de poder- a su cirujano por una cuestión de imagen, de lo que también parece deducirse que el corazón de cada uno es un asunto más serio que la cabeza de un ministerio o el culo de un miembro -o miembra- de una ejecutiva.
De todas maneras, revelaré un secreto: la vida consiste en que los jóvenes ocupan el lugar de los mayores. No hay vuelta de hoja, y nunca ha sido ni será al revés, salvo en el sobrenatural trono papal y en la por ello extinta Unión Soviética.
ASUNTOS INTERNOS
LUCIA MENDEZ
La elegancia
Ingrid Betancourt apareció ayer en París tan guapa o más que Carla Bruni. Con su pelo largo recogido en una coleta y un modesto traje negro, la política colombiana posee una impresionante elegancia que tiene todo el aspecto de ser innata. A ella no le hace falta maquillaje, ni photoshop, ni modelazo de Valentino. Cualquiera tiene ojeras y una cara espantosa después de una noche de insomnio. Sin embargo, Ingrid ha salido del infierno tan bella como Afrodita salió de las aguas. Con el cutis perfecto. Seis años en la selva, con cadenas de presidiario al cuello, picaduras de bichos, orinando bajo la atenta mirada de sus carceleros, lavándose en las heladas aguas de los ríos, con ropa siempre mojada sobre su piel, sin cremas hidratantes ni jabón de tocador. Ingrid sufrió muchas enfermedades -úlceras, infecciones intestinales, depresión, deshidratación- de las que la curó el cabo William Humberto Pérez, secuestrado como ella. Seis años de calamidades capaces de acabar con los hombres más curtidos de cualquier ejército no le han arrebatado a Ingrid ni un ápice de su distinción. Si cabe, ha reaparecido incluso más elegante que cuando fue secuestrada. Un portal de internet, soitu.es, ha analizado el atuendo que llevaba cuando salió del avión en el que la rescataron y era casi calcado al estilo de la modelo Kate Moss. El rústico rosario atado a su muñeca a modo de pulsera parecía de última moda y la trenza que llevaba en la frente es tendencia actual. Al relatar algunos de los detalles de su cautiverio, Ingrid ha dicho que el tiempo que le daban para el aseo no era suficiente para lavarse el pelo, a pesar de lo cual y de los muchos bichos que hay en la selva, no se cortó la melena. Quizá creía que si se despojaba de su pelo dejaría de ser ella y entonces sí que habría estado perdida definitivamente. O tal vez quería que sus hijos la volvieran a ver -viva o muerta- con su larga melena hasta la cintura.
Sus hijos, Lorenzo y Mélanie, se han hecho muy mayores desde que ella se fue y han heredado su elegancia. Saben hablar en público mejor que muchos políticos y comparten micrófono y palacio de forma natural con el presidente de Francia. Y qué bien habla Ingrid. Con qué naturalidad se ha reencontrado con sus hijos delante de todas las cámaras del mundo. «Mis niñitos, mi luz, mi luna, mis estrellas...». Toda la familia Betancourt es impresionante. También el padre de los «niñitos», el ex marido de Ingrid, que ha criado y educado a Mélanie y a Lorenzo en la lucha por la libertad de su madre.
Hay un lunar en medio de tanta perfección. No todos los seres humanos son iguales. O, si se prefiere, algunos son más iguales que otros. Con Ingrid han liberado a otros 14 secuestrados. Pero a ellos nadie les ha hecho ni caso. También tienen familias, aunque no tan importantes en la escala social colombiana como los Betancourt. Entre ellos, el cabo William Humberto Pérez, el enfermero de Ingrid, que no es tan elegante como ella, pero merece idéntico homenaje.
EL MUNDO QUE VIENE
IAN BURUMA
'El multiculturalismo como ideología está liquidado, aunque aún quedan creyentes'
ES UNO DE LOS MAYORES ESTUDIOSOS DE ASIA, ESPECIALMENTE DE LAS CULTURAS CHINA Y JAPONESA. ELLO LE PERMITE ANALIZAR CUANTO OCURRE EN OCCIDENTE A TRAVES DE UN TAMIZ EXCEPCIONAL, COMO DEMUESTRA EN SUS LIBROS Y EN SUS ARTICULOS DE PRENSA DE ENORME PRESTIGIO INTERNACIONALFELIPE SAHAGUN
CARGO: Profesor de la cátedra Henry Luce en el Bard College de Nueva York, escritor y periodista / EDAD: 56 años / CREDO: «Escribir buenos libros y seguir al margen de la política activa. No porque lo considere incompatible con el periodismo, sino porque nunca milité en un partido. Soy demasiado observador» / AFICIONES: El trabajo / SUEÑO: «Escribir al menos un libro que me sobreviva» Muchos de sus lectores en The Guardian, The New York Review of Books, The New Yorker, Newsweek, Le Monde y The New York Times seguramente habrán devorado los ocho o nueve libros -«no recuerdo exactamente», comenta- que ha publicado. Su historia de los disidentes chinos, editada en castellano en 2007 con el título Elementos perniciosos (Ediciones Península), es imprescindible. Aunque la mayoría optará, probablemente, por Occidentalismo, Anglomanía o Asesinato en Amsterdam. En ellos encontramos, en palabras de Ryszard Kapuscinski, que le admiraba, un análisis «ingenioso, intuitivo y revelador» de los principales problemas de nuestro tiempo.
De niño sus padres solían traerlo todos los veranos de vacaciones a España y recorrían el país de arriba abajo, pero desde la muerte de Franco apenas ha vuelto. «Sólo dos veces estuve en Barcelona y ésta es la primera vez que piso Madrid desde 1972», reconocía el miércoles en la sede de los cursos de verano de FAES, la fundación del Partido Popular, en el centro de Navacerrada, al norte de Madrid, poco antes de participar en el seminario sobre La tiranía de lo políticamente correcto. Tiene dos hijas, una de 21 años y otra de uno, que nació en Nueva York, donde Buruma reside desde 2005, tras 13 años en Londres.
PREGUNTA.- ¿Qué ha sido lo más difícil de sus más de 20 años de periodista y escritor: explicar Asia a los occidentales o explicar Occidente a los asiáticos?
RESPUESTA.- No creo haber intentado nunca explicar Occidente a los asiáticos. Tampoco ha sido mi pretensión explicar Asia, eso suena muy grandilocuente: ¡Asia es tan diversa! Al principio, escribes para explicarte cosas a ti mismo. Es una forma de pensar. Cuando me pongo a escribir, de hecho rara vez sé las respuestas que voy a dar al lector. Más bien empieza uno con preguntas en la cabeza y, a medida que vas reflexionando y escribiendo, las cosas se van aclarando. Y en el proceso ofreces algo al lector. El escritor no es como el profesor que da lecciones.
P.- Anoche, repasando su biografía, leí que ha recibido en 2008 el Premio Erasmo y el premio de periodismo Shorenstein, uno de los más prestigiosos de la profesión. En la página de Internet de Shorenstein se puede escuchar un debate reciente, en el que usted participa, sobre la supuesta muerte o desaparición del corresponsal extranjero. ¿Tan negro ve su futuro?
