LA TRASTIENDA
ISABEL SAN SEBASTIAN
... Que nos helarán la sangreTodo lo que está pasando en el País Vasco, incluidas las maniobras rastreras emprendidas contra María San Gil, ha de leerse en clave electoral, pensando en los comicios del próximo otoño. La capacidad del ser humano para envilecerse en aras a conseguir el poder es tan antigua como él, y tan ilimitada como su imaginación. El lehendakari de los nacionalistas (no de los vascos) nos desveló el miércoles el contenido de esa papeleta con la que viene amenazando desde antiguo, a sabiendas de que no superará la prueba de la legalidad y sólo conseguirá acelerar la cita con las urnas. Para que su partido gane una vez más es imprescindible el concurso de los terroristas y sus cómplices, motivo por el cual el texto de su consulta-trampa recoge la vieja exigencia etarra de la autodeterminación, disfrazada de «derecho a decidir» a fin de no escandalizar a las bases mejor pensantes. De ahí que ETA finja una cólera que está lejos de sentir y acuse a sus viejos socios (unos sacuden el árbol y otros recogen las nueces) de emplear «fraudes vestidos de reforma autonómica». En realidad, si bien es cierto que seguirán «haciendo su aportación a la resolución del conflicto»; es decir, matando a sangre fría y por la espalda, como los cobardes asesinos que son, cuando llegue el momento de votar y la supremacía nacionalista corra cierto peligro, ordenarán a sus fieles que acudan todos a una en auxilio de la «retaguardia burguesa» de ese «movimiento nacional» que ellos acaudillan.¡La familia es la familia! Antes intentarán lograr que pueda presentarse su marca, ya sea el PCTV o cualquier otra, cosa harto probable dado el interés del Gobierno socialista en debilitar al PNV con esa candidatura para así reforzar las posibilidades de Patxi López. Pero si por un milagro fracasan y ETA es expulsada del Parlamento vasco, respaldarán a sus hermanos de fe separatista, que volverán a alzarse con el sillón de Ajuriaenea y seguirán victimizándose.
En el otro bando, los cálculos son parecidos. El PSE aspira en esta ocasión a vencer, por lo que hace guiños al nacionalismo hablando de «nación» y de «referéndum controlado». Gobernar, sin embargo, es otra cosa. El PNV no aceptaría un papel secundario y EA está prácticamente desaparecida, lo que reduce las posibilidades a ese PP «renovado» dispuesto a buscar acuerdos. Los fontaneros de Génova, por su parte, saben que San Gil no avalaría jamás un estatuto similar al de Cataluña, que es lo que pretende López, lo que la convierte en un peso muerto con vistas a un posible pacto. Claro que nunca falta un traidor dispuesto a venderse al diablo...
Como dijo Pilar Ruiz, madre de Joseba Pagazaurtundúa, cosas harán (y veremos) que nos helarán la sangre.
ERASMO
PoceroGobierno: orgía de aviones Mystère. Y no habilitan un vuelo especial para repatriar de Dallas (Texas) a Valencia a Elvira Roda, «chica burbuja», aislada con su extrañísima dolencia. Lo hará tal Francisco Hernando, «El Pocero», en su Gulfstream, avión suntuoso en una buena causa. Cual nuevo Barón de Münchhausen, sale de ciénagas y pozos tirando de sus propios cabellos. Es la buena, benemérita burbuja inmobiliaria. TRIBUNA LIBRE
MIGUEL ARIAS CAÑETE
'Delendus est Marianus'Por qué? ¿Cuál es la razón por la que súbitamente, repentinamente, se ha desatado dentro del Partido Popular un escalonado y sistemático movimiento de ataque inmisericorde contra quien es su líder desde hace casi cinco años? ¿Acaso se ha olvidado tan pronto cómo tras las últimas elecciones generales, todos sus dirigentes nacionales y regionales pidieron insistentemente a Mariano Rajoy que permaneciera al frente del partido y se presentara al próximo Congreso. ¿Qué ha ocurrido para que la unanimidad de posiciones de apoyo que se pudo comprobar en el Comité Ejecutivo Nacional del Partido Popular celebrado el pasado 11 de marzo se haya resquebrajado?
¿Qué ha ocurrido en este brevísimo lapso de tiempo para que una persona tan «previsible» y conocida, un líder tan fiable en términos políticos, sea cuestionado tan duramente? ¿Por qué se ha dejado de lado la imagen del parlamentario de primer nivel que ha desempeñado durante los últimos cuatro años difíciles una brillante labor de oposición con el apoyo unánime de todo su partido? ¿Por qué se pasa por alto el hecho de haber sido capaz de mantener cohesionado y firme en sus principios a nuestro partido durante la pasada legislatura cuando sufríamos los efectos del Pacto del Tinell y se nos cuestionaba hasta nuestra legitimidad democrática a la hora de ejercer la oposición al Gobierno de Zapatero? ¿Por qué tiene ahora que abandonar el timón de la nave, como algunos sugieren, o limitarse a presidir una transición hacia un futuro ignoto e imprevisible?
¿Por qué personas tan queridas y admiradas como José Antonio Ortega Lara y María San Gil han decidido abandonar el partido o sus funciones directivas en el mismo?
¿Por qué algunos que se dicen «militantes» se manifiestan ante la sede nacional de su partido insultando y gritando como energúmenos contra su presidente?
¿Qué está ocurriendo en el PP? Esta es la pregunta que se hace, estupefacta, la mayoría de los más de 700.000 militantes del Partido Popular y los más de 10.000.000 de votantes -nada menos que el 40% de los españoles- que el Partido Popular consiguió hace tan sólo dos meses en las que, por cierto, obtuvo, pese a la derrota innegable, los segundos mejores resultados de su historia.
