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Actualización de madrugada

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Nombre: e-pesimo
Lugar: Cantabria, Spain

jueves 11 de diciembre de 2008

FIRMAS: Federico Jiménez Losantos, Isabel San Sebastián, Raúl del Pozo, Erasmos, Carmen Rigalt, Rafael Martínez-Simancas, José Guerrero Zaplana



COMENTARIOS LIBERALES
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS
'Guiñalcaba'

Pincha para oír en directo a Federico, o su último programaSería la madrugada, el sueño apenas aventado, el espíritu navideño o cualquier otra circunstancia poco favorable para el ejercicio neuronal, pero reconozco que, en un primer momento, el acercamiento de presos etarras a la tribu no me pareció catastrófico. Mal, sí, porque todo lo que no sea el cumplimiento íntegro de las penas me parece fatal. Pero después de cazar a los dos cabecillas de los pistoleros, Rubalcaba y su comando desinformativo me cogieron blandito o propicio a la comprensión. Parece mentira que llevando tantos años apagando fuegos nos olvidemos a veces de que siempre quema.

No obstante, la ventaja de estar sinceramente a favor de la lucha antiterrorista es que siempre acaba colocándote enfrente de Rubalcaba. La rebelión del sector crítico del PP (en la clandestinidad, claro; así se cumple el apartado de la Constitución que garantiza el funcionamiento democrático de los partidos políticos), que brama contra Trillo, y del sector nacional, que no pop, del PP vasco, que brama contra Oyarzábal, ha alertado las neuronas todavía no anestesiadas por el turrón contra la penúltima rubalcabada.

Algunos datos del asesino de Gregorio Ordóñez, el sanguinario Lasarte, han provocado la indignación de los aún fieles a María San Gil, pero sobre todo es la condición sórdida y embaucadora de la política dizque antiterrorista de ZP la que ha revelado sus falsedades. Y nos ha hecho bajar de golpe de esa pequeña nube de satisfacción en la que nos instala la Guardia Civil cuando caza etarras a saco en Francia. Mérito grande y fruto pequeño.

Si los asesinos etarras que acercan a casita por Navidad estuvieran todos contra la continuación del terrorismo, podría pasar, en efecto, por una tentativa de dividir a la banda. Pero yendo a la letra pequeña de la información, resulta que eso no sucede en todos los casos. Y eso nos lleva a concluir que, en realidad, los etarras arrepentidos son la coartada de Rubalcaba para mimar a los etarras sin arrepentir, que es con los que debe negociar el Gobierno según avisó Eguiguren en el diario favorito de Rajoy (el de Prisa, no el Marca) y confirmó ayer la ministra Salgado, a la que, por cierto, le dio ayer Rosa Díez un palizón dialéctico como para abandonar el cuadrilátero, colgar las botas, dejar los toros o ahorcar los hábitos, metáforas habituales tras recibir una panadera disuasoria.

El problema no sólo moral sino político de la estrategia del PSOE es que coincide con la de ETA: acumular fuerzas para negociar. Y así es imposible derrotar al terrorismo. Si cazas a los etarras en Francia pero los sueltas refinanciados, en los ayuntamientos, todo el esfuerzo policial se queda en nada, o en bastante menos. Temo que el númerito de los presos etarras sea sólo un guiño de Rubalcaba antes de sentarse de nuevo a negociar con los terroristas la falsa paz del tute. En vísperas de las elecciones vascas, claro está.



LA TRASTIENDA
ISABEL SAN SEBASTIAN
Odio en las venas

«Yo la he odiado a usted durante mucho tiempo y lo siento muchísimo...». La voz es joven, profunda. Una voz de mujer, con marcado acento vasco, que llega hasta mis oídos en el estudio de La Mirada Crítica enTele 5 a través del teléfono. Se dirige directamente a mí tras haber expresado su arrepentimiento por votar a Herri Batasuna y Euskal Herritarrok, respaldando así a los terroristas: «Me siento avergonzada por haber apoyado en algún momento la lucha armada» -confiesa, empleando la terminología propia del entorno al que dice haber pertenecido en su Guipúzcoa profunda natal-, «mirando hacia otro lado, tapándome los ojos y diciendo... bueno... Nadie merece morir por unas ideas. ETA está destrozando todo lo que podíamos desear alguna parte de Euskadi, como la independencia. Lo están estropeando de tal manera y creando tanto dolor que no, yo ya no puedo seguir votándoles».

