EDITORIALES: ZP confía en su cintura para pactar con y contra el PP/ La nueva Ministra ya tiene tarea/Álvarez Cascos pone el dedo en la llaga/ Coca Co

EDITORIALES DEL DÍA
ZAPATERO CONFIA EN SU CINTURA PARA PACTAR CON Y CONTRA EL PP
José Luis Rodríguez Zapatero, que ayer fue elegido presidente del Gobierno en segunda votación con el único respaldo del PSOE, mantuvo en el Parlamento un lenguaje calculadamente ambiguo sobre sus planes políticos. Es por ello que habrá que esperar a sus primeras decisiones para ver, ya sobre el terreno, por dónde tiene intención de conducir la legislatura. La composición de su Gobierno, que hoy hará pública, será una primera pista. Es poco creíble, por ejemplo, que su voluntad de pactar con el PP en materia de Justicia sea sincera si mantiene, como parece probable, a un radical como Fernández Bermejo al frente del Ministerio.En su intervención de ayer ante el Parlamento, Zapatero llamó «en especial» a Mariano Rajoy a colaborar en una lucha antiterrorista «compartida por todos». Pero si algo ha quedado claro a lo largo de los últimos cuatro años es que, en la práctica, es imposible implicar a «todos» en ese objetivo. Nada hace pensar que ERC, PNV y PP, por poner por caso, hayan variado tanto sus posiciones en esta materia como para ir de la mano.
Por otra parte, al mismo tiempo que Zapatero tendía una y otra vez la mano a los populares para llegar a «acuerdos en los asuntos de Estado», abogaba por conseguir «cauces de colaboración estables y predecibles» con otros grupos, que no citó. Todo apunta a que se refería a los nacionalistas y, principalmente, al PNV. Si es así, mucho confía Zapatero en su cintura para gobernar apoyándose un día en Rajoy y al siguiente en Josu Erkoreka. No se le escapa a nadie la dificultad de ese propósito. Aunque aplaudiremos si los partidos que suman más del 90% de los diputados consensúan los grandes temas, tanto el panorama como los precedentes nos obligan a ser escépticos. Parece poco verosímil que se pueda dirigir el día a día del país con los nacionalistas sin hacer concesiones que solivianten a los populares. Y al contrario. Es improbable que el presidente pacte con Rajoy la política territorial, por ejemplo, sin romper con los nacionalistas. Y sin embargo, es lo que parece que se propone Zapatero: pactar con y contra el PP.
Rajoy recogió con cautela pero con buena predisposición las llamadas de Zapatero a recuperar el diálogo. Prueba de que el clima es otro es que el líder del PP se apresuró tras la votación para ser de los primeros en estrechar la mano del nuevo presidente. «No sólo estamos dispuestos, sino que pedimos que se hagan [los acuerdos]», dijo Rajoy, y citó su voluntad de pactar en asuntos como el terrorismo, el modelo de Estado, la política exterior, la seguridad y la Justicia, asegurando que se trata de «una necesidad nacional».
En aras a ese entendimiento, el líder del PP dejó de nuevo a Rosa Díez el papel de conciencia crítica de las cesiones a los nacionalistas, y ésta lo ejerció con gusto y de manera brillante. Así, Rajoy centró sus discrepancias con el Gobierno en problemas menos dolorosos, como la situación económica y el agua. Expresó su convencimiento de que España «no está bien preparada para la crisis» y que las medidas anunciadas por Zapatero «son insuficientes». Además, reclamó una solución «global y sensata» a la escasez de agua porque «hasta puede parecer una burla» que el Gobierno pueda distinguir entre trasvases «buenos o malos». Oposición más tecnocrática que ideológica, en suma.
Zapatero arranca hoy con un Gobierno remozado una etapa que anuncia como nueva. Esperemos que cumpla su palabra y que, por fin, logre grandes consensos.
LA NUEVA MINISTRA YA TIENE TAREA
Más de mil personas se manifestaron ayer en Melilla, del mismo modo que anteayer lo hicieron unas 50 mujeres de militares en Ceuta, contra la reducción de la presencia del Ejército en las dos Ciudades Autónomas. Ambas protestas reflejan el desasosiego que padecen los cerca de 6.250 militares destinados allí, y sus familias, desde que hace meses las primeras noticias sobre la puesta en marcha del Plan de Organización de la Fuerza del Ejército de Tierra dieron rienda suelta a todo tipo de rumores -no despejados aún por el Gobierno- sobre traslados masivos de soldados a la Península.
El malestar en los cuarteles y entre la sociedad civil ha crecido alimentado por el secretismo y la información contradictoria de Defensa sobre el alcance y los plazos de su polémica reestructuración.
