ECONOMÍA: Casimiro García-Abadillo: A FONDO

A FONDO
Conversación privada sobre el 'caso Madoff'

Mi fuente se dedica a gestionar fondos de renta fija para instituciones financieras. Ha trabajado muchos años en Nueva York para bancos de inversiones. Vive en Madrid, no muy lejos de donde tiene su domicilio Andrés Piedrahita. Entre los inversores que suelen recurrir a él en ciertos momentos está George Soros.
No les diré su nombre. El prefiere mantener el anonimato. Tampoco su nombre les diría nada. No es una persona conocida. No asiste a muchas fiestas y sus amigos forman parte de un reducido grupo de personas con las que mantiene relación desde que era un chaval.
Lo que sí les adelanto es que del negocio del dinero sabe mucho, y la prueba de ello es que le va muy bien a pesar de cómo está el patio.
Mi fuente conocía de la existencia del mito Madoff desde hace mucho tiempo. Hace 10 años invirtió en uno de sus fondos 100.000 dólares, tan sólo para ver si, efectivamente, la cosa era tan segura como se decía en los círculos más informados. Desde entonces, hasta ahora, los rendimientos no han variado de un margen del 10% al 12% anual. Y eso que han sucedido cosas en los últimos 10 años: explosión de la burbuja tecnológica; 11 de septiembre; hipotecas subprime... Nada, como un reloj, tic-tac, los intereses ingresaban en su cuenta cada mes.
En 2001, nuestro hombre fue a las oficinas del Fairfield Greenwich Group (el fondo que, desde hace cuatro años, comercializa Piedrahita en España) en Nueva York. Se pusieron exquisitos. Si quería entrar en Fairfield tenía que comprar participaciones en otros fondos que vendía la firma.
Lo que más llamaba la atención a mi interlocutor era conocer en qué se basaba el secreto de Madoff para lograr una casi nula volatilidad pasara lo que pasara en el entorno.
«En el fondo», me confiesa, «un gestor cree que su éxito está en ser más listo que el mercado: eso es lo que vendemos a nuestros clientes».
O sea, que Madoff había logrado lo que todo el mundo lleva buscando durante decenas, tal vez centenares, de años: ganar dinero siempre pase lo que pase.
Fue la curiosidad o tal vez la sana envidia la que llevó a nuestro experto a indagar aquí y allá para conocer el truco.
Por fin logró información precisa de las personas de Fairfield que decían conocer el sistema. Lo que hacía Bernard Madoff, le confesaron, era operar con opciones de compra (call) y de venta (pull) de los 25 títulos más líquidos de la Bolsa de Nueva York. Madoff se ahorraba el bid offer spread en la compra venta de opciones y ese ahorro le permitía tener una especie de colchón para garantizarles las ganancias a los clientes.
Es decir, era como si un mayorista renunciara a la ganancia de su margen para tener más contentos a sus clientes.
Le dijeron que con la comisión que cobraba como gestor (el asset management fee), que representa entre el 1% y el 1,5% del volumen de inversión que gestionaba, tenía suficiente.
«Pero yo no conozco a ningún judío, ni a ningún cristiano tampoco, que regale el dinero», dice con socarronería.
Algún malicioso le susurró que Madoff también hacía lo que en el argot bursátil se llama front running: cuando su firma recibía órdenes voluminosas de compra o de venta, él se posicionaba primero para comprar o vender y así aprovecharse de la subida o de la bajada de los títulos que esas órdenes iban a provocar en el mercado. En fin, una forma segura y eficaz de ganar dieron con información privilegiada sin que te pillen.
Pero nuestro hombre lo intentó desde el punto de vista teórico y los números nunca le salían. Porque, además de todo eso, para que surtiera efecto la fórmula, tenías que acertar siempre con la tendencia del mercado.
Y eso es prácticamente imposible. «Los hedge funds son como una orgía en la que entras con los ojos tapados. Nunca sabes lo que va a pasar», bromea mi fuente.