La voz parece sincera. Deseo que sea sincera. Me aferro a ese anhelo ferviente mientras escucho sus palabras a la vez que desfila ante mí un rosario de imágenes fugaces, fogonazos que la memoria me envía, a traición, desde algún rincón oscuro en el que permanecían ocultas. Percibo de pronto todo el odio pasado de esa mujer, sumado a millares de odios rancios que me han golpeado directamente en los ojos al cruzar un paso de cebra en San Sebastián, caminar por cualquier calle de Irún o de Bilbao, o entrar en un bar del Zarauz de mi infancia. Y la sangre se me hiela, a pesar del calor reinante en el plató. Recuerdo ese odio, esos odios que siembran de sal el alma de nuestro pueblo, con un dolor tan hondo que no es capaz de abrirse paso hasta la boca y convertirse en verbo. No sé qué decir. Ya lo he escrito todo, pero de nada ha servido. ¿O acaso sí?

«Ahora solamente te veo como una persona que piensa contrariamente a lo que yo pienso» -continúa la voz, suave como el terciopelo-, «pero que tiene todo el derecho a pensar como piensa y yo a dejarte pensar así. Lo siento mucho. De verdad».

Yo también lo siento, créeme. Lo he sentido tanto como para abandonar la tierra en la que hundo mis raíces y buscar refugio frente al mismo mar y entre el mismo infinito verde, pero lejos del odio. De ese odio que asesina la convivencia antes incluso de asesinar a la persona y que, una vez descargado en forma de tiro en la nuca, intenta asesinar con saña la honra y el buen nombre del difunto. De ese odio que se vomita sobre gentes a quienes ni siquiera se conoce. De ese odio que envenena a los que odian y destroza la vida de sus víctimas.

Hoy ya no siento tu odio. Bienvenida a la libertad.

ZOOM
CARMEN RIGALT
La neurona de Eva
Las actrices no sólo necesitan guionistas para el cine. También para la vida real. Los libros vienen llenos de frases lapidarias que en su día pronunció gente tan burra como Marilyn o Zsa Zsa Gabor. En su gloriosa necedad, ellas comprendieron que para brillar con luz propia era tan importante llevar en el séquito un peluquero como un guionista.

No fue el caso de Mae West, actriz lenguaraz que tuvo la mala pata de nacer cuando el cine mudo. Mae empezó a demostrar su talento de guionista en las secuencias de la vida, rodeada de depredadores que le asediaban el felpudo. En cuanto tuvo oportunidad de desquitarse, se los merendó a todos. A Mae le debemos frases brillantes y demoledoras, divertidas, procaces. Algunas de ellas son ya inmortales y forman parte de nuestro lenguaje cotidiano. En un momento dado, a todos nos viene bien echar mano de Mae West y decir: «Cuando soy buena, soy muy buena, pero cuando soy mala, soy mejor». O esto otro: «Las chicas buenas van al cielo, y las malas, a todas partes». O incluso aquello: «¿Tienes una pistola en tu bolsillo o es que te alegras de verme?».

Ha llovido mucho desde Mae West. A lo tonto, tres cuartos de siglo. Durante este tiempo (y concretamente, en este país) el humor de contenido sexual ha estado refugiado en las revistas de variedades, donde cada chiste verde tenía el valor terapéutico de una sesión de psicoanálisis. La culpa no sólo era de la censura. El afianzamiento del discurso feminista también contribuyó lo suyo. A las mujeres no suele gustarnos el humor de entrepierna, elaborado con doble sentido y fijación única. Esa clase de humor prende entre bravucones y pajilleros. Unos lo celebran con carcajadas. Otros, con risitas.

Los nuevos actores y actrices viven la vida sin guión. Ellos practican los juegos de cama, pero huyen de los juegos de palabras. Aman el hiperrealismo, pero desprecian el humor. Eva Mendes pertenece a la última hornada de actrices americanas. Tiene un físico oscuro y contundente, magnífico, modelado según la vieja creencia de que las rubias no sólo son tontas (a pesar de Mae West) sino que encima lo parecen. Favorecida pues por su belleza primigenia y racial, Mendes triunfa en todos los continentes. Días atrás estuvo en España recibiendo el aplauso del público, que la piropeó como si fuera una virgen con arracadas. A la hora de marchar, en vez de dejarnos un guiño de recuerdo, nos dejó una cagadita aireada por la revista Esquire: «Pertenecer a un hombre es sexy», declaró.

