¿Izquierdizarse? Uf, es verdad que queda raro. Una expresión extraña y sin circulación. Y ahí está la cosa, derechizarse, aunque no venga en el diccionario, es un verbo de uso corriente: «Menganito se ha derechizado», «tal partido se ha derechizado». No sobresalta al oído. Por algo será. La Izquierda se ha derechizado cantidad. Fue un acontecimiento histórico. Del marxismo, del leninismo, del estalinismo, del maoísmo, del anarquismo, a lo de ahora: mezcla de tintes socialdemócratas y liberales. La Izquierda, por lo que sea (no entro), se ha movido, y mucho (en Europa), aunque algunos, que están entre el Ku Klux Klan y Gengis Khan, vean izquierdismo radical en cualquier detalle que toca un triste pelo al pensamiento (ultra)tradicional.
Pero lo bueno del caso es que la Derecha también se ha movido. Del ultracapitalismo, del ultranacionalismo, del ultracatolicismo, del ultramonarquismo, del fascismo, claro que la Derecha (para muy bien, como la Izquierda) se ha movido. Y en ese movimiento de ambas corrientes radica la convivencia de los europeos.
Sin embargo, ya ven, existe la expresión derechizarse, pero no existe la expresión izquierdizarse. ¿Por qué? A la Izquierda le duele (en su corazón y genes) la idea de que se ha derechizado, pero acaba por admitirla aunque sólo sea entre dientes. Pero a la Derecha (aunque de hecho se ha movido), le fastidia reconocerlo. ¿Lo ha hecho de mala gana?, ¿lo ha hecho por la fuerza de las circunstancias?, ¿lo ha hecho táctica y estratégicamente, pero sin convicción real? Lo ha hecho. Lo ha hecho respecto a sus antecesores de hace cien (por no ir mucho más lejos), ochenta o cuarenta años. ¿Entonces?
La Derecha prefiere, como mucho, pensar que «se centra» y «se liberaliza». Hasta ahí hemos llegado. Todo, menos izquierdizarse. Vade retro. Ahí está el punto, la falta de correspondencia.
Hay más. La Derecha se solaza cuando cree identificar a gente de Izquierda que piensa y, sobre todo, vive como gente de Derecha. Se burla de ella: «progres», gauche divine... Tampoco existe nada equivalente a la inversa. La Izquierda no tiene expresiones para calificar a los innumerables elementos de la Derecha que, en el exclusivo terreno de las costumbres, viven con la libertad propia de la Izquierda actual. Por ejemplo, los que han abrazado el laicismo en la práctica: ni caso a la Iglesia, aunque, luego, no se acaba de entender el porqué, se arrimen a la Iglesia -lejos de cualquier honda convicción y ejercicio personales- a la hora de enarbolar pancartas.
Lo que hoy trato de decir es que si la derechización de la Izquierda es algo que salta a la vista, la izquierdización -uf- de la Derecha sería su correspondencia natural. Y el misterio, insisto, es que, en cierto modo, ya ha tenido lugar, pero que la resistencia a seguir avanzando indica un mayor dogmatismo y una mayor inmovilidad. Y una mayor presencia de coactivos electos ultraderechistas frente a sus hipotéticos (inexistentes) homólogos ultraizquierdistas. A mi juicio, lo del PP va (de fondo) sencilla y llanamente por ahí (y por lo contrario).
La oficina de Gamal Banna en el centro de El Cairo es una amalgama interminable de títulos literarios. Según el propio autor, su librería particular dispone de 17.000 obras en árabe y más de 3.000 en inglés, idioma que el intelectual domina con fluidez.
La relación del pensador egipcio con los libros y la religión data de su infancia, ya que su padre -el jeque Ahmed Abd Rahman Banna- siempre estuvo rodeado de textos en su empresa para redactar una ingente enciclopedia de hadices, que le llevó a compilar más de 45.000 de estos dichos atribuidos al profeta Mahoma.
