FIRMAS: Isabel San Sebastián, Erasmo, Lucía Méndez, Manuel Hidalgo, Arcadi Espada, Antonio Lucas, Jose María Tojeira,

LA TRASTIENDA
ISABEL SAN SEBASTIAN
No son imbéciles
Ya tiene forma y factura ese delirio zapateril conocido como Alianza de Civilizaciones. No se trata de un acuerdo con garantías para asegurar la educación en igualdad de las niñas en los países musulmanes o la verdadera tolerancia religiosa (ahí está el caso de la madre Maravillas para atestiguarlo), sino de una capilla laica con pretensiones suntuosas y coste multimillonario. Ya tiene el presidente visionario su peculiar monumento a la megalomanía, financiado, en buena medida, con el dinero de todos, y, hasta 500.000 euros, con el que debería haber servido para promover el desarrollo de esos paises en los que, cada año, mueren nueve millones de niños por hambre o enfermedades fácilmente erradicables mediante una simple vacuna. ¡Esto sí que es progresismo!
La nueva «Sixtina» de Moratinos (otros la han bautizado ya como la «obra cumbre del gotelé») representa para España, a decir de Zeta, la mejor demostración de su «energía y confianza en sí misma», amén de la plasmación de su «realidad dinámica, rica e imaginativa». ¿Quién dijo crisis? Aquí atamos los cerdos con longanizas, siempre que las longanizas salgan de los bolsillos de los ciudadanos de a pie y que la elección de cerdos corresponda a quien los administra.
Como dice el refrán castizo, de bien nacidos es ser agradecidos, y el inquilino de La Moncloa tiene mucho que agradecer a sus intelectuales y artistas de cabecera. Cuando él les necesitó, en vísperas de su comparecencia ante las urnas, ellos le respaldaron con ese célebre manifiesto «en defensa de la alegría» y contra «la turba mentirosa y humillante que piensa, desde su imbecilidad, que somos más imbéciles que ellos». Entre los firmantes del escrito estaba el agraciado hoy con ese encargo solidario (apenas mil millones de las antiguas pesetas en concepto de honorarios) que atestigua tanto la imaginación de nuestro Gobierno como la austeridad de la ONU. Una cosa queda clara, sin embargo. Imbéciles no son los alegres compañeros de la ceja en alto. Imbéciles, lo que se dice imbéciles, debieron ser gentes como José María Sert, que donaron su arte gratuitamente para decorar la sala del Consejo General de la antigua Sociedad de Naciones, en 1936. Imbéciles son, al parecer, quienes contribuyen con sus ahorros y desde el anonimato a financiar los distintos organismos humanitarios que tienen su sede en Ginebra, y no digamos quienes apoyan públicamente a un partido «gratis et amore», o incluso con grave desgaste para su persona y reputación, si se trata de un partido de derechas. ¡Ellos son unos linces!
TRIBUNA LIBRE
LUIS ANTONIO DE VILLENA
Razones y sinrazones de la prostitución
Se ha dicho -acaso con razón- que la prostitución (posiblemente con la caza) es «el oficio más viejo del mundo». En España las mancebías o casas de lenocinio fueron legales hasta 1956. Quien esto escribe -niño aún- recuerda colas de soldados en ciertos establecimientos, y a la muchacha de casa, que sin que yo lo entendiera (nada me explicaba) decía: «No mires». Ahora la vigente corrección política no sabe qué hacer con el tema, y se diría que tampoco mira con demasiadas anteojeras. Para afrontar el fenómeno de la prostitución -femenina o masculina- hay primero que diferenciar pecado de delito. Obviamente, para católicos y cristianos la prostitución es un pecado, pero también lo es acostarse con la novia sin estar casado. El legislador (que ha de ser laico, pues legisla para todos) no puede confundir pecado -una falta religiosa- con delito, que es un daño o un mal social.
Hay dos temas asociados con la prostitución que claramente son delito: el proxenetismo y la trata de blancas. Por lo primero entiendo obligar a prostituirse a mujeres que no desean hacerlo, y por lo segundo (aunque suele andar muy vecino), el hecho de que una mujer trabaje con su cuerpo para un hombre que la explota. Lo que se dice afrancesadamente un macró, o en español castizo, chulo. Haya falta mayor o menor, lo cierto es que nadie dudará que en esos casos de explotación y extorsión hay delito y debe como tal perseguirse.
