Bufón de Cantabria y además, embustero.

El taxista de Revilla le desmiente y dice que le llevó a Moncloa por enchufe, no por sorteo
Revela que le escogieron porque hizo la mili con el hijo de un amigo de un consejero
JUAN DAÑOBEITIA
MADRID.- Las cosas no suelen ser como se pintan en la televisión. Todo parece improvisado, comocogido con pinzas. Cuando uno llega a La Moncloa, se topa de bruces con controles, pitidos de seguridad y patrullas recorriendo sus callejuelas. Por algo chocaba que un taxi cualquiera -ayer, la licencia 03573- pudiera entrar en palacio apenas mostrando el DNI.
Pero el de José Antonio Moreno no es un taxi cualquiera. Según Miguel Angel Revilla, es el afortunado trabajador de la Asociación Gremial del Taxi que resultó el triunfador del sorteo celebrado la semana pasada en Madrid, sin notario, y por el que ganaba el premio de llevar al presidente cántabro a La Moncloa. «Desde que Zapatero reparte con ellos las anchoas, los sobaos y la miel, ha subido la puja para llevarme. Tanto, que han tenido que organizar un sorteo para ver a quién le toca. Eso me han dicho», repitió una y otra vez Revilla ayer.
Pero horas antes, José Antonio, ante varios testigos, le daba la vuelta a la versión. No hubo sorteo. Hay un pasado. Un servicio militar de por medio. El taxista mediático por un día hizo la mili con el hijo de un amigo de un consejero cántabro: Francisco Javier López Marcano, de Cultura, Turismo y Deporte. Ese amigo común de Marcano y José Antonio le dijo hace días a este último: «La próxima vez que vaya Revilla a Madrid, le vas a llevar tú». Dicho y hecho.
Un taxista que, según confirmó a este periódico, se dio cuenta, «a las 9.45 horas, de que tenía que ir a buscarle». «Se me había pasado por completo, y menos mal que pasé por la puerta de un hotel con un servicio anterior, que, si no, lo mismo se me olvida». Sin embargo, a las 13.30 horas, Revilla decía: «José Antonio llevaba esperándome en la puerta desde las 9.00».
Al final, las cosas no son como parecen. A José Antonio le habían pedido el pasado viernes su licencia, su matrícula y su DNI. Todo estaba bajo el férreo control de una base de datos, sin sorteos mediante. El sabía la hora y el lugar en que iba a empezar su jornada más atípica. Y no eran las 9.00. Si había de pisar la puerta de La Moncloa a las 11.00, poco más de media hora es necesaria.
Por algo José Antonio sabía cómo iban a pasar las cosas, aunque, posiblemente, jamás le volverán a suceder como ayer: ir a buscar al presidente regional la puerta del hotel; que te salude efusivo, te presente al director de EL MUNDO, Pedro J. Ramírez («que pasaba por ahí»), te diga «llévame a La Moncloa», aunque uno ya lo sepa, se te coloque en el asiento del copiloto y te hable un poco de todo.
«Sobre todo, hemos hablado del derbi. Es una pasada, porque es igual que por la tele. Habla de todo y es muy cercano. Porque ya he llevado a más famosos que se te ponen detrás y ni saben hablar ni nada. Pero este hombre, no».
Habla pausado, se ríe de la situación. Cada uno con su bolsita de anchoas, sobaos y miel. Zapatero la suya; José Antonio, otra igual. «Los sobaos son de El Macho y me ha dicho que es que en Cantabria se las gastan así, que son muy machos».
Ayer, de un plumazo, entre meter quinta, pisar embrague, acelerador y freno, descubrió en primera persona «que Zapatero es muy alto y muy simpático, aunque supongo que ése es su papel». «Nos preguntó que si nos conocíamos de antes (por Miguel Angel Revilla y él mismo) y yo le he dicho que qué va».
Apenas fueron dos minutos, pero le vio media España. En las fotos oficiales, los chóferes se apartan. José Antonio, no. Ayer era uno más de los protagonistas al pie de la escalinata de La Moncloa. El alto, el bajito con bigote y el que no llevaba traje. Tres en el pie de foto.
elmundo.es Vídeo: Zapatero charla con el taxista de Revilla.





Links to this post:
Crear un enlace
Home