LA TRASTIENDA
ISABEL SAN SEBASTIAN
Los 'conspiradores' del PPConfieso mi estupefacción. El actual aparato popular, que no es capaz de mantener ni siquiera una apariencia de orden en esa casa de los líos. Está demostrando auténtica maestría en el arte de la intoxicación destinada a desacreditar a todo aquél que levanta la voz. No es ya que quien se mueva no sale en la foto, costumbre de antigua raigambre en la cultura antidemocrática de cualquier partido. Es que los/as que hasta ayer eran figuras incuestionables dentro de la organización, referentes políticos y morales ante los cuales se hacía cola para compartir tribuna, se han convertido de pronto en apestados proscritos. Ahora resulta que la señora de Ceacescu (tal como se la conoce en ciertos ambientes malagueños) va pregonando por ahí que lo que tiene que hacer María San Gil es largarse a su casa. Ahora resulta que un canario llamado Soria con el respaldo de un tal Lasalle, a quien hay que buscar en Google para ponerle cara, se permiten enmendar las propuestas de la dirigente vasca en materia de política antiterrorista. Ahora resulta que otra isleña apellidada Luzardo, de nula proyección nacional, nos desvela las claves de ese conflicto, asegurando que es Mayor Oreja quien mueve los hilos de la donostiarra. Ahora resulta que algún/a periodista bien colocado/a por Génova se saca de la manga eso de que lo que le ocurre a quien hasta ayer era su admirada amiga es que tiene miedo a una derrota electoral. Ahora resulta que todo esto forma parte de una conspiración universal urdida no se sabe si por Esperanza Aguirre, Aznar, EL MUNDO y la Cope o alguna sociedad secreta de la derecha extrema, con el fin de impedir el noble empeño de Rajoy de llevar a su formación hacia ese centro bendito fuera del cual todo es tiniebla.
El aparato, ése que trata en vano de sustituir con ardides de trilero lo que debería ser una actuación política de altura, a cargo de un equipo dirigido por un líder, intenta desesperadamente ganar tiempo echando balones fuera. Filtra, escupe, lanza rumores al aire con la ayuda de los más serviles, mientras Rajoy juega al tancredismo esperando a que escampe. Ni resuelve ni delega. Deja en manos de lacayos lo que sólo él puede arreglar, en el supuesto remoto de que todavía tenga arreglo.
Dicen los enterados que ya sabe quién será su secretario general pero no quiere quemarlo. Teme desvelar su identidad y ponerle a trabajar, por temor a que le maten antes de junio. En los pasillos, sin embargo, suenan dos nombres con fuerza: El de Alberto Ruiz-Gallardón, sorprendentemente callado, y el de Pío García Escudero, que sería algo parecido aunque de menor tamaño.
ERASMO
Sheriff«El 'sheriff', el alcalde, su jefe y el ministro». Titular en este diario (M2) muy Vitorio de Sica («La ladrona, su padre y el taxista»). Enredo municipal tan entretenido, así las hipótesis etimológicas: del sheriff árabe (de alta cuna) al shire reeve, de la Inglaterra premedieval, agente real al servicio del Lord inevitable. En Madrid, el sheriff Ginés Jiménez, entre David Lynch, Cosa Nostra y Cervantes: Ginesillo de Coslada.
SABATINA SABATICA
MANUEL HIDALGO
El dilema La cuestión de la inmigración es ya crucial y va a ser decisoria y transformadora en los próximos años. El nuevo horizonte revolucionario, parte de la crisis futura del capitalismo, el alumbramiento de las inminentes ideas de cambio político, la quiebra de la paz social, el escenario de la renovada lucha de clases, la superación del cuestionamiento de los fundamentos del humanismo cristiano (derecha) y del principio de solidaridad (izquierda), el ya perfilado giro hacia el conservadurismo de los electorados y muchas cosas más tienen que ver con la inmigración.
Berlusconi da caña a los inmigrantes -como Sarkozy-, la conciencia ética de la izquierda patalea y rechaza los síntomas de xenofobia, pero el temblor de tierra que se vive no permite analizar el problema desde un suelo asentado.
Hay un conflicto de intereses que no se puede eludir: en las zonas burguesas de la ciudad europea, sus habitantes -en el campo empresarial o doméstico- utilizan a los inmigrantes como mano de obra asequible para sus necesidades y no perciben el impacto de su presencia, sino su utilidad. En las barriadas y periferias obreras -los inmigrantes viven allí-, la antigua clase trabajadora constata la incidencia de su irrupción como competencia en el terreno laboral y como conflicto de convivencia que se da, por razones diversas, en el colegio de los niños, en las calles o en el bloque de viviendas.
Ni los ilustrados progresistas de izquierda -que viven en zonas céntricas o en periferias residenciales-, ni la derecha burguesa asentada -que vive en los mismos sitios, con diferencias de matiz- perciben el día a día del problema.
La izquierda política recurre a su patrimonio ético para evitar las medidas xenófobas, mientras que la derecha política -que ahí olvida su presunta influencia cristiana- se hace populista para conectar con el malestar real de los habitantes del extrarradio. Esto es Berlusconi. ¿Qué pasa? Que, como ya dije, la izquierda política asiste atónita al fin de su hegemonía en los diversos cinturones rojos y que la derecha política -ya ha ocurrido en varios países europeos- encuentra, también con asombro, nuevos caladeros de votos en un mar que le había sido refractario: los barrios obreros.
Principios éticos o pragmática electoral, he aquí el dilema que se presenta para los próximos años. La sostenibilidad de lo primero requiere una pedagogía diaria que sólo puede dar frutos (los mejores) a medio plazo. El pragmatismo (sin esencia moral) da resultados a plazo más breve. El problema exige complejas soluciones: posicionamiento público de líderes del pensamiento ético, diálogo entre derecha e izquierda para no tomar unilateralmente posiciones de ventaja, reflexión colectiva e interclasista sobre cómo afecta el fenómeno a los diferentes estratos sociales, medidas económicas supraestatales de alcance global con incidencia sobre los países de los que procede la inmigración. Desde un punto de vista ético no hay dilema: el otro es tu semejante. ¿Y cómo se concreta eso entre la suficiencia y la carencia, entre la tranquilidad y el conflicto?