Los Gobiernos de las dos Ciudades Autónomas se han dirigido por carta al Rey, a Zapatero y al Jefe del Estado Mayor para trasladarles la lógica inquietud de ceutíes y melillenses ante la sospecha de que habrá la mitad de tropas en cuatro años, lo que supondría un mazazo para la economía local, además de un factor de desprotección. El Gobierno de Melilla cree que la medida podría diezmar su población y dejar sin una importante salida laboral a una sociedad muy afectada por el paro. El PSOE acusa a los Gobiernos autonómicos de las dos ciudades -del PP- de azotar una «polémica artificial». Tal vez ambos Ejecutivos podrían haber hecho más por mantener la calma, pero también es cierto que Defensa debería haber resuelto todas las dudas de nuestros soldados sobre su futuro inmediato, en lugar de dejar que su malestar se trasladara a la calle. El Ejecutivo dice ahora que su objetivo es que en 2010 cada una de las dos guarniciones cuente con 750 cuadros de mando y 2.500 efectivos de tropa, lo que supondría un aumento. Sin embargo, admite que a corto plazo los contingentes se verán reducidos.
El Ejército forma parte de la identidad y la tradición de nuestras plazas africanas y es, además de un motor de dinamización y desarrollo económico y social incuestionable, un elemento disuasorio frente a las aspiraciones anexionistas de Marruecos. Disminuir nuestras tropas allí sería tanto como lanzar un mensaje ambiguo a Rabat sobre la españolidad de las Ciudades Autónomas. La nueva ministra de Defensa, Carme Chacón, ya tiene una primera tarea: despejar toda duda sobre la permanencia militar en Ceuta y Melilla.
Alvarez Cascos pone el dedo en la llaga
Francisco Alvarez Cascos, ex secretario general del PP y ex vicepresidente del Gobierno, rompió ayer su largo silencio político para poner el dedo en la llaga de lo que está sucediendo en el PP. Cascos habló de dos cosas que no le gustan: la falta de debate interno y el excesivo protagonismo de los barones. El ex dirigente del PP afirmó que Rajoy se equivocaría al «enterrar por aclamación» -menudo hallazgo semántico- una discusión abierta y sin cortapisas para analizar las causas de la derrota. Según Cascos, hay que «empezar por llamar victorias a las vitorias y derrotas a las derrotas». El sabe mucho por experiencia de ambas cosas ya que estuvo al lado de Aznar cuando perdió y cuando ganó. La segunda de las críticas de Cascos va dirigida a los barones, a los que reprocha el papel que han jugado en las últimas semanas. Dice que «el modelo de un partido de barones nunca formó parte de la tradición del PP» y pregona que las decisiones las tomen «los militantes y compromisarios». También en esto tiene razón Cascos, ya que son las bases quienes tienen que elegir la dirección de los partidos y su programa político. Desgraciadamente ni el PP ni el PSOE pueden presumir de ello con continuidad, ya que el peso del liderazgo ha suplantado en muchas ocasiones la voluntad de los militantes de estos partidos. Así sucedió cuando José Mª Aznar era el presidente del PP , lo que no resta acierto a las críticas que fundadamente dirige Cascos a Rajoy y a los barones.
Coca Cola y Gallardón contra el boicotMientras la antorcha olímpica sigue desatando protestas contra China allí por donde pasa -en Buenos Aires ayer también hubo incidentes a pesar de las férreas medidas de seguridad- siguen produciéndose llamamientos a los mandatarios de los países occidentales para que no acudan a la ceremonia de inauguración de los Juegos. Dos voces de ámbitos muy distintos se muestran hoy contrarios a cualquier tipo de boicot en las páginas de este periódico. Por una parte, el presidente ejecutivo de Coca-Cola, quien asegura que los Juegos serán beneficiosos para todos y que «ningún país es perfecto», por lo que la multinacional no renunciará a ser uno de los patrocinadores más importantes del evento. Por otro lado, el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, que se encuentra en Pekín promocionando la candidatura de Madrid 2016, también opina que es contrario al boicot de los Juegos porque éstos «serán una ventana por la cual entren los Derechos Humanos a toda China». No parece que la realidad del régimen comunista chino se compadezca demasiado con esta visión tan optimista. No obstante, puede que Coca-Cola, por razones comerciales, y Gallardón, para lograr la candidatura, tengan que pronunciarse en contra de cualquier boicot. Los líderes de los países democráticos, por contra, deben tener en cuenta el clamor ciudadano y escenificar algún tipo de protesta para que el régimen chino sepa que los Juegos no pueden ser una coartada para su feroz dictadura.