Pero, ¿qué ocurre con la mujer o el hombre que voluntariamente desea alquilar su cuerpo, con las trabajadoras del sexo, de las que ya habló Gutiérrez Solana? La respuesta del puritano (de fondo religioso) suele ser contundente: no hay tal cosa. Nadie es puta por vocación. Quizá por vocación no -aunque mucho cabría matizar- pero sí por necesidad de vida. ¿Se es picador de mina por vocación? ¿Se friegan suelos por vocación? Hay muchos -muchos- trabajos duros en los que la palabra vocación carece de sentido. Se es albañil o taxista (a veces doce horas de curro) porque la vida te ha llevado ahí. No por vocación. Pero hay mujeres -y hombres- que prefieren alquilar su sexo en lugar de encallecer sus manos. Es una opción. Ni recomendable ni punible. Algo que debiera hacerse en el estricto ejercicio de la libertad individual. Pero ocurre que el fondo religioso tradicional que vive en muchas de nuestras opiniones, a veces subconscientemente, sigue la axiología, es decir, la teoría de los valores, que las religiones semíticas han otorgado a las partes del cuerpo: alquilar tu cerebro para trabajar es nobilísimo, alquilar tus manos (arar, pescar, trabajar en la mina o cargando sacos) es muy noble, por más que sea durísimo, pero alquilar el sexo -sólo otra parte del cuerpo- es abyecto.
Como vemos esto no es sino un resabio del cristianismo. En la Antigüedad pagana hubo santuarios donde existía la prostitución sagrada. Estas mujeres que los griegos llamaron hieródulas se ofrecían gratuitamente para hacer el amor con el visitante del templo famoso. Por ejemplo en los cultos a dioses y diosas del amor y la fertilidad que se adoraban en el hoy egipcio oasis de Siwah...
En realidad, no hay sino un problema de organización de la libertad individual desde un espíritu aconfesional. En una moderna sociedad libre, la prostitución debiera ser legal, como pide el colectivo Hetaira, integrado por trabajadoras del sexo, que declaran hacerlo voluntariamente. De ese modo, se quitaría la prostitución de la calle, que ni es bonito ni sobre todo digno, y se podría ofrecer a prostitutas y clientes lugares con higiene, cuidados médicos, seguridad social y la certeza (para lo que podría firmarse un documento) de que quien desea trabajar con el sexo no está obligada por nadie, es mayor de edad y autónoma en su desempeño. Luego vendría lo de siempre -aunque el fenómeno perdería visibilidad y escándalo-: el que quiere va y el que no quiere no va...
Es moda culpabilizar a los clientes, hay oferta porque hay demanda, como en todo. Pero pocas frases tan inocentes como ese eslogan que se pretende usar en contra de los tales: ¿Tan poco vales? Está mal formulada la pregunta. El cliente que frecuenta la prostitución a veces busca sexo rápido. Hacer en unas horas y sin secuelas lo que en un cortejo normal (que suele presuponer fines amorosos) tardaría días o semanas. Hay hombres mayores que acuden a la prostitución porque si buscasen sexo o compañía con una chica guapa -sin dinero-, literalmente, no se comerían una rosca. Esto es más notorio en parte del colectivo gay, donde con frecuencia un hombre poco después de los 40 es ya un carroza.
El mundo interno de la prostitución es muy complejo, pero el tipo de cliente tímido y acomplejado (¿tan poco vales?) no es, desde luego, el mayoritario. Si la sociedad funcionase a la perfección, también en la intimidad y la psicología de cada uno, acaso la prostitución fuera innecesaria. Pero no es el caso: parejas rotas, deseo de sexo sin amor, búsqueda de compañía sentimental, necesidad de romper una rutina... Todo eso lo cubre una prostitución digna, que a veces pasa casi desapercibida, como las famosas queridas de la época de nuestros padres y abuelos en un mundo altoburgués, donde el señor llegaba a veces a formar una segunda e ilegal familia. Ello provenía, a menudo, de retirar a una chica. Dejarla sólo para ti, con amor y dinero a la vez. En Cuba decían a eso sacarla a particular, es decir, la chica dejaba la casa común para irse con su protector. Generalmente no se habla de estas viejas prácticas, que hoy siguen existiendo de otros modos, cuando se nombra el término prostitución. También suele ignorarse que, a partir de la emancipación femenina, muchos chicos tienen clientas (no sólo clientes), generalmente mujeres de mediana edad y buena posición económica. A menudo, casadas también, como otros...
Tampoco relacionamos con la prostitución (al menos públicamente) a mujeres muy elegantes y preparadas que se lían una temporadita con caballeros de alto standing. Por supuesto, en esos casos no se paga el acto sexual concreto, sino el conjunto, que a ojos exteriores hasta puede parecer un idilio (ella siempre muy guapa) aunque su base, quizá no única, evidentemente está en el dinero y los regalos de moda y joyería... Al hablar de esto, todos pensamos en algún nombre concreto y respetable. No pensamos en putas de esquina, claro es.
Se dijo que las llamadas demi-mondaines (Carolina Otero, Cleo de Mérode, Liane de Pougy), hermosísimas y sofisticadísimas mujeres, eran algo del pasado, un fruto extinto de la Belle époque, pero las semi-mundanas siguen existiendo aunque, quién lo diría pues nos tenemos por más libres, se tapan más. Que antes no ocultaban su condición de insignes hetairas lo dice su nombre mismo. No eran mondaines (mundanas) señoras de su casa con título o muchos valores, sino sólo demi-mondaines, es decir, medio mundanas, precisamente por su oficio, trabajado con esplendor pero no secreto.
