PGE: Rajoy advierte de que sólo el Gobierno será culpable de la subida del paro/ Todos los grupos dicen que los PGE no son «realistas»

UN PAIS EN CRISIS / El debate presupuestario
Rajoy advierte de que si sube el paro la culpa «será sólo» del Gobierno
«No me puedo resignar y no me voy a resignar», solemniza en contra de las Cuentas del Estado
CARMEN REMIREZ DE GANUZA
MADRID.- Mariano Rajoy acudió ayer a una célebre expresión de Esperanza Aguirre -«Yo no me resigno»- para solemnizar desde la tribuna del Congreso su oposición rotunda a los Presupuestos Generales del Estado. «Yo no puedo resignarme y no me voy a resignar a esa pasividad» del Gobierno, enfatizó el presidente del PP, en relación con el crecimiento del paro.Y es que, en una intervención diáfana, plagada de guiños oratorios, a ratos coloquial, a ratos sarcástica, y muy celebrada por su bancada, el líder popular hizo de esa palabra -el paro- el santo y seña de su discurso político, y la justificación misma de su oposición a los Presupuestos.
«Si por desgracia la situación se agrava y el número de parados sigue creciendo como hasta ahora», advirtió Rajoy a Zapatero, «la responsabilidad será, a los ojos de todos, exclusivamente suya».
Y aún rescató una expresión literal del presidente del Gobierno ante la Cámara 15 días atrás, para devolverle sus palabras: «El único termómetro válido», dijo, «para medir la idoneidad o no de estos Presupuestos, de sus medidas y de la política económica de su Gobierno, serán las cifras del empleo y el paro». «Porque nada va bien si el paro va mal», insistió, para añadir a continuación: «Mediremos el éxito o el fracaso de su política en términos de empleo y paro».
Rajoy se apoyó también en otros parámetros para sostener su desmarque de la política económica del Gobierno, un día después de que apoyara su plan de rescate financiero.
Aludió a la falta de frenos a la subida de los precios -«¿por qué España es el país grande de la Unión Europea donde más ha subido el precio del gasóleo en los últimos cuatro años?»-; la desaceleración económica -«dice usted que vamos a crecer al 1%, ¡que Dios le oiga, señor Solbes!»-; y la caída de la recaudación tributaria, que calificó de «auténtico descalabro». «No hay precedente en el mundo desarrollado de una caída de casi cuatro puntos del PIB -de un superávit del 2,2% a un déficit del 1,5%- del saldo de las cuentas públicas en un solo año».
Además, Rajoy subrayó los «recortes» del Presupuesto no sólo en inversión productiva, o en Educación, sino, sobre todo, en gasto social. «Si hay algo que se recorta en estos Presupuestos es el gasto social», afirmó, al explicar la relación directa entre la financiación autonómica y los servicios sanitarios.
Rajoy buscó a Zapatero en su escaño, y acertó a afearle su relajo parlamentario: «¿De qué se ríe?», le preguntaba tras recitar uno a uno estos datos; «¿se ríe de esto?»; «¿le parece gracioso?». Y ya en la réplica, una vez abandonó el Hemiciclo, Rajoy aprovechó para decir: «El presidente del Gobierno se ha escondido porque no quería oír todo esto».
Sin embargo, Rajoy no dijo una palabra contra Zapatero por la exclusión de España de la reunión del G-8; asunto que, al parecer, motivó su comparecencia ante los medios en plena sesión parlamentaria, y que ayer copaba todos los titulares.
Más concentrado en su oponente parlamentario de la tarde, Pedro Solbes, Rajoy dedicó la mitad de su discurso, y casi toda la réplica, a refrescar la hemeroteca y arrojar sobre el vicepresidente económico su cadena de errores en las previsiones presupuestarias. «Señor Solbes», le dijo, «¡es que no ha dado usted una!». Se cebó, así, en el propio cuadro macroeconómico de los Presupuestos, y criticó al Ejecutivo por pretender convertir la crisis financiera internacional en una «eximente», cuando «no es cierto que sea el origen ni tan siquiera el principal factor de nuestra propia crisis».
El líder de la oposición no olvidó colocar su habitual estribillo sobre la bajada de impuestos, o la contención del gasto público. Pero el de ayer no fue un discurso de alternativa sino de oposición pura y dura frente al Gobierno.
LOS MENSAJES DE RAJOY
«La partida de gasto que más aumenta es la de las prestaciones por desempleo. No les queda más remedio; no es una gentil concesión que debemos a la sensibilidad social de Rodríguez Zapatero; es lo que marca la Ley».