Y es que lo que más caracteriza y desconcierta en esta insólita crisis del principal partido de la oposición, contemplada con indisimulado regocijo y sarcasmo por Zapatero y Pepiño Blanco, es su absoluta ininteligibilidad. No hay quien entienda lo que está pasando en el PP, ni las causas, objetivos y motivaciones del batiburrillo que se ha organizado, ni tan siquiera los alineamientos personales que se están produciendo en su seno cara a no se sabe bien qué finalidades o proyectos políticos.
Porque, ¿hay alguien que pueda entender o creer en serio que Mariano Rajoy ha cambiado en este último mes su política antiterrorista, que haya dejado de defender la unidad nacional de España o que está deseando hacer concesiones a los partidos nacionalistas a cambio de no se sabe qué apoyos, imposibles además en la actual situación de oposición parlamentaria?
¿Quién ha podido inventar el bulo de que el PP ha iniciado un giro pronacionalista o de que hay confrontaciones ideológicas entre supuestos socialdemócratas, democristianos o liberales dentro del partido como excusa o pretexto para «explicar» el inexplicable espectáculo de desnudos ataques personales que estamos dando a nuestros atónitos votantes?
Nadie. Nadie lo puede explicar porque nadie puede entender una crisis tan absurda e inmotivada como la que está atravesando actualmente el PP. Sería lógico y a lo mejor incluso deseable, que ante la derrota electoral hubiera surgido dentro del partido una alternativa personal, estratégica e incluso ideológica, que se opusiera a la que representa actualmente Mariano Rajoy, algo que todavía podría ocurrir y que no supondría ningún impacto negativo en un partido democrático como es el Partido Popular.Pero lo que no tiene ni pies ni cabeza es que se pretenda crear una situación de caos basada en meros rumores, suposiciones o hipótesis inverosímiles con el único objetivo de desgastar, sin razón ni fundamento alguno, al líder nacional y, por ahora, único candidato a la presidencia del PP. Si alguien quiere cuestionar su liderazgo que lo haga presentando su candidatura. Que mida sus fuerzas y que ponga sus cartas en la mesa con sinceridad y sin medias tintas. Los militantes exigen un debate de proyectos cara a cara y no acudiendo al espectáculo de discutir por lo bajini, o por la espalda, la fiabilidad que ofrece el proyecto de Mariano Rajoy y su persona.
Como miembro veterano del Partido Popular desde hace más de 25 años, creo que no podemos ofrecer a nuestros militantes el penoso espectáculo de desunión cainita que algunos están protagonizando.
Tenemos la responsabilidad de ejercer una ardua labor de control y oposición frente a un Gobierno inepto y sectario que ha venido poniendo en gravísimo peligro los valores fundamentales de nuestra convivencia y destruyendo, sistemáticamente, los consensos fundamentales de la Transición.
Por eso, ante la ingente tarea que nos espera, me parecen todavía más despreciables e injustificables los intentos sistemáticos de destrucción del liderazgo de Mariano Rajoy, la persona que, estoy seguro, goza en estos momentos de la confianza de la inmensa mayoría de los militantes y votantes del Partido Popular.
Mi confianza la ha tenido y la sigue teniendo. ¿Por qué? Porque garantiza nuestra unidad en torno a los principios que han hecho posible que nos respalden más de 10 millones de españoles y porque sé que con él al frente del partido seremos tan sólo sus militantes los que decidamos el futuro de nuestra formación política.
En fin, apoyaré a Mariano Rajoy en el próximo Congreso de Valencia porque conozco su trayectoria y la solidez de sus convicciones pero, sobre todo, porque sé que es el líder del PP que mejor representa la moderación y estabilidad que debe ejercer nuestro partido para que siga siendo un partido integrador y abierto.Un partido con sentido de Estado y al servicio de lo que significa la España constitucional que nos dimos a nosotros mismos los ciudadanos españoles en 1978.
Miguel Arias Cañete es secretario ejecutivo de Economía y Empleo del Partido Popular.
SABATINA SABATICA
MANUEL HIDALGO
La caídaEl Rey se ha caído, y la secuencia del traspiés se ha repetido en todos los medios con relevancia desproporcionada. ¿Sí? El poderoso es quien está arriba, por encima, sobre los demás, en un pedestal, en un podio, en una tarima, en una tribuna, en una peana, quien mira y habla hacia abajo. El suelo es el terreno de los iguales insignificantes. Cuando el poderoso cae, viene a nosotros, abandona por accidente su lugar dominante y preponderante, se nos iguala. Las revoluciones, lo primero que hacen, es abatir estatuas, tirar por tierra a los que, como Dios, nos miran desde lo alto y nos hacen más pequeños todavía. Pero hay un gusto y una atracción por la caída que no concierne sólo a la leve complacencia de ver al poderoso desdibujado, perdiendo la solemnidad que le hace superior. El gran elemento del cine cómico, desde la época muda, fue la caída. La caída del otro nos hace reír aunque el otro no sea el poderoso, el superior, sino nuestro igual. La caída de cualquiera nos provoca una risa inmediata. ¿Qué explicación tiene esa risa tan automática?
Cuando tropezamos y caemos ante la vista de otros, nos avergonzamos súbitamente. Miramos, instintivamente, hacia todas partes para comprobar si hemos sido observados, si hay testigos de nuestro mal paso. La caída, con la desnudez, son las dos vergüenzas automáticas del hombre. Ambas implican, al parecer, una pérdida simbólica de la dignidad. Somos más vestidos y rectos, como si desandar la distancia con nuestra lejana condición animal -gatear, andar a cuatro patas y en desnudez- fuera el colmo de nuestro rebajamiento.Caer, en terminología religiosa, es incurrir en la tentación y en el pecado. En la degradación de una condición más alta.El diablo es el ángel caído. Quien cae es, según esto, quien se degrada y empeora. El infierno de los malos y los réprobos está abajo.
Por tanto, hay miedo a la caída, al largo vacío de la caída desde lo más alto. El vértigo. El miedo a las alturas. Desde la altura se cae más y más bajo. La fobia de tanta gente.