ASUNTOS INTERNOS
LUCIA MENDEZ
María Victoria Muchas veces, la mayoría, las verdaderas lecciones de dignidad provienen de personas normales que nunca en su vida se han enfrentado a una cámara y se ven obligadas a hacerlo precisamente cuando unos asesinos les han reventado la vida. El marido de María Victoria era Manolo para ella y Piñuel para sus compañeros de la Guardia Civil. Cuando a María Victoria le entraban los miedos porque Manolo solicitó ser destinado en el País Vasco para cobrar más y ganar puntos para volver a Málaga, siempre acababa pensando que ya tendría que ser muy mala suerte que le pasara algo, teniendo en cuenta los miles de agentes que hay en Alava, Guipúzcoa y Vizcaya. Manolo se despidió de María Victoria el martes 13 de mayo por la mañana y volvió al cuartel de Legutiano a hacer su guardia nocturna. A María Victoria la llamaron de madrugada y no tuvieron que decirle muchas palabras para que ella supiera lo que había pasado. Desde entonces, María Victoria no ha tenido mucho tiempo para pensar. En dos días ha recibido los abrazos del presidente del Gobierno, los Príncipes de Asturias, la vicepresidenta, varios ministros, y hasta del lehendakari Ibarretxe. La llevaron y la trajeron en coches y aviones oficiales para despedir el cadáver de su marido.
Sin embargo, en el poco tiempo que tuvo, decidió dar las gracias a quienes la habían acompañado en su dolor en Vitoria, en Málaga y en el resto de España. El anuncio de su comparecencia despertó expectación en un país que aún tiene muy presente el papel político que les han hecho jugar a las víctimas del terrorismo durante los últimos cuatro años. ¿Qué diría una mujer a quien ETA ha dejado viuda con un niño de seis años?
«Soy María Victoria Campos, esposa y viuda de Juan Manuel Piñuel Villalón». Esposa y viuda. Todas las personas que sufren una pérdida tan terrible quieren hacer algo por sus muertos. Una oración fúnebre, un homenaje, un monumento en el cementerio. A María Victoria le pareció que el mejor homenaje a Manolo sería lucir al cuello ante toda España la medalla al mérito que el presidente del Gobierno había colocado en su féretro.
María Victoria hizo eso por su marido, pero hizo mucho más por España. María Victoria dio las gracias al pueblo vasco «por su fuerza, su dignidad y su grandeza». Ella no quiso hacer política con el atentado que la ha dejado viuda. María Victoria se desahogó contra los asesinos -«no sois nadie, sois basura»-, pero no responsabilizó a nadie más que a ETA. María Victoria nos dio a todos los que hemos abominado de la utilización política del terrorismo etarra y de la desunión entre los partidos una lección de entereza y dignidad. María Victoria, aunque sea duro, ha tenido más suerte que esas otras viudas que en los años de plomo tenían que enterrar a sus víctimas en la clandestinidad. Sin funerales solemnes, ni príncipes, ni ministros, ni lehendakaris. Todos debemos gratitud a María Victoria por su ejemplo de dignidad. Su hijo estará orgulloso de ella cuando sea mayor y pueda entenderlo.
VIDAS PARALELAS / ESTEBAN GONZALEZ PONS / PETER PAN
PEDRO G. CUARTANGO
Volarás, volarás...
Erase una vez: Wendy le explica a Peter Pan que mañana se va a hacer mayor y que, por tanto, ya no podrá creer en los cuentos. Y Peter Pan le responde que la llevará al País de Nunca Jamás donde los niños no envejecen.
El Peter Pan del PP es ahora Esteban González Pons, designado in pectore por Rajoy para recuperar la ilusión perdida y llevar al partido a ese País de Nunca Jamás que nadie sabe donde está.
El diputado valenciano, de 42 años, se parece mucho a Peter Pan: es valiente, osado, quiere volar hacia horizontes desconocidos y carece de miedo al vengativo capitán Garfio.
Pero es también terriblemente temerario e ignora los peligros de una aventura en la isla de los piratas, donde le acechan Garfio, los cocodrilos y otras ignotas amenazas.
Como Peter Pan, González Pons no ha titubeado y surca ya los aires, acompañado de Wendy y Campanilla: «Al verte tan feliz, volarás, volarás... / Por las nubes te sentirás libre de tribulación / y en el País de Nunca Jamás todos los sueños lograrás. / Volarás, volarás...»
Campanilla podría ser la afable Soraya Sáenz de Santamaría, que nos evoca una diminuta hada inquieta que revolotea por el Congreso.
Y Wendy -no hace falta decirlo- es un Mariano Rajoy que busca alguien que le ayude a ver la realidad con nuevos ojos y que le transporte a un país más amable que el que ahora está sufriendo.
Pero ambos se enfrentan a ese implacable capitán Garfio, al que todos temen en la isla por su poder maligno. Si miramos a Garfio bajo su sombrero y su largo pelo de bucanero, descubrimos los rasgos de un Zapatero que maldice y bebe ron mientras planea sus fechorías.
Garfio siempre puede contar con los servicios del buen Smith, que está a punto de cortarle la cabeza al afeitarle. No hace falta demasiada imaginación para ver que Smith se parece mucho a Pepiño White.
«Vivimos borrachos y somos muy machos», cantan los piratas mientras Garfio afila el sable a la espera de Peter Pan.
Pero el mayor quebradero de cabeza de Peter Pan no son los piratas ni los cocodrilos. Son las sirenas y los niños que pueblan el País de Nunca Jamás.
Están en permanente pelea y los celos los llevan a cometer locuras, como cuando las sirenas intentan empujar al agua a Wendy o como cuando los pequeños la derriban al intentar aterrizar en la isla.
En realidad, los suyos son los que más preocupan a un Peter Pan, que, tras una apariencia de inmadurez, se ha hecho mayor y responsable.
Cuando Wendy y sus hermanos le piden a Peter Pan que les deje regresar a su hogar de Londres, éste les responde: «Váyanse y crezcan pero cuando sean mayores jamás podrán volver».
Este es el verdadero drama de Wendy: que ha crecido, que ha perdido la ilusión y que quiere volver a la seguridad de su casa.
Peter Pan y Wendy son dos personajes destinados a caminar juntos en un trecho del camino y alejarse luego para siempre porque ambos quieren cosas distintas.
Pero mientras el futuro llega y Garfio aguarda con el gancho afilado, Peter Pan vuela hacia unos cielos con oscuros presagios de tormenta... Y este cuento no se acabó.