Insisto: estamos (para legalizar la prostitución) sólo ante un problema del uso de la libertad individual -que es la libertad genuina, en la que se apoya la colectiva- dejando de lado múltiples prejuicios casi todos de origen religioso (aunque cada cual hará lo que quiera, como debe ser) y de ese modo ante la posibilidad de erradicar de un oficio regulado -trabajadoras del sexo- el proxenetismo y la trata de blancas, obvios males como quedó dicho. Persigan al proxeneta y al mafioso, no a quienes libremente y de común acuerdo alquilan su cuerpo por dinero. Un gran poeta inglés (catedrático universitario de latín), homosexual, que en Inglaterra se contenía por la severidad a principios del siglo XX de sus leyes antihomosexuales, pagaba en sus viajes a chaperos de otros países. Hablo del gran A. E. Housman (1859-1936), que siempre pensó bien de los chicos que le ayudaban a estar menos solo y más contento, y a los que alude en este bello poema de doble sentido: «Epitafio para un ejército de mercenarios. Estos, el día que se derrumbaba el cielo, / en la hora en que se hundían los cimientos de la Tierra, / siguieron siendo mercenarios: / recibieron sus pagas y están muertos. / Sostuvieron el cielo suspendido de sus hombros: / porque ellos resistieron, resisten los cimientos de la Tierra. / Lo que abandonó Dios, ellos lo defendían / y lo salvaron todo por dinero». Más claro...
Luis Antonio de Villena es escritor, colaborador de EL MUNDO y responsable del programa La/s acera/s de enfrente , de Radio 5 de RNE.
ERASMO
HairN.Y. Times: triunfa el look de Donald Draper (Jon Hamm), serie televisiva Mad Men, pelo y gomina (grease), tan años 60, maldades y aposturas kennedianas en su agencia de Madison Avenue. Y Txapote et al en la Audiencia Nacional, ETA, también new look: chulos, matón de kale, militar pelo rapado de marine. Mas descubren keratinas, proteínas del pelo en reptiles prehistóricos. Bietan jarrai: La culebra y el hacha
ASUNTOS INTERNOS
LUCIA MENDEZ
La madre de Alvaro
Beatriz se dio cuenta enseguida de que el niño sería un trasto. Ya desde la cuna, Alvaro Jesús no paraba quieto ni un minuto, le tiraba del pelo a su prima y la hacía llorar. La madre de Alvaro es una mujer muy religiosa y ha rezado mucho en su vida por este hijo, el mediano. Beatriz le dio una vida muy cómoda, propia de una familia con recursos económicos. Al niño nunca le faltó de nada, si acaso le sobró de todo. Las ingeniosas ocurrencias y las gamberradas de Alvaro eran un continuo dolor de cabeza. Ella quería que su hijo fuera un hombre de prove-cho, como el padre, pero Alvaro estaba más interesado en la juerga que en el estudio. Los enfados, sin embargo, no le duraban mucho. Le era imposible resistirse a la luminosa sonrisa de Alvaro y a sus abrazos cuando venía a pedir perdón por haberse portado mal. El niño era irresistible, tan guapo, tan simpático, tan cariñoso... con un corazón de oro.
La madre de Alvaro Jesus le cambió muchas veces de colegio y en todos le castigaban. Incluso le metió interno una temporada. La adolescencia le llegó en el peor momento, cuando su padre enfermó y murió. La madre de Alvaro se refugió en su religión y el tío del muchacho tomó el relevo de discutir con él. El hijo perdió un curso. Pero ahora, a sus 18 años, Alvaro, sin dejar de divertirse a tope y de gastar bromas locas a sus amigos y a sus primos, estaba enderezando sus estudios. Estas Navidades quería regalarle a su madre la primera evaluación aprobada de Segundo de Bachillerato, un curso difícil. Las oraciones de Beatriz empezaban a dar resultado.
La madre de Alvaro nunca entendió que la única forma de divertirse para los chavales fuera salir de casa a la una de la mañana y volver a las siete. Pero lo aceptó resignadamente, qué remedio. Igual que supo también que su hijo se emborrachaba de vez en cuando. La vida moderna era así. Se había acostumbrado ya a un duermevela permanente los fines de semana, cuando Alvaro salía toda la noche a las discotecas más pijas del circuito madrileño. El Balcón era una de ellas.
La madre de Alvaro Jesús lleva flores a la tumba de su hijo desde hace una semana, cuando murió pateado en plena calle. Sabe que hay un hombre detenido por la muerte de su hijo, aunque no sabe quién contrató a este portero y para qué. Si Beatriz quisiera buscar a los dueños de la discoteca se encontraría con un fondo de inversión británico sin cara ni ojos. Y si indagara sobre la empresa que contrató al hombre que mató a su hijo, Fortesa, se toparía con un agujero negro. Detrás del detenido, sólo hay dinero fácil ganado a costa de los chicos. Millonarios sin escrúpulos.
