e-pesimo Auxiliar 1

Auxiliar1, Auxiliar2, Auxiliar3 y Auxiliar4 son Blogs auxiliares de e-pesimo y de epesimo

Actualización de madrugada

Mi foto
Nombre: e-pesimo
Lugar: Cantabria, Spain

martes 23 de diciembre de 2008

FIRMAS: Luis María Ansón, David Gistau, Raúl del Pozo, Erasmos, Fernando Sanchez Drago, David Torres, Cesar García Muñoz



CANELA FINA
LUIS MARIA ANSON
... Y nosotros nos iremos y no volveremos más

Aunque el alcalde de Madrid no se haya enterado, lógicamente preocupado por dotar de suntuosidad a sus nuevas instalaciones en la plaza de Cibeles, lo que va a conmemorar mañana el mundo es el nacimiento de un Niño, hijo de una Virgen, hace ya 2008 años. El acontecimiento no se produjo en un Palacio como el de Comunicaciones que regenta Gallardón sino en un pesebre, entre el calor de los mulos y las vacas y el olor a estiércol, en una perdida ciudad de Oriente Medio dominada entonces por el imperialismo de Roma. Las naciones celebran sus efemérides de independencias, de Cartas Magnas, de héroes nacionales, de batallas victoriosas. Sorprende que en todo el mundo, sobre todo en el occidental, se conmemore, año tras año, el nacimiento del Niño Jesús en el Portal de Belén y que la Historia la dividamos en ese antes o después de Cristo. «Norabuena vengáis al mundo, Niño de perlas; pues sin vuestra vista no hay hora buena», escribió en Los pastores de Belén, Lope de Vega, ese poeta que se quedaría hoy estupefacto ante la sabiduría gallardonista de eliminar de la iluminación madrileña cualquier alusión al acontecimiento que se conmemora, que la Piccirilli es mujer de altos conocimientos y quiere extirpar del pueblo madrileño las supersticiones que lo atenazan.

Y volvemos a lo de siempre. La progresía caviar se esfuerza por paganizar la Navidad. Con poco éxito, la verdad. El pueblo celebra la Nochebuena como una fiesta familiar y religiosa y España entera se vertebra de arbolitos navideños y, sobre todo, de belenes en su más amplia y generosa demostración desde las figuritas de barro caseras hasta los nacimientos vivientes con personas reales que han ensayado sus papeles durante meses. «Soy casi ateo», decía Boris Pastenark. Pero, al escribir poemas de Navidad, el alma de aquel intelectual ruso se abría a nuevas sugerencias frente a las certidumbres revolucionarias con que Lenin quebró la columna vertebral de la historia rusa, para dar paso a que el gran Maiakowski, el poeta del amor y la pasión, se suicidara.

La fiesta familiar de la Navidad no es sólo la de los que viven y aquí están sino la de los que se fueron para siempre. Se comparte con los hijos y los nietos la alegría del villancico y la natividad y se produce la gran nostalgia de los que se fueron, los padres, los abuelos, los hermanos... Tiempo, en fin, para la melancolía y la recordación. La vida y la muerte dándose la mano en el carrusel de la desmemoria, mientras se enciende la noche de paz. Es el sentimiento agridulce que inunda hoy a la mayoría de los hogares españoles. La sabiduría popular ha sabido sintetizar las presencias y las ausencias de la Nochebuena. Porque una cosa es cierta. Las conmemoraciones navideñas se prolongarán año tras año, indefinidamente. Es el río que fluye sin cesar pero también es seguro -la Nochebuena se viene, la Nochebuena se va- que un día nosotros nos iremos y no volveremos más.

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.

A DIESTRA Y SINIESTRA
DAVID TORRES
La 'o' con un canuto

Uno ha hecho la carrera de Filología pero no ha sido hasta ayer que, gracias al Ministerio de Sanidad, se ha enterado de una figura retórica con nombre de enfermedad degenerativa. El lipograma vocálico (recurso poético particularmente idiota que consiste en la formación de palabras que contienen una sola vocal) es el esqueleto que sostiene el hip hop con el que Bernat Soria advierte a los chavales que se encasqueten el condón antes de pasar a mayores.