LA POLEMICA NACIONAL
VICTOR DE LA SERNA
San Gil vs. Lassalle, ese liberal simpático
SE EXTIENDE LA CRISIS EN EL PP. Una voz prácticamente irrebatible en el Partido Popular, la de María San Gil, ha lanzado el proverbial «¡pero si el Rey va desnudo!» en torno a la 'renovación' al abandonar la ponencia política.
Es difícil descalificar a San Gil, la valerosa política vasca. Pero no será porque no se haya intentado. En los medios también. Por políticamente simplista (David Gistau, en EL MUNDO): «Un personaje político de una sola frase que no alcanza a contener toda una visión general». O por marioneta (Enric González, en El País): «La incertidumbre: pensar en una persona heroica, María San Gil, e ignorar, por el momento, si esa persona heroica ha decidido convertirse en simple mamporrera de alguien».
Pero son más insistentes las voces que resaltan el punto de inflexión que el portazo ha significado. Así, en La Razón, Aleix Vidal Quadras: «La negativa (...) refleja de manera insoslayable el dilema crucial al que deberá enfrentarse el primer partido de la oposición en su cónclave. (...) Esta cuestión representa para la gran fuerza de centro-derecha el ser o no ser, el vivir o el morir, el seguir vinculada a la abrumadora mayoría de sus simpatizantes y militantes o el divorciarse de ellos emprendiendo un camino que no excluye la fractura interna ni la consiguiente catástrofe electoral». Por su parte, César Alonso de los Ríos, en Abc, se centra en Mariano Rajoy: «Pensó que ella se contentaría con la letra de la ponencia y que de este modo quedaría comprometida, presa. Una España en el texto y otra en la práctica. Pero María los caló bien. A Mariano y a sus consejeros».
Y Antonio Burgos asegura que Rajoy se ha hecho marxista, pero de los de Groucho: «El diálogo con persona interpuesta (...) a propósito del contenido de la ponencia política ha sido Groucho Marx puro, con chaqué, habano y grandes zancadas desde las Vascongadas a la calle Génova. (...) Díjole Rajoy a María San Gil: 'Estos son mis principios, pero si no te gustan, tengo otros...'. Fue entonces, ante la cara de estupor de María San Gil, cuando Rajoy cambió la ponencia».
La persona interpuesta era José María Lassalle, cuyo antológico artículo de hace tres semanas en El País, Liberalismo antipático, demostraba su aguda habilidad como pitoniso al reprochar a Esperanza Aguirre: «Me preocupa su abrupta insistencia en reivindicar un debate ideológico cuando nadie la secunda». La Cope informaba esta semana de que Lassalle dispensó a San Gil un trato «casi vejatorio». «¿Quién es esta tía, es que no se ha enterado de que el PP ha cambiado?», llegó a espetar, según fuentes populares citadas por la cadena.
Manuel Martín Ferrand mostraba, en Abc, buena memoria: «El ahora dizque liberal y en boga Lassalle, hace menos de tres años, escribía aquí, en Abc: 'Bueno sería que la Europa en crisis pensara en China con vocación metacrítica si quiere sobrevivir entrado el siglo XXI'. Añadía: 'Europa no puede ser el ombligo de nada (...), olvida que únicamente China desempeña el papel de una civilización central a lo largo de milenios'. Cuando se pretende elaborar caldo de cerebro, alimento espiritual de escaso poder nutritivo, sólo hay algo peor que no haber leído lo suficiente: haber digerido mal lo que se ha leído». En un editorial, libertaddigital.com concluía: «Ya vamos viendo en qué consiste exactamente el liberalismo simpático propugnado por Lassalle en las páginas del diario de Prisa: en mostrar una feroz antipatía hacia los principios del PP y hacia quienes los representan».
EL CORREO CATALAN
ARCADI ESPADA
Cuando Camba hubiese dado la vida
Querido J:
El 18 de diciembre de 1902 atracó en el puerto de Cádiz el María Cristina, que traía a un grupo de anarquistas expulsados de Buenos Aires. Entre ellos iba Julio Camba, el mejor columnista español. Aún no lo era: dos días antes había cumplido 18 años y a los 13 se había metido de polizón en un barco que lo llevó a la Argentina, donde se hizo hombre y anarquista. Y lo más duradero de todo: columnista. Casi un niño, escribía cosas terribles en los periódicos y quería comerse cruda a la Humanidad. Después de una huelga general, en el invierno de 1902, el Gobierno argentino expulsó a los anarquistas extranjeros. Italianos sobre todo: Camba aseguraba que la mitad de los argentinos eran italianos y la mitad de los italianos anarquistas. La primera escala española del barco fue Tenerife; la segunda, Cádiz.
Todo esto lo sabías, porque tu interés por Camba es tan viejo como el mío. Los dos habíamos leído también aquel artículo suyo donde evoca la escala gaditana y al periodista, cuyo nombre no olvidó, que le hizo la primera entrevista de su vida. «'¿Cuál es la patria de usted?', me preguntó. Y yo le contesté: 'Mi patria es el mundo'. El señor Quero no se quedó muy convencido, pero tomó nota y siguió adelante». En los libros escritos sobre Camba no he visto más cita de la entrevista que la que él hizo. Y la otra tarde, releyendo artículos, me saltó otra vez a la cara este de La Tribuna, publicado en 1912. Sin pensarlo más le pedí a mi presidente (ya sabes que soy miembro orgulloso de la Asociación de la Prensa de Cádiz, que preside Fernando Santiago) que tratara de confirmarme si esa entrevista del Diario de Cádiz había existido realmente. En un par de semanas me envió dos recortes esenciales.
No hay firma en ellos. Pero se ve perfectamente al hombre. Ahí va Quero. «Cuando ayer por la mañana llegó a nuestro puerto el vapor María Cristina se supo que venían a bordo varios individuos españoles, considerados como anarquistas, que habían sido expulsados de Buenos Aires (...) Y para enterarnos de lo que hubiera de cierto fuimos al mencionado barco.» Ya está Quero arriba: «Allí, conocemos al más joven de ellos, Julio Canela [sic], de 18 años, es soltero y natural de la provincia de Pontevedra. Marchó a Buenos Aires desde su país natal hace año y medio, y allí ha sido redactor, según dice, de dos periódicos conocidos. Ha colaborado también en periódicos anarquistas, y tomado parte en meetings de resonancia. A las autoridades de aquella ciudad ha dado bastante que hacer, porque no cesaba en la propaganda de sus ideas, las cuales no oculta. No siente venir expulsado a España -nos dijo-, porque es español y porque lo mismo le da vivir en aquellos lejanos países: su patria es el mundo».