La biblioteca de su padre fue el origen de una formación tan iconoclasta como su propio talante, que le impulsó a abandonar la educación formal y a estudiar siguiendo sus impulsos autodidactas. «Lo devoraba todo», escribió Mouna Akouri -autora de una biografía suya-, refiriéndose a su afición compulsiva por la lectura.
Un caso singular el de Banna, un apellido que nos retrotrae al ideario ortodoxo que promulgó su hermano, Hassan Banna, fundador del movimiento islamista de los Hermanos Musulmanes en 1928. Gamal siempre ha negado que militara en tal formación -dirigió dos de sus publicaciones-, lo que no impidió que el Gobierno egipcio le encarcelara durante más de un año, en 1948, vinculándolo a los islamistas.
Pero el ideario de Gamal se apartó muy pronto de la línea conservadora e incluso violenta que adoptaron los Hermanos Musulmanes tras el auge en sus filas de Sayyid Qutbs, precursor de los movimientos más radicales de hoy en día, y que -ironías de la Historia- contó entre sus alumnos con un tal Ayman Zawahiri.
La dialéctica del erudito entremezcla conceptos propios del marxismo con sus conocimientos del islam en una amalgama inusual en la región árabe. Quizás porque Banna también es un experto en sindicalismo y llegó a ser presidente en 1981 de la Confederación Islámica Internacional del Trabajo, que se estableció en Ginebra (Suiza).
En sus más de 120 libros, sus diatribas contra el capitalismo o el Banco Mundial son tan recurrentes como su crítica al fundamentalismo islamista y a la acción de EEUU. Como apunta Mouna Akouri, Gamal Banna se inscribe dentro de la corriente reformista del islam que iniciaron personajes como Gamal Din Afgani o Mohammed Abdou, algo que le ha llevado a acalorados enfrentamientos con la Universidad de Azhar -la principal institución religiosa suní del mundo árabe-, que ha prohibido al menos una de sus obras, y que ha propiciado que su nombre apareciera en el 2006 incluido en una lista de apóstatas confeccionada por un grupo extremista egipcio que lo sentenció a muerte. «Defiendo cambios radicales. El islam tiene que emprender su propia reforma. Estamos a siglos de Europa en cuanto al pensamiento político y religioso», ha declarado.
PREGUNTA.- ¿Pueden convivir democracia e islam?
RESPUESTA.- Primero hay que establecer una diferencia básica entre lo que llamo democracia de la mezquita y democracia de Atenas. La primera, implantada por el profeta Mahoma, siempre fue superior a la de Atenas, donde no podían participar ni esclavos ni mujeres. El islam siempre pone como ejemplo aquel caso de la mujer que se levantó en una mezquita y recriminó una decisión del califa Omar Abdel Khatab, exigiéndole que no discriminara a sus congéneres. Y el califa tuvo que reconocer que estaba equivocado. Puede ver cómo en la época de los primeros califas la democracia participativa de la mezquita era un principio sagrado.
El islam, pues, integra en su doctrina los ideales de democracia, justicia e igualdad. Nuestra religión en sus primeros años defendía la libertad de pensamiento, la igualdad entre hombres y mujeres. Sin embargo, los ideales que estableció el profeta en Medina, lo que llamamos islam humano, se perdieron a partir del año 40 del calendario musulmán cuando Muawiya Ibn Abi Sufyan, el gobernador de Siria, estableció la dinastía Omeya al estilo de cualquier reino autocrático. Nada diferente a lo peor que se dio durante los imperios de Roma o de Persia: autoritarismo y regímenes tiránicos y hereditarios. El fue quien inició el islam del Sultán. La democracia islámica existió, pero sólo durante 40 años.
P.- Sin embargo, el mundo musulmán asiste a un auge desmedido de las tesis salafistas, extremistas opuestos a cualquier idea de democracia.