La vocal elegida ha sido la o, letra cuya grafía es la descripción de un hoyo y cuya pronunciación supone un convite a la felación. Si uno pronuncia una o cuidadosamente se queda con cara de muñeca hinchable. La o es una letra gorda, la señorona de las vocales, y su evidente redondez evoca lo que precisamente se trataba de evitar: el bombo, el follón. Aparte de estos motivos subliminales, la canción ha sido muy criticada pero hay que admitir que, una vez oída, resulta perfecta no tanto para fomentar el uso de anticonceptivos como para predicar la abstinencia total. A cualquiera que la oiga no se le levanta en tres días.

No sabemos cuántos euros de esos 2.200.000 que se ha gastado el Ministerio en la promoción de semejante castaña han ido destinados al engorde y cría del compositor, pero todo lo que pasase de dos hostias bien dadas sería un dispendio y un disparate. Hace falta valor para que ahora venga un tío barbudo con la gorra enroscada a tornillo y diga que encima se la han fusilado los tíos del Ministerio, como si la castaña en cuestión fuese el Adagietto de la Quinta Sinfonía de Mahler.

El planteamiento, no obstante, es curioso porque permite una profunda indagación sobre los mecanismos de la producción artística. O dicho de otro modo: ¿se puede plagiar una boñiga? Ya sabemos que el hip hop, como su nombre indica, no es música, sino gimnasia de colutorio y grito de ánimo circense, pero ¿puede haber en el mundo dos letristas tan cerriles y tan inasequibles a la armonía como para que ambos se refieran a la ceremonia nupcial con la misma expresión rematadamente imbécil y monárquica de «yo no corono rollos»? Más aun: ¿cómo se puede perpetrar un lipograma vocálico con la letra o y esquivar reiteradamente adjetivos como «sordo», «bobo» o «tonto'l bolo», cuando tan a mano los tenían?

El rapero Nach (tan ingenioso que hasta se ha decapitado la o del nombre) anuncia que va a denunciar el robo ante la SGAE, lo cual da la exacta medida de furor reivindicativo del rap en general y del rapero Nach en particular. La agencia contratada por el Ministerio ha contraatacado iniciando una demanda contra el lipogramador vocálico y asegurando que son muy capaces de lipogramar una boñiga ellos solos. Que ni siquiera les hace falta el canuto.

AL ABORDAJE
DAVID GISTAU
Décimos y riñones

De la historia de William Carrillo, el inmigrante boliviano que quiere vender parte de sus órganos para pagar deudas, lo que más sorprende es que no haya esperado, antes de ofrecerse en el escaparate, a conocer el resultado de la lotería. ¿Y si llega a amanecer hoy con un décimo premiado en el bolsillo y una cicatriz fresca donde debiera estar el riñón perdido en vano? En estas fechas, es costumbre citar a Julio Camba, que atribuyó la pasión española por la lotería a la deformación de una cultura católica, habituada a encomendarse a la providencia antes que al trabajo. Se compra un boleto como se prende un cirio, y a esa esperanza masticada durante los días anteriores al sorteo, más larga que la que concede la ruleta con su solución inmediata, Balzac la llamaba el «opio de la miseria». Tal vez porque no le deba nada a la suerte y esté harto de prender cirios no atendidos, William Carrillo prefirió manejar su propio destino en lugar de confiárselo a la providencia y por eso salió, con la camisa abierta, ofreciendo sus órganos en el reportaje de Quico Alsedo el mismo día en que los niños de San Ildefonso cantaban el gordo de Navidad. Excelente refutación del optimismo panglossiano. Somos más dueños de nuestro riñón que de nuestra suerte.