Ah, me enternece oírle hablar así. En el citado artículo de La Tribuna, excavado por Pedro Antonio López para la antología de Camba que hizo para Austral, y ya con 27 años, quiso refutarse: «¿Que por qué recuerdo hoy todo esto? Pues porque quiero anular en estas columnas aquella declaración. El mundo me resulta demasiado grande (...). No. Yo no soy nada internacional. Yo soy de Villanueva de Arosa, partido judicial de Cambados, provincia de Pontevedra». Me enternece, porque Camba osciló entre la creencia y el escepticismo cínico y a bordo del María Cristina creía por vez primera. No volvería a sucederle hasta 1933, cuando escribió Haciendo de República, para dar cuenta de su creencia republicana, rápidamente traicionada. Aún volvió Quero al María Cristina. O al menos su prosa. Y ya anota correctamente el nombre de nuestro escritor: «Julio Camba Andreu, el joven periodista, natural de Galicia, lleva escritos algunos trabajos que dará a la prensa en Barcelona. Expresa que es tan entusiasta por la idea anarquista, que perdería la vida si con ella pudiera lograr un triunfo para la misma y para la redención de los obreros». ¡Camba, dando la vida, y no sólo por algo sino por los otros! Quero, aunque impresionado, aún está en condiciones de trazar su retrato: «Este joven es de temperamento nervioso, de una actividad extraordinaria, delgado, de mirada inteligente; pasa muchas horas del día leyendo libros anarquistas y escribiendo artículos que envía a varios periódicos».
El María Cristina zarpó el 19 de diciembre, rumbo a Barcelona. Quero cuenta que la policía impidió que cualquier persona de Cádiz se acercara al barco a hablar con los anarquistas, temiendo sin duda la diseminación de la peste. ¡Un barco en cuarentena! Barcelona estaba tan expectante que incluso se escribieron previas. El día 20, La Vanguardia publicaba un suelto donde se aludía a un telegrama que su colega gaditano había enviado al gobernador civil de Barcelona, informándole de la partida del barco. Y añadía: «Todos estos anarquistas son de acción, particularmente Julio Cañella [sic], natural de Pontevedra, y Antonio Palau, natural de Barcelona». La confusión con el apellido progresaba. Aunque estaba por alcanzarse la inconmensurable cima de El País, que lo llamó Julio Caníbal. Más analítica era la previa de El Noticiero Universal, que se quejaba de la imprudencia de dejar desembarcar a los anarquistas en Barcelona, «donde con tantísimos correligionarios cuentan».
El Noticiero no sabía que había sido el propio Camba el que había pedido ir a Barcelona, La Rosa de Fuego de los anarquistas. Lo escribió él mismo en El destierro, donde explica su aventura anarquista y que acaba en alta mar. Ya conoces las razones de mi asombro: lo escribió con 22 años y yo aún no sé de nadie que a esa edad escribiera de aquel modo tan limpio y profundo. Al libro le pusieron el anzuelo de novela. Probablemente tuvo que ver en ello su originaria publicación en El cuento semanal. Pero el escritor detalla las condiciones de su pacto veraz con el lector en un fragmento inequívoco y magistral: «El público se imaginará que yo soy únicamente el autor de esta novela; pero, en realidad, soy algo bastante más importante: soy el protagonista. A los diez y seis años yo era protagonista de novelas, y a los veintidós las escribo. Indudablemente he decaído mucho. Yo soy el protagonista de esta novela o de esta historia (...). Los soldados böers, después de la lucha homérica, se dedicaron para ganarse la vida a reconstruir por medio de pantomimas sus episodios más interesantes. Yo también, si cuento estas aventura de mi vida pasada, es para ir sosteniendo la presente».
La policía de Barcelona interrogó a Camba y él aclaró que era un anarquista en teoría, aunque sin negar que propagara las ideas de su credo. El Liberal le daría la razón días después, en un magnífico editorial socialdemócrata: «El ser anarquista es, sin duda, un extravío del intelecto, pero no es un delito el sentir un ideal y el pretender exteriorizarlo sin faltar a las leyes». La policía pareció estar de acuerdo. Decía El Noticiero en su última nota sobre el caso: «A cada uno de los 10 anarquistas que ayer llegaron de Buenos Aires y que anoche fueron puestos en libertad entregó el gobernador civil 10 pesetas. Además, el inspector de guardia, bajo cuya custodia estuvieron en el Gobierno Civil, les invitó a café». Le iría bien el café a Camba. Muchos años después contaría a Alfonso Camín, en su hermoso piso sobre la fronda del Retiro, el final del destierro: «Me agarraron en la Argentina en traje de verano. Me entregaron a la Guardia Civil, que me llevó desde Barcelona a Galicia. Atravesé España en pleno invierno con traje de playa. Las cárceles eran mis posadas de tránsito. En Galicia me entregaron a la custodia de mi padre».
Como bien sabes, cuando me preguntan sobre el particular yo digo que sólo escribo para mis muertos: Pla, Chaves, Corpus, Gaziel, Camba. O sea que ha sido un placer.
Sigue con salud.
A.
TRIBUNA LIBRE
ANTONIO GOMEZ RUFO
El futuro que ya está aquíEstamos preocupados por el enigma del futuro sin darnos cuenta de que ya vivimos en él. Nunca hubo un presente más elocuente de cómo va a diseñarse el porvenir. Y aunque la realidad y el amor comparten ceguera, hay que aunar ceguera, sordera y falta de sensibilidad para no comprender que el mundo ya se ha desnudado de intenciones y nos está describiendo la vida que nos espera en las próximas décadas. No hacen falta bolas de cristal ni leer los posos del café: el futuro ya ha empezado y nos lo está gritando. Maldita sordera. Puede que los políticos del mundo carezcan de tiempo para reflexionar, atenazados por la dinámica de las obligaciones cotidianas. Puede, también, que entregados a ganar unas elecciones inminentes, no consideren preciso diseñar respuestas a largo plazo, cuando quizá no sean ellos quienes gobiernen. Puede, en fin, que la cotidianidad vertiginosa, donde todo es efímero y las noticias mueren mientras se producen, el mañana carezca de relevancia para ser tomado en serio. Pero ignorar que el modelo de sociedad actual agoniza y es algo que pertenece ya al pasado, conduce a un puerto abandonado hace mucho tiempo, en donde no queda nada ni nadie. El mundo naufraga hacia la isla de Robinson, con la particularidad de que allí ya no vive ni el propio Crusoe.