R.- Por supuesto que los salafistas no son democráticos, pero hay que entender el origen de este pensamiento. Los movimientos islámicos se podrían dividir en dos: los que surgen con un ideario idealista como los Hermanos Musulmanes y los que se crean como reacción a circunstancias que sufren los fundadores. El ideario extremista surge en Egipto y en otros países en la década de los 60 al socaire de la represión que sufrieron los musulmanes bajo el Gobierno de Nasser. Cualquier movimiento que un Estado intente reprimir por medio de la violencia y la fuerza crecerá de forma invariable. Los miembros que sean asesinados por el poder se convertirán inmediatamente en héroes a los ojos del público.
La mejor prueba de esto que le digo es que las ideas que elaboró Abul Ala Maududi [un filósofo paquistaní que escribió más de 120 libros abogando por el régimen teocrático] en los 40 no tuvieron apenas eco en el mundo árabe. Sin embargo, esos mismos principios fueron recuperados por Sayyid Qutbs en los 50 y 60, cuando prevalecía la atmósfera de miedo que implantó Nasser, y tuvieron un éxito enorme. El radicalismo de Qutbs es una reacción -negativa en cualquier caso- a una acción negativa: la represión de la dictadura.
P.- Hay quienes afirman que la inspiración del extremismo musulmán se encuentra precisamente en la ideología de los Hermanos Musulmanes. ¿Qué opina?
R.- No, en su origen los Hermanos Musulmanes eran un movimiento idealista que incluso respetaba el derecho a creer o no en la religión [un anatema para los radicales]. Pero Hassan fue asesinado en 1949. Le repito, las ideas de Qutbs son producto de las cárceles de Nasser y eran contrarias a las que inspiraron a los Hermanos Musulmanes. Pero en los años 60 no primaba la lógica, sino la violencia, y por eso la filosofía violenta de Qutbs prevaleció entre los Hermanos Musulmanes.
P.- En cualquier caso, no ha respondido a la esencia de mi pregunta. ¿Por qué tienen mayor predicamento hoy en día en el mundo árabe las ideas salafistas que los postulados liberales?
R.- La principal razón es la política estadounidense en la región. Ahora, gracias a las cadenas de televisión por satélite es muy difícil ocultar la verdad. La población se da cuenta de la hipocresía de Washington. EEUU ha demostrado que sólo tiene fe en el poder y que cuando dice democracia quiere decir capitalismo. A los estadounidenses no les importan las violaciones de los derechos humanos de los gobiernos árabes siempre y cuando no afecten a sus ganancias. Hay una enorme diferencia de estilo entre el colonialismo británico y el norteamericano. Recuerde la figura de Gertrude Bell, esa inglesa que consiguió unificar a las tribus iraquíes para establecer el reino de Irak. Recurría al diálogo y hasta hablaba árabe. Los ingleses usaron la inteligencia en Oriente Próximo. Los americanos nos envían vaqueros que lo arrasan todo. Como en la época de Qutbs, el entorno es propicio para que se difundan estas ideas radicales. Lo vuelvo a repetir: cualquier acción negativa genera una respuesta negativa.
P.- ¿Cómo influye en el desarrollo del mundo árabe la expansión del ideario salafista?
R.- Negativamente. Hemos sufrido un retroceso de siglos. Nunca progresaremos hasta que no superemos este pensamiento.
P.- Usted ha protagonizado repetidos encontronazos con la universidad de Azhar. ¿Por qué?
R.- Precisamente porque Azhar representa el salafismo, el apego a la jurisprudencia falsa que se ha infiltrado en la visión del islam. El islam es la religión del hombre, no del poder, y Azhar es la continuación de los jurisconsultos que empezaron a dictar leyes para apoyar a los dictadores del imperio musulmán.
P.- ¿Se ha malinterpretado el concepto de yihad [lucha] en el mundo musulmán?
