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lunes, 27 de octubre de 2008

ECONOMÍA EN PÁNICO: La banca pide protección ante sus rivales públicos/ A FONDO:




CRISIS FINANCIERA / Bancos y cajas españoles auguran problemas de competencia con las entidades que han recibido fondos de sus Estados / La inyección de Holanda permite a ING batir en capital a nuestro sector financiero
La banca pide protección ante sus rivales públicos

JUAN EMILIO MAILLO

MADRID.-
La ola de nacionalizaciones de bancos a lo largo de medio mundo está desatando grandes temores entre las entidades financieras españolas, que aún no se han visto en la necesidad de pedir la inyección de capital del Estado.

Tras el terremoto provocado por la caída de Lehman Brothers -el único banco que se ha dejado caer sin ningún tipo de red de protección en el planeta-, los banqueros españoles recibieron como buenas noticias los planes de salvamento de varios de sus grandes rivales europeos.

Sin embargo, esa alegría inicial se transforma con el paso de los días en preocupación y advertencias a los poderes públicos para que eviten la competencia desleal que pueden suponer estos bancos, gracias a los millones de euros o libras recibidos de las arcas de los Estados.

Fuentes de la Asociación Española de Banca (AEB), la patronal que engloba a los bancos del país y que preside Miguel Martín -ex subgobernador del Banco de España- señalaron a este diario que se hace necesario que la Comisión Europea «limite las acciones agresivas» que pueden realizar los bancos nacionalizados. La preocupación no se debe tanto a la posibilidad de que quieran comprar a un rival -algo que hoy por hoy se ve como una quimera-, como a posibles acciones para captar depósitos de los ciudadanos con suculentas ofertas de rentabilidad.

Ventajismo

La banca española consideraría inaceptable que un banco con capital público pagase por el pasivo cifras por encima del mercado. Sin embargo, la pregunta es dónde está el límite entre la iniciativa comercial de una entidad, por semipública que sea, y el ventajismo de contar con mejores ratios que sus rivales gracias a la ayuda estatal. Hasta hace unas semanas, los bancos y las cajas españolas gozaban de mejores ratios de capital que sus rivales europeos, si se toma como referencia el Tier 1, que mide el capital de más calidad (acciones y preferentes).

Un ejemplo paradigmático es ING. La inyección de 10.000 millones de euros por parte del Gobierno holandés en la entidad le ha permitido elevar su Tier 1 del 6,5% al 8%. Y con ese chutazo de fondos públicos, ING ya consigue mejores niveles de solvencia que los bancos (7,5%) y las cajas (7,69%) españoles.

Santander y BBVA

Sobre hechos como éste construyó esta semana Merrill Lynch su análisis en el que afirmaba que Santander y BBVA necesitarán 6.600 y 2.400 millones de euros en capital. No es que los dos gigantes bancarios españoles arrojen malas cifras, pero su comparación con los competidores que han recibido fondos públicos les deja ahora peor colocados.

Los bancos y las cajas nacionales no quieren la ayuda del Estado, ni mucho menos. Pero sí quieren evitar que los bancos públicos se aprovechen de la ventaja de tenerlos.

En su ya famoso discurso del pasado 16 de octubre, el presidente del Santander, Emilio Botín, instó a «mantener un adecuado equilibrio competitivo entre las entidades. Es esencial que las medidas que se puedan adoptar no afecten al funcionamiento del mercado y se mantenga el estímulo a la buena gestión».

En la misma línea, el consejero delegado de BBVA, José Ignacio Goirigolzarri, decía el viernes en unas jornadas de la escuela de negocios IESE que ha de haber «un terreno de juego igual para todos, claro y transparente, y con seguridad jurídica».

La AEB augura que «se crearán conflictos» y reconoce que «en términos de competencia puede haber problemas». Y esta vez ha habido coincidencia entre las patronales de bancos y cajas. Juan Ramón Quintás señalaba el jueves en la APIE que «habrá que analizar con un microscopio que se ayude sólo al que lo necesita». Sería «competencia desleal» que un Estado entrase en el capital de un banco sano. Si eso se hace, «yo pediré lo mismo», vino a decir el presidente de la patronal de cajas.