Y, sin embargo, en contradicción, la atracción por el abismo.La atracción por medirse con la posibilidad de la caída. La cornisa, el acantilado, la terraza. Hace rato que estamos lejos de la risa. Estamos en un campo de oscura intensidad. De tensión. Y nos lanzamos desde aviones, desde puentes, desde trampolines.Caer, medirse con la caída, y que no pase nada. Caer de pie.Caer y volver a subir. Caer para estar con quienes ya están abajo, lejos del pedestal, del poder y de la virtud. Descender. Preferir el infierno y quienes lo habitan. La fascinación del niño y del adulto por lo que se derrumba. El edificio, la montaña, el andamio.Lo que muere, cae. El infartado, el tiroteado. El suicida elige, con frecuencia, dejarse caer desde lo alto.
En sueños, soñamos que caemos. Y el despertar es brusco. Y soñamos que volamos, y queremos volar, burlar la inevitabilidad de caer si estamos altos y sobre el vacío. Gusto por el avión, miedo a volar. Bueno, el Rey se levantó. Lo importante es levantarse.Cada día.
ASUNTOS INTERNOS
LUCIA MENDEZ
Hipermodernidad La obra del sociólogo Gilles Lipovetsky es un referente obligado para explicar el mundo en el que vivimos. Los tiempos hipermodernos es una de sus obras más conocidas. En ella, el intelectual francés asegura que «el principio de 'todo lo nuevo es bello' se impone como amo y señor del presente». Lipovetsky define la hipermodernidad como «una sociedad caracterizada por el movimiento, la fluidez, la flexibilidad, más desligada que nunca de los grandes principios estructuradores de la modernidad, que han tenido que adaptarse al ritmo hipermoderno para no desaparecer». La novedad como religión.Hay que modernizar la modernidad misma. Desconozco si después de un sesudo análisis político o sin querer, el presidente Zapatero supo descubrir que Cristina Garmendia era una mujer hipermoderna y por eso la nombró ministra de Ciencia e Innovación. Según la última encuesta del CIS, esta mujer ha logrado situarse la tercera en la lista de ministros mejor valorados, después de María Teresa Fernández de la Vega y Carme Chacón.La vicepresidenta se ha currado el primer puesto más que de sobra.Y la ministra de Defensa tres cuartos de lo mismo, viajando embarazada a Afganistán. Pero, ¿qué ha hecho Cristina Garmendia para sacar mejor nota que políticos de la talla de Alfredo Pérez Rubalcaba o Pedro Solbes?
Es verdad que sólo la valora el 13,7% de los encuestados. Pero la valoran extraordinaria-mente bien, con una nota de 5,46. Se puede decir que Cristina Garmendia ha aprobado al examen sin presentarse. O, siguiendo las enseñanzas de Lipovetsky, la ministra de Ciencia e Innovación es buena por la sencilla razón de que es nueva.
Habría que saber cómo preguntan los encuestadores del CIS. Si la pregunta fuera ¿cómo valora a la ministra de Ciencia e Innovación?, la buena nota estaría justificada porque la palabra innovación suena muy bien. Ahora bien, si preguntaron directamente por Cristina Garmendia, entonces la cosa se complica. En el tiempo que lleva en el cargo, la ministra está inédita. No ha comparecido en el Parlamento, ni se ha prodigado en ruedas de prensa, ni ha hecho declaraciones llamativas, ni ha respondido a ninguna pregunta en la sesión de control, ni siquiera ha salido mucho en la tele.¿Qué es lo que ha visto en ella ese 13,7% de los encuestados que le pone una nota de 5,46? Sólo hay una explicación: han valorado únicamente su atractivo físico, su estilo de ejecutiva hipermoderna dedicada a la biotecnología. Poca gente sabe lo que es, pero suena muy bien.
«El universo del consumo y la comunicación de masas se presenta como una fantasía, un mundo de seducción y de movimiento incesante cuyo modelo no es otro que el sistema de la moda», dice Lipovetsky.Gracias a estas y otras cosas, los cien días de gracia del Gobierno no son sólo de gracia, sino de música celestial. Y ahora la pregunta.¿Cuántos encuestados dirían que el PP es un partido hipermoderno? Pues eso.
EL MUNDO QUE VIENE / ALAIN FINKIELKRAUT
«La familia ha dejado de ser una institución para convertirse en una especie de asociación precaria» EL PENSAMIENTO FILOSOFICO ADQUIERE CON ESTE INTELECTUAL FRANCES DE ORIGEN JUDIO UNA ESPECIAL DIMENSION. ANALIZAR DE MANERA CRITICA UNA SOCIEDAD QUE, A SU JUICIO, VENERA LA SUBVERSION, FORMA PARTE DEL IDEARIO DE UN ENSAYISTA QUE NOS OFRECE SU POLEMICA VISION DE LAS COSAS
RUBEN AMON
CARGO: Filósofo, escritor y ensayista / FORMACION: Licenciado por la Escuela Normal de Saint-Cloud / CARGO: Profesor de Historia de las Ideas en la Escuela Politécnica de París / EDAD: 58 años / AFICIONES: El fútbol y el cine / SUEÑOS: Los tuvo de niño, con el Real Madrid / CREDO: La inquietud
La revista Foreign Policy ha elegido a Alain Finkielkraut (París, 1949) entre el centenar de intelectuales más influyentes de la Tierra. Un premio que el interesado recibe con indisimulable felicidad y que viene a compensar el desgaste que le cuesta su compromiso dialéctico. Porque toma posiciones en tiempos de inhibición.Porque no participa de la idea del comunitarismo social. Porque advierte de los riesgos de la inmigración masiva. Y porque considera subestimado el fenómeno del antisemitismo.
Finkielkraut, a propósito, es judío e hijo de un marroquinero de origen polaco deportado en Auschwitz, aunque la pujanza de su pensamiento no proviene del victimismo. Más bien lo ha cuajado al abrigo de Hannah Arendt y de Lévinas. Unas veces para denunciar la barbarie del mundo moderno. Otras para desmarcarse de la idea del progreso (La derrota del pensamiento, Editorial Anagrama).Es Finkielkraut un polemista polifacético y un orador brillante, aunque sus detractores prefieren calificarlo como un reaccionario o como un agente del sionismo.