La madre de Alvaro quiere que su muerte no haya sido en vano y ese deseo sí se cumplirá. Los amigos de su hijo se han movilizado en el Tuenti por Ussía, las autoridades han tomado cartas en el asunto y los porteros-matones y los dueños de las discotecas sienten el aliento de la ley en la nuca. Ya era hora. Pero qué pena. Para ello ha tenido que morir el niño de la sonrisa luminosa. Ussía, para sus amigos. Alvaro Jesús para su madre, siempre.
CABO SUELTO
ANTONIO LUCAS
Televisión
En la gran riada de estiércol de la tele en general, los de la Cinco desarrollan un instinto propio para rentabilizar la corriente fecal. El otro día presentaron el fiambre cetrino de Luis Roldán tras abonarle una tela y confirmar que la verdad aplazada de la corrupción cotiza más que la corrupción misma. Y ahora preparan el desembarco de Julián Muñoz en el plató de la cadena, ahorrándose la publicidad del asunto a cuenta del mosqueo de la Fiscalía Anticorrupción.
A uno y a otro les están pagando la minuta de los abogados, las deudas y las fianzas. Esto es España. La cadena disimula su mentalidad de mamachicho con un periodismo sin pedigrí, reporterismo de mortadela, con el mejor instinto para dar de lleno en el mal gusto, en la estupidez, en los peores saldos de la inteligencia.
Los de la Cinco convierten a los convictos por estafa en una suerte de drag queen de la delincuencia arrepentida. Apañan entrevistas para que estos quinquis hagan sus abluciones de tironero venido a más, pero al final no sueltan la pasta, ni aclaran el robo, ni anuncian quién anda detrás de la romería de los maletines o de la orgía de los solares.
Este garrafón periodístico de traer al golfillo y exhibirlo sale rentable. Es hacer falso hiperrealismo -quizá porque todo hiperrealismo es una mentira de lo real-. Se sienta en el sofá al robagallinas de turno y el mecanismo del éxtasis acelera en el espectador ese tertuliano que todos llevamos dentro, un día poseído por el farinellismo atolondrado de Miguel Angel Rodríguez y otro por el ardor pequeñín de María Antonia Iglesias. Ellos nos hacen sentir honestamente felices mientras la televisión descarta la estrategia dialéctica por la catastrófica. Y donde había palabras ponen insultos, escotes, curas desmelenados, el recurso de las dosespañas y tres vasos de agua.
Resulta inconcebible pagarle a un tipo para que cuente algo que ya deben saber los jueces. Pero la televisión, sobre todo la Cinco, ha confeccionado la sastrería catódica de Muñoz y ahora tiene que sacarle beneficio al traje. Será, si la entrevista millonaria llega a cumplirse, una exhibición de necedades donde nadie añadirá nada al sumario, que es lo que importa. La tele se hace con el apetito que desatan en el share estos clavelones rocieros que huelen a talego y a fracaso del malo, y hacen de la mierda de cada cual una suerte de higiene: su sola presencia parece que nos convierte en mejores.
Al desfalco sin resolver de roldanes y muñoces se suma el estraperlo de quienes les contratan para que escenifiquen en technicolor el asalto y aguanten unos insultillos del tercio periodístico habitual, tan previsible. La telebasura ya no son cuatro enteradas zurciendo las bragas de una quinta ausente, sino el responso en prime time de los analfabetos digitalizados, los triunfadores del butrón que surge en las letrinas de la democracia, los nuevos caciques.
La televisión no puede ser otra que la que es. Quizá porque está hecha de todos nosotros. Y en verdad siempre pasa el porno que nos mola.
SABATINA SABATICA
MANUEL HIDALGO
La purga Hay quien dice que esta crisis es algo así como un doble episodio de empacho y sobrepeso. El capitalismo sería un cuerpo devenido fondón por su gula incontinente y sus hábitos sedentarios. Había acumulado grasa y kilos, retenía líquidos, el perímetro de su tripa rebasaba medidas compatibles con la elasticidad, se fatigaba al andar, respiraba con dificultad, padecía hipertensión, presentaba papada y piel purpúrea. Había que ponerlo a plan. Los ilusos se han puesto a dar saltos pensando que se avecina el fin del sistema del mercado y creyendo que se vislumbra un nuevo resurgir del estatalismo protector e igualitario.
Y no es eso. La crisis tiene dos partes: un fenómeno de soponcio -cuando el cuerpo avisa de que algo va mal- y una inmediata puesta en práctica de una terapia purgante. El ayuno y la lavativa son fórmulas complementarias de una eficaz tarea de depuración. La lavativa se la están endosando a unos más que a otros, depende del lugar que cada uno ocupe en el cuerpo. Pero el ayuno se está extendiendo como tránsito obligado hacia el adelgazamiento, que es de lo que se trata. Si bien se mira, todo está adelgazando: adelgaza el consumo y el número de créditos, adelgaza el valor de las acciones, adelgazan las empresas mediante la evacuación a la calle de parte de sus empleados, adelgazan las compras de pisos y automóviles. Adelgazan hasta los periódicos. Adelgaza casi todo, excepto algunos precios, pero podría entenderse que los que engordan lo hacen con el objetivo secreto de disuadirnos de la tentación de engordar nuestro gasto.