Era lógico creer que este año se compraría más lotería que nunca en las últimas décadas. Cuando surgen casos tan desesperados como el de Carrillo. Cuando el marxismo, igual que una enfermedad oportunista, rebrota porque el sistema anda bajo de defensas y tiene cerrados los cauces en los que cumplía sus propias promesas. Era lógico pensar que volverían los intentos de salvación personal mediante esa varita del hada madrina que es la suerte, como en aquella década de los setenta de la que Félix de Azúa decía que la lucha de clases se disolvió, no ya en la clase media cuya prosperidad aún precaria permitió a Franco decir que lo dejaba todo atado, sino en la quiniela de los domingos. Y acaso también en el apartamento en Torrevieja que daba el 1,2,3. Pero la inversión en lotería ha descendido, a pesar de la crisis y de los órganos en subasta. De la sensación de pertenecer a una época venida a menos en la que todo recuerdo evoca un tiempo mejor. Cayo Lara y Toxo agitan de nuevo la conciencia de clase, se proponen ocupar la calle, e interrumpir por añadidura el letargo de una izquierda desactivada por Zetapé que, de gobernar el PP, sólo en la fabricación constante de parados ya habría encontrado motivos para llamar a la huelga general. Nos faltaba el repunte de la lotería para declarar completado el rebobinado histórico hasta tiempos más menesterosos, y también menos arrogantes: el tenue sabor folclórico de las plegarias al bombo.

ERASMO
El Madrid I

Erasmo, tan lego en las esforzadas oficinas del balompié. Mas Calderón: dos años, dos ligas y Supercopa. Votos por correo: falsificados por pistoleros de su rival enfermizo. Cuentas: las mejores de la historia, según auditores óptimos. Mas organizan la grande orgía fascista de su descuartizamiento. Y tan asquerosa, katangueña la campaña activada por gangsters del ladrillo. Oirán a Aretha: Shame, shame on you

TRIBUNA LIBRE
CESAR GARCIA MUÑOZ
El español en Estados Unidos

Existe un gran optimismo en España en lo que se refiere a la pujanza del español en Estados Unidos, país que parecería destinado a convertirse en el centro de gravedad de la cultura en español en el próximo siglo. Aunque algunas razones de peso permiten sostener esa argumentación, lo cierto es que hay numerosos factores que apuntan en la dirección contraria, es decir, hacia una paulatina decadencia de la importancia de la lengua española en el gigante norteamericano. Me permito apuntar tres de ellos: los patrones de integración de los hispanos en la sociedad norteamericana, la disminución del flujo migratorio y la falta de prestigio del español.

Ciertamente los datos demográficos parecen dar la razón a aquellas visiones más optimistas acerca del futuro de nuestra lengua. Los últimos datos del censo de Estados Unidos indican que la cifra de hispanos es de 42,7 millones, un 14% de la población total, y que éstos constituyen la minoría de mas rápido crecimiento. Las predicciones apuntan a que si el ritmo de crecimiento de este segmento de la población se mantiene, los hispanos serán un 24 % de la población en 2050.

Sin embargo, sería un error quedarse en las cifras ya que están basadas en tendencias que se mantendrían constantes a lo largo del tiempo, algo que parece que no va a producirse en el futuro por distintos motivos. Si bien es cierto que el número de hispanohablantes ha crecido en las últimas décadas a un ritmo exponencial -el número de hispanos en 1990 era la mitad que en la actualidad- no es menos cierto que ello se ha debido a la relativamente reciente emigración masiva de latinoamericanos y, muy especialmente, mexicanos (un 40% de la población hispana de los Estados Unidos ha nacido en Latinoamérica).

Un dato sintomático es que el número de hispanos no se corresponde con el de hablantes del español, que es de 31 millones de habitantes, un 25% menos que el total de la población de origen latino. Es relativamente sencillo comprobar la incomodidad y dificultad que sienten las segundas generaciones de hispanos al hablar un español que en la mayoría de las ocasiones han aprendido casi exclusivamente en casa y distan mucho de escribir correctamente. En el caso de la tercera generación, siguiendo la tradición integradora de otros grupos étnicos en Estados Unidos, el español se ha convertido en una reliquia del pasado.