Por mucho que uno sea muy listo, siempre hay algún momento en el que se equivoca. Y Madoff no se equivocaba nunca, ni siquiera en ese proceloso mundo de los hedge.
Los ranking de fondos más rentables del mundo son como la canción del verano. Cada temporada cambian. Lo que demuestra que no hay nadie que pueda mantener elevados índices de rentabilidad de forma permanente.
Es más, advierte mi fuente tirando piedras contra su propio tejado: «A la larga no hay ningún fondo tan rentable como el índice de la Bolsa».
O sea, que Madoff no es que fuera el más listo de Wall Street, donde están los más listos de todos los listos del planeta, sino que montó un sistema que consistía lisa y llanamente en engañar a sus clientes haciéndoles creer que podía darles rentabilidades más modestas que otros pero más seguras en el tiempo.
¿Por qué lo hizo? «Yo no creo que lo hiciera para ganar mucho dinero. De hecho, por lo que se sabe, su fortuna ahora no pasa de los 300 o 400 millones de dólares. Eso no es nada teniendo en cuenta el volumen de dinero que movía. Más bien creo que lo hizo por el reconocimiento social que conlleva ser el responsable de una firma de prestigio que ha hecho ganar dinero durante muchos años, que tiene una clientela fija y que aparece ante la sociedad como un benefactor que, además, dona su dinero para causas justas».
De hecho, si no le hubieran reclamado de repente el reembolso de 7.000 millones de dólares tal vez nunca se hubiera descubierto el pastel. Un pastel que, por lo que parece, ni siquiera sus hijos conocían.
Pero en el asunto Madoff aún nos faltan muchas cosas por conocer.
Sólo sabemos, como decía el gobernador del Banco de España, Miguel Angel Fernández Ordóñez, en la entrevista que publicaba ayer El País, lo que ha contado él: «Y lo que cuenta un delincuente vale poco».
Nuestro hombre se hace una pregunta: «¿Qué ocurría con el dinero que entraba en Madoff. Al margen de pagar la rentabilidad, ¿dónde iba el resto? ¿Cuáles eran las cuentas bancarias donde se ingresaba ese dinero? ¿Había ingresos financieros? Es imposible que se hayan esfumado 50.000 millones de dólares así como así».
Otra pregunta interesante es saber quiénes estaban al tanto de la trama fraudulenta.
¿Es creíble que ni siquiera sus hijos -que son los que han denunciado el caso ante el FBI- lo supieran?
Es más: ¿Es creíble que su socio desde hace más de 20 años, Walter Noel -el creador de Fairfield Greenwich-, no supiera nada de nada?
Uno de lo hombres que conoce a Piedrahita y que ha tenido la suerte de no caer rendido ante sus encantos bromea: «Al final, los ricos españoles son los que han soportado durante los últimos años la pirámide de Madoff. Cuando habían engañado ya a los ricos de Nueva York y de Londres vinieron a engañar a los españoles, que son bastante pardillos».
Si nuestra fuente, finalmente, no recomendó a sus clientes entrar en Madoff porque no se fiaba (como hizo también, por cierto, Credit Suisse), ¿por qué otros gestores creyeron en Madoff sin preguntar?
Más aún, de todo el dinero perdido por los multimillonarios en esta aventura, ¿qué porcentaje es dinero blanco y qué parte es inconfesable para Hacienda?
CRISIS FINANCIERA / Los créditos para vivienda se hunden un 38%, los de consumo, un 25%, y los destinados a empresas, un 7,8% / Bancos y cajas achacan el recorte a que existe menos demanda y menos garantías de solvencia
La banca presta un 11% menos que en 2007 pero casi un 10% más caro
Las tasas aplicadas a los préstamos de menos de un millón sube del 6,21% de 2007 al 6,97% actual - Las cajas, las que más cierran el grifo
JUAN EMILIO MAILLO
MADRID.- En las últimas semanas, no pasa un día sin que algún dirigente político, da igual el color que tenga, o un representante de una asociación empresarial, reclame a los bancos y cajas de ahorros que vuelvan a dar créditos a familias y sociedades. Las cifras oficiales del Banco de España revelan, ciertamente, que la concesión de créditos este año es inferior que la del ejercicio pasado, pero, sobre todo, lastrado por el desplome del mercado inmobiliario.