Que me perdone Eva Mendes, pero no es momento para ensalzar las relaciones de dominio. Seguramente a ella le pone la testosterona (a mí también) y adora a los hombres que abrazan de un solo movimiento (yo más), pero está claro que le patinan las neuronas. O cuando menos, los verbos. Necesita un guionista.

INSOLENCIA PASAJERA
RAFAEL MARTINEZ-SIMANCAS
Moros y paganos
Desaparecidos Eistein y Newton, menos mal que nos quedan Teddy Bautista y Bernat Soria. Al presidente de la SGAE hay que reconocerle un talento recaudador digno de mejor causa; si la lucha contra el fraude fiscal la llevara Tedy Bautista, podríamos dormir tranquilos. Su enorme sagacidad no conoce límites. Primero se inventó un cuerpo de comisarios que se colaban camuflados en las bodas, quizá con pantalones cortos y voz atiplada, unos tipos que arriesgaban su vida catando infectos langostinos y alcoholes de dudosa reputación, (llevados por la obediencia bebida). Y más tarde no le ha temblado el pulso a la hora de poner una multa a las comparsas de moros y cristianos de El Campello, a los que no les cabe la eximente de ebriedad transitoria, reunión de amigos y exaltación de los cánticos regionales. Se supone que los derechos de autor se los dará a la familia de Boabdil 'El Chico', o en su defecto al club de partidarios de Isabel La Católica. Para que luego digan que disfrazarse y disparar unos tiritos al aire sale barato.

El otro talento nacional es el ministro de Sanidad, que ha descubierto que los jóvenes practican sexo (pero tranquilos, porque esta vez lo ha dicho sin taparse la boca con un suspiro, y sin que se le pusieran las mejillas color salmón). Con el firme propósito de reeducar a la juventud en el debido camino de la lujuria ordenada, les ha montado un vídeo-show a ritmo de hip-hop. Sólo falta que lo baile Ortega Cano en televisión con una gorra ladeada y esa gracia que Dios le ha dado.

Pero, además, Bernat Soria acusa a Esperanza Aguirre de romper España por la retirada de la vacuna contra el neumococo en Madrid. Podría haber sido algo más valiente y haberla acusado de fabricar bombas sucias cargadas de neumococos para repartirlas a las puertas de los colegios. Y nótese que lo dice sin alzar la voz, porque Soria es un tipo con la bata siempre inmaculada y el bolsillo abierto para colocar el bic.

De la unión de Teddy Bautista y Bernat Soria pueden surgir nuevas conexiones neuronales de gran interés. Por ejemplo: se llama a la Interpol y se solicita qué música silbaba Esperanza Aguirre cuando llegó al aeropuerto internacional de Bombay. Tampoco hace falta que sea la pieza entera, con un fragmento bastaría para que cobrase la familia del trompetista de El Séptimo de Caballería por los derechos de autor de esa obra.

Estamos ante un nuevo experimento de cargos intercambiables, quizá Zapatero podría utilizar a Teddy Bautista en la próxima remodelación del Gobierno. Entonces perseguiría a Esperanza Aguirre por regresar con unos calcetines a lo Amy Winehouse. Y Bernat Soria sería un espléndido presidente de la SGAE, que lucharía con ahínco contra la lujuria de los bailes de salón donde todo lo que no es melodía es tocamiento. La tercera edad no es inmune al virus del sexo, así que, a por ellos que corren poco.

ERASMO
Benach
Tal president del Parlament, sesenta visitas oficiales, cuarenta destinos, de Canadá a Corea, de Filipinas a Chile, tal frenesí viajero de este Livingstone atolondrado, tunante tuneado, autista. Sólo una Cataluña democráticamente averiada, sin mecanismos de control social del poder; sin prensa vigorosa, independiente, sin contrapesos que lo denuncien, lo explica. Un lince, el tal Ernest. ¿Lince? No. Halcón. (Viajes).

TRIBUNA LIBRE
JOSE GUERRERO ZAPLANA
Por qué sería mejor que los jueces no hiciéramos huelga

Cualquier juez que consulte la página web del Consejo General del Poder Judicial o su cuenta de correo electrónico puede comprobar cómo los ánimos en la carrera judicial están encrespados. Por ello, son muchos los compañeros que proponen una huelga para el próximo 18 de febrero. Así pues, yo quiero dedicar este espacio para justificar las razones por las que creo que sería mejor que no hiciéramos huelga.