El modelo económico occidental, y el que están calcando los países emergentes (China, India, Rusia...) está fundamentado en el logro de un bienestar básico que la ciudadanía considera suficiente y por lo tanto da votos y confianza. Lo que no se dice es que el modelo es insostenible y que hay tres mil millones de ciudadanos en otras partes del mundo a la espera de rapiñar parte del material sobrante de nuestro consumo, con lo que desaparecerán las reservas de alimentos, materias primas y agua con las que el planeta soporta hoy el peso de su desarrollo. La crisis económica, infinitamente más seria que la de los años 92-93, viene acompañada de una dramática falta de liquidez en los bancos, de una crisis de confianza entre ellos (que no se prestan dinero bajo ningún concepto) y de un estallido de la burbuja inmobiliaria allí donde más se hinchó: España, Irlanda e Inglaterra. Si a ello se añade la fragilidad de la economía de EEUU, el endeudamiento familiar porque las rentas no pueden sufragar las alegrías de las compras inmobiliarias de hace dos o tres años y el desarrollo natural de la economía china, con miles de nuevos millonarios mensuales, el futuro nos está explicando a voces que este modelo ya no sirve. Aunque no lo queramos oír.
Por otra parte, tampoco los valores éticos se enraízan en la mentalidad de la ciudadanía. Valores como la defensa de la honestidad, el éxito como producto del esfuerzo, la decencia en los comportamientos públicos y la educación en los privados y la dignidad de ser solidarios con el prójimo, son principios a respetar. O mejor dicho: se presume de respetar una tabla de valores jerarquizada cuando en realidad no son respetados por casi nadie. Todos los valores han caído en desuso, desde la esencia de los núcleos básicos de la convivencia hasta la autoridad educativa, el respeto a los derechos individuales y la limpieza en la gestión de los dineros de todos. En España, por poner un ejemplo, se transfirió a Comunidades y Ayuntamientos la gestión del suelo y la corrupción ha alcanzado tales límites que las plusvalías obtenidas por recalificaciones y construcción de viviendas en vez de repercutir en el bienestar vecinal han ido a parar a los bolsillos de especuladores y gestores públicos, en su mayor parte. ¿Para cuándo una marcha atrás gubernamental en esa clase de transferencias para que una comisión nacional autorice, recaude y reparta esos beneficios urbanísticos? Con la crisis actual, las regiones estarían encantadas, probablemente. Y si no lo estuvieran (porque crean que el ladrillo es el único modo de recaudar) daría igual. Porque es urgente la valentía de poner fin a esa vergüenza.
Si el modelo occidental está agotándose y los valores éticos han caído en las garras de la hipocresía, los administradores del mundo, que lo saben, han encontrado una nueva vía para impedir la sustitución del sistema. Y esa vía no es otra que el miedo como elemento estrangulador de la libertad del ser humano. El miedo fue el hallazgo fundamental de las religiones para dominar reinos, reyes y súbditos. El infierno, cualquier infierno, era la respuesta a la desobediencia; y el temor de Dios, la coartada.
Pero las religiones (que no la espiritualidad) dejaron de protagonizar los mecanismos del poder. Y el poder ha encontrado su nuevo dios en el miedo, administrado de otro modo. Ahora vemos en la televisión anuncios que, empapándolo todo cual lluvia fina, amenazan con muertes, enfermedades y tragedias humanas si no se consumen productos diseñados para salvarnos de todo: desde el estreñimiento al colesterol, desde las varices a los resfriados. Salir a la calle se ha convertido en una amenaza: la inseguridad espera detrás de cada esquina para robarnos, herirnos, asesinarnos y violarnos. Y en casa, la cosa no es mejor: cualquier hombre es muy capaz de descuartizar a su mujer por celos, rencor o desamor. Además, un cigarrillo produce cáncer mortal de pulmón; superar una cierta velocidad provoca la muerte en carretera; una hamburguesa doble es una oposición al suicidio... Y se puede subir a un avión con la única condición de aceptar que uno es un potencial terrorista y, así, permitir ser cacheado, registrado, desnudado y humillado. Lo dijo Sófocles: para quien tiene miedo, todo son ruidos. Y es que el miedo es el padre de la crueldad.
La válvula de escape para el nuevo hombre del siglo XXI es la nueva tecnología. Desde el ordenador se puede ver el mundo, hablar con el mundo, escuchar al mundo. Pero a ser posible desde una de esas habitaciones del pánico que se construyen en el interior de las casas para encerrarse con agua, comida y comunicación telefónica para permanecer encerrado, aislado y protegido del miedo exterior hasta que las fuerzas de seguridad acudan en nuestro auxilio. Dios ha muerto, escribió Nietzsche; se le olvidó decir que el nuevo mesías iba a ser Bill Gates y con él podríamos de nuevo salir a la vida a través de una pantalla de ordenador.
Agotamiento del sistema, falta de valores, imperio del miedo... ¿A qué se espera para iniciar un proceso de rectificación que haga sostenible al planeta, que nos devuelva los valores éticos y nos libere del miedo ambiental que nos asfixia? Seguramente hacen falta pensadores, filósofos, humanistas y creadores que diseñen un nuevo modelo de sociedad. Lo que sucede es que, mirando alrededor, no es fácil encontrar quienes tengan el tiempo y la capacidad suficientes para trabajar en ello, buscar respuestas o, al menos, plantear las preguntas adecuadas. Porque ya no bastan las propuestas marxistas, ni tampoco las ideas cabales que en su momento expusieron Brandt, Lang, Bobbio, Althusser, Tierno, Sartre, Sengor, Saphiro, Chomsky o Savater. Ahora es el Instituto de Investigaciones Sociológicas y Tecnológicas de Massachussets el nuevo rey Midas, con permiso de Microsoft. Y no es bastante; ni útil: es necesaria la aparición de nuevas ideas, de nuevos pensadores que, trabajadores y esforzados como José Antonio Marina, Emilio Lledó y algunos más nos faciliten un punto de referencia intelectual para seguir un camino que tiene que ser nuevo, ingenioso, posible y fácil.
El mundo necesita renovarse y el género humano precisa salir de una espiral absurda que llena las salas de espera de psiquiatras y psicoanalistas y que nos dice que uno de cada tres ciudadanos norteamericanos recibe asistencia psicológica (aunque lo necesitan dos de cada tres). Ese modelo de sociedad es el que se copia en todo el mundo. Como para pensárselo.