R.- Estoy convencido de que el corresponsal extranjero sigue teniendo futuro. La función o el rol de la prensa, del periódico impreso, está cambiando, sin duda, al multiplicarse otros medios de llegar al lector, pero sigue habiendo una necesidad imperiosa de personas que cuenten el mundo que ven con sus ojos, no desde ordenadores lejanos en Nueva York o Madrid. Para entender el mundo no hay otra forma que ir a él y experimentarlo.
P.- En su intervención en este curso de FAES disertará sobre la tiranía del multiculturalismo y, corríjame si no es así, sobre el fracaso del multiculturalismo holandés, durante mucho tiempo considerado ejemplar.
R.- No estoy del todo seguro de que haya fracasado del todo. Como ideología sí creo que está más o menos liquidado. Hay aún algunos creyentes, pero la idea de que seres humanos de orígenes culturales diferentes deben permanecer separados y de que no se les puede criticar hagan lo que hagan por aferrarse a sus culturas particulares ha perdido mucha fuerza o credibilidad. Por ello, tampoco representa un peligro serio. Pero la combinación de los valores culturales particulares con la tradición cultural y la historia dominantes en una sociedad sigue siendo un enorme desafío. No tiene sentido decir que todos, de pronto, en una sociedad tienen que pertenecer a una misma cultura. Hay espacio, tiene que haberlo, para las diferencias.
P.- ¿El desafío nace de minorías radicales que requieren respuestas distintas conflicto por conflicto, país por país, o de una crisis estructural -como la que denunciaba Oriana Fallaci al final de su vida- de democracias occidentales incapaces de defender sus valores?
R.- Disiento por completo de esa idea de crisis estructural. El error que muchos cometen -y los críticos más dogmáticos del multiculturalismo caen en el mismo error, me temo, que los multiculturalistas- es que se concentran sólo en la cultura en vez de hacerlo en la política, que suele ser donde está el problema. A los violentos hay que combatirlos con información, con policía y con otros instrumentos a disposición de las democracias.
P.- ¿La democracia, pues, no corre peligro?
R.- Para nada. Las democracias no se han debilitado en absoluto. Hasta ahora han sobrevivido perfectamente y no creo que Al Qaeda las vaya a destruir.
P.- Observando las políticas de inmigración fuera de Holanda, ¿cree que algún país lo está haciendo mejor?
R.- No creo que haya ninguno que esté respondiendo al reto mucho mejor que los otros. Se trata de un problema común europeo y las respuestas a veces coinciden y a veces no.
P.- ¿Alguna posibilidad de que surja una respuesta más eficaz desde la UE?
R.- No tengo mucha confianza en que la UE sea más eficaz a la hora de resolver problemas nacionales internos. Me temo que estos problemas exigen soluciones dentro de cada uno de los estados nación.
P.- ¿Veremos algún cambio importante en Irak o en la lucha contra Al Qaeda con John McCain o Barack Obama en la Casa Blanca?
R.- Lo dudo. No veo cambios importantes. El que sea elegido tendrá que enfrentarse con una situación muy difícil y el margen de maniobra que tienen es mucho más estrecho del que se desprende de su retórica en la campaña. McCain tendrá que pensar en fórmulas para retirarse gradualmente de Irak y Obama no podrá retirarse tan rápido como desea. La diferencia no será tan importante.
P.- Mirando a Asia, un continente que usted conoce bien, ¿cree que estamos en el principio del fin de la guerra fría asiática?
R.- No estoy muy seguro. Parece claro que China será, no tardando, la potencia política dominante en el sur y en el este de Asia, pero Japón sigue teniendo una economía mucho más fuerte y subsistirán las tensiones. Japón teme ser dominada por China y ésta sigue preocupada por el poder militar potencial de Japón, pero los chinos han sido más eficaces en su diplomacia. Los japoneses siguen generando mucho recelo, así que seguirán las tensiones. No espero una guerra, pero tampoco armonía total.
P.- ¿Considera justificado el temor japonés a una Corea del Norte nuclearizada y el temor israelí a un Irán nuclearizado?
R.- Muchos japoneses están preocupados, pero las dos situaciones que plantea en su pregunta son muy diferentes. Irán es aún un país del tercer mundo, mucho más débil de lo que la gente cree, pero también es una potencia regional seria en Oriente Próximo y, en parte por la guerra iraquí, su posición se ha reforzado. Corea del Norte, en cambio, no tiene poder alguno y, si llegara a convertirse en una verdadera amenaza, China puede estrangular su economía como quien cierra un grifo. Por cierto, tampoco se debería sobreestimar la amenaza iraní.
P.- Usted ha estudiado las violaciones cometidas en Abu Ghraib y Guantánamo, y sus consecuencias. ¿Cuáles son las más preocupantes y qué se puede hacer a estas alturas?
R.- Para empezar, EEUU debería cambiar sus leyes y cerrar Guantánamo, pero el problema de fondo es la confrontación ideológica mundial entre regímenes autoritarios y democracias. Si EEUU practica la tortura, refuerza la posición de los regímenes autocráticos que hacen lo mismo de manera rutinaria, y las democracias pierden su autoridad moral. Los dictadores pueden señalarnos y decir «si EEUU lo hace, por qué no nosotros». Esta es una de las principales consecuencias. Otra es que debilita la moral de los militares estadounidenses.
P.- ¿Ve alguna responsabilidad de Israel en el deterioro de la situación en Oriente Próximo? ¿Puede haber paz sin un Estado palestino viable y es posible dicho Estado si continúan construyéndose asentamientos?
R.- No. Los asentamientos tienen que terminarse y no terminarán mientras EEUU no presione firmemente a Israel, algo improbable gane quien gane las presidenciales. Ningún presidente cree que merece la pena invertir capital político presionando a Israel.
P.- ¿Es posible hacer frente a la crisis económica internacional sin cambiar el modelo de desarrollo que Occidente ha inventado y exportado al resto del mundo?
R.- Entiendo el dilema, pero no me parece realista pedir hoy a los chinos, a los indios o a otros pueblos en desarrollo que renuncien a la prosperidad de la que gozamos en Occidente. En China el problema se agrava porque, en un país autoritario, la mejora de su situación económica, el crecimiento económico, es casi la única fuente de legitimidad que le queda al régimen. Así que no van a cambiar y no estamos en condiciones de decirles que lo hagan. Por consiguiente, el modelo no cambiará y la respuesta habrá que buscarla en la tecnología y en fuentes alternativas de energía, no en una reducción del consumo que, aunque fuera deseable, es imposible.
P.- Al final de su libro sobre la disidencia china, publicado en 2001 [en España el año pasado], considera inevitable el final de la actual dinastía comunista que dirige China. ¿Algún cambio en su diagnóstico tras lo sucedido estos meses en el Tíbet, con el terremoto o en el ámbito de los derechos humanos?
R.- Sigo viendo los mismos problemas que detecté en mi libro: que el régimen autoritario hace tiempo que se desprendió del marxismo, de la ideología, y que su única legitimidad se basa en que las clases educadas de las grandes ciudades del país sigan enriqueciéndose. No es una base estable. En caso de crisis económica, la situación política puede volverse muy inestable. Es un sistema inflexible. En las democracias, en tiempos de crisis los ciudadanos pueden elegir otros gobiernos, criticar a los gobernantes en la prensa, hay válvulas de distensión. En China esas válvulas no existen y es peligroso.
P.- ¿Qué aconsejaría a todos los Casandras que vaticinan la superación de Occidente por Asia en 20 o 30 años?