El ogro en cuestión, que no lo es, nos recibe con pudor y timidez en su casa junto al bellísimo Jardín de Luxemburgo. Un apartamento noble, empapelado de libros y ordenado que el filósofo ocupa desde hace apenas un año y medio porque antes residía en la banlieue (suburbio de París). Tiene miedo de que se malinterpreten sus comentarios. Quizá por ello habla despacio, como si estuviera dictando. La voz suena abaritonada, rotunda. El rictus permanece solemne, aunque Alain Finkielkraut, colega de los llamados nuevos filósofos, como Henri Lévy y Glucksmann, se relaja y sonríe cuando mencionamos el 68. Cuarenta años después, naturalmente.
PREGUNTA.- Nicolas Sarkozy habla de liquidar la memoria del 68.Cohn-Bendit nos invita a olvidar el movimiento. ¿Cuál es su punto de vista? ¿Cómo está viviendo usted esta resaca conmemorativa?
RESPUESTA.- Tiene algo de grotesca y de desmedida esta celebración del 40 aniversario. Aunque no se puede negar la contribución accidental de Nicolas Sarkozy al juego. Cuando dijo que había que liquidar la memoria del 68 no se daba cuenta de que estaba resucitando la idea del 68 como movimiento subversivo. Y no se toca la subversión en nuestra sociedad, porque la venera. Igual que nos inclinamos, nos postramos, delante de la transgresión.A su pesar, Sarkozy ha sido providencial para los sesentayochistas.Les ha devuelto el protagonismo. Les ha armado de sus razones.El caso de Cohn-Bendit es distinto porque cuando habla de olvidar el 68 quiere decir a los jóvenes de hoy que hagan su revuelta de otra manera, no tomando el modelo que apareció hace 40 años y que no sirve de guía para la realidad de 2008.
P.- Y al que usted reprocha una herencia negativa. Particularmente en el ámbito de la desacralización: las instituciones, la educación, la familia
R.- La belleza de los acontecimientos de hace 40 años consistió en la interrupción de la vida cotidiana. En el fondo, los hombres se habían detenido y habían sustraído el espacio público. Se preguntaban sobre el sentido de las cosas. En la calle, en el teatro, en la Universidad, en las fábricas. Muy rápido, sin embargo, se olvidaron las preguntas, las reflexiones y las deliberaciones comunes en beneficio de la uniformidad ideológica y de la fascinación por el sentido de la Historia. Se fue todo al garete. Ya no había un espacio de deliberación, sino una división entre progresistas y reaccionarios que además ha traído consigo un clima de dureza, de hostilidad, de excesos, de malentendidos, de errores.
P.- ¿Cuáles de estos últimos considera más graves?
R.- Podría citar entre ellos esta idea de la juventud como valor supremo. Una de las fotos más desgraciadas del movimiento es la que muestra a Jean-Paul Sartre postrado ante el joven Cohn-Bendit.Es un momento histórico, estremecedor: los adultos abdican, se convierten en seguidores de los jóvenes, dejan la batuta en el atril. Ofician el suicidio de la madurez. Esa es la consecuencia más grave del 68. Los adultos se retiran para dar el poder a los niños, a los adolescentes, a los estudiantes. Olvidando el compromiso de la educación y de la transmisión de valores. El 68 sustituye la figura del hombre cultivado por la del niño mimado.He aquí el resultado de aquel movimiento y la herencia que todavía vivimos hoy.
P.- También alude usted al dogmatismo de la democracia.
R.- Hay un gran malentendido en torno a la idea de la democracia.Y del igualitarismo, que se ha ido extendiendo como principio en todos los ámbitos de la existencia. Pero la igualdad y la democracia no tienen nada que hacer en la cultura ni en la educación.Se ha puesto en discusión la asimetría entre el profesor y el alumno. Se les ha colocado en un mismo plano. Igual sucede con la cultura. Ha desaparecido la jerarquía de los valores estéticos: tanto vale la ópera como el rap, la belleza como la trivialidad.Hannah Arendt decía que la cultura consiste en saber elegir la compañía. La compañía de un libro, de una película, de una persona.Ahora no hay lugar a la elección. Elegir es distinguirse, distinguirse es jerarquizar, jerarquizar es excluir y excluir es discriminar.Insisto: el lugar de la democracia es la política y la justicia social. Pero en otros ámbitos, como el cultural y el educativo, se imponen distintas reglas. El drama de nuestro tiempo consiste en haber convertido en derechos del hombre todas las cosas materiales y espirituales. Es así como se ha pasado de la transmisión de valores a la construcción individual del propio saber, invocando el principio del igualitarismo. El profesor autoritario se confunde con el opresor, la jerarquía, con la represión.
P.- El problema también se extrapola al fenómeno doméstico. La democratización de los hogares.
R.- Se está perdiendo, desdibujando, la figura del padre. No porque se dedique a cambiar pañales, sino porque la familia se ha convertido en un espacio de negociación perpetua. Todo se desarrolla en un registro puramente afectivo, igualitario, pero no ya simbólico. La familia ha dejado de ser una institución para convertirse en una especie de asociación precaria.
P.- A propósito de la jerarquía, Nicolas Sarkozy quiere que los alumnos se pongan de pie cuando entre el maestro. El problema es que él mismo se ha convertido en una especie de profesor de Historia absoluto. Decide, por ejemplo, las materias de estudio en los colegios. Propuso que los escolares se hicieran cargo de la memoria de los niños del Holocausto. También ha prescrito ahora que los alumnos deben profundizar sobre la responsabilidad de Occidente en la esclavitud y el colonialismo.