En conjunto, familias y empresas han recibido entre enero y octubre 931.439 millones de euros en nuevas operaciones de crédito. Una cifra superior al 90% del PIB del país. Pero el pasado año el saldo hasta ese mismo mes superaba el billón de euros, hasta rozar los 1,05 billones. El descenso es del 11,2%, aunque superior en el caso de las cajas de ahorros (-19,1%) que en el de los bancos (-8,9%).
Las cajas han suscrito entre enero y octubre préstamos por valor de 318.115 millones de euros, por debajo de los 501.382 millones de los bancos. El resto del dinero que falta para completar los 931.439 millones totales procede de los establecimientos financieros de crédito y las cajas rurales, pero el Banco de España no desglosa sus datos.
El problema viene con la comparación. España había vivido, como el resto del mundo, a costa de un dinero barato e ilimitado. Así, los nuevos créditos concedidos a empresas ascendieron en 2007 a 990.527 millones de euros. En 2003 el importe fue de 719.325 millones. El crecimiento anual acumulado roza el 10%.
Pero en 2008 el mundo ha cambiado. Por un lado, ya no se aceptan préstamos con la alegría de antes. Por otro, se cobran más caros. La tasa aplicada es del 6,97% para créditos de menos de un millón de euros (6,21% en octubre de 2007) y del 5,65% para los que superan esa cantidad (5,21% un año atrás). En resumen, algo más de un 9,1% más caros
Las entidades inciden en dos problemas a la hora de conceder nuevos préstamos: por un lado, que reciben menos peticiones, sobre todo de familias; por otro, que la solvencia no es la misma que se tenía antes. Hoy, las empresas tienen una amenaza de recorte de ingresos e incluso de cierre que no se vislumbraban un año atrás. Y, además, la banca tampoco tiene asegurada su financiación, ya que los mercados siguen cerrados.
La queja política radica en los 250.000 millones puestos sobre la mesa por el Gobierno para ayudar al sector. Son 200.000 millones en avales (que no se han puesto en marcha) y de 50.000 para comprar activos. Pero la realidad es que los bonos y títulos adquiridos en las dos subastas celebradas hasta la fecha no alcanzan los 10.000 millones, una octava parte de lo prestado por bancos y cajas a empresas sólo en octubre.
La apuesta de las cajas es mucho más fuerte en el segmento de hogares, mientras que los bancos se vuelcan en las empresas, sobre todo en grandes préstamos. Entre enero y octubre las cajas habían prestado a las familias 71.696 millones de euros, frente a 64.008 millones de los bancos. Eso sí, la contracción es más fuerte entre las primeras, del 32,6%, que entre los segundos, del 28,5%.
Y eso que los bancos parecen huir de financiar la compra de vivienda. Los créditos otorgados para este fin hasta octubre han caído un 41,2%, al pasar de 44.056 a 25.883 millones de euros. Las cajas, mientras, han dado a las familias 42.664 millones para comprar pisos, un 38,5% menos.
En la financiación a empresas, sucede lo contrario. Los bancos han otorgado a sociedades no financieras préstamos por importe total de 437.374 millones de euros, apenas un 5,1% menos que en igual periodo del año anterior. El grifo se ha cerrado con más fuerza para las pequeñas que para las grandes empresas. Así se desprende de un descenso del 9,6% en los créditos de importe inferior a un millón de euros, frente a la caída de sólo un 2% en los de cuantía superior a la citada. En cuanto a las cajas, sus préstamos a empresas totalizan 246.419 millones (-14%), con un frenazo del 9,8% en los créditos de menor importe y del 16,5% en los de más de un millón de euros.
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