La excepción a esta tendencia podemos encontrarlas en aquellas zonas donde los hispanos forman una mayoría relativa como California o Texas, cuya población hispana supone aproximadamente la mitad de todo el país, convertidas en auténticas comunidades bilingües, aunque bien es cierto que los segmentos más dinámicos de la misma tienden rápidamente a adoptar el inglés como primera lengua, tanto en estas zonas como en el resto del país.

Yo mismo soy testigo de primera mano de la timidez y falta de confianza que sienten mis alumnos hispanos a la hora de dirigirse a mí en español, algo que por otra parte muy raramente sucede. La primera lengua de un joven universitario estadounidense de origen hispano tiende a ser claramente el inglés, por numerosas razones: la educación se recibe íntegramente en inglés, la mayoría de los medios de comunicación de calidad emiten en inglés, y el inglés es la lengua de prestigio y de los negocios relevantes en un país donde el español se identifica como una lengua hablada mayoritariamente por las clases subalternas. Nuevamente, me estoy refiriendo naturalmente a Estados Unidos en su globalidad, ya que en ciudades como Miami, Nueva York y Los Angeles hay escuelas bilingües y algún periódico en español de calidad, pero son la excepción que confirma la regla.

Otro importante factor que hace dudar del futuro del español en este país se deriva del hecho de que no está ni mucho menos garantizado que los niveles de emigración desde Latinoamérica se vayan a mantener en los próximos años. La recesión económica y las tendencias proteccionistas manifestadas por el presidente Obama durante la campaña electoral hacen presagiar que la inmigración, lejos de encontrar mayores facilidades, tenderá a ralentizarse en los próximos años.

Hace pocas semanas, el semanario The Economist publicaba un artículo apuntando una nueva tendencia. El regreso de numerosos mexicanos que han perdido su empleo durante la crisis a su país de origen, adonde ya estarían enviando sus ahorros para empezar una nueva vida. Si a ello le unimos las crecientes dificultades de los inmigrantes ilegales para atravesar la frontera (mucho mayor que por ejemplo la que encuentran los inmigrantes africanos en las costas del sur de España), el panorama parece indicar que la inmigración procedente de Latinoamérica puede no sólo ralentizarse sino decrecer en términos absolutos en los próximos años.

El Gobierno norteamericano probablemente ofrezca en el futuro mayores facilidades para instalarse a inmigrantes cualificados, pero todo indica que la relativa laxitud inmigratoria en lo que respecta a los trabajadores ilegales mantenida durante el Gobierno de Bush tiene los días contados. No hay que perder de vista que la contratación de inmigrantes ilegales está comenzando a ser duramente penada en numerosos estados.

Pero quizás el factor más importante se refiere a la falta de prestigio de la que goza nuestra lengua y el desconocimiento de la cultura que en su globalidad pudiéramos llamar hispana en Estados Unidos. No me estoy refiriendo al desprestigio que he mencionado anteriormente, derivado de la clase social de sus hablantes, sino a la falta de interés con que se enseña la lengua española en las universidades. Por supuesto no estoy hablando de los departamentos de español de las grandes universidades norteamericanas, donde nuestro idioma ha gozado de reconocimiento desde hace muchas décadas en los estudios de posgrado, sino de un segundo nivel de universidades estatales y privadas donde, entre los numerosos motivos que los estudiantes esgrimen para tomar cursos de español, figuran el hecho de que si aprenden español no tendrán que empezar desde cero -porque ya tomaron algunos cursos en high school-, o un cierto buenismo que identifica aprender español con tener un gesto de solidaridad con algunas de las capas más débiles de la sociedad. Es muy raro encontrarse un estudiante universitario de español en una universidad estatal que estudie nuestra lengua porque piense que hay una literatura, cine, arte, ciencia, una cultura en suma, que valga la pena. Esta circunstancia es relativamente fácil de percibir cuando se comparan las opiniones de los estudiantes de español con las de estudiantes de otras lenguas como el francés o incluso el ruso.