Supongo que los economistas no explicarán así la naturaleza de esta crisis. Ni menos aún los políticos, que se ven obligados como siempre a reproches recíprocos que acaban por ocultar el verdadero cariz de todo acontecimiento.
Pero, en un arranque de optimismo, y entre la nebulosa de razones y sinrazones que los expertos nos dan para arrojar luz cegadora sobre la crisis, casi lo mejor es pensar que el cuerpo de la actividad económica ha decidido dar un aviso y autorregularse, desoyendo al tripartito de sus principales órganos rectores: el cerebro político, el corazón financiero y el estómago laboral.
Iban un poco por libre, cada uno a su bola y a su exceso, estos tres órganos capitales, y el cuerpo ha decidido tomar su propio camino, lo que incluye un cierto desorden escatológico: mezcla alternante de vómito, diarrea y estreñimiento. Ayunando, bebiendo mucha agua, tomando el aire y dando paseítos cortos seguidos de reposo, la cosa volverá a su ser y se recuperará el juego de cintura.
Lo tienen más crudo quienes, sabiéndolo o sin saberlo, integraban, en este organismo desaforado, la parte inerte de la grasa o del líquido sobrante. Creían ser proteínas y minerales, pero nadie les había dicho que el cuerpo no los metabolizaba correctamente.
Las dudas vienen de no saber a ciencia cierta si, como dijimos, el organismo ha abordado esta purga por instinto o si son otros organismos quienes han dado la orden.
EL MUNDO QUE VIENE
JOSE MARIA TOJEIRA
«Bastaría con obligar a los responsables del asesinato de Ellacuría a trabajar dos años en el campo como pobres»
ESTE JESUITA ESPAÑOL, PERO SALVADOREÑO DE CORAZON, ES EL RECTOR DE UNA DE LAS MEJORES UNIVERSIDADES DE LATINOAMERICA. INFUNDE RESPETO Y ADMIRACION A PARTES IGUALES, TANTO POR SU LUCHA EN FAVOR DE LOS MAS POBRES COMO POR SU EMPEÑO EN QUE LOS AUTORES INTELECTUALES DEL ASESINATO DE ELLACURIA Y OTROS CINCO RELIGIOSOS ACABEN SENTADOS EN EL BANQUILLO
JACOBO GARCIA
CARGO: Rector de la Universidad Centroamericana (UCA) de El Salvador / EDAD: 60 años / FORMACION: Teólogo / CREDO: Católico / AFICIONES: Ir a Vigo en verano / SUEÑO: Que se haga justicia en el asesinato de Ignacio Ellacuría y otros cinco jesuitas
Por el césped del modesto campus de la Universidad Centroamericana en San Salvador los estudiantes van y vienen bajo un calor pegajoso. Se trata de jóvenes de familias bien, capaces de pagar la mejor universidad privada y religiosa de Centroamérica. Es la peculiar paradoja de una Universidad de la que, durante décadas, salieron los mejores teólogos del continente para llevar la revolución y los crucifijos a las aulas, a los altares y a las tierras de cultivo. Pensadores del papel de la iglesia que hicieron de este pequeño recinto universitario el más intenso agitador de conciencias y azote de tiranías latinoamericanas.
Premio Príncipe de Asturias de las Humanidades en 1990, la UCA es la única Universidad del mundo que cuenta con una sala de los mártires. Y la única también en la que los dos últimos rectores han sido asesinados. Así, provoca una sensación de respeto entrar en el despacho de José María Tojeira. Sólo el mobiliario y la camisa de cuadros que él viste hablan del ayer. Tojeira reemplazó como rector a Ignacio Ellacuría, ejecutado en 1989, junto otros cinco religiosos. El jesuita vasco sustituía a su vez al sacerdote Rutilio Grande, también asesinado en 1977.
Tojeira, con una sonrisa perenne, habla de los problemas de siempre: las desigualdades, la pobreza y su deseo de justicia en el asesinato de sus compañeros. El pasado jueves 13 de noviembre dos organizaciones en defensa de los derechos humanos presentaron en Madrid, ante la Audiencia Nacional, una querella contra el ex presidente Alfredo Cristiani y 14 militares salvadoreños por el asesinato de los seis sacerdotes jesuitas. Las dos organizaciones, con sede en España y Estados Unidos, basaron su reclamación en que cinco de estas víctimas eran españolas y en el principio de Justicia universal, el mismo que en su día permitió el arresto de Augusto Pinochet. La querella fue interpuesta en nombre de Alicia Martín-Baró, religiosa carmelita y hermana de una de las víctimas.