«Le ha faltado grandeza pero, sobre todo, sinceridad para reconocer sus errores».
«Las consecuencias de la crisis financiera son más graves en España que en otros países porque nuestra situación económica es peor».
«La desconfianza que ustedes siembran nos cuesta muchísimo dinero»
UN PAIS EN CRISIS / El debate presupuestarioEl PSOE se asegura el voto del PNV pero Urkullu marca distancias
AGUSTIN YANEL / ROBERTO L. DE CALLE
MADRID / BILBAO.- El PSOE se aseguró ayer que podrá sacar
adelante los Presupuestos Generales del Estado para 2009. El «principio de acuerdo» que alcanzó el viernes con los nacionalistas vascos del PNV y los gallegos del BNG fue concretado, y esto hará posible que el Congreso rechace hoy las cinco enmiendas presentadas contra las cuentas públicas.El PNV votará a favor de los Presupuestos que ha elaborado el Gobierno de Zapatero a cambio de recibir competencias cuyo importe se calcula en, al menos, 126 millones de euros cada año.
La principal novedad consiste en que los agentes de la Policía Autonómica vasca, la Ertzaintza, podrán jubilarse de manera anticipada y en las mismas condiciones que los del Cuerpo Nacional de Policía, con cargo al Estado, a partir de los 55 o 56 años. Esta medida costará como media unos 30 millones de euros cada año. El Gobierno vasco también recibirá transferencias sobre I+D+i (investigación, desarrollo e innovación). Su coste se calcula en casi 87 millones de euros al año.
El tercer punto del acuerdo consiste en el compromiso de impulsar hasta 2018 las obras para regenerar la bahía de Pasajes (Guipúzcoa) y construir un nuevo puerto. Para empezar, en los Presupuestos de 2009 se consignarán nueve millones de euros para ese objetivo.
Además, el PSOE y el PNV han acordado que, cuando el Ministerio de Industria adjudique una nueva frecuencia de banda ancha destinada sobre todo a la telefonía móvil, una parte de ella vaya al País Vasco. Hasta ahora, sólo se otorgaban para actuar en todo el Estado español.
El portavoz del PSOE, José Antonio Alonso, y el del PNV, Josu Erkoreka, se mostraron muy satisfechos por este acuerdo.
El contrapunto a ese buen clima lo puso el presidente del PNV, Iñigo Urkullu, quien desacreditó al Partido de los Socialistas de Euskadi (PSE-EE) tras firmar ese acuerdo en Madrid.
Urkullu dejó bien claro que el acuerdo con el PSOE es sólo eso, un pacto sobre las cuentas públicas, y que no tendrá incidencia alguna en las relaciones que ambas formaciones mantienen en el plano estrictamente político.
Ni siquiera los casi 126 millones de euros de tajada que su grupo en el Congreso ha sacado lo llevaron a mostrar algún gesto de distensión hacia los socialistas.
Por primera vez en tres años, desveló uno de los detalles de la negociación que tradicionalmente ambas partes mantenían en secreto: la reciprocidad en el apoyo del PSE-EE a los Presupuestos vascos a cambio de su respaldo a los del Estado. Tres días después de que Zapatero anunciara que el PSOE no impedirá que se aprueben los Presupuestos en comunidades autónomas y ayuntamientos donde no gobierna, Urkullu aseguró que el PNV había pactado antes el apoyo del PSE a las cuentas vascas y de sus diputaciones.
UN PAIS EN CRISIS / El debate presupuestarioTodos los grupos minoritarios dicen que las cuentas no son «realistas»
AGUSTIN YANEL
MADRID.- Los partidos de la oposición -excepto el PNV y el BNG, que ayer mismo concretaron su acuerdo con el PSOE- han sido muy críticos con los Presupuestos Generales del Estado del Gobierno para 2009. Todos dicen que esas cuentas no sirven para afrontar la crisis económica y, además, los catalanes añaden que no prevén una financiación suficiente para su comunidad, por lo que pidieron que se devuelvan al Ejecutivo para que presente otros.Los portavoces del PP, Convergència i Unió, Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds, Esquerra Republicana de Catalunya, Coalición Canaria y Unión, Progreso y Democracia sabían ayer que sus críticas no iban a servir de nada en la práctica, porque el Gobierno se ha asegurado que el Congreso de los Diputados rechazará hoy las enmiendas que han presentado esos partidos, pero las plantearon ante Zapatero y casi todo el Ejecutivo.