De una u otra manera, los bancos españoles miran a Bruselas y confían en que la Comisión, tan activa en evitar las ayudas de Estado, no mire hacia otro lado en este caso.

LAS ADVERTENCIAS DEL SECTOR

1. Emilio Botín, presidente del Santander: «Hay que mantener un adecuado equilibrio competitivo entre las entidades financieras. Es esencial que las medidas que puedan adoptar no afecten al buen funcionamiento del mercado y se mantenga el estímulo a la buena gestión».

2. José Ignacio Goirigolzarri, consejero delegado del BBVA: «Es necesario que haya un terreno de juego igual para todos, claro y transparente, y con seguridad jurídica», señaló el directivo el pasado viernes en Madrid.

3. Juan Ramón Quintás, presidente de la CECA: «Ojo a los problemas de competencia con las entidades públicas. Sería sorprendente que un gobierno transfiriese fondos a una entidad que no los necesita. Sería perseguible ante los tribunales de competencia europeos».

4. Asociación Española de Banca (AEB): «La Comisión Europea debe limitar acciones agresivas de los bancos semipúblicos. Se pueden dar problemas en términos de competencia. Va a haber conflictos. Pero confiamos en la Comisión».

UN PAIS EN CRISIS / El análisis / A FONDO

Cuando el problema es el exceso de codicia


«La riqueza constituye un implacable enemigo de la inteligencia». Lo dice John K. Galbraith en La sociedad opulenta. A la vista de lo que ha sucedido en los últimos meses en los mercados financieros, no hay más remedio que reconocerle al profesor canadiense su atinado criterio.

El chairman de Lehman Brothers, Richard S. Fuld, cobró en 2007 unos 40 millones de dólares. Lloyd C. Blankfein, chairman de Goldman Sachs, se embolsó 70,3 millones de dólares. James A. Cayne, de Bear Stearns, 33,9 millones. Podría poner más ejemplos, pero prefiero que no se enfaden y sigan leyendo.

En resumen, los ejecutivos que han estado al frente de la banca de inversión norteamericana, causante fundamental de la crisis financiera mundial, son los que más dinero han ganado. ¿No les parece que esto es una especie de harakiri del capitalismo? En cierta forma, el sistema ha premiado a sus peores enemigos.

Reflexionar sobre estas cuestiones en estos momentos es muy útil. Sobre todo cuando estamos en los prolegómenos de la Cumbre convocada por George W. Bush en la que, según palabras del siempre ocurrente Sarkozy, se abordará la «refundación del capitalismo». Un segundo Bretton Woods, proclaman otros mandatarios menos grandilocuentes. En fin, yo me conformaría con que se establecieran unas reglas de juego que sirvieran para frenar la ola de pánico que nos ha metido en una recesión profunda y de dimensión planetaria.

Muchas opiniones respetables sitúan el origen del problema financiero en la falta de perspicacia de los reguladores. Alan Greenspan, en otro tiempo oráculo y maestro, tuvo que reconocer la semana pasada su «sorpresa» por lo que está ocurriendo ante el Comité de Supervisión de EEUU. La mayoría de los expertos le reprocha ahora su exceso de fe en la autorregulación de los mercados.

Es cierto que la influencia de Greenspan paralizó varias iniciativas a finales de los 90 en la Cámara de Representantes de EEUU para establecer más controles sobre los entonces incipientes derivados, que ahora suponen más de 530 billones (en la acepción española) de dólares, según informaciones solventes. Pero Greenspan, en todo caso, sólo ha sido el culpable de no haber puesto freno a la enfermedad, no de provocarla.

Utilicemos el microscopio para así poder analizar el origen del problema con un caso concreto: Banif. Se trata del primer banco privado de España por volumen. Cuenta con miles de clientes, la mayoría de rentas medias y altas. A principios de este año movía una cartera de 36.000 millones de euros. Todo ello, con un capital social de ¡32 millones de euros!

Dicho banco colocó 500 millones de euros de sus clientes en bonos de Lehman Brothers, entidad que suspendió pagos en septiembre llevándose por delante toda la banca de inversión norteamericana.