Pero hasta en eso parecen llevar la contraria los jesuitas de la UCA, que han decidido no participar en el proceso que se pudiera abrir en la Audiencia Nacional y apostar por la justicia local y, como explica Tojeira, «por la generación que ahora cruza cargada de libros el césped de la universidad».
PREGUNTA.- Entonces, ¿ustedes no creen en esto de la justicia universal?
RESPUESTA.- Nosotros, me refiero a los jesuitas y la UCA, hemos tomado la opción de mantener el caso dentro de El Salvador. ¿Por qué? Porque queremos que la institucionalidad jurídica de este país funcione.
La Justicia salvadoreña participa de la Justicia internacional en el marco de la Organización de Estados Americanos, lo que da la posibilidad de acudir a la Comisión o a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. En el caso de los jesuitas, sólo podemos acudir a la Comisión, que es donde hemos interpuesto dos demandas: una, por el asesinato de los jesuitas, y otra, por un caso de denegación de la justicia debida a los familiares de las víctimas. Hemos optado por permanecer en El Salvador precisamente para intentar cambiar el funcionamiento del sistema jurídico local.
Evidentemente, los parientes de los jesuitas asesinados, que son españoles, sí sienten que el Estado Salvadoreño no les responde, y tienen todo el derecho para presentar su demanda en España. Pero nosotros no queremos poner nuestro esfuerzo en la Audiencia Nacional, sino que queremos hacerlo aquí.
P.- Después de casi 20 veinte años, ¿es posible esperar justicia en El Salvador?
R.- Nosotros no trabajamos con espíritu de venganza. Imagino que el que se quiere vengar de algo se tiene que cansar cuando pasa el tiempo y no consigue sus objetivos. Pero nosotros lo que queremos es que los procesos en El Salvador, el sistema judicial, la seguridad jurídica, mejore en el país. Y el que se haga justicia respecto a los asesinatos es un elemento importante para lograrlo. Es decir, si aquí se puede matar a rectores de universidad y con presentar a cuatro soldaditos, después de muchas presiones internacionales, y decir que «éstos fueron y aquí no hay más», se acaba todo, puede uno imaginarse lo que puede pasar con quien no tiene recursos.
La Compañía de Jesús es una institución con fuerza y presencia internacional. Los jesuitas a los que mataron eran personalidades públicas, con buenas relaciones políticas en Europa y EEUU, con libros, premios internacionales, etcétera. Si aun así se dan el lujo de absolver a los autores intelectuales, que fueron señalados públicamente durante la comisión de la verdad por congresistas norteamericanos, evidentemente con la gente sencilla pueden cometer muchos más abusos.
P.- ¿Como ha avanzado el caso?
R.- Después del asesinato hubo un juicio contra los autores materiales gracias a la presión internacional. Al principio dijeron que fue la guerrilla quien lo mató, pero finalmente fueron llevados a juicio nueve militares. El resultado fue la absolución para los que dispararon directamente contra nuestros compañeros y la condena para dos a los que nosotros llamamos intermediarios de la orden. El juicio sirvió también para encubrir a los autores intelectuales. Después, con la Comisión de la Verdad, salieron los nombres de al menos cinco autores intelectuales, además de los de algunos miembros del Estado Mayor, del ministro de Defensa, de viceministros, del jefe de la Fuerza Aérea, etcétera.
Y por más que se intentó que se juzgara a los autores intelectuales, siempre nos decían que la amnistía lo impedía. Después de 10 años, ya no era la amnistía, sino la prescripción del delito... Llevamos el caso a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que recomendó hacer una investigación bajo los estándares internacionales y reformar la Ley de Amnistía, si ello fuera obstáculo para el enjuiciamiento de los culpables.
P.- ¿Con qué se sentirán satisfechos? ¿Con ver al ex presidente Cristiani en la cárcel?
R.- Siempre he dicho que no aspiramos a que metan en la cárcel a los asesinos o los autores intelectuales. Nos conformaríamos con un castigo regenerador, que pusiera a los miembros del Estado Mayor de la Defensa a trabajar un par de años al mismo nivel de vida que los campesinos, en el campo, como obreros pobres, que sólo tienen tres manzanas para alimentarse cada día. Que vivan del trabajo de sus manos. Con eso me conformaría.
Los militares tenían unos 40 años en esa época, y yo creo que la cárcel no regenera, y menos las de aquí. Hasta los criminales más grandes tienen derecho a ser mejor gente. A mí me gustaría más algún tipo de sentencia que garantizara que se humanizan y que hubiera un reconocimiento y petición de perdón. La reparación moral de la gente pobre, más que el aspecto punitivo de las condenas. Un reconocimiento amplio hacia las víctimas, hacia los errores del Estado y la injusticia cometida desde el Estado.
P.- ¿Siguen estando los jesuitas en el punto de mira? El presidente Sacca les acusa de reabrir heridas del pasado.