R.- No se ha entendido bien ni en el mundo musulmán ni en Occidente. El significado real de la yihad estriba en conseguir el máximo posible para cualquier persona. La yihad más importante es la que se libra en el alma, la que está destinada a formar nuestro carácter hacia el bien. Hay otra yihad cuyo origen procede de la época del profeta, cuando los musulmanes se vieron obligados a defender su fe frente a las agresiones del pueblo de La Meca. Esa yihad implica guerra, pero es una lucha por defender la libertad de creencias.
Pero como le he dicho, las normas islámicas sufrieron una transformación radical cuando se impuso la dictadura. La yihad se amoldó a las necesidades imperiales. Los pensadores justificaban que el califa lanzara una o dos guerras al año, pero eso no es el islam, es la simple necesidad originada por el imperio, como ahora le ocurre a EEUU. A partir de ahí se cimentó el concepto equivocado en el mundo islámico de que el islam es una religión que se tiene que expandir por la fuerza. Hay muchos fanáticos que piensan que tienen que imponer su religión sobre los no musulmanes cuando el Corán defiende todo lo contrario, respeta incluso la apostasía.
P.- ¿El Corán respeta el ateísmo?
R.- Mire, hay un verso en Al Baqara [uno de los capítulos del libro sagrado de los musulmanes] que afirma: «La religión no es obligatoria». Hay algunos pensadores que dicen que hay que matar al musulmán que se convierta a otra fe. ¿Dónde se menciona eso en el Corán? Hay cinco menciones sobre ese caso [ridda] y en ninguna se propone ningún tipo de castigo. Mientras Mahoma estaba vivo fueron muchos los que abandonaron la religión y el profeta nunca los castigó. El Corán deja muy claro que la religión es un asunto personal. Como dice el libro sagrado: «Quien siga el camino correcto lo hará por su propio bien y quien se desvíe lo hará solo, en su detrimento». A Dios no se le puede dañar porque neguemos su existencia. Está por encima de eso. Si alguien quiere ser ateo que lo sea y si alguien quiere ser religioso, también.
P.- Pero en nombre de la yihad, ¿se puede recurrir a cualquier medio según el islam? ¿Es aceptable, por ejemplo, utilizar suicidas?
R.- Por supuesto que no, pero para defenderse de la agresión contra tus creencias tienes que recurrir a los mismos medios de los agresores. Por ejemplo, si los palestinos dispusieran de tanques y aviones, no necesitarían suicidas, son sólo un sustituto.
P.- En Irak hay muchos suicidas que no atacan a los ocupantes, sino a otros musulmanes, también en el nombre de la yihad. ¿Cómo explica esta actitud?
R.- En Irak hay muchas cosas que no entiendo. Antes de que los estadounidenses aparecieran en Irak no ocurrían cosas así. Nunca en la historia del país, ni con Sadam ni antes con el rey Faisal, hubo problemas entre chiíes y suníes. Pero entonces llegó EEUU con su teoría del caos constructivo. Para mí es un misterio comprender muchos de los atentados que se registran en Irak. Sólo tengo una certeza y es que la Casa Blanca ha intentado ocultar su fracaso en ese país prendiéndole fuego. Ahora el humo no nos deja ver la realidad.
P.- ¿Cuál es su posición sobre Israel?
R.- Cualquier estado religioso es una equivocación. Da lo mismo si es judío, islámico o cristiano. La Historia juzgará cuán negativa fue la creación de Israel para esta región, tan malo como el establecimiento de los estados fanáticos islamistas. Pero la realidad nos enseña a ser prácticos y por ello lo necesario ahora sería que Israel se retirara a las fronteras de 1967 y así obtendría el reconocimiento diplomático de todas las naciones árabes. ¡Pero también se niegan a eso! ¿Por qué?
P.- Una de sus afirmaciones más atrevidas gira en torno a las dudas que exhibe sobre la veracidad de los hadices [dichos del profeta], que en muchos casos son el fundamento de la actual interpretación del Islam.