Los clientes de Banif que tenían en sus carteras los llamados estructurados de Lehman recibieron la desagradable noticia de que habían perdido todo su dinero a los pocos días de la caída del gigante de Wall Street.

En una reunión celebrada hace un par de semanas en un hotel de Madrid, el responsable de la división de banca privada del Banco Santander (propietario de Banif), Javier Marín, les dijo a los atónitos agentes de Banif que debían afrontar la situación y decirles a los clientes que tuvieran productos de Lehman que lo habían perdido todo y que no había más remedio que apechugar con esa desagradable misión.

Algunos clientes se enfadaron. Y mucho. En las oficinas de Banif de Alcorcón (Madrid) hubo que poner un guarda de seguridad para evitar que los brotes de violencia afectaran a la integridad de los empleados del banco. Otros afectados, como el empresario Fernando Fernández Tapias, han optado por vías de reclamación menos explícitas, aunque tal vez más efectivas. Algunos, como Fernando Martín, han tenido la -llamémosle- fortuna de figurar en Banif no sólo como inversor, sino como deudor: el banco de inversión tiene concedido un crédito de 12 millones de euros a Martinsa.

Pero, ¿por qué tantos clientes pequeños y medianos han puesto el grito en el cielo? ¿Es que acaso no sabían que lo podían perder todo? Por lo que sabemos ahora, muchos de ellos lo ignoraban. Porque lo que ofrecía Banif era una inversión en la que la referencia de la rentabilidad eran valores seguros, como, por ejemplo, Santander o BBVA. Lo que no sabían los ahorradores era que, en realidad, no estaban comprando acciones de esos bancos, sino bonos de Lehman (o de otros emisores) cuya rentabilidad tenía como referencia a esas cotizaciones.

Al quebrar Lehman, los bonos emitidos por dicho banco perdieron todo o casi todo su valor. Y sobre esa posibilidad no se les dijo nada al menos a ciertos clientes, que buscaban una inversión más segura que especulativa.

La cuestión es que a los agentes de Banif (como a los de otros bancos privados) les sale más a cuenta colocar el dinero en derivados que directamente en acciones. La comisión que cobra el banco al invertir en un fondo estructurado es del 2% al tirón. Es decir, que si coloca 10 millones de euros en un fondo estructurado, gana por adelantado 200.000 euros. La comisión por la compraventa de acciones es de sólo el 0,3%. Claro, no hay color.

Los agentes de un banco privado están sometidos a una enorme presión. Según confesión de un agente, el objetivo que le impuso Banif para este año era aumentar su volumen en 15 millones de euros y en un 25% sus ingresos por comisiones.

Esa exigencia obliga a colocar inversiones en derivados. Pero no sólo eso. En Banif, además, se alentó el apalancamiento. Es decir, que si un cliente quería invertir 100.000 euros, por ejemplo, se le ofrecía un crédito de otros 150.000 para aumentar el volumen de la inversión. Esos créditos los concedía directamente Banif. El volumen de préstamos facilitados por el banco a sus clientes se estima en 1.500 millones de euros.

Como ha ocurrido con los bancos de inversión norteamericanos, la búsqueda de la maximización del beneficio ha derivado en inversiones arriesgadas. Mientras la Bolsa subía y se ganaba dinero, todo iba bien. El cliente ganaba, ganaba el agente y el presidente del banco de turno, literalmente, se forraba. Pero, ¿y si todo iba mal? ¿Y si fallaba el invento?

La caída de Lehman ha puesto de relieve la gran burbuja sobre la que estaban sustentados los mercados. El aumento de las opciones se explica porque con ellas no sólo se obtiene el beneficio de la subida del valor, sino que permiten multiplicar por dos o por tres el dinero teóricamente invertido. Lo irracional de este sistema lleva a que ahora, con los índices desplomándose, haya mucha gente que sigue ganando dinero (a través de las operaciones a corto) a costa de la ruina de la mayoría.