R.- No, mira, ahora no hay amenazas ni persecución. Esta es una Universidad de calidad en El Salvador y trabajamos con el Gobierno. No ha habido mayores problemas en ese sentido. Lo único que nos enfrenta es el tema de la Justicia. Ellos han sido muy parciales en el perdón y el olvido, y nosotros insistimos en que debe haber verdad, justicia y reparación. Ahí sí que no hay acuerdo. Sufrimos ataques muy duros desde los medios de comunicación cuando acusamos a Cristiani de ser el autor intelectual del asesinato. Pero sólo duraron unas semanas.
P.- Cambiemos de tema. ¿Cómo está la Iglesia en América Latina? Da la impresión de que faltan las grandes voces y conciencias de antes y que, después de décadas de agitación, han optado por bajar el perfil.
R.- Creo que sí han bajado los perfiles. Tenemos una Iglesia más unida, pero con menos fuerza profética. Ahora bien, hay que tener en cuenta que las situaciones de crisis normalmente son las que más favorecen a la Iglesia, es cuando hay persecución y mártires. Sin persecuciones, las cosas toman una tonalidad un poco más gris.
Ahora que estamos más unidos no se nos deben olvidar los problemas que tenemos que atender desde nuestra opción evangélica y cristiana. La apuesta por los pobres y por intentar reformar estructuras sociales que excluyen, que maltratan y que marginan a la gente, o la expulsan hacia el exterior. Pero sí, ahora que estamos más en paz, nos preocupamos por la profundización en la fe y menos de la incidencia en la sociedad. Y creo que la Iglesia está llamada a influir en la sociedad a favor del bien común y la justicia social.
P.- ¿Ha habido un repliegue con la llegada del nuevo Papa?
R.- No. Casi te diría que en el sentimiento de muchos jesuitas hay más cercanía con este Papa que con el anterior, entre la Compañía y el Papa. Porque Juan Pablo II nos impuso una sanción fuerte y los diálogos eran menos frecuentes. En cambio, Ratzinger ha puesto incluso a un jesuita como portavoz del Vaticano, y la impresión es que ha habido una recuperación de la confianza en la Compañía.
P.- ¿Y cuál es su relación con el Vaticano?
R.- Yo respeto mucho las decisiones jerárquicas en general, pero también hago mis análisis. La iglesia latinoamericana es muy joven y tiene una gran vitalidad, aunque en algunos países haya perdido muchos fieles en los últimos años. La Iglesia católica en general es demasiado europea todavía, y es una iglesia vieja, con las virtudes de quienes tienen muchos años, pero también con sus defectos. Evidentemente, una iglesia joven puede cometer mayores errores y desmandarse, por lo que necesita oír los consejos de los sabios. Pero éstos no deben ser tan reticentes y estar tan encerrados en sus estructuras como para desesperar a los jóvenes.
P.- Ustedes los jesuitas siempre han sido un dolor de cabeza para Roma.
R.- Si a la Compañía de Jesús nos piden que estemos en la vanguardia de los tiempos y en las fronteras de la civilización en las luchas cruciales de nuestro tiempo..., también es normal que a veces tengamos un poco más de lío que otros que están encerrados en un convento y rezando. Pero sí veo que los jesuitas son reconocidos por la propia Iglesia como una orden de frontera y de diálogo en lugares de gran problemática social, así que es normal que tengamos más problemas. A veces me molesta cuando, dentro de la misma Iglesia, nos dicen: «Ustedes los jesuitas siempre tienen problemas». Mi respuesta es siempre la misma: «¿Y qué quieren ustedes, una iglesia sin problemas, una Iglesia sin jesuitas?
P.- ¿Cómo vive el debate ideológico en el continente?
R.- Creo que las políticas neoliberales, así llamadas, han sido un fracaso en América Latina, y ahora regresa un mayor interés por lo social. Con expresiones muy distintas y sumamente diferentes, porque no es lo mismo Chávez que Lula, por ejemplo. Pero sí creo que hay una sensación en nuestros países de que es el momento de hacer sociedades mucho más comprometidas en la lucha contra la pobreza, por la equidad y la justicia social. Y cada país está persiguiendo esto de maneras muy diversas. A mí Chávez no me gusta, me parece un hombre sumamente autoritario. Y creo, además, que los militares no sirven para gobernar nuestros países, de hecho, el militar ha sido el estrato social que más crímenes ha cometido y que más tensiones ha generado en nuestra sociedad. Estoy seguro de que sin militares en América Latina despegaríamos mucho más rápidamente al desarrollo.
Ahora, que hay un clamor por una justicia social mayor en nuestros pueblos, creo que sí. Y que muchos de estos gobiernos tratan de dar respuesta a ese clamor, también. El tipo de Estado en nuestros países ha propiciado diferencias sociales tremendas y la gente quiere cambios. Y ante estos deseos, hasta los políticos de derecha hablan de gobernar para los pobres, de acercarse a ellos.