R.- Es normal que un presidente se interese por el programa educativo.Es legítimo. Me molesta en cambio que ciertas iniciativas se adopten a golpe de emoción o a título oportunista. Por ejemplo, para calmar un sector de la población o para remontar una crisis de impopularidad o para honrar la cultura biempensante. La verdadera cuestión radica en saber si podemos plantear en Francia el debate del colonialismo y de la esclavitud de manera objetiva. No estoy seguro. La trata de negros, deplorable venga de donde venga, no es una única realidad llamémosla occidental. Hubo una trata de negros islámica, anterior a la europea y más duradera en el tiempo. Como es igualmente cierto que los mismos africanos practicaban la esclavitud. Sería ésta la dimensión del debate, pero no se dan las condiciones porque se teme herir a ciertas comunidades y porque se impone una hueca corrección. Por eso vivimos el riesgo de una tiranía de las minorías.
P.- Usted habla de competencia memorial...
R.- La Historia no puede satisfacer las reivindicaciones memoriales de esta o aquella comunidad. Incluida la judía, naturalmente.Efectivamente, vivimos en Francia un clima detestable de competición memorial. Y me siento inquieto. Sarkozy propuso que cada escolar apadrinara la memoria de un niño muerto en el Holocausto. Puede ser una mala idea, pero las dimensiones del escándalo y de la polémica han sido preocupantes. Especialmente cuando se decía que una familia musulmana o negra podría sentirse ofendida e incómoda si sus hijos iban a ser constreñidos a custodiar la memoria de un niño judío. Resulta que la enseñanza del Holocausto relanza el antisemitismo porque los descendientes de otras religiones experimentan estos celos. No defiendo que se organicen viajes escolares a Auschwitz y abogo por la discreción, pero me inquieta esta especie de celos, derivados de la pretensión de convertir a los judíos en los reyes de todo y, por tanto, también del mal.
P.- ¿Cree que se está subestimando una oleada de antisemitismo?
R.- El antisemitismo es una realidad. Y no hay quien lo detenga.Su punto de fijación es Israel. Veamos. Se dice que cuando Israel firme la paz con Palestina el antisemitismo disminuirá. ¿Verosímil? No creo. En primer lugar, los palestinos no son los únicos actores de la región. Irán está al acecho. Igual que los islamistas de Egipto y Hezbolá, que tienen otra agenda y otros planes. La situación del Líbano es extremadamente inquietante. ¿Israel debe retirarse de Cisjordania? Esa no es la cuestión. Y no estamos en un periodo de paz, sino de turbulencias.
En la propia Europa crecen las voces sensibles a la idea de que no habría problema alguno sin la existencia de Israel. Están cuajando las teorías según las cuales el atentando del 11-S no habría tenido lugar si Estados Unidos no hubiera apoyado incondicionalmente a Israel. Incluso se añade que éste es un Estado fundado no sobre bases democráticas, sino sobre un sustrato étnico. Crecen esta clase de argumentaciones, y han logrado calar incluso en un sector de la izquierda europea, así como en las poblaciones de inmigrantes de nuestros países. De ahí que haya razones para la alarma.
P.- También está ocurriendo en otra suerte de alianzas internacionales.Sería el caso del eje Caracas-Teherán, como usted ha escrito.
R.- El antisemitismo se vive por primera vez en Venezuela. Ahmadineyad y Chaves se han aliado dando forma a una entente entre la América Latina llamada revolucionaria y el islamismo fanático. Y me sorprende la condescendencia que al respecto muestra una cierta corriente de intelectuales progresista, según la cual el mal tiene dos caras: Washington y Tel Aviv. Los mismos actúan con cinismo respecto a China. La represión en el Tíbet amenaza la visión del mundo de los progresistas. Por eso se resisten a aceptarla. Y nos explican que el Tíbet es un Estado teocrático y que los laicos -añaden- no debemos dejarnos impresionar por un líder religioso como el Dalai Lama, quién sabe si contrario al matrimonio entre homosexuales.
Es burlesco, grotesco, pero sintomático. Parece que para unos ciertos progresistas es necesario que Estados Unidos e Israel sigan siendo el enemigo. Es preceptivo que el mundo siga dividido en dos mitades: opresores y oprimidos. Desde esta perspectiva delirante, Chaves, Castro, Ahmadineyad y Morales son los portavoces de los pueblos oprimidos. No digo que este progresismo sea mayoritario, pero la experiencia del descubrimiento de la realidad totalitaria no parece haber cundido en una cierta inteligencia progresista.
P.- Europa, en cambio, vira hacia la derecha.
R.- El éxito de la derecha no sólo viene dado por razones económicas, sino por la ceguera de la izquierda respecto a ciertas realidades incómodas. No puede subestimarse el problema de la inmigración masiva. No pueden descuidarse los valores que hacen de Europa un modelo plural ni relativizar su importancia por el mero hecho de complacer ciertas sensibilidades. A fuerza de hacer concesiones, vamos a pasar de unas sociedades multirraciales a sociedades multirracistas. La xenofobia comienza a extenderse en todas las direcciones. Y crece el riesgo de la aparición de partidos populistas, muchas veces como fruto de la inacción de los partidos tradicionales.Debemos vigilar nuestros demonios, que son el antisemitismo, el racismo, el fascimo, pero no debemos por ello escondernos delante de nuestros problemas. Europa debe tener el valor de defender su identidad y su herencia cultural. Es hora de acabar con la corrección y con la visión biempensante.
LA CUESTION
- ¿Cuál es su visión de la presidencia de Sarkozy un año después? - Hay una saturación de opiniones al respecto. Demasiada frivolidad.No quiero añadir mi voz al jaleo. Percibo un exceso de vilipendio.Ha hecho cosas criticables y ha incurrido en ciertos pecados de opulencia, pero no me gusta participar en este clima de linchamiento.Hay un furor exagerado. Se está frivolizando el trato informativo.Se está abusando de las noticias relacionadas con la vida privada.Creo que hay que darle tiempo. Probablemente Sarkozy no le ha cogido todavía el aire al cargo presidencial. Me refiero a la dimensión institucional. Quizá se deja llevar demasiado por la emoción y por el impulso. Aunque ha dado pasos muy interesantes.Por ejemplo, esta visión del atlantismo que lleva a acercar a Francia con Estados Unidos. Es una buena noticia tener buenas relaciones con la democracia americana, especialmente si se produce la victoria de Barack Obama.