R.- Efectivamente, porque hay miles, no uno ni dos, sino miles de hadices que son falsos. Fueron inventados por los jurisconsultos para sustentar el poder del autócrata del momento y se incorporaron al acervo musulmán. Eso pasa, por ejemplo, con el hadiz que exige la ejecución de la persona que abandone el islam. Es un supuesto dicho que se incorporó en la era del califato Omeya, para impedir las defecciones o incluso la oposición al régimen: se acusa a quien haga falta de apóstata y listo. Tenemos que limpiar libros como el de Bukhari [una de las seis principales compilaciones de hadices].
«Las musulmanas en Europa podrían recurrir al sombrero» ¿Es cierto que apoya la mutaa [modalidad de matrimonio temporal que practican los chiíes pero no los suníes]? ¿Por qué?
- Bajo otra denominación, la mutaa se practica mucho también entre la población europea cristiana [se ríe]. Creo que las minorías musulmanas en Europa y EEUU pueden recurrir a esta figura ante la imposibilidad de encontrar una esposa de sus mismas creencias. Por eso pueden establecer una relación legal con mujeres que hayan estado casadas antes durante un periodo limitado de tiempo, por ejemplo de seis meses. Si transcurrido ese periodo están felices pueden renovar ese contrato y si no, divorciarse de forma amigable. Los suníes afirman que el profeta permitió la mutaa durante momentos especiales, como las guerras, pero que después la prohibió. Lo cierto es que quien lo prohibió fue, tras su muerte, uno de sus seguidores: Omar ibn Khattab. Pero, incluso si el profeta lo hubiera prohibido, si la situación a la que se refería vuelve a surgir tenemos el derecho de repetir su experiencia y adaptar nuestra normativa a la realidad social. No podemos vivir el presente de acuerdo a pensamientos arcaicos.
¿Qué opina de las repetidas publicaciones de caricaturas sobre la figura de Mahoma?
- Hay quien dice que eso es una manifestación de la libertad de expresión, pero creo que lo único que pretenden estas acciones es enemistar a los pueblos. Si sus autores consideran que el islam está equivocado deberían discutir sus ideas con argumentos, no con insultos.
Pero ha dicho antes que los individuos deberían gozar del derecho a no creer. ¿No se podría entender la aparición de estas viñetas precisamente como un ejemplo de ateísmo?
- ¿Y por qué sólo dibujan a Mahoma? ¡Qué hagan caricaturas también sobre el cristianismo o el judaísmo!
Usted no considera crucial ni motivo de controversia el hecho de que las musulmanas se cubran o no el velo en Europa.
- Mi idea es que las mujeres musulmanas en Europa podrían recurrir en vez de al velo a algo tan común como un sombrero. La cuestión de fondo es que el Corán nunca habla de que las féminas tengan que cubrirse el cabello. Lo único que exige es que se tapen el pecho y se trata de una petición relacionada con la época del profeta, porque en aquellos años las mujeres de la península arábiga solían dejar sus pechos al desnudo.
¿A qué se deben los repetidos enfrentamientos que se están registrando en los últimos tiempos en Egipto entre musulmanes y coptos?
- A la existencia de fanáticos en ambos lados. El primer fanático es el patriarca de los coptos [Shenouda III], que quiere jugar a la política y se ha prodigado en actos de apoyo al Gobierno egipcio. Hay que acordarse de lo que dijo Jesucristo: «Mi reino no es de esta tierra».
LA CUESTION - ¿Se considera usted un filósofo islamomarxista o un equivalente de la teología de la liberación cristiana, como le han definido algunos?
- Mire, en el islam no hay teología, es una religión simple. Es cierto que soy un admirador de Carlos Marx y que he leído mucha literatura marxista. Para mí Marx fue un gran hombre, que defendió la causa de las masas y descubrió las enormes deficiencias del capitalismo. Escribí un libro, 'La aparición y la caída de la República de Weimar', donde afirmo que el marxismo era un grito a favor de la justicia que surgió ante la brutalidad del capitalismo. La diferencia entre marxismo e islam es que nuestra religión ya está basada en la justicia y la igualdad. Lo mismo ocurría con el cristianismo en sus orígenes. También compartían todo. Eran en cierta manera comunistas.