P.- En este debate ideológico entra también la cooperación internacional. España ha sido uno de los países que más dinero ha donado a Centroamérica, pero los problemas siguen siendo los mismos. ¿Cree que habría que replantearse el modelo actual?
R.- Creo que la ayuda internacional debe dirigirse mucho más hacia la gente pobre, pero sin paternalismos; es decir, promoviendo proyectos que lleven a la autogestión, a la responsabilidad y a la creación de riqueza. Es decir, no se trata sólo de intentar eliminar la pobreza, sino también de ayudar a la creación de riqueza en aquellos sectores que han estado tradicionalmente marginados.
Pienso que la ayuda internacional adolece de ayudar muchas veces a gobiernos que no tienen mayor interés en cambiar los modelos de desarrollo existente, y muchas veces no se llega a la gente aportándole, además del dinero, los mecanismos administrativos, gerenciales y empresariales que les permitirían hacerse con las riendas del proyecto y convertirse así en creadores de riqueza. Ahora, con los proyectos financiados se tapa una etapa, digamos de pobreza, se subsidia un poco la situación, pero al cabo de un tiempo se vuelve a la misma situación de miseria.
SU PROPIO MUNDO
«No sabía ni lo que era el divorcio hasta que fui a Honduras»
¿Qué recuerdos tiene del día de la matanza?
- Yo estaba a 40 metros de donde los mataron. Yo entonces era superior provincial regional de Centroamérica y mi casa estaba a una calle de la casa de Ellacuría. Mis recuerdos son un poco vagos, porque todo sucedió a las 02:00 de la madrugada y yo estaba dormido. En un primer momento, pensé que habían matado a alguien. Después, escuché un fuerte tiroteo y creí que había habido un enfrentamiento entre la guerrilla y el Ejército. En aquellos días, estábamos en plena ofensiva de la guerrilla sobre San Salvador; de hecho llegaron a tomar un tercio de la ciudad. Sus peleas se producían calle a calle. A las 06:30 de la mañana nos avisaron de que habían matado a los padres y me fui para allá. Y, efectivamente, los vi tirados en el suelo.
Ha pasado casi un tercio de su vida en Centroamérica.
- La primera vez que vine a América tenía 22 años; ahora tengo 60. No me imagino lejos de aquí. Si me dijeran que tengo que volver a España a trabajar, lo tendría que hacer porque uno trabaja donde sea. Pero no me veo allí, es una sociedad muy distinta. Aunque cuando llegué a Centroamérica, ésta también lo era de la española. Yo entré en la Compañía en 1964 y aún recuerdo que echaron a un compañero por ver una película inmoral. Cinco años después vine a Honduras y proyectaban la misma cinta en un cine. Por curiosidad, fui a verla y no encontré ninguna razón para lo que había pasado cinco años antes. Honduras era un mundo nuevo, más permisivo, más libre y la vida estaba más a flor de piel, sin la estructuración de la sociedad franquista, que era muy estática. Hasta que salí de España no había conocido ningún hijo natural, ni ningún divorciado ni padres separados. Pero llegué a Honduras y en el primer censo parroquial que hice vi que estaba rodeado de familias con hijos de padres distintos.
Creo que toda su actividad comenzó en una radio hondureña...
- Sí, fue la mejor forma de acercarme a la realidad centroamericana. Primero fui párroco, y viviendo con los campesinos vives la pobreza, aunque tienes menos oportunidad de leer y estudiar y para entender a fondo la problemática estructural. Este tipo de radios comunitarias, de pequeños instrumentos de comunicación social local posibilitan que la gente se exprese, y son un primer paso para empezar a reflexionar y a formular soluciones. Estas radios tienen la posibilidad enorme de llevar soluciones, de transmitir experiencias a otros lugares, de provocar un aprendizaje continuo en la población más sencilla.
LA CUESTION
- ¿Qué queda de la Teología de la Liberación?
- Me da la impresión de que se valoran poco sus resultados y se enfoca demasiado en lo que fueron los teólogos. Creo que, en general, ha prestado un gran servicio a América Latina. Vino a redescubrir a los cristianos su vocación sociopolítica y no partidista. Hay contenidos y posiciones en la doctrina social de la Iglesia que serían impensables si no hubiera existido la Teología de la Liberación. Precisamente, uno de los últimos documentos de Juan Pablo II pedía a los obispos que «ante los problemas sociales fueran voz de los que no tienen voz, profetas, defensores de los pobres, de los derechos humanos». El legado de la Teología de la Liberación ha sido asimilado por una gran cantidad de católicos. Otra cuestión es que haya divergencias dentro de la Iglesia respecto a algunas afirmaciones, pero la Iglesia tiene derecho a hacer sus críticas e incluso a imponer sus sanciones, en el peor de los casos. Que una teología tenga confrontaciones en algún momento es normal.
Etiquetas: Firmas




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