SU PROPIO MUNDO
«Internet es el espacio de la locura planetaria» Creo que es usted un niño del Madrid al que le gusta el juego del Barça...
- Hay una explicación. Fue el Real Madrid el que me hizo soñar de niño. Me impresionaron en su época Di Stefano, Puskas, Gento...Soy un admirador de la Liga española en general, aunque mi debilidad es el Barcelona. Tengo una especial simpatía por Rijkaard. Por él y por su forma de ver el fútbol creativa, aunque esta temporada no le hayan ido bien las cosas y se haya producido su destitución.Me impresiona Messi y disfruto con el juego de Henry.
Otra cosa es Thuram.
- Este señor lleva cuatro años insultando y descalificándome.Lo hace a raíz de un comentario mío sobre la proliferación de extranjeros en la selección francesa. Se me malinterpretó. Y el debate se ha perpetuado en internet por los siglos de los siglos. Hasta que me muera. Ahora bien, como Thuram insista en estos ataques no voy a tener otro remedio que llevarlo delante de un tribunal.
Mencionaba internet. Usted, que no lo usa. Y que por no usar, tampoco utiliza el móvil.
- Internet es el espacio de la locura planetaria. No hay debate.Cada uno lanza su discurso sin mezclarse con los demás. La libertad de opinión no consiste en la multiplicación de relatos sobre un mismo hecho.
Prefiere la radio. De hecho, es el director y presentador de un programa que lleva más de 20 años en antena.
- Es un espacio de debate, de discusión. Y permite mantener en pie la conversación en un país donde el debate ideológico ha perdido el sitio. En la radio no hay caras. Ni imagen. Pesan las palabras. Es más hospitalaria a las ideas, más cálida. La ausencia de la imagen da una libertad inapreciable. Y la televisión de hoy se ha frivolizado. Pongo como ejemplo la ausencia de una reacción cuando murió Bergman, el más grande cineasta del siglo XX. Las televisiones evitaron poner alguna de sus películas.Sólo una se acordó de Sonata de otoño con una semana de retraso.
Y usted, en cambio, aprovechó para repasar la filmografía.
- Me llevé a casa 10 películas. Y volví a quedarme impresionado.
¿Cuáles son sus preferidas?
- Diría que Fresas salvajes y Fanny y Alexander. Bueno, hay una tercera que incluiría en la lista, Sarabande.
Volvamos al fútbol.
- El fútbol es una pérdida de tiempo, pero soy incapaz de cambiar de canal cuando hay un partido. Me gustan en general los deportes de equipo. Y me alejé del ciclismo cuando surgió Indurain. Pocas veces he visto a un deportista más aburrido.
Su verdadera bestia negra es el automovilismo.
- No lo soporto. Exijo su prohibición [se ríe]. La técnica no es deporte, es la técnica.
VIDAS PARALELAS / JUAN JOSE IBARRETXE / SLOBODAN MILOSEVIC
PEDRO G. CUARTANGO
Mesianismo nacionalista
Ibarretxe y Milosevic son dos perfectos ejemplos de cómo el nacionalismo puede destruir la convivencia y, en última instancia, desestabilizar un Estado.
Milosevic manipuló el nacionalismo serbio para destruir Yugoslavia y enfrentar a los pueblos que habían convivido pacíficamente durante la era de Tito.
Siguiendo la estela de Arzalluz, Ibarretxe está utilizando el nacionalismo vasco para crear un enfrentamiento artificial con el Estado español, que además le reporta poder y votos.
Hay muchas similitudes entre el nacionalismo serbio y el vasco, pero tal vez la mayor de ellas es el victimismo.
Slobodan Milosevic jugó con ese sentimiento para desencadenar una terrible guerra e Ibarretxe ha elegido un camino que conduce a confrontar a los vascos con los españoles.
El caudillo serbio se inventó una mítica nación en 1989 en el Campo de los Mirlos, cuando evocó la derrota de los cristianos frente a los invasores musulmanes seis siglos antes. El PNV también ha reescrito el pasado para inventarse unos orígenes que son pura fabulación.
Los serbios vivían mezclados con los eslovenos, los croatas y los musulmanes hasta 1990. Fueron líderes como Milosevic y Tudjman los que atizaron las diferencias en función de la cuna de los yugoslavos.
Ibarretxe está haciendo lo mismo: utiliza la ideología, la lengua y la sangre para dividir a los vascos. Quien no se ajusta al canon que el PNV ha establecido es que no es vasco.
La consulta que quiere efectuar el lehendakari es la necesaria consecuencia de todo lo que ha venido haciendo hasta la fecha y lo que quiere hacer en el futuro. Es una forma de legitimar un proyecto político que margina a una parte sustancial de la población, a la que invita a marcharse del País Vasco.
Milosevic hizo lo mismo con las urnas y llevó su lógica hasta el extremo de destruir Yugoslavia, que era un modelo de convivencia entre diferentes pueblos y religiones.
Su ambición desencadenó una terrible guerra que acabó en la creación de Estados artificiales con criterios étnicos tras provocar que más de un millón de familias perdieran sus hogares.
La situación en el País Vasco es distinta, porque los nacionalistas gobiernan y sólo tienen que esperar a que las conciencias estén un poco más adormecidas.
La lógica nacionalista del que fuera secretario del PC serbio le llevó a asumir los peores crímenes. Pero Ibarretxe no necesita mancharse las manos de sangre. Para eso tiene a ETA.
Mientras otros siembran el terror y convierten en apestados a los no nacionalistas, Ibarretxe se presenta como un gentleman que invoca las reglas de la democracia para justificar una consulta amañada.