R.- Que exageran. Primero habría que definir qué entendemos por Asia. ¿Incluímos a Japón? No olvidemos las tensiones que sigue habiendo entre Japón y China. Por supuesto que, de seguir creciendo como en los últimos años, China y la India reforzarán sus posiciones, pero el mundo es demasiado complejo para afirmar que una parte superará a otra. Occidente puede ver reducida su influencia, pero no se va a cruzar de brazos. EEUU y la UE también crecerán, y las principales innovaciones tecnológicas seguirán viniendo de EEUU, que disponen del sistema más flexible.
P.- ¿Ve algún aspecto positivo en iniciativas como la Alianza de Civilizaciones propiciada por el Gobierno español?
R.- ¿Qué significa exactamente la Alianza de Civilizaciones? ¿En qué se concreta?
P.- ¿Doy por respondida la pregunta?
R.- Ja, ja, ja...
P.- En su último artículo en The Guardian, titulado No more war games, del 30 de junio, afirma, tras un sesudo análisis del campeonato europeo de fútbol ganado por España, que el viejo nacionalismo europeo está en declive. ¿No está en contradicción con el no irlandés al Tratado de Lisboa?
R.- Mantengo que el nacionalismo europeo definido por la II Guerra Mundial está debilitándose, no que esté desapareciendo el patriotismo nacional. Son cosas distintas. El no irlandés, como los anteriores de Francia y Holanda, tienen menos que ver con la UE y sus tratados que con la desconfianza creciente en cada uno de estos países hacia sus elites políticas. Y cuando estas elites les dicen que el futuro es la UE y, a la vez, que tienen que aceptar cada día más inmigrantes, etcétera, provocan rechazo, pues muchos ciudadanos se sienten marginados, consideran que sus dirigentes no los escuchan. Los noes son, pues, un voto de protesta contra las elites y tienen poco que ver con la UE.
P.- ¿Apoyaría una intervención militar para poner fin a los abusos y crímenes de Robert Mugabe en Zimbabue?
R.- Es una cuestión hipotética, pero no me parece aconsejable la intervención de ninguna potencia occidental. Creo que la Unión Africana o, al menos, Sudáfrica deben aumentar su presión, pero no tiene por qué ser una intervención militar. Sudáfrica tiene medios para estrangular la economía de Zimbabue y para obligar a Mugabe a irse sin recurrir a la fuerza militar. Una intervención occidental, aunque acabase con Mugabe, confirmaría su falsa propaganda de resistencia al imperialismo occidental.
P.- ¿Coincide con quienes creen que hemos tenido ya bastante globalización?
R.- Globalización es otro término vago. Si nos referimos al comercio global o a fronteras cada vez más abiertas, estoy a favor. Si significa poder sin límites, sobre todo de EEUU o de las multinacionales, para actuar libremente como si fueran la respuesta a todos nuestros males, estoy en contra. Se necesitan mecanismos de compensación, pero en principio el comercio libre me parece una buena cosa.
LA CUESTION - Imagínese por un segundo de consejero del próximo presidente de EEUU. ¿Qué le propondría para aislar a los yihadistas violentos?
- La clave está en una mejor información. Para empezar, se necesitan muchos más hablantes de árabe en organizaciones como la CIA. Es absurdo el reducido número de agentes con dominio del árabe que sigue teniendo. Hay que tener medios para infiltrarse, para cooperar, para saber lo que los potencialmente violentos están haciendo. La fuerza militar convencional en Oriente Próximo no es la respuesta. De hecho, puede empeorar las cosas. Necesitamos mejor información y buena policía, y esto requiere una acción internacional concertada que, aunque haya mejorado, me temo, por lo que me cuentan, que deja todavía mucho que desear. Los estadounidenses siguen muy celosos de sus secretos y son reacios a compartirlos.
SU PROPIO MUNDO «No tuve paciencia ni medios para hacer cine de verdad»
Viajero incansable, de padre holandés y madre inglesa, formado en Holanda y en Japón, es un internacionalista de vocación tardía que llega al periodismo de investigación con más de 30 años, tras especializarse en literatura e historia chinas en su país natal. Durante seis años estudió cine en la universidad japonesa de Nihon y, como el pirata de Sabina, sobrevivió como fotógrafo, actor, bailarín, traductor y crítico. ¿Qué libro recomendaría a un alumno hoy para entender mejor lo que está pasando en el mundo?
- Probablemente no le aconsejaría leer ningún libro político, pues quedan obsoletos casi antes de publicarse. Le aconsejaría, tal vez, leer novelas de Joseph Conrad como The secret agent o Under Western Eyes, pues ofrecen una visión mucho más profunda de la psicología de los revolucionarios violentos que ningún libro actual. Preferiría que leyeran literatura antes que política.
¿Cómo se pasa de ser un estudiante de cine a uno de los analistas internacionales más influyentes y prestigiosos?
- En la escuela y después, con veintitantos años, apenas escribí nada. Primero en la escuela de cine de Tokio, luego como fotógrafo, lo que me atraía era lo visual. Más tarde empecé a escribir crítica de cine y comprendí que disfrutaba más. No tenía paciencia ni medios para hacer cine de verdad, mientras que, con una máquina de escribir, podía hacer lo que quisiera. Y como resultó que no lo hacía mal, seguí por ese camino.
En estas transformaciones suele haber siempre alguna influencia decisiva. ¿Cuál fue la suya?
- Esa influencia existió, pero llegó algo más tarde. Por citar una, citaría a V. S. Naipaul. Siempre lo admiré y, de alguna manera, fue mi modelo, sobre todo lo que escribía sobre los países que visitaba no sólo para manifestar lo que sentía, para expresar su personalidad, sino para interrogarse a sí mismo sobre lo divino y lo humano. Además de gran escritor, Naipaul ofrece en sus libros una combinación muy atractiva: ascético y, a la vez, intelectual. Buscaba las respuestas políticas, económicas y sociales, pero, a la vez, escribía brillantemente en el sentido ascético y esa combinación siempre me atrajo mucho.
Imagínese en el jurado que debe conceder el Nobel de la Paz este año. ¿Tendría un candidato claro?
- No, no tengo un candidato claro. Pienso en Václav Havel, pero ya lo recibió, ¿o fue el de Literatura?
[El último presidente de Checoslovaquia ha sido candidato varios años, pero nunca lo ha ganado: ni el de la Paz ni el de Literatura].