Según Josep Sánchez Llibre, de CiU, «no son creíbles», no respetan el compromiso de inversión en Cataluña que prevé su Estatuto de Autonomía, e incumplen las promesas sociales del Ejecutivo. «El Gobierno sabe que no son realistas y que no los va a cumplir», aseguró.
Joan Herrera, de Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds, indicó que el PSOE ganó las elecciones generales «apelando al voto de izquierdas» y ahora presenta «unos Presupuestos que no responden a la gente de izquierdas».
El mismo tono crítico utilizaron los portavoces de ERC, CC y UPyD, que también presentaron enmiendas. El vicepresidente económico del Gobierno, Pedro Solbes, les respondió a todos y dijo que son las mejores cuentas ante la crisis, pero no convenció a ninguno.
UN PAIS EN CRISIS / El debate presupuestario
El PP cifra en 85.000 millones el coste de la 'factura Zapatero'
Rajoy y Solbes discrepan sobre el alcance de la «desconfianza» internacional respecto a España
CARMEN REMIREZ DE GANUZA
MADRID.- Mariano Rajoy acudió ayer a una célebre expresión de Esperanza Aguirre -«Yo no me resigno»- para solemnizar desde la tribuna del Congreso su oposición rotunda a los Presupuestos Generales del Estado. «Yo no puedo resignarme y no me voy a resignar a esa pasividad» del Gobierno, enfatizó el presidente del PP, en relación con el crecimiento del paro.
Y es que, en una intervención diáfana, plagada de guiños oratorios, a ratos coloquial, a ratos sarcástica, y muy celebrada por su bancada, el líder popular hizo de esa palabra -el paro- el santo y seña de su discurso político, y la justificación misma de su oposición a los Presupuestos.
«Si por desgracia la situación se agrava y el número de parados sigue creciendo como hasta ahora», advirtió Rajoy a Zapatero, «la responsabilidad será, a los ojos de todos, exclusivamente suya».
Y aún rescató una expresión literal del presidente del Gobierno ante la Cámara 15 días atrás, para devolverle sus palabras: «El único termómetro válido», dijo, «para medir la idoneidad o no de estos Presupuestos, de sus medidas y de la política económica de su Gobierno, serán las cifras del empleo y el paro». «Porque nada va bien si el paro va mal», insistió, para añadir a continuación: «Mediremos el éxito o el fracaso de su política en términos de empleo y paro».
Rajoy se apoyó también en otros parámetros para sostener su desmarque de la política económica del Gobierno, un día después de que apoyara su plan de rescate financiero.
Aludió a la falta de frenos a la subida de los precios -«¿por qué España es el país grande de la Unión Europea donde más ha subido el precio del gasóleo en los últimos cuatro años?»-; la desaceleración económica -«dice usted que vamos a crecer al 1%, ¡que Dios le oiga, señor Solbes!»-; y la caída de la recaudación tributaria, que calificó de «auténtico descalabro». «No hay precedente en el mundo desarrollado de una caída de casi cuatro puntos del PIB -de un superávit del 2,2% a un déficit del 1,5%- del saldo de las cuentas públicas en un solo año».
Además, Rajoy subrayó los «recortes» del Presupuesto no sólo en inversión productiva, o en Educación, sino, sobre todo, en gasto social. «Si hay algo que se recorta en estos Presupuestos es el gasto social», afirmó, al explicar la relación directa entre la financiación autonómica y los servicios sanitarios.
Rajoy buscó a Zapatero en su escaño, y acertó a afearle su relajo parlamentario: «¿De qué se ríe?», le preguntaba tras recitar uno a uno estos datos; «¿se ríe de esto?»; «¿le parece gracioso?». Y ya en la réplica, una vez abandonó el Hemiciclo, Rajoy aprovechó para decir: «El presidente del Gobierno se ha escondido porque no quería oír todo esto».
Sin embargo, Rajoy no dijo una palabra contra Zapatero por la exclusión de España de la reunión del G-8; asunto que, al parecer, motivó su comparecencia ante los medios en plena sesión parlamentaria, y que ayer copaba todos los titulares.
Más concentrado en su oponente parlamentario de la tarde, Pedro Solbes, Rajoy dedicó la mitad de su discurso, y casi toda la réplica, a refrescar la hemeroteca y arrojar sobre el vicepresidente económico su cadena de errores en las previsiones presupuestarias. «Señor Solbes», le dijo, «¡es que no ha dado usted una!». Se cebó, así, en el propio cuadro macroeconómico de los Presupuestos, y criticó al Ejecutivo por pretender convertir la crisis financiera internacional en una «eximente», cuando «no es cierto que sea el origen ni tan siquiera el principal factor de nuestra propia crisis».