El nacionalismo se ha convertido en la única opción en la sociedad vasca, como Ibarretxe ha dejado claro: o el Gobierno se aviene a aceptar lo que él ha decidido previamente o el PNV se lo tomará por su cuenta.
Esta era también la manera de razonar de Milosevic cuando dibujó el futuro mapa de Serbia en la servilleta de un hotel de Londres.Y es que para el nacionalismo la realidad es despreciable si obstaculiza sus mesiánicos proyectos.
LA POLEMICA NACIONAL
VICTOR DE LA SERNA
Ibarretxe-ZP, cálculos electorales
PROYECTO DE LEY ILEGAL EN EL PAIS VASCO. El más que previsto paso adelante del lehendakari Ibarretxe hacia su consulta/referéndum ha sido previsiblemente criticado por la mayoría de medios, aunque jaleado desde los nacionalistas.
Leemos a Emilio Alfaro, en El País, fulminar al lehendakari: «Lo más grave y contradictorio es que, tras expresar el propósito de sacudirse la sombra de ETA, se le entrega en la práctica el control de la situación». Pero Soledad Gallego-Díaz, en las mismas páginas, lo coloca en un prisma más ramplonamente político: es «algo, sinceramente, muy poco original: un dirigente político, Juan José Ibarretxe, intenta mantenerse en el poder sea como sea, por encima de otros dirigentes de su propio partido, y por encima de sus propios compromisos anteriores». Al respecto, Luis R. Aizpeolea tercia asegurando que la dura herencia a superar es la de Aznar y Mayor Oreja, ¡vaya por Dios!: «Zapatero prefiere huir de la estrategia de confrontación que diseñaron José María Aznar y Jaime Mayor contra Ibarretxe porque está convencido de que el lehendakari saldría beneficiado».
En el Avui barcelonés, Marçal Sintes discrepa desde un prisma nacionalista, claro. Ibarretxe va a salir ganando: «Los vascos irán a votar teniendo muy presente la actitud de Zapatero. Si sumamos la situación de desguace en que se encuentra el PP de Euskadi, todo hace pensar que de este episodio del referéndum Ibarretxe y el nacionalismo vasco pueden salir reforzados».
Nada de eso, editorializa El Correo, en Bilbao: «Ibarretxe está agotado; carece de otro programa que no sea su plan. Y éste no puede prosperar. Es indispensable que acabe esta agonía». Pero no es tan sencillo cumplir el piadoso deseo del diario de Vocento, si atendemos al análisis de otro editorialista, el de La Razón: «Detrás de toda esta pantomima asoma el verdadero propósito del PNV: erigirse en la única opción electoral de todo el arco nacionalista, desde los moderados hasta los radicales abertzales que probablemente se queden sin partido al que votar si siguen adelante los procesos de ilegalización».
Otra visión ha sido la de Raúl del Pozo, en EL MUNDO, ya que él ve que el gran vencedor, por ahora, no es Ibarretxe, sino el inquilino de La Moncloa: «Aquel cabecilla de guardería, chicle sin azúcar, cervatillo de Walt Disney del 2004, no tiene cuatro años después más obstáculos en el horizonte que la crisis económica y, enseguida, las seguras huelgas y manifestaciones de la gente jodida por el precio de la gasolina. Aún faltan seis meses para la contrarreloj de los Presupuestos. Hasta que lleguen los tirones vive meses de gracia con su socialcentrismo y su jacobinismo suave».
Por su parte, el diario proetarra Gara resalta, con tono de escepticismo, la falta de cohesión del Ejecutivo vasco: «Pese a lo previsible del paso, el tripartito no tiene aún una posición común para responder a una prohibición de Madrid».
Por su parte, el pronacionalista catalán El Punt nada y guarda la ropa en un editorial: «Estamos, pues, ante un intento valiente de permitir que los ciudadanos de una nación hagan efectivo su derecho a decidir. Será un Gobierno legítimo, el español, el que lo impedirá si finalmente lo autoriza el Parlamento de Vitoria.(...) Pero el gesto del Gobierno vasco, aprobando un proyecto de ley y llevándolo al Parlamento, es un paso adelante». Más recio e indignado, el periodista Pius Pujades ve en esas mismas páginas «la sombra de la dictadura franquista» en la actitud del Gobierno de Madrid, y lamenta que todo siga «atado y bien atado» (en castellano en el texto, por si quedasen dudas).
EL CORREO CATALAN
ARCADI ESPADA
¿España...?: ni siquiera el número de la Seguridad Social
Querido J:
Elena, a quien conoces, pasó la semana pasada por un mal momento, camino de Málaga. Parece que durante el viaje ya se sintió mal y al llegar a la parada de taxis se desmayó. Por suerte iba con una compañera de trabajo, que pudo mal que bien sujetarla antes de que cayera al suelo de golpe. Recuperó rápidamente el conocimiento y esperó, primero tumbada y luego sobre una silla del vestíbulo, la llegada de la ambulancia. En la cola de los taxis aguardaba un médico y había podido examinarla: el pulso estaba algo bajo.Entró en el hospital con un cuadro que en urgencias calificaron de grave, aunque lograron estabilizarla en poco tiempo. A partir de entonces sólo cabía esperar su evolución y el resultado de varias pruebas. Un médico vino a verla a última hora de la tarde; le hizo algunas preguntas y le explicó lo que sabía sobre su enfermedad y también lo que sospechaba. Le ofreció quedarse unos días en el hospital, pero tampoco le prohibió que regresara a Barcelona, si así lo prefería: su cuerpo podía soportar perfectamente el viaje.