EL CORREO CATALAN
ARCADI ESPADA
El malentendido (1917-1989)
Querido J:
La tarde del 9 de noviembre de 1989, en el lado soviético de Berlín, el portavoz del Partido Comunista convocaba una rueda de prensa, con preguntas. Era una novedad, porque las ruedas de prensa de la llamada República Democrática no habían incluido nunca esa retórica. En realidad, y desde hacía algún tiempo, a cada minuto se producía alguna novedad en la República. Entre las últimas y más llamativas estaba el éxodo creciente de alemanes democráticos, que aprovechaban la reciente apertura de fronteras de Checoslovaquia y Hungría para huir de la felicidad. El alto funcionario había convocado a los periodistas porque tenía que darles cuenta de una serie de acuerdos tomados por el partido. El más importante tal vez fuera la agilización de los trámites para viajar desde la República Democrática a Occidente. El partido quería evitar que la República Democrática tuviera que cerrar por falta de género. Schabowski, que era el nombre del funcionario, no había asistido a la última parte de la reunión donde precisamente se habían decidido esas medidas. Pero tenía en el bolsillo un papel donde se detallaban los angostos cambios burocráticos. La rueda de prensa se desarrollaba de modo anodino, y los periodistas más expertos ya habían decidido que de allí no iba a salir ninguna confirmación distinta a la del miedo al futuro. Entonces tomó la palabra Riccardo Ehrman, de la agencia Ansa, que había llegado corriendo, tarde, y ante la falta de sillas, había ocupado un lugar en el suelo de la tarima, enfrente del portavoz. Sabía que el Gobierno había aprobado la nueva ley de viaje y le preguntó a Schabowski cuándo entraría en vigor. El portavoz rebuscó en los papeles, y con una cierta vacilación dio a entender que inmediatamente. Sí, iba a entrar en vigor de inmediato, eso dijo.
Entonces ocurrió algo extraordinario. La mayoría de los periodistas tradujeron la langue de bois del portavoz en el habitual sentido, espeso y anodino. Agilización, facilidad burocrática. Un paso más en la lenta descomposición; pero sólo un paso más. Así, pesadamente, se levantaron. El corresponsal de la NBC interrogó con cámaras a Schabowski. Era uno de los más inquietos. Le preguntó al funcionario comunista si la medida afectaba a todas las fronteras, y éste asintió. Es obvio que el periodista estaba pensando en el Muro de Berlín; pero quizá no formuló la pregunta correctamente. Quizá la pregunta debió haber sido: ¿Esto significa que el Muro de Berlín ha caído? Nunca sabremos la respuesta que habría dado Schabowski. Sí, sabemos, por el contrario, lo que hizo Riccardo Ehrman, después de que Schabowski le contestara. Escribió en su cuaderno: «La promulgación de la ley de viaje es el equivalente a la caída del Muro». Equivalente. Aunque arriesgada e incierta, era una interpretación. Pero esa interpretación de su despacho de agencia aún había que titularla. Sobreinterpretarla. El título fue: El Muro de Berlín ha caído. Así lo distribuyó la agencia Ansa, a las 19.31, y así se diseminó por el mundo.
Gerd Gigerenzer cuenta esta historia en Decisiones instintivas, basándose en un libro fundamental sobre la caída del Muro, obviamente no traducido en España: Chronik des Mauerfalls, del historiador Hans-Hermann Hertle. Dice Gigerenzer:
«A las ocho de la tarde, los noticiarios de Alemania Occidental resumieron apremiados la conferencia de prensa con sus propias palabras, y apareció Schabowski diciendo 'Ahora mismo, de inmediato'. Las agencias de noticias entraron en esta competición de ilusiones e informaron erróneamente de que la frontera ya estaba abierta. El rumor llegó al Parlamento de Bonn, que casualmente se encontraba reunido. Profundamente conmovidos, algunos con lágrimas en los ojos, los diputados se levantaron y empezaron a cantar el himno nacional alemán. Los alemanes orientales que estaban viendo la televisión de la otra Alemania se sentían más que dispuestos a sumarse a las ilusiones sembradas por las noticias. Un sueño infinitamente lejano parecía haberse hecho realidad. Miles y luego decenas de miles de berlineses orientales subieron a sus coches o fueron andando hasta los pasos fronterizos. Pero naturalmente los guardias no tenían órdenes de abrir la frontera. Los airados ciudadanos exigían lo que creían que era su nuevo derecho de paso, y al principio los vigilantes se negaban a franqueárselo. Sin embargo, ante la avalancha de personas que los empujaban físicamente el oficial de uno de los pasos, temeroso de que sus hombres murieran pisoteados, levantó finalmente las barreras. Pronto se abrieron los demás pasos. No se disparó un solo tiro ni se vertió una sola gota de sangre. ¿Cómo pudo producirse este milagro? La causa inmediata de la caída del Muro de Berlín resultó ser una combinación de ilusiones y de un posterior rumor no fundamentado que se extendió como un reguero de pólvora. El Gobierno se sorprendió tanto como sus ciudadanos. Mientras que un levantamiento bien planificado podía haber sido aplastado fácilmente con tanques y soldados, como sucediera en 1953».
Esta historia sucedió hace 20 años y es una de las historias más importantes del periodismo en el siglo XX. Que yo sepa, nunca ha sido contada con detalle en España. Desde siempre he tenido la sospecha de que la caída del Muro no tuvo una crónica española a la altura de las circunstancias. Supongo que hubo dificultades, culturales e idiomáticas. Y también sociológicas y políticas. Al fin y al cabo, el Muro se les cayó encima a la inmensa mayoría de periodistas patrios, y la prueba es que algunos, atontados por el impacto de los cascotes, aún no se han enterado bien de los hechos acaecidos. Pero, en fin, atiende a la última y llamativa reflexión de Gigerenzer:
«Si los medios y los ciudadanos de Berlín hubieran escuchado con atención lo que había dicho Schabowski y hubieran analizado los hechos aquella noche extraordinaria no habría pasado nada y el día siguiente habría sido otro día más en el Berlín dividido».
Es indudable que esta reflexión lleva el agua al potente molino del psicólogo Gigerenzer, que pretende demostrar, casi siempre con sagacidad, que los especialistas deben luchar contra su propio saber para hacerse una idea clara de lo real; y que en los fragores de esa lucha, y a la hora de tomar decisiones correctas, se ven a veces desbordados por personas cuyo approachment a la realidad es más superficial, pero que a cambio no ha tenido que abrirse paso a través de una maraña de datos inútiles.
Sin embargo, la tesis de Gigerenzer no parece ser aquí lo más importante, y ni siquiera está muy fundamentada. Ehrman era un corresponsal con experiencia, atrapado como los otros en la maraña inútil. La cuestión extraordinaria es que se dejó llevar por sus convicciones. Quería que cayera el Muro. Y quería una gran noticia, la noticia de su vida. Así pues, la construyó aprovechando el material de derribo de un régimen y de un mundo, simbolizados en la oscura prosa, en la angustia burocrática, en el enorme cansancio de Schabowski. Obviamente, Ehrman no era consciente de haberse inventado nada, sino que creía rotundamente en la veracidad de la interpretación que había construido con las palabras del portavoz. Así sucede frecuentemente en la dialéctica entre la objetividad y las convicciones. Ehrman hizo caer el Muro creyendo que estaba dando la noticia de su caída. Fue un tremendo malentendido por su parte. Aunque dado que el comunismo fue desde el principio un malentendido es de justicia poética que acabara así.
Sigue con salud.
A.
VIDAS PARALELAS / JOSE BONO / MARQUES DE ESQUILACHE
PEDRO G. CUARTANGO
Despotismo corbatocrático
Lo mismo que Aznar perdió la cabeza cuando casó a su hija como si fuera una reina en El Escorial, Bono ha sufrido un ataque de ínfulas nobiliarias tras desposar a su hija con el nieto del marqués de Santo Floro y biznieto del Conde de Romanones.
Sólo ese estado de exaltación aristocrática explica que el presidente del Congreso enviara una corbata a Miguel Sebastián, que había cometido la osadía de sentarse en el banco azul de la Cámara sin vestir esa prenda que Luis XIV implantó entre sus cortesanos.