En numerosas ocasiones el español se aprende de una manera mecánica, totalmente desgajado de la cultura de los países que lo hablan. Quizás sea, como ya advirtió Ramiro de Maeztu hace casi un siglo en su visita a Middlebury College, porque muchos de los profesores no son nativos de países hispanohablantes. En cualquier caso, se echa de menos algo del amor que estudiantes de otras lenguas más minoritarias sienten hacia sus lenguas y culturas de adopción.

Mucho me temo que el futuro del español en Estados Unidos dependa de eso. De la capacidad que tengamos no sólo los españoles sino el resto de hispanohablantes de promocionar y prestigiar la cultura expresada en español, pero sobre todo de generar ciencia y conocimiento en nuestra lengua.

El Instituto Cervantes está realizando una importante labor (que debería haber comenzado muchas décadas antes), pero sería incluso más deseable que hubiera grandes universidades en los países de habla hispana donde se produjera investigación de calidad, o colegios, como ya existen liceos franceses o alemanes, donde pudiera recibirse enseñanza en español, algo que ni siquiera ocurre en ninguna de las grandes ciudades estadounidenses. Desgraciadamente, en lo que se refiere a España, las bases de nuestro sistema educativo y la aquiescencia con la implantación de políticas lingüísticas discriminatorias del español en nuestro propio país indican que ninguna de estas circunstancias parece dibujarse en un horizonte próximo.

César García Muñoz es profesor de Comunicación en Central Washington University.

EL LOBO FEROZ
FERNANDO SANCHEZ DRAGO
Jamón, jamón

Existe un gran optimismo en España en lo que se refiere a la pujanza del español en Estados Unidos, país que parecería destinado a convertirse en el centro de gravedad de la cultura en español en el próximo siglo. Aunque algunas razones de peso permiten sostener esa argumentación, lo cierto es que hay numerosos factores que apuntan en la dirección contraria, es decir, hacia una paulatina decadencia de la importancia de la lengua española en el gigante norteamericano. Me permito apuntar tres de ellos: los patrones de integración de los hispanos en la sociedad norteamericana, la disminución del flujo migratorio y la falta de prestigio del español.

Ciertamente los datos demográficos parecen dar la razón a aquellas visiones más optimistas acerca del futuro de nuestra lengua. Los últimos datos del censo de Estados Unidos indican que la cifra de hispanos es de 42,7 millones, un 14% de la población total, y que éstos constituyen la minoría de mas rápido crecimiento. Las predicciones apuntan a que si el ritmo de crecimiento de este segmento de la población se mantiene, los hispanos serán un 24 % de la población en 2050.

Sin embargo, sería un error quedarse en las cifras ya que están basadas en tendencias que se mantendrían constantes a lo largo del tiempo, algo que parece que no va a producirse en el futuro por distintos motivos. Si bien es cierto que el número de hispanohablantes ha crecido en las últimas décadas a un ritmo exponencial -el número de hispanos en 1990 era la mitad que en la actualidad- no es menos cierto que ello se ha debido a la relativamente reciente emigración masiva de latinoamericanos y, muy especialmente, mexicanos (un 40% de la población hispana de los Estados Unidos ha nacido en Latinoamérica).

Un dato sintomático es que el número de hispanos no se corresponde con el de hablantes del español, que es de 31 millones de habitantes, un 25% menos que el total de la población de origen latino. Es relativamente sencillo comprobar la incomodidad y dificultad que sienten las segundas generaciones de hispanos al hablar un español que en la mayoría de las ocasiones han aprendido casi exclusivamente en casa y distan mucho de escribir correctamente. En el caso de la tercera generación, siguiendo la tradición integradora de otros grupos étnicos en Estados Unidos, el español se ha convertido en una reliquia del pasado.

La excepción a esta tendencia podemos encontrarlas en aquellas zonas donde los hispanos forman una mayoría relativa como California o Texas, cuya población hispana supone aproximadamente la mitad de todo el país, convertidas en auténticas comunidades bilingües, aunque bien es cierto que los segmentos más dinámicos de la misma tienden rápidamente a adoptar el inglés como primera lengua, tanto en estas zonas como en el resto del país.