EL CORREO CATALAN
ARCADI ESPADA
Habrá que pensar en ir tomando pastillas
Querido J:
Se llenaron un par de campos de fútbol ibéricos el último fin de semana en Nueva York para escuchar lo que decían sobre el mundo unas cuantas docenas de científicos. Era la primera edición del World Science Festival, organizado por Brian Greene, físico, autor de un libro sobre la teoría de cuerdas, El universo elegante, que es un título de belleza provocadora. Allí estuve, allí he estado durante los últimos días, sin moverme de casa, naturalmente, gracias a los adelantos. Como su denominación indica, festival y ciencia han pasado del viejo oxímoron al nuevo pleonasmo. En el mundo civilizado no hay espectáculo de la inteligencia comparable al de reunir una colección de cabezas dispuestas a acabar, predicando con el ejemplo, con el infamante estigma de la separación entre cuerpos y almas, es decir, entre las llamadas culturas científica y humanista. Por el momento, los físicos no han dado con la gran teoría unificada, que explicaría el todo en un párrafo; pero no hay duda que esa teoría avanza con paso de panzer en la cultura. Desde el estricto punto de vista letrado no creo que pueda darse con un acontecimiento poéticamente comparable: varios días después de la clausura los encargados de la limpieza aún recogían metáforas, brillantes como latas de cerveza. Paul Johnson, en el último capítulo de Creadores (que acaba de traducirse: Ediciones B), tiene palabras muy bonitas sobre las metáforas, la ciencia y los niños. Aparece William James, el gran psicólogo precursor, que escribía así: «Nuestra vida mental, como la vida de un pájaro, parece hecha de una alternancia entre volar y posarse. Puede verse en los ritmos de los idiomas, donde cada pensamiento se expresa en una oración y cada oración se cierra con un punto». Johnson, con 80 años, es más joven que todos nuestros nenúfares, y está en el bando unificador. Ha escrito Creadores sin llamar a un científico, pero en el último capítulo lanza un vigoroso mea culpa: no hay diferencia entre la imaginación y el descubrimiento.
Al que primero vi en Nueva York, y con deslumbramiento, fue a Kurzweil. Impresionante personaje. Fue el inventor del OCR (el sistema de reconocimiento de textos), es decir, de los auténticos escáneres cerebrales. Tiene 60 años y toma entre 180 y 210 pastillas diarias. La razón es que quiere llegar vivo a la Edad de la Singularidad, un concepto que ha acuñado y que, sucintamente, describe este tiempo en que las máquinas creadas por el hombre serán más inteligentes que su creador. Kurzweil sostiene que la inteligencia artificial, es decir, de matriz no biológica, aumenta de modo exponencial: se multiplica por más de 1.000 cada 10 años, y de ahí la cercanía de una era donde la nanotecnología y la robótica viajarán, entre otros parajes, por el cuerpo humano destruyendo cánceres, ensanchando arterias y planteando muy seriamente ¡el grave problema de la inmortalidad humana! Confía en llegar. Sus profecías, expuestas con detallismo y compromiso, son discutidas a cada hora. Hay objeciones importantes: entre ellas, que Kurzweil no cuenta con la resistencia humana al cambio, muy poderosa. La que se refleja, por pasiva, en esta admirable frase que Vicente Carbona dedica a las teorías de la singularidad en su blog: «La ciencia postula que todo es negociable». De ahí el terror, sigue Carbona: «Religiones, conceptos políticos, nacionalidades, etnias, culturas... dejarán de importar. No, no dejarán de existir, porque existirán como las piedras existen, pero perderán todo el significado (todo el sentido) que nuestros cerebros les atribuyen».