Sin quererlo, Bono ha provocado una guerra de la corbata en el PSOE, donde los zapateristas se han solidarizado con Sebastián, que ha enviado a su vez un termómetro a Bono para mentalizarle sobre el ahorro energético.
Calorías es lo que le sobra a un Bono decidido a que las buenas costumbres y el decoroso vestir se impongan en el Congreso, sobre todo, cuando comparecen los ministros de Su Majestad.
Igual empeño forjó el Marqués de Esquilache en 1766 en acabar con la capa y el sombrero de ala ancha so pretexto de que los frondosos ropajes podían ocultar los puñales en la faltriquera.
Ya se sabe como acabó el desdichado Esquilache: en el exilio. A Bono, en cambio, le van a permitir quedarse como figura decorativa de un Congreso donde brilla su prosodia.
Bono y Esquilache parecen dos almas gemelas empeñadas en cambiar las costumbres y en adecentar la vestimenta del vulgo, tarea destinada al fracaso en un país donde se comen ancas de rana y se tira a las cabras desde los campanarios.
Bono ha logrado en su vana pretensión que Blanco, Corbacho y otros prohombres de Zapatero reivindiquen el casual wear. Esquilache logró enfadar a gentes poderosas como Aranda y Floridablanca, que aprovecharon su tropezón para privarle del favor de Carlos III.
Aquellos sí que eran tiempos de reciedumbre porque los madrileños salieron a la calle para asaltar cuarteles y matar a los guardias que ponían multa de seis ducados por ir embozado.
Hogaño los españoles lo aguantan todo y, en el fondo, les da igual que los ministros se pongan o no corbata, aunque a Bono le parezca una profanación del templo sagrado que regenta.
Bono es católico, apostólico y romano en un partido laico, socialdemócrata y florentino, en el que quien manda no es el Papa sino Zapatero.
El asunto de la corbata pone en evidencia que Bono se ha equivocado de partido y de época. Estaría mucho mejor en aquel Gobierno ilustrado de Carlos III, donde se podía ser noble y liberal, como el político manchego.
De momento, ya ha conseguido salir en la portada del Hola, naturalmente con corbata, que es la máxima aspiración de los socialistas. Le recomiendo que lea el útil panfleto de Honoré de Balzac, pergeñado en 1827, en el que el gran escritor enumera 22 maneras distintas de anudarse la cravatte.
Esquilache quería limpiar las calles de la Villa y Corte y obligar a los madrileños a llevar el sombrero de tres picos. Bono se ha propuesto universalizar la corbata, que será obligatoria en agosto bajo sanción de 50 euros. No habrá menos bellacos en las calles, pero por lo menos Hacienda hará caja en estos tiempos de crisis. ¿A qué espera Don Juan Carlos para nombrarle duque de Salobre?
FORO DE EL MUNDO/ FORO DE DEBATE / Celestino Corbacho / MINISTRO DE TRABAJO E INMIGRACION
Corbacho: 'La gente percibe la situación como una crisis'
SABE QUE NO HA LLEGADO AL MINISTERIO EN EL MEJOR MOMENTO, QUE EL PARO SUBE Y QUE LOS INMIGRANTES PIERDEN SUS EMPLEOS, PERO NO SE ACHANTA Y DICE QUE VAMOS A SALIR DE ESTA. DE TRATO FACIL, NO ELUDE LAS PREGUNTAS, NINGUNA DE LAS PREGUNTASMADRID. - El ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho, compareció el pasado martes en el Foro de EL MUNDO. Lo hizo sólo unas horas antes de que su departamento informara de que el mes de junio, en términos de paro, había sido el peor de la historia; unas horas antes de que todos los grupos de la oposición parlamentaria dejaran aislado al presidente del Gobierno en el territorio de la intensa desaceleración económica.
Justino Sinova.- ¿Cuáles son las previsiones respecto a la subida del paro con las que trabaja su ministerio?
Celestino Corbacho.- Estamos preocupados, porque el desempleo va aumentando y, detrás de cada desempleado, hay una situación familiar y personal con unos efectos negativos. De todas maneras, sin restarle un ápice de importancia a ese hecho, tenemos también una situación que hace que hoy el mercado laboral tenga una fortaleza muy superior a la que había tenido históricamente. La nueva situación económica se manifiesta en ciertos sectores con desempleo, pero en otros se está creando empleo.
Casimiro García-Abadillo.- El presidente dijo después de las elecciones que el peor dato de desempleo que íbamos a tener sería, en cualquier caso, mejor que el mejor dato de desempleo del Partido Popular, que fue del 10,6%. Usted ya ha reconocido que vamos a llegar al 11% y creo que apunta con bastante realismo, ¿pero a dónde cree usted que vamos a llegar en esta legislatura?
C. C.- Lo que manifesté es que los datos apuntan a que la evolución del desempleo va a continuar creciendo. ¿En qué nivel creo que podría situarse en 2009? Pues entre el 10 y el 11%, más próximo al 11%. Digamos que así no estaríamos desmintiendo al presidente, pues nuestro peor dato sería igual que el mejor dato de la etapa del PP.
Que el paro baje va a tener que ver con políticas internas, pero también con lo que pase en los mercados internacionales: el precio de las materias primas, la liquidez de los mercados. En cualquier caso, los datos indican que hemos tocado suelo en la desaceleración de la construcción, aunque la recuperación de este sector será lenta. Por tanto, las previsiones son que la economía vuelva a remontar en el segundo trimestre de 2009 y que el crecimiento de la economía podría aproximarse entonces al 3%. Ese será el momento de volver a generar empleo.
C. G. A.- ¿Y hay que llamar o no hay que llamar crisis a esta situación?
C. C.- Creo que el debate no debe ser nominalista. Es verdad que, a menudo, en la denominación de un concepto se mezclan muchas cosas a la vez. Desde el punto de vista técnico parece que todos los expertos entienden que no hay una crisis como tal, pero desde el punto de vista popular la gente no entra en tantos tecnicismos. La gente percibe la situación como de crisis. Ahora, haríamos un flaco favor a los ciudadanos enzarzándonos en la definición del concepto. Creo que lo que hay que identificar son los políticas que hay que hacer para superar una situación que, se defina como se defina, es una situación compleja y de mucha dificultad desde el punto de vista económico.
Pedro J. Ramírez.- ¿Y por qué no rompe usted el tabú y se convierte en el primer ministro que pronuncie la palabra prohibida?
C. C.- Pues porque yo no soy la autoridad monetaria, no soy la autoridad económica, y eso lo dejo para que quienes tengan la autoridad lo definan con más conocimiento y, seguramente, con más certeza.
P. J. R.- De todas maneras, insistiendo en la línea de la pregunta de Casimiro, ¿qué necesidad había de crear un problema estadístico en el Ministerio, de poner un techo, si nadie recordaba cuál había sido el mejor dato o el peor dato del PP?
C. C.- Vivimos en una sociedad en la que los conceptos nominalistas tienen mucha importancia, porque en torno a una frase se genera un titular y un titular genera un debate del estado de la nación... Seguramente, en estos temas uno tiene que ser obligadamente prudente. No se puede presentar las cosas como si estuviéramos al borde del abismo. Hoy, por ejemplo, algunos analistas dicen que el triunfo de la selección española ha contribuido y está contribuyendo a un desarrollo desde el punto de vista de la economía, porque la gente se vuelve más animada, hay optimismo y el optimismo ayuda a superar las dificultades.