El futuro ya está aquí. Las tecnologías avanzan a gran velocidad y los adelantos científicos y médicos anuncian un porvenir presidido por la longevidad. Pero nada dice ese futuro de la felicidad humana, ni de la salud mental, ni de la serenidad, ni de la convivencia sana entre seres que nacieron para ser gregarios y que cada vez están más solos encerrados en la penumbra de su madriguera, sin encontrar a quien amar ni quien les ame. Cuando el mejor amigo del ser humano es el empleado de la sucursal bancaria y sus sueños no son paisajes de palmeras sino papeles con sumas y restas para llegar a fin de mes, es que algo no funciona en lo personal. Y los seres humanos no somos otra cosa que una suma de personas en busca de un hogar compartido donde cobijarnos de la intemperie del mundo.
El reto del futuro no empieza mañana, se diga lo que se diga. Empezó ayer.
Antonio Gómez Rufo es escritor. Acaba de publicar la novela
La noche del tamarindo . ( www.gomezrufo.net ).
EL MUNDO QUE VIENE STANLEY RENSHON«Los líderes políticos deben ser designados por los ciudadanos y no a dedo por los aparatos de los partidos» QUINCE MESES DE CAMPAÑA HACEN DE LAS PRIMARIAS EN EEUU UNA PRUEBA DE RESISTENCIA POLITICA Y PSICOLOGICA. SOLO DOS 'SUPERVIVIENTES' ACABARAN LA MARATON, Y NADIE MEJOR QUE ESTE PSICOANALISTA Y PROFESOR DE POLITICAS, AUTOR DE UNA QUINCENA DE LIBROS SOBRE LOS PRESIDENTES, PARA HACER UN CHEQUEO FINAL A LA MENTE DE LOS CANDIDATOSCARLOS FRESNEDA
CARGO: Psicoanalista y profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY). Autor de 15 libros sobre liderazgo político / EDAD: 64 años / FORMACION: Licenciado en Ciencias Políticas y doctorado en Psicología Clínica / CREDO: La vida y el progreso / SUEÑO: Combinar estos dos intereses de manera que pueda serle útil a la gente Stanley Renshon lleva media vida sentando en el diván a presidentes y candidatos, explorando como pocos la mente de los políticos. Así se titula la columna que publica en ThePolitico.com y en la que viaja periódicamente al fondo de Hillary Clinton, Barack Obama y John McCain, intentando indagar en sus conflictos personales y vislumbrar cómo se comportarían en la Casa Blanca.
El tiempo apremia, y raro será que los tres aspirantes se dejen caer de aquí a noviembre por la consulta de este psicoanalista, o que se pasen por una de sus clases de Ciencias Políticas en la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY). Pero siempre podrán acudir a sus libros, con títulos como La evaluación psicológica de los candidatos presidenciales, A la sombra de su padre: las transformaciones de George Bush o Altas esperanzas: la presidencia de Bill Clinton y la ambición política.
Renshon nos recibe en su altozano de Manhattan, moteado por piezas de arte de sus viajes a lugares intactos e inundado con libros sobre sus queridos monstruos políticos, pasión que le viene de joven, confiesa. Su interés por el psicoanálisis no ha hecho sino agrandar ese primer gran amor, reavivado ahora por esta extenuante campaña electoral que a ratos nos recuerda a la carrera de cuádrigas entre Ben Hur y Masala.
PREGUNTA.- Usted ha escrito que la campaña estadounidense es «un sueño para los yonquis de la política y una pesadilla para el ciudadano medio». ¿Pasarán a la historia estas primarias sin fin? ¿Han sido buenas para la democracia?
RESPUESTA.- Creo que sí, como lo fueron cuando Reagan desafió a Gerald Ford, o cuando Gary Hart le plantó cara a Walter Mondale... Es bueno que los candidatos se fogueen durante meses, que la gente pueda tener contacto directo con ellos, que tengamos ocasión de conocerles bien... Y también que los ciudadanos puedan decidir y que no sean los aparatos de los grandes partidos quienes designen a dedo a los líderes. Al fin y al cabo, este proceso es como una audición para el oficio más importante del país.
P.- ¿Pero no hay ya síntomas preocupantes de hastío electoral? ¿Hasta qué punto el sistema es responsable de la elevada abstención que se suele producir cuando llega la hora de la verdad en noviembre?
R.- Para la mayoría de los estadounidenses, como para la mayoría de los europeos, la política es una cosa que se practica ocasionalmente, cada cuatro años. La gente común no piensa en términos políticos durante meses y meses, a menos que haya unas elecciones como éstas, que están arrastrando a las urnas a mucha gente que jamás se había planteado participar en unas primarias.
P.- Tras 15 meses de campaña, y viendo el esfuerzo físico y psicológico de los candidatos, ¿no tiene a veces la impresión de estar asistiendo a un concurso de supervivencia?
R.- En cierto modo, las primarias son un cursillo de supervivencia presidencial. Y son una buena preparación, porque la Presidencia es una auténtica maratón. Hay quien piensa que es el lugar donde los problemas vienen a descansar, después del tumulto de las elecciones. Harry Truman solía decir: «El boxeo acaba aquí», pero lo cierto es que los problemas empiezan en la Casa Blanca. Es un trabajo muy duro y hay que ganárselo a pulso.
P.- Viendo la pelea en la que llevan enzarzados desde hace meses Hillary Clinton y Barack Obama, es difícil pensar en una prueba aún más agotadora. ¿Hasta qué punto sufrirá el desgaste el candidato demócrata?
R.- Bueno, las primarias son una pelea con reglas, no exactamente como la de Ben Hur y Masala. Los dos saben hasta dónde pueden llegar, pero también que no hay opción: uno tiene que ganar y otro tiene que perder... Y si eres una persona como Hillary Clinton, y pones el ojo en esta ambición particular, luchas hasta el final. Hillary ha demostrado toda su vida que no se rinde fácilmente. Aunque sus posibilidades sean mínimas, va a agarrarse a un clavo ardiendo antes que claudicar.
P.- Hagamos un rápido chequeo psicológico a los candidatos. Empecemos por Hillary...