Sin embargo, optó por quedarse. En el hospital la habían atendido con diligencia y aunque no era especialmente cómodo, menos lo era el ir y venir. Había ido a Málaga por asuntos de trabajo y pensaba pasar allí una semana: con suerte, pensó, aún podría aprovechar un par de días. Su marido, que también estaba de viaje, no llegó hasta la medianoche y, por supuesto, con más susto que ella. Insistió en quedarse en la habitación, sobre un sillón bastante doloroso. Antes de las siete de la mañana, y sin haber dormido un solo minuto por contraste de la estentórea placidez con que lo había hecho el otro enfermo, le dijo a su mujer que iba a buscar hotel, a ducharse y a desayunar, y que luego volvería.No tardó más de dos horas. Todo ofrecía mejor aspecto, y ella en primer lugar. Empezó a dar instrucciones a su marido, entre las que descollaban los imperiosos trámites de la burocracia hospitalaria.
- Mira, ahí en la cartera está la tarjeta de la Seguridad Social.Coge también el carné de identidad. Tienes que ir a admisiones, que creo que está en la primera planta.
Como sabes, el marido de Elena es un hombre calmado, aunque ese tipo de encargos dibujan, según me contó, su personal visión del infierno. Así que decidió que iba a ocuparse de la admisión hospitalaria con prioridad, ahora que se sentía saludable y animado y que aún faltaba tiempo para que la noche le pasara factura.Guardó la cola, mientras hacía unas llamadas y limpiaba de mensajes superfluos el móvil, o al menos eso es lo que habría hecho en su lugar. Lo cierto es que ya estaba delante del funcionario.
- ¿Tiene la tarjeta de la Seguridad Social?
- Sí, y el carné.
- Basta con la tarjeta.
- Pues tenga.
- Ah, es de Cataluña...
Ni por asomo habría pensado nunca que estuvo a punto de soltarle un «sí, ¿y qué pasa?», típico de catalán herido y que sospecha.Pero se contuvo.
- Sí, vivimos en Cataluña.
- Ya, el mismo problema... ¿Tiene usted el número de la Seguridad Social?
- Bueno, el número está en la tarjeta.
- No, no está.
- Pero ¿cómo no va a estar?
- No está. Las tarjetas de Cataluña son las únicas de España que no llevan el número. Ya se imaginará que no es la primera vez que nos pasa.
Al llegar a este punto me contó que le empezaron a temblar las piernas, y luego pensó si habría sido del cansancio, de la perplejidad y la ira, o del coupage. Lo cierto es que tenía a su mujer con un grave accidente de salud en el hospital y que no podía arriesgarse a armar el escándalo que su puto país (así lo dijo) merecía.Se acodó frente a la funcionaria, cara a cara.
- ¿Qué puedo hacer?
- ¿Tiene una nómina de la paciente?
-No, no tengo una nómina. Esto ha sido una urgencia completamente inesperada. ¿Cómo voy a tener una nómina?
-Allí viene, en la nómina viene. Tendrá que llamar, que se lo den.
- ¿Adónde?
Estuvo dando muchas vueltas entre robots, hilos musicales y algún intervalo humano. Al final, y ya temiendo que le hubieran de ingresar, aunque reconfortado (todo hay que decirlo) por la cercanía de los quirófanos, llamó a Tesorería, eso recordaba vagamente.Una voz de mujer, fina y catalana, descolgó. Le explicó, me lo imagino perfectamente, con su habitual afán pedagógico, que su mujer estaba ingresada, que necesitaban su número de la Seguridad Social para facturar la estancia y que el número no estaba en la tarjeta. La mujer parecía saber perfectamente de lo que le hablaban, porque le hizo preguntas como siguiendo un protocolo de certezas.
- ¿Su DNI...?
- ...
- ¿Nombre de los padres...?
- ...
--¿Nacido en?
Después de esta pregunta la mujer bajó repentinamente la voz.Algo estaba diciendo.
- ¿Perdone...?
Estaba dictando algo, lentamente, y después de aplastarse el teléfono contra la oreja el marido de Elena entendió que eran números, y que le mandaba tomar nota.
- Le oigo muy mal, pero voy a ver si puedo apuntar. Diga.
- 2, 4,...
- ¿No puede hablar un poco más alto?
Entonces la mujer subió un poco la voz y desde luego el tono.
- Es que no puedo hablar alto. Es que tengo prohibido hacer esto.Pero es que estoy harta de esta pandilla de gilipollas, y de que me llamen cada día personas como usted con problemas, los problemas en los que nos meten estos gilipollas. Intente tomar nota, por favor.
Cuando colgó se habría arrodillado ante aquella funcionaria enérgica y ejemplar que había cumplido con su obligación saltándose las normas. Pero le dio como asco pensar eso. Era España entera la que debía arrodillarse ante él. Subió hasta la habitación y antes de entrar se arregló la cara para decirle, cariño, que todo estaba en orden.
Cuando por la noche llegó al hotel abrió su ordenador y escribió en google tarjeta sanitaria catalana. De inmediato se encontró con el blog de la familia Fernández-Franch y el descubrimiento puede ser comparado a la hipótesis de que Alonso Quijano hubiese dado con un compañero para hablar de gigantes. Escribía aquel héroe civil, y nuestro amigo lo iba repitiendo en la abandonada noche de Málaga:
«En Cataluña tenemos unos gobernantes que son listísimos y se preocupan más de joder a los catalanes que de ayudarlos; así que se sacaron de la manga una tarjeta sanitaria donde sólo aparece el número de afiliación a CatSalud. Con esta tarjeta no te darán cobertura de la Seguridad Social en ningún lugar de Europa, incluido el resto de España. El resto de comunidades sigue manteniendo el número de afiliación en la tarjeta; pero los catalanes tenemos que hacernos la Tarjeta Sanitaria Europea, que sí tiene el número, para que nos atiendan en toda Europa, incluida el resto de España, pero no así en Cataluña, ¡donde no es válida! y en la mayoría de ambulatorios no saben ni lo que es. No me extraña que no paremos de recibir visitas al Centro de Atención e Información de la Seguridad Social (Caiss), donde trabajo, de madres y padres solicitando la tarjeta sanitaria europea porque sus hijos se van de viaje de fin de curso escolar fuera de Cataluña».
Elena, bien, recuperada. Sigue con salud. A.
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