Francisco Núñez. - El vicepresidente ha reconocido que estamos creciendo ya por debajo del 0,3%, pero hay especialistas que dicen que estamos en crecimiento nulo o, incluso, negativo. ¿No sería necesario un diagnóstico claro y realista para saber qué hacer? Y por otro lado, ¿qué tipo de presupuestos se necesitan para afrontar una situación como la actual?
C. C.- ¿Realismo? Yo creo que estamos diciendo que se está atravesando por una dificultad importante, pero lo que no creo es que haya que generar alarma. El reconocimiento de la situación de dificultad no puede llevar a plantearnos que no sea posible la superación -incluso con cierta rapidez- de la situación en que estamos inmersos, porque no es un caso aislado de nuestro país, sino que es de carácter internacional y no sólo está afectando a España, sino a medio mundo.
Partiendo de ahí, el vicepresidente Solbes ha anunciado ya un presupuesto restrictivo. Los ministerios no van a crecer en gasto corriente y va a haber congelación salarial de los altos cargos de la administración. Espero que esta decisión que adoptará el Gobierno sea imitada por el resto de las administraciones públicas.
Pascual García.- Los sindicatos, a micrófono cerrado, manifiestan el temor de que, con la composición del nuevo Gobierno, el Ministerio de Economía ha ganado peso político y que el de Trabajo lo ha perdido, y que esta circunstancia puede favorecer las tesis más liberales y económicas y, sin embargo, perjudicar a las más sociales.
C. C.- Creo que afrontaríamos mal el diálogo social si lo abordáramos sin el peso del Ministerio de Economía, porque no estamos en una situación que tenga su origen en causas laborales. Hay que superar la actual situación de dificultad con políticas presupuestarias y con políticas fiscales, no sólo con políticas del mercado laboral, que, en cualquier caso, no deben quedar al margen. Así que, punto uno, creo que es bueno que el Ministerio de Economía esté presente en el diálogo social en el contexto y en la situación actual.
Punto dos. Yo no le concedo al Ministerio de Economía falta de sensibilidad. No sé si se podría decir eso del Ministerio como ente, pero, desde luego, no del ministro como sujeto activo de las políticas. Yo a Pedro Solbes le considero una persona con sensibilidad social. Y tercera cuestión. Si el ministro de Trabajo, no por quedar bien con los sindicatos, tiene que pronunciarse sobre alguna materia que afecte transversal y socialmente a las competencias del Ministerio de Trabajo, lo hará. Ya lo hago ahora. No estaré de acuerdo nunca con ninguna medida que signifique congelar los salarios más bajos, las pensiones mínimas y el Salario Mínimo Interprofesional. No estaré de acuerdo. Me parece que ése no es el camino.
P. G.- Hay un asunto que sindicatos y patronal quieren llevar al diálogo social y al que el Gobierno se resiste: la energía nuclear.
C. C.- Este es un tema muy complejo que supera, sectorialmente, a cualquier ministerio. Yo creo que este Gobierno apuesta decididamente por las energías renovables, pero eso no significa que no se pueda abrir un debate sin extremismo y sin apriorismos. También creo que hay que saber distinguir las medidas coyunturales de las estructurales. Está claro que la situación coyuntural no se resuelve con abrir ese debate, porque España tiene un nivel de dependencia del petróleo que, seguramente, va a seguir teniendo en los próximos años. Otra cosa es abrir un debate para tomar decisiones sobre qué modelo energético queremos para dentro de 10 o de 15 años.
Pedro García Cuartango.- ¿Cómo piensa abordar el Gobierno la pérdida de competitividad de las empresas españolas?
C. C.- Deberíamos aprovechar la situación para cambiar el patrón de crecimiento. Es positivo que en España se construyan 400.000 viviendas, pero no 700.000. Hay que apostar por la formación, el valor añadido, la innovación, la investigación. Yo creo que ahí el Gobierno apuesta creando un ministerio justamente en esa materia.
Ferran Boiza.- El presidente ya avanzó que esta legislatura sería legislativamente más tranquila. Pero en estos momentos, seguramente porque la crisis del PP ha impedido que hubiera una oposición efectiva, no sabemos exactamente qué es lo que está haciendo el Gobierno.
C. C.- El Gobierno ha hecho cosas y con mucha rapidez, lo que pasa es que vivimos en una sociedad en la que se amortiza todo muy rápido. Justo antes de que fueran publicadas las medidas del Gobierno, ya estaban casi amortizadas, y la pregunta inmediatamente siguiente es: ¿Y ahora qué más?.. Se han tomado medidas. Algunas ni tan siquiera han entrado en vigor. ¿Qué sucede? Lo que sucede es que en otro contexto, hace 10 años, probablemente el ritmo de la desaceleración hubiera ido a la misma velocidad que la puesta en funcionamiento de las medidas. Y, en cambio, hoy lo que nos acaba sucediendo es que muchas cosas dependen de cómo acabe esta tarde la Bolsa, de cómo acabe el precio del barril o del Euribor. Las cosas ocurren a una velocidad tal que, probablemente, no se aprecia el efecto de las medidas, que siempre tienen un tiempo más lento de implantación.
P. J. R.- Está reconociendo una cierta falta de reflejos a la hora de adaptarse a una situación muy cambiante. Si hay que pactar todo con los sindicatos, la toma de decisiones es más lenta. ¿No sucederá que lo que sigue instalado en el Gobierno es una resistencia a aceptar la gravedad de la realidad en la medida en que hacerlo desmontaría las ilusiones construidas durante la campaña electoral?
C. C.- Yo creo que no. El presidente ha reconocido que la situación es de enorme complejidad y el vicepresidente económico anuncia unos presupuestos que van en la buena dirección. Y, respecto al diálogo social, hay que distinguir lo que es una decisión del Gobierno de intentar ponerlo en valor y que las medidas que se tengan que adoptar en un momento dado tengan que estar previamente predeterminadas por él. Del diálogo social saldrá una hoja de ruta y saldrá un conjunto de compromisos de las partes. Pero, por ejemplo, el decreto de medidas urgentes que adoptó el Gobierno no ha formado parte del diálogo social. Es una decisión que toma el Gobierno atendiendo a una determinada situación, a una determinada circunstancia. El Gobierno apuesta por el diálogo social porque entiende que es positivo para identificar el diagnóstico y la solución de los problemas. Nosotros no haremos decretazos. Y nosotros no pondremos en crisis las políticas sociales. No las pondremos. Quiero decir, y esto es así, que las políticas sociales y el Estado del Bienestar no serán puestos en crisis por la situación de coyuntura económica. Probablemente, el PP lo haría.
C. G. A.- En su último informe, el Banco de España reclama moderación salarial.
C. C.- Es evidente que el Banco de España llega a la conclusión de que la moderación salarial tiene un efecto positivo sobre la inflación. Pero yo también le pediría al Banco de España que haga la gestiones oportunas para conseguir una moderación de los tipos de interés... Dicho esto, hay que reconocer que el Banco de España ha hecho una buena política y que si hoy la banca española no tiene los problemas que tienen las instituciones financieras en otros países, es porque se ha hecho una política muy seria y muy rigurosa. En cualquier caso, lo que diga el Banco de España hay que tomarlo como referencia, pero no necesariamente como un asunto de obligado cumplimiento.