R.- Es sin duda una mujer inteligente, determinada, ambiciosa. En términos de ambición, tiene algún punto en común con su marido, sobre quien ya escribí específicamente un libro. También una persona dura, mentalmente dura, como lo demostró durante el escándalo Lewinsky y en su desquite personal en el Senado. Ese es un punto a favor para cualquiera que aspire a la Presidencia. Los candidatos no tienen que ser necesariamente duros, pero sí tener la capacidad de ser duros... Me ha sorprendido su último viraje comprometiéndose a iniciar la retirada de Irak. Sin duda es un guiño al ala izquierda del partido, pero al mismo tiempo ha horadado la confianza de quienes esperan que sea capaz de decisiones duras. Hillary es también una persona muy laboriosa, tiene muy arraigado ese sentido de hacer los deberes, leerse todos los informes, llevar la lección muy aprendida. La experiencia es también su punto fuerte, pocos como ella conocen las reglas del juego.
P.- Durante un tiempo se habló de sexismo en la campaña, ¿cree usted que Hillary ha pagado la factura por ser mujer?
R.- No lo creo. Soy de los que piensan que este país está preparado para una mujer presidenta o para un presidente negro, con tal de que los candidatos cumplan los requisitos: alguien inteligente, con carácter, ecuánime, con integridad, más o menos auténtico, con capacidad para movilizar y liderar a la gente, pero también para resolver, tomar decisiones duras y hacer que los ciudadanos se sientan protegidos... Obama ha superado el estigma del candidato racial al estilo Jesse Jackson. De alguna manera entra en la misma categoría de Colin Powell, que habría sido un estupendo candidato al que la gente no percibía directamente como afroamericano.
P.- Hablemos de Obama...
R.- Es para mí un rompecabezas, y creo que también para muchos americanos. Es un tipo inteligente, que tiene una extraordinaria capacidad oratoria y un magnetismo que le hace muy atractivo para una parte del electorado. Pero creo que tiene a veces una aproximación muy fría, como si estuviera por encima de los temas y no se atreviera a hincarles el diente. Eso me hace preguntarme qué es lo que realmente le preocupa, qué le cabrea, qué le apasiona. Una cosa es hablar de pasión y otra muy distinta es sentirla... Otra gran incógnita es cómo va a lograr esa «unidad» de la que habla si su expediente le sitúa en el ala izquierda del Senado y rara vez ha tendido la mano a los republicanos.
P.- ¿Pesará al final la cuestión racial?
R.- Creo que volverá a aflorar de un modo subliminal, pero bastante decisivo. Lo que más me intriga de Obama es su conflicto de identidad. Sabemos que es el hijo de un hombre africano y de una mujer blanca de Kansas, pero de la madre que le crió no sabemos casi nada. Su autobiografía es la historia de un joven a la busca de su padre. El mismo reconoce la ambivalencia sobre su identidad, al haber sido criado en una familia blanca. En cierto momento intentó buscar respuestas acercándose al movimiento del black power y a la iglesia del reverendo Wright, que está anclada en la teología de la liberación negra de los años 60. Eso indica que hay un elemento no resuelto en su búsqueda de identidad. El conflicto está ahí, muy presente en su vida adulta. Y la Presidencia no es un lugar donde uno pueda resolver sus crisis de identidad.
P.- ¿Atacará McCain por ese flanco?
R.- No creo, pero el reverendo Wright seguirá siendo el albatros de la campaña, no desaparecerá así como así. Y Obama tendrá que demostrar cómo va a construir puentes entre los americanos sin haber logrado cerrar antes su propia división interna.
P.- ¿Pesará en las urnas la edad, teniendo en cuenta que el candidato republicano llegaría a la Casa Blanca con 72 años?
R.- No lo creo, porque McCain es un tipo muy enérgico pese a su avanzada edad, a no ser que surgiera algún contratiempo médico. Seguramente lleve como compañero a un vicepresidente joven para evitar que la edad se convierta en un arma arrojadiza. No, no creo que se incline por Dick Cheney o Bob Dole como compañeros de viaje [risas].
P.- Nos queda pues el cuadro psicológico de McCain...
R.- Es un tipo muy interesante. Es realmente un personaje heroico, más allá del mito que él mismo pueda haberse forjado. McCain estuvo en el infierno, ésa es la verdad. Le partieron los brazos y le torturaron física y psicológicamente durante los cinco años y medio que fue prisionero en Vietnam. Creo que pocos de nosotros habríamos sobrevivido con integridad en esas circunstancias... En McCain hay también un pequeño problema de identidad: su abuelo y su padre fueron militares notorios. Al final siguió el mismo camino, pero lo hizo con cierto resentimiento hacia sí mismo y hacia su familia por no haberle dado otra opción. En McCain, la rebeldía llega siempre hasta cierto punto. Digamos que se trata de una rebeldía calibrada, y eso lo hemos visto también en su manera de operar como senador y como candidato.
P.- En el año 2000, la campaña de Bush puso en duda la estabilidad mental de McCain...
R.- Eso son pamplinas. En 1993, como parte de un chequeo para calibrar los efectos de su confinamiento en Vietnam, McCain fue declarado en «buena salud física y mental» por un panel de médicos y psicólogos.
P.- Se ha escrito también mucho sobre sus problemas para controlar los ataques de ira...
R.- McCain no tiene problemas mentales, lo que tiene es un mal temperamento, como lo tenía Eisenhower y lo tiene Bill Clinton. Pero las rabietas son ocasionales y suelen remitir pronto. Lo que más le provoca, él mismo lo ha confesado, es que pongan en duda su honor. Es lo que llamamos los analistas un elemento cargado de su personalidad. Lo que está por ver es cómo ese concepto de lo honorable se proyecta en política exterior.
P.- Muchos le consideran como un halcón, fiel seguidor de la política Bush...
R.- En todo caso será una versión diferente de la doctrina Bush. Pero es cierto que en política exterior es mucho más ortodoxo que en otros temas y es fiel a la tradición realista de poner los intereses americanos primero. Está claro que se alineará con el principio de Bush: la mejor defensa es una buena ofensiva. No olvidemos que fue de los primeros en defender el aumento de las tropas en Irak, cuando era tan impopular hacerlo.
P.- ¿Hubiera sido capaz de predecir el desenlace hace seis meses, cuando Hillary y Giuliani parecían los favoritos, Obama no era capaz de remontar el vuelo y a McCain le daban como caballo muerto?