El líder de la oposición no olvidó colocar su habitual estribillo sobre la bajada de impuestos, o la contención del gasto público. Pero el de ayer no fue un discurso de alternativa sino de oposición pura y dura frente al Gobierno.
LOS MENSAJES DE RAJOY
«La partida de gasto que más aumenta es la de las prestaciones por desempleo. No les queda más remedio; no es una gentil concesión que debemos a la sensibilidad social de Rodríguez Zapatero; es lo que marca la Ley».
«Le ha faltado grandeza pero, sobre todo, sinceridad para reconocer sus errores».
«Las consecuencias de la crisis financiera son más graves en España que en otros países porque nuestra situación económica es peor».
«La desconfianza que ustedes siembran nos cuesta muchísimo dinero»
BARRA BRAVA / EN EL CONGRESOEl ministro 'tse-tse'
Por DAVID GISTAU
Con el nombre del ministro de Economía ocurre lo mismo que con la palabra flex en aquel antiguo anuncio de colchones: es oír Solbes y caer en un sopor fulminante. Su verbo tse-tse, carente por completo de nervio parlamentario, no sirvió ayer ni para defender unos Presupuestos que pretenden que sea la realidad la que se adapte a ellos, y no al revés. Ni para encender la bancada socialista, a la que se le encasquillaban los aplausos. Ni para repeler a Rajoy, que desarboló al ministro con una intervención pletórica, llena de humor improvisado y de afán combativo, que le era muy necesaria para romper los grilletes que le tenían neutralizado como agente de oposición.
Era el debate en que Rajoy recuperaba un margen de movimiento después de las ataduras relacionadas con el plan de salvamento y con la trampa del entendimiento, y lo aprovechó, arropado en la bancada por los miembros del partido que le deben el ascenso después de las últimas elecciones. Lo siguiente es pura especulación, pero, por momentos, se habría dicho que Rajoy también quiso aprovechar el debate para ajustar cuentas internas sobre el cuestionamiento de su liderazgo. Tal vez sea casual, pero se apropió del «no me resigno» con que Esperanza Aguirre amagó el asalto de Génova, como si reclamara para él la oportunidad de manejar las consignas y los argumentos de oposición del partido, que, oído lo de ayer, se basarán en exprimir la implosión social del paro y en vigilar las consecuencias perniciosas y deficitarias que provoquen estos Presupuestos a punto de ser aprobados con el apoyo garbancero del PNV y el Bloque: «La culpa será de ustedes», espetó a los bancos azules. Demostró la pérdida del gasto social incluida en los Presupuestos y que dañaría una de las políticas vertebrales del Gobierno, y afeó la falta de austeridad de una Administración que ni siquiera en tiempos difíciles renuncia a cierta megalomanía institucional. Para completar el grito de liberación, reclamó el derecho a la existencia de una oposición que lo sea y que no consista en decir «amén» a cuanto proponga el Gobierno.
La reacción socialista fue tibia, desangelada. Seguir a Solbes a través de su ciénaga de puntos porcentuales y de reflexiones con los manguitos de covachuelista puestos era más difícil que resolver un sudoku. Apenas se defendió con referencias retrospectivas a los gobiernos de Aznar y con una voluntad poco razonada de negar la razón a Rajoy, de nuevo punzante en la réplica. En cuanto a 'Zetapé', primero le borraron la sonrisa con que saludaba las predicciones pesimistas de Rajoy -«¿de qué se ríe usted?»- y que ahondaban la sensación de que aún pernocta en el limbo desde el cual negó la crisis. Y después, obligado a atender una gestión con Sarkozy, abandonó su escaño en plena paliza, con lo cual pareció que se ponía a salvo y abandonaba a su ministro como a una cabritilla atada a una estaca. La percepción fue que sólo le interesaba negociar la asistencia española a la cumbre contra la crisis.
En su escaño, al que faltó por la mañana, el diputado de UPN Cervera tenía la expresión de quien aún está atrapado en un dilema: el miedo al botón de voto. Habida cuenta de que los Presupuestos quedaron asegurados por otro lado, cabe concluir cuan inútil y costosa habrá sido la crisis PP/UPN mientras otra negociación cristalizaba fuera de foco.





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