Rafael Navarro.- ¿Qué va a hacer el Gobierno con el Inem, que sólo gestiona el 8% de las demandas de empleo? ¿Es usted partidario de recuperar el proyecto de invertir una parte del Fondo de Reserva de la Seguridad Social en Bolsa?
C. C.- Empezando por lo último. Yo creo que esto hay que ponerlo encima de la mesa en el Pacto de Toledo. ¿Cuál es el porcentaje que debe poder concurrir a una inversión no tan rígida como la que marca actualmente la ley? Esta es una discusión que lógicamente tiene que ser acordada en el Pacto de Toledo, no solamente con los agentes sociales, sino también con el PP. Y después, ¿a dónde puede ir esa parte del fondo? Está claro que no se trata, en ningún caso, de invertir en cualquier sitio. Hay que ser más conservadores, pero no hasta el extremo de estar perdiendo oportunidades seguras para sacarle máxima rentabilidad...
Hay muchos productos financieros. No se trata de poner el fondo de las pensiones en el parqué. Lo que está claro es que el Gobierno no va a jugar nunca con el dinero de las pensiones. Pero, probablemente, entre la deuda pública -española o extranjera- la inversión en valores de Bolsa hay otros productos con garantía y con más rentabilidad.
R. N.- ¿Y sobre el Inem?
C. C.- El Inem es la única institución en este país que no tiene ninguna competencia en materia de buscar empleo a los desempleados. En momentos como éstos se hace difícil de entender que no es el ministro de Trabajo el que tiene las competencias para buscar empleo a los desempleados. Son competencias transferidas a las comunidades autónomas. La única responsabilidad que tiene el Inem es pagar las prestaciones. ¿A dónde va una persona cuando se queda desempleada? Pues no va a una oficina del Inem, tiene que ir a una oficina de su comunidad autónoma, que lo censa, certifica que efectivamente está parado y le dice después: «Oiga, usted ya forma parte del censo del Inem y tiene derecho a recibir, cada mes, una prestación. Eso es lo que hace el Inem.
P. J. R.- ¿Y eso es eficiente?
C. C.- No sé si es eficiente, pero, en cualquier caso, es así.
P. J. R.- ¿Y no se encuentra usted impotente ante la necesidad de desarrollar unas políticas activas de empleo de alcance nacional?
C. C.- Yo asumo que los desempleados imputen su situación a la cuenta de resultados de Celestino Corbacho, ministro de Trabajo. Pero este ministro no tiene competencia para actuar sobre el mercado de las políticas activas de empleo. Hay que poner la responsabilidad allí donde está. Y no lo digo en ningún caso para librarme de la mía... Yo, cuando me llamó el presidente de Gobierno, ustedes comprenderán, estaba en una especie de isla desde el punto de vista político y estaba bien: alcalde de una ciudad, con mayoría absoluta, presidente de la diputación de Barcelona después de haber ganado cuatro elecciones por mayoría absoluta...
P. J. R.- ¡Qué tiempos aquellos!
C. C.- Y cuando me llama el presidente del Gobierno y me dice que me haga cargo de este Ministerio, a nadie se le escapa que yo ya sé que vengo a una gestión en un momento de complejidad y de enorme dificultad. Y lo acepto, porque si no siempre se tiene la opción de no acpetar. Si me hubiese asustado la situación habría sido tan sencillo como no aceptarlo. Por tanto, no quiero en estos momentos distraer la atención de mi responsabilidad. Pero creo también que es necesario, por pedagogía, precisar algunas cosas. A partir de ahí, ¿qué debe hacer el Inem? Yo creo que tiene que hacer un esfuerzo en las políticas coordinadoras y de anticipación en el empleo. No debe quedarse simplemente en ser un organismo que tiene su censo y paga sus prestaciones a los desempleados. No estaríamos haciendo el trabajo que creemos que hay que hacer. El Inem lo que tiene que tener es observación y tienen que saber que en estos momentos, en Lérida, se van a necesitar 5.000 temporeros. Pero tiene que tener también conocimiento sobre dónde hay personas, parados, que, por sus características, podrían actuar de temporeros y en cambio siguen en el paro. Y hay que hacer también un gran trabajo desde el punto de vista de la coordinación de base territorial. Y en esa tarea resultará definitiva la incorporación a sus herramientas de trabajo de los medios telemáticos.
P. J. R.- ¿Habría que replantear el modelo?
C. C. -En este momento tenemos un sistema que ha sido transferido a las comunidades autónomas. Yo creo que el objetivo es profundizar en él para sacarle la mayor eficiencia. Si abrimos ahora una discusión sobre el modelo, seguramente no llegaríamos a ninguna parte y perderíamos muchas energías en el camino. Yo prefiero apostar por un proyecto de modernización, de coordinación territorial y base telemática a futuro y llevar ese ánimo de concertación a las comunidades autónomas para que todos podamos converger en una misma dirección.
INMIGRACION
«Puede aparecer xenofobia, como en otros países»
Isabel San Sebastián.- ¿Cómo va a hacer frente su Ministerio al hecho de que muchos inmigrantes no puedan pagar la hipoteca y tengan que devolver las llaves del piso al banco, mientras, al mismo tiempo, se multiplican los pisos patera?
Celestino Corbacho.- El desempleo afecta de una manera más directa a la inmigración, cuyo nivel de paro asciende al 14%. En septiembre aprobaremos un decreto ley que establece las ayudas al retorno voluntario para los que han perdido su trabajo. Por otro lado, se han contratado 1.500 orientadores para identificar a los desempleados y recolocarlos en sectores que necesitan mano de obra. Por ejemplo, en Lérida empieza la temporada y hacen falta 5.000 temporeros.
Hay que regular los pisos patera. El problema es que la legislación no determina cuál es el número máximo de personas que pueden residir en una vivienda. Nunca había ocurrido que se diera esta sobreocupación. Habrá que reflexionar sobre esto. De hecho, alguna comunidad autónoma ya ha realizado esta reflexión: Cataluña ha delimitado en su Ley de la Vivienda el número de personas que pueden residir en un determinado número de metros cuadrados. Se trata de que, si en un piso hay empadronadas 30 personas y viene una 31, el alcalde o la alcaldesa tengan potestad para decirle que no puede vivir allí.
Pedro J. Ramírez.- ¿Es partidario de que el padrón siga siendo el generador de derechos como la educación o la sanidad?
C. C.- La educación y la sanidad son derechos universales, y me parece bien. Creo que, en estos momentos, el debate no está en plantearse la restricción de estos derechos.
Pedro J. Ramírez.- ¿No es ése el mayor estímulo a la inmigración ilegal?
C. C.- No. La inmigración ilegal tiene un origen y, al final, determina un destino. El origen es la desesperanza y la falta de expectativas desde el punto de vista económico. El destino puede ser determinado por muchos factores: relación con gente que ya está allí, identificación idiomática o, simplemente, proximidad. Lo que hay que hacer es combatir la inmigración ilegal reforzando los controles de legalidad y llevando a término el retorno de las personas que entran ilegalmente.