R.- El caso de McCain es sin duda un ejemplo de perseverancia, y también de suerte: la mejora de la situación en Irak le ayudó mucho. Giuliani era un candidato potencialmente fuerte, pero cometió un gran error de cálculo: esperó a que el resto de los candidatos se golpearan entre ellos y, sorprendentemente, fue él quién recibió el golpe definitivo... Mitt Romney tuvo un problema de autenticidad e integridad: fue un republicano moderado en un Estado progresista, Massachussetts, y no pudo reconvertirse a tiempo en el candidato conservador: la gente no confió en él. ¿Mike Huckabee? Fue poco más que una broma; no era un candidato serio.
P.- ¿Cómo explica el hundimiento de Hillary? ¿Exceso de confianza, de ambición...?
R.- La ambición y la autosuficiencia han sido parte del problema. Con todo su bagaje y su preparación, con toda su experiencia y sus logros, era fácil subestimar a un neófito como Obama. Ha recibido una lección vital: no des nada por hecho... Pienso que también subestimó la respuesta de la gente hacia ella, y el deseo que había en el Partido Demócrata de algo nuevo y diferente. Hillary ha sido víctima de sus errores de cálculo.
P.- ¿Y la remontada de Obama?
R.- Digamos que asumió el mismo riesgo que Bill Clinton en el 92, al fin y al cabo el eslogan de la esperanza es el mismo de entonces. Obama ha sido capaz de saber cuál era el estado de ánimo de los votantes y ha sabido capitalizar el deseo de cambio, de modo que su falta de experiencia y otros elementos de su candidatura han quedado en segundo plano. La gran pregunta es si esa estrategia funcionará del mismo modo en noviembre.
P.- Usted que ha estudiado a fondo la personalidad de Bill Clinton ¿qué le ha parecido su papel en esta campaña?
R.- Ha sido un papel ambivalente. Creo que al final le ha dado más problemas a Hillary que otra cosa. Y va a seguir siendo un problema porque no estoy seguro de que Obama acepte a Hillary como vicepresidenta sabiendo que Bill está detrás... Bill es el mismo de siempre, después de todos estos años: un tipo tan brillante como problemático, que combina sus increíbles dotes y conocimiento político con una incapacidad para refrenar sus impulsos.
P.- Usted ha escrito mucho sobre Bush. ¿Le queda alguna posibilidad de redención?
R.- Creo que va a acabar tal y como está ahora, en el fondo de la popularidad. La gran medida de su legado será cómo evolucione la situación en Irak. A los americanos no les gustan las medias tintas. La cuestión se condensa en una sola pregunta: «¿Estamos ganando o perdiendo?». Y en este momento, la respuesta es «no». La victoria aquí se reduce a un Gobierno pro-occidental en un Irak estable y democrático. Si las cosas evolucionan favorablemente en Irak, habrá gente que piense: «Al fin y al cabo, Bush no era tan malo ni tan estúpido». De lo contrario, será juzgado aún más duramente.
LA CUESTION - ¿Tienen los tres candidatos lo que hay que tener para ser presidente?
- Lo tengo más claro en el caso de Hillary Clinton y John McCain que en el caso de Barack Obama, y no por una cuestión de preferencia política, sino más bien por una duda personal... Yo creo que una de las grandes cuestiones que aflorarán durante las presidenciales será ésta: «¿Qué haría usted como presidente para evitar que EEUU sea atacado de nuevo?». Y otra pregunta suplementaria, no menos importante: «¿Qué haría si Irán consigue el arma nuclear?». Sobre la firmeza y la disposición de McCain creo que no caben dudas. Hillary es una persona dura por naturaleza, ya lo hemos comprobado, y ella misma puso la pregunta sobre el tapete con el anuncio del teléfono rojo. Con Obama tenemos la incógnita; de momento, ha prometido hablar con el enemigo, pero, ¿cuál es el 'plan B' si falla el diálogo? Yo, personalmente, no tengo confianza en su capacidad para ser duro en determinadas circunstancias. Creo que es el mayor interrogante de su candidatura. Hasta la fecha sólo ha sido capaz de dar respuestas fáciles.
SU PROPIO MUNDO «Me interesé por la psicología estudiando a los políticos»
¿Qué fue antes: la psicología o la política?
- Mi primer interés fue la política. Fue precisamente estudiando a los políticos como me empecé a interesar por la dimensión psicológica. Estudié Psicología y me acabé enganchando tanto que desarrollé un interés paralelo, hasta el punto de abrir mi propia consulta como psiconalista en Manhattan.
¿Y cómo funciona el matrimonio entre el psiconalista y el profesor de Políticas?
- Bastante bien. Las dos vertientes confluyen fácilmente. Al fin y al cabo, los políticos son personas no muy distintas a las que vienen a verme y me plantean problemas en sus vidas y en sus relaciones. Los pacientes me ayudan a ver la teoría encarnada en personas reales. Cada caso es un rompecabezas, y tienes que aprender a montar las piezas con tu bagaje teórico y con los hechos que vas aprendiendo sobre sus vidas y que se manifiestan de muchas maneras.
¿Algún candidato le ha llamado buscando consejo político o psicológico?
- Sí, he dado consejos a unos cuantos en el pasado, pero no me gusta dar nombres...
¿Veremos algún día un psicólogo entre el personal a sueldo de la Casa Blanca?
- No lo creo. Los jefes de gabinete u otros asesores -pienso en estos momentos en Karl Rove- cumplen de alguna manera ese papel. Los asesores presidenciales ejercen muchas veces de psicólogos amateurs: conocen muy bien a los presidentes y saben perfectamente cuáles son sus puntos fuertes y sus debilidades, las cosas que les gustan o que les ponen al límite... A algunos presidentes les gusta tener toneladas de información que poder leer. Otros, como Bush, detestan el papeleo y prefieren que sus asesores discutan a voces delante de él. Los asesores tienen un conocimiento aproximado de la psicología del presidente e intentan ayudar, desarrollando un gran sentido práctico. El problema muchas veces es que están tan cerca de los presidentes que no pueden dar un paso atrás y ver las cosas, digamos, de un modo más neutral.
Usted fue presidente de la Sociedad Internacional de Psicología Política...
- La verdad es que desde que Morton Prince hizo a principios del siglo XX su primer análisis del presidente Roosevelt, nuestro campo no ha hecho más que crecer. Y por puro sentido común: la psicología de una persona es esencial para poder definir su liderazgo.
Su mujer es también psicoanalista...
- Sí, compartimos los mismos intereses y la misma forma de evadirnos. Nos encanta viajar a lugares remotos, poco explorados. Hace poco estuvimos en Papúa Nueva Guinea.
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