Yo mismo soy testigo de primera mano de la timidez y falta de confianza que sienten mis alumnos hispanos a la hora de dirigirse a mí en español, algo que por otra parte muy raramente sucede. La primera lengua de un joven universitario estadounidense de origen hispano tiende a ser claramente el inglés, por numerosas razones: la educación se recibe íntegramente en inglés, la mayoría de los medios de comunicación de calidad emiten en inglés, y el inglés es la lengua de prestigio y de los negocios relevantes en un país donde el español se identifica como una lengua hablada mayoritariamente por las clases subalternas. Nuevamente, me estoy refiriendo naturalmente a Estados Unidos en su globalidad, ya que en ciudades como Miami, Nueva York y Los Angeles hay escuelas bilingües y algún periódico en español de calidad, pero son la excepción que confirma la regla.

Otro importante factor que hace dudar del futuro del español en este país se deriva del hecho de que no está ni mucho menos garantizado que los niveles de emigración desde Latinoamérica se vayan a mantener en los próximos años. La recesión económica y las tendencias proteccionistas manifestadas por el presidente Obama durante la campaña electoral hacen presagiar que la inmigración, lejos de encontrar mayores facilidades, tenderá a ralentizarse en los próximos años.

Hace pocas semanas, el semanario The Economist publicaba un artículo apuntando una nueva tendencia. El regreso de numerosos mexicanos que han perdido su empleo durante la crisis a su país de origen, adonde ya estarían enviando sus ahorros para empezar una nueva vida. Si a ello le unimos las crecientes dificultades de los inmigrantes ilegales para atravesar la frontera (mucho mayor que por ejemplo la que encuentran los inmigrantes africanos en las costas del sur de España), el panorama parece indicar que la inmigración procedente de Latinoamérica puede no sólo ralentizarse sino decrecer en términos absolutos en los próximos años.

El Gobierno norteamericano probablemente ofrezca en el futuro mayores facilidades para instalarse a inmigrantes cualificados, pero todo indica que la relativa laxitud inmigratoria en lo que respecta a los trabajadores ilegales mantenida durante el Gobierno de Bush tiene los días contados. No hay que perder de vista que la contratación de inmigrantes ilegales está comenzando a ser duramente penada en numerosos estados.

Pero quizás el factor más importante se refiere a la falta de prestigio de la que goza nuestra lengua y el desconocimiento de la cultura que en su globalidad pudiéramos llamar hispana en Estados Unidos. No me estoy refiriendo al desprestigio que he mencionado anteriormente, derivado de la clase social de sus hablantes, sino a la falta de interés con que se enseña la lengua española en las universidades. Por supuesto no estoy hablando de los departamentos de español de las grandes universidades norteamericanas, donde nuestro idioma ha gozado de reconocimiento desde hace muchas décadas en los estudios de posgrado, sino de un segundo nivel de universidades estatales y privadas donde, entre los numerosos motivos que los estudiantes esgrimen para tomar cursos de español, figuran el hecho de que si aprenden español no tendrán que empezar desde cero -porque ya tomaron algunos cursos en high school-, o un cierto buenismo que identifica aprender español con tener un gesto de solidaridad con algunas de las capas más débiles de la sociedad. Es muy raro encontrarse un estudiante universitario de español en una universidad estatal que estudie nuestra lengua porque piense que hay una literatura, cine, arte, ciencia, una cultura en suma, que valga la pena. Esta circunstancia es relativamente fácil de percibir cuando se comparan las opiniones de los estudiantes de español con las de estudiantes de otras lenguas como el francés o incluso el ruso.

En numerosas ocasiones el español se aprende de una manera mecánica, totalmente desgajado de la cultura de los países que lo hablan. Quizás sea, como ya advirtió Ramiro de Maeztu hace casi un siglo en su visita a Middlebury College, porque muchos de los profesores no son nativos de países hispanohablantes. En cualquier caso, se echa de menos algo del amor que estudiantes de otras lenguas más minoritarias sienten hacia sus lenguas y culturas de adopción.