Rafael Moyano.- Desempleo e inmigración metidos en una misma coctelera constituyen una mezcla que en muchas ocasiones hace aparecer la xenofobia. ¿Su Ministerio ha puesto el parche antes de la herida y ha considerado ya ese escenario de posibles brotes de racismo y de inseguridad ciudadana?
C. C.- Es evidente que España ha experimentado en cuatro años un fenómeno muy importante, el de la inmigración. Es verdad que pueden aparecer elementos de xenofobia, como ha ocurrido en otros países, y hay que intentar por todos lo medios evitarlos y combatirlos. Si ello sucede, se resquebrajaría uno de los principios fundamentales y básicos en los que tiene que residir la política de inmigración, que es que la convivencia no quede quebrada por el origen de una persona. Yo tengo confianza en el gran tejido que han formado los ayuntamientos y las administraciones locales con las propias entidades, así como en el comportamiento de los españoles. Espero que realmente conformen un colchón con suficiente fuerza para evitar que un momento de difícil coyuntura, localizado en un lugar o en un barrio determinado, pueda derivar en un mayor problema.
R. M.- ¿Y qué piensa de las políticas migratorias del Gobierno italiano de Berlusconi?
C. C.- Respeto su soberanía, como no puede ser de otra manera. Pero, en inmigración, podemos hacer dos políticas. Una, a corto plazo y de grandes declaraciones, cuyos resultados pueden ser muy efectistas, pero resultan bastante negativos. Y otra, sostenida en el tiempo, fijando bien los objetivos sobre los que hay que operar y haciendo que esa política sea la que, al final, consiga los resultados.
Yo creo que las políticas italianas no van a resolver el problema que le están diciendo a la gente que resolverán.
Si decimos que Europa debe tener una inmigración regular y legal, la política efectiva consiste en fortalecer todos los controles de entrada y forzar programas de cooperación con países de origen para ayudarles a desarrollarse. Espero que, en estos meses, bajo la presidencia francesa, se pueda avanzar más en esa dirección y que las políticas europeas empiecen a tomar más cuerpo, más fortaleza y más fuerza, aunque sean menos efectistas a corto plazo.
Olga R. Sanmartín.- ¿Qué medidas va a poner en marcha para favorecer la integración de los inmigrantes?
C. C.- Los programas de integración los tienen que desarrollar las administraciones locales y autonómicas. El Gobierno tiene un proyecto de 200 millones de euros para integración que se destina a las comunidades autónomas. Mi opinión es que el fenómeno de la inmigración hay que gobernarlo: primero, con control y legalidad y, en una segunda línea de trabajo, en la integración, la cohesión social y la convivencia. Esta debe ser cooparticipada por las comunidades autónomas.
O. R. S.- ¿El Gobierno español va a ayudar al Ejecutivo rumano a redactar algún tipo de plan de retorno voluntario? Porque, mientras durante 2007 llegaron a España 200.000 rumanos, en Rumanía hacen faltan 250.000 puestos de trabajo...
C. C.- No debe haber ninguna medida especial, porque Rumanía es un país que va a tener un desarrollo económico acelerado y rápido. Forma parte de la UE y sus ciudadanos tienen el derecho a la movilidad y a la ciudadanía europea. No tendría sentido incorporar a la población rumana al decreto del retorno voluntario para permitirle que acumule el paro, mañana se marche a Rumanía y, al día siguiente, ejerza la libre circulación a la que tiene derecho y regrese.
Los rumanos acabarán retornando a Rumanía en la medida en que haya trabajo y en que sus condiciones laborales tengan más interés que las que hay en España. Eso se va a ajustar de manera natural.
EL MANIFIESTO EN DEFENSA DEL CASTELLANO
«La lengua no debe actuar como barrera»
Pedro J. Ramírez.- ¿Cree usted, igual que plantean los promotores del Manifiesto en defensa de la Lengua Común, que existe un problema con determinadas administraciones autonómicas, que están vulnerando los derechos de personas que tienen el castellano como su lengua materna?
Celestino Corbacho.- Yo creo que no. Evidentemente, conozco la iniciativa de su periódico, en donde, lógicamente, ni entro ni salgo. Pero yo traslado mi conocimiento: en Cataluña no hay ningún problema en que la sociedad catalana hable en castellano o en catalán. Es más, socialmente el idioma preeminente es el castellano. Ese es el gran logro que se ha hecho en la sociedad catalana. He sido alcalde durante 14 años y nunca una familia me ha planteado como un problema la inmersión lingüística en la escuela.
Otra cosa diferente, donde sí podría tener una opinión crítica, es que el idioma actúe como barrera en la producción y el conocimiento. Es decir, no puede ser que el idioma sea un impedimento para un catedrático que va a Cataluña a compartir su conocimiento. Si Cataluña necesita mil médicos, lo que debe certificarse es que un médico lo es, y no el idioma en el que va a atender. Cataluña tiene que convertirse en una gran productora, desde el punto de vista intelectual, para desarrollarse en todo el mundo. Lo importante no es que una película se doble en Cataluña, sino que se haga en Cataluña. La lengua no debe actuar como barrera para el conocimiento y para la producción. En cambio, creo que no hay ningún problema social dentro de la comunidad catalana.
P. J. R.- ¿En qué idioma se comunica el Ayuntamiento de Hospitalet con sus vecinos?
C. C.- Cuando es una comunicación universal, siempre en los dos idiomas. Cuando es una comunicación individualizada, en el idioma en que se ha dirigido la persona a la Administración.
P. J. R.- ¿Y por qué cree que en la Generalitat y en el resto de ayuntamientos de Cataluña no se sigue el mismo criterio? Si así fuera, desaparecería uno de los motivos que han llevado a redactar este manifiesto...
C. C.- Yo puedo hablar por lo que hice cuando era alcalde. A mí me parece lógico y razonable que los ayuntamientos se dirijan a sus ciudadanos con el uso normal de las dos lenguas. El ciudadano es el que debe tener la preeminencia en la elección del idioma en que quiere ser atendido.
Lucía Méndez.- Me gustaría saber si usted, más allá del fenómeno puramente deportivo, da alguna interpretación a la celebración de la victoria de la selección española de fútbol.
C. C.- Yo no soy un gran aficionado al fútbol, pero he seguido con mucho interés a la selección española. He vibrado, como hemos hecho todos, con el gran triunfo. Luis Aragonés realmente ha llevado a España a ser una referencia mundial por méritos propios. Yo creo que se ha dado una explosión cívica en todos los lugares de España participando de ese triunfo de la selección española. Se dio también en Cataluña y se dio en Hospitalet. Fue una explosión de júbilo y, además, de alegría.
Me voy a quedar ahí, porque yo creo que es lo importante, porque como empecemos a ponerle muchos adjetivos entonces a lo mejor podemos entrar en el problema de distanciar a la mayoría. La gente que el domingo salió y puso el cohete y los que estaban en la plaza de Colón no estaban ni por una opción, ni por otra. Seguramente estaban por encima de todas las opciones. Este es un gran país del que todos nos tenemos que sentir orgullosos, independientemente de lo que luego cada uno exprese en su intimidad o en su libertad de opción. Lo que se vivió el domingo era el sentimiento de un pueblo libre. Y participo de esa alegría. Como español me he sentido muy reconfortado. Los que tienen un problema son los que decidieron apostar a ver si ganaban otras selecciones.
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