La reunión del 15 de noviembre en Washington tendría que aprobar una dura regulación para los derivados y mayores exigencias (de provisiones y recursos propios) para los bancos que operen con ellos. Pero no sólo eso. Se deben establecer garantías para que las enormes ayudas públicas que recibirán los bancos desemboquen en la economía real. Si eso no se así, lo único que habrán conseguido los líderes mundiales será parchear el capitalismo.

casimiro.g.abadillo@elmundo.es

'EN PELOTAZ'.

Nuevas Generaciones del PP ha lanzado una nueva campaña (en la imagen) para denunciar la falta de atención del Gobierno a los jóvenes españoles ante la crisis.

A su juicio, «son los más vulnerables ante la difícil situación económica que atraviesa España, debido, principalmente, a que es el sector con menor poder adquisitivo.

A eso, debe sumarse la subida constante de los precios y los salarios mileuristas», señalan en un comunicado.


A CONTRAPELO
Entre la sensatez y la consigna

Por SANTIAGO GONZALEZ

A veces, en este oficio, los titulares condicionan mucho, casi tanto como los precedentes. Por eso, cuando un ministro, el de Trabajo, que llegó precedido por su reputación de hombre sensato, anunció el viernes pasado que «en dos meses, la crisis debería estar finiquitada», dio una primera impresión de que Celestino Corbacho era el último abducido por el optimismo sin fuste del presidente del Gobierno y el titular que proporcionó, un alarde más de relativismo, de palabras al servicio de la política. Uno de los 13 lemas en los que el PSOE apoyó su campaña para ganar las generales del 9 de Marzo fue: Motivos para creer. Por el pleno empleo.

La posición de su ministro de Trabajo es, en realidad, bastante más matizada y razonable. Piensa que la crisis financiera habrá acabado seguramente para navidades, que hay dinero, pero que la falta de confianza lo lleva a depósitos, no al crédito. De ser esto así, falta sólo un empujón para que los bancos vuelvan a prestarse dinero y el crédito vuelva a correr, no como los ríos que manaban leche y miel en la Tierra Prometida, pero sí con alguna fluidez. Corbacho no lo dice, pero puede que el empujón para cebar la bomba podría ser la victoria electoral de Obama dentro de unos días. La proximidad del cambio de inquilino en la Casa Blanca conecta con una voluntad de cambio que se viene oliendo desde hace algún tiempo. No será condición suficiente, pero tal vez sea necesaria.

Otra cosa es la crisis de la economía real y eso va más para largo, aunque en las predicciones se atiene a la ortodoxia partidaria: en el segundo semestre de 2009, momento idóneo para remontar las encuestas hacia las elecciones de 2012. Por mucha sensatez que tenga un ministro, pecaría de imprudente si desdeñara todas las consignas del cuaderno de campaña de 'Pepe' Blanco. De ahí que diga a Esther Esteban que «este país tiene un problema muy serio con el paro y el PP, en vez de hacer una política miope, cortoplacista y partidista, debería arrimar el hombro».

Hombre, con el debido respeto, señor ministro, no joda. Tomemos la queja de Manuel Pizarro: «Advertí de que había crisis y ahora digo que será larga». Perdió el debate televisivo frente al ronroneo de un Solbes mañoso como una gata tuerta; y, ahora que los hechos le han dado la razón, ¿no le parece comprensible que el hombre quiera reivindicarse? ¿No cree que el cortoplacista era Solbes?


 Debo decir, llegado a este punto, que me liga al señor Pizarro un oscuro asunto de intereses que no puedo ni quiero callar. Yo heredé de mi padre 101 acciones de Endesa, cuando presidía la empresa este buen señor. Su obstinación frente a la desaprensiva pretensión del señor Montilla de ceder la compañía eléctrica a Gas Natural-La Caixa, a 21,3 euros la acción, me permitió venderlas a 41,3. Ya sé que la Caixa había perdonado al partido de José Montilla y de usted mismo seis millones de euros y que de bien nacidos es ser agradecidos, pero a un servidor le quedó la sensación, seguramente infundada, de que el honorable le quiso chulear 2.020 euros y que el señor Pizarro lo impidió.