Si pienso así no es por que las Administraciones públicas que nos gobiernan se hayan hecho merecedoras de esta consideración. ¡Poco hay que decir del ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo! Obviamente, ni nos representa ni nos apoya ni espero de él ningún beneficio para la carrera judicial. Respecto del nuevo CGPJ, se le están agotando los cien días de gracia y todavía parece titubeante. Me habría gustado verlo encabezando las reivindicaciones de los jueces, pero sólo he visto genéricas proclamas de apoyo con palabras huecas y, a la vez, veladas amenazas a los magistrados que tienen intención de ejercer su legítimo derecho a la huelga.

Pero, superando todo ello, sigo creyendo que no es bueno que los jueces vayamos a la huelga.

Es cierto que las condiciones en que muchos compañeros desempeñan su trabajo son impensables en otras Administraciones. No tenemos más que acudir a cualquier dependencia de Hacienda, de la Seguridad Social o de muchas comunidades autónomas para comprobar que las condiciones de trabajo de sus funcionarios son mucho más dignas que las que se sufren en muchos juzgados de España. Pero no podemos ocultar que en los últimos años esas condiciones materiales han mejorado, y lo siguen haciendo, aunque muy lentamente. ¿O acaso ya no nos acordamos de cuando en los juzgados no había más que armarios metálicos y máquinas de escribir Olivetti? Eso ocurría no hace aún 20 años en muchos juzgados (yo he trabajado, al menos, en tres de ellos). Por eso no se justifica, precisamente ahora, una huelga en reclamación de la mejora de las instalaciones y dependencias judiciales, aunque no se debe dejar de reclamar que sigan mejorando las condiciones de trabajo al mayor ritmo posible.

Si la huelga tuviera como origen la desatención del Consejo General del Poder Judicial a las verdaderas necesidades de la carrera judicial habríamos tenido con anterioridad muchas ocasiones para hacer huelga, puesto que los jueces hemos padecido varios consejos más ocupados en el reparto de cargos que en el prestigio de la carrera judicial.

Yo quiero creer que los ciudadanos esperan de la Justicia que atienda sus reclamaciones y quienes la impartimos debemos ser esos funcionarios (y, a la vez, miembros de un Poder del Estado) imparciales, independientes y profesionales a los que confiar la solución de los conflictos. Además, se nos supone una alta cualificación y preparación y una altura de miras superiores a las de algunos otros trabajadores o funcionarios. Por lo tanto, si nos ponemos en huelga, ¿qué apoyo le queda al conjunto de la ciudadanía? Considero que la huelga no sería bien entendida y que consumiría el poco prestigio que le puede quedar a la carrera judicial ante los ciudadanos.

Cabe recordar, por ejemplo, esas huelgas de pilotos de avión en las fechas más complicadas de las vacaciones. Aunque pudieran entenderse sus reivindicaciones, los ciudadanos las percibimos como una pataleta de empleados de alto standing en reclamación de la mejoría de lo que ya parece inmejorable. ¿No pasará algo así con la huelga de los jueces? ¿Cómo se explicará a los ciudadanos que lo que lo que se pretende es mejorar el servicio público de la Justicia sin que se interprete como un movimiento egoísta de simple reivindicación personal? ¿No habría otro modo de hacer las cosas?

No podemos olvidar que el juez, por las peculiaridades de su función, desarrolla su trabajo en condiciones distintas a las de otros funcionarios: es absolutamente independiente, tiene un nivel de autoorganización mayor que otros funcionarios, etcétera. Estas peculiaridades (que no privilegios) tienen como contrapartida una mayor exigencia de responsabilidad y dignidad en el ejercicio de su función. Siempre he creído que la sociedad exige a los jueces trabajo bien hecho y responsabilidad, pero a cambio le ofrece una alta consideración y estima y creo que este intercambio se arruinaría ante una huelga de jueces.

Además, no podemos obviar una circunstancia temporal que perjudica enormemente la oportunidad de esta huelga: me refiero a la coincidencia con el asunto del juez del caso Mari Luz. ¿Cómo podremos defendernos de quien tacha nuestras reivindicaciones de corporativas? ¿Por qué no lo hicimos antes cuando los mismos motivos de queja ya existían hace meses, cuando no años?

Personalmente, comparto absolutamente todas las reivindicaciones de los que proponen la huelga: es cierto que las condiciones de trabajo deben mejorar, la oficina judicial debe implantarse, son urgentes mejoras legislativas, las retribuciones deben dignificarse y revalorizarse, debe favorecerse la conciliación de vida laboral y profesional, etcétera. Pero una huelga como la planteada debería sustentarse en uno o dos agravios (no en un catálogo general de reivindicaciones) y de intensidad suficiente para justificar una huelga desconocida en la historia de la carrera judicial.