Lo más importante de Kurzweil es que no es un mero especulador. En el Festival hizo esto: activó una máquina de traducir de su invención, pronunció un texto en inglés, dijo luego «french» y el aparato lo repitió en perfecto francés. Google lo ha contratado para que perfeccione el traductor universal. Todo ello concuerda con una de sus profecías, a la que tengo un cariño perfectamente comprensible y descriptible. La profecía está traducida al castellano en Ciencia Cognitiva, blog, y dice: «La mayor parte de la información se transmite utilizando protocolos standard de conocimiento asimilado, esto es, protocolos que hacen que la información sea comprendida instantáneamente. Los idiomas como el inglés y el español aún se utilizan, pero forman parte de un conjunto de tradiciones y folklores a los que se exige respeto y protección por los legisladores». ¡No me dirás que no es absolutamente maravilloso! Aunque está prevista para 2099 y eso significa que tendré que empezar a tomar pastillas.
Vi otras cosas inolvidables. A Francis Collins, responsable del proyecto Genoma Humano, en una mesa sobre los genes, la identidad y la herencia, zanjando la habitual discusión sobre el determinismo genético: «Después de todo, la mitad del total de este auditorio tiene un genotipo que le hace genéticamente predispuesto, en una proporción 16 veces mayor que la de la otra mitad, a cometer asesinatos. Se trata de la gente que tiene el cromosoma Y: ¡Machos!». Vi a David Sinclair, que estudia el resveratrol, como yo lo estudio con ahínco desde los cuatro años. En la mesa sobre la ciencia de la longevidad Sinclair ofreció la posibilidad de beber 1.000 botellas de vino tinto al día, comer un 30% menos de calorías, o tomar una sola píldora. El trabaja con la píldora, a la que adjudica una importancia comparable a la que supuso el descubrimiento de los antibióticos. De momento, ya exhibe un ratón borracho, más listo que los ratones y sin los achaques de la edad. De esa mesa me gustó especialmente el planteamiento político de Reijo Pera: «¿Qué puede la gente hacer ahora mismo para ayudar a prolongar sus vidas? No hay ninguna píldora, hasta el momento. La dieta, el ejercicio y el propósito [cada mañana hay que levantarse con un propósito] son las tres formas más eficaces. Pero en el futuro será realmente importante hablar con su senador. Sin financiación, esta ciencia de longevidad, que está al borde de un gran avance, será abandonada».
Y estuve en el panel estrella, que trataba de responder a la pregunta: ¿Qué nos hace humanos? Leí en el Times que todo el mundo quería estar en esa mesa. Escuché contestar a Marvin Minsky: «Recordar». A Dennett: «Razonar: haber convertido este planeta en un sistema nervioso». A Jim Gates: «Reconocer a la madre; como un niño ve a su madre la especie ve el universo entero». A Harold Varmus: «Generar hipótesis y medir las cosas». A Antonio Damasio: «Crear».
Como ya sabes, escribo siempre con las ventanas abiertas. En el momento más dulce y pletórico del viaje me llegó una carta de un científico español. Y este párrafo dentro: «No estoy pasando un buen momento. No puedo casi avanzar. No sé cómo voy a pagar mis deudas del laboratorio, no sé cómo voy a acabar de dirigir las tesis de mis doctorandos, no sé cómo voy a publicar los datos que he generado. En definitiva, no sé cómo y dónde voy a acabar. Si este año no entra financiación, tendré que tirar la toalla. No tengo ni para comprar un tubo de ensayo (literal)... Sólo he podido comprar un kit para medir insulina (100 determinaciones) que cuesta 100 euros. Necesito para acabar unos cuantos más y ya no tengo dinero».
Este párrafo que te traigo no pretende reflejar, ni simbólicamente, el estado de la ciencia en España; ni siquiera las probables perversiones del sistema local. Es un caso particular, no sé si transferible. Pero yo estaba entre inmortales y me vino bien. De la inmortalidad, es decir, de Nueva York, lo que más me jode es los que habrán tenido que morir (y no te digo ya si fuera los que habremos de morir) para que se instale.
Sigue con salud.
A.