¿No cree, por otra parte, que su racional advertencia de lo serio que es el problema del paro debería dirigírsela a su correligionario Cándido Méndez, ese paladín de un sindicalismo alternativo que, el mismo día que conocimos las desalentadoras cifras últimas del paro y el dato de la destrucción de empleo, se plantaba en la Audiencia Nacional a ofrecerse a Garzón como su Sancho Panza contra los molinos de viento del franquismo?


CRISIS FINANCIERA / Las consecuencias
El principio del fin del 'milagro' económico español

El Gobierno baraja un decrecimiento del PIB en verano que, de repetirse este trimestre, llevaría a España a la recesión

JUAN EMILIO MAILLO

MADRID.-
Los documentos que maneja el Gobierno sitúan a la economía española a un paso de la recesión. Así se desprende del último Boletín de Coyuntura Económica elaborado en el Ministerio de Economía y Hacienda.

Los funcionarios que dirige Pedro Solbes apuntan que la economía se paró en seco en los meses veraniegos. La Encuesta de Población Activa (EPA) conocida el pasado viernes ya arrojaba cifras preocupantes. Entre julio y septiembre se destruyeron 78.800 puestos de trabajo. Y en términos interanuales la ocupación cayó en 164.300 personas. La destrucción de empleo es casi sinónimo de recesión.

Y con esos datos frescos, el Gobierno ha actualizado el Indicador Sintético de Actividad (ISA). Este índice arroja habitualmente cifras inferiores a las que ofrece el INE para el PIB, por lo que lo más relevante es la tendencia.

Según Economía, el indicador sintético creció el pasado trimestre a una tasa del 0,2% interanual. Son nueve décimas menos que en el segundo trimestre del año, cuando el ISA avanzó un 1,1%.

Si se tiene en cuenta que en el segundo trimestre el PIB avanzó, siempre en tasa interanual, un 1,8%, esa misma desaceleración de nueve décimas dejaría en el 0,9% el avance de la riqueza nacional en el último año.

Sin embargo, en términos intertrimestrales, España ya habría dejado de crecer, con un retroceso del 0,3%. No deja de ser el resultado de un ejercicio teórico que nace de que la economía ha crecido en los tres trimestres precedentes un 1,2%. Pero las cifras de la EPA hacen más probable ese escenario.

De este modo, España ya habría pasado su primer trimestre de crecimiento negativo y si eso vuelve a ocurrir en el último año, técnicamente el país habría entrado en recesión.

En el diagnóstico incluido en su último boletín de coyuntura, Economía constata los «fuertes retrocesos» sufridos en buena parte de los componentes que integran el indicador sintético, caso del consumo aparente de cemento, el transporte aéreo de pasajeros, la entrada de turistas y el índice de sentimiento económico.

«El debilitamiento de la actividad económica se ha reflejado en las grandes ramas de actividad, especialmente en la industria y en la construcción, aunque también el sector servicios está acusando las consecuencias de la ralentización», señala el documento del Ministerio de Economía.

La única alegría que arroja el sector servicios es el incremento del usuario del transporte ferroviario -las nuevas líneas AVE son las responsables-, pero ese avance es en detrimento del sector aéreo, con lo que, lo comido por lo servido.

En todo caso, aún faltan unos días para conocer lo que oficialmente sucedió con la economía española. Será el 14 de noviembre cuando el Instituto Nacional de Estadística (INE) difunda el dato preliminar del PIB correspondiente al tercer trimestre del año. Cinco días más tarde, el 19 de noviembre, se podrá leer la letra pequeña y conocer lo que aportó o restó cada sector a la economía nacional. El escenario de la recesión, algo que no se ve desde hace 14 años, se acerca.

LAS CIFRAS

1,8%: Fue el crecimiento registrado por la economía española en el segundo trimestre del año en tasa interanual. Pero entre abril y junio sólo avanzó un 0,1%.

0,9%: De confirmarse el frenazo que prevé Economía, el PIB habrá crecido en ese nivel en el tercer trimestre. Esa cifra, en términos trimestrales, equivaldría a una caída de la riqueza nacional del 0,3%.


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