Yo propondría alguna solución más imaginativa y que no atentara al ya mermado prestigio de la carrera judicial. Por ejemplo, ¿por qué no trabajar sólo hasta el límite marcado por los módulos para llamar la atención sobre el retraso acumulado que eso generaría? ¿Por qué no explicar a la opinión pública que los volúmenes de entrada de asuntos superan en mucho el máximo asumible? (quizá esto lo debiera explicar el CGPJ, pero si no lo hace, hagásmolo uno a uno cada juez en nuestro ámbito territorial mas cercano). También sería bueno exigir a las asociaciones judiciales un programa común de reivindicaciones, dejando al margen celos y rencillas que son impropias en momentos cruciales como el que nos está tocando vivir.

En fin, quedan casi dos meses para el 18 de febrero, tiempo suficiente para que las cosas cambien: que el CGPJ encabece de verdad nuestras reivindicaciones, que éstas se concreten a lo verdaderamente inasumible y que no admite demora, que se fortalezca la unidad de la carrera judicial ante el reto que tenemos a la vista, etcétera. Si todo ello se produce creo que podríamos evitar una huelga que, en mi opinión, cualquiera que fuera su resultado, no beneficiaría a nadie.

José Guerrero Zaplana es magistrado de la Audiencia Nacional.

EL RUIDO DE LA CALLE
RAUL DEL POZO

El bombo

Voy a comer patatas a la importancia al Comedor del Prado en un día helado como una losa. Veo las palomas sombrías en la estatua de Calderón y de Federico. En la Plaza de Santa Ana, entre la taleguilla de Manolete colgada del balcón del hotel Victoria y el Teatro Español, se forma una cola búlgara alrededor de la administración donde compró el décimo que llevaba en la mortaja Max Estrella. En estos días el Estado vende el condón para evitar el bombo y luego pule el mismo bombo.

Desde Babilonia sabemos que la virtud moral de la lotería es nula porque induce a la esperanza, hermana del sueño. Pero la suerte es una de nuestras costumbres bárbaras, un mangoneo organizado por el Estado, el peor garitero; se juega desde que Esquilache convenció al Rey Carlos III de que se celebraran rifas para sufragar obras públicas. Los otros ministros, bizcos y amigos de Voltaire, proponían vender las coronas de las vírgenes, las alhajas de los santos, los tesoros de la Iglesia para hacer universidades y caminos reales. Fue más tarde, en 1812 con la Pepa, cuando empezaron los bombos.

Los dueños de los casinos se quedan con el cero; los de la Lotería Nacional mangan, además del 30% de lo jugado, los premios de los décimos que no se venden. El Gobierno no puede prohibir la lotería, cosa tan peligrosa como prohibir los toros, pero sí podría hacer algo para que no estafen a los ilusos. Los ludópatas rehabilitados de Andalucía exigen que se retire el anuncio de la Lotería de Navidad. Los jugadores arrepentidos primero se autoexcluyen prohibiéndose en los casinos y en los bingos y, por fin, descubren quién es el gran garitero del tabaco, las tragaperras y los condones. A los ludópatas les ha peinado la dopamina del cerebro; como los viejos bandidos, han terminado al lado de los migueletes. Aquí el que no da el cante no mama; protestan contra el fastuoso anuncio del sorteo, que magnifica el humo de la suerte.

«Anímate». «Entra en juego». El Gordo ha sido lanzado este año como un candidato electoral. Al calvo le han dado puerta por inglés; también han eliminado el blanco y negro para que los primos no asocien la lotería con Franco. Llega la bruja en los días que los psiquiatras diagnostican la depresión de Navidad, cuadros de estrés, de melancolía, de ansiedad. Hasta Larra llegó a casa borracho porque odiaba la lotería y el número 24: luego se pegó un tiro, aunque esperó a febrero. Los ludópatas rehabilitados de Andalucía piden la retirada de un anuncio que fomenta el vicio en época de recesión. Los del Gordo están convencidos de que este año comprarán décimos hasta las piedras mientras Cervantes, enterrado entre 21 monjas en el Convento de las Trinitarias, burla en su sarcófago con las hermanas descalzas en este barrio de garitos donde los poetas de oro llevaban sotana por sotas.

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