Mucho me temo que el futuro del español en Estados Unidos dependa de eso. De la capacidad que tengamos no sólo los españoles sino el resto de hispanohablantes de promocionar y prestigiar la cultura expresada en español, pero sobre todo de generar ciencia y conocimiento en nuestra lengua.

El Instituto Cervantes está realizando una importante labor (que debería haber comenzado muchas décadas antes), pero sería incluso más deseable que hubiera grandes universidades en los países de habla hispana donde se produjera investigación de calidad, o colegios, como ya existen liceos franceses o alemanes, donde pudiera recibirse enseñanza en español, algo que ni siquiera ocurre en ninguna de las grandes ciudades estadounidenses. Desgraciadamente, en lo que se refiere a España, las bases de nuestro sistema educativo y la aquiescencia con la implantación de políticas lingüísticas discriminatorias del español en nuestro propio país indican que ninguna de estas circunstancias parece dibujarse en un horizonte próximo.

César García Muñoz es profesor de Comunicación en Central Washington University.

EL RUIDO DE LA CALLE
RAUL DEL POZO

En esta mañana soleada, tras el escarchazo, borbotea mi teléfono como un puchero de leche. Los huérfanos cantan los números de Navidad porque la suerte no está echada y hay allanamiento de lo mágico en la vida corriente. El azar era el destino, ¿o qué hacían los bandidos de Wall Street sino dejarse llevar por los golpes de cubilete? Mientras escribo miro de reojo los números y veo que los de EL MUNDO llevábamos el 73.365 y el Gordo ha sido el 32.365. «Hemos rozado el larguero», dice un compañero. Estamos en el país del juego, donde en otra época los tahúres se jugaban hasta sus cocheros. Yo mismo quería hablar de la crisis de la derecha y he tenido suerte. El teléfono me ha resuelto el artículo: he hablado con alguien del politburó de Génova; para el estrambote, he recibido la llamada de Florentino, como una pantera.

Los surrealistas hablaban del azar objetivo como una forma de manifestación de la necesidad. Los primeros surrealistas eran rojos, militaron en el materialismo dialéctico y pensaron que el arte, como la política, como las ruedas del sueño, están determinados por el azar y la necesidad. La política está reglada por la suerte, sobre todo en este año que muere y en el que empieza, cuando USA, analogía de la Gran Babilonia, la ramera del capitalismo, con sus bancos colgantes, ha sido y será un infinito juego de albures. Se jugó en una timba el dividendo del mundo, incluso el de los chinos, a los que los yanquis han engañado.

Ahí está el apostante Mariano Rajoy, que juega a tres loterías, la gallega, la vasca y la europea; de los resultados depende su futuro. Es muy posible que, como suele ocurrir después de las grandes depresiones, el caos se lleve a la vieja política y a los pobres líderes; no sólo quiebran bancos, pueden quebrar estados mientras los pobres como en el villancico gitano tendrán que hacer el portal con los cartones. Le pregunto a la laringe profunda del otro lado del teléfono si hay crisis, si habrá primarias, si como dice un periódico Rajoy dirigirá su propio entierro, si vuelve o no Rato. Me informa: «Las europeas pintan muy bien. Estamos tranquilos y optimistas. En las encuestas vamos por encima del PSOE con holgura; por eso están tan nerviosos. Quieren traerse a Almunia, están de Sebastián hasta las narices. El rollo de Rato: todo exageración».

Llamada de Florentino con enfado frío. Yo, le digo, no me meto con nadie; pero, dice él, conmigo sí. «Te han intoxicado. No estoy detrás de nada, no es mía la secretaria de la saca de votos por correo». Luego, Ramón me convence de que no es paranoico; es verdad: le persiguen.

Entre el remolino de los imbéciles, con vasos de plástico brindando por el Gordo, los labios del día me traen más sol, más llamadas

Etiquetas:

Links to this post:

Crear un enlace

Home

Estadisticas y contadores web gratis
Estadisticas Gratis

Visitor Map
Create your own visitor map!